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miércoles, 14 de mayo de 2025

SANTA MARÍA DOMINGA MAZZARELLO, FUNDADORA DE LAS HERMANAS SALESIANAS


Mornese es un pueblecito montañés del sur del Piamonte, cerca de la frontera con Liguria y no lejos de Génova. Ahí vivía, en la primera mitad del siglo XIX, un campesino honrado, testarudo y enérgico llamado José Mazzarello, con su esposa Magdalena Calcagno. En 1837, nació su hija primogénita, a la que bautizaron con el nombre de María Dominga. Seis años más tarde, la familia se trasladó a Villa Valponasca, en las afueras de Mornese. Ahí fue donde María se transformó en una chiquilla sana y robusta que correteaba incansablemente por los campos y viñedos. 
    
El camino de Valponasca a la iglesia de Mornese era largo y difícil, aun cortando por los atajos; a pesar de ello, María asistía diariamente a la misa, en cuanto le era posible. El párroco, Don Pestarino, instituyó una congregación mariana, y María fue una de las cinco congregantes fundadoras. El ejemplo de la joven, que era muy popular por su bondad, modestia y simpatía, atrajo a la congregación a otras de sus compañeras. Don Pestarino había fundado la congregación de las Hijas de María Inmaculada, a raíz de una conversación con Don Bosco en Turín. Tal fue el primer contacto indirecto de María Mazzarello con San Juan Bosco. Esto ocurrió en 1855, cuando María tenía diecisiete años.
    
Cinco años más tarde, una violenta epidemia de tifoidea que se desató en Mornese, puso a prueba la virtud de las congregantes. María fue a cuidar, durante la enfermedad, a su tío y su familia, venció toda repugnancia natural y desempeñó la tarea con el celo de una Hermana de la Caridad; y contrajo la enfermedad que la puso a las puertas de la muerte. Durante su larga convalescencia, María comprendió que en adelante no tendría fuerzas suficientes para trabajar en el campo, como antes, y aprendió a confeccionar vestidos, junto con una amiga suya llamada Petronila. Entre las dos abrieron un pequeño comercio en el pueblo; el éxito fue tan grande, que pronto empezaron a tomar algunas aprendices entre las jóvenes de Mornese. De ese modo, casi accidentalmente, aquellas dos campesinitas iniciaron con las niñas, en un pueblecito perdido de la montaña, una obra semejante a la de Don Bosco con los niños, adaptada a su espíritu y sus métodos. Frecuentemente decían a las aprendices: "Reíd, jugad y haced toda la alharaca que queráis; pero guardaos de hacer o decir nada que desagrade a Dios". 
    
Un atardecer de Agosto de 1865, Don Bosco fue de excursión a Mornese con sus chicos. Las Hijas de María Inmaculada recibieron de rodillas su bendición y María exclamó: "¡Don Bosco es un santo!".
    
Para seguir los consejos del Santo, Don Pestarino ofreció un edificio para una escuela de niños en Mornese. Por otra parte, Don Bosco había confiado ya al Papa Pío IX su proyecto de crear una congregación de religiosas que trabajase con las niñas, como los Salesianos lo hacían con los niños y, el obispo de Acqui, Mons. Sciandra, tenía sus razones para no querer que hubiese un colegio de niños en Mornese. Así pues, el 29 de Mayo de 1872, el pueblo de Mornese se encontró con la noticia de que una nueva congregación de religiosas se había establecido en el edificio que Don Pestarino regaló para el colegio. El núcleo de la congregación estaba formado por las Hijas de María Inmaculada. Sor María Mazzarello, que aún no cumplía los treinta y cinco años, era la superiora. El convento se levantaba, por lo demás, exactamente en el sitio en que, años antes, María había tenido la visión de un colegio de niñas atendido por religiosas. Tales fueron los comienzos de la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora Auxilio de los Cristianos, a las que algunas veces se llama Hermanas Salesianas.
    
Los primeros tiempos no fueron fáciles. Los habitantes del pueblo se molestaron de que la idea del colegio no se hubiese realizado y que las usurpadoras fuesen precisamente las antiguas congregantes. Según contaba San Juan Bosco, las religiosas tuvieron que sufrir las burlas y el desprecio de sus propios parientes. Dos meses más tarde, Don Bosco acompañó al obispo a visitar el nuevo convento. María, Petronila y otras nueve religiosas, hicieron entonces los votos trienales, y Don Bosco predicó en esa ocasión. El santo, un educador y un gran hombre en muchos sentidos, fue quien escogió por superiora de la nueva congregación a aquella rústica costurera que apenas sabía escribir. El árbol se conoce por sus frutos. En 1878, seis de las religiosas de Mornese partieron en la segunda misión salesiana a la Argentina y, al año siguiente, el convento de Mornese era ya demasiado pequeño. La madre María tuvo, pues, que trasladarse con lágrimas en los ojos, a la nueva casa madre, situada en Nizza Monferrato, en un antiguo convento capuchino.
    
Durante la vida de Santa María Mazzarello, se inauguraron otros trece conventos en Italia y Francia (sesenta años después había ya más de ochocientos, en todo el mundo), en todos los cuales reinaban el espíritu y los métodos de San Francisco de Sales y San Juan Bosco. El trabajo principal de las religiosas consistía en la enseñanza; pero poco a poco emprendieron toda clase de obras en bien de la juventud. La bondad y la sencillez son las características fundamentales de sus métodos; en vez de reprimir, alientan y guían a las niñas, y el ejemplo de Cristo sustituye, con ventaja, a la vara. La actividad continua exige firmeza y sencillez de carácter para no degenerar en activismo, ni adulterar la plenitud de la vida cristiana. Sin duda que la educación sencilla y enérgica que recibió María Mazzarello en su infancia, le ayudó inmensamente durante sus años de superiorato. Ella atribuía humildemente a Dios todos sus éxitos. Pero Dios ha querido depender, en cierta medida, de la calidad de los instrumentos que Él elige y sostiene con su gracia.
    
A principios de 1881, la madre María acompañó a Marsella a un grupo de sus hijas que iban a partir para Sudamérica. El viaje desde Genova fue muy fatigoso y la santa enfermó en el miserable alojamiento que encontraron en Marsella. Para obedecer al consejo de Don Bosco, la madre María se trasladó a un convento de su congregación, situado entre Marsella y Toulon, donde pasó seis semanas en la cama, gravemente enferma. Al fin pudo volver a Nizza Monferrato. Pero antes de partir para allá, preguntó a Don Bosco si creía que fuese a recobrar la salud. El santo le respondió con una parábola, cuyo sentido indicaba que una verdadera superiora debía preceder a sus hijas aun en la muerte. María dio la mano a Don Bosco sin decir una sola palabra. 
    
El 27 de Abril, recibió la Extremaunción y comentó alegremente con el sacerdote que la había ungido: "Ahora que ya tengo el pasaporte para el cielo, puedo morir tranquila en cualquier momento". Sin embargo, Dios permitió que sufriese una horrible tentación de desesperación pocos días antes de su muerte. La santa logró vencerla con gran esfuerzo y, al fin, entonó el himno: "Chi ama Maria contento sará" (quien ama a María será feliz). 
    
A los pocos días, el 14 de Mayo de 1881, la madre María entregó su alma a Dios, a los cuarenta y cuatro años de edad. 
    
Fue canonizada en Roma en 1951, por el Santísimo Padre Pio XII. Su cuerpo bendito descansa junto al de Don Bosco, en la Basílica de María Auxiliadora en Turín.
    
ORACIÓN
Oh Dios, que por la insigne humildad y caridad de Santa María Dominga congregaste en tu Iglesia un nuevo grupo de vírgenes: concédenos propicio, que adhiriéndonos constantemente a su ejemplo, consigamos la vida eterna. Por J. C. N. S. Amén.

domingo, 2 de febrero de 2025

SOBRE SAN JUAN BOSCO

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo Don Fernando Altamira, superior de la Sociedad de Santa María, durante la fiesta de San Juan Bosco (viernes 31 de Enero de 2025).
   

sábado, 8 de octubre de 2022

SOBRE LOS ORNAMENTOS SAGRADOS (Y CONTRA EL PAUPERISMO LITÚRGICO)

Si en la sociedad civil se usan distintos hábitos de acuerdo con las diferentes funciones civiles que se van a realizar, y si la forma y el color de la ropa cambian entre las personas del mundo y varían según los días de solemnidad, júbilo o dolor, no deberá ciertamente ser asombroso que en la sociedad cristiana se utilicen adornos particulares en sus oficios divinos. Esto se ajusta maravillosamente a nuestra naturaleza que necesita que los sentidos sean sacudidos por el aparato externo de las cosas para elevarse a contemplar la sublimidad de los santos misterios. Por eso la Iglesia quiere muy sabiamente que sus sacerdotes al celebrar la Santa Misa se adornen con vestimentas especiales bendecidas por el obispo con este fin, que se denominan ornamentos sagrados. […] En un principio estas prendas en forma eran similares a las que usaban los laicos constituidos en dignidad: y solo se diferenciaban en la preciosidad del material y el trabajo porque parece que incluso en las catacumbas en la celebración de la Santa Misa, cuando era posible, se usaban prendas tejidas en oro y adornadas con gemas. Los primeros cristianos solían consagrar al servicio de Dios el oro y las piedras preciosas que habían usado para ofenderlo cuando aún eran gentiles.
    
