Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES
Mostrando entradas con la etiqueta Cómo hacerle frente al sistema educativo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cómo hacerle frente al sistema educativo. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de abril de 2017

EL ADOCTRINAMIENTO POLÍTICO EN LAS UNIVERSIDADES CHINAS

Noticia tomada de ASIANEWS.IT
  
En China sigue creciendo el adoctrinamiento ideológico en las universidades, incluso a pesar de que aumentan las señales de rechazo de los estudiantes. Es la tesis de Zi Yang, investigador independiente y consultor de la Fundación Jamestown sobre cuestiones chinas. Él tiene un curso de doctorado en la Universidad de Georgetown y otro en la Universidad George Mason. Por gentil concesión de la Fundación Jamestown, (Traducción a cargo de AsiaNews).
 
Estudiantes chinos en uno de los eventos organizados como propaganda del Partido
  
Pekín (AsiaNews)- En un sistema en el cual los ministros son incentivados a señalar sólo las buenas noticias, el pasado 12 de marzo la declaración pública del Ministro de Educación sobre los fracasos de la Educación Política e Ideológica (思想 政治 教育 -sī xiǎnɡ zhènɡ zhì jiàoyù-, en adelante EPI) en las universidades chinas tomó a todos de sorpresa (FRI12 de marzo). El 9 de diciembre de 2016, en ocasión de una conferencia sobre el trabajo ideológico y político en las universidades, se inició una campaña para intensificar la EPI. Durante la conferencia, el presidente Xi Jinping reafirmó con fuerza la supremacía del marxismo y del socialismo en las instituciones chinas de aprendizaje superior y alentó para reforzar el trabajo ideológico y político para adoctrinar a los 37 millones de estudiantes universitarios en el país (Xinhua9 de diciembre de 2016). Sin embargo, las críticas del Ministro de Educación indican que la Epi no está teniendo éxito.
  
El statu quo de la EPI
Las universidades chinas tienen una larga historia de radicalismo que suscita miedo entre las elites del Partido. Ya sea el movimiento de la Guardia Roja, como las demostraciones estudiantiles de 1989 o las recientes protestas nacionalistas, el campus universitario, con su propensión al pensamiento libre, es un lugar en el cual el Partido no puede permitirse dejar irse a las redes. Las universidades chinas son controladas firmemente por el Estado a través de las financiaciones y el nombramiento de la dirección administrativa. También las universidades privadas independientes están cayendo bajo el control de los secretarios del Partido, nombrados recientemente con la clara intención de ser “la espina dorsal del trabajo ideológico y político (China Wenming Online13 de enero)”.
   
Según las investigaciones conducidas por los investigadores chinos, el Partido goza del apoyo de la mayoría entre los estudiantes universitarios. Un sondeo demuestra que el 73,3% “apoya” o “sostiene fuertemente” a la dirigencia del Partido [1]. Aunque si debemos ser conscientes que el clima político de China influencia a fondo el modo en el cual los entrevistados responden a un sondeo, la investigación demostró que el Partido tiene un buen nivel de consentimiento entre los estudiantes universitarios [2]. Sin embargo, el apoyo de los estudiantes a la EPI, el programa de adoctrinamiento firmado por el Partido es relativamente bajo.
 
Mezclando marxismo, patriotismo y algunos valores tradicionales chinos, la EPI mira a recoger la aprobación de masa del Partido, su ideología y su gobernancia. Enseñada como curso obligatorio, un estudio demuestra que el 64% de los estudiantes está “insatisfecho” de la EPI, con otro 17,9% “muy insatisfecho” [3]. Además el 505 de los entrevistados en otro estudio encuentra que la EPI es “casi inútil”, pero se esfuerza en frecuentarla a causa del poco entusiasmo de los estudiantes [4]. No obstante el interés por la Cultura Roja (红色 文化, hóngsè wénhuà), una serie de valores culturales publicitados por el gobierno y basados en la experiencia revolucionaria del Partido comunista chino, una notable minoría (28,3%) de los estudiantes considera aburridos los eventos de la Cultura Roja (un componente de la EPI). Más de la mitad (53,2%) declaró que está obligado a participar y el 60,5% ve a estos eventos como irrelevantes para la vida real [5].
  
¿Por qué la EPI es tan mal vista?
El adoctrinamiento político es raramente divertido, en particular para los estudiantes que viven en una sociedad relativamente abierta. Mientras los estudiantes piden más discusiones, debates y trabajo en el campo, los docentes de la EPI pueden continuar solo con las lecciones monótonas porque cualquier ejercicio que implique un análisis crítico destruiría la imagen perfecta del marxismo [6]. Así, mientras los estudiantes universitarios chinos odian la EPI por ser un “curso de una sola voz” (一言堂, yī yán táng), donde el docente domina la conversación, los cambios son menos probables desde el momento que podrían destruir la EPI en su integridad [7].
 
La EPI está combatiendo una batalla en subida en tres áreas. El aumento del uso de internet por parte de los estudiantes universitarios chinos está corroyendo la mordaza de la ideología oficial. Por ejemplo, el decantado mito del Partido comunista chino como pilar de la expulsión de los invasores japoneses está lentamente perdiendo apoyadores, porque siempre más estudiantes están aprendiendo la verdad por internet [8]. El 80% de los estudiantes universitarios chinos gastan más de dos horas diarias navegando en la Web, el 92% afirma que usa internet como fuente de información y el 88,9% usa Weibo (el equivalente chino de Wahtsapp), dos app que permiten a los estudiantes un mínimo de privacidad cuando se habla de cosas actuales [9].
 
La llegad de la religión organizada en los campus chinos constituye otra amenaza para la ideología oficial. Además de ofrecer tranquilidad mental, los grupos religiosos organizados representan una red de seguridad social para los estudiantes, respecto a las organizaciones políticas comunistas que están llenas de corrupción y de exclusivismos. Estudios recientes demuestran que el interés por la religión está adquiriendo fuerza en las escuelas chinas, hasta en la Liga de la Juventud Comunista [10]. El 38% de los estudiantes no sabe que los miembros del Partido deben ser ateos y un tercio (31,4%) no teme al proselitismo en los campus, actividad prohibida por el Estado [11]. Mientras que el creciente interés por la religión no puso en discusión el dominio del Partido en los campus, una tendencia podría crear problemas en el futuro próximo. En un sondeo en las universidades de Xinjiang, el 5,8% de los entrevistados cree que se pueda imponer una religión [12]. En modo más alarmante, el 8,6% concuerda con la extrema posición de difundir la propia religión con medios violentos [13].
  
