Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

Mostrando entradas con la etiqueta Carta de Frater Jorge. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carta de Frater Jorge. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de septiembre de 2026

CUANDO LOS OBISPOS FRANCESES CONDENARON LA LAICIDAD COMO «UN DESPRECIO ABSOLUTO A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO»

El 10 de Marzo de 1925, la Asamblea de Cardenales y Arzobispos de Francia (precursora de la Conferencia Episcopal Francesa) publicó una Declaración contra las llamadas leyes de laicidad que habían sido promulgadas e impuestas por la Tercera República francesa (sistema imperante desde la caída de Napoleón III en 1870 hasta la ocupación de 1940), a saber pero no exclusivamente:
  • Las leyes Jules Ferry de gratuidad (16 de Junio de 1881) y obligatoriedad de la educación primaria pública (28 de Marzo de 1882), que imponían la laicidad en la educación. A ella se sumaba la ley Goblet (30 de Octubre de 1886), que permitía solamente maestros laicos en las escuelas primarias públicas (que debían ser egresados de escuelas normalistas, creadas por la ley Paul Bert del 9 de Agosto de 1879): los maestros que fueran clérigos debían dejar su puesto en un plazo de cinco años, aunque para las maestras no se fijaba ninguno (incluso, había escuelas dirigidas por monjas en 1914).
  • La ley de secularización de los cementerios del 14 de Noviembre de 1881 que creó los cementerios neutros; y seis años después, con la ley del 15 de Noviembre, se levantaron las restricciones a los funerales civiles y permitió la cremación. Años después, la ley del 28 de Diciembre de 1904 establece el monopolio municipal para los entierros.
  • La ley del 12 de Julio de 1880, que suprime el descanso dominical excepto para los funcionarios públicos.
  • La ley del 29 de julio de 1881 sobre la libertad de prensa, que abroga el delito de ofensa a la moral religiosa.
  • La laicización de los hospitales, que expulsaba a los capellanes y sustituía a las monjas por enfermeras, además de eliminar los nombres católicos de los hospitales.
  • Las medidas de laicización del espacio público, como la eliminación de los crucifijos de las paredes de hospitales, escuelas y tribunales; la restricción de procesiones y manifestaciones religiosas fuera de los templos, y del porte de la sotana en la calle.
  • La ley de 1883 que prohíbe rendir los honores militares dentro de un edificio religioso.
  • La ley del 14 de Agosto de 1884, que suprime la oración antes de las sesiones parlamentarias consagrada en el artículo primero de la Ley constitucional del 16 de Julio de 1875.
  • La ley Naquet del 27 de Julio de 1884, que no reconoce otro matrimonio que el civil y regula el divorcio; o la ley Freycinet de 15 de Julio de 1889, que obligaba a los miembros del clero a cumplir con su deber militar.
  • La ley Waldeck-Rousseau de Asociaciones de 1901, la Ley de supresión de congregaciones de enseñanza de 1904 (cuyo antecedente inmediato fueron los decretos Freycinet y Lepère del 29 de Marzo de 1880 que respectivamente disolvían la Compañía de Jesús y daba a las demás el término de tres meses para registrarse ante el Estado so pena de disolución) y la Ley de Separación Iglesia-Estado de 1905 (que abrogaba unilateralmente el Concordato de 1801) de Émile Combes (quien había sido seminarista y llegó a recibir la tonsura antes de hacerse ateo y masón)
que representaron el ápice anticatólico de la Tercera República y que el gobierno de Édouard Herriot (que había alcanzado el poder el año anterior, pero que caería el 10 de Abril en medio del escándalo de las cuentas falsificadas del Banco de Francia) pretendía reforzar e imponer sobre la Alsacia-Mosela recién adquirida del desmantelado Imperio alemán tras ganar (de arrimados y habiendo corrido en su propio patio, huelga decir) la Gran Guerra europea.

La laïcité (traducible como laicidad) es un principio fundamental de la Constitución francesa (incidentalmente, fue consagrado solamente en el preámbulo de la Constitución de 1946 y en su artículo primero —que fue Ctrl+C, Ctrl+V en la ídem de 1958—),  que resume las ideas de laicismo y la separación entre Iglesia y Estado. De hecho, el mismo gobierno francés dice que la Ley del 24 de Agosto de 2021 ratifica la laicidad como fundamento de la República, y erige el 9 de Diciembre como el día conmemorativo de esta.

Se trata de un concepto agresivo, ya que gira fundamentalmente en torno a la «libertad» de la esfera pública frente a la influencia de la Iglesia Católica, como explica la Declaración que figura a continuación. Hoy en día, estas leyes se invocan con frecuencia para impedir ciertas expresiones públicas de la religión islámica —¡incluida la modestia en la playa o en las piscinas!—, pero siguen constituyendo un obstáculo para la Iglesia y una barrera que impide a la autoridad civil cumplir con sus deberes para con Dios y la verdadera religión.

En su momento, el padre Teótimo de San Justo (en el siglo Joannès Rodéry) OFM Cap., autor de La realeza social de Cristo según el cardenal Pie, dijo respecto de esta declaración de los obispos:
«Desde la Primera Guerra Mundial, la cuestión de la realeza social ha experimentado un progreso inmenso. Ha calado hondo en nuestro pueblo, y cientos de miles de firmas francesas piden al Papa que establezca una fiesta litúrgica que celebre la realeza social del Sagrado Corazón en todo el universo.
  
Desde un punto de vista doctrinal, la cuestión alcanzó su punto culminante en la “Declaración de los Cardenales y Arzobispos de Francia sobre las llamadas Leyes del Secularismo”.
   
Esta espléndida declaración, una verdadera carta de liberación, una luminosa contraparte de la oscura y sacrílega Declaración de los Derechos del Hombre, es, desde el Concilio Vaticano I, el acontecimiento espiritual más importante de nuestro tiempo. En nuestra opinión, es el último paso doctrinal antes de la condena suprema del secularismo y la proclamación solemne del dogma de la realeza social de Jesucristo por un Concilio General» (Prólogo a la segunda edición, pág. 11).
La Declaración (redactada mayormente por Fray Marie-Albert Janvier OP, capellán de la Unión de Bellas Artes Católicas y asistente del arzobispo Jean-Arthur Chollet de Cambray), además de condenar el laicismo como antesala y sinónimo del ateísmo de Estado, afirma que es “muy deseable” que los “publicistas y conferenciantes” católicos sean “formados y preparados seriamente”, y que “en particular estudien los tratados sobre la fe, la Iglesia y el Estado” a fin de combatirlo. Es posible que se trate de una referencia a los comentarios del Cardenal Pie, citados en la obra ya mencionada.
«Si una buena facultad de teología —dijo— reclutara cada año a diez o doce estudiantes laicos de diversas partes de Francia, si estos vinieran a estudiar un buen curso de filosofía según Santo Tomás, un curso de derecho natural, un curso de derecho social cristiano y derecho eclesiástico, el país se transformaría.

En diez años, cien estudiantes habrían recibido esta formación, e incluso si la mitad no la aprovechara —pues debemos prever fracasos—, los demás aportarían a las funciones del Estado y a las profesiones liberales, para gran beneficio del país, este conocimiento que hoy solo poseen los sacerdotes y del que nadie más tiene idea. Veinte o treinta hombres distinguidos, versados ​​en la ciencia del derecho, respaldados por los principios de los que la Iglesia ha sido la única depositaria, tendrían una enorme influencia, ya sea en una asamblea nacional o en la gestión de diversos cargos públicos».
La Declaración también reprocha la idea y tentación (que aún hoy se mantiene en muchos católicos) de que es aceptable votar por un candidato que represente el “mal menor”. En algunos casos, esta costumbre ha convertido la aceptabilidad en obligación.
   
«En la mente de estos hombres serios», afirman los prelados, «la teoría del mal menor, llevada al extremo, nos ha traído derrotas y desgracias cada vez más irreparables, que podríamos haber evitado, al menos en parte, con una actitud más firme». Por el contrario, los cardenales y arzobispos de Francia reconocen abiertamente la legitimidad de que los católicos, como bloque electoral, reciban instrucciones para negarse a votar por candidatos que puedan parecer un mal menor, a menos que sean verdaderamente «adversarios del laicismo».

La Declaración también pone de manifiesto la centralidad de la doctrina de la “Realeza Social” de Cristo, presentada en la encíclica Quas Primas por el Papa Pío XI tan solo unos meses después de este documento, y el deber de los católicos en propagarla y defenderla.

El padre Teótimo añade, refiriéndose tanto a la Declaración como a su propio libro:
«Los católicos franceses que han admirado y apreciado este documento incomparable [la Declaración] ahora conocen su deber. Las páginas doctrinales que les presentamos les ayudarán a comprenderlo aún mejor y a cumplirlo sin falta» (P. Teótimo, loc. cit.).
Simplemente comparar esta Declaración (que hoy presentamos en su traducción al español) con el elogio a la “laicidad” que hicieron y hacen el Vaticano II y sus falsos papas (ejemplo el más reciente, el elogio del “Gato Bob” a la Revolución durante su viaje a Francia).

El que tenga inteligencia, que razone.
  
Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
29 de Septiembre de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Fiesta de San Miguel Arcángel.
Declaración de la Asamblea de Cardenales y Arzobispos de Francia sobre las llamadas leyes de laicidad y sobre las medidas que deben adoptarse para combatirlas.

I. La injusticia de las leyes de laicidad
1. Las leyes de laicidad son injustas, ante todo, porque son contrarias a los derechos formales de Dios. Proceden del ateísmo y conducen a él en el ámbito individual, familiar, social, político, nacional e internacional. Presupone el desprecio total de Nuestro Señor Jesucristo y de su Evangelio. Tienden a sustituir al verdadero Dios por meros ídolos (libertad, solidaridad, humanidad, ciencia, etc.); a descristianizar todas las vidas y todas las instituciones. Quienes inauguraron su reinado, quienes lo han fortalecido, extendido e impuesto, no han tenido otro propósito. Por ello, son obra de impiedad, expresión de la más culpable de las injusticias, así como la religión católica es expresión de la justicia suprema.

2. Además, son injustas porque atentan contra nuestros intereses temporales y espirituales. Analicémoslas: no hay una sola que no nos afecte de inmediato en nuestros bienes terrenales y sobrenaturales.
  • Las leyes de educación privan a los padres de la libertad que les corresponde y los obligan a pagar dos impuestos: uno para la instrucción oficial y otro para la instrucción cristiana; al mismo tiempo, engañan la inteligencia de los niños, pervierten su voluntad y distorsionan su conciencia.
  • La ley de separación nos despoja de los bienes que nos eran necesarios y pone mil obstáculos en el camino de nuestro ministerio sacerdotal, sin mencionar que implica la ruptura oficial, pública y escandalosa de la sociedad con la Iglesia, con la religión y con Dios.
  • La ley de divorcio separa a los cónyuges, da lugar a procedimientos legales sensacionalistas que humillan y degradan a las familias, divide y entristece al niño, vuelve los matrimonios parcial o totalmente estériles y, además, autoriza jurídicamente el adulterio.
  • La secularización de los hospitales priva a los enfermos de ese cuidado devoto y desinteresado que solo la religión inspira, de los consuelos sobrenaturales que aliviarían sus sufrimientos, y los expone a morir sin los sacramentos.
Estas consideraciones podrían desarrollarse indefinidamente, ampliándose a ellas y demostrando que el laicismo , en todos los ámbitos, es fatal para el bien público y privado.

De esto se deduce que las leyes de laicidad no son leyes. Solo tienen el nombre de ley, un nombre usurpado; no son sino corrupciones de la ley, actos de violencia más que leyes, como dice Santo Tomás: «Son actos de violencia más que leyes» (Suma Teológica, parte II-Iæ, cuestión 96, art. 4.º). Aun si nos perjudicaran únicamente en el plano temporal, en sí mismas no nos obligarían en conciencia: «Tales leyes (es decir, leyes contrarias al bien humano) no son vinculantes ante el tribunal de la conciencia» (ibíd.).

