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domingo, 19 de julio de 2026

SAN VICENTE DE PAÚL, CONFESOR Y FUNDADOR

«Quien diere a uno de estos pequeñuelos un vaso de agua fresca solamente por razón de ser discípulo mío, os doy mi palabra que no perderá su recompensa» (San Mateo X, 42).
   

Aun en los períodos de mayor decadencia religiosa, cuando los hombres parecen haber olvidado totalmente el Evangelio, Dios se encarga de que surjan en la Cristiandad ministros fieles, capaces de reavivar la caridad en el corazón de los hombres. San Vicente de Paul fue uno de esos instrumentos de la Providencia. Sus padres Juan de Paúl y Beltranda de Moras, oriundos de Tamarite de Litera en Aragón, poseían una pequeña granja llamada Ranquines en Pouy, aldea vecina a Dax, en la Gascuña (que después será renombrada San Vicente de Paúl). Allí nació Vicente el 24 de Abril de 1581, tercero de seis hermanos. Ante la inteligencia y la inclinación al estudio de que Vicente daba muestras, su padre le confió a los franciscanos recoletos de Dax para que le educasen. Vicente terminó sus estudios en la Universidad de Tolosa y, el 23 de Septiembre de 1600, a los veinte años de edad, recibió la ordenación sacerdotal de manos del obispo de Périgueux Francisco de Bourdeilles. Lo poco que sabemos sobre la juventud de Vicente no hacía prever la fama de santidad que alcanzaría en el futuro. Se dice que hizo un viaje a Marsella para vender un legado, que estuvo dos años prisionero en Túnez y que logró escapar en forma muy novelesca junto con su último amo Guillaume Gautier, un franciscano devenido a musulmán. 

El propio San Vicente cuenta que, en aquella época, lo único que le preocupaba era hacer carrera. Logró obtener el puesto de capellán de la reina Margarita de Valois, al que estaban anexas las rentas de una pequeña abadía, según la reprobable costumbre de aquel tiempo. Vivía en París con un amigo, cuando ocurrió un suceso que iba a cambiar su vida. El amigo con quien compartía sus habitaciones, le acusó de haberle robado cuatrocientas coronas y como todos los indicios estaban en contra de Vicente, empezó a esparcir entre sus conocidos el rumor de que su compañero era un ladrón. Vicente se contentó con negar el hecho diciendo: «Dios sabe la verdad». Seis meses más tarde, cuando Vicente había soportado la difamación con increíble paciencia, el verdadero ladrón confesó su fechoría. San Vicente relató más tarde el suceso en una conferencia espiritual a sus sacerdotes (pero habló en tercera persona), para hacerles comprender que la paciencia, el silencio y la resignación son la mejor defensa de la inocencia y el medio más apto para santificarse gracias a la calumnia y la persecución.

Vicente conoció en París a un virtuoso sacerdote, Pedro de Bérulle, quien sería más tarde cardenal. Bérulle, que le profesaba gran estimación, consiguió que aceptase el cargo de tutor de los hijos de Felipe de Gondi, conde de Joigny. La condesa Francisca Margarita de Silly le eligió como confesor y director espiritual.

En Enero de 1617, cuando la familia se hallaba en la casa de veraneo en Folleville, Vicente acudió a confesar a un campesino gravemente enfermo. Como el mismo penitente relató más tarde a la condesa y a otras personas, todas sus confesiones anteriores habían sido sacrílegas y debía su salvación a la bondad de San Vicente. La condesa quedó horrorizada al oír hablar de tales sacrilegios. La señora de Gondi era una buena mujer que, en vez de encastillarse en la ilusión de orgullo, por la que tantos amos se desentienden del cuidado de sus criados, comprendía que estaba ligada a sus servidores por los lazos de la justicia y de la caridad, que la obligaban a velar por el bien espiritual de su servidumbre. Las buenas inclinaciones de la condesa ayudaron también a San Vicente a caer en la cuenta del abandono religioso en que vivían los campesinos de Francia, de suerte que la condesa le convenció fácilmente para que predicase en la iglesia de Santiago el Mayor y San Juan Bautista de Folleville e instruyese al pueblo sobre la confesión. Tras los primeros sermones (del cual el primero, el día de la Conversión de San Pablo, es considerado el origen de la futura Congregación de la Misión fundada ocho años después), fue tan grande la multitud de los que acudieron a hacer su confesión general, que Vicente tuvo que pedir ayuda a los jesuitas de Amiens.

Ese mismo año de 1617, por consejo del P. Bérulle, Vicente renunció al cargo de tutor para encargarse de la parroquia de Châtillon-les-Dombes. En el desempeño de ese puesto consiguió la conversión del conde de Rougemont y otros personajes que llevaban una vida escandalosa. Pero al poco tiempo retornó a París y empezó a trabajar con los galeotes de la Conserjería. Fue nombrado oficialmente capellán de los galeotes (de los que estaba encargado el general Felipe de Gondi), y su primer cuidado consistió en predicar una misión en Burdeos, en 1622. Por entonces, comenzó a circular la historia de que San Vicente sustituyó una vez a un galeote en una galera.

La condesa de Joigny le ofreció una renta para que fundase una misión permanente para el pueblo, en la forma en que lo creyese conveniente, pero Vicente no hizo nada por el momento, ya que su humildad le llevaba a creerse incapaz de semejante empresa. La condesa, que sólo encontraba la paz en la dirección espiritual del santo, le arrancó la promesa de que nunca dejaría de dirigirla y de que la asistiría en la hora de la muerte. Deseosa por otra parte de hacer cuanto estaba en su mano por el bien espiritual de sus súbditos, consiguió que su esposo la ayudase a formar una asociación de misioneros que consagrasen su celo a atender a sus vasallos y, en general, a los campesinos. El conde habló del proyecto a su hermano, el arzobispo de París, quien puso a su disposición el edificio del antiguo colegio “Bons Enfants” para alojar a la comunidad. Los misioneros estaban obligados a renunciar a las dignidades eclesiásticas, a trabajar en las aldeas y pueblecitos de menor importancia y a vivir de un fondo común. San Vicente tomó posesión de la casa el 17 de Abril de 1625.

Como lo había prometido, el santo asistió a la condesa en su última hora, pues Dios la llamó a Sí dos meses después. En 1633, el superior de los Canónigos Regulares de San Víctor regaló a los misioneros el convento de San Lázaro, que se convirtió en la sede principal de la congregación. Por ello se llama a los padres de la Misión, unas veces lazaristas y otras vicentinos. Se trata de una congregación de sacerdotes diocesanos que hacen cuatro votos simples de pobreza, castidad, obediencia y perseverancia. Se ocupan principalmente de las misiones entre los campesinos y de la dirección de seminarios diocesanos; actualmente tienen colegios y misiones en todo el mundo. Cuando murió San Vicente, la congregación tenía ya veinticinco casas, en Francia, Argelia, el Piamonte, Polonia y aun en Madagascar.

Pero el celo de “Monsieur Vincent”, como empezó a llamársele cariñosamente, no se satisfizo con esa fundación, sino que trató de remediar las necesidades corporales y espirituales del pueblo por todos los medios posibles. Con ese fin, estableció las cofradías de la caridad (la primera de ellas en Châtillon), cuyos miembros se dedicaban a asistir a los enfermos de las parroquias. Tal fue el origen de las Hermanas de la Caridad, que San Vicente fundó con Santa Luisa de Marillac el 29 de Noviembre de 1633. De las Hermanas de la Caridad se ha dicho que «tienen por convento el cuarto de los enfermos, por capilla la iglesia parroquial y por claustro las calles de la ciudad». El santo organizó también la asociación de las Damas de la Caridad entre las señoras ricas de París, para conseguir fondos y ayuda para las obras de beneficencia. No contento con eso, fundó varios hospitales y asilos para huérfanos y ancianos y empezó a construir, en Marsella, el hospital para galeotes, que no llegó a terminar. Para financiar todos esos establecimientos encontró generosos bienhechores y dejó fijadas reglas muy sabias para su administración. Igualmente redactó un plan de retiro espiritual para los candidatos al sacerdocio, un método de examen de conciencia para la confesión general y otro para deliberar sobre la vocación, e instituyó una serie de conferencias sobre las obligaciones clericales, para remediar los abusos e ignorancia que descubría a su alrededor. Parece casi increíble que un hombre de humilde origen, sin fortuna y sin las cualidades que el mundo más aprecia, haya podido realizar solo una tarea tan extraordinaria.

