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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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viernes, 12 de junio de 2026

NOVENA PARA PREPARARSE A LAS VACACIONES

Traducción de la Novena publicada en Québec por la Oficina de la Abeja en 1850, con las debidas licencias.
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Oh Dios, venid en mi auxilio.
℟. Señor, acudid pronto a socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. 
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y restituir y satisfacer si algo debiere; y por vuestro amor perdono a mis enemigos, y ofrezco vuestra santísima Pasión y muerte, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados. Y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita que me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar hasta la muerte. Amén.
 
DÍA PRIMERO
La experiencia lo enseña: de tantos jóvenes y niños que frecuentan anualmente las escuelas públicas, hay un gran número que, en los intervalos de descanso que pasan en el seno de su familia, pierden totalmente su piedad, luego la vida de la gracia, y finalmente incluso sus costumbres. En estos días consagrados al descanso, lo decimos con un sentimiento de profundo dolor, ¿la mayor parte de ellos no están en un terrible naufragio?… ¿Esta desgracia, digna de ser llorada con lágrimas de sangre, no va a llegarnos?
  
¡Oh Virgen Santa, salud y fortaleza de los débiles, no lo permitáis!
  
LETANÍA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre, Criador de los cielos, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Trinidad santa, que eres un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Madre de Cristo, ruega por nosotros.
Madre de la divina gracia, ruega por nosotros.
Madre purísima, ruega por nosotros.
Madre castísima, ruega por nosotros.
Madre intacta, ruega por nosotros. 
Madre incorrupta, ruega por nosotros.
Madre sin mancha, ruega por nosotros. 
Madre amable, ruega por nosotros.
Madre admirable, ruega por nosotros.
Madre del Buen consejo, ruega por nosotros.
Madre del Creador, ruega por nosotros.
Madre del Salvador, ruega por nosotros.
Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
Virgen digna de reverencia, ruega por nosotros.
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen clemente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
Espejo de justicia, ruega por nosotros.
Trono de la sabiduría eterna, ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Vaso espiritual de elección, ruega por nosotros. 
Vaso digno de honor, ruega por nosotros. 
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros. 
Rosa mística, ruega por nosotros.
Torre de David, ruega por nosotros.
Torre de marfil, ruega por nosotros.
Casa de oro, ruega por nosotros. 
Arca de alianza, ruega por nosotros.
Puerta del cielo, ruega por nosotros. 
Estrella de la mañana, ruega por nosotros. 
Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consoladora de los afligidos, ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Reina de los Profetas, ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.
Reina de los Mártires, ruega por nosotros.
Reina de los Confesores, ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.
Reina asunta al Cielo, ruega por nosotros.
Reina del Santo Rosario, ruega por nosotros.
Reina de la paz, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
  
℣. Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
      
ORACIÓN
Oremos: Defended, Señor, por la intercesión de Santa María siempre Virgen, a esta familia de toda adversidad, y defended de los ataques del enemigo a la que está humildemente postrada ante Vos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La primera causa de las caídas que se tienen en el mundo es el comercio de este mismo mundo. «El mundo está lleno de maldad», dijo San Juan, no respira sino irreligión, impiedad y libertinaje. Asimismo, el Divino Salvador nos ha impedido, por el mismo apóstol, amar el mundo y las cosas que en él están. Más aún, ¿no es verdad que Él mismo lo ha cargado de anatemas por sus escándalos: «¡Ay del mundo por sus escándalos!»?… ¡Con razón debemos renunciar al comercio del mundo, y el contacto de todos sus escándalos! ¡Ay de nosotros si nos dejamos seducir de él! La maldición que el Señor lanzó nos esperaría…

¡Oh María, Auxilio de los cristianos, salvadnos!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.

DÍA TERCERO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La segunda causa de sus cambios que hemos de temer son los malos amigos. «Un buen amigo es de altísimo precio», dice el Espíritu Santo, «el que lo encuentra, halla un tesoro». Pero por la razón contraria, un mal amigo es un flagelo, una verdadera peste. Y en el mundo, ¿puede uno vanagloriarse de encontrarlos buenos? ¿Cuáles son los jóvenes de nuestro tiempo, que viven en medio del mundo fieles a los deberes que la religión impone? Y si no son religiosos, ¿no hemos de temer que, al menos, sean para nosotros buenos amigos?… Y si son malos, ¿no es verdad que su comercio nos perdería, y entraremos en sus malas formas?
  
¡Oh María, Virgen prudente, salvadnos de este peligro!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA CUARTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La causa más ordinaria de la desgracia que aquí lamentamos es el respeto humano. Un joven teme las críticas, las burlas y el desprecio de sus pares, y para evitarlas, actuará como ellos, lo que es decir que para no disgustarlos, no teme desagradar al mismo Dios. ¿Por tanto ignora a qué mal se expone por una conducta tan cobarde?… ¿Acaso Jesucristo no dijo: «Yo me avergonzaré ante mi Padre de quien se avergüence de Mí ante los hombres»? ¡Qué amenaza! ¡Oh Dios mío, está hecho! ¡Sí, os confesaremos en todo tiempo, en todo lugar, ante todos y contra todos!… Siempre seréis el Dios de nuestro corazón, para que seáis nuestra herencia por toda la eternidad!
   