Pero puesto que las leyes del laicismo atacan los derechos de Dios; puesto que atentan contra nuestros intereses espirituales; puesto que, habiendo arruinado los principios esenciales sobre los que se asienta la sociedad, son enemigas de la verdadera religión que nos manda reconocer y adorar, en todo ámbito, a Dios y a su Cristo, a adherirnos a sus enseñanzas, a someternos a sus mandamientos y a salvar nuestras almas a toda costa, no nos está permitido obedecerlas; tenemos el derecho y el deber de combatirlas y de exigir su abolición por todos los medios honestos: «Las leyes pueden ser injustas por ser contrarias al bien divino, como las leyes tiránicas que inducen a la idolatría o a cualquier otra cosa que vaya en contra de la ley divina; y tales leyes no están permitidas de ninguna manera, porque, como se dice en Hechos 5, “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”» (Ibid.).

II. Medidas que deben adoptarse para combatir las leyes de laicidad
Hay dos enfoques.

El primero consistiría en no enfrentarse directamente a los legisladores seculares, sino en intentar apaciguarlos y obtener de ellos que, tras aplicar sus leyes con moderación, las dejen caer en desuso. Es posible que, con ciertos hombres en el poder y menos hostiles, este método tenga alguna posibilidad de éxito. Existen casos históricos donde ha funcionado. Además, tendría la ventaja de no exasperar a los adversarios ni provocar medidas aún más formidables por estar motivadas por un sentimiento más irritado. Sin embargo, este enfoque presenta varias desventajas graves:
  1. Esto deja las leyes vigentes. Suponiendo que uno o varios ministerios las utilicen con benevolencia, o dejen de usarlas contra los católicos, corresponderá a un nuevo gobierno rescatarlas del olvido y restaurar su vigor y eficacia. Este peligro no es imaginario, pues en nuestra época el poder pasa continuamente de un partido relativamente tolerante a uno extremista. Basta con que el primero se haya mostrado algo conciliador para que el segundo, por reacción, no muestre la menor consideración hacia nosotros. Durante años hemos presenciado este vaivén de persecución religiosa que, en el fondo, siempre ha ido a peor. Acostumbra a las mentes, incluso a las de los católicos sinceros, a considerar las leyes del laicismo como justas, como compatibles con la religión; favorece a aquellos hombres que, oscilando perpetuamente entre el laicismo y el catolicismo, están dispuestos a hacer cualquier concesión con tal de ganar votos tanto de la derecha como de la izquierda, de acceder a un ministerio, y que, intentando solo atenuar algunos efectos del laicismo, dejan intacto su principio y, en la práctica, sacrifican casi por completo el catolicismo en su aras de él. Se dirá que una actitud conciliadora nos ha granjeado ciertos favores. ¡Pequeñas ventajas si se considera la inmensa corriente de error que invade las almas y las lleva a la apostasía! ¡Pequeñas ventajas que nos encadenan y nos impiden reaccionar contra nuestros adversarios!
  2. Las leyes más perjudiciales siguen vigentes, independientemente de las intenciones de los sucesivos ministerios. Durante los períodos de aparente calma en los que depositamos demasiada confianza, las escuelas ateas funcionaban sin interrupción; se preparaban expedientes contra las Órdenes Religiosas y la apropiación de bienes eclesiásticos se lleva a cabo de forma sigilosa y segura.
  3. Esta política alienta a nuestros adversarios, quienes, contando con nuestra resignación y pasividad, cometen cada día nuevas afrentas contra la Iglesia. En resumen, las leyes de laicidad se han multiplicado hasta el punto de reducir cada día más el reconocimiento del dominio divino sobre nosotros y el alcance de nuestros derechos y libertades. Estas reflexiones impactarán profundamente a cualquiera que recuerde la serie de leyes de las que somos víctimas, a cualquiera que invoque el testimonio de la historia del último medio siglo.
Por ello, la mayoría de los católicos verdaderamente comprometidos con su fe piden que se adopte una actitud más combativa y enérgica. Piden que, en todo terreno y en todas las regiones del país, se declare abierta y unánimemente la guerra contra el laicismo y sus principios, hasta la abolición de las leyes inicuas que de él emanan; y que, para lograrlo, se empleen todas las armas legítimas.

III. Medios a emplear
Estos medios se pueden reducir a tres:
  1. Actuar en función de la opinión
  2. Medidas contra los legisladores
  3. Medidas contra el gobierno.
1. Medidas basadas en la opinión
La acción basada en la opinión se ejercerá mediante la propagación de la verdad; mediante la denuncia de los prejuicios que desvían al pueblo al cegarlo; y mediante manifestaciones externas.

a. La propaganda será fructífera si es perseverante; si, todos de acuerdo, los católicos de todas partes hacen sonar la misma nota de reprobación contra las injusticias de la legislación, es decir, la neutralidad (mendaz además e imposible) y la laicidad de la educación, el sistema escolar unificado (école unique), el divorcio, el despojo del clero, el ostracismo de las Congregaciones, el ateísmo del Estado y de las instituciones domésticas, sociales, caritativas y políticas; si las cartas episcopales, los boletines diocesanos, los boletines parroquiales, las revistas, la prensa, los carteles, las conferencias y los catecismos transmiten el mismo mensaje.

Tras haber demostrado que los individuos, las familias y las naciones deben a Dios y a Nuestro Señor un culto oficial, interior y exterior; una sumisión de la inteligencia, de la voluntad y de la actividad, será necesario exponer las ventajas temporales que la religión católica aporta en todos los ámbitos, y los innumerables males que las leyes del laicismo provocan en este sentido. Por ejemplo, los enemigos del flagelo de la despoblación son la fe en otra vida y en un Juez Supremo, la educación y la moral cristianas, la doctrina evangélica del matrimonio y de su indisolubilidad; la incredulidad, la escuela secular y el divorcio son sus cómplices. Ninguna ley es tan favorable a la educación de las mentes y los corazones jóvenes como la ley cristiana, mientras que la ciencia y la moral han sufrido gravemente al romper con la Iglesia.

La aplicación de las leyes de laicidad le ha costado a Francia miles de millones de francos que podrían haberse ahorrado, que podrían haber servido para socorrer a los desfavorecidos, aumentar la riqueza y las reservas del país y asegurarle un creciente prestigio en el extranjero. A pesar de estos gastos ruinosos, los enfermos, los huérfanos, los pobres y los ancianos han sido aún peor atendidos. ¿Qué ha sido, bajo el régimen del laicismo, de la imparcialidad de los tribunales, de la libertad de los individuos, de las familias, de los funcionarios, de los magistrados, de los maestros, de los empleados públicos, de los moribundos; de la participación de los mejores ciudadanos en los cargos públicos, de la justicia conmutativa o distributiva, de las relaciones entre clases, de la unidad, de la paz interna, de la conciencia profesional, etc.? León XIII volvió a menudo a estas consideraciones que conmueven a la multitud.

b. También sería necesario desbaratar los prejuicios que desvían a la gente, cegándola. He aquí algunos de ellos:
  • La ley, justa o injusta, es la ley; uno está obligado a obedecerla. Las leyes de laicidad son intocables (mientras que otras pueden cambiarse, y los Parlamentos dedican su vida a modificarlas).
  • Atacar las leyes seculares es atacar la República (como si la legislación y la Constitución no fueran entidades distintas; como si los republicanos menos sospechosos no atacaran las mismas leyes que ellos mismos han votado, e incluso la Constitución de la que son autores). Lo cierto es que los católicos siempre deben combatir el laicismo, sea cual sea el régimen —monárquico o republicano— que lo haya instaurado.
  • La religión y la política deben separarse (cuando en realidad no deben separarse; deben distinguirse y reconciliarse).
  • La religión es un asunto privado (pero también un asunto doméstico y público. La sociedad, al igual que el individuo, le debe adoración y culto al verdadero Dios).
  • La religión no tiene nada que ver con la política (si bien la religión deja a cada persona la libertad de ser republicana, monárquica o imperialista, porque estas diversas formas de gobierno son compatibles con ella, no le deja la libertad de ser socialista, comunista o anarquista, pues estas tres sectas son condenadas por la razón y por la Iglesia. Salvo circunstancias particulares, los católicos están obligados a servir lealmente a los gobiernos de facto mientras estos trabajen por el bien temporal y espiritual de sus súbditos, mas no les está permitido apoyar medidas injustas o impías adoptadas por los gobiernos; están obligados a recordar que la política, al ser parte de la moral, está sujeta, como la moral, a la razón, a la religión y a Dios).
De manera análoga, deben refutarse los demás prejuicios difundidos entre la población.

Vinculada a esta acción de influencia en la opinión pública mediante la propaganda, se encuentra la cuestión de los publicistas y conferenciantes. Es muy deseable que estos se formen y preparen con rigor; que no se conformen con fórmulas universales (generália non movent, las generalidades no mueven) ni con frases vagas y vacías, sino que demuestren precisión, competencia, contundencia y claridad; y que, en particular, estudien los tratados sobre la fe, la Iglesia y el Estado.

c. Acción basada en la opinión pública mediante manifestaciones externas. — En este asunto, la prudencia nos aconseja seguir sus preceptos, evitar la imprudencia y tomar todas las precauciones necesarias. Pero es indudable que las manifestaciones externas, bien preparadas, impresionarán a la multitud, dándole una idea —que desconoce— de nuestro número, nuestra unidad, nuestro poder y la firme determinación con la que reclamaremos nuestros derechos hasta la victoria. «La opinión pública», dijo recientemente uno de nuestros cardenales, «apoya a quienes luchan con valentía». Ella abandona a quienes se abandonan a sí mismos.

2. Medidas contra los legisladores
Esta acción puede dar lugar a resultados positivos.

a. Mediante peticiones enviadas a los diputados y senadores de cada distrito. Sería conveniente que estas peticiones provinieran de todo tipo de grupos: grupos de padres de familia, de excombatientes, de jóvenes católicos, de trabajadores ferroviarios, de viudas de guerra; de ligas de mujeres católicas, de las personalidades más destacadas de la banca, la industria, el comercio, etc. Estas peticiones se dirigirían a todos los parlamentarios, sin excepción, y si un ministro pertenecía al distrito, se procuraría enviarle estas protestas y demandas.

b. Ciertas personalidades influyentes quisieran ir más allá y exhortar a todos los católicos a no votar por candidatos que no sean, ni en teoría ni en la práctica, adversarios del laicismo ni de las instituciones neutrales. En opinión de estos hombres serios, la teoría del mal menor, llevada al extremo, nos ha traído derrotas y desgracias cada vez más irreparables, que podríamos haber evitado, al menos en parte, con una actitud más firme.

3. Medidas contra el Gobierno
Lo que conmueve a la opinión pública y a las cámaras legislativas llega, precisamente por eso, al gobierno, pero también es necesario abordarlo directamente. Socialistas, comunistas, funcionarios, obreros y comerciantes nos dan el ejemplo. Cuando una ley o un decreto les disgusta o les perjudica, no consideran suficientes las interpelaciones de sus representantes en la Cámara o el Senado: se dirigen directamente al poder. Acuden en masa a las puertas de los ayuntamientos, las prefecturas y los ministerios; envían protestas, delegaciones y ultimátos a los detentadores del poder; multiplican sus gestiones, e incluso sus huelgas; asedian y hostigan al gobierno, que casi siempre termina cediendo a sus demandas. ¿Por qué, en la medida en que nos lo permiten nuestra moral, nuestra dignidad y nuestro amor por la paz —fundados en la justicia y la caridad—, no deberíamos imitarlos para borrar de nuestro código las leyes que, según las contundentes palabras de uno de nuestros obispos, nos están llevando “del laicismo al paganismo”?