Al saber San Vicente la miseria que reinaba en Lorena durante la guerra en esa región, consiguió en París una suma fabulosa de dinero para socorrer a los habitantes. Además, envió a sus misioneros a predicar entre los pobres y enfermos de Polonia, Irlanda, Escocia y aun de las Hébridas. Su congregación rescató en el norte de África a 1.200 esclavos cristianos y socorrió a muchísimos otros. El rey Luis XIII mandó llamar al santo para que le asistiese en su lecho de muerte, y la regente, Ana de Austria, le consultaba acerca de los asuntos eclesiásticos y la concesión de beneficios. Sin embargo, San Vicente no consiguió persuadir a la reina, en el asunto de la Fronda, a que hiciese renunciar a su ministro Mazarino por el bien del pueblo. Gracias a la ayuda del santo, las Benedictinas inglesas de Gante pudieron fundar un convento en Bolonia de Francia en 1652.

Pero esta colosal actividad no distraía un instante a Vicente de su unión con Dios. En los fracasos, decepciones y ataques, conservaba una serenidad extraordinaria y su único deseo era que Dios fuese glorificado en todas las cosas.

Por increíble que pueda parecer, San Vicente «era un hombre de carácter belicoso y colérico», según lo confiesa él mismo; podría creerse que se trata de una exageración debida a la humildad, pero otros testigos confirman esas palabras. «Sin la gracia –dice el mismo Vicente–, me habría dejado llevar de mi temperamento duro, áspero e intratable». Pero la gracia de Dios no le faltó y supo aprovecharla hasta convertirse en un hombre dulce, afectuoso y extraordinariamente fiel a los impulsos de la caridad y el amor de Dios. El santo quería que la humildad fuese la base de su congregación y no se cansaba de repetirlo. En cierta ocasión, se negó a admitir en su congregación a dos hombres de gran saber, diciendo: «Vuestras habilidades están por encima de nuestro nivel y pueden encontrar mejor empleo en otra parte. Nuestra gran ambición es instruir a los ignorantes, mover a penitencia a los pecadores y sembrar en el corazón de los cristianos el evangelio de la caridad, la humildad, la mansedumbre y la sencillez». Según las reglas de San Vicente, los misioneros no debían hablar nunca acerca de sí mismos, porque tales conversaciones proceden generalmente de soberbia y fomentan el amor propio. Era muy grande la preocupación de San Vicente por la rapidez con que se divulgaba el jansenismo en Francia. «Durante tres meses –confesó el santo–, el único objeto de mis plegarias ha sido la doctrina de la gracia y, cada día, Dios ha confirmado mi convicción de que Nuestro Señor Jesucristo murió por todos nosotros y que desea salvar al mundo entero». Él mismo se opuso activamente a los predicadores de la falsa doctrina y no toleró que permaneciera en su congregación ningún sacerdote que profesara sus errores.

Hacia el fin de su vida, la salud del santo estaba totalmente quebrantada. Murió apaciblemente, sentado en su silla, el 27 de Septiembre de 1660, a los ochenta años de edad, poco más de seis meses después de Santa Luisa de Marillac. Clemente XI le canonizó en 1737, y León XIII proclamó a ese humilde campesino patrono de todas las asociaciones de caridad. Entre éstas se destaca la Sociedad de San Vicente de Paul, que Federico de Ozanam fundó en París en 1883, siguiendo el espíritu del santo.

Las fuentes sobre la vida de San Vicente de Paul son muy numerosas. Han sido editadas con gran cuidado por el P. Pierre Coste, Saint Vincent de Paul, correspondance, entrétiens, documents (1920-1925), en catorce volúmenes. La biografía escrita por el mismo autor, Le grand saint du siécle (3 vols.), completa dicha obra. La primera biografía de San Vicente fue la que publicó Mons. Luis de Abelly cuatro años después de su muerte. Las biografías modernas son innumerables; citemos, entre otras, las de Bougaud, de Broglie, y Lavedan. Esta última, a pesar de su maravilloso estilo, no iguala en veracidad histórica a La vraie vie de S. Vincent de Paul de Redier (1927), ni el S. Vincent de Paul de P. Renaudin (1929). En la gran pantalla, existe «Monsieur Vincent», excelente película de 1947 basada en la vida del santo. 

MEDITACIÓN SOBRE EL AMOR AL PRÓJIMO
I. Dios promete recompensar a los que dieren por amor a Él un vaso de agua al prójimo. ¡Qué recompensa no dará a los que hayan hecho grandes limosnas y aliviado a sus hermanos en sus necesidades temporales y espirituales! ¡Cuántas ocasiones dejamos escapar de ejercer la caridad! Jesucristo nos pedirá cuenta de ello en el día del juicio. Parece que nuestra salvación depende únicamente del bien o del mal que hubiéramos hecho a nuestro prójimo.
   
II. Jesucristo mira como hecho a Él mismo todo el bien o todo el mal que hacemos a nuestro prójimo. Todos los cristianos forman un cuerpo cuya cabeza es Cristo; quien hiere los miembros hiere también la cabeza. ¡Cuál no sería tu dicha, si pudieses dar de comer a Jesucristo, vestirlo y consolarlo! Todo esto haces cuando realizas tus obras de caridad para con los pobres. Aviva tu fe a fin de ver siempre a Jesucristo en la persona de tu prójimo. Fácil te será entonces amarlo, honrarlo y hacerle el bien.
   
III. Parece que Dios ha querido hacernos dueños de nuestro destino cuando dijo, en varios lugares del Evangelio, que se nos tratará como nosotros hayamos tratado a nuestro prójimo. Se nos juzgará como hayamos juzgado a los demás; se nos dará si damos; se nos perdonará como hayamos perdonado. Así, pues, sobre nosotros mismos recaerá todo el bien o el mal que hacemos a los demás. «¡Cuán extraño, dice San Agustín, es ver a los hombres maltratarse recíprocamente! ¿Las otras creaturas no proporcionan ya bastantes ocasiones de sufrir?».

La caridad para con los pobres.
Orad por las Conferencias Vicentinas.
   
ORACIÓN 
Oh Dios, que para evangelizar a los pobres y realzar el brillo del sacerdocio cristiano, habéis revestido al bienaventurado San Vicente de una caridad y una fortaleza verdaderamente apostólicas, haced, os lo suplicamos, que honrando sus méritos, seamos fortificados por el ejemplo de sus virtudes. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 6 de mayo de 2026

NOVENA A SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE

Novena tomada del Eucologio Romano: Devocionario litúrgico para uso de las escuelas, colegios y parroquias, 5.ª edición impresa en Medellín (Colombia) por la Editora Bedout en 1956. Nihil obstat por Fray Regino de la Merced Maculet Dombrasas OAR, censor eclesiástico; e Imprimátur por Mons. Pedro Ismael Perdomo Borrero, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, dado el 8 de Agosto de 1930.
   
NOVENA A SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa en el alma de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, ayudado de vuestra divina gracia y de los méritos de vuestra santísima Pasión y Muerte, que sea bendita y alabada por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
DÍA PRIMERO – 6 DE MAYO
FE DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«Hay que creer de corazón para ser justificado y confesar de boca para obtener la salvación» (Romanos X, 10).
   
La Iglesia Católica ha sido establecida por su divino Fundador como el órgano y la depositaria de la verdad. Por la Iglesia nos habla Cristo; por ella no señala el camino de la salvación. Un cristiano debe escuchar, honrar, amar a la Iglesia, someterse a su autoridad, a sus mandatos y a sus prácticas. Fuera de esta vía no hay sino incertidumbre, inconstancia y error, y posiblemente condenación.
   
Tales eran los sentimientos que animaban a San Juan Bautista de la Salle para con la Iglesia de Jesucristo. Hay ocasiones en las cuales no le es lícito al cristiano callar su fe y en que la conciencia obliga a volver con santa libertad por los derechos de la verdad ultrajada. En semejantes casos, a imitación de San Juan Bautista de la Salle, no titubeemos ni un instante en hacer pública profesión de fe por nuestras palabras, escritos y obras.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh glorioso Juan Bautista de la Salle! Vos a quien la divina Providencia, en el momento mismo en que se propagaban los más pérfidos errores, quiso suscitar en su Iglesia a fin de mantener la integridad de la fe y la herencia de la sabiduría cristiana en el corazón de la juventud; pedid a Dios que permaneciendo unidos en la tierra en un amor filial y una obediencia perfecta al Vicario de Jesucristo, merezcamos ser unidos con el mismo divino Caudillo de la Santa Iglesia, durante los siglos de los siglos. Así sea.
   