Dado que esas formas de ropa entraron en desuso entre los laicos, la Iglesia conservó la forma antigua con algunas modificaciones. Estas ropas deben ser, como dijimos, bendecidas por el obispo, y el sacerdote cada vez que las usa recita oraciones por su misterioso significado. Estas túnicas son las siguientes:
1.º El amito o paño con una cruz en el medio, con la que el sacerdote se cubre la cabeza. Nos recuerda el velo con el que los judíos cubrieron el rostro del Salvador, abofeteándolo en su pasión. Colocado sobre la cabeza del sacerdote, presenta el casco militar, y le recuerda la fortaleza con la que debe librar las batallas del Señor y la modestia y el respeto con que debe abordar los santos misterios. Este adorno, dice el Papa Inocencio III (Del mist. De la Santa Misa), nos recuerda que Jesucristo para trabajar nuestra salud ha escondido su divinidad bajo el velo de la naturaleza humana.
2.º El alba , que en el Imperio Romano vestían personajes notables, y que la Iglesia ha conservado, porque con su blancura indica la pureza interior que debe tener el sacerdote para subir al altar y sacrificar el Cordero inmaculado. Nos recuerda la túnica blanca, que el malvado Herodes hizo que se vistiera al divino Salvador por burla, y nos enseña a soportar, por ejemplo, con paciencia las burlas de los hombres que con burla persiguen nuestra virtud.
3.º El cíngulo, que simboliza la cuerda con la que los judíos amarraron a nuestro divino Salvador en el huerto de los olivos. Recuerda la castidad y represión de todos los placeres carnales, en los que el ministro sagrado debe distinguirse.
4.º En la antigüedad el manípulo era un pequeño pañuelo que ocupaba el lugar de la estola, cuando ésta se había convertido en un simple adorno y se usaba, como la estola, para enjugar el sudor y las lágrimas. Después del siglo XII también se convirtió en un simple adorno en las vestiduras sacerdotales, que se coloca en el brazo izquierdo. Sin embargo, conservó su sentido original, es decir, el de los dolores, los sudores, las lágrimas, a los que está sujeta la vida cristiana. Atado al brazo del sacerdote significa los giros con los que el adorable Redentor fue atado a la columna.
5.º La estola, es un paño que los ricos usaban para limpiarse la cara. En el siglo VI cambió de uso y forma, pues comenzó a ser de tela de forma alargada y estrecha, como vemos hoy. Por lo tanto, llegó a ser una prenda de honor y autoridad, un símbolo del poder que se atribuye al carácter sacerdotal: y, por lo tanto, el sacerdote la usa en todas las funciones, que tienen como objeto inmediato el cuerpo de Jesucristo, y en la mayor parte de los otros misterios sagrados. Ella significa esa gloria e inmortalidad, que el abuso del primer Adán nos hizo perder, pero que el segundo Adán, Jesucristo, recuperó para nosotros. Esta prenda sacerdotal que ata el cuello y cruza el pecho del sacerdote, mientras se celebra el s. Masa, también representa la cuerda con la que Jesucristo fue atado cuando subió al Calvario. La cruz, que forma sobre el pecho del ministro de Dios, le enseña que todo poder sacerdotal está en la cruz de Jesucristo.
6.º El planeta, llamado casulla en latín (caja), se llama así, porque en su forma antigua era una capucha que tenía la forma de una choza y cubría toda la persona del sacerdote desde el cuello hacia abajo, con una sola abertura arriba para entrar en la cabeza. Los ministros que asistieron al sacerdote en el altar levantaron este pesado manto mientras él tenía que levantar las manos, ya sea incensándose con el incensario o levantando la hostia o el cáliz, costumbre que aún se conserva en la actualidad, aunque la necesidad es más. El planeta significa la prenda sin cortar, es decir, sin costura, de la cual Jesucristo fue despojado por los pícaros en su crucifixión. Superponiéndose a todas las demás prendas, es un signo de caridad, que debe extenderse sobre todas nuestras virtudes. También denota el suave yugo de la ley de Jesucristo, que los sacerdotes y los fieles deben llevar todos los días para conseguir la gracia y la gloria celestial.
 
En las misas solemnes, el diácono usa una túnica llamada Dalmática , llamada así porque su uso se introdujo por primera vez en Dalmacia: y el subdiácono se adorna con una túnica llamada tunicella o una pequeña sotana. Hoy en día no hay diferencia de forma entre la dalmática y la tunicella, pero en la antigüedad la primera era mucho más ancha, larga y ornamentada que la segunda. Enmiende estas vestiduras que tienen mangas grandes para indicar que los ministros sagrados deben ser generosos en obras de caridad y estar dispuestos al servicio del Señor. En ciertas funciones sagradas, el sacerdote viste la capa que en la antigüedad era una especie de manto, que solía usar en tiempo de lluvia, y para ello le había puesto una capucha para cubrir la cabeza. Un vestigio de ella queda ahora en esa pieza en forma de media luna que cuelga por detrás. La capa en sentido estricto no es un hábito sagrado, por lo tanto, no es bendecida y no es usada exclusivamente por el sacerdote como lo es el planeta, sino que también es usada por otros ministros inferiores a él.
   
Como el planeta, la capa también significa caridad evangélica, que debe, por así decirlo, abarcar todas las obras del ministro sagrado. Las túnicas sacerdotales con sus símbolos sirven para alimentar la piedad no solo del sacerdote que las viste, sino también de los fieles, que asisten al augusto sacrificio. Por eso el amito debe recordarnos y recomendar a toda modestia en la vestimenta, recogimiento y silencio en la casa del Señor. La túnica y el cíngulo pureza de mente y corazón; el manípulo, la vida trabajadora y las buenas obras, que debemos ofrecer junto con la víctima sacrosanta; la estola debe recordarnos a todos los cristianos la dignidad de nuestra vocación para que podamos ofrecer sacrificios en la tierra y reinar en el cielo; el planeta el yugo de la religión, a lo que debemos someternos en todas las circunstancias de la vida. Finalmente, todo el aparato externo de las funciones sagradas debe hablar a nuestros ojos de una manera que eleve nuestra alma a Dios para que podamos notar la excelencia y grandeza del Santo sacrificio de la Misa y de todos los misterios divinos.
   
SAN JUAN BOSCO. Il Cattolico proveduto per le pratiche di pietà con analoghe istruzioni secondo il bisogno dei tempi. Turín, Imprenta del oratorio de San Francisco de Sales, 1868, págs. 121-128. En Vademecum Cristiano. Manuale di guerra per essere fedeli a Cristo nella società dell’apostasia, Edizioni Radio Spada, 2021.
   
***
   
BENEDICTIO SACERDOTALIUM INDUMENTORUM
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cœlum et terram.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
   
Orémus
   
ORATIO
Omnípotens sempitérne Deus, qui per Móysen fámulum tuum pontificália et sacerdotália seu levítica vestiménta, ad expléndum in conspéctu tuo ministérium eórum, ad honórem et decórem nóminis tui fíeri decrevísti: adésto propítius invocatiónibus nostris: ut hæc induménta sacerdotália, désuper irrigánte grátia tua, ingénti benedictióne per nostræ humilitátis servítium puri ✠ ficáre, bene ✠ dícere et conse ✠ cráre dignéris: ut divínis cúltibus et sacris mystériis apta et benedícta exsístant: his quóque sacris véstibus Pontífices, et Sacerdótes, seu Levítæ tui indúti, ab ómnibus impulsiónibus seu tentatiónibus malignórum spirítuum muníti et defénsi esse mereántur: tuísque mystériis apte et condígne servíre et inhærére, atque in his tibi plácite et devóte perseveráre tríbue. Per Christum Dóminum nostrum. R/. Amen.
   
Orémus
   
ORATIO
Deus, invíctæ virtútis triumphátor, et ómnium rerum creátor ac sanctificátor: inténde propítius preces nostras; et hæc induménta levíticæ, sacerdotális, et pontificális glóriæ, minístris tuis fruénda, tuo ore próprio bene ✠ dícere, sancti ✠ ficáre et conse ✠ cráre dignéris: omnésque eis uténtes, tuis mystériis aptos, et tibi in eis devóte ac laudabíliter serviéntes, gratos effícere dignéris. Per Christum Dóminum nostrum. R/. Amen
   
Orémus
   
ORATIO
Dómine Deus omnípotens, qui vestiménta Pontifícibus, Sacerdótibus et Levítis, in usum tabernáculi fœ́deris necessária, Móysen fámulum tuum ágere jussísti, eúmque spíritu sapiéntiæ ad id peragéndum replevísti: hæc vestiménta in usum et cultum mystérii tui bene ✠ dícere, sancti ✠ ficáre et conse ✠ cráre dignéris: atque minístros altáris tui, qui ea indúerint, septifórmis Spíritus grátia dignánter repléri atque castitátis stola, beáta fácias cum bonórum fructu óperum ministérii congruéntis immortalitáte vestíri. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte ejúsdem Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. R/. Amen.
   
Et aspergantur aqua benedicta.

viernes, 25 de marzo de 2022

DE LOS ORNAMENTOS SAGRADOS, Y SUS ORACIONES

   
Casulla, manípulo, estola y bolsa de corporales (Macao, mediados del siglo XIX).
  
Si en la sociedad civil se usan distintos hábitos de acuerdo con las diferentes funciones civiles que se van a realizar, y si la forma y el color de la ropa cambian entre las personas del mundo y varían según los días de solemnidad, júbilo o dolor, no deberá ciertamente ser asombroso que en la sociedad cristiana se utilicen adornos particulares en sus oficios divinos. Esto se ajusta maravillosamente a nuestra naturaleza que necesita que los sentidos sean sacudidos por el aparato externo de las cosas para elevarse a contemplar la sublimidad de los santos misterios. Por eso la Iglesia quiere muy sabiamente que sus sacerdotes al celebrar la Santa Misa se adornen con vestimentas especiales bendecidas por el obispo con este fin, que se denominan ornamentos sagrados. […] En un principio estas prendas en forma eran similares a las que usaban los laicos constituidos en dignidad: y solo se diferenciaban en la preciosidad del material y el trabajo porque parece que incluso en las catacumbas en la celebración de la Santa Misa, cuando era posible, se usaban prendas tejidas en oro y adornadas con gemas. Los primeros cristianos solían consagrar al servicio de Dios el oro y las piedras preciosas que habían usado para ofenderlo cuando aún eran gentiles.
    
Dado que esas formas de ropa entraron en desuso entre los laicos, la Iglesia conservó la forma antigua con algunas modificaciones. Estas ropas deben ser, como dijimos, bendecidas por el obispo, y el sacerdote cada vez que las usa recita oraciones por su misterioso significado. Estas túnicas son las siguientes:
1.º El amito o paño con una cruz en el medio, con la que el sacerdote se cubre la cabeza. Nos recuerda el velo con el que los judíos cubrieron el rostro del Salvador, abofeteándolo en su pasión. Colocado sobre la cabeza del sacerdote, presenta el casco militar, y le recuerda la fortaleza con la que debe librar las batallas del Señor y la modestia y el respeto con que debe abordar los santos misterios. Este adorno, dice el Papa Inocencio III (Del mist. De la Santa Misa), nos recuerda que Jesucristo para trabajar nuestra salud ha escondido su divinidad bajo el velo de la naturaleza humana.
2.º El alba, que en el Imperio Romano vestían personajes notables, y que la Iglesia ha conservado, porque con su blancura indica la pureza interior que debe tener el sacerdote para subir al altar y sacrificar el Cordero inmaculado. Nos recuerda la túnica blanca, que el malvado Herodes hizo que se vistiera al divino Salvador por burla, y nos enseña a soportar, por ejemplo, con paciencia las burlas de los hombres que con burla persiguen nuestra virtud.
3.º El cíngulo, que simboliza la cuerda con la que los judíos amarraron a nuestro divino Salvador en el huerto de los olivos. Recuerda la castidad y represión de todos los placeres carnales, en los que el ministro sagrado debe distinguirse.
4.º En la antigüedad el manípulo era un pequeño pañuelo que ocupaba el lugar de la estola, cuando ésta se había convertido en un simple adorno y se usaba, como la estola, para enjugar el sudor y las lágrimas. Después del siglo XII también se convirtió en un simple adorno en las vestiduras sacerdotales, que se coloca en el brazo izquierdo. Sin embargo, conservó su sentido original, es decir, el de los dolores, los sudores, las lágrimas, a los que está sujeta la vida cristiana. Atado al brazo del sacerdote significa los giros con los que el adorable Redentor fue atado a la columna.
5.º La estola, es un paño que los ricos usaban para limpiarse la cara. En el siglo VI cambió de uso y forma, pues comenzó a ser de tela de forma alargada y estrecha, como vemos hoy. Por lo tanto, llegó a ser una prenda de honor y autoridad, un símbolo del poder que se atribuye al carácter sacerdotal: y, por lo tanto, el sacerdote la usa en todas las funciones, que tienen como objeto inmediato el cuerpo de Jesucristo, y en la mayor parte de los otros misterios sagrados. Ella significa esa gloria e inmortalidad, que el abuso del primer Adán nos hizo perder, pero que el segundo Adán, Jesucristo, recuperó para nosotros. Esta prenda sacerdotal que ata el cuello y cruza el pecho del sacerdote, mientras se celebra la Santa Misa, también representa la cuerda con la que Jesucristo fue atado cuando subió al Calvario. La cruz, que forma sobre el pecho del ministro de Dios, le enseña que todo poder sacerdotal está en la cruz de Jesucristo.
6.º El planeta, llamado casulla en latín (caja), se llama así porque en su forma antigua era una capucha que tenía la forma de una choza y cubría toda la persona del sacerdote desde el cuello hacia abajo, con una sola abertura arriba para entrar en la cabeza. Los ministros que asistieron al sacerdote en el altar levantaron este pesado manto mientras él tenía que levantar las manos, ya sea incensándose con el incensario o levantando la hostia o el cáliz, costumbre que aún se conserva en la actualidad, aunque la necesidad es más. El planeta significa la prenda sin cortar, es decir, sin costura, de la cual Jesucristo fue despojado por los pícaros en su crucifixión. Superponiéndose a todas las demás prendas, es un signo de caridad, que debe extenderse sobre todas nuestras virtudes. También denota el suave yugo de la ley de Jesucristo, que los sacerdotes y los fieles deben llevar todos los días para conseguir la gracia y la gloria celestial.
 
