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lunes, 22 de julio de 2013

HOMENAJE A S.A.R. DON SIXTO ENRIQUE DE BORBÓN

Desde EL MATINER CARLÍ- Vía MILES CHRISTI

Su Alteza Real Don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado de la Tradición

En el cumpleaños de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón y Borbón-Busset, esperanza de las Españas.
(Jesús de Castro)

El tetralema del carlismo por el que desde 1833 se han desvivido multitud de estirpes y familias reviviendo la tradición religiosa y política de las Españas resultaría sin sentido en caso de carecer del carácter regio del pueblo encarnado en la persona del Rey o el Príncipe. Conforme al pensamiento clásico libre de toda heterodoxia malsana, la monarquía se caracteriza siempre por el mando de uno, la legitimidad familiar y el origen divino del poder, es decir, la sacralización del poder de la cual carecen los hodiernos Estados llamados democráticos y constitucionales (o constitucionalistas siguiendo el pensamiento político de D. Pietro Giuseppe Grasso) en el que tal desacralización con la consiguiente secularización darían lugar a los “Estados modernos” del llamado Derecho nuevo.

Cuando hoy nos detenemos en considerar la progresiva delicuescencia de lo que fueron los Estados católicos afectando en última instancia temporal a España encontramos en la mayoría de los casos un denominador común que antecede a la deriva del Derecho iusnaturalista clásico: la pérdida de la monarquía tradicional por medio de los poderes fácticos que asfixian a los pueblos otrora llamados Cristiandad. [i] Conforme en estos pueblos se fue desmoronando la tradición encarnada en la monarquía representativa y tradicional a la par que era sustituida por regímenes dictatoriales o liberales observamos esa ruptura de la tradición que desde el instante en que se merma desde las alturas institucionales con la propia reacción del pueblo marcadamente fiel a sus reyes y a su religión[ii] que veía cómo se le imponían regímenes completamente ajenos a su constitución histórica. No tardarían, así, en llegar los continuos cambios de poder y los dictados del iuspositivismo racionalista plasmados en numerosas constituciones democráticas y contrarias al iusnaturalismo clásico.

En numerosas ocasiones serían aquellos más cercanos a la familia legítima quienes traicionaran la tradición situándose cual traditor.

Frente a todos los cambios que parecían representar un cataclismo ora histórico, ora jurídico en los pueblos de tradición católica la legitimidad encarnada en los reyes en el exilio continuaría siendo defendida con una labor infatigable que arma al brazo y pluma en mano haría llegar y transmitir el legado de la tradición a las siguientes generaciones y estirpes. La tradición que fuera la de las Españas como machaconamente repitiera el profesor D. Francisco Elías de Tejada que transcribo a continuación para esclarecer la visión del eximio profesor: “Históricamente, la tradición de las Españas es el haz unitario, el cálido crisol donde se integran y sintetizan los conjuntos de las tradiciones de cada uno de los pueblos componentes. O sea, es la tradición única, pero variada y multiforme, en sus expresiones sociales e históricas a tenor de la idea de los fueros. En la Península Ibérica comprende las tradiciones particulares de Asturias, Galicia, León y Portugal; de Castilla, Navarra y Vascongadas; de Cataluña, Aragón, Valencia y Baleares; de Extremadura, la Mancha y Murcia; de Jaén, Córdoba, Sevilla y Granada; de Canarias. En América comprende la de todos los pueblos que hay desde el Río Grande del Norte y las misiones de Florida, Tejas y California, hasta los estrechos descubiertos por Fernando de Magallanes. En Oceanía, la de Filipinas y otras más menudas. En Asia y África, las de las provincias portuguesas en ambos continentes. Y en Europa, la Europa geográfica, los pedazos que un tiempo fueron hispanos en plenitud de ideas, de gestas y de sentires, como Nápoles y el Franco-Condado, Cerdeña y Flandes, Sicilia y el Milanesado, Malta y el Finale. Todos ellos, pueblos partícipes en la empresa universal que capitaneó Castilla y sostuvo León, la soñadora de imperios. Tal variedad era el aspecto interno de una solidísima unidad exterior, cimentada en la fuerza inquebrantable de la vigencia de la fe religiosa y de la pasión monárquica, del sentido católico misionero y de la lealtad al rey común de las Españas. La variedad foral fue posible porque cristalizaba en realidades de historia cuajada en culturas y en instituciones aquella ciclópea ilusión de servir mancomunadamente al mismo Dios y al mismo rey”.[iii]