Los educadores de la EPI enfrentan ulteriores dificultades en las áreas dominadas por las minorías étnicas y religiosas, en particular entre los tibetanos y musulmanes turcos de Xinjiang. Pocos de estos grupos han desarrollado un rol importante en los eventos del siglo XX que hayan condicionado la psique china contemporánea. Frente a los mongoles y a los musulmanes hui, que se aliaron con los comunistas en la lucha contra Japón, los tibetanos y los musulmanes turcos no han jugado un rol en la guerra de resistencia contra Japón (1937-1945), que constituye el núcleo de la narrativa nacional del PCCh. Además, la doctrina anti-religiosa del marxismo hace difícil la enseñanza de la EPI a los estudiantes universitarios tibetanos, que tienen en gran consideración al lamaísmo. La mayor parte de los tibetanos viven toda su vida según los preceptos del budismo y mantienen una profunda reverencia por sus líderes religiosos. Enseñar que la religión es una cosa obsoleta no sólo es profundamente ofensivo para los tibetanos, sino también contraproducente para la EPI en general [14]. Lo mismo se puede decir por Xinjiang, donde los musulmanes turcos constituyen más de la mitad de la población de la provincia. También si los estudiantes ofrecieran una adhesión de fachada en modo de poder licenciarse, el sistema de la pedagogía doctrinaria no es en realidad ganadora en sus corazones y en sus mentes.
  
El rol del consultor político
Fuera de las clases, los consultores políticos (政治 辅导 员 -zhènɡ zhì fú dǎo yuán-, en adelante los CP) atienden las necesidades globales de un estudiante que asiste a la universidad y son los encargados de modelar sus valores ideológicos y políticos. Como “columna dorsal de la educación ideológica y política de los estudiantes universitarios, los CP son los “organizadores, los que ponen en acto y los mentores de los estudiantes universitarios en la educación y en el manejo ideológico y político en el día a día” (Ministerio de Educación, 23 de julio de 2006).
 
Al trabajar en estrecho contacto con los cuadros académicos seleccionados, los CP difunden el mensaje del Partido cuando los estudiantes se encuentran fuera del aula. Si bien la ley prevé que haya un CP por cada 200 estudiantes, en realidad la falta de personal hace que la brecha en esta relación sea mucho más alta. Uno por cada 300 o 400 no deja de ser un número habitual. En casos extremos, se ha referido que un CP puede tener que ocuparse de incluso 1000 estudiantes, lo cual torna imposible el trabajo [15].
 
Además de estar sobrecargado de trabajo, el 56% de los CP está insatisfecho con su salario y con los beneficios que recibe. Sumado a un ambiente laboral ya de por sí tenso, los CP están gobernados por un régimen de doble comando, en el cual la dirección académica y el departamento competente pueden emitir, de tanto en tanto, directivas contrastantes entre sí [16].
  
En semejantes circunstancias, no es ninguna sorpresa descubrir que algunos CP ni siquiera están de acuerdo con la línea del Partido. Un sondeo muestra que el 31,92% de los CP no cree en el dogma marxista de que una sociedad comunista es inevitable. Lejos del relato del gobierno, casi la mitad de los CP (47,%) no cree que la brecha salarial vaya a cerrarse en 10 años [17].
 
El rol de las Divisiones de Protección
Si los docentes de la EPI y los CP son la “zanahoria” del adoctrinamiento político, entonces las Divisiones de Protección (保卫 处, bǎowèi chù) son el “bastón” que controla el comportamiento a nivel político. Presente en toda burocracia universitaria, la División de protección tiene varias funciones: la seguridad pública, la prevención de incendios, el registro de los visitantes y de los trabajadores temporarios y, sobre todo, la policía política. Bajo el mando de cada División de Protección hay una Sección de Protección Pública (政 保 科 -zhèng bǎo kē-; en adelante SPP). Mientras que el nombre cambia según la universidad, la misión del PPS siempre sigue siendo más o menos la misma: propagar la ideología oficial y contrastar cualquier intento de influenciar a los estudiantes por parte de las “fuerzas hostiles”. Si bien la SPP no es una fuerza de la seguridad pública, está facultada para indagar [18]. Los informantes de la protección política (政 保 信息 员, zhèng bǎo xìnxī yuán), que son seleccionados del cuerpo de estudiantil, son los “ojos y oídos (耳目, ěrmù)” de la SPP (Xi’an Shiyou University, 6 de junio de 2014).
 
En vista del secreto que rodea el trabajo que realizan, la mayor parte de las SPP no publica las funciones que desempeña, pero la SPP del Instituto de Tecnología de Harbin, denominada Oficina Política de Protección y Seguridad del Estado (政 保 国 安 办, zhèng bǎo guó ān bàn), afirma claramente las responsabilidades que le competen según se enumera a continuación:
  1. Responsable de la propaganda y la educación para el concepto de la seguridad nacional, la conciencia enemiga y la estabilidad política.
  2. Responsable de la comprensión, el control, la supervisión y la educación ideológica de las personas clave que pueden influir en la estabilidad política.
  3. Responsable de investigación y recopilación de información; captar las tendencias ideológicas entre los profesores y estudiantes de una manera oportuna y precisa, para proporcionar la base para la toma de decisiones de los directivos.
  4. Colaborar con la seguridad pública y la policía de seguridad del Estado en la detección e investigación de casos que ponen en peligro la seguridad del Estado.
  5. Responsable de la seguridad de los líderes importantes y de los dignatarios extranjeros. Ayudar a los organismos pertinentes en la aplicación de medidas de seguridad para los expertos extranjeros, profesores, estudiantes de intercambio, compatriotas de Hong Kong, Macao, Taiwán y los visitantes extranjeros.
  6. Ayudar a los organismos competentes para prevenir y sancionar la infiltración, la incitación y el sabotaje de las escuelas por parte de las fuerzas hostiles nacionales y extranjeras, las fuerzas religiosas ilegales y las fuerzas separatistas étnicas.
  7. Ayudar a los organismos que se ocupan de gestionar de modo seguro el sistema de red informática del campus e identificar las fuentes de información perjudiciales.
  8. Ayudar a los organismos competentes en el trabajo reservado.
  9. Llevar a cabo una revisión de la política del personal escolar, de acuerdo con los requisitos de los organismos pertinentes.
  10. Ayudar a los organismos competentes en la gestión de las asociaciones de estudiantes.
  11. Ejecutar el trabajo básico. Establecer y mejorar la gestión de los distintos archivos de datos.
  12. Ayudar a otras secciones y oficinas en el cumplimiento de las tareas. Completar cualquier misión asignada por el director de la división (Harbin Institute of Technology).
  