Sin duda, la tarea es inmensa y difícil, pero la virtud de la fortaleza consiste en afrontar obstáculos y desafiar el peligro. Además, contamos con tropas cuyo número y valentía igualan al menos al de otros grupos, pues multitud de cristianos —contando solo a los fervientes y activos— anhelan unirse a la batalla. Nuestros cuadros —parroquias, diócesis, provincias eclesiásticas— están preparados. Lo que ha faltado hasta ahora entre los católicos es unidad, concentración, armonía y organización de esfuerzos. ¿Acaso no tendrán la suficiente abnegación para formar un cuerpo compacto que trabaje en conjunto bajo la dirección de sus superiores jerárquicos? Se dirá que esta actitud nos expone a despiadadas contraofensivas de nuestros adversarios. Esto no es seguro; y, en cualquier caso, ¿a qué calamidades no nos expone la actitud opuesta? ¿Qué futuro nos espera si, satisfechos con una leve y artificial relajación de la tensión, nos dormimos? Quizás nunca en cincuenta años la hora haya parecido tan propicia; Dejar pasar la oportunidad sin aprovecharla sería una traición a la Providencia.

París, 10 de Marzo de 1925.

domingo, 5 de abril de 2026

MENSAJE DE PASCUA

  
Amados hermanos, nuevamente llegamos por permisión divina a la Pascua, a renovar el recuerdo de los eventos centrales de nuestra Redención.
   
Dios nuestro Señor llamó a sus Apóstoles para anunciar la palabra de salvación, y el cumplimiento en la persona de Jesús de las promesas que Dios hizo a nuestros padres (cf. Act. XIII, 13. 23; Epístola del martes infraoctava de Pascua), y que por la fe en Él se otorgará en su nombre la remisión de los pecados (Ibid. X, 43; Epístola del lunes infraoctava de Pascua). Misión que desde los tiempos apostólicos ha continuado ininterrumpida hasta el presente, y seguirá hasta la consumación de los tiempos.

Y séanos permitido comunicaros que, a pesar de nuestra poquedad, hemos sido llamados a esta misión, particularmente al haber recibido las Órdenes sagradas. Ante esto, pedimos aún más que nunca vuestras oraciones para que podamos llevar a buen término, en rectitud y fidelidad, el ministerio y esta nueva etapa en el apostolado a que Dios nuestro Señor nos llamó.

¡SANTAS PASCUAS PARA TODOS NUESTROS LEALES HERMANOS EN LA VERDADERA RESISTENCIA!
VIVAT JESU, AMOR NOSTER, ET MARÍA, SPES NOSTRA!
  
Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S.Ch.R.
5 de Abril de 2026 (Año Santo de Cristo Rey)
Domingo Santo de Pascua. Fiesta de San Vicente Ferrer, Confesor; de San Alberto de Montecorvino, Obispo; de Santa Juliana de Lieja O. Præm., Virgen; de Santa Catalina Tomás CRSA, Virgen; de San Geraldo de Corbie OSB, Abad de Selva Mayor; de Santa Edelburga de Kent, Reina consorte de Northumbria y abadesa de Lyminge; y de la beata María Crescencia Höß TOR, Virgen. Nacimiento de Vicente Antonio González y Robleto, segundo arzobispo de Managua (Nicaragua); y de la bienaventurada Laura del Carmen Vicuña Pino.

jueves, 1 de enero de 2026

MENSAJE DE AÑO NUEVO

   
Amados hermanos, salud y bendición en este año 2026 de Nuestro Señor que iniciamos por pura misericordia de Dios.
   
Habíamos consagrado el año anterior a Nuestro Señor Jesucristo Rey en ocasión del centenario de la promulgación por el Papa Pío XI (de feliz recordación) de la encíclica “Quas Primas”, que estableció esta fiesta litúrgica como protesta perpetua contra la secularización que tanto liberales como comunistas estaban (y hoy continúan) propagando.

Pues bien, es deber de los católicos propagar y defender la Realeza de Nuestro Señor por cualquier medio que esté disponible y las circunstancias lo requieran. Y de esto contamos con ejemplos: los chuanes en la Vandea durante la Revolución Francesa, los Apostólicos contra el Trienio liberal, los carlistas contra la usurpación isabelino-puigmolteja en España, los cristeros en Méjico y el Bando Nacional en la Guerra Civil española. 

En tal sentido, en 1926, un año después de “Quas Primas”, y en respuesta a las leyes antirreligiosas del presidente Francisco Plutarco Elías-Calles Campuzano, grupos de fieles católicos organizaron la resistencia, primero con la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa y después, alzándose en armas contra el régimen, al cual pusieron en jaque y -de no ser por la traición de algunos clérigos y la intromisión de los Estados Unidos- lo habrían depuesto y ajustado cuentas con él. Diez años después, en España, se dio el Alzamiento Nacional en 1936 contra la pro-soviética II República, que cinco años antes, se hizo al poder con chantajes, amenaza y violencia. 

Con esto en vista, qué mejor forma sino recordar a estos luchadores de Cristo Rey que denominando este año como “Combate por la Cruz”. Y así lo hacemos, teniendo presente además que nuestra lucha no solamente es contra el diablo y sus agentes de iniquidad que gobiernan en el mundo seglar, sino también contra la Apostasía del Vaticano II y los que, aun so capa de “tradicionalistas”, buscan deslegitimar nuestra Fe y tranzar con los enemigos de la misma.
     
En unión de oraciones (lo necesitamos ahora más, para continuar y llevar a buen término lo que Dios nos ha llamado a pesar de nuestra pequeñez y pobreza), amados hermanos, y ¡VIVA CRISTO REY!
   
D. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R
1 de Enero de 2026 (Año “Combate por la Cruz”).
Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo, Octava de la Natividad y Dedicación de Santa María Annunziata en Florencia.

jueves, 25 de diciembre de 2025

MENSAJE DE NAVIDAD


Amados hermanos, celebrando este nuevo aniversario del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, es conveniente que recordemos que esta fiesta debe avivar en nosotros el celo por las cosas de Dios, rechazando la corrupción y excesos en que el mundo se indulge y para lo cual desterró el recuerdo de Aquel que vino a visitarlos hace 2025 años.
    
Nosotros, a quienes por la fe y mediante el Bautismo nos ha sido dado el ser hijos de Dios, debemos proceder siempre en fidelidad con lo profesado y crecer en el amor a la Verdad, siempre las cosas del Cielo, donde Cristo, nuestra Luz, está sentado a la diestra de Dios y sabrá recompensar nuestro esfuerzo. A Él sea la gloria y alabanza ahora y por toda la eternidad.
  
¡SANTA NAVIDAD PARA TODOS VOSOTROS, AMADOS HERMANOS!
   
En unión de oraciones,
   
D. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
25 de Diciembre de 2025 (Año Santo de Cristo Rey)
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, y fiesta de Santa Anastasia Virgen y Mártir. Bautismo de Clodoveo rey de los Francos por San Remigio, y Coronación de Carlomagno como Sacro Emperador Romano. Primera representación del Nacimiento del Señor en Reggio.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

CARTA De Antíquiis Pátribus, SOBRE LA FECHA DE LA NATIVIDAD


Amados hermanos en Jesús, María y José, salud y bendición.

De los padres antiguos hemos tenido testimonio sobre la razón de nuestra Oración y Creencia, y en esta oportunidad hemos de hablar sobre la Navidad.
 
Hay registro de las celebraciones de Navidad el 25 de diciembre por los primeros cristianos:

El Papa San Telésforo (reinó entre el 125-136): El Liber Pontificális le adjudica que la Misa de Navidad se celebrara en la media noche: «Hic constítuit ut [...] natálem Dómini noctu missas celebraréntur: nam omni témpore, ante horae tértiae cursum nullus praesúmeret missas celebráre, qua hora Dóminus noster ascéndit crucem (Este constituyó [...] que en la natividad del Señor se celebrara la Misa en la noche, porque en todo tiempo, ande presumía celebrar misas antes de la hora Tercia en el Oficio, la hora en que Nuestro Señor subió a la Cruz)»
  
San Teófilo de Cesarea (115-181 d.C.), en uno de sus escritos (probablemente la Carta pascual mencionada por Eusebio de Cesarea y San Jerónimo), dice: «Sicut Dómini Natálem, quocúmque die Kalendárum 8 Januárii (id est, vicésimus quintus Decémbris) venérit, ita et 8 Kalendárum Aprílis (hoc est, vicésimo quinto Mártii), quándo ressuréctio accídit Christi, debémus Pascha celebráre [Así como el Nacimiento de Nuestro Señor debe ser observado cada día que caiga el 8 de las Calendas de Enero (esto es, el 25 de Diciembre, así también debemos celebrar la Pascua el 8 de las Calendas de Abril (esto es, el 25 de Marzo), cuando acaeció la resurrección de Cristo]» (SAN TEÓFILO DE CESAREA, , en los Centuriadores de Magdeburgo, centuria 2, cap. VI; Rodolfo Hospiniano, Festa Christianórum, hoc est, De orígine et progréssu rítuum et ceremoniárum ecclesiasticárum).
  
Tertuliano: «¿Cómo pudo Él [Cristo] ser admitido en la sinagoga, alguien tan abruptamente aparecido, tan desconocido, al cual nadie había informado todavía de Su tribu, Su nación, Su familia y, finalmente, Su enumeración en el censo de Augusto, ese fidelísimo testigo de la natividad del Señor, guardado en los archivos de Roma?» (TERTULIANO, Contra Marción, libro cuarto, cap. VII). Tertuliano en el capítulo XIX de esta obra afirma que el censo fue en el año 747 de la fundación de Roma –año 7 antes de Cristo–, cuando Cayo Sencio Saturnino era gobernador de Siria (cuando la Escritura y él mismo en Contra los judíos, libro VIII –donde afirma que la Crucifixión ocurrió el 25 de Marzo–, afirman que fue durante el censo de Publio Sulpicio Quirino iniciado en el año 752 –año 2 antes de Cristo–, cuando la Judea fue anexada a la provincia de Siria).
    
Las Constituciones Apostólicas, que fueron redactadas en siríaco hacia la década del 380, pero que recogen tradición anterior, menciona no solo que se debe celebrar la Navidad, sino que la Epifanía es una fiesta totalmente diferente:

GRIEGO [Tomado de Didascália et Constitutiónes Apostolórum, vol. I (Franz Xaver Funk, ed.), pág. 269 Paderborn 1905]
Κατάλογος τῶν τοῦ Κυρίου ἑορτῶν, ἃς δεῖ φυλάσσειν, καὶ πότε τούτων ἑκάστη ὀφείλει ἐπιτελεῖσθαι.
Τὰς ἡμέρας τῶν ἑορτῶν φυλάσσετε, ἀδελφοί, καὶ πρώτην γε τὴν γενέθλιον, ἥτις ὑμῖν ἐπιτελείσθω εἰκοστῇ πέμπτῃ τοῦ ἐνάτου μηνός. Μεθ’ ἣν ἡ ἐπιφάνιος ὑμῖν ἔστω τιμιωτάτη, καθ’ ἣν ὁ Κύριος ἀνάδειξιν ὑμῖν τῆς οἰκείας θεότητος ἐποιήσατο: γινέσθω δὲ καὶ αὕτη ἕκτῃ τοῦ δεκάτου μηνός.
LATÍN [tomado de DOM PROSPER GUÉRANGER OSB, Institutions Liturgiques, vol. I, pág. 51, París 1840]
Enumerátio festórum Dómini, quæ opórtet observáre, et quándo unumquódque eórum débeat celebrári
Dies festos observáte, fratres; ac primum quídem diem Dómini Natálem; qui a vobis celebrétur vigésima quínta noni mensis. Post hunc diem, dies Epiphaníæ sit vobis máxime honorábilis, in quo Dóminus nobis divinitátem suam patéfecit; is áutem agátur sexta décimi mensis 
TRADUCCIÓN
Enumeración de las fiestas del Señor, que conviene observar, y cuándo se debe celebrar cada una de ellas.
Hermanos, observad los días festivos; y en primer lugar la Natividad del Señor que celebraréis el día veinticinco del noveno mes; después de lo cual la Epifanía sea para vosotros la más honrada, en la que el Señor os hizo una exhibición de su propia divinidad, y que tenga lugar el sexto del décimo mes.
Comenzando el año en Marzo (como se usaba el noveno mes corresponde a Diciembre, y el décimo, Enero).