En los hodiernos regímenes que ocupan los territorios que forman las Españas y sin los cuales no se entendería un ápice de la historia y la tradición de tales pueblos, podría pensar que el iuspositivismo imperante en tales pueblos impuesto a pesar de la reacción del pueblo[iv] de las Españas que sería marcadamente antiliberal y como diría el maestro (D. Marcelino Menéndez Pelayo) en su Historia de los heterodoxos españoles al referirse a las herejías y heterodoxias que arrasaban en otros lugares del Orbe y el escaso éxito en España de tales heterodoxias (ora donatistas, ora luciferianas, ora arrianas, ora gnósticas, ora mahometizantes) escribía: “Quiso Dios que por nuestro suelo apareciesen, tarde o temprano, todas las herejías, para que de ninguna manera pudiera atribuirse a aislamiento o intolerancia esa unidad preciosa , sostenida con titánicos esfuerzos en todas las edades contra el espíritu del error. Y hoy, por misericordia divina, puede escribirse esta historia[v] mostrando que todas las heterodoxias pasaron, pero que la verdad permanece, y a su lado está el mayor número de españoles, como los mismo adversarios confiesan. Y si pasaron los errores antiguos, así acontecerá con los que hoy deslumbran, y volveremos a tener un solo corazón y una alma sola, y la unidad, que hoy no está muerta, sino oprimida, tornará a imponerse, traída por la unánime voluntad de un gran pueblo, ante el cuál nada significa la escasa grey de impíos e indiferentes”[vi]

Así pasaron y pasarán pues tras el correr del tiempo desde 1833, con la encarnación de la legitimidad en el exilio significando la esperanza de las Españas, desde D. Carlos V hasta D. Javier I de Borbón Parma y el Príncipe D. Sixto Enrique de Borbón, el carlismo vive y vivirá mientras siga encarnada la única tradición en las flores de lis de las legítimas familias y hoy en S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón que es la esperanza y salvaguarda de las Españas.

Baste como coda la exposición de ciertas opiniones respecto a los regímenes parlamentarios hodiernos y contrarios a la tradición de las Españas encarnada en la legitimidad familiar y , por ende, en la monarquía tradicional y representativa, que antes del eminente profesor Danilo Castellano, por ejemplo, en Constitución y secularización (Costituzione e secolarizazione) sería advertido por Harold J. Lasky: “un Parlamento no es una colección de expertos distinguidos; si lo fuese, tendría aún peor éxito del que tiene, porque de que un hombre sea eminente en los negocios, en Ingeniería, en Economía, o en Medicina, no hay base para deducir que lo sea también en las tareas peculiares de un Parlamento; que un hombre sea capaz de construir acertadamente un puente o de penetrar en los misterios del átomo o de dirigir una gran empresa, no prueba su talento en el arte de dirigir un Estado”[vii] Frente a réplicas de “organizar la democracia”, el fundador de Action Française Charles Maurras escribiría de la siguiente forma con la poca ambigüedad que lo caracterizó como defensor a ultranza de la legitimidad y tradición: “No se organiza la democracia. No se democratiza la organización. Organizar la democracia es instituir aristocracias; democratizar una organización es introducir en ella la desorganización. Organizar significa diferenciar, es decir, crear desigualdades útiles; democratizar es igualar, o sea, establecer en lugar de las diferencias, de las desigualdades, de las organizaciones, la igualdad, que es estéril e incluso mortal”[viii].