En esencia, la SPP es el monitor de la seguridad en el campus y la uniformidad ideológica, además de servir como un trabajo de contrainteligencia. Mientras que el personal del EPI se centra en la pedagogía, la misión de la SPP es mantener apartados a gente e ideas no oficiales. Es probable que este régimen represivo reciba más inversión estatal debido a los riesgos asociados a la liberalización de la EPI.
 
Conclusiones
Entre los estudiantes universitarios chinos, el apoyo al Partido y el gobierno sigue siendo fuerte, al menos en lo formal. Sin embargo, la mayoría de los estudiantes mostraron su descontento con la EPI y su imposibilidad de asistir a cursos de formación adicionales privados de métodos liberales de enseñanza. En el futuro, es probable que el Estado refuerce la EPI de la siguiente manera: En primer lugar, el Estado va a tratar de ejercer un mayor control en la esfera de la informática, el bloqueo de las fuentes alternativas de información popular entre los estudiantes, incluso intensificando la propaganda y la contra-propaganda en Weibo y WeChat.
  
En segundo lugar, se formará un mayor número de ordenadores para paliar la falta de personal actual. En tercer lugar, se dedicará más atención al adoctrinamiento en las zonas étnicas, especialmente entre los tibetanos y los turcos musulmanes, más susceptibles a lo que el Estado define como los "tres males": el terrorismo, el separatismo y el extremismo religioso. Por último, habrá un nuevo impulso contra la propagación de la religión en las escuelas, una tendencia que, de no controlarse, presentará importantes desafíos a la hora de ganarse las mentes jóvenes más brillantes de China.
  
NOTAS
[1] Jianbo Dai, “‘90后’大学生政治认同实证研究——基于湖北七所高校的调查分析 [An Empirical Study of Political Identity of College Students Born after 1990—a Study Based on Surveys of Seven Hubei Universities]”, en Higher Education Exploration, no. 7 (Julio de 2016), p. 105.
[2] Yingna Huang, “大学生践行社会主义核心价值观的现状调查——基于沈阳高校的证据 [The Current Situation of University Students’ Socialist Core Values]”, en Modern Education Management, no. 11 (Noviembre de 2016), p. 99.
[3] Xingyu Chen, “高校思想政治理论课实践教学调查研究——以云南省7所高校为例 [Investigation on Practical Teaching of the Ideological and Political Theory Course in Colleges and Universities: Taking Seven Colleges and Universities in Yunnan Province as Examples]”, en Journal of Dali University, no. 5 (Mayo de 2015), p. 89.
[4] Weixia Zhang et al., “地方院校大学生时政参与现状反思研究——以S高校为例 [Reflections on College Students’ Political Participation in Local Universities: Taking S University as an Example]”, en Meitan Higher Education, no. 3 (Mayo de 2016), p. 71; Xingyu Chen, p. 91.
[5] Shengqi Luo, Chao Wang, y Qingzhi Zheng, “‘大学生对高校红色文化教育认同与要求’的调查及启示 [A Survey of ‘Student Recognition and Demand of Red Culture Education in Universities’ and Its Enlightenment]”, en Shanghai Journal of Education Evaluation, no. 5 (Octubre de 2016), p. 55; Ibid, p. 57.
[6] Haoye Wang y Wu’er Yan, “95后大学生对思想政治教育的认识探析——以北京交通大学为例 [An Analysis of Post-1995 Undergraduates’ Understanding of Ideological and Political Education—using Beijing Jiaotong University as an Example]”, en Journal of Chinese Youth Social Science, no. 4 (Julio de 2016), p. 104.
[7] Tingjian Lang y Bingzhuo Bai, “高校思想政治理论课的困境及对策——基于一线从教人员的观点 [Dilemma and Countermeasures of Ideological and Political Course in Colleges and Universities—Based on the Viewpoints of Teaching Faculty]”, en Social Sciences Journal of Universities in Shanxi, no. 6 (Junio de 2016), pp. 44–45.
[8] Qingxin Shi y Anzhou Fu, “‘中国共产党抗战中流砥柱作用’的认同及其影响因素——基于武汉市四所高校的问卷调查 [Identity and Its Influencing Factors of the Idea ‘The Chinese Communist Party as the Mainstay in the War of Resistance against Japan’— Based on the Questionnaire Survey of Four Universities in Wuhan]”, en Theory and Reform, no. 3 (Mayo de 2016), p. 83.
[9] Na Chen, “新媒体环境下高校思想政治理论课教师媒介素养面临的挑战和应对 [Challenges to Teachers of Ideological and Political Course in Colleges on Their Media Literacy in the Circumstances of New Media]”, en Journal of Urumqi Vocational University, no. 3 (Septiembre de 2016), p. 15; Qing Min, “高校大学生网络政治参与现状与对策研究——基于鄂西北四所高校为例实证分析 [Current Situation of College Students’ Online Political Participation and the Countermeasures: An Empirical Research in Four Northwest Universities of Hubei Province]”, en Journal of Jilin Institute of Chemical Technology, no. 4 (Abril de 2016), p. 46.
[10] Jianhui Liang, “高校宗教热与思想政治教育现状的对比与分析——基于对全国1200名大学生的实证调查 [Comparative Analysis on the Current Situation of Religious Fever and Ideological and Political Education in Colleges and Universities— Based on an Empirical Investigation of 1200 National College Students]”, en Journal of Guangzhou Institute of Socialism, no. 3 (Julio de 2016), p. 104.
[11] Hongmei Wang y Lin Gui, pp. 55–56.
[12] Fayang Chen, “新疆高校大学生宗教渗透现状调查结果分析 [An Analysis of the Survey of Religious Penetration of College Students in Xinjiang]”, en Inheritance & Innovation, no. 10 (Octubre de 2015), p. 119.
[13] Ibid, p. 120.
[14] Shuguang Liu, “藏区高校思想政治理论课教学中的困境与宗教资源的有效利用探析——以甘肃民族师范学院为例 [Difficulties in the Teaching of the Ideological and Political Theory Course and the Effective Use of Religious Resources in Tibetan Universities—Taking Gansu Normal University for Nationalities as an Example]”, en Course Education Research, no. 23 (Agosto de 2016), p. 64; Longhua Wang, “浅谈高校政治辅导员选用学生干部的方法 [On Political Counselor’s Methods of Choosing Student Cadres in Colleges and Universities]”, en Journal of Harbin Vocational & Technical College, no. 2 (Marzo de 2013), p. 76; Hongxia Zhou, Xuelong Yang, and Kui Liu, “高校辅导员心理健康状况及对策分析——基于浙江省2231名辅导员的实证调查 [Analysis of Status Quo of and Solutions to Mental Health of College and University Counselors: Empirical Investigation into 2231 Counselors in Zhejiang Province]”, en Journal of Zhejiang Normal University (Social Sciences), no. 6 (Noviembre de 2015), p. 92.
[15] Yaya Li y Guodong Zhang, “人本视域下高校辅导员队伍建设探析——基于甘肃省897名辅导员的调查 [Construction of College Advisors Team with Humanistic Vision—Based on the Investigation of 897 Counselors in Gansu Province]”, en Journal of College Advisor, no. 5 (Octubre de 2016), p. 38; Haijun Zhao y Junping Fan, “高校政治辅导员思想政治工作的心态现状 [The Mental State of Ideological Political Work of Political Instructors in Colleges and Universities]”, en Heilongjiang Science and Technology Information, no. 36 (Diciembre de 2012), p. 231.
[16] Yaya Li y Guodong Zhang, p. 36; Nan Zhao et al., “马克思主义信仰困境与境界超越——对20所高校辅导员的实证研究 [The Plight of Marxist Beliefs and beyond Based on a Survey of College Counselors from 20 Universities]”, en Journal of Chongqing University (Social Science Edition), no. 2 (Marzo de 2016), p. 197.
[17] Ibid, p. 195.
[18] Tianling Wang y Haobin Chi, “新形势下高校保卫工作的创新 [The Innovation of College Security Work in the New Situation]”, en Ability and Wisdom, no. 27 (Septiembre de 2016), p. 164.