San Hipólito (170-240), en su Comentario sobre Daniel, cap. IV, 23, afirma (aunque con el milenarismo tan común en su tiempo):

GRIEGO
Ἡ γὰρ πρώτη παρουσία τοῦ κυρίου ἡµῶν ἡ ἔνσαρκος, ἐν ᾗ γεγέννηται ἐν Βηθλεέµ, ἐγένετο πρὸ ὀκτὼ καλανδῶν ἰανουαρίων, ἡµέρᾳ τετράδι, βασιλεύοντος Αὐγούστου τεσσαρακοστὸν καὶ δεύτερον ἔτος, ἀπὸ δὲ Ἀδὰµ πεντακισχιλιοστῷ καὶ πεντακοσιοστῷ ἔτει· ἔπαθεν δὲ τριακοστῷ τρίτῳ ἔτει πρὸ ὀκτὼ καλανδῶν ἀπριλίων, ἡµέρᾳ παρασκευῇ, ὀκτωκαιδεκάτῳ ἔτει Τιβερίου Καίσαρος, ὑπατεύοντος Ῥούφου καὶ Ῥουβελλίωνος [καὶ Γαΐου Καίσαρος τὸ τέταρτον <καὶ> Γαΐου Κεστίου Σατορνίνου]. ∆εῖ οὖν ἐξ ἀνάγκης τὰ ἑξακισχίλια ἔτη πληρωθῆναι, ἵνα ἔλθῃ τὸ σάββατον, ἡ κατάπαυσις, ἡ ἁγία ἡµέρα, ἐν ᾗ κατέπαυσεν ὁ θεὸς ἀπὸ πάντων τῶν ἔργων αὐτοῦ, ὧν ἤρξατο ποιεῖν. 
  
LATÍN [en Migne, Patrología Graeca 10, col. 646]
Primus enim advéntus Dómini nostri in carne, in Bethléhem, ante octo Kaléndarum Januárium, in féria quárta, quadragésimo secúndo anno Augústo factus est, quínquies millésimo quingentéssimo anno: passus vero est anno tricésimo tértio, ante octávum Kalendarum Aprilium, die Parásceves, anno octávo decimo Tibérii Caesaris, sub Rufo et Rubellione [et Cajo Caesare quárto <et> Gaio Cestio Saturnino]. Opórtet ígitur omníno, ut sex míllium annórum númerus adimpleátur, ut véniat Sábbatum, scílicet réquies, dies sancta, in qua requiévit Deus ab ómnibus opéribus suis.
  
TRADUCCIÓN
Porque el primer advenimiento de Nuestro Señor en la carne, cuando nació en Belén, fue el Miércoles 25 de Diciembre en el año 42 del reinado de Augusto, y el 5500 desde Adán. Él padeció en el año 33 el viernes 25 de Marzo, en el año 18 de Tiberio César, durante el consulado de Rufo y Rubelio [y el cuarto de Cayo César y Cayo Cestio Saturnino]. Y así es absolutamente necesario que se cumplan los seis mil años, para que el Sábado de descanso pueda venir, el día santo, en que Dios descansó de todas las obras que comenzó a hacer.
  
En el Cronicón, también menciona que el nacimiento de Nuestro Señor ocurrió cuando el mundo tenía 5500 años y nueve meses de creado (era de consecuencia que asumiera que la Creación ocurrió el 25 de Marzo del 5500 antes de Cristo). Julio Africano en su Cronografía del 220 también llega a una conclusión similar, usando el Calendario Romano antiguo, que tenía el equinoccio de primavera el 25 de Marzo.
   
El historiador bizantino Nicéforo Calixto en la Historia Eclesiástica, libro séptimo, cap. VI (citado en Migne, Patrología Græca 145, cols. 1215-1218) refiere el martirio de los 20.000 cristianos en Nicomedia, a quienes Diocleciano mandó quemar vivos en el año 301:
«Verum enin vero cum natális Christi festus ádesset dies, et multitúdo ætátis omnis, quæ Christi nómine censétur, in templo natálem eum celebratúra convénisset, tyránnus velúti opportúmum tempus et lucrósam occasiónem nactus, per quam vesániam et furórem suum adímpleret, misit eo qui templum claudérent, et ignem circúmcirca accénderent. Áderat ibi præco, qui voce clarióre promulgábat, ut qui vívere vellet, ex templo exíret, et in próxima Jovis ara thura adóleret, álioqui nisi hoc fecísset, una cum domo ipsa conflagratúrus. Tum vero in templo ipsa quídam pro multitúdine ea omni, cum libertáte insígni própalam respóndit, et pulchérrimam illam édidit vocem: “Omnes nos Christiáni sumus, unum éumque solum Deum et regem crédimus esse Christum: et ipsi, Pátrique ejus et Spirítui Sancto sacrificáre, átque nos omnes una ófferre fácile paráti sumus”. Vix hæc ille díxerat, et ignis est accénsus, qui in témporis velúti moménto ecclésiam omnem compléxus, illos omnes círciter vigínti míllium númerum expléntem, in cínerem rédegit [Verdad es que cuando llegó el día de la fiesta del nacimiento de Cristo, y una multitud de todas edades de cuantos alaban el nombre de Cristo se congregó en el templo para celebrar la fiesta de su natividad, el tirano, hallando nacido el tiempo oportuno y la ocasión afortunada para realizar su locura y furor, ordenó que cerraran el templo y encendieran fuego a su alrededor. Estaba allí un pregón, que con alta voz promulgaba que quien quisiera vivir, saliera del templo, y ofreciera incienso en el altar de Júpiter que estaba cerca, pero quien hiciese otra cosa, sería quemado junto con la casa. Entonces, toda la multitud en el templo, con insigne libertad respondió abiertamente, y con pulchérrima voz dijo: “Todos nosotros somos cristianos, y creemos que Cristo es el único Dios y rey, y sacrificamos a Él, a su Padre y al Espíritu Santo, y nosotros estamos dispuestos para ofrecernos fácilmente a él”. Apenas dijeron esto, el fuego fue encendido en ese momento, a saber, contándose en todo el complejo de la iglesia cerca de veinte mil todos ellos, se hicieron cenizas]»
Este relato muestra que los primeros cristianos celebraban la Navidad.

San Julio I (337-352) y su sucesor San Liberio (352-366), San Gregorio Nacianceno (m. 389) y San Ambrosio (m. 397) celebraron la Navidad en sus respectivas sedes (los dos primeros en Roma, San Gregorio Nacianceno en Constantinopla y San Ambrosio en Milán). Ninguno “escogió una fecha”, sino que todos siguieron la fecha reconocida universalmente por la Iglesia, que era el 25 de Diciembre. Fecha transmitida desde Roma, como alude San Juan Crisóstomo:
«No han pasado diez años desde que este día nos fue revelado; y sin embargo, gracias a vuestro celo, se  celebra como si nos hubiera sido transmitido durante siglos. Así, se podría afirmar, sin temor a equivocarse, que este día es  a la vez antiguo y nuevo: nuevo, porque lo conocemos hace poco; antiguo, porque siguió inmediatamente los pasos de las festividades más antiguas, y a pesar de su novedad, ha, por así decirlo, igualado su antigüedad. Así como las plantas de excelente calidad, en cuanto echan raíces, crecen rápidamente y dan fruto, también este día, conocido desde hace mucho tiempo entre los pueblos de Occidente, nos fue traído tan pronto como floreció y produjo frutos con la abundancia que vemos. Nuestros templos se han llenado y se han quedado pequeños para la gran cantidad de fieles que acuden a celebrar esta festividad. Por lo tanto, esperad la recompensa de tal celo de Jesús, quien nació  hoy según la carne, y quien recompensará vuestro fervor como merecéis. Pues el anhelo que mostráis por el día de su nacimiento es  la mayor muestra de vuestro amor que podéis darle. [] Si nosotros, vuestros hermanos, hemos de contribuir a ello de nuestra parte, lo haremos con todas nuestras fuerzas, o mejor dicho, os diremos lo que la gracia de Dios nos inspira a hacer por vuestro bien. ¿Qué deseáis escuchar hoy, y de qué os hablaremos, sino de la fiesta misma? Sé que las opiniones aún están divididas al respecto: algunos la atacan, otros la defienden; estos últimos la reprochan por ser nueva y reciente, por haber sido introducida en nuestro tiempo; y aquellos, por el contrario, afirman que es muy antigua, ya que los profetas predijeron el nacimiento del Salvador muy antiguamente, y que el día señalado para este divino nacimiento era famoso y difundido entre todos los pueblos, desde Tracia hasta el estrecho de Cádiz. [] Ahora bien, si deseamos conocer este censo con precisión, podemos consultar los antiguos registros conservados en los archivos de Roma. "¿Qué nos importa esto a nosotros, que no estamos en Roma?", preguntaréis. Escuchad, os ruego, y no os neguéis a creerme, ya que hemos recibido la fiesta de quienes están plenamente informados sobre el asunto del que hablo y viven en la ciudad de Roma. Sí, son los propios habitantes quienes, tras haber celebrado la fiesta durante mucho tiempo y según una larga tradición, nos han transmitido este conocimiento; pues el evangelista no se limita a indicar la fecha en general, sino que habla de tal manera que nos aclara el día del nacimiento del Salvador y nos revela la sabiduría de Dios en la ejecución de sus planes» [Homilía sobre el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, 1-2. En Migne, Patrología Græca 49, cols. 351-353. Traducción propia].
Cuando San Juan Crisóstomo menciona los archivos de Roma, se refiere a los registros que Tito hizo trasladar de Jerusalén tras conquistar la ciudad. Archivos que el Papa San Julio I (reinó entre el 337 y el 352) consultó a fin de responderle al patriarca San Cirilo de Jerusalén, quien le escribiera para tener claridad sobre la fecha exacta de la Natividad, como recoge historiador Juan, arzobispo de Nicea, en su carta a Zacarías, catholicós de Armenia (citado por Margarino de La Bigne, Máxima bibliothéca véterum Patrum, tomo XII, pág. 818, Annecy 1677. En Migne, Patrología græca 96, col. 1442).
   
Y el Cronógrafo del 354, compilado por el calígrafo y tallador de piedras Furio Dionisio Filócalo, recoge para el 25 de Diciembre (que fue la primera entrada en la Deposítio Mártyrum, la lista de los mártires sepultados en Roma compilada en el 336) lo siguiente: «VIII Kaléndas Januárii: natus Christus in Bétlehem Judeæ (8 de las Calendas de Enero: Cristo nació en Belén de Judea)»; y en sus Fasti consulári (Lista de cónsules, al reseñar el consulado de Cayo César y Lucio Emilio Paulo, hace la siguiente nota:
«Anno C[ajus] Cæsar L[ucius] Paulus: Hoc consulátus Dóminus Jesus Christus natus est VIII kaléndas Januárii, die Véneris, luna xv» [Año de Cayo César y Lucio Paulo: En este consulado nació Jesucristo el Señor a 8 de las calendas de Enero, el día viernes, 15. de la luna].
Cayo César y Lucio Emilio Paulo fueron los cónsules del año 1 después de Cristo, y le dieron sus nombres a ese año. Es oportuno indicar que desde el año 153 antes de Cristo, los años consulares comenzaban el 1 de Enero, por lo que 8 de las calendas de Enero del año de César y Paulo significa 25 de Diciembre del año 1 a.C.
    