HIMNO
   
Al apóstol de la Escuela
Ángel fiel de la niñez,
Nuestra voz ferviente anhela
Bendecir con sencillez;
Pues de América el infante
Con el franco y español,
Le proclaman padre amante
Y doquier alumbra el sol.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
De María bajo el manto
La pureza resguardó;
De Jesús el dulce encanto
Su niñez embelesó,
La celeste voz oyendo
Que lo llama hacia el altar.
Ministerio tan tremendo
Abrazó sin vacilar.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
En abismos de ignorancia
Tenebrosos mil y mil
Condenada ve a la infancia
Y del vicio al yugo vil.
Conmovido Juan Bautista
E inflamado en santo ardor,
De esas almas la conquista
Emprendió para el Señor.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
Y a los pies hollando el oro
Y la pompa mundanal,
Solo Dios es su tesoro,
La pobreza su caudal.
Su descanso es la vigilia,
Sus delicias padecer;
Son los pobres su familia,
La Cruz sola su placer.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
El candor del albo lirio
En los niños conservar
Fue su pasión, fue el delirio
De su férvido anhelar,
Y la gloria de Dios solo,
De su vida al clarecer,
Fue su luz, su norte y polo
Hasta su hálito postrer.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
Padre al huérfano y hermano
Cariñoso aquí le da,
Que cual Ángel por la mano
Hacia el bien les guiará.
Luz da al ciego, esplendorosa,
En la antorcha de la fe;
De los niños el alma endiosa
Porque a Dios en ellos ve.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
Ocho lustros así pasa
Sin que extinga ya jamás
Esa llama que le abrasa
Cada día más y más.
Y anhelando de continuo
Por el solo y sumo Bien,
En suave éxtasis divino
Remontóse hasta el Edén.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
    
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
℣. Rogad por nosotros, San Juan Bautista.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que para dar cristiana educación a los pobres, y afianzar a la juventud en el camino de la verdad, suscitasteis a San Juan Bautista de la Salle, vuestro confesor, y por él enriquecisteis con una nueva familia religiosa a vuestra Iglesia; dignaos concedernos por la eficacia de su intercesión y de sus ejemplos que, ardiendo en celo de vuestra gloria y de la salvación de las almas, lleguemos a ser partícipes de su corona en el Cielo.  Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO – 7 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
AMOR A DIOS DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente» (San Lucas X, 27).
   
Pensar en Dios, obrar por Dios, sufrir por Dios, morir por Dios, tales son las señales del amor divino.
   
Los santos gustan mucho de pensar en Dios, entretenerse con Él y ocuparse de cuanto a Él se refiere. Así cumplen el precepto del apóstol del Amor: «Hijitos míos, no amemos solamente de palabra y con la lengua, sino con obras y de veras» (1.ª Joann., III, 18).
   
El más pobre, humillado, mortificado, es el que más se asemeja a Jesucristo y el que da a Dios testimonio de amor más heroico: la realización de ideal tan encumbrado fue la meta constante de San Juan Bautista de la Salle. Obligóse con los discípulos a procurar por todos los medios posibles la gloria de la divina Majestad.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh gran santo de la Salle! Héroe de virtud cuyo corazón fue receptáculo del más puro amor divino; ¡con cuánta confianza os arrojabais en brazos de la Providencia en medio de las amarguras sin cuento que probaron vuestra virtud! ¡Cuántos ejemplos admirables de conformidad con el beneplácito divino disteis en todo el curso de vuestra vida! Obtenednos, Santo augusto, el acrecentamiento del amor divino, para que aborrezcamos hasta la sombra del pecado; y a fin de que nuestro principal estudio sea ejecutar en todo y cumplidamente la santísima voluntad de Dios, alcanzadnos una perfecta resignación al querer divino en las penas y sinsabores de la vida, y haced que después de haber amado a Cristo aquí abajo con todo nuestro corazón, merezcamos en compañía vuestra, gozar de Él por toda la eternidad. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
      
DÍA TERCERO – 8 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
ESPÍRITU DE ORACIÓN DEL SANTO
«Hay que orar con perseverancia y sin desfallecer» (San Lucas XIII, 1).
   
San Juan Bautista de la Salle oraba de boca y con el corazón, en todo tiempo y en todas las circunstancias. En el reposo o en el trabajo, su espíritu se elevaba sin cesar hasta Dios, y mantenía con Él una conversación continua por el uso incesante de las jaculatorias. En la oración encontraba la grandeza de alma necesaria para llevar a cabo sus empresas de celo y hacer frente a los múltiples obstáculos que surgían a su paso. En los peligros, en las penas y persecuciones, Dios era su único refugio, de Él solo esperaba socorro contra sus enemigos.
   
Al comenzar su obra, parece haber sido intento de San Juan Bautista de la Salle regarla con la sangre de sus múltiples maceraciones y atraerle colmadas bendiciones de Dios por sus fervientes y prolongadas oraciones.
    
Diariamente iba a ofrecer sus plegarias ante el sepulcro de San Remigio y, no contento con pasar parte de sus días a los pies del ilustre apóstol de los Francos, había logrado del sacristán le encerrase de noche en la iglesia. Mientras permaneció en Reims, el santo Institutor consagró así las noches del viernes y sábado de cada semana a la oración y a la penitencia.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh San Juan Bautista de la Salle! Vos que pasabais los días y las noches en inefable coloquio con vuestro amabilísimo Redentor y hallabais en la plegaria continua las preciosas ilustraciones que os guiaron en vuestra santa empresa y el heroico valor que os hizo llevar a cabo los más cruentos sacrificios, alcanzadnos con vuestra poderosa intercesión que acudamos presurosos a Dios en busca de auxilio en todas nuestras necesidades, que perseveremos valerosamente en la oración, a fin de que, a imitación vuestra, merezcamos contemplar en la gloria al que nuestra alma habrá buscado de continuo en la tierra con una plegaria confiada y fervorosa. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
       
DÍA CUARTO – 9 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
CELO DEL SANTO POR LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS
«Yo por mí gustosísimo expenderé cuanto tengo, y aun me entregaré a mí mismo por la salud de vuestras almas» (2.ª Cor., XII, 15).
   
A imitación de San Gregorio, estimaba Juan Bautista de la Salle que ante Dios ninguna obra buena puede compararse con la salvación de las almas. La sangre de un Dios derramada por el rescate del hombre prevaricador, es de un precio infinito. Por esto, quien ama a Jesucristo arde en deseos de cooperar a la obra de la Redención.
   
San Juan Bautista de la Salle dedicó toda su vida a procurar el bien de los pobres, de los niños, de los más necesitados, porque la luz divina le había dado a entender que la falta de educación cristiana, principalmente entre la gente del pueblo, es causa principalísima de vida desordenada y de condenación eterna.
   
La vida toda de San Juan Bautista de la Salle no fue sino el ejercicio de un celo cada vez más ardiente y más universal. Consagró sus energías todas a la fundación de su Instituto, obra predilecta que le costó cuarenta años de oraciones, de sufrimientos y de incesantes desvelos.
   
No contento con desvelarse por esa su obra principal, se prodigaba en favor de aquellas pobres almas encenegadas en el fango del pecado; varios hechos de su vida muestran cuán grande era su influencia sobre los más empedernidos pecadores.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh San Juan Bautista de la Salle, modelo cumplido de todas las virtudes apostólicas! Obtened para los que imploramos vuestra intercesión que nos hagamos útiles al prójimo por la oración, el ejemplo y el sacrificio, que sirvamos a la Santa Iglesia tanto cuanto nos sea posible, con nuestras palabras y obras, y así podamos presentarnos ricos de méritos al Soberano Juez, para recibir de Él la eterna recompensa. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
    
DÍA QUINTO – 10 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
HUMILDAD DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«Donde hay humildad, habrá sabiduría» (Proverbios XI, 2).
   
Es tan extraordinaria la humildad de los santos, que viene a ser un misterio para muchos. ¿De dónde viene que hombres tan favorecidos de Dios y tan elevados en el orden de la gracia sienten de sí mismos y buscan siempre el último lugar? La razón es que, tomando a Dios por término de comparación, se ven tan pequeños, tan imperfectos y tan ruines, que al fin quedan convencidos de la verdad que expresó el real profeta cuando dijo: «Toda mi subsistencia es como nada ante tus ojos» (Salmo XXXVIII, 5).
   
San Juan Bautista de la Salle, no contento con haberse colocado en las últimas filas del clero al renunciar a toda dignidad eclesiástica, quiso dar a sus discípulos un nuevo ejemplo de humildad ejerciendo él, miembro en otro tiempo uno de los más ilustres Cabildos de Francia y doctor en Teología, el oficio, despreciado entonces, de maestro de escuela. Cambió su sotana por el humilde vestido de los Hermanos; con ese traje quiso experimentar cuatro veces al día, durante varios meses, la sujeción de su nuevo oficio. Atravesaba las calles bajo las miradas de sus parientes y de sus antiguos amigos, acompañado por las risas y los sarcasmos de quienes hubieran debido admirarlo, seguido por todo un populacho malévolo que se complacía en denostarle. Fiel en cumplir hasta las menores obligaciones de los maestros, él mismo llevaba sus alumnos en formación a la parroquia, y se mantenía ante ellos durante los oficios divinos con un exterior tan humilde, que no podía menos de arrebatar las alabanzas de la gente sensata y piadosa.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh glorioso Juan Bautista de la Salle!, que por seguir más de cerca a Jesús, anonadado y ultrajado por amor nuestro, renunciasteis tan generosamente a todas las honras y dignidades de este mundo; vos que buscasteis siempre con ansia el último puesto entre los vuestros; vos que, acusado y condenado injustamente, sufristeis las injurias y las calumnias con admirable serenidad; vos, en fin, que en todo el curso de vuestra existencia os mostrasteis siempre santamente ávido de oprobios y humillaciones, obtenednos de la divina Providencia la gracia de que, despreciándonos a nosotros mismos, suframos gustosos en unión con Jesús coronado de espinas y hecho Rey de burlas, cuantas afrentas y baldones nos ocurran en el camino de la vida. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 11 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
ESPÍRITU DE PENITENCIA DEL SANTO
«Yo castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (1.ª Cor. IX, 27).
   