miércoles, 29 de marzo de 2017

MARÍA ELVIRA ROCA: «LA INQUISICIÓN EVITÓ GRANDES BARBARIDADES»

Noticia tomada de INFOCATÓLICA
 
Ma­ría El­vi­ra Roca Ba­rea aca­ba de publicar el en­sa­yo «Im­pe­rio­fo­bia y le­yen­da ne­gra». Pese a ser de «una fa­mi­lia de ma­so­nes y republica­nos» y no haber re­ci­bi­do una educación re­li­gio­sa, reniega de «quie­nes di­cen que si ac­túas con­tra el ca­to­li­cis­mo eres un moderno. No se dan cuen­ta de que se es­tán ma­tan­do a sí mismos».
 
El periodista Antonio Moreno Ruiz entrevista a María Elvira Roca para el portal digital de la diócesis de Málaga:
 
ALBERTO MORENO RUIZ: En su currículum aparece que ha trabajado en Harvard, en el CSIC, pero usted insiste en presentarse como profesora de instituto.
MARÍA ELVIRA ROCA BAREA: Es que estoy orgullosa de serlo, porque realmente es el trabajo más difícil. Yo estudié Filología Clásica, luego Hispánica, luego me doctoré con una tesis en literatura medieval, efectivamente estuve en EE.UU. trabajando un tiempo, pero volví y luego no he vuelto a irme fuera. Llevo aquí mucho más tiempo. Ahora doy clases en el IES Huerta Alta de Alhaurín de la Torre.
 
A. M. R.: ¿Cuál fue la chispa que le hizo escribir este libro?
M. E. R. B.: Mi especialidad es la literatura medieval, tengo otros tres libros publicados, artículos y conferencias… Sobre la hispanofobia y la leyenda negra empecé a interesarme en el tiempo que vivía en Estados Unidos porque me di cuenta de que a los americanos les estaba pasando algo muy parecido a lo que nos pasó a los españoles en nuestros tiempos gloriosos. Me chocó la semejanza y decidí ponerme a estudiar, no para publicarlo sino para satisfacer mi curiosidad. Yo hablaba mucho de este tema con el director de la colección de ensayo de Siruela, Ignacio Gómez de Liaño, con el que tengo amistad. Y hace cuatro años, me llamó y, muy solemnemente, me dijo: «este libro hay que publicarlo. Ya está creado, ya está en tu cabeza y merece la pena que salga a la luz. Lo tienes que escribir». Yo le contesté: «pero mira, que yo soy una mujer trabajadora con dos niños chicos (ahora tienen 9 años)…». El caso es que se publicó y está siendo un éxito absolutamente inesperado. Hay que agradecérselo a él que me animó.
 
A. M. R.: ¿De dónde viene el término «leyenda negra»?
M. E. R. B.: Se empezó a utilizar después de la guerra con los Estados Unidos, lo que llamamos el desastre del 98. En ese momento, algunos intelectuales españoles cobran conciencia de hasta qué punto la reputación de España está absolutamente destrozada por efecto de la propaganda que durante siglos habían ido acumulando en el teatro europeo todos los enemigos que España había ido teniendo: el protestantismo luterano, Inglaterra, el secesionismo orangista, luego la ilustración francesa, etc. La expresión la acuña Julián Juderías con un libro que se publicó en 1914 que podemos considerar el pistoletazo de salida de la toma de conciencia de hasta qué punto toda la historia de España estaba tergiversada y había sido manipulada para ofrecer de ella una visión absolutamente negativa en todos sus aspectos. Julián Juderías define la leyenda negra como la opinión común que se tiene en Europa de que España es un país inferior a otros países europeos. España (dicen) es un país bárbaro, intolerante desde el punto de vista religioso, atrasado, un país que no tiene cultura científica ni iniciativa económica, etc. A partir del libro de Juderías empiezan a aparecer otros trabajos que han ido estudiando ese fenómeno. Arnoldson, de la universidad de Gotemburgo, dice que «la leyenda negra es la alucinación colectiva más grande de la Europa Occidental». Hasta ese punto considera que la historia de España ha sido manipulada por toda esa propaganda.
 
A. M. R.: Su tesis es que el sentimiento de culpa de los católicos españoles nos ha sido inoculado.
M. E. R. B.: Ese sentimiento no llega a aparecer hasta el siglo XVIII, cuando viene la dinastía nueva de los Borbones, con la ilustración francesa. En ese momento, los intelectuales españoles empiezan a asumir como cierta esa versión de la historia que dice que España tuvo la culpa de todas las guerras de religión; que es la intolerancia religiosa de los católicos, con España al frente, la que provocó esas guerras y la que justifica todas las barbaridades que sucedieron en Europa en los siglos XVI y XVII, etc. De ahí en adelante, una generación de eruditos y de intelectuales, sigue a la anterior y termina por convertirse esto en la versión corriente de nuestra propia historia, asumida por nosotros mismos como una verdad.
 
