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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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jueves, 4 de mayo de 2023

EL EJEMPLO DE SANTA MÓNICA


«La vida de Santa Mónica puede servir de lección y ejemplo para cada uno. Como virgen, era modesta y retirada, devota a la oración, amable con los pobres, no tomó gusto en los lujos o trajes elegantes, no se casó sin el conocimiento y permiso de los padres sino en obediencia a ellos más que porque fuese su propio deseo. Estos son todos los punyos que merecen ser especialmente considerados e imitados por todas las personas solteras. Como esposa, ella mostró una reserva y paciencia casi asombrosa. Sufría en silencio todo el mal que le hacían, pero emprendió reformar a su esposo con amables persuasiones y oraciones. Sin embargo, ella mostró la mayor solicitud para darle a sus hijos una educación cristiana. Los casados pueden aprender de esto cómo deberían conducirse a sí mismos, especialmente si uno tiene algo que sufrir del otro. Como viuda, ella pasó su tiempo en el ejercicio de aquellas obras que mencioné antes. Amó la soledad, huyó incluso de los placeres lícitos, y evitó la más leve sombra de vanidad en su atuendo y conducta. ¡Ah!, si todas las viudas considerasen bien este ejemplo, y conformasen sus vidas a él. Porque vivir, después de la muerte del esposo, la misma vida de vanidad y disipación, solo vestir tan lujosa como soberbiamente, encontrar el mismo deleite en los placeres del mundo y buscarlos tan frecuentemente como en el pasado, ser justo tan indolente al ejercicio de las obras de caridad, pasar incluso más tiempo en chismes que en oraciones o escuchando la palabra de Dios, llevar una vida regulada solo por un amor del confort y la sensualidad, quizá, incluso para buscar peligros mayores, no es vivir como una viuda que desea ferviente ganar su eterna salvación. Dice San Pablo: “Si alguna viuda tiene hijos o nietos; que aprenda primero a gobernar su casa, y dar el debido retorno a sus padres: porque esto es aceptable ante Dios. Pero la que es realmente viuda y desolada, ponga su confuanza en Dios, y persevere día y noche en súplicas y oraciones. Porque la que vive entre placeres, está muerta en vida” (1.ª Timoteo V).

Santa Mónica tuvo un esposo vicioso y un hijo descarriado. Ella, sin embargo, los convirtió a ambos. Pero, ¿cómo y con qué medios? No por riña o disputa, no por abusos y lesiones, no por jurar y maldecir; sino por la paciencia, por tiernas exhortaciones y oraciones constantes. ¡Oh!, si todas las mujeres, si todos los padres usaran tales medios cuando tienen malos esposos o hijos descarriados. Ellos no van a cambiar con maldiciones o abusos. Si un esposo es colérico, o ebrio, o incapaz de otra forma para escuchar razones, la esposa debe ser silente y ceder, pero esperar un tiempo adecuado para mostrarle sus faltas y exhortarlo a mejorar su conducta. Las contradicciones o maldiciones solo añadirán más leña al fuego, y acrecentarán el mal. En cuanto a los padres concierne, ellos deben saber que nunca tendrán permitido maldecir a sus hijos o desearles el mal, o que los hijos sean siempre impíos y malos. Los padres pecan al maldecir, y con frecuencia muy gravemente. 

Ellos causan muchos pecados que sus hijos, con el paso del tiempo, cometerán maldiciendo de la misma manera: porque uno ve cada día que los hijos aprenden de sus padres a maldecir, y se vuelven tan acostumbrados a ello como sus padres lo son. ¿Y quién es responsable ante Dios por las maldiciones de los hijos sino los padres, que les han puesto el ejemplo? Yo soy consciente de las muchas excusas que los padres dan, y las contestaré en otro momento. Hoy, solamente digo esto: Nunca está permitido maldecir. Dios lo prohíbe. Cuantas veces los padres maldicen a sus hijos, otro tanto actúan en contradicción a la ley de Dios: ellos pecan, y causan que sus hijos pequen. Maldecir no es un medio apropiado, ni permitido, para educar a los hijos o hacerlos mejores. Santa Mónica usó medios muy diferentes, y obtuvo lo que ella deseó. ¿Dónde alguna vez ha habido un padre o una madre que maldiciendo hiciera a su hijo piadoso? Pero aun si fuera posible criar bien a un hijo y hacerlo piadoso maldiciendo, todavía sería pecaminoso hacerlo con esta intención. Dios lo ha prohibido, y esto debe ser suficiente. “Criadlos en la disciplina y corrección del Señor”, escribe San Pablo (Efesios VI). La corrección del Señor no permite maldecir; por el contrario, la prohíbe».

P. FRANCISCO JAVIER WENINGER SJVidas de los Santos, con una instrucción práctica sobre la vida de cada Santo, para cada día del año, tomo I. Nueva York, P. O’Shea Publisher, 1877.

sábado, 4 de mayo de 2019

MISA EN HONOR A SANTA MÓNICA, MADRE DE SAN AGUSTÍN

Del Misal Romano de San Pío V.
 
