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martes, 16 de junio de 2026

LAS ANULACIONES DEL NOVUS ORDO, UN “DIVORCIO CATÓLICO”

Traducción del artículo publicado por Patricius Anthony en TRADITIO el 27 de Septiembre de 2009.

LAS ANULACIONES DEL NOVUS ORDO, UN “DIVORCIO CATÓLICO”
  

Una de las características más reprobables de la Iglesia Conciliar ha sido su corrupción del Sacramento del Matrimonio mediante la emisión de “anulaciones” por prácticamente cualquier excusa endeble, lo que, en efecto, ha creado un “divorcio católico”. Esta práctica deplorable no solo ha sido abusada por los ricos y famosos de la secta del Novus Ordo, sino que también ha sido aprovechada por católicos neoconservadores, muchos de los cuales han repudiado a sus esposas, se han vuelto a casar y han continuado recibiendo los Sacramentos, incluyendo los sacramentos funerarios conciliares.
   
Dejando de lado la cuestión de la validez de los sacramentos del Novus Ordo, la práctica de la “anulación” conciliar resulta particularmente indignante, dado que el Divino Salvador advierte directamente sobre el divorcio y el nuevo matrimonio en las Escrituras. No debemos olvidar que fueron los revolucionarios del Concilio Vaticano II (liderados, en parte, por el “padre Ratzinger”) quienes, entre otras afirmaciones infundadas, acusaron a la fe tradicional de no estar suficientemente fundamentada en la Biblia. Que el Novus Ordo permita ahora, de hecho, el divorcio y el nuevo matrimonio a pesar de la prohibición bíblica explícita es otro ejemplo de la hipocresía de la Iglesia Conciliar. Y, puesto que ella se proclama más bíblica, ¡debería saber lo que pensaba Nuestro Señor de los hipócritas!

Para aquellos que parecían haberlo olvidado, Cristo quiso decir que el matrimonio era permanente. Reprendió a los fariseos sobre este asunto, ya que habían corrompido, al igual que el Novus Ordo, los preceptos de Dios Todopoderoso respecto al divorcio y al nuevo matrimonio. Su discurso sobre este punto debió haber tenido un profundo impacto en sus testigos, pues el relato se encuentra registrado en los tres Evangelios sinópticos, siendo el de San Mateo el más detallado:
«Y se acercaron a Él los fariseos para tentarle, y le dijeron: “¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?”. Jesús, en respuesta, les dijo: ¿No habéis leído que Aquel que al principio creó al linaje humano, creó un solo hombre y una sola mujer?, y que se dijo: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán dos en una sola carne” (Gén. 2, 24), Así ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios, pues, ha unido, no lo desuna el hombre» (San Mateo 19, 3-6/Versión de Mons. Félix Torres Amat).
El problema con las anulaciones matrimoniales modernas radica en que la Iglesia Conciliar ha confundido deliberadamente su significado. Tradicionalmente, el matrimonio es indisoluble; una anulación (“Decreto de Nulidad”) es una resolución de un tribunal eclesiástico que determina que, el día de la ceremonia, faltaba un elemento esencial para la validez del matrimonio. Una anulación no puede basarse en lo que ocurre después del matrimonio, sino en las condiciones e intenciones de las partes el día de la boda. Antes de la corrupción de la época conciliar, los motivos legítimos para una anulación eran muy limitados, como por ejemplo, el matrimonio entre parientes consanguíneos.
   
Es importante recordar que si una persona solicita la anulación de su matrimonio y abusa del proceso para salir de un “matrimonio infeliz”, comete un pecado grave. La ofensa se agrava con el nuevo matrimonio, que tradicionalmente siempre se ha considerado adulterio. En general, esto es lo que sucede en la Iglesia Conciliar: los cónyuges infelices con su primer matrimonio buscan a alguien que creen “más compatible”, solicitan la anulación y se vuelven a casar. Todo esto se hace para mantener su buena reputación, por la razón que sea, con la Iglesia Conciliar y poder recibir los sacramentos, sobre todo la Cena del Novus Ordo.

El número de anulaciones matrimoniales del Novus Ordo ha sido asombroso. John Allen Jr., columnista conciliar, informó que entre 1952 y 1956 se registraron poco menos de 400 anulaciones en todo el mundo. ¡Hoy, solo en Estados Unidos, se conceden cerca de 50.000 anulaciones matrimoniales al año! Estas cifras coinciden con el desplazamiento de la Fe Tradicional por la religión del Concilio Vaticano II, que, al parecer, los conciliares como John Allen [él mismo también “beneficiario” de una anulación, como quiera que la obtuvo de la judía Shannon Levitt después del divorcio, y se volvió a casar con la periodista Elise Ann Harris, N. del T.] quieren admitir que es la razón principal del escándalo de las anulaciones.
  