El afán con que San Juan Bautista de la Salle procuró grabar en su carne las sangrientas señales del Salvador, hizo de él un héroe de la penitencia cristiana. No se contentó con mirar de lejos el Calvario, sino que a ejemplo de la Santísima Virgen, subió la áspera pendiente del monte de la crucifixión. No se limitó a refrenar los sentidos y la carne, sino que hizo extensiva la mortificación a todas las facultades de su alma. Sería preciso referir toda la historia del santo si se quisieran relatar circunstanciadamente sus penitencias y mortificaciones, porque fue un verdadero mártir de la penitencia durante cuarenta años…
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh celosísimo Apóstol de la juventud! Generoso mártir de la mortificación, que para haceros más semejante a Jesús crucificado no cesabais de imponeros largas vigilias, ayunos rigurosos y asombrosas penitencias, domando así las inclinaciones de la naturaleza, ascendiendo siempre en las vías de la oración y asegurando a vuestros trabajos maravillosa fecundidad, obtenednos gran generosidad en la práctica de la mortificación, y valor y conformidad en las pruebas y enfermedades. Hacednos comprender la necesidad de la penitencia para expiar nuestros pecados y santificarnos. Obtenednos, ¡oh bienaventurado Padre!, el que después de seguir vuestras huellas en la imitación de Jesucristo cargado con la cruz, con vos también participemos un día de la herencia celestial. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.  
  
DÍA SÉPTIMO – 12 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
PACIENCIA DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«La paciencia os es necesaria para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis obtener los bienes que os están prometidos» (Hebreos X, 36).
   
La caridad es paciente, dice el Apóstol, todo lo sufre, todo lo aguanta. La paciencia pone freno a todas las pasiones, impone silencio a las murmuraciones de la razón y rechaza la tristeza que se levanta en el alma en presencia del dolor.
   
Innumerables fueron las persecuciones que tuvo que sufrir el Santo de parte de los maestros seglares en cuyo poder se hallaban las escuelas elementales de entonces. Dichos maestros formaban una corporación que disfrutaba del monopolio de enseñanza y se oponían pertinazmente a cualquier establecimiento nuevo que pudiera competir con ellos. Como las escuelas de los Hermanos, denominadas “de Caridad”, producían el vacío en las de los maestros, estos, viéndose frustrados de sus ganancias, intentaron muchas veces arruinar la obra de San Juan Bautista de la Salle. Quejas ante el Chantre de partís, demandas ante el Parlamento, saqueo de las escuelas, no hubo maña que no emplearan para lograr sus fines.
   
A tantas persecuciones, el Santo opuso tan solo su invencible paciencia.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Juan Bautista de la Salle! Héroe de virtud en quien se admiraba sobre todo la total entrega en manos de la divina Providencia, y la paz que de ella se desprende; que en todo adorabais la voluntad de Dios para con vos, obtenednos que aún en medio de nuestras penas, practiquemos ese absoluto abandono que nos confirme en la paz de Dios, nos asegure una protección especial de su Providencia y, enriqueciéndonos con gracias y virtudes, nos procure una dicha sin fin en la Patria Celestial. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 13 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
PUREZA DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«Todo el peso del oro no es nada en comparación de un alma verdaderamente casta» (Eclesiástico XXVI, 20).
   
Así exalta el Espíritu Santo la castidad. Esta virtud es la que requiere más cautela y exige mayores esfuerzos y sacrificios.
   
Jesucristo manifiesta de mil maneras su aprecio especial por la pureza, virtud de las almas nobles, flor del jardín de la Iglesia, joyel hermosísimo de los amigos del Cordero sin mancilla. El Verbo encarnado quiso que sus predilectos fueran puros de cuerpo, de espíritu y de corazón. Por eso, San Juan Bautista de la Salle estimó y amó tanto la angelical virtud de la pureza, y no ahorró medio alguno para perfeccionar su brillo y esplendor.
  
La estima y amor que tenía nuestro santo a la virtud angelical de la pureza eran tales que no podían ser mayores ni más exquisitos los medios que empleaba para aumentar el brillo de tan preciada joya.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Azucena de angelical pureza, que desde vuestros más tiernos años huisteis hasta de la sombra del mal, alejándoos de todo cuanto podía ser un peligro para vuestra virtud, asistidnos eficazmente en nuestras luchas de cada día; pedid para nosotros a María Inmaculada que nos conserve siempre dignos de ella y de su divino Hijo. Inspiradnos una constante energía para rechazar la tentación, huir de toda ocasión peligrosa y practicar la modestia, preservadora de la castidad. Obtenednos por fin que, después de haber luchado victoriosamente por conservar limpia nuestra alma, merezcamos contemplar un día con voz la gloria del Señor, según esta divina promesa: «Bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios». Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
    
DÍA NOVENO – 14 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
DEVOCIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE A MARÍA SANTÍSIMA Y A SAN JOSÉ
«Honra a tu madre todos los días de tu vida» (Tobías IV, 3).
   
El amor a Jesús y el amor a María van tan estrechamente unidos, que no se concibe cómo pudiera el corazón separarlos, porque si amamos al Hijo, es natural que amemos también a la Madre. Además, ¿quién, después de Dios, merece ocupar lugar preferente en nuestro corazón, sino la criatura felicísima, la predilecta de la Santísima Trinidad, levantada sobre todas las demás criaturas por su íntima comunicación con las tres Divinas personas, la más llena de gracias, virtudes y méritos? A imitación de todos los verdaderos siervos de Dios, San Juan Bautista de la Salle unió indisolublemente el amor de María con el amor de Jesús. A estos dos amores se juntó en el corazón de San Juan Bautista de la Salle una gran veneración a San José, el digno esposo de la Virgen sin mancha. En el augusto patriarca admiraba nuestro Santo la gran docilidad a las órdenes de la divina Providencia, la castidad angelical y el tierno amor a Jesús y María, virtudes todas que él se propuso imitar y en las que creció maravillosamente por la intercesión del Santo Patriarca de Nazaret.
  
Durante toda su vida, tuvo el Siervo de Dios a mucha honra declararse en todas partes por siervo y devoto de María, y cuidaba de que los demás la honrasen: se empeñaba en que siempre en torno suyo la llamasen «Santísima Virgen», y si en su presencia alguno se descuidaba sobre el particular, le decía con vehemencia: «Decid, pues, Santísima Virgen, que bien lo merece». Estimaba tanto el Santísimo Rosario, que lo rezaba en donde quiera, aun al andar por las calles y en sus viajes.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh glorioso Juan Bautista de la Salle, dechado perfecto de amor filial a la Virgen Santísima! Vos que la hicisteis confidente de todos vuestros designios así como de todas vuestras amarguras, obtenednos, ¡oh santo amado!, la gracia de acudir a María Santísima perpetua y confiadamente, a fin de que logremos aquí abajo una vida exenta de toda culpa grave, que sea prenda para nosotros prenda de salvación eterna.
   
Obtenednos, en fin, del Virginal esposo de María, a quien honrasteis con singular cariño, la gracia de un dichoso tránsito de este mundo a la mansión de la bienaventuranza eterna. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.

miércoles, 18 de marzo de 2026

SAN CIRILO DE JERUSALÉN, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (San Mateo V, 7).
   

San Cirilo era obispo de Jerusalén cuando Juliano el Apóstata, por odio al cristianismo, quiso restablecer el templo de Jerusalén. Predíjole este santo que no quedaría piedra sobre piedra. En efecto, el rayo y los temblores derribaron lo que el apóstata había hecho edificar. Era San Cirilo tan caritativo que los arrianos, para arrebatarle su episcopado, lo acusaron en el 358 de haber vendido los ornamentos de la iglesia y distribuido su precio entre los pobres. Participó en el Concilio de Constantinopla, votando a favor del término ὁμοούσιος (homoúsios/consubstancial), que fue incorporado al Símbolo de la Fe. Murió en el año 387; y en 1883 fue declarado Doctor de la Iglesia.
  