Die 4 Maji
Sancta Monicæ Viduæ
Duplex
 
Introitus. Ps. 118, 75 et 120. Cognóvi, Dómine, quia ǽquitas judicia tua, et in veritate tua humiliásti me: confíge timóre tuo carnes meas, a mandátis tuis tímui, allelúja, allelúja. Ps. ibid., 1. Beáti immaculáti in via: qui ámbulant in lege Dómini. ℣. Glória Patri.
  
Et dicitur Glória in excélsis.
 
ORATIO
Deus, mœréntium consolátor et in te sperántium salus, qui beátæ Mónicæ pias lácrimas in conversióne fílii sui Augustíni misericórditer suscepísti: da nobis utriúsque intervéntu; peccáta nostra deploráre, et grátiæ tuæ indulgéntiam inveníre. Per Dóminum nostrum.
 
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Timótheum
1. Tim. 5, 3-10.
 
Caríssime: Víduas honóra, quæ vere víduæ sunt. Si qua autem vídua fílios aut nepótes habet, discat primum domum suam régere, et mútuam vicem réddere paréntibus: hoc enim accéptum est coram Deo. Quæ autem vere vídua est et desoláta, speret in Deum, et instet obsecratiónibus et oratiónibus nocte ac die. Nam quæ in delíciis est, vivens mórtua est. Et hoc prǽcipe, ut irreprehensíbiles sint. Si quis autem suórum, et máxime domesticórum curam non habet, fidem negávit, et est infidéli detérior. Vídua eligátur non minus sexagínta annórum, quæ fúerit unius viri uxor, in opéribus bonis testimónium habens, si fílios educávit, si hospítio recépit, si sanctórum pedes lavit, si tribulatiónem patiéntibus subministrávit, si omne opus bonum subsecúta est.

Allelúja, allelúja.
℣. Ps. 44, 5. Spécie tua et pulchritúdine tua inténde, próspere procéde et regna. Allelúja.
℣. Propter veritátem et mansuetúdinem et justítiam: et dedúcet te mirabíliter déxtera tua. Allelúja.

In Missis votivis, extra Tempus Paschale, dicitur:
Graduale. Ps. 44, 8. Diffúsa est grátia in lábiis tuis: proptérea benedíxit te Deus in ætérnum.
℣. Ps. ibid, 5. Propter veritátem et mansuetúdinem et justítiam: et dedúcet te mirabíliter déxtera tua.
  
Allelúja, allelúja. Ps. 44, 5. Spécie tua et pulchritúdine tua inténde, próspere procéde et regna. Allelúja.
  
Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur: 
Tractus. Veni, Sponsa Christi, áccipe corónam, quam tibi Dóminus præparávit in ætérnum.
℣. Ps. 44, 8 et 5. Quia respéxit humilitátem ancíllæ suæ: ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes.
℣. Spécie tua et pulchritúdine tua inténde, próspere procéde et regna.
    
✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.
Luc. 7, 11-16.
 
In illo témpore: Ibat Jesus in civitátem, quæ vocátur Naïm: et ibant cum eo discípuli ejus et turba copiósa. Cum autem appropinquáret portæ civitátis, ecce, defúnctus efferebátur fílius únicus matris suæ: et hæc vídua erat, et turba civitátis multa cum illa. Quam cum vidísset Dóminus, misericórdia motus super eam, dixit illi: Noli flere. Et accéssit et tétigit lóculum. (Hi autem, qui portábant, stetérunt.) Et ait: Adoléscens, tibi dico, surge. Et resédit, qui erat mórtuus, et cœpit loqui. Et dedit illum matri suæ. Accépit autem omnes timor: et magnificábant Deum, dicéntes: Quia Prophéta magnus surréxit in nobis: et quia Deus visitávit plebem suam.
  
Et dicitur Credo.
   
Offertorium. Ps. 44, 8. Diffúsa est grátia in lábiis tuis: proptérea benedíxit te Deus in ætérnum, et in sǽculum sǽculi, allelúja.
  
SECRETA
Accépta tibi sit. Dómine, sacrátæ plebis oblátio pro tuórum honóre Sanctórum: quorum se méritis de tribulatióne percepísse cognóscit auxílium. Per Dóminum.
     
Communio. Ps. 44, 8. Dilexísti justítiam, et odísti iniquitátem: proptérea unxit te Deus, Deus tuus, óleo lætítiæ præ consórtibus tuis, allelúja.
  
POSTCOMMUNIO
Satiásti, Dómine, famíliam tuam munéribus sacris: ejus, quǽsumus, semper interventióne nos réfove, cujus sollémnia celebrámus. Per Dóminum.

miércoles, 25 de abril de 2018

NOVENA EN HONOR A SANTA MÓNICA, MADRE DE SAN AGUSTÍN

Novena basada en las Obras de San Agustín. Puede rezarse en cualquier momento del año, pero especialmente en preparación a su fiesta litúrgica (4 de Mayo), o antes del 9 de Abril (traslación de reliquias a la Basílica de San Agustín en Campo Marzio).
  
