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martes, 22 de diciembre de 2015

LOS “MISERICORDIOSOS”, EL RETORNO DE UNA HEREJÍA

Traducción del original italiano publicado por SÍ SÍ NO NO. Tomado de ADELANTE LA FE
  
    
En sus tiempos, San Agustín, tuvo que combatir, entre otras, una herejía difundida en el seno de la Iglesia por algunos autores, que para nosotros son anónimos, llamados los misericordiosos por sus opiniones (V. Bartman, Manuale di teologia dogmatica, Vol. I, pág. 230 y Vol. III, págs. 403 y ss).
  
Fundándose en las Sagradas Escrituras, que exaltan la misericordia de Dios inmensa y universal, los misericordiosos llegaron a negar la existencia del infierno.
  
A San Agustín no le fue difícil hacer notar que los puntos de las Escrituras alegados por aquellos heréticos, se refieren todos a la vida presente y ninguno al más allá; y que, por consiguiente, no son absolutos al excluir el juicio final, personal y universal, a partir de las diferentes suertes de salvación y de perdición que, en la Eternidad, les aguardan a los buenos y a los reprobados.
  
Es indudable que Moisés, los profetas y los salmos proclaman, continuamente, la misericordia de Dios; y que nuestro señor Jesucristo, Verbo Encarnado, la ha ilustrado con conmovedoras parábolas (el hijo prodigo, la oveja perdida, etc.); y la ha practicado personalmente con los pecadores (Mateo, la Magdalena, Zaqueo, el buen ladrón, etc.). Sin embargo, la misericordia de la que hablan el Antiguo y el Nuevo Testamento, no es una misericordia incondicional: presupone siempre la conversión del pecador (“se hace más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente…”). Por tanto, Dios no es un Deus dimidiátus: su misericordia no excluye su justicia.
  
«¿Dios es amigo de los hombres?, –escribe san Juan Crisóstomo-. Sí, pero es también un juez justo. ¿Perdona los pecados? Sí, pero da a cada uno según sus obras. ¿Olvida la iniquidad? Sí, pero también la castiga. ¿No hay en estas cosas una contradicción? No, si distanciamos estos hechos en el tiempo».
  
«Aquí abajo Él borra las culpas por el bautismo y la penitencia, pero las castiga en el otro mundo con el fuego y los tormentos» (Homilía en la Epístola a los efesios, 4, 10). Por eso, San Agustín, puede oponerse a las tesis escriturales citadas por los misericordiosos; aquellas tesis que amenazan con castigos eternos a los pecadores que no se arrepientan. Y Santo Tomas explica (Suma Teológica, Suplemento, Cuestión 99, art. 2, a la objeción 1ª) que: «Dios, por cuanto está en Él, tiene misericordia para todo, [pero], su misericordia, porqué esta ordenada de su sabiduría, no se extiende a aquellos que se han hecho indignos de misericordia».
   
¿Qué dirían los padres y los doctores de la Iglesia, de la actual e insípida “misericordia” que se quiere extender, también, a los impenitentes?
  
Hirpinus
 
“El gran beneficio del alma no consiste en pensar mucho en Dios, sino amarlo mucho”. (San Francisco de Sales)

viernes, 23 de abril de 2010

EL PERDÓN DE DIOS


No hay manera de acostumbrarse.
A lo demás puede ser, pero no al perdón de Dios
que mana de Su costado y se derrama
por todo tu frágil cuerpo de barro y desdichas,
y por todas y cada una de tus potencias.
Dios que mana de la Cruz y que se hace mano que sana
y absuelve y arranca de raíz el pecado y la vergüenza.
Mano en tu mano, mano de misericordia
que siembra de Cielo tu alma contrita.
Divino Jesús, tan humano, tan Dios, tan enamorado.
“Yo te absuelvo”. Yo, Él. A ti, indigno, pero hijo.
Una frase que se adentra en tu corazón como llama,
y remueve y limpia y quema y olvida el pecado.
Es el orden supremo de la alegría resucitada,
de la pureza que necesitas para ser otro Cristo.
No me tengo que esconder de nadie ni de nada,
ni reciclar las palabras en palabrería vana.
Le amo cada día con más ahínco, con más ganas,
pero vuelvo a las andadas de la pereza o de la soberbia,
clavándole espinas y besándole en falso.
Es el mismo Jesús el que perdona, Jesús Dios y Persona,
sacramento vivo. “Yo te absuelvo”. No hay pecado
suficientemente grave, no hay lugar suficientemente lejano.
“A aquellos que les perdonéis los pecados les serán perdonados”.