MEDITACIÓN SOBRE LA MISERICORDIA
I. Debes compadecer los sufrimientos del prójimo, provengan de enfermedad o de pobreza. Esta compasión debe excitar en ti el deseo de aliviarlos, y este deseo debe ser efectivo. ¡Cuántas ocasiones pierdes de hacer el bien a los desgraciados! Nada hay que te haga más semejante a Dios como la caridad para con los pobres. Si no estás en condición como para socorrerlos, ruega a Dios que lo haga Él y agradécele el que te haya librado de las miserias que hacen gemir a tu prójimo. «Nunca se parece tanto el hombre a la Divinidad como cuando hace el bien a sus semejantes; sé providencia para los desventurados, imitando la misericordia de Dios» (San Gregorio).
   
II. Ten compasión de los pecadores; por ricos y felices que sean en apariencia, su suerte es mucho más digna de compasión que de envidia. Son tanto más dignos de lástima, cuanto que no conocen su mal estado y no quieren ponerle remedio. Adviérteles, si lo puedes, hazles conocer el lastimoso estado de su alma; ruega a Dios por ellos; apártalos de las ocasiones peligrosas; emplea para esto, tu solvencia, tus riquezas: bien que quiso dar su vida por ellos Jesucristo. «No envidies a los malos, antes bien compadécelos» (San Pedro Damián).
   
III. ¿Acaso tú mismo no eres digno de compasión, a causa de tus miserias o de tus pecados? Si es a causa de tus miserias, ten paciencia: Jesús vivió en el dolor, los santos pasaron su vida en las lágrimas. Si tus pecados te hacen digno de compasión, ten piedad de ti mismo; sal, lo más pronto posible, de ese funesto estado.
   
La caridad. Orad por los afligidos.
    
ORACIÓN
Suplicámoste nos concedas, oh Dios omnipotente, por la intercesión de tu bienaventurado Pontífice San Cirilo: conocerte a Ti, el único Dios verdadero, y a quien Tú enviaste, Jesucristo; para que merezcamos ser contados perpetuamente entre las ovejas que escuchan su voz. Por el mismo J. C. N. S. Amén.

miércoles, 28 de enero de 2026

SECUENCIA Y PREFACIO DE SAN PEDRO NOLASCO

San Pedro Nolasco redimiendo cautivos (Alonso Vásquez. Museo de Bellas Artes de Sevilla).

La Orden Mercedaria contaba, entre sus Misas propias, con una secuencia y prefacio particular para su fundador San Pedro Nolasco. La secuencia, de autor anónimo (y de la cual Francisco Valls, maestro de capilla de la catedral de Barcelona, compuso una musicalización para tenor con acompañamiento de violines), presenta la vida del santo fundador y el ideal de la orden, que es redimir a los cristianos cautivos en tierra de infieles, aun dándose a sí mismos, a semejanza de Cristo, que por redimirnos de la esclavitud del demonio se hizo hombre y murió en la Cruz.
  
  
LATÍN
Petrum cháritas nascéntem
Cœpit ulnis et lacténtem,
Recreávit ósculis.
  
Ut ambrósias forment dapes
Ad púellum volant apes.
Onerátæ flósculi.

Virginálem is candórem.
Cœlo vovet et fervórem
Charitátis éxhibet.
   
Corde húmili, abstinéntia,
Firma fide, patiéntia
Deo sese dévovet.

Monstra hǽresis perósus,
Línquit pátriam et pannósus,
Regna petit éxtera.
   
Profert arcas áuro plenas,
Frangat duras quo caténas,
Ut lucrétur ǽthera.

At pecúniis erogátis
Pro miséllis mancipátis
Ipse vendi flágitat.
   
Cœlo accéptum fuit votum,
Quod ut esset cunctis notum,
Magna Virgo célebrat.
   
Præbet illi se vidéndam,
Et orándi audiéndam
Manifésto allóquio.
   
Sibi dicit fore gratum
Filióque si sacrátum
Sibi condat Órdinem.

Cui Captívos liberáre,
Pátriæque redonáre,
Cura præcípua.

Lætus paret Petrus cœlo
Et alúmnos albo velo,
Statim suos índuit.

Quéis manere in servitúte
Si sit opus pro salúte
Captivórum præcípit.
   
O felícem, cui fulgéntem
Præbet Virgo se frequéntem
Átque votis obsequéntem
Sæpe custos Ángelus!
   
O beátum cui pasci
Inter lília, cui renásci
Cœlo lícuit, cum nasci,
Rex dignátur cœ́litum.

Salve Pater Redemptórum,
Cui Dómina Angelórum
Dedit gregem Captivórum
Auferéndum cánibus.

Profligáta pravitáte,
Impetráta charitáte
Fac nos vera libertáte,
Petre frui in Civitáte,
Supernórum cívium.
Amen. (Ommititur in Septuagesima: Allelúja).
   
TRADUCCIÓN
Ni bien nació Pedro, la caridad
En sus brazos lo recibió, y lactante
Con besos lo alentó.
 
A fin de darle celestial ambrosía,
Hacia el niño volaron abejas
Cargadas de flores.

Resplandeciente celibato 
Al Cielo ofreció voto,
Y mostró el fervor de la caridad.
  
Con humilde corazón, modestia,
Fe firme y paciencia,
A Dios se consagró.
   
Aborreciendo los heréticos monstruos,
En harapos dejó su patria,
Partiendo a extranjeros reinos.
  
Cargando arcas con oro llenas,
Para romper férreas cadenas
Y para ganar el Cielo.
  
Mas gastado todo este dinero
Para liberar a los desdichados,
Prontamente pidió ser vendido.
  
Acepto fue su voto en el Cielo, 
Y para que de todos fuese conocido,
la Virgen grandemente celebró.
   
A su vista Ella se presentó,
Y para oírla en oración
Le hablaba abiertamente.
  
Díjole serle grato a Ella
Y a su Hijo que fundara 
Una orden a Ella consagrada
   
Para que especialmente se encargue
De libertar a los cautivos
Y retornarlos a su patria.
  
Felizmente Pedro los celestiales deseos siguió,
E inmediatamente a sus discípulos
Con albo velo revistió.

E instruyóles a permanecer en cautividad
Si ello menester fuese
Para los cautivos redimir.
   
¡Oh feliz Pedro!, a quien la Virgen
Frecuentemente se mostró refulgente
Y su ángel custodio obsecuente
Obedecía sus oraciones.
   
¡Oh dichoso varón,
Que entre lirios transitó
Y renació para el Cielo el día
En que nació el Rey de los bienaventurados.
  
Salve, Padre de los Redentores,
A quien la Reina de los Ángeles
Dio a apacentar una grey de cautivos
Para rescatar de los paganos perros.
   
Vencida la maldad,
Alcánzanos, oh Pedro
Conseguir la caridad
Que gocemos la verdadera libertad
En la Ciudad de los bienaventurados.
Amén. (Omitir en tiempo de Septuagésima: Aleluya).
   
PREFACIO DE SAN PEDRO NOLASCO: Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Et te in veneratióne Beáti Petri Nolásci fidélis tibi fámuli collaudáre, qui unigéniti Fílii tui Mundi Redemptóris exémplo, ejúsque intemeráta Matris e Cœlo delápsa admónitu, novam in Ecclésia tua Milítiam instítuit, quæ non captívos faciéndo, sed liberándo decertáres: Ut quos ille, dando redemptiónem semetípsum pro nobis, a diáboli servitúte redémerat; charitáte iste consímili, se quóque óbsidem dando, ab infidélium captivitáte liberáret. Et ídeo cum Ángelis, et Archángelis, cum Thronis, et Dominatiónibus, cúmque omni milítia Cœléstis Exércitus, hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes [Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable que siempre y en todo lugar te demos gracias, Señor Santo, Padre omnipotente y eterno Dios: Y alabarte en la veneración de tu siervo fiel San Pedro Nolasco, quien a ejemplo de tu unigénito Hijo Redentor del Mundo y al llamado de su Madre incorrupta que bajó del Cielo, instituyó en tu Iglesia una nueva Milicia, que lucha no haciendo cautivos sino liberándolos. Para que este, haciéndose semejante en la caridad a Aquel que, dándose en redención por nosotros para rescatarnos de la esclavitud del demonio, se diese también a sí mismo para liberarlos de la cautividad de los infieles. Y por ello, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, junto con todas las milicias celestiales, entonamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar]. Sanctus…

lunes, 1 de diciembre de 2025

BEATO ANTONIO BONFADINI, SACERDOTE FRANCISCANO


La familia Bonfadini era muy distinguida en Ferrara, donde nació Antonio en 1400. En la universidad local se laureó en 1439. A los 37 años entró entre los Hermanos Menores en el convento del Santo Spirito en Ferrara y se distinguió por la fidelidad a la regla franciscana, por su espíritu de oración y su provechosa predicación.
   