Prenda principal de las relaciones familiares es la oración y la paz en el hogar, y de ello Santa Mónica es digno ejemplo. Habiendo tenido un esposo irascible y su hijo en las redes del error, ella perseveró en la oración y las buenas maneras, logrando obtener de Dios la conversión de ambos a la Fe Católica; y desde el Cielo ella continúa intercediendo por la conversión de los errantes y la paz en los hogares.

NOVENA EN HONOR A SANTA MÓNICA, MADRE DE SAN AGUSTÍN
    
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y de restituir y satisfacer si algo debiere: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva Santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.
  
Tú que hiciste a Santa Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 
   
DÍA PRIMERO - 25 DE ABRIL
Meditación: EDUCACIÓN CRISTIANA DE SANTA MÓNICA
«No callaré ninguno de los sentimientos que brotan en mi alma, inspirados por aquella sierva vuestra que me dio a luz en la carne para que naciese a la vida temporal, y me dio a luz en su corazón para que renaciese a la vida eterna. No diré los dones de ella, sino vuestros dones en ella. Pues no se hizo ella a sí misma, ni se había creado a sí misma. La creaste tú (Dios), y ni su padre ni su madre sabían qué sería ella. El Espíritu de vuestro Hijo único la educó en vuestro temor, en el seno de una familia fiel, miembro bueno de vuestra Iglesia.
  
No tanto mi madre alababa la diligencia de la suya por lo que hacía a su crianza, como la de una criada de casa. Por su ancianidad y por sus óptimas costumbres en la casa cristiana, era tratada con suma deferencia por sus dueños. Por ellos, con diligencia, tenía el cuidado de las hijas de los señores, y las reprendía cuando era menester con severidad vehemente y santa, y las instruía con una presencia llena de sobriedad y tacto.
  
Ella, aunque se abrasasen de sed fuera de aquellas horas en que comían con muchísima templanza en la mesa de sus padres, no consentía a las hijas de sus amos beber ni agua clara. Precavía así una costumbre funesta, y añadía al veto esta advertencia sensata: Ahora bebéis agua, porque no tenéis vino a mano; pero cuando seáis casadas, con las llaves en el cinto de despensas y bodegas, el agua os hederá, y prevalecerá el instinto de beber”.
  
Con este sistema de aconsejar y con la autoridad de mandar refrenaba la avidez de la edad tierna y ajustaba la sed de las muchachas a una morigerada templanza, para que no les agradase aquello que no les estaba bien» (San Agustín, Confesiones, Libro IX, 8).
  
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de…
 
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.

GOZOS EN HONOR A SANTA MÓNICA, MADRE DE SAN AGUSTÍN
  
Sé para el devoto fino,
Mónica, Madre amorosa:
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
   
En la región africana
De nobles padres naciste,
Y en su obediencia creciste,
Y de la Iglesia Romana:
Rosa entre espinas lozana
Fuiste con feliz destino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
En un continuo ejercicio
Tenía vuestra beldad
Una noble mocedad,
Pretendiendo vuestro auspicio:
En tu mano Patricio
Logró el premio a su amor fino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
Obediente a tu padre,
Diste el sí con gran paciencia,
Y en premio de la obediencia
Fuiste de tal hijo Madre:
Y aunque el maniqueo ladre,
Dejará su desatino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
Temiendo la perdición
De Agustín en su porfía,
Día y noche se afligía
Vuestro tierno corazón:
Lágrimas de compasión
Eran el manjar continuo.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
De tu ruego cansado,
De ti se vino a ausentar,
Que supo reverenciar
Sin saber darte enfado:
Seguiste en fin al amado
Por dilatado camino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
En busca de tu hijo,
Sin temor pasaste el mar,
Y en Milán veniste a dar,
Donde era Ambrosio norte fijo:
Que sería santo te dijo
Dios por un nuncio divino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
Tanto vuestro ruego y llanto
Pudieron, que los candores
Bebió, detestando errores
Agustín, y fue gran Santo:
Si antes fue a la Iglesia espanto,
Después celador divino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
El llanto de tus ojos
Segunda vez le alumbró,
Pues el llanto le sacó
De entre heréticos abrojos:
Ellos fueron los despojos
Del triunfo más peregrino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
De tus ansias el pago
Tuviste, al verte presente
Al Bautismo, y penitente
Al que fue en la Iglesia estrago:
En el bautismal amago
Oíste el divino trino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
En premio de tal clemencia,
En un éxtasis los dos,
Os concedió el mismo Dios
Vieseis su divina Esencia:
Premio fue de la paciencia
Que fue siempre vuestro tino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
Victoriosa en este suelo,
Con el triunfo conseguido,
Tu espíritu esclarecido
Cantó el Gloria en el cielo:
En Agustín el consuelo
Nos dejaste por padrino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
Y pues que ya sin recelo
Ves tan cara a cara a Dios,
Ruega, Mónica, por nosotros
A Dios, que nos dé consuelo:
Que a todos nos lleve al Cielo,
Ruega, Mónica, al Dios Trino.
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
Sé para el devoto fino,
Mónica, Madre amorosa:
Pues que sois tan venturosa,
Madre del grande Agustino.
  