Valgan las opiniones de los eximios pensadores referidos como reacción y defensa de la legítima monarquía tradicional y representativa que a diferencia de las hodiernas formas de gobierno y desgobierno corresponden con la esencia de las Españas encarnada hoy en la persona de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón y Borbón-Busset hijo de S.M.C. Don Javier de Borbón Parma y Doña María Magadalena de Borbón-Busset. Es hoy la esperanza de las Españas para verse reconstruida sin conservar la destrucción sino el espíritu reaccionario que sepa volver a la grandeza de lo que engloba territorial, política y espiritualmente las Españas. Dejaré para acabar los versos del ilustre poeta D. José Pancorvo a S.A.R.

Príncipes Borbón Parma, Dios, Altezas Reales,
ama de Vuestros hijos al más reaccionario
como el que elige entre sus hojas espirituales
la oración más urgente de su devocionario.
Altezas de los lises, Dios, sagrados Borbones,
Dios, que os alzó diez siglos los áureos corazones,
hoy en día en que ve su honor más agraviado
más áurea ira os pide que en el tiempo dorado:
os pide abominar el bajamar oscuro
que sepulta las almas en sus lavas triunfales
porque flamas pretéritas llaman iras actuales
y a quien más reverbere le dará más futuro.
Y florece el futuro, con los lises de ayer
en su frente consagrada, Sixto Enrique de Borbón,
el Infante, Duque y Príncipe, el hijo del Rey Javier.
Y en el alba la melena se estremece del león.[ix]
 

NOTAS

[i] Aunque no me detendré en ello, me parece interesante hacer referencia al desarrollo que el Dr. Miguel Ayuso Torres hace de la Christianitas maior y la Christianitas minor en publicaciones como La constitución cristiana de los Estados, Ed. Scire, Barcelona o El Estado en su laberinto, Ed. Scire , Barcelona.

[ii] Recientemente ha sido publicado el trabajo del eximio tradicionalista italiano D. Francesco Maurizio di Giovine 1815-1861 De la Italia de los Tratados a la Italia de la Revolución, Ed. Scire, Barcelona, que resulta un retrato y desmitificación de la unificación italiana desde las esferas institucionales contra la voluntad de todo un pueblo.

[iii] Referencia en FRANCISCO ELÍAS DE TEJADA, 30 AÑOS DESPUÉS por Miguel Ayuso recogida en los Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada referente a la obra ¿QUÉ ES EL CARLISMO? Por el que fuera catedrático de la Universidad Hispalense de Sevilla junto al profesor D. Rafael Gambra Ciudad.

[iv] Al respecto del espíritu reaccionario ante la imperante legislación individualista fruto del llamado Derecho nuevo cabe recordar en los pueblos de la América hispana al ilustre escritor decimonónico D. José de la Riva Agüero que reafirmaría públicamente: “Conservador no, reaccionario sí”

[v] Viene a referirse a la importantísima obra Historia de los heterodoxos españoles.

[vi] Ibid. Libro 1, capítulo 3.

[vii] Harold J. Lasky, La democracia en crisis, Madrid, Revista de Derecho Privado, 1935. Recogido por Eugenio Vegas Latapie en Consideraciones sobre la democracia, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid, 1965.

[viii] Charles Maurras, La democratie religieuse, París, 1921. 
 
[ix] José Pancorvo, Boinas rojas a Jerusalén, Lima.

miércoles, 18 de agosto de 2010

HA MUERTO EL CARLISTA TRAIDOR

El ex-príncipe Carlos Hugo de Borbón-Parma, traidor a la Causa, murió de cáncer de próstata
  
Bruselas, 18 agosto 2010. Tras larga enfermedad, ha fallecido el ex Príncipe Carlos Hugo. La Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón ha hecho pública la nota siguiente:

ANTE LA MUERTE DE CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA

Ha fallecido don Carlos Hugo de Borbón Parma. No es este el momento de recordar su nefanda defección, de tan trágicas consecuencias para la Causa de la legitimidad española. Que Dios misericordioso le haya perdonado.

S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón se encuentra naturalmente afectado por la muerte de su hermano Carlos Hugo, y ruega oraciones por su eterno descanso.