A. M. R.: Y lo seguimos enseñando así a nuestros hijos…
M. E. R. B.: Ayer, por ejemplo, en el libro de primero de Bachillerato, me encuentro con que en la introducción al tema del Barroco dice que la diferencia entre la Reforma y la Contrarreforma es que en la Reforma la religión se convirtió en un asunto particular y privado que no afectaba a la sociedad mientras que en el mundo católico la religión seguía siendo socialmente influyente. Nada puede haber más falso que esta afirmación. Es justamente al revés. ¿Qué país hay hoy en la Europa Occidental que tenga como jefe del Estado al mismo jefe de la Iglesia? Gran Bretaña. ¿En qué país ha sido imposible hasta hace poco ocupar un cargo público si uno no pertenecía a la religión nacional? En Gran Bretaña y otros países protestantes. Es decir, lo que el protestantismo hizo es constituirse en iglesias nacionales por lo que la disidencia religiosa se transformó, no en un delito religioso, sino en un delito contra la nación, contra el Estado. Así fue también en Dinamarca y en los estados luteranos del Sacro Imperio, los germánicos. O sea, que es justamente la visión contraria la que tendríamos que intentar imponer: es precisamente en el mundo católico donde el delito religioso siguió siendo religioso y no contra el Estado.
 
A. M. R.: Hay una especie de fijación por lo católico…
M. E. R. B.: La Ilustración no luchó nunca contra las otras iglesias. Sólo va contra la Iglesia católica porque contra las otras iglesias no se podía ir porque eran nacionales. Atacar esas iglesias o escribir algo contra ellas era un delito de lesa patria. Hasta el año 1976, existía en Gran Bretaña el «blasphemy», un delito que consistía en escribir algo contra la Iglesia anglicana. Traducido al español no es exactamente blasfemia. En su Derecho significa expresar opiniones contrarias a la iglesia anglicana nacional o la defensa de posiciones religiosas notablemente papistas, o sea católicas. Fíjese hasta qué punto está desenfocada la idea de que la intolerancia religiosa o la importancia social de la religión ha sido enorme en el lado católico y en el otro no. En el otro lado era un asunto privado, dicen. ¿Cómo privado si un delito de ofensa a la iglesia nacional dura hasta el año 76 en la estupenda Europa?
 
A. M. R.: Pero no podemos negar que la Inquisición existió.
M. E. R. B.: El mecanismo de la leyenda negra funciona siempre no con la mentira absoluta, lo que se dice suele ser verdad. Lo que se hace es que se magnifica y se calla todo lo demás. La Inquisición existió, claro que existió, pero era una institución pequeña, que no tuvo nunca capacidad para influir decisivamente en la vida de los países católicos y de España desde luego que no. Yo siempre pongo el mismo ejemplo, porque es de Perogrullo: el Lazarillo de Tormes se publica y la Inquisición lo prohíbe en la primera edición. ¿Alguien alguna vez tuvo alguna dificultad para comprar el Lazarillo de Tormes? ¿Es que El Lazarillo de Tormes no lo ha conocido nadie? El Lazarillo de Tormes se siguió editando, se siguió comprando y en 20 años ya lo estudiaban en las universidades españolas y todo el mundo lo conocía. ¡Y estaba prohibido por la Inquisición! ¿Y qué? ¿Qué afectó esto a la popularidad del Lazarillo de Tormes? Absolutamente nada.
 
A. M. R.: En el imaginario colectivo, decir Inquisición es hablar de una institución muy poderosa, arbitraria y cruel.
M. E. R. B.: Es la tergiversación más fenomenal de todas las tergiversaciones. La Inquisición era una institución muy organizada, mucho mejor reglamentada que cualquiera otra en su momento, y en la que la religión seguía siendo asunto de la religión y no del Estado. Se ocupaba de delitos que todavía lo son hoy día, como por ejemplo los que se conocían como delitos contra la honestidad: el proxenetismo, la pederastia, la trata de blancas, la falsificación de monedas y documentos... Tenía un campo muy amplio de trabajo. El hecho de constituirse como una forma organizada, reglamentada y judicialmente estable de tratar las disidencias religiosas evitó las matanzas que estas provocaron en el lado protestante. Nosotros sabemos todas y cada una de las sentencias a muerte que aquí se firmaron. Están muy bien documentadas en un estudio del profesor Contreras y de un danés, Henningsen. La Inquisición juzgó un total de 44.000 causas desde 1560 hasta 1700, con el resultado de 1.340 muertos aproximadamente. Y esa es toda la historia. Calvino mandó a la hoguera a 500 personas en solo 20 años por herejía. Cuando uno se pone a ver las barbaridades que sucedieron en el lado protestante, es que no hay color, entre otras cosas porque el cálculo de muertos que la intolerancia protestante pudo provocar sólo puede hacerse aproximadamente puesto que en la mayoría de los casos no hubo juicio, ni abogados, ni derecho a defenderse, fue por el procedimiento bárbaro del linchamiento, nada más. Esto no ocurrió nunca en las zonas católicas, jamás.
 
A. M. R.: Juzgamos la historia desde coordenadas actuales y el resultado es ese sentimiento de culpa.
M. E. R. B.: Decir que los españoles han sido intolerantes desde el punto de vista religioso porque tuvieron la Inquisición, es la falsedad de todas las falsedades. La intolerancia era el modo de pensar de todo el mundo en aquella época. El fenómeno de la tolerancia tiene ¿cuánto? ¿30 años? ¿40 años? Nadie pensaba que hubiera que tolerar al que no pensaba como tú desde el punto de vista religioso. Intolerancia había desde el estrecho de Gibraltar hasta la Península Escandinava. Ese era el modo de pensar de todo el mundo. Lo que hay que ver es cómo se gestionaba esa intolerancia religiosa en cada sitio y, desde luego, fue mucho más civilizada y mucho más comprensiva en la parte católica y desde luego en España. En Inglaterra o en los principados luteranos protestantes en el norte de Europa, las persecuciones de la población fueron horrorosas. Aparte, todo el fenómeno de la caza de brujas, absolutamente demencial, que provocó miles de muertos. Esto no pasó en el mundo católico y no pasó en España porque existía la Inquisición, que evitó aquellas barbaridades.
 