San Agustín, en el libro cuarto, cap. V de su obra Sobre la Trinidad, escribe, explicando sobre el Templo de Jerusalén como símbolo de Nuestro Señor:
«Dijeron los hebreos: Cuarenta y seis años se tardó en edificar este templo (Jn. 2, 20). Cuarenta y seis multiplicado por seis da doscientos setenta y seis; es decir, nueve meses y seis días, tiempo que se computa como si fueran diez meses en el parto de las mujeres, no porque todas lleguen en su preñez al sexto día después de los nueve meses, sino porque la perfección del Señor exigía que se emplearan íntegros los días prescritos, como nos lo enseña la Iglesia por la autoridad de sus mayores. Se cree fue concebido el 25 de marzo. El sepulcro nuevo donde nadie había sido sepultado es como el seno virginal de María, donde, ni antes ni después, ningún mortal había de nacer por seminación de varón. Se cree también que Cristo nació el 25 de diciembre. Luego desde su concepción hasta su nacimiento tenemos doscientos setenta y seis días, número igual a seis repetido cuarenta y seis veces».
Y en el comentario al salmo 132, 11, dice:
«La mayordomía de Dios crecía de día en día en nuestro Señor Jesucristo, lo que se da también a conocer por los días de su nacimiento, pues Juan nació, según la tradición de la Iglesia, el 24 de junio, cuando los días comienzan a menguar, y el Señor nació el 25 de diciembre, cuando los días comienzan ya a crecer».
San Lucas escribe que San Zacarías (a quien le fue anunciado el nacimiento de San Juan Bautista) estaba ejerciendo la función sacerdotal en el templo de Jerusalén; y la Anunciación a la Santísima Virgen fue seis meses después. Ahora bien, San Zacarías era de la clase (otras versiones traducen turno) de Abía, la octava de las 24 clases sacerdotales establecidas para servir en el Templo y mencionadas en Nehemías 12, 17. El padre Joseph Heinrich Friedlieb en su obra establece que a la clase de Abía le tocaba ministrar en la segunda semana del mes de Tishri (del 22 al 29 de Septiembre en el calendario gregoriano), la semana en que caía el día de la Expiación; de resto, matemáticas: San Juan Bautista nació el 24 de Junio, así que su anunciación fue el 23 de Septiembre; ergo, la Encarnación del Señor fue el 25 de Marzo, y su Nacimiento fue el 25 de Diciembre. Ni un día más, ni uno menos, como indica el antiguo tratado De solstítiia et æquinóctia Conceptiónis et Nativitátis Dómini nostri Jesu Christi et Johánnis Baptista (De los solsticios y equinoccios de la concepción y natividad de Nuestro Señor Jesucristo y San Juan Bautista)
  
Adviértase además que, según los Rollos del Mar Muerto, es en el mes de Tishri, cuando comienza el año civil judío y cuando se rotan los turnos sacerdotales para servir en el Templo (que fue dedicado en ese mismo mes por el Rey Salomón), no en el mes de Nisán cuando comienza el año litúrgico; y que al ser tan inestable el año judío (alrededor de 51 ½ semanas = 353-355 días; el año intercalar –introducido cada 3 años– consta de 54 semanas y ¾ = 383-385 días), un turno podía servir dos veces al año. Un dato curioso: las dos destrucciones del Templo coincidieron con el turno de Joarib –al que pertenecían Matatías y sus hijos los Macabeos–, que ministraba del 8 al 14 de Ab, recitando el salmo 93, 23: «Y por su malicia los hará perecer. Los destruirá el Señor Dios nuestro»).

Algo adicional es que la fecha fue transmitida como en día domingo, a lo cual alude el padre Cornelio Alápide comentando sobre San Lucas:
«Cristo nació en domingo, porque este fue el primer día del mundo. … Cristo nació en la noche del domingo, según el orden de sus maravillas, de modo que el día en que dijo “hágase la luz” y la luz se hizo, fue el mismo día en que, de noche, la luz brilló en las tinieblas para los rectos de corazón, es decir, el sol de justicia, Cristo el Señor» [Commentária in Scriptúram Sanctam, vol. XVI, pág. 57, París, ed. Luis Vives 1877].

Objetarán los testejehovistas que Jesús no pudo nacer en medio del invierno porque dice que los pastores apacentaban en descampado (en este punto cabe notar que la costumbre judía era que las ovejas negras no entraban en el redil, por ser impuras). Es un error garrafal considerar que el clima en el Cercano Oriente es igual al de Europa y otras regiones nórdicas. Judea tiene clima desértico, donde la mayor temperatura promedio es de 57.2 °F / 14 °C y la menor es de 47.1 °F / 8,38 °C, además que en la Escritura se lee que Abrahán, Isaac y Jacob (sin mencionar la mayoría de los israelitas) vivían en tiendas de campaña todo el año (Hebr. 11:9; cf. Gén. 12:8; 13:3, 18; 18:1, 9; Jud. 4:18; Jer. 35:7, 10), y apacentaban sus rebaños al raso (en Génesis 31, 40 leemos que Jacob una vez se le quejó a Labán diciendo que apacentaba sus ovejas aguantando el frío de la noche). Y si no fuera así, ¿por ventura Dios es impotente como para no suspender las leyes de la naturaleza cuando Lo tiene a bien? ¿En qué clase de dios creen entonces?
  
Queda una pregunta: ¿dónde nació el reclamo de que la celebración de la Navidad fue puesta DELIBERADAMENTE en tiempo de festividades paganas? (reclamo iniciado -fingid ironía- del jesuita francés  propagado por el ministro presbiteriano escocés Alexander Hislop en su libro “Las dos Babilonias” —y refutado por el historiador Lester Grabbe y el mismo ministro protestante Ralph Woodrow que otrora lo sostenía—). Sorprenderos: ¡De una nota marginal en un manuscrito del comentarista siríaco Dionisio bar Salibi (un obispo siríaco del siglo XII), que afirma que la celebración de la Navidad fue trasladada desde el 6 de Enero al 25 de Diciembre! El resto, lo hicieron los protestantes en los siglos XVI y XVII, los Ilustrados del siglo XVIII y los liberales (protestantes) del siglo XIX y comienzos del XX, cuando incursionaron en el estudio comparado de las religiones y afirmaron que debido a que los primeros cristianos no sabían cuándo nació Jesús, simplemente asimilaron el festival pagano del solsticio para sus propios propósitos, reclamándolo como el momento del nacimiento del Mesías y celebrándolo en consecuencia. Argumento que se cae por su propio peso, como quiera que para el siglo III y IV, los cristianos tenían mayores preocupaciones que fijar una fecha litúrgica: las persecuciones, las nacientes herejías y los concilios regionales (entre el apostólico Concilio de Jerusalén del año 51 y el Concilio de Nicea del 325, hubo concilios en Hierápolis, Roma, Éfeso, Cartago, Iconio, Bosra de Siria, Elvira de España, Neocesárea, Ancira y Arlés) ya eran bastante tema que lidiar. 
   
Admitamos por un momento la teoría de que los primeros cristianos escogieron poner la Navidad el 25 de Diciembre, después de concluida la Saturnalia (que se celebraba del 17 al 23 de Diciembre; y de creer a Luciano de Samosata, entronca más con el Carnaval o el Purim dadas las fiestas e inversión de papeles —la Saturnalia, además de marcar el fin del calendario agrícola, buscaba reanimar a los romanos tras la derrota a manos de Aníbal en la batalla del Lago Trasimeno en el 217 antes de Cristo—) o que cayese en el Sol Invicto (que era un culto más del montón entre los romanos, y dicho sea de paso, SU FIESTA NO FUE INSTITUIDA POR AURELIANO CÉSAR EN EL 274, SINO POR JULIÁN APÓSTATA EN EL 365). Podían ponerla junto a cualquier festividad de las distintas religiones paganas del Imperio Romano, y pusiéranla donde la pusieran, ¿no surgiría la misma oposición? («Palo porque sí y palo porque no», como se dice popularmente).
  
En conclusión, la celebración de la Navidad era conocida y transmitida por la Iglesia desde sus primeros tiempos, y los ataques que le hacen los protestantes nacen solamente de su animadversión hacia la Iglesia Católica y no tienen ningún asidero histórico ni lógico.
  
D. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
24 de Diciembre de 2025 (Año Santo de Cristo Rey).
Vigilia de la Natividad de Nuestro Señor.

lunes, 21 de abril de 2025

LA MODERACIÓN CATÓLICA, FRENTE AL TOTALITARISMO MORAL (Casos sobre las drogas y el alcohol).



Reflexiones de Michał Mikłaszewski, editor en jefe de TENETE TRADITIONES.
 
1.º ¿UN CATÓLICO DEBE OPONERSE AL CONSUMO DE MARIHUANA?

Hoy 20 de abril es el “Día Mundial de la Marihuana”. En esta ocasión, me gustaría plantear este tema tan controvertido (especialmente aquí en Polonia) y responder a las dos preguntas del título de la manera más sustantiva y sin emociones posible. El tema es controvertido, especialmente porque evoca reacciones extremas también en el ambiente polaco, ampliamente entendido como “conservador”. Por un lado, tenemos a los liberales del partido Korwin, que apoyan directamente la legalización total, se adhieren al principio de que “no hay daño para quien lo quiera” y “si no hay víctima, no hay delito”. El principio rector del liberalismo es que “mi libertad termina donde comienza la libertad de otra persona”. Por otro lado, tenemos a los partidarios del asesinato bajo la apariencia de nacionalismo o tradicionalismo, totalitarismo o algo así como la yihad islámica, pero “católica”. Les gustaría prohibir legalmente absolutamente todo lo que sea o parezca ser malo, pecaminoso o inmoral. Los partidarios de ambas opciones son bastante numerosos, y ambos se consideran católicos y están seguros de que lo que predican está de acuerdo con la enseñanza tradicional de la Iglesia. Sin embargo, se trata de extremos que, en ambos casos, son igualmente peligrosos y nocivos.
  
En cuanto a la primera pregunta, se puede responder utilizando los relatos de conciencia tradicionales que se encuentran en todos los libros de oración católicos tradicionales publicados antes de 1958, o su reimpresión fiel. Bueno, en estos viejos relatos católicos de conciencia, está claramente escrito que el abuso de tabaco, alcohol u otras drogas es un pecado. Abuso, es decir, uso en cantidades excesivas, nocivas para la salud, borracheras, etc. Sin embargo, no es pecado encender ocasionalmente un cigarro o una pipa (o incluso un cigarrillo normal), o beber (en cantidades razonables) cualquier tipo de alcohol, incluido el alcohol de alta graduación. Todos estos son estimulantes que se pueden usar, en una cantidad segura (cuánto es seguro depende, por supuesto, de muchos factores, y una persona tiene la razón para poder decirlo o no puede parar, entonces estamos más bien ante una adicción...). Debemos saber que cualquier exceso de droga es nocivo para la salud, y cada una, en mayor o menor medida, es adictiva. Además del alcohol y el tabaco mencionados con mayor frecuencia, también son sustancias comunes el café (en general, cafeína), el té (teína), el azúcar (sacarosa), etc. Todo esto es dañino y conduce a diversas enfermedades (hipertensión, infartos, diabetes, etc.). Pero, ¿todos estos estimulantes son malos y deberían prohibirse? Por supuesto no. El hombre tiene la mente y el libre albedrío para usarlo todo “sabiamente” y no dañarse a sí mismo. Esto se debe a que un alcohólico que bebe una botella de vodka al día y un fumador que fuma una cajetilla de cigarros se perjudica de la misma manera, como lo hace un adicto a la cafeína que bebe 10 cafés al día, a pesar de que tiene presión arterial alta y está en riesgo de sufrir un ataque al corazón. Alguien que lo hace consciente y voluntariamente, por supuesto, peca gravemente, pero cuando es una adicción grave, entonces la conciencia y el voluntarismo están parcialmente limitados, pero la adicción también debe combatirse, y no hacer nada también es un pecado (consentimiento para la maldad). Es lo mismo con la marihuana también. Ya son muchos los argumentos que demuestran que la marihuana no es tan dañina como se nos ha dicho durante años. Es algo natural, más que el alcohol (especialmente el alcohol procesado artificialmente [químicamente] de alto grado). pero también hay que combatir la adicción, y no hacer nada también es pecado (permitir el mal). Es lo mismo con la marihuana también. Ya son muchos los argumentos que demuestran que la marihuana no es tan dañina como se nos ha dicho durante años. Es algo natural, más que el alcohol (especialmente el alcohol procesado artificialmente [químicamente] de alto grado). pero también hay que combatir la adicción, y no hacer nada también es pecado (permitir el mal). Es lo mismo con la marihuana también. Ya son muchos los argumentos que demuestran que la marihuana no es tan dañina como se nos ha dicho durante años. Es algo natural, más que el alcohol (especialmente el alcohol procesado artificialmente [químicamente] de alto grado).
   