En las misas solemnes, el diácono usa una túnica llamada Dalmática, llamada así porque su uso se introdujo por primera vez en Dalmacia: y el subdiácono se adorna con una túnica llamada tunicela o una pequeña sotana. Hoy en día no hay diferencia de forma entre la dalmática y la tunicella, pero en la antigüedad la primera era mucho más ancha, larga y ornamentada que la segunda. Enmiende estas vestiduras que tienen mangas grandes para indicar que los ministros sagrados deben ser generosos en obras de caridad y estar dispuestos al servicio del Señor. En ciertas funciones sagradas, el sacerdote viste la capa que en la antigüedad era una especie de manto, que solía usar en tiempo de lluvia, y para ello le había puesto una capucha para cubrir la cabeza. Un vestigio de ella queda ahora en esa pieza en forma de media luna que cuelga por detrás. La capa en sentido estricto no es un hábito sagrado, por lo tanto, no es bendecida y no es usada exclusivamente por el sacerdote como lo es el planeta, sino que también es usada por otros ministros inferiores a él.
   
Como el planeta, la capa también significa caridad evangélica, que debe, por así decirlo, abarcar todas las obras del ministro sagrado. Las túnicas sacerdotales con sus símbolos sirven para alimentar la piedad no solo del sacerdote que las viste, sino también de los fieles, que asisten al augusto sacrificio. Por eso el amito debe recordarnos y recomendar a toda modestia en la vestimenta, recogimiento y silencio en la casa del Señor. La túnica y el cíngulo pureza de mente y corazón; el manípulo, la vida trabajadora y las buenas obras, que debemos ofrecer junto con la víctima sacrosanta; la estola debe recordarnos a todos los cristianos la dignidad de nuestra vocación para que podamos ofrecer sacrificios en la tierra y reinar en el cielo; el planeta el yugo de la religión, a lo que debemos someternos en todas las circunstancias de la vida. Finalmente, todo el aparato externo de las funciones sagradas debe hablar a nuestros ojos de una manera que eleve nuestra alma a Dios para que podamos notar la excelencia y grandeza del Santo sacrificio de la Misa y de todos los misterios divinos.
   
SAN JUAN BOSCO. Il Cattolico proveduto per le pratiche di pietà con analoghe istruzioni secondo il bisogno dei tempi. Turín, Imprenta del oratorio de San Francisco de Sales, 1868, págs. 121-128. En Vademecum Cristiano. Manuale di guerra per essere fedeli a Cristo nella società dell’apostasia, Edizioni Radio Spada, 2021. Traducción propia.
   
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El Pontifical Romano tradicional prescribe el siguiente rito para la bendición de los ornamentos sacerdotales:
  
BENEDICTIO SACERDOTALIUM INDUMENTORUM
  
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cœlum et terram.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
   
Orémus.
   
ORATIO
Omnípotens sempitérne Deus, qui per Móysen fámulum tuum pontificália et sacerdotália seu levítica vestiménta, ad expléndum in conspéctu tuo ministérium eórum, ad honórem et decórem nóminis tui fíeri decrevísti: adésto propítius invocatiónibus nostris: ut hæc induménta sacerdotália, désuper irrigánte grátia tua, ingénti benedictióne per nostræ humilitátis servítium puri ✠ ficáre, bene ✠ dícere et conse ✠ cráre dignéris: ut divínis cúltibus et sacris mystériis apta et benedícta exsístant: his quóque sacris véstibus Pontífices, et Sacerdótes, seu Levítæ tui indúti, ab ómnibus impulsiónibus seu tentatiónibus malignórum spirítuum muníti et defénsi esse mereántur: tuísque mystériis apte et condígne servíre et inhærére, atque in his tibi plácite et devóte perseveráre tríbue. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
   
Orémus.
   
ORATIO
Deus, invíctæ virtútis triumphátor, et ómnium rerum creátor ac sanctificátor: inténde propítius preces nostras; et hæc induménta levíticæ, sacerdotális, et pontificális glóriæ, minístris tuis fruénda, tuo ore próprio bene ✠ dícere, sancti ✠ ficáre et conse ✠ cráre dignéris: omnésque eis uténtes, tuis mystériis aptos, et tibi in eis devóte ac laudabíliter serviéntes, gratos effícere dignéris. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
   
Orémus.
   
ORATIO
Dómine Deus omnípotens, qui vestiménta Pontifícibus, Sacerdótibus et Levítis, in usum tabernáculi fœ́deris necessária, Móysen fámulum tuum ágere jussísti, eúmque spíritu sapiéntiæ ad id peragéndum replevísti: hæc vestiménta in usum et cultum mystérii tui bene ✠ dícere, sancti ✠ ficáre et conse ✠ cráre dignéris: atque minístros altáris tui, qui ea indúerint, septifórmis Spíritus grátia dignánter repléri atque castitátis stola, beáta fácias cum bonórum fructu óperum ministérii congruéntis immortalitáte vestíri. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte ejúsdem Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
Y asperjar con agua bendita.
   
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ORATIÓNES DICÉNDÆ CUM ACHÓLYTIS INDUITUR PARAMÉNTIS, VEL CLÉRICIS IN MANE HÁBITUM INDÚITUR (ORACIONES QUE DICEN LOS ACÓLITOS AL VESTIRSE LOS ORNAMENTOS, O LOS CLÉRIGOS EN LA MAÑANA AL REVESTIRSE DEL HÁBITO)
   
Ad collárem, dum impónitur, dicat: Subjíce me, Dómine, dulci jugo tuo, dulcíque Matris tuæ Maríæ (Al ponerse el alzacuellos, diga: Sujétame, Señor, a tu dulce yugo, y al de tu dulce Madre María).

Ad sotánam, dicat: Dóminus, pars hæreditátis meæ et cálicis mei, tu es qui restítues hæreditátem meam (A la sotana: Señor, la porción de mi herencia y mi cáliz: Tú eres él que restaurará mi heredad).

Ad Cíngulum, dum se cingit: Præcínge me, Dómine, cíngulo puritátis, et exstíngue in lumbis meis humórem libídinis; ut máneat in me virtus continéntiæ et castitátis (Al fajín, cuando se ciñe: Cíñeme, Señor, con un cíngulo de pureza, y extingue en mi la llama de la pasión, para que permanezca en mí la virtud de la continencia y de la castidad).

Ad Superpellíceum, cum assúmitut: Índue me, Dómine, novum hóminem, qui secúndum Deum creátus est in justítia et sanctitáte veritátis (Al sobrepelliz, al revestirse: Revísteme, Señor, del hombre nuevo, que es creado por Dios en justicia y en la santidad de la verdad) Amen.

Los laicos que van a oficiar de acólitos solo dicen las oraciones de la sotana y la sobrepelliz.

ORATIÓNES DICÉNDÆ CUM SACÉRDOS INDÚITUR SACERDOTÁLIBUS PARAMÉNTIS (ORACIONES QUE DICE EL SACERDOTE AL VESTIRSE LOS ORNAMENTOS)
   
Cum lavat manus, dicat: Da, Dómine, virtútem mánibus meis ad abstergéndam omnem máculam; ut sine pollutióne mentis et córporis váleam tibi servíre (Cuando se lava las manos, diga: Da, Señor, virtud a mis manos para lavarlas de toda mancha, para que pueda servirte sin impureza de alma y cuerpo).
   
Ad Amíctum, dum pónitur super caput, dicat: Impóne, Dómine, cápiti meo gáleam salútis, ad expugnándos diabólicos incúrsus (Al Amito, luego de ponérselo sobre la cabeza: Pon, Señor, sobre mi cabeza el casco de salvación, para rechazar los asaltos diabólicos).
    
Ad Albam, cum ea indúitur: Deálba me, Dómine, et munda cor meum; ut, in Sánguine Agni dealbátus, gáudiis pérfruar sempitérnis (Al Alba, cuando se reviste con ella: Hazme puro Señor, y limpia mi corazón, para que, santificado por la Sangre del Cordero, logre el gozo sempiterno).
   
Ad Cíngulum, dum se cingit: Præcínge me, Dómine, cíngulo puritátis, et exstíngue in lumbis meis humórem libídinis; ut máneat in me virtus continéntiæ et castitátis (Al Cíngulo, cuando se ciñe: Cíñeme, Señor, con un cíngulo de pureza, y extingue en mi la llama de la pasión, para que permanezca en mí la virtud de la continencia y de la castidad).
    
Ad Manípulum, dum impónitur bráchio sinístro: Mérear, Dómine, portáre manípulum fletus et dolóris; ut cum exsultatióne recípiam mercédem labóris (Al manípulo, cuando se lo pone en el brazo izquierdo: Merezca, Señor, llevar el manipulo del llanto y del dolor, para poder recibir con alegría el premio de mis trabajos).
    
Ad Stolam, dum impónitur collo: Redde mihi, Dómine, stolam immortalitátis, quam pérdidi in prævaricatióne primi paréntis: et, quamvis indígnus accédo ad tuum sacrum mystérium, mérear tamen gáudium sempitérnum (A la Estola, cuando se la pone sobre el cuello: Devuélveme, Señor, la túnica de la inmortalidad, que perdí por el pecado de los primeros padres; y, aunque indigno me acerco a tus sagrados misterios, haz que merezca, no obstante, el gozo sempiterno).
    