Ordenado sacerdote, fue atraído por la predicación de San Bernardino de Siena, que había producido un despertar maravilloso de virtudes también entre sus cohermanos. Comenzó de inmediato a recorrer los caminos de Italia como predicador de la divina palabra. Es el siglo XV, el siglo de oro de la predicación y de la santidad franciscanas. Antonio se integró en esta estela luminosa. Baste recordar la tríada espléndida: San Jaime de la Marca, San Juan de Capistrano y San Bernardino de Siena. En semejante clima no es de admirar que Antonio se sintiese atraído a la santidad. Este intenso y fructuoso apostolado desempeñado en estas regiones de Italia duró algunos decenios, y llevó muchísimas almas a una renovación de la vida cristiana.
   
Sus superiores le enviaron en misión a Tierra Santa,  para que extendiera su apostolado también a los pueblos a los cuales todavía no había llegado la luz del Evangelio. Es más fácil imaginar que describir la emociones espirituales de Antonio recorriendo los mismos caminos de Palestina que Cristo, la Santísima Virgen y los Apóstoles habían recorrido, meditando la vida, la Pasión y la muerte de Cristo Hombre-Dios.
   
No sabemos con certeza cuánto tiempo permaneció en Palestina, qué actividades desempeñó. Su edad muy avanzada lo hacía incapaz de una actividad apostólica normal, quizás por eso decidió regresar a la patria. Lleno de méritos y de años con profundo pesar, emprendió el viaje de regreso, que fue más pesado que el de ida. Su meta debía ser el convento de Ferrara, donde deseaba terminar sus días. Al llegar a Italia, olvidándose del cansancio, de las enfermedades y de los años, reemprendió con renovado ardor su apostolado de predicación en las cuidades y campos. Fue inmenso el bien realizado en este final de su vida. Agotadas sus fuerzas, entregó su alma a Dios en Cotignola, en el Hospital de los Peregrinos el 1 de diciembre de 1482. Tenía 82 años de edad.
   
Un año después, su cuerpo permanecía incorrupto. En su sepulcro se obraron muchos milagros. Algunos años más tarde, los franciscanos fundaron un convento en Cotignola y trasladaron los restos del beato a su iglesia. El Papa León XIII aprobó su culto el 13 de mayo de 1901.
   
ORACIÓN
Deus, qui beatum Antonium Confessorem tuum sanctimónia vitæ et animarum zelo insignem effecisti: concede; ut ejus meritis et intercessióne, in virtutibus jugiter proficiamus. Per Dóminum.

lunes, 17 de noviembre de 2025

SAN GREGORIO TAUMATURGO, OBISPO DE NEOCESAREA

«Quien cree en mí, ése hará también las obras que yo hago, y las hará todavía mayores» (San Juan XIV, 12).
   

Teodoro, quien más tarde cambió su nombre por el de Gregorio y recibió el sobrenombre de «el Taumaturgo» por sus milagros, nació en Neocesarea del Ponto. Sus padres pertenecían a la nobleza y eran paganos. Cuando Gregorio tenía catorce años, murió su padre. El joven continuó su carrera de leyes. La hermana de Gregorio hizo un viaje a Cesárea de Palestina para ir a reunirse con su esposo, quien ocupaba ahí un cargo oficial. En dicho viaje la acompañaron Gregorio y su hermano Atenodoro, el cual fue más tarde obispo y sufrió mucho por la fe. Poco antes, Orígenes, establecido en Cesárea, había abierto ahí una escuela. Desde la primera entrevista que tuvo con Gregorio y con su hermano, Orígenes cayó en la cuenta de que ambos poseían buenas aptitudes para los estudios y disposiciones para la virtud, por lo que se sintió impulsado a infundirles el amor de la verdad y el deseo de alcanzar el soberano bien del hombre. Fascinados por las palabras de Orígenes, los jóvenes renunciaron a su proyecto de proseguir su carrera de leyes en la escuela de Beirut, e ingresaron en la de Orígenes. Gregorio hace justicia a su maestro, pues asegura que los guiaba por el camino de la virtud, no sólo con sus palabras sino también con su ejemplo. También afirma que les inculcó la idea de que en todas las cosas lo importante es conocer la primera causa, con lo cual los orientó hacia la teología. Orígenes los hizo leer todo lo que los filósofos y los poetas habían escrito sobre Dios, haciéndoles caer en la cuenta de lo que había de falso y de verdadero en cada uno y recalcándoles la impotencia de la mente humana para alcanzar la plenitud de la verdad en el terreno más importante, que es el de la religión. Los dos hermanos acabaron por convertirse plenamente al cristianismo y prosiguieron sus estudios bajo la dirección de tan excelente maestro durante varios años. El año 238 regresaron a su patria. Antes de separarse de Orígenes, Gregorio le dio las gracias en un discurso que pronunció ante un nutrido auditorio, donde alabó los métodos de su maestro y la prudencia con que los había guiado en sus estudios, aparte de dar detalles muy interesantes sobre la pedagogía de Orígenes. También se conserva una carta de Orígenes a su discípulo, en la que llama a Gregorio su «respetado hijo» y le exhorta a emplear en servicio de la religión los talentos que había recibido de Dios; también le aconseja que aproveche todos los elementos de la filosofía pagana que puedan servir para ese fin, como los judíos aprovecharon los despojos de los egipcios para construir el tabernáculo del verdadero Dios.

Gregorio tenía la intención de practicar la abogacía en su patria; pero poco después de su llegada fue elegido obispo de Neocesarea, aunque en la ciudad sólo había diecisiete cristianos. Sabemos muy poco acerca del largo episcopado del santo. Es cierto que San Gregorio de Nissa, en el panegírico de su homónimo, da muchos datos sobre los milagros que valieron a éste el sobrenombre de «el Taumaturgo», pero está probado que la mayoría son legendarios. Como quiera que fuese, Neocesarea era por entonces una ciudad rica y populosa, en la que reinaban la idolatría y el vicio. San Gregorio, consumido por el celo y la caridad, se entregó enérgicamente al cumplimiento de sus deberes pastorales, y Dios le concedió un don extraordinario de milagros. Basilio dice que «con la ayuda del Espíritu Santo, tenía un poder formidable sobre los malos espíritus. En cierta ocasión, secó un lago que era causa de pleitos entre dos hermanos. Su capacidad de predecir el futuro le elevaba a la altura de los profetas. Los milagros que obraba eran tan notables, que amigos y enemigos le consideraban como un nuevo Moisés».

Poco después de tomar posesión de la sede, San Gregorio fue a alojarse en casa de Musonio, un personaje importante de la ciudad, quien le había invitado a vivir con él. Ese mismo día, empezó el santo a predicar y, antes de caer la noche, había convertido ya a un número suficiente para formar una pequeña iglesia. Al día siguiente, se apretujaban ante la puerta de la casa de Musonio muchos enfermos, a los que Gregorio devolvió la salud y convirtió al cristianismo. Pronto, los cristianos llegaron a ser tan numerosos, que Gregorio pudo construir una iglesia, ya que todos colaboraron en la empresa con sus limosnas y su trabajo. En nuestro artículo del 11 de agosto referimos cómo consiguió San Gregorio que Alejandro el Carbonero fuese elegido obispo de Comana. La prudencia y el tacto de San Gregorio movían a las gentes a consultarle acerca de cuestiones civiles y religiosas y, en ese sentido, fueron muy útiles al santo sus estudios de leyes. San Gregorio de Nisa y su hermano San Basilio, se enteraron por su abuela, Santa Macrina de lo que se decía del Taumaturgo, ya que la santa había vivido cuando era pequeña en Cesarea, más o menos en la época en que murió San Gregorio. San Basilio afirma que la vida del Taumaturgo reflejaba la sublimidad del fervor evangélico. En sus prácticas de devoción mostraba gran reverencia, recogimiento y jamás oraba con la cabeza cubierta. Amaba la sencillez y modestia en las palabras: el «sí» y el «no», constituían la médula de sus conversaciones. Aborrecía la mentira y la falsedad; en sus palabras, lo mismo que en su conducta, no había jamás la menor sombra de cólera o de amargura.

Cuando estalló la persecución de Decio, el año 250, San Gregorio aconsejó a los cristianos que se escondiesen para no exponerse al peligro de perder la fe. Él se retiró al desierto, en compañía de un antiguo sacerdote pagano, a quien había convertido y hecho diácono suyo luego de trasladar una roca para hacer lugar a una iglesia. Los perseguidores se enteraron de que se había refugiado en cierta montaña, enviaron a un pelotón de soldados a buscarle, pero éstos volvieron sin la presa y dijeron que sólo habían encontrado árboles. Entonces, el hombre que había señalado el sitio en que se hallaba escondido San Gregorio, se dirigió al bosque y encontró al santo con su acompañante, entregados a la oración. A la vista de aquellos hombres santos, comprendió que Dios debía protegerlos y que Él había hecho que las soldados los confundiesen con los árboles. Así, el que había denunciado a los cristianos se convirtió al cristianismo. A la persecución siguió una epidemia, y a la epidemia una invasión de los godos, por lo que no es de extrañar que San Gregorio haya tenido poco tiempo para escribir si, en semejantes circunstancias, debía dedicarse a sus tareas pastorales. El mismo describe las dificultades de su ministerio en la «Carta canónica» que escribió con motivo de los problemas suscitados por la invasión de los bárbaros. Se cuenta que el santo organizaba entretenimientos en los días de las fiestas de los mártires y que ello contribuyó a atraer a los paganos y a popularizar las reuniones religiosas entre los cristianos. Por lo demás, seguramente el santo estaba convencido de que también las diversiones sanas, además de las prácticas religiosas, constituían una manera de venerar a los mártires.