Don Sixto Enrique, Regente desde el fallecimiento de su padre el Rey Don Javier, ante la situación tan anómala y dolorosa que don Carlos Hugo creó, se condujo en todo momento con la prudencia pero también con la fortaleza que el caso requería. En diversas ocasiones, públicas unas, reservadas otras, ha recordado no sólo los fundamentos doctrinales del Carlismo, sino también los deberes de los miembros de la Dinastía. En particular, en una carta firmada en Trieste el 18 de julio de 2009, centenario de la muerte del Rey Carlos VII, requirió personalmente a sus sobrinos Don Carlos Javier y Don Jaime, hijos del finado, que declarasen si asumían los principios intangibles de la legitimidad española (recogidos en el Real Decreto promulgado por Don Alfonso Carlos el 23 de enero de 1936), u optaban por seguir los pasos de su padre.

En ese requerimiento, redactado con delicadeza y comprensión ante la dificultad que siempre supone desautorizar a un padre, les ofrecía que asumieran la plenitud de los derechos y obligaciones de la Dinastía Legítima, tras un período transitorio de formación bajo la supervisión de su tío. No es buena señal el silencio que ha seguido a tal comunicación, como tampoco lo es el matrimonio desigual anunciado por Don Carlos Javier, pues inhabilita a sus posibles descendientes para suceder en la Corona (Pragmática Sanción de Carlos III de 23 de marzo de 1776). Pero, en puridad, el ofrecimiento sigue abierto. Que Dios les ilumine y les consuele en estos graves momentos.

En Madrid, a 18 de agosto de 2010.

Nos condolemos mucho por su muerte, pero por otro lado, Nos anhelamos fervorosamente que Don Sixto Enrique de Borbón asuma el trono de Carlos V (Carlos María Isidro de Borbón).

lunes, 19 de abril de 2010

LA COMUNIÓN TRADICIONALISTA CARLISTA Y LA CONSAGRACIÓN DE ESPAÑA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Con motivo de la beatificación del padre Bernardo de Hoyos y de Seña, sacerdote de la extinta Compañia de Jesús, transcribo esta declaración de la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón sobre la Consagración de las Españas al Sagrado Corazón de Jesús:

La devoción al Sagrado Corazón de Nuestro Redentor, tan rica en valor teológico y espiritual, no tiene sólo una dimensión individual, sino que su profunda verdad se desborda también en significación política. El augusto misterio del misericordioso Corazón humano del Verbo encarnado no encierra sólo el secreto de la felicidad individual, sino que, como no podía ser de otro modo, ese misterio confirma todo lo que la fe y la razón nos enseñan sobre la criatura humana: que ha sido creada libre y social al mismo tiempo y por lo tanto, no hay remedio, ni espiritual ni material, que beneficie verdaderamente al  hombre singular que no tenga un alcance y una misión para toda la sociedad humana.

Así pues, como no hay verdadera esperanza para cada uno de los hombres fuera de las entrañas misericordiosas de Nuestro Señor Jesucristo, así tampoco hay esperanza ninguna para las sociedades que como tales no se someten y confían a los cuidados del Sagrado Corazón de Jesús.

 Por lo cual, plugo al Cielo revelar progresivamente a su pueblo la necesidad de que las sociedades, las familias y los individuos se consagrasen al Sacratísimo Corazón del Salvador, primero para dar la gloria debida al Nombre de Dios y, además, como remedio indispensable para el bien de las almas y para el bien común temporal de los pueblos.

Durante la Edad Media, esta devoción se consolidó, y escogidas almas fueron providenciales para este desarrollo, tales como Santa Gertrudis, Santa Matilde o la Beata Ángela de Foliño. En el siglo XVII, Dios quiso dar un particular impulso a esta verdad salutífera con los mensajes a Santa Margarita María de Alacoque. En el siglo siguiente, el mismo Jesucristo manifestó a Bernardo Hoyos S.I.: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes».