Ad Casúlam, cum assúmitur: Dómine, qui dixísti: Jugum meum suáve est et onus meum leve: fac, ut istud portáre sic váleam, quod cónsequar tuam grátiam (A la Casulla, al ponérsela: Señor, que dijiste: ‘Mi yugo es suave y mi carga ligera’: haz que lo lleve de tal manera que alcance tu gracia) Amen.

ORATIÓNES DICÉNDÆ AB EPÍSCOPO QUÁNDO IN PONTIFICÁLIBUS CELÉBRAT (ORACIONES QUE DICE EL OBISPO CUANDO CELEBRA DE PONTIFICAL)
   
Ad Cáligas: Cálcea, Dómine, pedes meos in præparatiónem evangélii pacis, et prótege me in velaménto alárum tuárum. (A las Cáligas: Calza, Señor, mis pies en la preparación del Evangelio de la paz, y protégeme bajo el velo de tus alas).
   
Cum exúitur Cappa: Éxue me, Dómine, véterem hóminem cum móribus et áctibus suis: et índue me novum hóminem, qui secúndum Deum creátus est in justítia, et sanctitáte veritátis. (Al retirarse la capa: Despójame, Señor, del hombre viejo con sus costumbres y actos, y revísteme del hombre nuevo, que es creado por Dios en justicia y en la santidad de la verdad).
   
Cum lavat manus: Da, Dómine, virtútem mánibus meis ad abstergéndam omnem máculam immúndam: ut sine pollutióne mentis et córporis váleam tibi servíre. (Al lavarse las manos: Da, Señor, virtud a mis manos para lavarlas de toda mancha inmunda, para que pueda servirte sin impureza de alma y cuerpo).
   
Ad Amíctum: Impóne, Dómine, gáleam salútis in cápite meo ad expugnándas omnes diabólicas fraudes, inimicórum ómnium versútias superándo. (Al Amito: Pon, Señor, sobre mi cabeza el casco de salvación, para rechazar los asaltos diabólicos y superar todas las sutilezas de los enemigos).
   
Ad Albam: Deálba me, Dómine, et a delícto meo munda me: ut cum his, qui stolas suas dealbavérunt in Sánguine Agni, gáudiis pérfruar sempitérnis. (Al Alba: Hazme puro Señor, y límpiame de mi delito, para que con aquellos que lavaron sus estolas en la Sangre del Cordero, logre el gozo sempiterno).
   
Ad Cíngulum: Præcínge me, Dómine, cíngulo fídei et virtúte castitátis lumbos meos, et exstíngue in eis humórem libídinis; ut júgiter máneat in me vigor totíus castitátis. (Al Cíngulo: Ciñe, Señor, mis costados con el cíngulo de la fe y la virtud de la castidad, y extingue en mí la llama de la pasión, para que permanezca en mí todo el vigor de la castidad).
   
Cum accípit Crucem pectorálem: Muníre dignéris me, Dómine Jesu Christe, ab ómnibus insídiis inimicórum ómnium, signo sanctíssimæ Crucis tuæ: ac concédere dignéris mihi, indígno servo tuo, ut, sicut hanc Crucem, Sanctórum tuorum relíquiis refértam, ante pectus meum téneo, sic semper mente retíneam et memóriam passiónis et sanctórum victórias Mártyrum (Cuando recibe la Cruz pectoral: Dígnate, Señor Jesucristo, protegerme de todas las trampas de todos mis enemigos por el signo de tu Santísima Cruz: y dígnate concederme a mí, indigno siervo tuyo, que esta cruz que tengo sobre mi pecho con las reliquias de tus santos en su interior, me permita tener siempre en mi mente el recuerdo de tu pasión y las victorias de los santos mártires).
   
Ad Stolam: Redde mihi, Dómine, obsécro, stolam immortalitátis, quam pérdidi in prævaricatióne primi paréntis: et, quamvis indígnus accédere præsúmo ad tuum sacrum mystérium cum hoc ornaménto, præsta, ut in eódem in perpétuum mérear lætári. (A la Estola: Te suplico, Señor, me devuelvas la túnica de la inmortalidad, que perdí por el pecado de los primeros padres; y, aunque indigno presumo acceder a tus sagrados misterios con este ornamento, concédeme que con éste merezca el gozo sempiterno).
   
Ad Tunicéllam: Túnica jucunditátis et induménto lætítiæ índuat me Dóminus. (A la Tunicela: El Señor me vista con la túnica de la gloria y la prenda de la alegría).
    
Ad Dalmáticam: Índue me, Dómine, induménto salútis et vestiménto lætítiæ; et dalmática justítiæ circúmda me semper. (A la Dalmática: Vísteme, Señor, con la prenda de salvación y el vestido de la alegría; y rodéame siempre con la dalmática de justicia).
   
Ad Chirothécas: Circúmda, Dómine, manus meas mundítia novi hóminis, qui de cœlo descéndit: ut, quemádmodum Jacob diléctus tuus, pellículis hædórum opértis mánibus, patérnam benedictiónem, obláto patri cibo potúque gratíssimo, impetrávit; sic et obláta per manus nostras salutáris hóstia, grátiæ tuæ benedictiónem mérear. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum, qui in similitúdinem carnis peccáti pro nobis óbtulit semetípsum. (A las Quirotecas: Coloca en mis manos, Señor, la limpieza del hombre nuevo que descendió del cielo para que, como tu amado Jacob que cubriendo sus manos con pieles de cabras y ofreciendo a su padre el alimento y la bebida más agradable obtuvo su bendición, así yo también pueda ofrecerte con mis manos el sacrificio de salvación y obtener tu bendición. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que haciéndose semejante en la carne se ofreció a si mismo por nosotros).
   
Ad Planetam: Dómine, qui dixísti: Jugum meum suáve est et onus meum leve: præsta, ut illud portáre sic váleam, quod possim conséqui tuam grátiam. (Al Planeta, o Casulla: Señor, que dijiste: ‘Mi yugo es suave y mi carga ligera’: haz que lo lleve de tal manera que pueda conseguir tu gracia).
    
Archiepíscopus Metropolitánus, ad Pálium, dicat: Ut semper unítus ad Petrum et suos successóres sim, Dómine, et exémplum frátribus meis Epíscopis. (El Arzobispo Metropolitano, al Palio, diga: Que siempre esté unido a Pedro y a sus sucesores, Señor, y sea ejemplo para mis hermanos obispos).
    
Ad Mitram: Mitram, Dómine, et salútis gáleam impóne cápiti meo; ut contra antíqui hostis omniúmque inimicórum meórum insídias inoffénsus evádam. (A la Mitra: Impón sobre mi cabeza, Señor, la mitra y el casco de la salvación; para que pueda evadir inofensivo las trampas del antiguo enemigo y de todos mis enemigos).
   
Papam, ad pónitur Tiaram, dicat: Deus omnípotens, fac ut bonus pastor, magíster et servus gregis universális sim. (El Papa, al ponerse la Tiara, diga: Dios omnipotente, haz que sea buen pastor, maestro y siervo de tu grey universal).
   
Ad Anúlum cordis: Cordis et córporis mei, Dómine, dígitos virtúte décora, et septifórmis Spíritus sanctificatióne circúmda. (Al Anillo en el dedo: Adorna con la virtud, Señor, los dedos de mi cuerpo y de mi corazón, y coloca sobre ellos la santificación de tu Espíritu septiforme).
   
Ad Manípulum: Mérear, precor, Dómine, manípulum portáre mente flébili; ut cum exsultatióne portiónem accípiam cum justis. (Al Manípulo: Te ruego, Señor, que merezca llevar el manipulo del llanto, para poder recibir con los justos parte en la exultación).
  
QUÁNDO PÓNTIFEX CELÉBRAT PRIVÁTE, DICAT SEQUÉNTES ORATIÓNES (CUANDO EL OBISPO CELEBRA EN PRIVADO, DIGA LAS SIGUIENTES ORACIONES)
  
Cum exúitur Cappa: Éxue me, Dómine, véterem hóminem cum móribus et áctibus suis: et índue me novum hóminem, qui secúndum Deum creátus est in justítia, et sanctitáte veritátis. (Al retirarse la capa: Despójame, Señor, del hombre viejo con sus costumbres y actos, y revísteme del hombre nuevo, que es creado por Dios en justicia y en la santidad de la verdad).
    
Cum lavat manus: Da, Dómine, virtútem mánibus meis ad abstergéndam omnem máculam immúndam: ut sine pollutióne mentis et córporis váleam tibi servíre. (Al lavarse las manos: Da, Señor, virtud a mis manos para lavarlas de toda mancha inmunda, para que pueda servirte sin impureza de alma y cuerpo).
   
Ad Amíctum: Impóne, Dómine, cápiti meo gáleam salútis, ad expugnándos diabólicos incúrsus (Al Amito: Pon, Señor, sobre mi cabeza el casco de salvación, para rechazar los asaltos diabólicos).
    
Ad Albam: Deálba me, Dómine, et munda cor meum; ut, in Sánguine Agni dealbátus, gáudiis pérfruar sempitérnis (Al Alba: Hazme puro Señor, y limpia mi corazón, para que, santificado por la Sangre del Cordero, logre el gozo sempiterno).
   
Ad Cíngulum: Præcínge me, Dómine, cíngulo puritátis, et exstíngue in lumbis meis humórem libídinis; ut máneat in me virtus continéntiæ et castitátis (Al Cíngulo: Cíñeme, Señor, con un cíngulo de pureza, y extingue en mi la llama de la pasión, para que permanezca en mí la virtud de la continencia y de la castidad).
    
Ad Crucem: Muníre dignéris me, Dómine Jesu Christe, ab ómnibus insídiis inimicórum ómnium, signo sanctíssimæ Crucis tuæ: ac concédere dignéris mihi, indígno servo tuo, ut, sicut hanc Crucem, Sanctórum tuorum relíquiis refértam, ante pectus meum téneo, sic semper mente retíneam et memóriam passiónis et sanctórum victórias Mártyrum (A la Cruz: Dígnate, Señor Jesucristo, protegerme de todas las trampas de todos mis enemigos por el signo de tu Santísima Cruz: y dígnate concederme a mí, indigno siervo tuyo, que esta cruz que tengo sobre mi pecho con las reliquias de tus santos en su interior, me permita tener siempre en mi mente el recuerdo de tu pasión y las victorias de los santos mártires).
   
Ad Stolam: Redde mihi, Dómine, stolam immortalitátis, quam pérdidi in prævaricatióne primi paréntis: et, quamvis indígnus accédo ad tuum sacrum mystérium, mérear tamen gáudium sempitérnum (A la Estola: Devuélveme, Señor, la túnica de la inmortalidad, que perdí por el pecado de los primeros padres; y, aunque indigno me acerco a tus sagrados misterios, haz que merezca, no obstante, el gozo sempiterno).
      