A. M. R.: O sea, que los católicos pecamos de no conocer nuestra historia.
M. E. R. B.: Aunque yo no sea creyente, llevo a mis hijos a la catequesis y tengo mis discusiones con el cura del barrio. Le digo: «vamos a terminar siendo los agnósticos y ateos de buena voluntad los que tengamos que limpiar el nombre de la Iglesia porque ustedes tienen una pasividad absolutamente incomprensible». A quitarse esa costra hay que ponerse; porque es falsa y porque perjudica a todos, a los católicos practicantes y a todos los demás. Este es un país de cultura católica. Eso es irremediable, se sea creyente o no. La Iglesia tendría que haberse puesto de manera un poco activa a limpiar su buen nombre y no esperar a que venga un señor como Stephen Haliczer, de la Universidad de Illinois, a publicar un trabajo de investigación sobre la Inquisición y a decirnos: «vamos a ver, ¡pero si esta institución era ejemplar en su tiempo! ¡Si el uso de la tortura era absolutamente limitado! ¡Si las cárceles suyas eran más benignas! ¡Si los juicios tenían más garantías que todos los demás!» ¿No cree usted que la Iglesia tendría que haber dicho algo?
 
A. M. R.: Si lo ha dicho, quizá ha encontrado poco eco o demasiada oposición.
M. E. R. B.: Pero es que esa actitud de que «hemos perdido la batalla cultural» no se puede tener. Hay que reaccionar, porque no es solo perjudicial para los católicos, creyentes o no creyentes, sino para el mundo que la iglesia católica ha engendrado. Esa actitud que la Iglesia adopta de borrego degollado a mí me resulta muy molesta. Yo la Iglesia la he visto desde fuera toda mi vida. No he tenido contacto con ella más allá de la costumbre y del trato social para no ser muy raro. Y por eso me resultó siempre tan chocante, desde que estaba en la Universidad, que cualquiera fuera bueno para venir a meterse con la Iglesia. Y la Iglesia, ¿no contesta? ¿No se defiende? ¿Porqué no se defiende? Porque la Iglesia de Roma no es la ramera de Babilonia como decía Lutero. Tiene en su haber logros muy importantes, cosas muy buenas que ha hecho por el mundo y por la sociedad. ¿Por qué no enseña esa parte de sí misma que es hermosa y que merecería ser mejor conocida?
 
A. M. R.: Otro asunto por el que se suele juzgar injustamente a España y a la Iglesia es por la conquista de América.
M. E. R. B.: Los dos pilares más longevos de la hispanofobia y de la leyenda negra han sido, primero la conversión de la Inquisición en el horrendo monstruo que todo el mundo cree que fue; y, la siguiente, es el asunto de América. ¿Por qué? Aquello era muy grande, era una enormidad. Un imperio con 20 millones de kilómetros cuadrados que se sostiene durante prácticamente tres siglos es algo que las otras naciones de Europa habían intentado hacer y no consiguieron. Era necesario teñir todo eso de barbarie, de destrucción y de horror para que no quedara como un gran logro en la historia de la humanidad. Empezó con la utilización del texto de fray Bartolomé de las Casas, que no pretendía en absoluto convertirse en historia. Es asombroso que estemos en el siglo XXI y tengamos que seguir desmintiendo el hecho de que Fray Bartolomé estuviera haciendo historia. Él estaba haciendo un texto de polémica religiosa. La Iglesia tiene una larga historia de polémica. Es un sistema tradicional de formación el de la polémica, desde la Edad Media, con las famosas disputationes de un sacerdote enfrente de otro discutiendo en torno a una idea.
 
A. M. R.: ¿El problema entonces es que se sacó de contexto?
M. E. R. B.: El texto se publica en Sevilla y, aparte del revuelo que pudiera causar localmente, nadie le había hecho caso. Pasó el tiempo y, 25 años después, Guillermo de Orange lo descubre, lo traduce, le incorpora los grabados de De Bry, donde se ven a los españoles partiendo a un niño por la mitad o asando indios, y lo convierte en un best seller en Europa. Es el texto ilustrativo de: «Estos son los españoles. Esto es lo que le pasa a la gente que se trata con los españoles. Hay que acabar con ellos porque son unos monstruos». Evidentemente esto es un argumento del nacionalismo orangista. Hay que luchar contra esta gente y echarlos de Holanda porque son el Anticristo redivivo, el demonio «pinchapapas». Desde entonces, el texto de Fray Bartolomé no ha dejado nunca de editarse y siguió siendo utilizado en contra de España. Las últimas ediciones estupendas las hicieron los Estados Unidos en la época de la guerra de Cuba, por ejemplo.
 
A. M. R.: ¿Y qué hay de verdad en lo que cuenta?
M. E. R. B.: Pues uno va a América y se la encuentra llena de ciudades que fueron construidas, no voy a decir por los españoles, porque los españoles fueron siempre muy pocos, pero sí por los españoles y por la población indígena que se incorpora a ese imperio. Los españoles guerrearon, sí, pero pactaron mucho más. Era imposible poblar América a partir de la exportación de gente desde la península. Ni había medios ni había gente para hacerlo. De hecho, el Archivo de Indias nos dice que hasta 1700 no debió superar el número de 250.000 los que cruzaron el charco. Entonces, ¿quién era todo el mundo que allí había? Pues eran muchos indios, muchos mestizos y mucha gente que se incorpora a ese imperio a veces por medio de pactos, a veces por medio de guerras. Pero, una vez que pasa ese momento de confrontación inicial, las poblaciones se integran en el imperio y viven en él durante muchísimo tiempo, siglos. ¡Y viven bien!
 
A. M. R.: Aquí se sigue viendo como una matanza indiscriminada.
M. E. R. B.: ¿Usted no habrá estudiado en la escuela las guerras de América? Yo tampoco, porque no las hubo. No hubo grandes guerras en América en absoluto. Ese largo periodo de paz y prosperidad es anómalo. ¿Cuántos territorios con tanto millones de kilómetros cuadrados pueden presumir de haber vivido tantos siglos de paz y prosperidad conviviendo gente tan diferente, con lenguas distintas, unos cristianizados y otros en proceso de cristianización? Esa gente convivía razonablemente bien por que si no habría habido un estado de guerra viva y permanente que no hubo, luego aquello funcionaba. No hubo guerras significativas hasta las independencias. Por lo tanto es ese mundo mestizo capaz de integrar gentes muy diversas y hacerlas convivir el que verdaderamente deberíamos estudiar. Hay pocos ejemplos en la historia de la humanidad de convivencia de gente tan diversa en un espacio común y sin embargo no es eso lo que estudiamos.
 