¡Oh María, Virgen poderosa, obtenednos la fuerza para ser fieles a esta resolución!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA QUINTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La ociosidad es la fuente más fecunda de los desórdenes del corazón humano. Fácilmente un joven se persuade que los días de descanso que pasa en el seno de su familia no son precisamente días de ocupación y de trabajo. Así no hace el deber que los maestros amigos y prudentes le han puesto en el momento de partir, o, de hacerlos, se presiona y afana para liberarse lo más pronto posible y estar luego libre para no hacer nada. Quiere así vivir en la ociosidad. Mas ¿no es la ociosidad maestra de todos los vicios? ¿No es ella la que precipitó a David en una serie de crímenes espantosos? ¿No es ella la que todos los días entraña una infinidad de crímenes en el desorden y luego en el infierno?… ¿Qué hará ella de nosotros, si nos entregamos a ella?

¡Oh María, Virgen clemente, obtenednos la gracia de huir siempre de la ociosidad como nuestro enemigo más cruel!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA SEXTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
El medio para premunirnos contra los peligros que nos esperan es la oración. «Pedid, nos dice el Divino Maestro, y recibiréis… En verdad, en verdad, os digo: todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá». Estaremos seguros de perseverar si lo pedimos. Pidámoslo con confianza: unamos nuestras oraciones para obtener el don de la perseverancia, y luego cuando estemos frente con los enemigos, digamos frecuentemente: «Guardadnos, Señor, como la niña de vuestros ojos: protegednos bajo la sombra de vuestras alas…». A vos también, Madre compasivísima, a voz diremos con más fervor que nunca: Acoged nuestras súplicas, y libradnos de todos los peligros que amenazan las almas de vuestros hijos.
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA SÉPTIMO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
El gran medio de la perseverancia es la recepción de los sacramentos de la Confesión y la Comunión. Uno nos reafirmará en las buenas resoluciones, reparará nuestras pérdidas e incluso, nos dará un nuevo camino si hiciere falta. El otro nos asegura una fuerza que nada nos podrá hacer caer. «El que come mi carne y bebe mi sangre», nos dice el Dios que nos amó hasta hacerse nuestro alimento y nuestra bebida, «no morirá para siempre, sino que vivirá en él». Sí, el Santísimo Sacramento es la mesa que nos habéis preparado, ¡oh Dios!, delante de nuestros enemigos que se afanan por perseguirnos… Este es el que nos ha dado el vino que engendra vírgenes y el trigo de los elegidos. Fortalecidos con la virtud de Dios que habitará en nosotros, diremos como el Apóstol de las naciones: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta».
  
¡Oh María, obtenedme la gracia de acudir frecuentemente al sagrado banquete que me hará triunfar del mundo, del infierno, y de mí mismo!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA OCTAVO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
Para conservar nuestra inocencia, invoquemos frecuentemente a la que llamamos todos los días como la Reina de todos los Santos, la Madre purísima y castísima. Sabemos que ella ama con particular afecto a los jóvenes, y que ella protege de una forma toda maternal a los que le han prometido un amor filial. Ella nos ama, por supuesto, porque Jesús moribundo la impuso ante nosotros el título y los deberes de Madre. Además, ella es la Virgen poderosa, esta hija de Eva cuyo pie ha aplastado la cabeza de la serpiente antigua… Así, su poder y su amor se reúnen para imponernos ante ella los deberes de una confianza sin límites. Así, ¡oh Virgen amable y poderosa!, os invocaremos en nuestros peligros, con la confianza que hizo decir a San Bernardo: «No, nadie puede perecer cuando se invoca a María»…
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
  
DÍA NOVENO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
Un último medio de perseverancia es recordar frecuentemente todas las gracias que se han recibido en esta morada. Además, ¿de cuántas de ellas ha rodeado el Señor nuestra infancia y nuestra juventud?… ¿Por qué nos prefirió a nosotros de entre tantos hijos de nuestro tiempo, para procurarnos las ventajas de una educación cristiana? ¿Por qué nos ha recibido en esta santa casa como en un santuario, para hacernos aprender a conocerlo, amarlo y servirlo? Y esta bondad de predilección, estos cuidados de una ternura más que maternal, ¿vendríamos a olvidarla?… Y esta casa donde vivimos a la sombra de sus alas, esta casa donde tantas bondades nos han sido concedidas, ¡olvidarla también! ¡No, Señor, vuestros favores vivirán siempre en mi memoria: ellos estarán siempre en mi corazón!… «¡Que la lengua se pegue a mi paladar, que se seque mi mano derecha, si os fuere infiel al recuerdo de todas vuestras gracias, al recuerdo de este lugar santo donde me las concedéis!»
  
¡Oh María! ¡Oh Madre de misericordia!, rogad por nosotros, diremos juntos por última vez: rogad por nosotros, y preservadnos del más horrible de los males, que es el pecado.
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)