Ad Planetam: Dómine, qui dixísti: Jugum meum suáve est et onus meum leve: præsta, ut illud portáre sic váleam, quod possim conséqui tuam grátiam. (Al Planeta, o Casulla: Señor, que dijiste: ‘Mi yugo es suave y mi carga ligera’: haz que lo lleve de tal manera que pueda conseguir tu gracia).
    
Ad Manípulum: Mérear, precor, Dómine, manípulum portáre mente flébili; ut cum exsultatióne portiónem accípiam cum justis. (Al Manípulo: Te ruego, Señor, que merezca llevar el manipulo del llanto, para poder recibir con los justos parte en la exultación).
   
El Subdiácono y el Diácono dicen las mismas oraciones que el Sacerdote, pero sustituyendo la oración de la Casulla por la de sus respectivos ornamentos (la Tunicela para el Subdiácono, la Dalmática para el Diácono).
   
***
  
España ha contado con unas oraciones propias para los ornamentos sagrados, provenientes de la Liturgia de San Isidoro (rescatada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros) y el Misal Toledano de 1551 (codificado por el cardenal Juan Martínez Silíceo), las cuales pueden ser rezadas en virtud del privilegio concedido por el Papa San Pío V con el Breve Ad hoc Nos Deus unxit del 16 de Diciembre de 1570. Las oraciones y rúbricas en este caso son las siguientes, publicadas en 1772 en un libro titulado Rúbricas Generales de la Misa Gótica-Mozárabe y el Ómnium Offeréntium, de la autoría de Francisco Jacobo Hernández de Viera, capellán mozárabe de Salamanca (La traducción de las oraciones proviene del Devocionario Mozárabe, publicado por Jorge Abad y Pérez, capellán Mozárabe en el Seminario San Ildefonso de Toledo, en 1896):
Cuando el Sacerdote quiera celebrar la Misa, dirigiéndose a la Sacristía, se lavará las manos diciendo:
Largíre sénsibus nostris, quǽsumus, Dómine omnípotens Pater: ut sicut extérius inquinamenta mánuum abluúntur, sic per te méntium sordes misericórditer emundéntur: et crescat in nobis augméntum sanctárum virtútum. Per Christum Dominum nostrum (Te suplicamos, Señor y Padre Todopoderoso, que concedas abundante gracia a nuestros sentidos, para que como se lavan exteriormente las manchas de las manos, de la misma manera queden limpias misericordiosamente por Ti las inmundicias de nuestras mentes y crezca en nuestras almas el aumento de las virtudes santas. Por Cristo Señor nuestro). Amen.
  
Luego se arrodilla ante los ornamentos, y dice cuatro veces el Ave María, encomendándose desde lo profundo de su corazón a la gloriosa Virgen María, para ofrecer el aceptable misterio a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; y para tenerla como Medianera y Auxiliadora en este sacrificio. Luego hará la señal de la Cruz sobre sí y sobre cada vestido diciendo:
     
In nómine Patris, ✠ et Fílii, et Spíritus Sancti (En el nombre del Padre, ✠ y del Hijo, y del Espíritu Santo). Amen.
  
Ad Amíctum: ORATIO. Pone, Dómine, gáleam salútis in cápite meo, ad expugnándas et superándas omnes diabólicas fráudes; omniúmque inimicórum meórum sævítiam superándam. Per Christum Dóminum nostrum (Pon, Señor, en mi cabeza el yelmo de la salud para rendir y triunfar de todos los engaños diabólicos, y para vencer la sevicia de todos mis enemigos. Por Cristo Señor nuestro). Amen.

Ad albam. ORATIO. Índue me, Dómine, vestiménto salútis ac túnica justítiæ et induménto lætítiæ circúmda semper. Per Christum Dóminum nostrum (Vísteme, Señor, con vestidura de salud y túnica de justicia, y rodéame siempre con manto de alegría. Por Cristo, Señor nuestro). Amen.
 
Ad cíngulum. ORATIO. Præcínge, Dómine, cíngulo fídei et virtúte castitátis lumbos mei corpóris, et extíngue in eis humórem libídinis, et júgiter máneat in me tenor tótius cástitatis. Per Christum Dóminum nostrum (Ciñe, Señor, los lomos de mi cuerpo con cíngulo de fe y con la virtud de la castidad, y apaga en ellos el fuego libidinoso, para que permanezca en mí continuamente el culto de toda castidad. Por Cristo Señor nuestro). Amen.

Ad manípulum. ORATIO. Mérear quǽso, Dómine, deportáre manípulum justítiæ et ferre cum patiéntia, et illud cum exultatióne deferéndo, cum tuis Sanctis portiónem accípiam. Per Christum Dóminum nostrum (Merezca yo, te suplico Señor, soportar el manípulo de la justicia y llevarle con paciencia, pues llevándolo con alegría, recibiré la herencia con tus Santos. Por Cristo Señor nuestro). Amen.

Ad stolam. ORATIO. Redde mihi, Dómine obsécro, stolam immortalitátis quam perdídi in prævaricatióne primi paréntis; et quia cum hoc ornaménto, quámvis indígnus accedére ad tuum sanctum præsúmo mystério, præsta ut cum éodem lætári mérear in perpétuum. Per Christum Dóminum nostrum (Suplico, Señor, me devuelvas la estola de la inmortalidad, que perdí en la prevaricación del primer padre; y porque con esta vestidura intento acercarme aunque indigno a tu santo Misterio, haz que merezca alegrarme con el mismo por toda la eternidad. Por Cristo Señor nuestro). Amen.

Ad casúlam. ORATIO. Jugum tuum, Dómine, suáve est et onus tuum leve: præsta ut sic illud deportáre váleam, ut conséqui possim tuam grátiam. Per Christum Dóminum nostrum (Tu yugo, Señor, es suave y tu carga ligera; haz que de tal manera pueda llevarlo, que pueda conseguir tu gracia. Por Cristo Señor nuestro). Amen.

Después que el sacerdote se ha vestido, diga:
℞. Pater, peccávi in cœlum et coram te, jam non sum dignus vocári fílius tuus. Fac me sicut unum de mercenáriis tuis. (Padre, pequé contra el cielo y delante de Ti, ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Hazme como a uno de tus jornaleros).
℣. Quánti mercenárii in domo patris mei abúndant pánibus, ego áutem hic fame péreo; surgam et ibo ad patrem meum et dicam ei (Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen el pan de sobra, y yo me estoy aquí muriendo de hambre: Me levantaré, e iré a mi padre, y le diré).
℞. Fac me sicut unum de mercenáriis tuis. (Hazme como a uno de tus jornaleros).
  
Kýrie, eléison. Christe, eléison. Kýrie, eléison.
  
Pater noster, qui es in cœlis. Sanctificétur nomen tuum. Advéniat regnum tuum. Fiat volúntas tua: sicut in cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie. Et dimítte nobis débita nostra: sicut et nos dimittímus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem. Sed líbera nos a malo (Padre nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Venga a nos el tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal).
  
℣. Ab occúltis meis munda me, Dómine (De mis delitos ocultos, límpiame, Señor).
℞. Et ab aliénis parce servo tuo (Y de los ajenos perdona a tu siervo).
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam (Oye, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat (Y llegue a ti mi clamor).
  
Orémus.
   
ORATIO
Deus, qui de indígnis dignos, de peccatóribus justos et de immúndis facis mundos, munda cor meum et corpus meum ab omni sorde et cogitatióne peccáti, et fac me dignum atque strénuum sanctis altáribus tuis minístrum: et præsta, ut in hoc altári ad quod indígnus accedére præsúmo, acceptábiles tibi hóstias ófferam pro peccátis et offensiónibus et innúmeris quotidiánis meis excéssibus, et pro peccátis ómnium vivéntium et defunctórum fidélium et eórum, qui se meis commendavérunt oratiónibus, et per eum tibi meum sit acceptábile votum qui se tibi Deo Patri pro nobis obtúlit in sacrifícium, qui est ómnium ópifex, et solus sine peccáti mácula póntifex: Jesus Christus Fílius tuus Dóminus noster, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum (Oh Dios, que haces indignos dignos, de los pecadores justos, y de los inmundos limpios, purifica mi corazón y mi cuerpo de toda inmundicia y pensamiento de pecado, y hazme ministro digno y diligente para tus santos altares; haz también, que en este altar, al cual aunque indigno intento acercarme, te ofrezca hostias aceptables por mis innumerables pecados y ofensas y excesos de todos los días, y por los pecados de todos los fieles vivos y difuntos, y de aquellos que se encomendaron a mis oraciones, y sea mi voto aceptable por Aquel que se ofreció en sacrificio por nosotros a Ti, Dios Padre, que es el Hacedor de todas las cosas y solo sin mancha de pecado Pontífice, Jesucristo tu Hijo nuestro Señor, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos sin fin). Amen.

miércoles, 9 de marzo de 2022

SANTO DOMINGO SAVIO, DISCÍPULO DE SAN JUAN BOSCO

Artículo publicado por Plinio María Solimeo para la revista Tesoros de la Fe. Tomado de EL PERÚ NECESITA DE FÁTIMA.

SANTO DOMINGO SAVIO, EL JOVEN EJEMPLAR QUE DECLARÓ GUERRA A MUERTE AL PECADO
Al fallecer con apenas quince años, logró aliar una inocencia y pureza angelicales a la sabiduría de un hombre maduro, alcanzando la heroicidad de las virtudes.
    
El primer y más insigne biógrafo de Santo Domingo Savio fue su director espiritual y maestro, el gran San Juan Bosco. De él extrajimos los datos para este artículo.*

Hijo de Carlos Savio y Brígida Agagliate, Domingo Savio nació en Riva de Chieri, villa de Castelnuovo de Asti (Italia), el 2 de abril de 1842.
   
Desde pequeño fue dotado “de un temperamento dulce y de un corazón formado para la piedad, aprendió con extraordinaria facilidad las oraciones de la mañana y de la noche, que rezaba ya él solo cuando apenas tenía cuatro años de edad”.
    
Cierto día, durante un almuerzo ofrecido en su casa a un visitante, no habiendo éste rezado antes de comenzar a comer, Domingo cogió su plato y se retiró triste a un rincón. Su padre le preguntó después por qué hizo eso. Él respondió: “Yo no me atrevo a ponerme a la mesa con uno que empieza a comer como lo hacen las bestias”.
     
Cuando tenía cinco años, iba a la iglesia con su madre; su actitud devota llamaba la atención de todos. Si el templo estaba aún cerrado, se arrodillaba en el umbral de la puerta, y allí quedaba orando hasta que fuese abierto, sin importarle si llovía o nevaba, si hacía calor o frío.
    
A esa edad, aprendió a ayudar a Misa, lo que hacía con mucha devoción, a pesar de la dificultad que tenía para transportar el enorme misal.
    