Dado que la Iglesia no reconoce beber un vaso de vodka como un pecado grave, lo mismo es cierto [por analogía] en el caso de la inflamación de una "articulación", no se trata de un pecado mortal, sobre todo porque es algo menos dañino, menos adictivo y, sobre todo, menos mortal. Hay que tener en cuenta que el vodka puede tener una sobredosis, mientras que la marihuana es prácticamente imposible. Probablemente nadie haya muerto nunca por consumir marihuana (por una sobredosis), y muchas personas mueren por beber demasiado alcohol fuerte cada año. A esto habría que sumar todas las muertes provocadas por el consumo de alcohol y los delitos cometidos “bajo la influencia”. Se trata tanto de asesinatos, palizas con consecuencias fatales, como de accidentes fatales provocados por conductores ebrios. Sin embargo, el vodka en Polonia es legal y está presente en todas partes, aunque la policía atrapa a los conductores ebrios todos los días. Pero, ¿cuántos atrapan el alto? Si alguien piensa que la legalización de la marihuana provocaría un aumento significativo de este tipo de delitos, se equivoca, ya que suele ser todo lo contrario. La naturaleza humana (contaminada con el pecado original) hace que “el fruto prohibido sepa mejor”. Si se despenalizara la marihuana, su consumo no aumentaría significativamente. Uno no debe creer en los mitos de que si algo está prohibido no existe. Solo hay eso en el mercado negro, de menor calidad (mucho más dañino, porque se mezcla con varias porquerías artificiales), descontrolado y vendido, entre otros, por menores de edad.
  
Así que la respuesta a la primera pregunta es no. No es pecado mortal, por supuesto, si alguien lo hace ocasionalmente, y puede ser moderado. No es solo mi opinión, sino que también los clérigos de “tradición” a quienes pregunté sobre este tema hablaron en una vena similar. Y tampoco es pecado ahora que la marihuana está prohibida por ley. Quebrantar la ley civil no puede entenderse automáticamente en la categoría de pecado, al contrario, sería absurdo que tuviéramos que confesar al cruzar la calle en un semáforo en rojo, o sobrepasar el límite de velocidad en varios kilómetros, o conducir un automóvil después de beber una cerveza pequeña. A la luz de las disposiciones de la ley civil, estos son, por supuesto, ofensas e incluso crímenes, pero a la luz de la ley de Dios y eclesiástica, no es algo malo (siempre y cuando no te pongas a ti mismo o a otros en riesgo al hacerlo). Porque si cruzamos una calle muy transitada, en hora punta, cuando los coches circulan a gran velocidad por ambos lados, o cuando superamos significativamente la velocidad (por ejemplo, a la mitad o en más de 50 km/h) en zonas urbanizadas, durante la día cuando pasea gente, o cuando nos ponemos al volante bajo la influencia del alcohol (es decir, después de beber una cantidad significativa, “borrachos”), entonces representamos una seria amenaza para nosotros mismos o para los demás, y entonces es un pecado. Es un pecado no solo “romper las normas”, sino también provocar una amenaza real para la vida o la salud humana. Hay, por supuesto, gente meticulosa que cree que lo más importante es la “obediencia a la autoridad civil” (sea lo que sea) y que pueda confesar la más mínima bagatela, como que se les cayó una barra de una máquina expendedora, que no pagaron y se la comieron, o que la mujer de la tienda les dio mal el cambio, y se quedaron estos pocos zlotys. Yo mismo he conocido personalmente tales casos entre los “católicos tradicionales” asociados con la FSSPX. Tal escrupulosidad, sin embargo, es una grave enfermedad espiritual que mata lo sobrenatural porque lleva a un sentimiento constante de vivir en pecado y mata la acción de la gracia de Dios. De hecho, el mismo Martín Lutero fue tan escrupuloso, que pensó que estaba pecando todo el tiempo, y fue capaz de confesarse varias veces en un día...
      
Personalmente, recuerdo bien cómo cierto sacerdote de la FSSPX (a quien realmente quiero y respeto mucho, fue uno de los pocos sacerdotes realmente normales que conocí en la FSSPX, así que no lo mencionaré por su nombre, para no darle posibles problemas), cuando en la Pascua de 2012 en Chorzów, después de la liturgia pascual (que comenzó a las 22:00 y terminó después de la medianoche de Pascua), nos invitó (a los monaguillos y algunos fieles laicos) a tomar una cerveza. Tenía 17 años en ese momento, así que teóricamente, de acuerdo con la ley secular, no debería consumir alcohol y un adulto no debería ofrecérmela. Sin embargo, el padre X dijo que ya tengo mi confirmación, entonces para la Iglesia soy como un adulto, y la ley de la Iglesia no depende de los laicos, entonces puedo tomar una cerveza y no es un pecado...

En cuanto a la segunda pregunta, la respuesta ya está en gran parte arriba. ¿Puede el estado prohibir algo que no es malo en sí mismo y que, en el mejor de los casos, puede ser malo si se usa incorrectamente? Por supuesto no. Por lo tanto, la respuesta a la segunda pregunta es sí. Un católico puede estar a favor de legalizar, o al menos despenalizar, la marihuana. Si alguien dice lo contrario, entonces debería apoyar consecuentemente la prohibición de todos los estimulantes, especialmente el tabaco y el alcohol fuerte (alto porcentaje), que, según la ciencia, son mucho más dañinos para la salud y adictivos. Sin embargo, nadie lo sugiere seriamente, al menos no directamente. Porque es bien sabido que cualquier prohibición suele ser contraproducente. Entonces florece la zona gris y el estado pierde todo el control. Partidarios del estado autoritario, el estado del bienestar, etc. incluso deberían apoyar la legalización de la marihuana, porque entonces el estado tendrá control total sobre esta actividad, podrá imponer impuestos especiales, impuestos y otras restricciones, controlar el mercado, asegurarse de que el producto sea limpio, sin aditivos artificiales, y no caiga en manos equivocadas (niños y jóvenes, etc.). Por supuesto, el estado debe prevenir y tratar de manera efectiva las adicciones, el alcoholismo, la drogadicción y todas las adicciones, pero no debe prohibir las sustancias de este tipo (por supuesto, estamos hablando de las llamadas drogas “blandas”, que por supuesto también incluyen alcohol, cafeína, etc. - eso es todo lo que hay drogas). Por otro lado, la prevención no consiste en prohibir todo, porque entonces los efectos son todo lo contrario. Desde un punto de vista psicológico, es obvio que la prohibición y las posibles penas de prisión, etc. no son una solución, porque el mundo criminal no está haciendo nada al respecto. Esta es exactamente la misma situación que con la prohibición de las armas de fuego. Los delincuentes todavía tienen armas y cometen delitos, y la gente normal y decente no tiene acceso a las armas y no tiene forma de defenderse de los delincuentes.

Por supuesto, algunos seguirán creyendo que el estado debería prohibir cualquier cosa que consideren inmoral o incorrecta (aunque no objetivamente, per se, inmoral o incorrecta). Les gustaría la introducción de la “yihad católica”, el totalitarismo total, que controlaría todos los aspectos de la vida, incluidos los privados, incluida la moralidad, la moralidad, etc. Recientemente, alguien me preguntó, en un comentario debajo de uno de los artículos en esta página:
   
En cuanto a la práctica privada de sodomía o fornicación/libertinaje (relaciones sexuales), ¿debería el Estado preocuparse por esto? ¿Debe tolerarlo? No se trata de demostraciones públicas de sodomitas, no tienen derecho a hacerlo.
  
Entonces respondí de la siguiente manera:
Ciertamente, debe prohibirse cualquier promoción pública de la sodomía, la fornicación, el libertinaje, etc. Así, tanto las manifestaciones públicas, como cualquier material, periódicos, clubes, prensa, películas o programas de televisión, sitios web, sin mencionar las clases sobre las denominadas “tolerancia” (sexualización) o el “género” (ideología LGBT +) en las escuelas o universidades debe estar completamente prohibido y perseguido por la ley. Por otro lado, en mi opinión, el estado no debe castigar las acciones en sí, siempre que sean totalmente voluntarias y se trate de adultos, conscientes (personas sanas). Se deben castigar (y más severamente que ahora) la violación, la pedofilia, el abuso sexual, la intermediación y el beneficio de la prostitución (pero tampoco la prostitución en sí porque no ayudará), la trata de personas, delitos sexuales contra niños y adolescentes, etc. Creo que simplemente deberían incrementarse las penas para aquellos delitos que son [+ prohibición de propaganda], así como el enjuiciamiento de los delincuentes y la inevitabilidad del castigo. 
Y creo que este es el quid de la cuestión. Para los totalitarios, seguidores de la “yihad católica”, etc., el estado puede controlar al individuo, tanto en la esfera pública como en la privada. En cambio, para los liberales, el Estado no puede controlarnos en ningún ámbito, sólo en lo que se refiere a los derechos personales de otras personas, y por tanto según el principio: “la libertad de mi puño termina con la libertad de tu nariz”. Por otro lado, con base en la política tradicional y racional de la libertad (en el buen sentido de la palabra), creo que el Estado no debe inmiscuirse en la zona privada (salvo el mencionado principio de vulnerar los derechos de los demás). personas), pero tiene pleno derecho y obligación de inmiscuirse en la zona privada, pública, cuidando la moral y los principios públicos. Por tanto, contrariamente a los liberales, creo que el Estado católico tiene el derecho y el deber de en el ámbito público, prescribir comportamientos y contenidos apropiados, y prohibir otros. El Estado tiene el deber de asegurar que no haya lugar para la maldad, la falsedad y el pecado en la esfera pública. Por tanto, el Estado está obligado a prohibir la promoción del comunismo, del nazismo, pero también, y especialmente, de las falsas religiones, que son peores que los dos sistemas criminales antes mencionados, porque matan el alma. El estado está obligado a prohibir la promoción pública, de cualquier forma, de cualquier desviación, sodomía, maldad y pecado, y a castigar efectivamente cualquier intento, por ejemplo, de promover la homosexualidad, LGBT+, etc. El Estado está obligado a proclamar la Santa Fe Católica como religión estatal y gobernante, ya otorgar únicamente a esta religión el privilegio de proclamación y práctica libre y pública. El Estado está obligado a perseguir por delitos contra esta religión, es decir, por blasfemia pública, profanación, profanación de templos y altares y del clero (y no cualquier ofensa contra los "sentimientos religiosos" subjetivos). Después de todo, el estado tiene el deber de prohibir cosas objetiva y moralmente malas, como el divorcio, el aborto, la FIV, etc., porque no solo conciernen a los individuos, sino también a las células sociales como las familias, golpean a las personas más inocentes, como niños. Por otro lado, el estado no debe ni tiene motivos para entrar “con zapatos” en la vida privada de las personas y educarlas, es decir, imponer sanciones, p. ej. por traición, o por otros actos, incluso muy malos e inmorales, entre dos personas adultas, si son conscientes y voluntarios (porque ¿cómo, según los totalitarios, se haría? ¿Instalando cámaras en los dormitorios de los ciudadanos, o apoyando la denuncia vecinal?). No se puede obligar a nadie a ser moral. La religión católica se diferencia del islam y de otras falsas creencias en que tiene en cuenta el libre albedrío y la dignidad del ser humano, y por tanto su derecho a la autodeterminación. Si alguien quiere salvarse, con la ayuda de Dios podrá hacerlo. El estado, por supuesto, debe ayudar en esto, no puede interferir, pero no puede obligar a nadie ni a la fe ni a la moral católica. Si alguien no quiere, Dios a la fuerza, en contra de su voluntad, no lo salvará, y el Estado no puede hacerlo. Por tanto, no creo que las penas por prostitución, por infidelidad o incluso por actos homosexuales sean razonables. Por supuesto, existen sanciones legítimas y necesarias para cualquier propagación pública de estas abominaciones, pero no para los actos en sí. Igualmente “justificado” sería castigar a la gente por comer carne el viernes, o tener una fiesta privada en Cuaresma. Por supuesto, el estado no puede permitir eventos públicos en tiempos prohibidos, pero no debe interferir con la esfera privada ya que estos asuntos deben permanecer separados.
  