. Ruega por nosotros, bienaventurada Madre Santa Mónica.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Oh Dios, consuelo de los afligidos y salvación de los que en ti esperan, que bondadosamente recibiste las lágrimas que Santa Mónica vertió por la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por la intercesión de ambos, la gracia de llorar nuestros pecados y gustar las verdaderas alegrías del espíritu. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO - 26 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
  
Meditación: PACIENCIA DE SANTA MÓNICA CON SU ESPOSO Y SUEGRA
«Educada en honestidad y templanza, y sujeta más por ti (Dios) a sus padres que por sus padres a ti, llegada a la plenitud de los años de la nubilidad, entregada a su marido, le sirvió como a su señor y se afanó en ganarlo para ti predicándole de ti con sus costumbres, con las que la alimentabas y hermoseabas, haciéndola reverenciable y ejemplar para su marido.
 
Y de tal manera soportó las injurias del tálamo, que nunca tuvo contienda por ello con el marido desleal. Esperaba ella que vuestra misericordia descendiese sobre él, dándole a la vez la fe y la fidelidad.
 
Era él, por una parte, extraordinariamente afectuoso y, por otra, sumamente fulminante y enojadizo. Mas ella sabía no resistir al marido encolerizado, no sólo con hechos, pero ni siquiera con palabras. Pero después que se le había pasado el enojo, viéndole ella quieto y sosegado, buscaba el momento favorable para explicarle lo que había hecho, si acaso se había irritado más de lo justo.
 
Al principio de su casamiento, su suegra, por los chismes de unas malas criadas, se mostró irritada con ella; pero luego, con su perseverante y obsequiosa afabilidad, con su paciencia y con su mansedumbre, la desarmó hasta tal punto que la suegra espontáneamente denunció a su hijo la lengua de las intrigantes que perturbaron la paz doméstica entre ella y su nuera, y exigió que las castigase… Y no osando ya ninguna acercarse a ella con chismes, vivieron suegra y nuera en buena amistad mutua y contento ejemplares» (Confesiones, Libro IX, 9).
    
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de…
 
Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones se dirán todos los días.

DÍA TERCERO - 27 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
  
Meditación: SANTA MÓNICA, SEMBRADORA DE PAZ«A esta tu buena sierva, en cuyo seno me creaste, Dios mío y misericordia mía, le habías regalado también este hermoso don: siempre que le era posible, se las ingeniaba para poner en juego sus dotes pacificadoras entre cualquier tipo de personas que estuviesen en discordia o disidencia.
  
Del cúmulo de recriminaciones ácidas que suele respirar la desavenencia tensa, cuando desahoga al exterior la crudeza de los odios con un lenguaje lleno de amargura frente a la amiga, mi madre no refería de la otra lo que no sirviera para reconciliarlas a ambas.
   
Por último, también conquistó para ti a su marido, que se hallaba en los últimos días de su vida temporal. Bautizado ya, no tuvo que llorar en él las ofensas que se vio obligada a tolerar en su persona antes del bautismo. Además, era sierva de tus siervos. Todos cuantos la conocían hallaban en ella motivos sobrados para alabarte, honrarte y amarte. Sentía tu presencia en su corazón por el testimonio de los frutos de una conducta santa.
  
Había sido mujer de un solo hombre, había rendido a sus padres los debidos respetos, había gobernado su casa piadosamente y contaba con el testimonio de las buenas obras. Había criado a sus hijos, dándolos a luz tantas veces cuantas los veía apartarse de ti» (Confesiones, Libro IX, 9).
  
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de…
 
Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones se dirán todos los días.
    
DÍA CUARTO - 28 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
  
Meditación: AMOR Y SOLICITUD DE SANTA MÓNICA POR SU HIJO SAN AGUSTÍN
«Si las almas de los difuntos se interesaran de los asuntos de este mundo y nos hablaran cuando los vemos en sueños, mi santa madre, por no hablar de otros, no me abandonaría una sola noche, ella que me siguió por tierra y por mar para vivir siempre conmigo» (Del cuidado de los difuntos, 16).
  
«Siendo niño, había oído hablar de la vida eterna que nos está prometida mediante la humildad del Señor Dios nuestro, que descendió hasta nuestra soberbia. Me señalaron con la señal de la cruz y saboreé la sal bendita apenas salí del seno de mi madre, que tuvo una gran esperanza en ti.
  