Su programa de vida: “Antes morir que pecar”
Llegado el tiempo de aprender las primeras letras, “como estaba dotado de mucho ingenio y era muy diligente en el cumplimiento de sus deberes, hizo en breve tiempo notables adelantos en los estudios”.
    
Evitaba a todos los niños revoltosos y sólo entablaba amistad con los de buena conducta.
    
Domingo se confesaba frecuentemente. Tan pronto supo distinguir entre “el pan celestial y el terreno”, fue admitido a la primera comunión, a los siete años, aún cuando en esa época la edad mínima para recibirla era a los doce años.
    
Se puede percibir la madurez del niño en los propósitos que dejó anotados ese día:
“Propósitos que yo, Domingo Savio, hice en el año 1849 con ocasión de mi primera comunión, a los siete años de edad:
    
1. Me confesaré muy a menudo y recibiré la sagrada comunión siempre que el confesor me lo permita;
   
2. Quiero santificar los días de fiesta;
    
3. Mis amigos serán Jesús y María;
    
4. Antes morir que pecar.”
Este último propósito, hecho por un niño a tan tierna edad, muestra a qué punto habían llegado su precoz madurez y su virtud, haciéndose su programa de vida. ¿Cuántos niños de siete años, hoy en día, tendrían semejante propósito, sobre todo después de haber sido masacrados por clases de la llamada “educación sexual”?
    
Callado, sufre injusticia por amor a Dios
Terminada la primaria en Mondonio, donde se había mudado, Domingo tenía que ir hasta Castelnuovo dos veces al día, ida y vuelta, lo que representaba una caminata de casi 20 kilómetros diarios. Para un niño de diez años y de complexión frágil, era un gran esfuerzo. Pero, movido por el deseo de estudiar para abrazar el sacerdocio, hacía alegremente el sacrificio.
    
Domingo, por su inteligencia y aplicación, obtuvo siempre el primer lugar en la clase, además de otras distinciones por su buen comportamiento y por el cumplimiento de sus deberes.
     
Cierto día, algunos compañeros suyos llenaron de piedras la estufa de la clase. Era una falta grave de disciplina, que merecía como penalidad la expulsión de los infractores. Éstos, sin embargo, acusaron a Domingo Savio de haber sido el autor del acto. El maestro, un sacerdote, aunque dudando, tuvo que ceder ante las seudo evidencias que le presentaban. Llamó a Domingo, le mandó arrodillarse frente a la clase, y delante de todos sus compañeros le dio una reprimenda, diciendo que sólo no lo expulsaba por haber sido su primera falta. Domingo bajó la cabeza y no dijo nada.
    
Al día siguiente, se descubrió la verdad. El sacerdote llamó entonces a Domingo y le preguntó por qué no se había justificado. Dijo que quería imitar a Nuestro Señor, que fue acusado injustamente y no se defendió. Por lo demás, sabía que su defensa podría haber causado la expulsión de otros alumnos. Como sería su primera falta, sabía que sería perdonado.
   
Domingo Savio: otro San Luis Gonzaga
En 1854, Don Bosco fue solicitado por Don Cugliero, profesor de Domingo, para “hablarme de un alumno suyo digno de particular atención por su piedad: —Aquí, en esta casa [el Oratorio de Don Bosco] es posible que tenga usted jóvenes que le igualen, pero difícilmente habrá quien le supere en talento y virtud. Obsérvelo usted y verá que es un San Luis”.
     
Fue entonces que Don Bosco conoció a Domingo Savio, que contaba con doce años. Así lo describe: “Era Domingo algo débil y delicado de complexión, de aspecto grave y al par dulce, con un no sé qué de agradable seriedad. Era afable y de apacible condición y de humor siempre igual. Guardaba constantemente en la clase y fuera de ella, en la iglesia y en todas partes, tal compostura, que el maestro sentía la más agradable impresión con sólo verle o hablarle”.
    
Conociendo mejor al nuevo discípulo a lo largo de los años, afirmó aún sobre él Don Bosco: “Todas las virtudes que vimos brotar y crecer en él, en las primeras etapas de su vida, aumentaron siempre maravillosamente y crecieron todas juntas, sin que una fuese en detrimento de la otra”. Era impresionante ver la seriedad con que cumplía los menores deberes. En lo ordinario, comenzó a hacerse extraordinario. “De aquí arrancó aquella vida ejemplarísima y aquella exactitud en el cumplimiento de sus deberes, que difícilmente pueden superarse”.
    
Declaración de guerra: muerte al pecado
La devoción del pequeño Domingo a la Santísima Virgen era sencillamente extraordinaria. El día 8 de diciembre de 1854, fecha en que era proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción por el bienaventurado Papa Pío IX, ante el altar de la Virgen, renovó las promesas hechas en su primera comunión e hizo esta oración: “María, os doy mi corazón; haced que sea siempre vuestro. Jesús y María, sed siempre mis amigos; pero, por vuestro amor, haced que muera mil veces antes que tenga la desgracia de cometer un solo pecado”.
     
Ese horror al pecado era muy vivo en Domingo, que solía decir: “Quiero declararle guerra a muerte al pecado mortal”.
    
Pero no era sólo al pecado mortal. Decía: “Quiero pedirle mucho, mucho, a la Santísima Virgen y al Señor que me manden antes la muerte que dejarme caer en un pecado venial contra la modestia”.
    
Eso no se obtiene sin una pureza angélica. Esa virtud ¿habrá sido obtenida a costa de mucha oración y vigilancia? O, conforme declaró el beato Miguel Rúa, su condiscípulo en el Oratorio, en el proceso de beatificación: “Tengo la convicción de que Domingo, por singular privilegio, no estaba sujeto a tentaciones contra la castidad”.
    
Deseo intensísimo de santidad
Seis meses después de la entrada de Domingo Savio en el Oratorio, Don Bosco hizo a los alumnos una plática sobre el deber que todos tienen de ser santos, y lo fácil que esto resulta, si se busca en todas las cosas la voluntad de Dios con toda simplicidad. Eso inflamó benéficamente a Domingo Savio, que fue a buscarlo y le dijo: “Quiero decir que siento como un deseo y una necesidad de hacerme santo. Nunca me hubiera imaginado yo que uno pudiese llegar a ser santo con tanta facilidad; pero ahora que he visto que uno puede ser santo también estando alegre, quiero absolutamente y tengo absoluta necesidad de ser santo”.
    
Procediendo como experimentado director espiritual, Don Bosco relata: “Lo primero que se le aconsejó para llegar a ser santo fue que trabajase en ganar almas para Dios, puesto que no hay cosa más santa en esta vida que cooperar con Dios a la salvación de las almas, por las cuales derramó Jesucristo hasta la última gota de su preciosísima sangre”.
    
Domingo transformó ese consejo en un programa de vida, se volvió un batallador. “No dejaba entretanto pasar ocasión de dar buenos consejos y avisar a quien dijera o hiciera cosa contraria a la santa ley de Dios”. Exclamaba: “¡Cuán feliz sería si pudiese ganar para Dios a todos mis compañeros!” Decía también que deseaba mucho reunir a los niños para enseñarles el catecismo. Tenía presente cuántos niños al llegar a la edad de la razón se corrompen moralmente y pierden sus almas. A ese propósito, observó: “¡Cuántos pobres niños se condenan tal vez eternamente porque no hay quien los instruya en la fe!”.
   
Celo por la conversión de Inglaterra
Su celo iba mucho más allá. No se restringía a su vida espiritual, sus horizontes eran anchos. Varias veces dijo a Don Bosco: “¡Cuántas almas esperan en Inglaterra nuestros auxilios! ¡Oh! Si tuviera fuerzas y virtud, quisiera ir ahora mismo y con sermones y buen ejemplo, convertirlas a todas a Dios”. Él mismo tuvo una visión a ese respecto, y pidió que Don Bosco se la comunicase al Papa, cuando fuese a Roma.
     
Afirma Don Rúa: “Era verdaderamente admirable que en un jovencito de su edad reinara tanto celo por la gloria de Dios, hasta el punto de sentir horror y aún sufrir físicamente cuando oía blasfemar o veía de cualquier otro modo ofender la majestad de Dios”.
    
Otro condiscípulo muestra su amor combativo por la fe, contra las herejías: “En aquellos tiempos, más de una vez, encontré emisarios de los protestantes, venidos expresamente al Oratorio para sembrar sus errores; uno de los más solícitos para impedirlo era el jovencito Domingo Savio”.
     
“Su oración predilecta —afirma Don Bosco— era la corona al Sagrado Corazón de Jesús para reparar las injurias que recibe de los herejes, infieles y malos cristianos”.
   
En fin, muchas cosas más se podrían decir sobre Santo Domingo Savio que excederían los límites de este artículo. Falleció santamente el día 9 de marzo de 1857 a los quince años de edad. Y Don Bosco tenía tanta certeza de su santidad y futura canonización que, en un epitafio por él compuesto, dijo: “...de los que, habiendo experimentado los efectos de su celestial protección, agradecidos y ansiosos, esperan la palabra del oráculo infalible de nuestra Santa Madre la Iglesia”.     
  
* San Juan Bosco, Obras fundamentales, B.A.C., Madrid, 1995, pp. 120-221.

lunes, 31 de enero de 2022

ATENTADOS MASÓNICOS CONTRA SAN JUAN BOSCO

Tomado de GLORIA NEWS.
   

En 1880 Don Bosco (1815-1888) sufrió dos atentados, tramados por los masones.
   
Alessandro Dasso, un antiguo alumno, pidió hablar con Don Bosco. Dasso cayó de rodillas, rompió a llorar y le dijo a Don Bosco que se había inscrito en la masonería. La secta había condenado a muerte a Don Bosco y había designado a doce individuos que debían sucederse en ese orden para cumplir la sentencia.
    
“A mí me tocó ser el primero”, dijo Dasso, “pero nunca haré tal acto” y “revelar el secreto es mi muerte”. Dasso intentó suicidarse, pero Don Bosco le ayudó a escapar al extranjero.
    
En diciembre de ese mismo año, un joven visitó a Don Bosco. De repente, un pequeño revólver de seis tiros se le escapó del bolsillo. Sin que se diera cuenta, Don Bosco lo recogió y lo guardó en su sotana.
    
En un momento dado, el hombre metió la mano derecha en el bolsillo buscando algo. Don Bosco: le preguntó: “¿Qué estás buscando?”. El hombre respondió: “Tenía algo en el bolsillo, ¿pero adónde ha ido a parar?”.
    
Don Bosco se acercó a la puerta, le apuntó con la pistola y le dijo: “Esto es lo que buscabas, ¿no? ¡Sal de aquí y que Dios se apiade de ti!”.

domingo, 31 de enero de 2021

ORACIÓN A SAN JUAN BOSCO

   
Oh glorioso San Juan Bosco, que para conducir a la juventud a los pies del divino Maestro y formarla a la luz de la fe y de la moral cristiana os sacrificasteis hasta el fin de vuestra vida y habéis fundado un Instituto especial destinado para continuar y extender hasta los últimos confines de la tierra vuestra nobilísima obra, obtenednos también del Señor un santo amor por la juventud expuesta a tantas seducciones, y haced que nos prodiguemos generosamente para sostenerla contra las insidias del demonio, para preservarla de los peligros del mundo y llevarla, piadosa y pura, en el sendero que la conduce a Dios. Amén.
  