Así que no le tengamos miedo a la marihuana. Demostremos que somos un estado de personas libres. Personalmente, no fumo hierba, estas no son mis vibraciones. Pero creo que toda persona razonable en el tema de los estimulantes nos recuerda el postulado de la despenalización de la marihuana. Yo, en cambio, agrego un tema igualmente importante, y al mismo tiempo más cercano al corazón y a la tradición multigeneracional de los polacos: DEJEN VIVIR LA DESTILACIÓN LIBRE.
       
El día después de nuestro artículo sobre el cannabis, en una página de Facebook (Gráficos contra el mundo moderno) se publicó una entrada sobre el alcohol que muestra el verdadero rostro de los totalitarios “tradicionalistas” y los partidarios de la “yihad católica” sobre la que escribimos ayer. Pues claramente demostraron que tienen más en común con los protestantes sectarios y partidarios de teorías conspirativas como la “tierra plana” o la “Gran Lechia” que con los católicos tradicionales que usan la razón y el sentido común… Sus teorías pseudocientíficas y pseudorreligiosas son simplemente ridículos y no merecen ser tomados en serio. Sin embargo, dado que muchas personas, por lo que hemos observado, leen este tipo de páginas y le dan “me gusta” a dicho contenido, estamos obligados a responder a esto para corregir a estas personas. Es un tema muy serio desde el punto de vista de nuestro santo, Fe y moral católica. ¡Las mentiras pérfidas y las manipulaciones de los herejes que dicen ser “católicos tradicionales” no deben permitirse en este tema! Nuestra entrada de cannabis también se debió a algunas entradas estúpidas ayer en esta página, sin embargo, la estupidez de la entrada de hoy ha excedido cualquier estándar aceptable y, por lo tanto, debe hablar en contra para evitar engañar a las personas y promover aún más esas tonterías, en contra de la tradición católica. fe y moral.
   
Esto es lo que escribieron estos pseudotradicionalistas (ortografía original):
En nuestro post sobre el cannabis, algunos comentaristas querían señalarnos la supuesta hipocresía, como si no lucháramos también contra la borrachera y el alcohol. Solo demostró que ni siquiera querían verificar nuestra posición sobre este tema. De acuerdo con las frases del sistema cargadas, implicaban que de alguna manera estábamos blanqueando el alcohol. Para disipar todas las dudas, pero tal vez para recordarles a nuestros lectores el mensaje correcto, la publicación de hoy será sobre este veneno fatal.
   
El sistema muestra el alcohol como un “refresco relajante” de uso común. Nuestra herencia eslava está deshonrada por trucos contemporáneos que evadir es de alguna manera “polaco”. No tiene mucho que ver con lo polaco, sino con lo que han bebido polacos durante décadas. Debemos ser conscientes de cómo esta toxina es destructiva para los humanos y cuánta confusión causa en la sociedad.
   
El alcohol es altamente adictivo, tanto físico como mental. Es más adictivo que la cocaína, así como la marihuana recientemente mencionada. En cuanto a la salud, perjudica más al usuario que el tabaco. Se puede observar vívidamente, incluso al ver borrachos en las calles de las ciudades polacas, estas personas a menudo parecen mucho mayores de lo que realmente son, solo muestra cómo la “sopa de satanás” degrada el cuerpo humano. Además, verter etanol en nosotros mismos literalmente daña nuestro cerebro. Hasta el 40% de las nuevas células nerviosas mueren. La conclusión es simple: ¡mete la pata, eres estúpido!
   
Añadamos que la “sopa de satanás” es dañina para el hombre en cualquier cantidad. Cada bebida que se cae deja su huella en nuestro cuerpo, una huella destructiva. La legendaria “dosis segura” simplemente no existe. El problema es grave porque entre el grupo de personas de 15 a 49 años, el alcohol es responsable de hasta un 10% de las muertes. Añadamos que cada décima persona que empieza a beber después de los 18 años acaba siendo adicta. Además, el etanol aumenta el riesgo de varios tipos de cáncer y debilita la inmunidad de nuestro cuerpo.
   
Según la escala de drogas de David Nutt, es este veneno sobre el que escribimos, entre otras sustancias malas, el que causa el mayor daño al medio ambiente. Las libaciones alcohólicas a menudo terminan en peleas o daños humanos. Pensemos cuántas familias se separaron a causa de esta alcantarilla, cuántas personas bajaron las escaleras y cuántas finalmente murieron como resultado de un comportamiento estúpido después de la intoxicación. Las estadísticas oficiales dicen que el 2,2% de la población de Polonia es alcohólica. Esta es una escala enorme, cada 50 polacos están esclavizados. Toda esta patología es impulsada únicamente por patético consentimiento social y estatal para evadir. El alcohol se usa con demasiada frecuencia como algo positivo, y el blanqueamiento del veneno merece desprecio, y ciertamente atención.
   
Se le debe decir al alcohol que se detenga. Su lugar está en las aguas residuales, no en las mesas de los restaurantes o de los hogares polacos. Este estiércol también se utiliza para liberalizar nuestra sociedad, para alimentar la anticultura de la “vida nocturna”. Que elocuente todo esto, los lemmings queriendo ser mas “sociales” se vierten en si mismos algo que los debilita en casi todos los niveles. Para comprar las gracias del mundo moderno, uno debe ser débil y esclavizado. No queremos la debilidad y la esclavitud de nuestra nación. Queremos que sea orgullosa y fuerte, lista para la grandeza, para transmitir a las próximas generaciones los verdaderos valores eslavos que nos construyeron y gracias a los cuales resistimos a tantos cautiverios a lo largo de la historia. No te dejes engañar por el sistema, ¡baja tu vaso!
Se sigue, pues, que nuestro Señor Jesucristo en las bodas de Caná de Galilea convirtió el agua en “la sopa de satanás”, y luego durante la Última Cena, convirtió la misma “sopa de satanás” en su Preciosísima Sangre, instruyendo a los discípulos a haced lo mismo en memoria de él, que es el acto santísimo de nuestra Fe (Sacrificio de la Santa Misa). Alguien que escribió este garabato está confundido en su cabeza ... De hecho, el argumento anterior es una blasfemia repugnante, porque en primer lugar, sugiere que la Segunda Persona Divina, nuestro Señor Jesucristo, durante la boda en Caná, dio a la gente “veneno”, realizó un milagro en el que convirtió el agua en algo que es en sí mismo malo y pecaminoso, que proviene de Satanás [sic!] y conduce al mal. Como leemos en las páginas del Santo Evangelio, según el Apóstol San Juan (capítulo II, versículos 1-11):
Al tercer día se celebraron las bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. Jesús y sus discípulos también fueron convocados a la boda. Como no había salido el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. Y Jesús le dijo: Mujer, ¿qué hay de mí y de ti? Mi hora aún no ha llegado. Su madre dijo a sus sirvientes: Todo lo que él os diga, hacedlo. Y había allí seis tinajas de piedra, conforme a la purificación de los judíos, de dos o tres tinajas cada una. Jesús les dijo: Llenaréis de agua las tinajas. Y los llenaron hasta arriba. Y Jesús les dijo: Sacad ahora, e informad al príncipe de la alegría. Y lo informaron. Y cuando el principal de la boda hubo probado el agua convertida en vino, y no sabía de dónde era, sino los sirvientes que sacaban el agua, el principal de la boda llamó al novio y le dijo:Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están borrachos, el malo. Y has guardado el buen vino hasta entonces. Este principio de milagros lo hizo Jesús en Caná de Galilea, y mostró su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
La segunda blasfemia repugnante de nuestros pseudo-tradicionalistas es que según su argumento, ¡Cristo convirtió el “veneno” y la “sopa de satanás” en Su Preciosa Sangre! ¡Esto es pura herejía y blasfemia satánica! Dios en Su majestad no podría hacer tal cosa. La elección del vino para la materia del Santísimo Sacramento no fue casual. Sin embargo, según pseudo-tradicionalistas, Cristo escogió materia perversa y diabólica, algo que es malo en sí mismo. Tal pensamiento es puramente diabólico. Porque entonces, toda Misa donde se usa vino que contiene alcohol (y tal se usa en TODA Misa Católica) es realmente incorrecta, porque está consumiendo “la sopa de satanás”. Sin embargo, según herejes pseudotradicionalistas, el Señor Jesús no convirtió el agua en vino, ¡ningún vino en su Sangre! Los pseudo-tradicionalistas, utilizando argumentos heréticos y protestantes, contradicen el Magisterio eterno e infalible de la Iglesia Católica sobre el tema de la Sagrada Eucaristía: 
https://znakiczasu.pl/jezus-i-alkohol/ Era un vino sin alcohol 😉 saludos y te recomendamos leer el artículo que explica este asunto. (comentario pseudo-tradicionalista)
   
No sé qué tonterías protestantes citan, pero en la Iglesia Católica la materia del Sacramento Eucarístico es vino de uva, por supuesto que contiene alcohol. Las normas litúrgicas y canónicas establecen claramente que el vino utilizado durante la Santa Misa. DEBE contener al menos una cantidad mínima de alcohol, de lo contrario no es un asunto importante del sacramento. Entonces, si alguien trató de decir misa, al usar jugo de uva sin fermentar, la Misa es inválida, no ocurre ninguna consagración. Como católico, creo en la Iglesia más que en algunos cuentos de hadas protestantes e interpretaciones privadas de las Escrituras. Además, San Arnulfo de Metz, patrón de los cerveceros, así como muchos otros religiosos y personas de la Iglesia, durante cientos de años produjeron cerveza con la mayor cantidad de alcohol posible (sí, las cervezas antiguas contenían menos alcohol que las actuales, por tanto, en los monasterios medievales, la dosis diaria admisible era de 2 litros para un religioso hermano). El mismo champán se inventó en una abadía benedictina francesa... El tipo de galimatías que podemos ver arriba es incluso peor que el delirio de los modernistas de no beber cerveza durante la Cuaresma (¡aunque la cerveza es una bebida de Cuaresma!). Los modernistas, como sabemos, abolieron todas las disciplinas del ayuno. Solo hay dos días de ayuno en la Neo-Iglesia moderna: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Además, no hay publicación. En cambio, los modernistas inventaron “ayunos” de alcohol, de dulces, etc. Así que les recordamos que el ayuno cualitativo proviene de la carne, no del alcohol, dulces, etc. Estos tipos de estimulantes no rompen el ayuno. La cerveza es una bebida de ayuno, además, las normas de la iglesia no mencionan ningún ayuno de alcohol ni ningún día, cuando no se debe consumir alcohol. ¡Esto es Neolengua modernista corriente y un delirio para reemplazar la disciplina tradicional del ayuno! ¡Así que no nos confundamos y alteremos el orden natural de las cosas! ¡El ayuno cualitativo es de carne, no de alcohol, etc.!
   
Entonces, en la siguiente respuesta, podríamos leer:
Estimado usuario de Internet, usted mezcla la era, en años anteriores como la Edad Media, la gente bebía cerveza, sí, pero era un 2% cada uno. Y el alcohol que contenía era para desinfectar el agua, para que la gente no bebiera. Ahora los tiempos han cambiado. Para ver cómo es el uso de facto del alcohol, basta con ir a la licorería local o caminar por la noche por la calle principal de la ciudad (mediana o grande). Esto es malo, y el mal debe ser combatido.
 
Estimado internauta, el artículo no contiene ninguna “interpretación personal” como usted lo llama, sino simplemente confrontar los hechos con la realidad. Es realmente patético esconderse detrás de la fe católica, que recordamos muchas veces condenando la embriaguez (ya sea San Pablo en sus cartas, o sus grandes representantes, como el cardenal Stefan Wyszyński). Estás ahora, te guste o no, del lado de los decadentes, que usarán tales argumentos como reflujos para defender su degradación. De repente se convertirán en grandes creyentes, aunque no vivan estos principios en su vida diaria. También le recomendamos que lea la historia de la Iglesia y cómo se unió al movimiento de abstinencia. https: //www.niedziela.pl /.../ Kosciol-un-problema...