De modo que en aquella época yo era ya creyente, lo era mi madre y lo eran todos los de la casa, menos mi padre. Éste no neutralizó en mi corazón los fueros del amor maternal hasta el punto de que yo dejase de creer en Cristo, fe que mi padre no tenía aún. Ella era quien hacía las diligencias para que tú, Dios mío, fueras mi padre e hicieras sus veces. Y en este punto contribuías a que ella fuera superior a su marido a cuyo servicio estaba aun siendo mejor que él. También en esto te servía a ti, que eres quien ha estipulado esta condición de sometimiento» (Confesiones, Libro I, 11).
 
«Pero tú, Señor, ya habías inaugurado tu templo, y perfilado el esbozo de tu morada en el pecho de mi madre. Mi padre era catecúmeno desde hacía poco. Mi madre, por su parte, se estremeció de temor y de piadosa aprensión. Aunque yo no estaba bautizado aún, temió que me internara por sendas tortuosas, camino ordinario de los que te vuelven la espalda y no te dan la cara.
  
¡Ay de mí! ¿Y tengo el atrevimiento de decir que tú guardabas silencio, Dios mío, cuando era yo el que me iba alejando más y más de ti? ¿Es cierto que te hacías el callado conmigo? ¿Y de quién sino de ti eran aquellas palabras que me venían por conducto de mi madre, tu sierva fiel, y que tú cantaste a mis oídos?
  
Cierto que ninguna de ellas caló hondo en mi corazón como para ponerlas en práctica. Ella anhelaba, y recuerdo que así me lo recalcó con gran interés, que evitara la fornicación, haciendo especial hincapié en la huida del adulterio con mujeres casadas» (Confesiones, Libro II, 3).
     
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de…
 
Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones se dirán todos los días.
   
DÍA QUINTO - 29 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
  
Meditación: SANTA MÓNICA, ORANDO Y LLORANDO POR SU HIJO AUSENTE
«Llegado a esta ciudad de Milán, me alcanzó el azote de una enfermedad corporal. Mi madre no estaba enterada de mi postración, pero oraba en mi ausencia por mí. Y tú (Dios mío), que estabas continuamente presente donde ella estaba, la oías a ella. Y donde estaba yo, tenías piedad de mí para que recobrase mi salud corporal, manteniéndose todavía la enfermedad de mi impío corazón.
  
Pero tú no consentiste que muriera en tal estado, puesto que esto sería como morir dos veces. Y si el corazón de mi madre sufría un desgarrón de este tipo, ya no tendría recuperación posible. No tengo palabras para describir el gran amor que me tenía, y con cuánto mayor empeño procuraba darme a luz en el espíritu, muy por encima del empeño con que me había dado a luz según la carne.
  
Así que no acabo de ver cómo hubiese podido convalecer ante el golpe de mi muerte en tal estado. Habría sido una auténtica puñalada en sus entrañas amorosas. ¿Y dónde estarían ahora tantas y tantas oraciones como sin cesar te dirigía? Por supuesto, que muy cerca de ti y en ninguna otra parte.
 
¿Ibas a despreciar tú las lágrimas con que ella te pedía no oro ni plata, ni bienes mudables o volubles, sino la salvación del alma de su hijo? De ninguna manera, Señor, sino todo lo contrario. Tú la apoyabas y la escuchabas, secundando sus peticiones según el orden que tenías predestinado para tu actuación» (Confesiones, Libro V, 9).
     
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de…
 
Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones se dirán todos los días.
 
DÍA SEXTO - 30 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
  
Meditación: SANTA MÓNICA EN MILÁN, SIGUIENDO A SU HIJO
«Había llegado y se hallaba conmigo mi madre, siguiéndome por tierra y por mar, con su piedad llena de bríos, segura de ti en todos los peligros. Y esto, hasta tal punto que hasta en las borrascas del mar había infundido ánimo a la tripulación, cuando lo corriente es que sea ésta la que anime a los navegantes poco experimentados en medio del nerviosismo y del desconcierto. Les aseguró que llegarían sanos y salvos, porque tú se lo habías prometido en una visión.
 
A mí me encontró en una situación realmente crítica, cuando ya desesperaba de dar con la verdad. Sin embargo, cuando le comuniqué que ya no era maniqueo, aunque tampoco católico cristiano, no exteriorizó su alegría, como si la noticia no constituyera novedad alguna; como si ya estuviera segura de que iba a ocurrir así.
 
Desde hacía tiempo estaba tranquila respecto a este punto de mis desventuras, que le hacía llorarme en tu presencia (Dios mío), como a un muerto, pero como un muerto que iba a resucitar. Me presentaba a ti en las andas de tu pensamiento para que tú le dijeras al hijo de la viuda: Joven, a ti te lo digo, levántate”, y él reviviera y comenzase a hablar, y tú se lo devolvieras a su afligida madre.
  