A. M. R.: Pero no sólo fue guerra y violencia lo que llevaron los españoles.
M. E. R. B.: Nos empeñamos en la destrucción, ¿y la construcción? En eso la Iglesia tuvo mucho que ver. Una parte grande de la integración se debió al trabajo de los misioneros. Existe la idea tradicional de que los españoles llegaron allí y fue fácil la conquista porque las poblaciones estaban sedentarizadas y vivían en ciudades. Sí, algunos sí, pero otros muchos no. Había tremendas zonas de selva y poblaciones de gente nómadas, seminómadas, puros cazadores y recolectores. Ahí la Iglesia hizo un trabajo absolutamente asombroso. Yo le dediqué un capítulo a uno de esos asombros que es el fenómeno de la conservación de la música barroca en el Amazonas. El trabajo que hicieron los jesuitas en la zona de Chiquitos y Moxos ha permitido conservar un patrimonio de música barroca que es capaz de competir con el que existe en Europa. Y era todo población india. Hoy siguen siendo músicos extraordinarios y han conservado este legado después del destrozo que provocó la expulsión de la compañía de Jesús, que fue una cosa increíble. Increíble que los prejuicios ilustrados hicieran a Carlos III pegarse aquel tiro en el pie porque la Compañía de Jesús era útil y era necesaria y de ella dependían infraestructuras educativas que no tenían sustitución y fue un desastre. ¿A usted qué más le da que fueran jesuitas? En este imperio son muy útiles y extraordinariamente eficaces en su trabajo y no están provocando muerte, destrucción ni pobreza para nada ¿Por qué? Es una cosa muy difícil de explicar que el puro prejuicio es simplemente porque son jesuitas.
 
A. M. R.: En la película «La Misión» aparece muy reflejado cómo contribuyeron los jesuitas al desarrollo social y humano…
M. E. R. B.: Fueron capaces de controlar territorios verdaderamente imposibles, la zona de los Moxos es una zona de la Amazonia verdaderamente difícil, y consiguieron un nivel de integración y de asimilación de las poblaciones indígenas asombroso hasta el punto de convertirlos en músicos excepcionales. Comunidades muy prósperas y hasta ricas que no le costaban dinero al imperio para nada, generaban beneficios, comerciaban con la vainilla y exportaban. Los jesuitas fueron los que descubrieron el uso de la quinina y la convirtieron en un medicamento de uso corriente en Europa. ¿Es que eso no vale nada sólo por el hecho de que los que lo hacían eran jesuitas?
 
A. M. R.: ¿Qué le diría a un católico que siga teniendo complejo de inferioridad?
M. E. R. B.: Que se informe. Que haga el favor de informarse y no conformarse con la visión de la historia de Europa y del mundo que han impuesto a base de propaganda y de tergiversación de los hechos las naciones que se apoyaron en la lucha religiosa para combatir contra el Imperio español. Ese es el quid de la cuestión. ¿Que la hispanofobia no existe o el anticatolicismo no existe? ¡Falso! ¿Usted cómo va a justificar la existencia del protestantismo si no denigra al catolicismo? ¿Cómo justifica usted el nacimiento del protestantismo? Surgió porque era necesario liberarse de aquella tiranía atroz y de aquella oscuridad mental. Por lo tanto los católicos son atroces. Y como los católicos viven en ese mundo oscuro y tenebroso de la intolerancia, para eso hemos nacido nosotros, para librarnos de eso. Cuando un niño protestante se cristianiza, es eso lo que aprende en cualquiera de sus iglesias y las he frecuentado varias de ellas durante bastante tiempo. Es que no puede aprender otra cosa. ¿Cómo surgió mi iglesia presbiteriana? Luchó contra la «ramera de Babilonia» para existir. Eso está en su ADN.
 
A. M. R.: En su libro habla de una inmensa operación propagandística.
M. E. R. B.: Cuando uno estudia la época álgida de las guerras religiosas, se percata de la producción torrencial de folletos y de imágenes infamantes y atroces en el lado protestante. Y luego ve los folletos con los que los católicos se promocionaban en la época de la Contrarreforma, su idea del mundo y tal, y dan pena. Frente a la agresividad que se muestra en el otro lado, la pasividad con que en el lado de acá se acepta que, bueno, que nosotros no nos defendemos. ¡Pero es que uno no puede defenderse como uno quiere, uno tiene que defenderse en función de cómo es atacado lo quiera o no! Si te atacan con armas químicas, ¿tú que haces con un tirachinas en la mano? Absolutamente nada. Y la Iglesia no lo ha hecho nunca, ni los países católicos, ni España. La Iglesia intentó dialogar, intentó hablar... pero se nos ha quedado en la memoria esa historia de que Martín Lutero no tuvo más remedio que romper con la Iglesia porque la Iglesia era intolerante. No, ellos eran intolerantes. Los príncipes protestantes obligaron a las conversiones forzosas. Si no te mataban, te confiscaban los bienes. Si no te marchabas, te tenías que convertir. ¿Que los católicos no toleraban a los protestantes? Bien, pero los protestantes toleraban todavía menos.
 
A. M. R.: El diálogo no era el punto fuerte de los hombres de aquella época.
M. E. R. B.: Hubo intentos. En el Coloquio de Ratisbona, por ejemplo, Carlos V llegó con su oferta de que el que se quiera hacer protestante y niegue su obediencia a Roma que lo haga, pero que se deje en paz a los católicos que quieran seguir siéndolo. Pues Lutero no lo aceptó. Por no hablar luego del tema de las propiedades de la Iglesia que fueron confiscadas. Aquello se convirtió en la excusa fenomenal para un latrocinio monumental. Hasta lo que pasó con los judíos en la Segunda Guerra Mundial, ha sido probablemente el latrocinio más grande de la historia de Europa: el robo de todas las propiedades de la Iglesia y de las de todos los católicos que se negaban a la conversión forzosa.
 