La omnisciencia de la Santísima Trinidad conocía los derroteros de enfriamiento de la fe que esperaban a los reinos cristianos y, con providencia infinita, dispuso ofrecernos anticipadamente el remedio para los males que nos aguardaban.

El 16 de enero de 1875, Su Santidad Pío IX pidió a los gobernantes que se consagrase el universo cristiano al Sagrado Corazón de Jesús. En plena guerra, el Rey y el pueblo carlista cumplieron fielmente con los deseos del Romano Pontífice en varios lugares de España y, con particular solemnidad y con presencia del Rey Don Carlos VII, en Orduña.

Más adelante, su hermano, el Rey Don Alfonso Carlos, que incluso se había anticipado en 1873, cuando era aún Infante, en el Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, a hacer la consagración del Ejército de Cataluña y Aragón, en su Declaración de 3 de junio de 1932 dijo: «Yo, en mi firme voluntad, en este día en que la Iglesia celebra la fiesta del Deífico Corazón, prometo solemnemente que, si la Divina Providencia dispone que sea yo llamado a regir los destinos de España, será entronizado el Sagrado Corazón de Jesús en el escudo nacional, siendo colocado sobre las flores de lis de la Casa de Anjou y entre los cuarteles de Castilla y León, bajo la Corona Real».

Finalmente, el Rey Don Javier, en 1966 renovó en el Cerro de los Ángeles la Consagración de España al Sagrado Corazón, ante el nuevo monumento levantado tras la Cruzada de Liberación.

Cuarenta y cuatro años después de que el Rey Don Carlos VII ya hubiera consagrado oficialmente los reinos de las Españas al Sagrado Corazón, en 1919, el entonces ocupante material del trono, Alfonso, llamado XIII, realizó un acto de consagración de España al Sagrado Corazón ante el monumento erigido al efecto en el Cerro de los Ángeles. Precisamente en conmemoración de este acto la diócesis de Getafe ha convocado una «renovación de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús» para el domingo 21 de junio. Ante lo cual, esta Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón se ve en la obligación de realizar algunas puntualizaciones:


1)  No puede dudarse la conveniencia y aun la obligatoriedad de aprovechar el remedio celeste de la consagración de los individuos, de las familias y de las sociedades al Sacratísimo Corazón de Jesús;

2) En tal sentido, la Comunión Tradicionalista no puede sino compartir y aplaudir la piadosa intención del acto convocado para el próximo 21 de junio en el Cerro de los Ángeles;

3) Eso no obstante, conviene recordar que si se quería conmemorar y renovar la Consagración de España al Sagrado Corazón, no ha sido feliz la fecha escogida como referencia.

4)  El acto de 30 de mayo de 1919, en el que el entonces Jefe del Estado, Alfonso, leyó una solemne declaración a los pies de la imagen del Sagrado Corazón, fue un acto cuanto menos equívoco. Mientras el régimen político por él encabezado, en su política interior y exterior, se desentendía de los derechos exclusivos de Nuestro Señor Jesucristo en el orden político, dicho Jefe del Estado se aprestaba a realizar un gravísimo acto delante de Dios que le exigía conformar sus acciones a sus palabras. Sin embargo, si la consagración se hizo, la política de Alfonso no varió, sirviendo —forzoso aunque doloroso es decirlo— ese acto de consagración como cebo con el que engañar a muchos católicos incautos.

5)  Por todo lo cual, no se puede dudar que aquel acto de 1919, en cuanto a la intención de la mayoría, fue un verdadero acto de religión, pero en su naturaleza objetiva fue un grave sarcasmo. Como el mismo Redentor nos enseñó, es posible mostrar piedad con los labios y traicionar real y objetivamente la voluntad de Dios (cfr. Mt. 7, 21).