La Santidad del Papa Pío XII, mediante decreto de la Sagrada Penitenciaría Apostólica del 25 de Febrero de 1941, concedió por el rezo de esta oración 300 días de Indulgencia. Plenaria al mes, con las condiciones de rigor.

jueves, 17 de septiembre de 2020

UN DÍA DEL PAPA PÍO IX

   
«El santo Padre se alza de buena mañana, y después de haber recitado sus oraciones, va a su capilla para celebrar la Santa Misa. Esta capilla es pequeña y vecina al apartamento del Papa. El Santísimo Sacramento está siempre conservado y Pío IX en su gran devoción hacia la Santísima Eucaristía él mismo toma cuidado del mantenimiento de las dos lámparas que arden perpetuamente ante el tabernáculo. El Papa Pio IX celebra la Misa lenta y santamente, frecuentemente su augusto rostro está bañado de lágrimas mientras tiene entre sus sagradas manos al Dios escondido, del cual él es su Vicario. Ordinariamente dice Misa a las siete y media, y asiste por acción de gracias a una segunda misa dicha por uno de sus capellanes. Luego él reza de rodillas, con uno de sus prelados de su corte, una parte del breviario, y acto seguido regresa a sus apartamentos.
  
La colación del Papa consiste en una simple taza de café negro. La sobriedad italiana es conocida: y esta es la primera comida de casi todos los romanos. Hasta cerca de las diez, el santo Padre trabaja todos los días con su primer ministro, que es un cardenal llamado el secretario de Estado, el cual es principalmente encargado de la administración temporal de los Estados de la Iglesia. A las diez comienzan las audiencias, oficio muy penoso y difícil, en el cual se tratan las cuestiones más importantes y los más graves intereses de la religión y de la sociedad. Cardenales, obispos, príncipes, embajadores, misioneros, sacerdotes y fieles vienen de todas partes del mundo para traer a los pies del Jefe de la Iglesia sus súplicas, sus homenajes o exponerle sus necesidades. El Papa está sentado durante todas estas audiencias; en su presencia se está de rodillas, o si él lo permite, de pie. Los cardenales y los príncipes tienen el derecho de estar sentados sobre un escabel. Entrando en la cámara del Papa se hacen tres genuflexiones: la primera sobre el umbral de la puerta, la segunda a mitad de camino y la tercera a los pies del Papa. Luego se besa su pie o su mano, y después comienza la audiencia. Cuando esta es terminada, el  santo Padre suena una campanilla, y llegada otra persona viene anunciada e introducida por uno de los prelados de servicio. Solamente los hombres son admitidos en esta guisa en los apartamentos del Papa; questa è una regola invariabile. En cuanto a las mujeres, ellas son recibidas en audiencia una o dos veces por semana, en una gran sala que hace parte de los museos públicos del Vaticano.
   
Ordinariamente las audiencias de la mañana duran más de cuatro horas contínuas. Cuando estas son terminadad, hacia las dos o dos y media, el Papa va a su sala por el almuerzo y se sienta a una frugal mesa, luego recita de nuevo de rodillas lo que sigue de su breviario, y después de algún momento de reposo sale en coche para hacer un poco de movimiento. A menudo el Papa escoge por objetivo de sus paseos o la visita de algún venerado santuario donde se celebre una fiesta, algún hospital o alguna prisión. Cuando hay mal tiempo, el Sumo Pontífice se contenta con pasear por algún momento en su biblioteca, o en una de las galerías del Vaticano.
   
Al caer el día (indicado en Italia por el llamado del Ángelus y por este motivo llamado el Ave María), el Papa regresa al Vaticano y reza a continuación la salutación Angélica, agregándole el [salmo] De profúndis por todos los fieles del mundo entero que murieron en el curso de aquel día, y luego reinician sus audiencias. Entonces se presentan al Papa los documentos por firmar, y se proponen a su soberana aprobación y a su última decisión los decretos de las diferentes congregaciones romanas que se dividen el examen de los asuntos religiosos de todo el mundo católico. Estas audiencias duran también hasta las diez u once de la tarde; después de esto el santo Padre hace una ligera colación compuesta de alguna fruta o de alguna legumbre; luego él termina el rezo de su breviario y va a tomar algunas horas de un reposo que se ganó con tanto trabajo y tan santamente». (De JOHN FRANCIS MAGUIRE, Historia del Soberano Roma).
   
SAN JUAN BOSCO. Los Papas desde San Pedro a Pío IX. Ejemplos y síntesis de hechos históricos, cap. XXX. Turín, imprenta del Oratorio de San Francisco de Sales, 1865, con aprobación eclesiástica.

jueves, 16 de julio de 2020

SAN JUAN BOSCO HABLA DE LA MASONERÍA Y LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Ejecución de Luis XVI el 21 de Enero de 1793 en la Plaza de la Revolución –antigua Plaza Luis XV, hoy Plaza de la Concordia– de París (grabado de época).
 
En medio de la celebración de la Prise de la Bastille (que mediante la Ley Raspail del 6 de Julio de 1880 rebautizaron con el nombre de “Fiesta Nacional” fusionándola con la Fête de la Fédération, menos sangrienta para el gusto republicano) presidida en la Plaza de la Concordia por el presidente francés Emmanuel Macron en una Francia diezmada por el coronavirus wuhanense, conviene recordar con el gran educador de la juventud católica San Juan Bosco quiénes fueron los determinadores y cuáles los progresos de la Revolución cuyas nefastas consecuencias sufrimos aun en nuestros días (traducción del artículo publicado en RADIO SPADA):
«Debéis recordar también, mis queridos, cómo en el espacio de casi cincuenta años hubo una paz completa en Italia y casi en todo el resto de Europa; la cual dio campo a muchos valientes ingenios para enriquecer las ciencias y las artes con muchos conocimientos útiles, pero también dejó espacio a las sociedades secretas para ejecutar sus proyectos. Estas sociedades secretas son generalmente conocidas bajo el nombre de Carbonarios, Libres Muradores (Francs-maçons), de Jacobinos e Iluminnati, y tomaron estas varias denominaciones en los distintos tiempos, pero todas concuerdan en el fin. Miran estas a arruinar la sociedad presente, de la cual son malcontentos, porque no encuentran un puesto conveniente a su ambición, ni la libertad para secundar las pasiones. Para arruinar la sociedad, ellos trabajan para eliminar la religión y toda idea moral del corazón de los hombres y abatir toda autoridad religiosa y civil, esto es, el Pontificado Romano y los tronos. Este fin último es un secreto reservado a los solos jefes, los otros son distintos en diversos grados y no conocen de la inicua trama sino aquel poco que les es revelado; pero todos se obligan con juramento a seguir ciegamente cuanto les es ordenado por los jefes, así sea dar una puñalada al amigo; todos por igual se obligan con su dinero a aumentar el erario de la sociedad. Las reuniones son varias, según los distintos grados, a fin que no sea igualmente conocido para todos el misterio de iniquidad.
 
Muchos se dejan conducir fácilmente a dar su nombre a dichas sociedades, porque en los primeros grados no es revelada la maldad del fin y se habla sólo de fraternidad, de filantropía y similares. Los efectos de estas sociedades aparecieron primeramente en Francia. En aquel reino Luis XIV era sucedido por un sobrino suyo, que tomó el nombre de Luis XV (año 1715). Este rey había dado buenas esperanzas de sí, mas rodeado de malos cortesanos, engolfóse prestamente en los placeres, olvidando los asuntos del Estado y no poniendo en consideración las miserias del pueblo. A él, después de un reinado tan largo, sucedió un sobrino suyo, que fue llamado Luis XVI (año 1774). Cuando subió al trono este rey, los empleos y bienes del Estado estaban mal repartidos, pesaban graves impuestos sobre el pueblo, en algunos lugares la justicia era mal administrada, y a todo esto se agregó la carestía. Luis XVI intentó poner remedio a los males de la Francia, pero por obra de las supradichas sociedades secretas sus esfuerzos fueron vanos. Estos iban exagerando los males, especialmente por medio de los papeles públicos, excitaban los pueblos a la revuelta e hicieron tanto que llegaron a hacer explotar en 1789 una de las más terribles revoluciones.
 
Cometiéronse entonces barbaries inauditas. Se comenzó por perseguir la religión en sus sacerdotes, hasta hacer una masacre de 200 a la vez a cañonazos; la nobleza fue derribada y obligada a a renunciar a sus fueros y sus títulos; el rey fue depuesto del trono y condenado a dejar la cabeza sobre el patíbulo, al cual poco después fue conducida la reina. La clase media, o sea la burguesía, fue la que comenzó la revolución sirviéndose de la plebe, y la plebe a su vez la quizo proseguir y devenir soberana, como de hecho sucedió, y entonces llevaron al patíbulo a cientos de aquellos mismos burgueses que habían condenado a muerte a los sacerdotes y los nobles. Por aquesta revolución lo que estaba sobre la sociedad fue puesto abajo, y lo que estaba abajo llegó arriba, y así reinó la anarquía de la canalla».
  
SAN JUAN BOSCOStoria d’Italia raccontata alla gioventù, dai suoi primi abitatori sino ai nostri giorni (Historia de Italia contada a la juventud, desde sus primeros habitantes hasta nuestros días), Turín, tipografía Paravia y Cía., 1855, con licencia eclesiástica. Época cuarta (Historia Moderna), cap. XXV “La Italia invadida por los franceses”, págs. 455-457.

lunes, 11 de marzo de 2019

ASTUCIA VERDADERA ES LUCHAR POR SALVAR EL ALMA


"El mundo está lleno de tontos y de astutos. Los astutos son los que trabajan y sufren para ganarse el Cielo; los tontos son los que viven su vida sin pensar en la eternidad".
   
SAN JUAN BOSCO

sábado, 12 de enero de 2019

SAN JUAN BOSCO SOBRE LA VIRGEN SANTÍSIMA

  
“Hay que predicar a todos, grandes y chicos, que son hijos de María santísima, que ella los quiere librar de los peligros del mundo y llevarlos a la gloria celestial, y que a los que la honran con sus oraciones y con el cumplimiento exacto de su deber, ella les concederá infinitas gracias y favores”

SAN JUAN BOSCO

viernes, 2 de noviembre de 2018

IMPORTANCIA DE ORAR POR LOS DIFUNTOS

San Juan Bosco
“Ha dicho el Señor que, con la misma medida con que hayamos medido a los demás, seremos tratados nosotros, y que, si hemos tenido misericordia con los demás, el Señor la tendrá también con nosotros.
 