Estaba segura de que también le ibas a conceder todo lo demás; puesto que le habías prometido todo, me respondió, con toda la tranquilidad del mundo y con el pecho inundado de confianza, que estaba segura en Cristo de que antes de salir de esta vida iba a verme católico bautizado.
 
Ésa fue la respuesta que me dio a mí. Pero por otro lado, frente a ti, fuente de misericordias, intensificó sus oraciones y sus lágrimas, para que aceleraras tu ayuda y alumbraras mis tinieblas» (Confesiones, Libro VI, 1-2)
      
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de…
 
Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO - 1 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
  
Meditación: CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN, Y GOZO DE SU MADRE SANTA MÓNICA ANTE ELLO
«Agustín se rinde a la gracia en el huerto, al leer las palabras de San Pablo: “Nada de comilonas ni borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. Revestíos, más bien, del Señor Jesucristo, y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias” (Romanos XIII, 13).
  
Acto seguido nos dirigimos los dos (Alipio y yo) hacia mi madre. Se lo contamos todo. Se llena de alegría. Le contamos cómo ha ocurrido todo: salta de gozo, celebra el triunfo, bendiciéndote a ti, (Dios mío), que eres poderoso para hacer más de lo que pedimos y comprendemos.
   
Estaba viendo con sus propios ojos que le habías concedido más de lo que ella solía pedirte con sollozos y lágrimas piadosas.
  
Me convertiste a ti de tal modo que ya no me preocupaba de buscar esposa, ni me retenía esperanza alguna de este mundo.
  
Por fin, ya estaba situado en aquella regla de fe en que, hacía tantos años, le habías revelado que yo estaría.
  
Cambiaste su luto en gozo, en un gozo mucho más pleno de lo que ella había deseado, en un gozo mucho más íntimo y casto que el que ella esperaba de los nietos de mi carne» (Confesiones, Libro VIII, 12).
  
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de… 
 
Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA OCTAVO - 2 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
  
Meditación: SANTA MÓNICA EN EL RETIRO DE CASICIACO, CON SAN AGUSTÍN Y SUS COMPAÑEROS
«Estábamos en aquel silvestre apartamiento en compañía de mi madre, que se había asociado a nosotros con atuendo femenino, fe varonil, seguridad de anciana, amor de madre y piedad cristiana» (Confesiones, Libro IX, 4).
  
«Uno de los días, mientras se discute al estilo de los filósofos, llega Mónica, y Agustín quiere se tome nota de su entrada en escena. Ella se opone. Sin embargo, Agustín, entre otras cosas, le dice: En estos escritos míos te expondría, pues, al ridículo si tú no amaras la sabiduría; no te despreciarías si la amases solamente un poco, y mucho menos, si la amases como yo mismo.
  
Pero tú la amas mucho más de lo que me amas a mí, y bien sé cuánto me amas, y has progresado tanto en ella que no te dejas asustar por el temor de una posible desgracia e incluso de la muerte. Esta tal disposición fue difícil de encontrar incluso en filósofos eminentes, y es, por unánime acuerdo de todos, la cumbre del amor de la sabiduría. Y yo, ¿no debería ser discípulo?.
   
A este punto, con expresión dulce y caritativa, me respondió que jamás había dicho yo tantas mentiras» (Del orden, Disputa segunda, 33).
  
«Dios escucha largamente a quien vive bien. Oremos, pues, no para que nos dé riquezas, honores o bienes semejantes caducos e inciertos, a pesar de cualquier esfuerzo, sino aquellos bienes que nos hacen buenos y felices.
  
A ti, sobre todo, madre mía, confiamos el cometido de que nuestros deseos se cumplan en la fe. Yo creo sin duda ninguna y afirmo que por tus oraciones Dios me ha concedido la intención de no proponer, no querer, no pensar, no amar otra cosa que la consecución de la verdad.
  
Y continúo creyendo que por tus peticiones conseguiremos un bien tan grande, al que hemos aspirado por tus méritos» (Del orden, Disputa segunda, 20, 53). 
  
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de…
 
Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO - 3 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
  
Meditación: SANTO COLOQUIO CON SAN AGUSTÍN EN OSTIA, Y ANHELO DE SANTA MÓNICA POR EL CIELO
«Estando ya cercano el día de su partida de esta vida, aconteció, por tus disposiciones misteriosas, según creo, (Dios mío), que ella y yo nos hallábamos asomados a una ventana que daba al jardín de la casa donde nos hospedábamos. Era en las cercanías de Ostia Tiberina. Allí, apartados de la gente, tras las fatigas de un viaje pesado, reponíamos fuerzas para la navegación.
  
Conversábamos, pues, solos los dos, con gran dulzura. Olvidándonos de lo pasado y proyectándonos hasta las realidades que teníamos delante, buscábamos juntos, en presencia de la verdad que eres tú, cuál sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó ni llegó al corazón del hombre.
  