En todo caso, San Gregorio es, a lo que sabemos, el único misionero que empleó los mencionados métodos en los tres primeros siglos y se debe advertir que era un griego muy culto.

Poco antes de su muerte, en el año 270 San Gregorio hizo investigaciones para averiguar cuántos infieles quedaban todavía en la ciudad y al enterarse de que sólo había diecisiete, exclamó lleno de gozo: «¡Gracias sean dadas a Dios! Cuando llegué a esta ciudad no había más que diecisiete cristianos». Después de orar por la conversión de los infieles y la santificación de los que ya creían en el verdadero Dios, rogó a sus amigos que no le sepultasen en un sitio distinguido, puesto que había vivido en el mundo como peregrino sin buscarse a sí mismo y quería también compartir la suerte de las gentes ordinarias después de la muerte. Según se dice, las reliquias del santo fueron trasladadas a un monasterio bizantino de Calabria. En todo caso, en el sur de Italia y en Sicilia se le venera especialmente y se le invoca contra los terremotos y las inundaciones, en recuerdo de la forma milagrosa en que detuvo las aguas desbordadas del río Lycus.

MEDITACIÓN SOBRE TRES EFECTOS DE NUESTRA FE
I. La fe de los santos ha sido admirable: ha transportado montañas, curado enfermos, resucitado muertos, desafiado tormentos. ¿Tienes fe tú? ¿Crees que existe Dios, paraíso e infierno? En verdad, la mayor parte de los cristianos no lo creen. Reanima la virtud de la fe en tu alma produciendo actos de fe sobre los principales misterios del cristianismo. Si tu fe estuviese bien viva, veríanse sus frutos en tus obras.
   
II. Si tuvieses fe, no sólo harías los prodigios que han hecho los santos, sino que, primeramente imitarías sus virtudes y las de Jesucristo. Si creyeses firmemente que una eternidad de gloria espera a los que imitan a Jesucristo, ¿acaso no despreciarías la riquezas y los placeres para abrazar la Cruz? «No es verdadero cristiano aquél que no imita a Jesucristo, por lo menos en la medida en que la permite la fragilidad de nuestra naturaleza» (San Cipriano).
   
III. La fe, que debía salvarnos, nos condenará en el día del juicio si nuestros actos no responden a nuestras creencias. Los infieles nos reprocharán haber abusado de las luces y de las gracias que hemos recibido en la Iglesia católica. ¿Qué responderás entonces? ¿cuál será tu excusa? Si se exige más al que más ha recibido, si es pecado conocer el bien y no practicarlo, terrible será la cuenta que habremos de dar en el último día. «De nada sirve llevar el nombre de un santo si no imitamos sus virtudes» (Salviano).

Espíritu de fe. Orad por la conversión de los idólatras.

ORACIÓN
Haced, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Gregorio, vuestro confesor pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

SAN MILLÁN DE LA COGOLLA, PATRONO DE CASTILLA

   
Santo español, nacido en el año 473 en Berceo (La Rioja). Hijo de una familia campesina de origen hispanorromano, siendo en su juventud pastor de ovejas. Decidió dedicarse a la vida contemplativa, por lo que pasó a ser uno de los discípulos del monje Félix, retirado en los montes de Bilibio, cerca de Haro, donde llevó una vida solitaria y penitente. Sujetó a la disciplina monacal, pero encontrándola demasiado holgada, se retiró a la soledad durante cuarenta y cuatro años en los montes Distercio, soportando allí las inclemencias del tiempo y la dureza de condiciones del lugar.
   
Su fama de santidad se extendió de tal manera que todos los que estaban en dificultades espirituales acudían a él y fue llamado por el obispo de Tarazona, Dídimo, quien no consintió que tanta virtud se perdiese en la soledad del monte, le ordenó sacerdote y le puso al cargo de la parroquia de Santa Eulalia, en su pueblo natal Berceo.
   
El paso por la parroquia resultó un estruendoso fracaso ya que las tareas administrativas no parecían encajar con su carácter y entregaba todas las donaciones propiedad de la parroquia a los necesitados por lo que fue acusado de malversación del dinero parroquial por sus hermanos sacerdotes y reprendido por el obispo, quien lo destituyó del cargo.
   
Decide volver a su soledad y se retira al valle de Suso o de arriba, cercano a su pueblo, donde transcurre la última etapa de su vida. En torno al santo va formándose una comunidad de hermanos y hermanas que formarán un oratorio primitivo, sus nombres son: Aselo, Geroncio, Citonato, Sofronio, Oria y Potamia.
   
San Millán es visitado, consultado y venerado. Salió al parecer muy poco de su eremitorio. La última salida que hace es para anunciar la destrucción de algunas ciudades de Cantabria por el rey Leovigildo, como castigo a la inmoralidad y paganismo renacido en ellas. La tradición le atribuye numerosos milagros tanto en vida como después de su muerte, acaecida el 12 de noviembre del 574, con ciento un años, fue enterrado en el suelo del oratorio. Los monjes eligieron otro abad y permanecieron como ermitaños alrededor del sepulcro de San Millán, formando después de la muerte de San Millán el gran Monasterio de San Millán de la Cogolla, en la actualidad declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
   
No dejó nada escrito, y fue hacia el 650 cuando el obispo de Zaragoza, San Braulio escribió Vita Sancti Æmiliáni, primera biografía de San Millán basándose en los relatos que había escuchado de su hermano Fronimiano, monje en la Cogolla y más tardíamente Gonzalo de Berceo escribió la Historia del Señor San Millán.
   
Célebre es la milagrosa intervención de San Millán en la batalla de Simancas del año 939, cuando las tropas del rey Ramiro II de León y el conde Fernán González de Castilla vencieron al califa de Córdoba Abderramán III, por la cual fue jurado como patrón de Castilla, y posteriormente co-patrono de España junto a San Santiago.
     
ORACIÓN
Te suplicamos, oh Señor, que nos haga recomendables la intercesión de San Millán, Abad, para conseguir con su protección lo que no podemos por nuestros méritos. Por nuestro Señor Jesucristo, Hijo tuyo, que como Dios verdadero vive y reina contigo y con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 25 de octubre de 2025

MISA DEL BEATO BALTASAR DE CHIAVARI

Del Misal Romano-Seráfico. La Misa Os Justi es del Común de Confesores no Pontífices, pero las Oraciones son propias.

25 Octobris
In festo B. Balthassaris a Clavario, Conf. 1. Ord.
Semiduplex.

Introitus. Ps. 36, 30-31. Os justi meditábitur sapiéntiam, et língua ejus loquétur judícium: lex Dei ejus in corde ipsíus (T. P. Allelúja, allelúja). Ps. ibid., 1. Noli æmulári in malignántibus: néque zeláveris faciéntes iniquitátem. ℣. Glória Patri.

ORATIO
Adésto supplicatiónibus nostris, omnípotens Deus, qui Beátum Balthássarem, Confessórem tuum, dignum prædicatiónis et Sacraméntum pœniténtiæ minístrum fidélibus præbuísti: ejúsque méritis et intercessióne concéde, ut ad ætérnam animárum salútem, sédulo laborémus et digna virtútum ópera faciámus. Per Dóminum.

Et fit Commemoratio Ss. Chrysantum et Daria, Martyrum.
ORATIO
Beatórum Mártyrum tuórum, Dómine, Chrysánthi et Daríæ, quǽsumus, adsit nobis orátio: ut, quos venerámur obséquio, eórum pium júgiter experiámur auxílium. Per Dóminum.
  
Léctio libri Sapiéntiæ
Eccli. 31, 8-11.
  
Beátus vir, qui invéntus est sine mácula, et qui post aurum non ábiit, nec sperávit in pecúnia et thesáuris. Quis est hic, et laudábimus eum? fecit enim mirabília in vita sua. Qui probátus est in illo, et perféctus est, erit illi glória ætérna: qui potuit tránsgredi, et non est transgréssus: fácere mala, et non fecit: ídeo stabilíta sunt bona illíus in Dómino, et eleemósynas illíus enarrábit omnis ecclésia sanctórum.
  
Graduale. Ps. 91, 13 et 14. Justus ut palma florébit: sicut cedrus Líbani multiplicábitur in domo Dómini.
℣. Ps. ibid., 3. Ad annuntiándum mane misericórdiam tuam, et veritátem tuam per noctem. 
   