6) Por último, la Comunión Tradicionalista reitera su unión con todos los católicos españoles que desean que España vuelva a ser consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, para mayor gloria de Él y salud nuestra. Por esa misma razón nos preocupa que un acto tan necesario se vea desvirtuado. Recordamos que la consagración de España es un acto plenamente político, aun cuando su finalidad sea el cumplimiento de un deber social de religión. Además, su efecto secundario, el bien común temporal, es de naturaleza también netamente política. Por todo ello, toda la buena voluntad de los obispos y particulares que se encuentren en el Cerro de los Ángeles el día 21 no puede subsanar el defecto de la ausencia de un gobernante político capaz de realizar esa ofrenda. Ni todos los obispos juntos, ni mucho menos un pequeño grupo de ellos están capacitados para consagrar España a Dios, tarea que sólo pertenece a quien con un mínimo de legitimidad ostente el gobierno de la patria. Finalmente, la referencia doctrinal, que en todo caso no debiera ser sino a la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo, parece ausente mientras se desenvuelve —a juzgar por las convocatorias y declaraciones hasta ahora hechas públicas— en los parámetros, cuanto menos equívocos, de la laicidad, aunque venga apodada de positiva, que remiten paradójicamente al liberalismo, precisamente la contrafigura de lo que representa la espiritualidad del Sagrado Corazón.

En virtud de todas las consideraciones precedentes, la Comunión Tradicionalista declara que se adhiere a la intención y a las aspiraciones de los convocantes de poner nuestra patria en el refugio del Sagrado Corazón, pero advierte de la imposibilidad de que ese acto tenga la virtualidad propia de una consagración, menos aún a la vista de algunas de las claves doctrinales que se vislumbran, y por lo tanto pide a sus miembros que se consagren personal y familiarmente al Sagrado Corazón, pero que no participen físicamente en el acto del 21 de junio para evitar una confusión más que probable. De igual modo recuerda a todos los que considerándose carlistas se han apresurado a adherirse incondicionalmente a la mencionada convocatoria, que los puntos doctrinales aquí referidos son ineludibles y no deben comprometerse.

Quiera Dios bendecir nuestros esfuerzos en aras a la restauración de un poder político legítimo en las Españas, paso previo necesario para renovar esa tan necesaria consagración. A todos los españoles, pues, que ven el remedio para los males de la patria exclusivamente en el dulce Corazón de Jesús, les intimamos a compartir nuestro empeño y a luchar por la instauración de un orden social cristiano.


Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón
Madrid, 19 de junio de 2009 - Festividad del Sagrado Corazón de Jesús

sábado, 27 de febrero de 2010

SOBRE LOS SUPUESTOS DERECHOS DE CARLOS HUGO

En España (y en las provinvias de ultramar), los seguidores de un tal Carlos Hugo dizque "de Borbón-Parma" (a lo mejor ese tío es de la familia del isabelino usurpador) afirman que debe ser el Rey de las Españas. Lo que no dicen es que el mencionado traicionó los ideales del Carlismo (Dios, Patria, Fueros, Rey), al aceptar el socialismo.

Carlos Hugo dizque "de Borbón-Parma", traidor al Carlismo 

Recordemos que a la muerte de S. A. R. Javier de Borbón-Parma, Carlos Hugo fue proclamado director del Partido Carlista. Pero como éste (Carlos Hugo) salió de izquierda, Don Sixto Enrique declaró el 22 de Septiembre de 1975 que su hermano era traidor a la Causa. En consecuencia, se fundó la Comunión Tradicionalista Carlista.
Hasta el sol de hoy, el traidor Carlos Hugo sigue proclamándose "Heredero de la Corona", causando confusión entre los españoles. Contra esta insidia izquierdista, S. A. R. Don Sixto Enrique de Borbón avaló esta nota de la Secretaría Política, publicada el día 1 de Octubre de 2003, cuyo texto transcribimos a continuación:

Sobre los supuestos derechos de Carlos Hugo
NOTA DE LA SECRETARÍA POLÍTICA
DE S.A.R. DON SIXTO ENRIQUE DE BORBÓN

 

Ante las informaciones que se han publicado estos últimos días relativas a la asunción por parte de los hijos de Carlos Hugo de Borbón Parma, Carlos Javier y Jaime, de los derechos al trono de la Dinastía carlista, en el curso de un acto celebrado en Arbonne, la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón se ve en la obligación de hacer las siguientes precisiones:

Primera. Carlos Hugo de Borbón Parma carece de cualquier derecho a la sucesión legítima de la monarquía española, por haber traicionado hace casi treinta años los fundamentos de la Tradición española, tal como los definió el Rey Don Alfonso Carlos en el Decreto en que instituyó la Regencia en la persona del padre de aquél, el luego Rey Don Javier:
«I. La Religión Católica, Apostólica Romana, con la unidad y consecuencias jurídicas con que fue amada y servida tradicionalmente en nuestros reinos;
II. La constitución natural y orgánica de los estados y cuerpos de la sociedad tradicional;
III. La federación histórica de las distintas regiones y sus fueros y libertades, integrante de la unidad de la Patria española;
IV. La auténtica Monarquía tradicional, legítima de origen y ejercicio;
V. Los principios y espíritu y, en cuanto sea prácticamente posible, el mismo estado de derecho y legislativo anterior al mal llamado derecho nuevo.»

Segunda. El abandono de esos principios para enrolarse en un aventurerismo antes marxistizante, ahora parece que neoliberal y globalizado, siempre desnortado, y su comportamiento indecoroso en todos los terrenos, inhabilitan a Carlos Hugo para presentarse ante los carlistas y los españoles todos como heredero de la Dinastía legítima y para usar los títulos de la misma.
Tercera. Tras esa defección de su hermano, tan dolorosa, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón ha conservado el depósito de la Tradición hispánica. Sólo él puede usar los títulos y prerrogativas a que se acaba de hacer referencia. En tal sentido, con discreción pero con firmeza, ha venido actuando como Gran Maestre de la Orden de la Legitimidad Proscrita.
Cuarta. En lo que respecta a sus sobrinos, con gran cautela también, en su Manifiesto de 17 de julio de 2001, dirigido en especial a los carlistas, Don Sixto Enrique escribía: «durante años he esperado con vosotros que mis sobrinos, sus hijos (de Carlos Hugo) Don Carlos Javier y Don Jaime, enarbolasen la bandera de la que yo he sido depositario tras la muerte de mi padre, nuestro llorado Rey Don Javier. No he perdido la esperanza.»

Quinta. Aunque cada vez parezca alejarse más tal esperanza, S.A.R. Don Sixto Enrique nada desearía más que verla confirmada, eso sí, sobre las bases sólidas de la Comunión Tradicionalista de siempre, y no sobre la irresponsable trayectoria de Carlos Hugo.

En Madrid, a uno de octubre de dos mil tres.

miércoles, 10 de febrero de 2010

CARTA DE DON SIXTO ENRIQUE DE BORBÓN, CON MOTIVO DE RETIRADA DE MONUMENTO A HÉROE CATÓLICO E HISPANO

Desde Agencia FARO

Lignières/La Coruña/Madrid, febrero 2010. Ante la retirada por el ayuntamiento socialista de La Coruña, en la madrugada del pasado 22 de enero, con nocturnidad y alevosía, del monumento dedicado al General José Millán-Astray y Terreros, coruñés, héroe de la Patria y fundador de la Legión española, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado de la Tradición, ha dirigido esta carta al Presidente de la Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios:

Ilmo. Sr. Presidente de la Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios


Madrid


España

Mi respetado Coronel:

Como sigo con atención desde mi residencia francesa todos los asuntos de mi querida España, he visto con indignación en los últimos tiempos las tropelías y vilezas que se vienen perpetrando en nombre de una llamada "memoria histórica" que consiste precisamente en la cancelación de la historia a través del falseamiento de la memoria por la ideología. La última que no me ha pasado inadvertida, decidida y ejecutada recientemente por el Ayuntamiento de La Coruña, es la retirada de la estatua del General Millán-Astray. Como Caballero Legionario del Tercio Gran Capitán, I de la Legión, no quiero dejar de hacerle llegar mi protesta al tiempo que renuevo mi permanente adhesión a nuestro Credo legionario.

Lignières, 3 de febrero de 2010.