Como puede ver, el autor/los autores no notaron que claramente había escrito anteriormente sobre el hecho de que la cerveza en la Edad Media era más débil en primer lugar. En segundo lugar, no mezclo las épocas, porque hasta el día de hoy se elaboran cervezas, vinos, licores, etc. en monasterios benedictinos o cistercienses. y estos son los mejores productos de la más alta calidad. Incluso en el siglo XIX, era una práctica común beber cerveza durante la Cuaresma, que se consideraba una bebida rápida, por parte de monjes y monjas que encargaban raciones de cerveza a los magnates locales, se han conservado documentos históricos que confirman tales transacciones. De acuerdo a sectarios pseudo-católicos era algo malo, pero debemos recordar que el vino también fue bebido por los santos, incluso San Pío X y muchos otros. En tercer lugar, no promuevo, a diferencia de ellos, el delirio protestante sobre el “vino sin alcohol”. durante una boda en Caná o la Última Cena. Yo entiendo que como “existe el mal, hay que combatir el mal”, quiere decir que son católicos y no van para nada a la iglesia a la Santa Misa, porque según a ellos es malo porque allí se usa alcohol (y “no existe una dosis segura”). El sacerdote usa vino que sí se transforma en la Sangre del Señor, pero no pierde sus cualidades y las propiedades físicas del vino, por lo que aún contiene alcohol. Entonces el sacerdote come “veneno” (tal pensamiento es incluso una blasfemia, pero es una consecuencia lógica de su argumento herético). Después de la Sagrada Comunión y el cáliz se purifica, cuando el sacerdote vierte agua y vino no consagrado en él y luego lo bebe. Es una parte integral de la Misa en la que el sacerdote bebe vino ordinario. ¡Entonces también combaten el culto católico y el Sacrificio de la Misa, que es extremadamente vergonzoso y pecaminoso!
  
A continuación, el autor/los autores del texto se comprometen aún más:
Estimado usuario de Internet, estas no son cosas delirantes, sino solo hechos históricos, no creemos que los hechos tengan ninguna religión específica. Si un protestante dice que 2 + 2 es 4, ¿se considerará eso también “delirio protestante”? Además, podemos ver que usted está escribiendo bajo una tesis, la embriaguez y la influencia del alcohol fueron combatidas por, por ejemplo, el ya mencionado Primado Wyszyński, y tal vez estaba celebrando la Santa Misa, además de que lo que dice no es cierto. La Santa Misa puede celebrarse válidamente incluso sin alcohol, es una ley canónica (en los casos en que, por ejemplo, un sacerdote es alcohólico, usa vino en lugar de vino).
Pues no, estos no son hechos históricos, sino opiniones privadas de un tal señor Olgierd Danielewicz, que no sabe quien es, que educación tiene y cual es su derecho de enseñar o expresarse sobre estos temas (solo la Iglesia Católica y personas con una misión y visto bueno de la Iglesia). Por lo tanto, los católicos no deberían estar interesados ​​en lo que algún historiador autoproclamado, pastor protestante o erudito bíblico modernista diga sobre el tema. Un católico está interesado en lo que enseña la Iglesia. Y la Iglesia NUNCA ha enseñado que el Señor Jesús convertiría el agua en vino sin alcohol o usaría tal “vino” en la Última Cena. Por el contrario, durante siglos la Iglesia ha negado tales afirmaciones, utilizando durante la celebración del Santo Sacrificio de la Santa Misa vino que contenga alcohol y ordenar su uso. El Vaticano II me interesa tanto como el delirio de los protestantes. Según las normas católicas, un sacerdote alcohólico puede usar vino muy débil (aprox. 0,5 - 2%) diluido con agua y en muy poca cantidad para la Misa, y solo agua, sin vino, puede usarse para purificar el cáliz. Así que les aconsejaría que dejaran de avergonzarse y ridiculizarse. Porque por lo que escriben, durante 27 años de mi vida estuve en un grave error (como el 99,99% de los católicos) pensando que Cristo el Señor convirtió el agua en vino y el vino en Su Sangre. Entonces tendríamos que reescribir todas las traducciones polacas de las Sagradas Escrituras, todos los catecismos, libros de oraciones, textos y canciones, porque de repente resulta que Cristo usó un jugo de uva (porque esto es lo que afirma un pseudo historiador protestante) ... Entonces la iglesia se equivoco por 2000 años, al confundir el Santo Sacrificio y usar vino con alcohol (todavía no tengo una respuesta, ¿luchan constantemente contra las misas católicas?). Bueno, basta de estos absurdos.¡San Arnulfo de Metz, ruega por nosotros! ¡Protégenos de la herejía anti-alcohol protestante-modernista!
  
San Arnulfo de Metz [Saint Arnoul de Metz], en Polonia llamado arnold piwowarski
  
Ciertos hechos indiscutibles y objetivos deben ser claramente esbozados:
  
La Iglesia Católica nunca ha reconocido el uso del alcohol como un pecado, el consumo moderado de alcohol no es ni ha sido considerado como un pecado y no fue condenado en sí mismo, como es el caso en el Islam. Es pecado abusar del alcohol, las borracheras antes mencionadas y entregarse deliberadamente a un estado de embriaguez. Conducir en estado de ebriedad es un pecado, beber cantidades moderadas de alcohol sin estar intoxicado no lo es. Por otro lado, en cuanto al tabaco, San Pío X era fumador. Equiparar beber una copa de vino con la cena a comer “la sopa de satanás” (por cierto, llamar al vino de esta manera, que es un asunto sacramental, es al menos desafortunado) y la embriaguez es bastante extraño. Y así es como responden los autores de esta página (a la simple afirmación que beber cantidades moderadas no es pecado insertan textos sobre la “embriaguez”).
  
El título “la sobriedad es libertad” y la promoción de la sobriedad son correctos, porque, como he escrito varias veces aquí, beber alcohol para emborracharse, intoxicarse deliberadamente es un pecado grave. Pero sólo tal bebida es así, y no todos, siempre y por todos. Algunas personas, me refiero a personas con o propensas al alcoholismo, no pueden beber más que llevándose a sí mismas a un estado de embriaguez. Para tales personas, a la luz de la enseñanza católica, es necesaria la abstinencia total, porque para ellos beber una copa de vino es una ocasión más cercana al pecado. A su vez, para otros no lo es, entonces el abandono total del alcohol es una cuestión de elección, a la que tienen derecho, por supuesto, si así lo desean. A su vez, inventar afirmaciones irracionales sobre la bebida de uva sin alcohol en la Última Cena es totalmente contraria a la tradición católica, confirmada por multitud de documentos, no sólo más o menos generales, como los conciliares, sino también con las instrucciones del Santo Oficio sobre este tema, que puedo recordar si es necesario. La materia sacramental es solo vino de uva natural, virgen, puede ser tanto blanco como tinto. El Santo Oficio en 1890 incluso emitió una instrucción dando la posibilidad de agregar alcohol adicional al vino para fortalecerlo y facilitar su conservación: la condición era que el alcohol adicional debería provenir de la fermentación del vino. Según tengo entendido, el Santo Oficio permitió la adición de una adicional, como la llamaron, “sopa de satanás” al asunto de la Eucaristía. Así que ciñámonos a los hechos.
  
La respuesta de los sectarios, sin embargo, es la siguiente:
Estimado señor, estos son hechos históricos, como lo demuestran las fuentes a las que se refiere el autor del texto. En cuanto a la “herejía anti-alcohol” porque vemos que no alcanza, también la Iglesia siempre ha luchado contra la embriaguez, la misma Biblia enseña: “Y no os embriaguéis con vino que causa desenfreno, sino sed llenos del Espíritu”. Ef 5:18. Entonces la Iglesia definitivamente fue Nos parece que alguien más puede estar cerca de la herejía. En cuanto a las supuestas “novedad”, la Iglesia siempre ha sostenido que se trata de un asunto importante, y en cuanto a San Arnulfo, los cerveceros en la Edad Media, donde para la buena cerveza era para el agua (porque estaba contaminada) necesitaban un patrón, ahora las personas sin alcohol (porque también existe esa cerveza) probablemente también lo necesiten.
Por lo tanto, conviene repetirlo una vez más: no, no se trata de hechos históricos, sino de conjeturas y presunciones del autor que intenta (ineficazmente) encontrar pruebas para la suposición adelantada. Las fuentes no dicen nada de eso. De todos modos, la Biblia misma contradice esto. Si los israelitas en aquellos días no supieran ni usaran vino que contenga alcohol, entonces no habría tantas admoniciones y advertencias contra la embriaguez en la Biblia, porque el problema no existiría entonces. Entonces esta es una tesis fundamentalmente falsa, y es contra ella que se encuentran por la fuerza las supuestas “pruebas” y “fuentes”. Lo mismo hacen los partidarios de las teorías de la “tierra plana” o de la “Gran Lechia”, puedo encontrar cientos de “textos históricos” similares respaldados por numerosas “fuentes”, pero son simplemente tonterías y manipulaciones. Encuentre al menos un texto de un erudito bíblico católico, con la educación y aprobación de la Iglesia, que confirme esta tontería. Encuentre al menos un texto de algún historiador serio con un título académico, como un profesor académico. De lo contrario, son meras tonterías y teorías conspirativas de sectarios protestantes, y al duplicarlas, prueban que no son ni católicos ni un partido serio. Sí, la Iglesia condena la embriaguez, pero NO condena el alcohol como tal, porque tendría que condenarse a sí misma y prohibir la celebración de la Santa Misa. o cambiar la materia del Sacramento de la Eucaristía (lo que no puede hacer, porque no tiene tal autoridad). En la Iglesia Católica tenemos muchos santos de la cerveza (y no sin alcohol), también tenemos un rito de bendición del vino en el ritual romano para la fiesta de San Pedro, el Apóstol San Juan, y muchos casos de milagros y curaciones bebiendo la bebida bendita... Así que les aconsejaría que no practiquen más la herejía antialcohólica que es propia de las sectas protestantes y modernistas extremas, pero no de los católicos. Sus juegos y manipulaciones (decirme que promueve la borrachera, etc.) son de un nivel realmente pobre, y nadie que tenga sentido común caerá en la trampa. Desafortunadamente, este tipo de sectario tiene su audiencia que, en tiempos normales, estaría fuera de la esfera de la cultura y civilización católica, en el mejor de los casos en varios grupos sectarios, protestantes, islámicos o neopaganos. Hoy, sin embargo, todos son libres de proclamar sus perversiones enfermizas, apoyándolas con “argumentos” completamente irracionales.
  
¡Así que estemos en guardia y cuidémonos de este tipo de engañadores que simplemente ridiculizan la causa católica y los postulados antimodernistas que de facto fluyen con la marea de este mundo y de la herejía!

La doctrina católica enseña que en el Sacramento del matrimonio, la forma es el consentimiento para la unión matrimonial expresado por los contrayentes, cuyas personas de ellos son la materia; siendo el sacerdote el testigo calificado. Ahora, frente al caso que no se pueda concurrir a él porque esté muy lejos o haya estado de persecución, el matrimonio es válido cuando se realice ante dos testigos, según declara el canon 1098 pío-benedictino: 
·'Si no se puede tener o no se puede acudir sin incomodidad grave a ningún párroco u Ordinario o sacerdote delegado que asistan al matrimonio a tenor de los cánones 1095 y 1096: 
1) En peligro de muerte es válido y lícito el matrimonio celebrado ante testigos solamente; y también lo es fuera del peligro de muerte, si prudentemente se prevé que aquel estado de cosas habrá de durar por un mes;
2) En ambos casos, si hay otro sacerdote que pueda asistir, debe llamársele y él debe, juntamente con los testigos, asistir al matrimonio, sin perjuicio de la validez de éste, si se celebra solamente ante los testigos"

Adicionalmente, el Manual de Misioneros para la restauración de la fe en Francia, 1823, dice que 1. Los contrayentes no deben estar incursos en impedimento dirimente. 2. Celebrado el matrimonio, y si la ley del país lo exige para que adquiera efectos civiles, declararlo posteriormente ante las autoridades competentes, para el respectivo registro. 3. Los contrayentes deben expresar el consentimiento siguiendo la intención de la Iglesia. 4. Al ser válido, no pueden contraerse nuevas nupcias con