Allelúja, allelúja. Jac. 1, 12. Beátus vir, qui suffert tentatiónem: quóniam, cum probátus fúerit, accípiet corónam vitæ. Allelúja.
  
In Missis votivis post Septuagesima, ommisis Allelúja et versu sequenti, dicitur:
Tractus. Ps. 111, 1-3. Beátus vir, qui timet Dóminum: in mandátis ejus cupit nimis.
℣. Potens in terra erit semen ejus: generátio rectórum benedicétur.
℣. Glória et divítiæ in domo ejus: et justítia ejus manet in sǽculum sǽculi.

Tempore autem Paschali omittitur Graduale, et ejus loco dicitur:
Allelúja, allelúja.
℣. Jac. 1, 12. Beátus vir, qui suffert tentatiónem: quóniam, cum probátus fúerit, accípiet corónam vitæ. Allelúja.
℣. Eccli. 45, 9. Amávit eum Dóminus et ornávit eum: stolam glóriæ índuit eum. Allelúja.
 
✠ Sequéntia Sancti Evangélii secúndum Lucam.
Luc. 12, 35-40.
  
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Sint lumbi vestri præcíncti, et lucernæ ardéntes in mánibus vestris, et vos símiles homínibus exspectántibus dóminum suum, quando revertátur a núptiis: ut, cum vénerit et pulsáverit, conféstim apériant ei. Beáti servi illi, quos, cum vénerit dóminus, invénerit vigilántes: amen, dico vobis, quod præcínget se, et fáciet illos discúmbere, et tránsiens ministrábit illis. Et si vénerit in secúnda vigília, et si in tértia vigília vénerit, et ita invénerit, beáti sunt servi illi. Hoc autem scitóte, quóniam, si sciret paterfamílias, qua hora fur veníret, vigiláret útique, et non síneret pérfodi domum suam. Et vos estóte paráti, quia, qua hora non putátis, Fílius hóminis véniet.
 
Offertorium. Ps. 88, 25. Véritas mea et misericórdia mea cum ipso: et in nómine meo exaltábitur cornu ejus. (T. P. Allelúja).
  
SECRETA
Concéde, quǽsumus, Dómine, per intercessiónem beáti Balthássaris; ut hæc sacrifícia debilitáti nostræ subsídium cónferant et ánimas nostras ab omni peccáti contagióne deféndant. Per Dóminum. 
  
Commemoratio Ss. Chrysantum et Daria, Martyrum.
SECRETA
Pópuli tui, quǽsumus, Dómine, tibi grata sit hóstia, quæ in natalítiis sanctórum Mártyrum tuórum Chrysánthi et Daríæ sollémniter immolátur. Per Dóminum.
  
Communio. Matth. 24, 46-47. Beátus servus, quem, cum vénerit dóminus, invénerit vigilántem: amen, dico vobis, super ómnia bona sua constítuet eum. (T. P. Allelúja).

POSTCOMMUNIO
Quǽsumus, Dómine, per hæc sancta mystéria, quæ súmpsimus; ut intercedénte beáto Balthássare Confessóre tuo, et justi in tua dilectióne firméntur, et peccatóres ad salútis trámitem reducántur. Per Dóminum. 
   
Commemoratio Ss. Chrysantum et Daria, Martyrum.
POSTCOMMUNIO
Mýsticis, Dómine, repléti sumus votis et gáudiis: præsta, quǽsumus; ut, intercessiónibus sanctórum Mártyrum tuórum Chrysánthi et Daríæ, quæ temporáliter ágimus, spirituáliter consequámur. Per Dóminum.

BEATO BALTASAR DE CHIAVARI, CONFESOR FRANCISCANO


Baltasar Ravaschieri nació en la familia de los condes de Lavagna en Chiavari, rivera de Levante en 1420. Hijo de una devota familia, creció en la inocencia, en la bondad y en la piedad. Ingresó joven entre los Hermanos Menores, estudió, se laureó en teología, fue ordenado sacerdote y se dedicó a la predicación. Era gran amigo del Beato Bernardino de Feltre.
  
Virtuoso y activo, fue primero elegido guardián, luego Ministro provincial en Génova. Fácil habría sido predecir para él una carrera más brillante aún en la Orden o en la Iglesia si la gota no lo hubiera atacado en forma agudísima paralizando casi del todo sus movimientos.
  
Del mal que lo tenía postrado hizo un constante ejercicio de gimnasia espiritual quemando las etapas de su carrera hacia la santidad. En el convento de Binasco cerca de Milán era llevado en brazos a la iglesia, allí permanecía largas horas solitario, orando y meditando. O se hacía llevar a un bosque donde confesaba a los fieles, los aconsejaba, los consolaba. En aquel bosque, lo sorprendió un día una fuerte nevada sin que nadie se acordara de él. El primero que lo encontró tuvo la sorpresa de observar que la nieve no había caído sobre su cuerpo, aquel cuerpo dolorido y paralizado que se había convertido en palestra de perfección para el espíritu.
  
Todos los días era llevado en brazos por los hermanos para asistir a la Santa Misa, tomar parte en la recitación del oficio divino y sobre todo escuchar por larguísimas horas, a veces casi todo el día, las confesiones de los fieles, atraídos por la fama de su santidad.
  
Baltasar en su inmovilidad intensificó su vida de íntima unión con Dios y ofreció sus sufrimientos físicos y morales al amor misericordioso de Jesús por la conversión de los pecadores, que en gran número supo acercar a Dios. Desde la llanura de Pavía acudían a él los devotos que le llevaban sus enfermos para que obtuviera de Dios su curación, las madres le llevaban sus niños para que los bendijera.
  
Seis años sufrió con perfecta serenidad de los santos el extenuante martirio de la gota. Pero ya la hermana muerte estaba por llegar para invitarlo al eterno descanso. Consumido por el mal que le había martirizado sus miembros, serenamente expiró el 17 de octubre de 1492, a la edad de 72 años. Fue sepultado en una urna de mármol. Pío XI confirmó su culto el 8 de enero de 1930.

ORACIÓN (Del Misal Romano-Seráfico).
Atiende nuestras súplicas, ¡oh Dios todopoderoso!, que nos diste a tu bienaventurado Confesor Baltasar como digno ministro de la predicación y del sacramento de la Penitencia para los fieles; y por sus méritos e intercesión, concédenos que trabajemos diligentemente por la salvación eterna de las almas y realicemos obras dignas de virtud. Por J. C. N. S. Amén.

martes, 21 de octubre de 2025

BEATO SANTIAGO DE STREPA, ARZOBISPO DE GALICIA RUTENA


Los franciscanos llegaron a Polonia poco después de la fundación de su orden. Una vez establecidos, comenzaron a trabajar por la reconciliación de los ortodoxos y la conversión de los paganos de Lituania. Tales fueron los comienzos de la Iglesia latina en Ucrania, cuya primera diócesis fue establecida en el siglo XIV. El Beato Santiago de Strepa (en polaco Jakub Strzemię) pertenecía a una noble familia polaca, radicada en la Galicia Ucrania. Ingresó en la orden de San Francisco y llegó a ser guardián del convento de Leópolis. Ahí tuvo ocasión de trabajar activamente y con mucho éxito para arreglar los complicados asuntos eclesiásticos que surgieron al quedar la ciudad en entredicho por el obispo Bernardo. Además, defendió valientemente a los frailes mendicantes de los ataques del clero secular, sin dejar por ello de predicar la reconciliación a los ortodoxos. Entre ellos trabajó más de diez años, ayudado por la Compañía de los Misioneros Ambulantes de Cristo, que estaba formada por frailes franciscanos y dominicos. Finalmente, fue nombrado superior de la misión franciscana en Rusia occidental.
   
Habiendo tenido gran éxito como predicador y organizador, fue elegido Obispo de Galicia en 1392. Después de evangelizar la mayor parte de su diócesis, se dedicó a consolidar su obra: construyó iglesias en las regiones más remotas y consiguió que de Polonia le enviasen sacerdotes para atenderlas, fundó casas religiosas y estableció hospitales y escuelas. Aunque era arzobispo y senador del reino, solía visitar a pie su diócesis. Muchos prelados de la época se vestían ostentosamente de acuerdo con la moda; en cambio, el Beato Santiago conservó siempre el modesto hábito de su orden. Dios le llamó a Sí en Leópolis, 20 de octubtre de 1409. Las gentes le habían dado en vida el sobrenombre de "el protector del pueblo"; los milagros que obró después de su muerte, demostraron que no había olvidado a sus compatriotas. El culto del Beato Santiago fue confirmado en 1791.
  
ORACIÓN (Del Misal Romano-Seráfico).
Oh Dios, que en tu bienaventurado Confesor y Pontífice renovaste admirablemente el espíritu apostólico en la evangelización: concédenos, te supulicamos, que por su intercesión, lleguemoa a adherirnos a Ti en la fe y las costumbres. Por J. C. N. S. Amén.