La situación se ha descontrolado tanto que incluso Benedicto Ratzinger y su predecesor, Juan Pablo II, han tenido que abordar el tema, aunque a regañadientes. Al igual que su negligencia criminal en el castigo de los pedófilos conciliarws, ambos se han limitado a hablar y no a actuar. En un discurso de Enero de 2009 ante el Tribunal de la Rota Romana, Ratzinger, con el típico lenguaje del Concilio Vaticano II, lamentó el “pesimismo antropológico” generado por el aumento exponencial de las anulaciones matrimoniales: «Corremos el riesgo de caer en un pesimismo antropológico que, a la luz de la situación cultural actual, considera casi imposible casarse» [CNS]. Así es como los papas conciliares abordan una grave crisis: sin medidas concretas para resolverla, que en este caso ellos mismos crearon, solo lamentaciones y palabras vacías.
   
Si bien los católicos neoconservadores se complacen en criticar al padre Denis Fahey por sus opiniones económicas, se muestran reticentes ante sus agudas reflexiones sobre el divorcio y el matrimonio. Aunque la estructura financiera necesita una reforma, la existencia del divorcio y las anulaciones del Novus Ordo son mucho más destructivas socialmente que el actual caos económico. Como explicó en su magnífica obra El Cuerpo Místico de Cristo y la Reorganización de la Sociedad, un requisito fundamental para una sociedad cristiana bien ordenada es la solidez del matrimonio.
«Con una lealtad incondicional a Cristo Rey, los Estados y las Naciones reconocerán la unidad e indisolubilidad del contrato matrimonial, fundamento de la familia cristiana, que a su vez es el núcleo de la sociedad. Si buscamos la razón por la cual el contrato matrimonial es uno e indisoluble, es, en última instancia, porque la unión del esposo y la esposa está destinada a reflejar al mundo la unión de Cristo y su Cuerpo Místico. San Pablo fue llamado por Dios para ser el Apóstol de un Misterio, a saber, el gran misterio de Cristo y la Iglesia, que se expresa simbólicamente en el matrimonio cristiano: “el esposo es cabeza de la esposa, así como Cristo es cabeza de la Iglesia”. Así como la Iglesia jamás puede separarse de Cristo, así también el matrimonio cristiano es indisoluble» (pág. 94).
Por supuesto, los católicos neoconservadores no desean realmente un restablecimiento del cristianismo, ya que siguen aferrados a las falsas nociones de “libertad religiosa” y la “separación de la Iglesia y el Estado”. La exhortación de Cristo y las leyes de su Iglesia están supeditadas al orden social secular de la era posterior a la “Reforma”. Comprometidos con un mundo occidental donde Cristo no es rey, los neoconservadores son presa fácil para la Entidad que ha instigado la aceptación social del divorcio, como bien explica el padre Fahey:
«El divorcio es el esfuerzo supremo de satanás para lograr que los seres humanos nieguen y ridiculicen esa unión, pero cada burla a las “ideas anticuadas” del matrimonio y cada ley que glorifica a la compañera soltera y la coloca al mismo nivel que la esposa y compañera legítima son pasos dados bajo su dirección, consciente o inconscientemente» (Ibid).
El escándalo de anulación matrimonial del Novus Ordo demuestra una vez más que Ratzinger es uno de los peores personajes que jamás haya ocupado la Cátedra de San Pedro. Sabiendo esto, y su continua política de encubrimiento en el gran escándalo sexual y de malversación de fondos, ¿por qué Bernie Fellay sigue buscando una “reconciliación” con este cretino y la organización criminal que dirige? Cuando finalmente llegue la auténtica Restauración Católica, Ratzinger y todos los gánsteres, pervertidos y ladrones de los que se rodea serán condenados, y la escandalosa práctica de anulación matrimonial que la Iglesia Conciliar ha instituido será erradicada de inmediato.

domingo, 30 de octubre de 2022

LA REALEZA DE CRISTO Y EL DEBER DE LOS CATÓLICOS

Traducción del artículo publicado por el P. Valerii Kudriatsev en CATHOLIC MESSAGE.
   
  
Señor para su ordenado reconocimiento.
«No habría hoy socialismo ni comunismo (escribió el Papa Pío XI) si los gobernantes de los pueblos no hubieran despreciado las enseñanzas y las maternales advertencias de la Iglesia; pero los gobiernos prefirieron construir sobre las bases del liberalismo y del laicismo otras estructuras sociales, que, aunque a primera vista parecían presentar un aspecto firme y grandioso, han demostrado bien pronto, sin embargo, su carencia de sólidos fundamentos, por lo que una tras otra han ido derrumbándose miserablemente, como tiene que derrumbarse necesariamente todo lo que no se apoya sobre la única piedra angular, que es Jesucristo» (Carta encíclica Divíni Redemptóris, sobre el comunismo ateo).
 