Abríamos con avidez la boca del corazón al elevado chorro de tu fuente, de la fuente de la vida que hay en ti, para que, rociados por ella según nuestra capacidad, pudiéramos en cierto modo imaginarnos una realidad tan maravillosa.
  
Y cuando nuestra reflexión llegó a la conclusión de que, frente al gozo de aquella vida, el placer de los sentidos carnales, por grande que sea y aunque esté revestido del máximo brillo corporal, no tiene punto de comparación y ni siquiera es digno de que se le mencione, tras elevarnos con afecto amoroso, más ardiente hacia él mismo, recorrimos gradualmente todas las realidades corporales, incluyendo el cielo desde donde el sol, la luna y las estrellas mandan sus destellos sobre la tierra.
  
Tú sabes, Señor, que aquel día, mientras hablábamos de estas cosas y, mientras al filo de nuestra conversación sobre estos temas, nos parecía más vil este mundo con todos sus atractivos, ella añadió: Hijo, por lo que a mi respecta, nada en esta vida tiene ya atractivo para mí. No sé qué hago aquí ni por qué estoy aquí, agotadas ya mis expectativas en este mundo. Una sola razón y deseo me retenían un poco en esta vida, y era verte cristiano católico antes de morir. Dios me lo ha dado con creces, puesto que, tras decir adiós a la felicidad terrena, te veo siervo suyo. ¿Qué hago aquí?» (Confesiones, Libro IX, 10).
  
ORACIÓN
Gloriosa Santa Mónica, que soportaste con resignación y paciencia a los malos tratos de tu esposo Patricio y los desórdenes de tu hijo, que no quería escuchar tus consejos, alcánzame esta paciencia para la conversión de… 
 
Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones se dirán todos los días.

martes, 4 de mayo de 2010

SANTA MÓNICA, MADRE DE SAN AGUSTÍN

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí,
llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.
(Lucas 23, 28)

Santa Mónica y su hijo San Agustín

Mónica, la madre de San Agustín, nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332.

Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa y estricta en disciplina. Ella no las dejaba tomar bebidas entre horas (aunque aquellas tierras son de clima muy caliente ) pues les decía: "Ahora cada vez que tengan sed van a tomar bebidas para calmarla. Y después que sean mayores y tengan las llaves de la pieza donde esta el vino, tomarán licor y esto les hará mucho daño." Mónica le obedeció los primeros años pero, después ya mayor, empezó a ir a escondidas al depósito y cada vez que tenía sed tomaba un vaso de vino. Más sucedió que un día regañó fuertemente a un obrero y éste por defenderse le gritó ¡Borracha! Esto le impresionó profundamente y nunca lo olvidó en toda su vida, y se propuso no volver a tomar jamás bebidas alcohólicas. Pocos meses después fue bautizada (en ese tiempo bautizaban a la gente ya entrada en años) y desde su bautismo su conversión fue admirable.

Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero de genio terrible, además mujeriego, jugador y pagano, que no tenía gusto alguno por lo espiritual. La hizo sufrir muchísimo y por treinta años ella tuvo que aguantar sus estallidos de ira ya que gritaba por el menor disgusto, pero éste jamás se atrevió a levantar su mano contra ella. Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por varias décadas.

En aquella región del norte de Africa donde las personas eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porqué su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero que nunca la golpeaba, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió : "Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto entrar en pelea, pues... no peleamos".

Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande hacia los pobres, nunca se opuso a que dedicará de su tiempo a estos buenos oficios, y el ejemplo de vida de su esposa logro su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo hiciera su suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado grandemente la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautizo, Patricio murió, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.

Patricio y Mónica se habían dado cuenta de que Agustín era extraordinariamente inteligente, y por eso decidieron enviarle a la capital del estado, a Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero a Patricio, en aquella época, solo le interesaba que Agustín sobresaliera en los estudios, fuera reconocido y celebrado socialmente y sobresaliese en los ejercicios físicos. Nada le importaba la vida espiritual o la falta de ella de su hijo y Agustín, ni corto ni perezoso, fue alejándose cada vez más de la fe y cayendo en mayores y peores pecados y errores.

Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez más preocupantes del comportamiento de su hijo. En una enfermedad, ante el temor a la muerte, se hizo instruir acerca de la religión y propuso hacerse católico, pero al ser sanado de la enfermedad abandonó su propósito de hacerlo. Adoptó las creencias y prácticas de una la secta Maniquea, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el diablo. Y Mónica, que era bondadosa pero no cobarde, ni débil de carácter, al volver su hijo de vacaciones y escucharle argumentar alsedades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y cerró las puertas, porque bajo su techo no albergaba a enemigos de Dios.

Sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que se vio en un bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo, Se le acercó un personaje muy resplandeciente y le dijoÑ "tu hijo volverá contigo", y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narró a su hijo el sueño y él le dijo lleno de orgullo, que eso significaba que ello significaba que se iba a volver maniquea, como él. A eso ella respondió: "En el sueño no me dijeron, la madre irá a donde el hijo, sino el hijo volverá a la madre". Su respuesta tan hábil impresionó mucho a su hijo Agustín, quien más tarde consideró la visión como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437. Aún faltaban 9 años para que Agustín se convirtiera.

En cierta ocasión Mónica contó a un Obispo que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió: "Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas". Esta admirable respuesta y lo que oyó decir en el sueño, le daban consuelo y llenaban de esperanza, a pesar de que Agustín no daba la más mínima señal de arrepentimiento.

A los 29 años, Agustín decide irse a Roma a dar clases. Ya era todo un maestro. Mónica se decide a seguirle para intentar alejarlo de las malas influencias pero Agustín al llegar al puerto de embarque, su hijo por medio de un engaño se embarca sin ella y se va a Roma sin ella. Pero Mónica, no dejándose derrotar tan fácilmente toma otro barco y va tras de él.

En Milán; Mónica conoce al santo más famoso de la época en Italia, el célebre San Ambrosio, Arzobispo de la ciudad. En él encontró un verdadero padre, lleno de bondad y sabiduría que le impartió sabios. Además de Mónica, San Ambrosio también tuvo un gran impacto sobre Agustín, a quien atrajo inicialmente por su gran conocimiento y poderosa personalidad. Poco a poco comenzó a operarse un cambio notable en Agustín, escuchaba con gran atención y respeto a San Ambrosio, desarrolló por él un profundo cariño y abrió finalmente su mente y corazón a las verdades de la fe católica.

En el año 387, ocurrió la conversión de Agustín, se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.

Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, mientras madre e hijo admiraban el cielo estrellado y platicaban sobre las alegrías venideras cuando llegaran al cielo, Mónica exclamó entusiasmada: "¿ Y a mí que más me amarra a la tierra? Ya he obtenido de Dios mi gran deseo, el verte cristiano." Poco después le invadió una fiebre, que en pocos días se agravó y le ocasionaron la muerte. Murió a los 55 años de edad del año 387.

A lo largo de los siglos, miles han encomendado a Santa Mónica a sus familiares más queridos y han conseguido conversiones admirables.

En algunas pinturas, está vestida con traje de monja, ya que por costumbre así se vestían en aquél tiempo las mujeres que se dedicaban a la vida espiritual, despreciando adornos y vestimentas vanidosas). También la vemos con un bastón de caminante, por sus muchos viajes tras del hijo de sus lágrimas. Otros la han pintado con un libro en la mano, para rememorar el momento por ella tan deseado, la conversión definitiva de su hijo, cuando por inspiración divina abrió y leyó al azar una página de la Biblia.
MEDITACIÓN SOBRE LA PRIVACIÓN DE CONSUELOS ESPIRITUALES 

I. Dios permite, algunas veces, que sus elegidos queden privados de consolaciones al punto de no encontrar descanso ni en la oración. No te asombres de este triste estado: Dios lo ve y lo permite, y a menudo es su autor. ¿Jesucristo no fue, acaso, sumergido en esta tristeza mortal en el Huerto de los Olivos y en la cruz, cuando dulcemente se quejaba de que su Padre lo hubiera abandonado? Cuando estés en este estado de desolación, resígnate generosamente a la voluntad de Dios y resuélvete a sufrir por todo el tiempo que a Él le plazca. Reza con humildad, continúa tus ejercicios de piedad: si los haces con menos gusto y consuelo, los harás con más mérito.

II. Cuando Dios permite que así seas privado de todo consuelo, Él lo hace, ya para castigar tu tibieza, ya para darte a entender que la devoción sensible, que antes tenías, era un don de su pura bondad; o para hacerte estimar las consolaciones, que menos preciarías si fueran continuas; o, en fin, para darte ocasión a que adquieras mayores méritos. Busca, pues, con santa diligencia, al Esposo de las almas. Se oculta cuando se lo busca, a fin de que, no encontrándolo, se redoble el ardor (San Gregorio).

III. Para salir cuanto antes de este lastimoso estado, examina seriamente qué motivo diste a Dios para que te abandonara e implora su perdón. Humíllate ante su adorable Majestad, reconociendo que eres indigno de sus mercedes; y en vez de desanimarte redobla tu fervor, busca a Dios con mayor empeño y dile de todo corazón: Señor, que sois la alegría de mi alma, ¿por qué volvéis vuestro rostro? ¿Dónde estáis, bien mío, dónde os encontraré? (San Agustín).

La paz.
Orad por la buena educación de la juventud.

ORACIÓN
Oh Dios, consuelo de los afligidos y salvación de los que en Vos esperan, que bondadosamente recibisteis las lágrimas que Santa Mónica vertió por la conversión de su hijo Agustín, concedednos, por la intercesión de ambos, la gracia de llorar nuestros pecados y gustar las verdaderas alegrías del espíritu. Por J. C. N. S. Amén.