Y San Agustín escribió que, rezando por las benditas almas del Purgatorio, mientras las sacamos de aquellas penas, preparamos a la par uno más breve para nosotros.
 
Si oramos por los difuntos, cuando muramos también nosotros, habrá quienes, inspirados por el Señor, rezarán por nuestras almas. Que, si nosotros estamos obligados a pedir por todos los difuntos en general, mucho más lo estamos por quien paseaba con nosotros en el mismo Oratorio, rezaba con nosotros en la misma iglesia, comía con nosotros el mismo pan; en fin, era nuestro hermano.
 
Mañana por la mañana se celebrará el funeral, se cantará la misa y se recitará el rosario de difuntos. Todo el bien que mañana se hará en casa, servirá de sufragio para el alma de Juan Lagorio.
  
Todas las comuniones se reciban con este fin; el que no pueda comulgar sacramentalmente, hágalo espiritualmente, pues el Señor la aceptará también en satisfacción de las penas de las almas del Purgatorio”.
 
Palabras de San Juan Bosco a los alumnos del Oratorio ante el fallecimiento de un hermano de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, el 15 de Diciembre de 1864. En Memorias Biográficas de Don Bosco (Padre Juan Bautista Lemoyne SDB et al., compiladores), Volumen 7, capítulo LXXX, página 712 de la traducción española (837 del original italiano).

domingo, 31 de enero de 2016

SAN JUAN BOSCO ENSEÑA SOBRE EL ISLAM

Desde MILES CHRISTI
  
San Juan Bosco escribió un libro de apologética llamado «Il Cattolico istruito nella sua religione: trattenimenti di un padre di famiglia co’ suoi figliuoli, secondo i bisogni del tempo» (El Católico instruido en su religión: Conversaciones de un padre de familia con sus hijos, según las necesidades del tiempo) en 1853. En dicho libro habla en forma dialogada para los fieles sencillos, de la veracidad de la Fe Católica y expone los errores de las sectas, herejías y demás religiones falsas. Mención en especial merece la Plática XIII, que versa sobre el islam, y que traducimos a continuación:

Ilustración de la traducción francesa del libro La Vida de Mahoma, o cómo se descubre ampliamente la verdad de la impostura, escrito por Humprey Prideaux
  
PLÁTICA XIII: EL MAHOMETISMO
 
Padre: Sin duda, para un católico no hay ciencia más importante que aquella que lo instruye en la religión propia. Ciencia importante, y al mismo tiempo consolantísima, porque tiene los fundamentos ciertos y claros que hacen manifestar el concurso de la Omnipotencia Divina. Esta Religión de Jesucristo, que únicamente se conserva en la Iglesia Católica Romana, de acuerdo a las palabras del mismo Salvador, puede ser en cualquier manera perseguida, pero no por ello vencida. En todo tiempo, en medio de las más sangrientas persecuciones, se ha conservado inmóvil como columna, siempre gloriosa, siempre visible, siempre victoriosa, sin usar otras armas que las de la caridad y de la paciencia. Esta su invariabilidad conservada desde los tiempos de Jesucristo hasta nuestros días, no puede atribuirse a otro factor que a la Omnipotencia Divina.
Establecidos así los fundamentos de nuestra Santa Religión Católica, quiero platicaros un poco sobre algunos curiosos acontecimientos: esto es, sobre aquellas Religiones que estaban unidas a la Iglesia Católica, y que en un tiempo se separaron.
Hijos: Buenísimo, buenísimo. Esto quise saberlo desde hace tiempo. ¿Cuáles son estas religiones que en un tiempo se separaron de la Iglesia Católica?
Padre: Antes de hablaros de las  religiones que en un tiempo se separaron de la Iglesia Católica Romana, quiero resaltar que las religiones que no tienen los caracteres de la divinidad, y que nosotros llamamos falsas religiones, se pueden reducir al Hebraísmo, a la Idolatría, al Mahometismo, y a las Sectas Cristianas profesadas por los Griegos cismáticos, Valdeses, Anglicanos y Protestantes.
Creo que de la Idolatría no es oportuno hablaros, porque en nuestros días, a excepción de poquísimos países donde aún no ha llegado la luz del Evangelio, no existe más.
Del hebraísmo os he hablado bastante en la primera parte de nuestra plática.
Si os place, yo quiero hablaros de las otras comenzando con el Mahometismo.
Hijos: Sí, sí, comienza por decirnos ¿qué cosa se entiende por Mahometismo?
Padre: Por Mahometismo se entiende una colección de máximas tomadas de varias religiones, las cuales al ser practicadas llegan a destruir cualquier principio de moralidad.
Hijos: ¿En qué países se profesa este mahometismo?
Padre: El mahometismo se profesa en una gran parte de Asia, y también en una parte de África.
Hijos: ¿De quién debe su principio el mahometismo?
Padre: El mahometismo tiene su principio en Mahoma.
Hijos: ¡Oh! sobre este Mahoma tenemos tanta curiosidad de oir hablar: dinos lo que sabes de él.
Padre: Lo que la historia cuenta de este famoso impostor es demasiado largo de de referir: lo que voy a daros a conocer solamente es cómo fundó su religión. Mahoma nació en una familia pobre, de padre gentil y de madre hebrea, en el año 570, en la Meca, ciudad de la Arabia. poco distante del Mar Rojo. Hambriento de gloria y deseoso de mejorar su condición anduvo vagando por muchos países, y llegó a ser agente viajero de una mercader viuda de Damasco, que enseguida lo desposó. Era tan astuto que supo aprovecharse de su enfermedad y de su ignorancia para fundar una religión. Padeciendo de epilepsia, el mal caduco, afirmaba que aquellos sus colapsos frecuentes eran otros tantos arrebatamientos para tener coloquios con el Ángel Gabriel.
Hijos: ¡Qué impostor, engañar a la gente en esta manera! ¿Habrá también intentado hacer milagros para confirmar su predicación?
Padre: Mahoma no podía hacer milagro alguno en confirmación de su religión, porque no era enviado de Dios. Dios solo es autor de los milagros. Dado que se vanagloriaba de ser superior a Jesucristo, se creería que pudo hacer milagros a la par de Él. De otro modo, respondería que los milagros eran hechos por Jesucristo, y que él fue levantado por Dios para restablecer la religión con la fuerza. Con todo, se vanagloriaba de haber hecho uno, y decía que, habiendo caído un pedazo de la luna en sus manos, él había sabido reponerlo; en memoria de este ridículo milagro los mahometanos portan como divisa la media luna.
Reís, ¡oh hijos míos!, y con mucha razón, porque un hombre de facha similar hubiera podido considerarse cual charlatán, que no predicador de una nueva religión. Cuando por esta causa se corrió la fama de que que era un impostor y perturbador de la tranquilidad pública, sus conciudadanos quisieron apresarlo y darle muerte. Pero él se dio a la fuga, y se retiró a la ciudad de Medina con algunos libertinos que le ayudaron a convertirse en señor de la misma (1).
Hijos: ¿En qué cosa propiamente consiste la religión de Mahoma?
Padre: La religión de Mahoma consiste en una monstruosa mezcolanza de judaísmo, de paganismo y de cristianismo. El libro de la ley mahometana es llamado Alcorán, o sea, libro por excelencia [Alcorán significa recitación, N. del T.]. Esta religión también es llamada Turca porque está muy difundida en la Turquía [Turquía era como entonces se conocía en Europa al Imperio Otomano]; Musulmana por Musul, nombre que los mahometanos dan al director de la oración; Islamismo, del nombre de algunos de sus reformadores; pero es siempre la misma religión fundada por Mahoma.
Hijos: ¿Por qué Mahoma hizo esa mezcolanza de varias religiones?
Padre: Porque como los pueblos de la Arabia eran en parte judíos, en parte cristianos, y otros paganos, él, para llevarlos a todos a seguirle, tomó una parte de las religiones que profesaban, y escogió especialmente aquellos puntos que pudieran mayormente favorecer los placeres sensuales.
Hijos: ¿Puede decirse propiamente que Mahoma fuese un hombre letrado?
Padre: De ninguna manera, ni mucho menos sabía escribir; y para componer su Alcorán fue ayudado de un hebreo y de un monje apóstata. Hablando de la Historia Sagrada confunde un hecho con el otro; por ejemplo, atribuye a María, hermana de Moisés, más hechos que los que conciernen a María, madre de Jesucristo, con muchísimos otros despropósitos.
Hijos: Esto me parece impresionante: si Mahoma era ignorante, ni hizo ningún milagro, ¿cómo pudo propagar su religión?
Padre: Mahoma propagó su religión, no con milagros o con la persuasión de las palabras, sino con la fuerza de las armas. Religión que, favoreciendo toda suerte de libertinaje, en poco tiempo hizo convertir a Mahoma en jefe de una formidabile tropa de milicianos. Con ellos recorría los países del Oriente ganándose a las gentes, no con insinuarles la verdad, ni con milagros o profecías; sino que por único argumento alzaba la espada sobre las cabezas de los vencidos gritando: o creer o morir.
Hijos: Qué canalla, ¿son estos los argumentos que se deben usar para convertir a la gente? Sin duda, siendo Mahoma tan ignorante, ¿hubiera diseminado en el Corán muchos errores?
Padre: El Alcorán contiene una serie de errores a cual más inmensos contra la moral y contra el culto del verdadero Dios. Por ejemplo, excusa de pecado a quien niega a Dios por temor de la muerte; permite la venganza; asegura a sus secuaces un paraíso, pero lleno de solos placeres terrenos. En resumen, la doctrina de este falso profeta permite cosas tan obscenas, que el alma cristiana tiene horror de mencionar.
Hijos: ¿Qué diferencia hay entre la Iglesia Cristiana y la Mahometana?
Padre: La diferencia es grandísima. Mahoma fundó su religión con la violencia y con las armas: Jesucristo fundó su Iglesia con palabras de paz, sirvéndose de los pobres sus discípulos. Mahoma fomentaba las pasiones, Jesucristo mandaba el negarse a sí mismo. Mahoma no hizo ningún milagro, Jesucristo hizo muchísimos milagros a plena luz del día y en presencia de innumerables multitudes. Las doctrinas de Mahoma son ridículas, inmorales y corruptoras: las de Jesucristo son augustas, sublimes y purísimas. En Mahoma no se cumplió ninguna profecía; en Jesucristo se cumplen todas. En síntesis, la Religión Cristiana, en cierta manera, restituye al hombre la felicidad en este mundo para conducirle después a los gozos del Cielo; Mahoma degrada y envilece la naturaleza humana, y cifrando la felicidad en los placeres carnales, reduce al hombre al grado de los animales inmundos.
San Juan Bosco, «Il Cattolico istruito nella sua religione: trattenimenti di un padre di famiglia co’ suoi figliuoli, secondo i bisogni del tempo». Turín, 1853. 

NOTA DEL AUTOR
(1) Esta fuga de Mahoma, llamada Hégira (هِجْرَة), que significa huída, es el punto inicial de la era musulmana, y corresponde al año de Cristo 622.