EL REINADO DE CRISTO Y EL NATURALISMO ORGANIZADO, Por el Rev. DENIS FAHEY C.S.Sp., DD, D. Ph., BA, Profesor de Filosofía e Historia de la Iglesia en el Colegio de los Misioneros del Espíritu Santo, Kimmage, Dublín, CORK: THE FORUM PRESS, 1943, IMPRESO EN IRLANDA, Imprimi Potest: D. MURPHY CSSp., Prepósito provincial de Irlanda. Nihil Obstat: P. SEXTON, DD, Censor Encargado, Imprimatur: +DANIEL, Obispo de Cork, Cork, 20 de Mayo de 1943, págs. 123-125.

domingo, 11 de noviembre de 2018

LOS MALES DEL NATURALISMO

  
Padre Denis Fahey C.S.Sp.
  
El naturalismo es más que una herejía: es el más puro anticristiano. La herejía es la negación de algún dogma: pero el naturalismo es la negación de todos los dogmas.

La herejía es una alteración de una verdad Revelada por Dios: el naturalismo niega la existencia de la Revelación. De aquí procede la inevitable ley y la obstinada pasión de destronar a Nuestro Señor Jesucristo y acabar con Su influencia en la sociedad.

Esta es la suprema ambición de Satanás y del Anti-Cristo…

  
El mayor obstáculo para la salvación del hombre contemporáneo, como bien lo declara el Concilio Vaticano I (1879) en su Primera Constitución Doctrinaria, lo que envía a un mayor número de personas al infierno en nuestros días, más que en cualquier época, es el Racionalismo o Naturalismo…
  
El Naturalismo se empeña con todas sus fuerzas en excluir a Nuestro Señor Jesucristo, nuestro único Maestro y Salvador, de la mente de los hombres, como también de la vida cotidiana y de la costumbre de los pueblos, con el fin de instaurar el reinado de la razón o de la pura naturaleza.

Ahora, donde sea que los aires del Naturalismo han entrado, la propia fuente de la vida cristiana se marchita. El Naturalismo significa la completa esterilidad en cuanto a la salvación y a la vida eterna.
  
¡Perseverancia! 
Hermanos míos, todos ustedes, si estamos condenados a ver el triunfo del mal, nunca lo aplaudamos. Nunca digamos al mal: “tú eres bueno”; a la decadencia: “eres progreso”; a la noche: “eres la luz”; a la muerte: “eres la vida”. Procuren vuestra santificación en estos tiempos en que nos ha colocado Dios; lamenten los males que Dios tiene que tolerar; opónganse a ellos con la energía de vuestras obras y esfuerzos, que vuestra vida no se contamine con el error, libres de ser extraviados, de tal manera que después de haber vivido aquí en este mundo, unidos al Espíritu del Señor, serán uno con Él para siempre jamás: Qui adhaeret Deo uno spiritus est (cf. I Cor 6:17).
  
Coraje en nuestras convicciones

Las voluntades están sin fuerza, los caracteres sin decisión; porque la inteligencia está sin luz, sin convicciones.
 Los proyectos son débiles, los propósitos son inciertos, porque la mente que los concibe ya no tiene ni claridad ni visión. Por medio de un justo juicio de Dios, el debilitamiento de la fe ha llevado a un debilitamiento de la razón y del sentido común. Nuestra era tiene la reputación de ser “de mentalidades fuertes”. Pero la historia, algún día la juzgará de haber sido la era de las mentes débiles. “Cobardía” es la palabra correcta.

Cuando les pregunto a las personas sabias de nuestros días cuál es la mayor  plaga de la sociedad presente, la respuesta siempre es el deterioro del carácter, el debilitamiento de las almas… Pero esta respuesta levanta otra cuestión. ¿De dónde provienen estos síntomas de debilitamiento de los caracteres? ¿Podría ser verdadero decir que es la natural e inevitable consecuencia del debilitamiento de las doctrinas, de las creencias, y, para usar la palabra correcta, del debilitamiento de la Fe? La voluntad es una facultad ciega cuando no es iluminada por la inteligencia. Nadie camina firme cuando pisa en la obscuridad o en las penumbras. Entonces, si el hombre de hoy camina a tientas ¿no será acaso, oh Señor, porque tu palabra ya no es la luz que guía nuestros pasos, la luz que alumbra nuestros caminos?
  
Nuestros ancestros, en todas las cosas, buscaban la orientación en las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia; ellos caminaban a plena luz del día. Sabían lo que querían, lo que rechazaban, lo que amaban, lo que odiaban, y por eso ellos fueron fuertes en la acción. En cuanto a nosotros, caminamos en la obscuridad. Ya no tenemos nada definido, nada firme en la mente y ya no somos conscientes de la meta que queremos alcanzar. Y como consecuencia de ello, somos débiles y vacilantes.

Alimentémonos de las fuentes puras que fluyen de la fe cristiana. No nos contentemos a quedar a medio camino. Este empobrecido y debilitado cristianismo ¿producirá acaso de nuevo esos caracteres vigorosos y ordenados temperamentos de los antiguos tiempos? ¡No!
  
PADRE DENIS FAHEY CSSp. El Cuerpo Místico de Cristo y la Reorganización de la Sociedad. Introducción.