A. M. R.: Católicos (sic) y protestantes estamos ahora en un proceso de diálogo muy fructífero. Usted misma ha experimentado la apertura al diálogo de la Iglesia con creyentes o no…
M. E. R. B.: Yo le digo al párroco que le pida al obispo una catequesis para agnósticos y ateos de buena voluntad, a ver si os quitáis toda esta mugre que os han echado encima. Es el punto cateto de pensar que si actúas contra el catolicismo eres un moderno, sin darte cuenta de que te estás matando a ti mismo, seas creyente o no. Porque estás renegando de tu pasado y de tus antepasados, y esos son los cimientos que nos sostienen. Y sin ellos, nos venimos abajo. Y si nosotros nos venimos abajo, otros se quedan arriba. ¿Me explico?

lunes, 31 de octubre de 2016

FRENTE A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO EN LOS COLEGIOS, LOS PROTESTANTES DEFIENDEN SU FE MEJOR QUE MUCHOS "CATÓLICOS" (Tradicionalistas incluidos)

En vez de estarnos quejando tanto y no hacer nada más que lanzar truenos en los comentarios cuando se publican en las páginas web noticias sobre Halloween, el genderismo, la "educación sexual", literatura o audiovisuales anticristianos y demás laya, imitemos el ejemplo de los protestantes. Ellos, cuando se enfrentan a estas situaciones, van con sus hijos ante los directores de colegio y les dicen estas (o similares) palabras, sencillas pero EFICACES:
Buenos días. Mire, en mi hogar somos cristianos. Como cristianos nosotros no celebramos halloween, ni creemos en la ideología de género. Nosotros creemos en el matrimonio bíblico, tal como lo enseña la Biblia. Por lo tanto, mi hijo no participará de esos festejos (halloween) ni asistirá a las clases de educación sexual integral, ni tampoco realizará tal o cual actividad porque eso viola nuestra fe. En Argentina (o el país donde viva) tenemos libertad religiosa y de consciencia garantizada por nuestra constitución. Obligarnos a actuar contra nuestra fe es violar nuestros derechos. Mi hijo puede hacer todos los trabajos especiales que ustedes le pidan para compensar esa otra actividad, que no hará porque somos cristianos. Él realizará la actividad que ustedes manden, se lo aseguro, pero mi familia no autorizará ni el festejo de haloween o cualquier otra actividad, ni cases especiales de educación sexual, ni tal o cual música o tal o cual coreografía. (Fuente: SURSUM CORDA)
  
Y si algo, rematar con un
"Hasta ahora, a nadie lo han encarcelado, multado o demandado por practicar su religión o sus creencias. La misma Constitución que lo protege a Vd., también me protege a mí, porque del mismo modo en que un profesor no puede obligar a un niño testigo de Jehová a participar en eventos que impliquen símbolos patrios o a un pentecostal que bese un crucifijo, así tampoco a un católico se le puede indoctrinar en algo que le sea contrario a sus convicciones".

martes, 11 de octubre de 2016

EL DEBER DE MORDER LA CABEZA DE LA SERPIENTE (DESTRUIR EL MITO DEL "GENOCIDIO INDÍGENA")

Por José Javier Esparza para LA GACETA
  
Cuenta Nietzsche que paseaba Zaratustra por el campo cuando halló a un labrador en serio apuro: una negra serpiente se le había deslizado dentro de la boca y clavaba sus colmillos en la garganta del desdichado, que apenas podía hacer otra cosa que implorar auxilio con ojos de espanto. Zaratustra se dirigió al campesino y –cito de memoria- le increpó con palabras parecidas a estas: “¿Por qué gimes? ¡Muérdela! ¡Muérdele la cabeza y escúpela lejos!”. La truculenta escena vale como figura de esas situaciones en las que nuestra razón o nuestra acción quedan paralizadas por la superstición, el prejuicio, el dogma, la culpa o cualquier otro “relato” que sofoque la voluntad. Y este 12 de octubre, como todos los años, hemos visto un montón de serpientes negras colgando de la boca de miles de desdichados españoles.
  
Es sorprendente constatar cuántos compatriotas han comprado el discurso del indigenismo impostado, del genocidio que nunca existió, de la condena sumaria de España y del descubrimiento y conquista de América. “Si América es pobre –vienen a decirnos- es porque España todo se lo robó”. Al margen del pequeño detalle de que América no es pobre, multitud de estudios –yo mismo he trabajado el tema en La cruzada del océano- demuestran que allí se quedó, por lo menos, la mitad de lo que se extrajo, pero da igual, porque la característica fundamental del discurso condenatorio es que no ha estudiado nada. “Si los indios sufren –añaden- es por el genocidio que España perpetró”. Si España hubiera perpetrado un genocidio, hoy no habría millones de indígenas en Hispanoamérica, pero la evidencia lógica tampoco amilana a los vindicadores. “¿Y los muertos que denuncia Las Casas?”, rubrican con el aire de quien ha encontrado el argumento definitivo. Innumerables estudios han demostrado que la causa mayor de la mortandad indígena no fue la guerra ni la esclavitud, sino los virus, bichitos cuya existencia se ignoraba en el siglo XVI (véase la compilación de Cook y Lovell Juicios secretos de Dios, ed. Abya Yala, 2000), pero, una vez más, de poco sirven los estudios para quien ha decidido su verdad de antemano: la serpiente que se le aferra a la garganta.
  
En la conquista de América, que sin duda fue tan truculenta como todas las conquistas que en la Historia han sido, corrió sangre, claro que sí. Mucha. No hay más que leer a los cronistas. Pero, en primer lugar, no fue una guerra de españoles contra indios: ni Colón en La Española, ni Núñez de Balboa en Panamá, ni Cortes en México ni Pizarro en el Perú habrían obtenido otra cosa que una miserable tumba de no haber contado con el apoyo masivo de centenares de miles de indios –desde taínos en la Española hasta huancas y tallanes en Perú o tlaxcaltecas en México- que se unieron a sus filas para liberarse de la brutal opresión a las que les sometían caribes, méxicas o incas. Después, España creó allí su propio mundo y no lo hizo peor que los romanos o los árabes que antes habían conquistado la península ibérica. Incluso lo hizo bastante mejor. Nunca nadie antes había prohibido esclavizar a los vencidos, y España lo prohibió en 1504. Nunca nadie antes había dictado leyes de protección laboral para los siervos –en este caso, indígenas-, y España lo hizo desde 1512. Nunca nadie antes había reconocido la dignidad humana de las poblaciones dominadas, y España lo hizo en las sucesivas Leyes de Indias. Nunca nadie antes había sometido a juicio moral la legitimidad de sus conquistas, y España lo hizo en la Controversia de Valladolid de 1550-1551. Podemos seguir flagelándonos las espaldas, pero el hecho objetivo es que la conquista de América –que sí, que fue una conquista armada-, lejos de ser una monstruosa empresa depredadora, significó un trascendental paso adelante en la conciencia de la humanidad. Sería magnífico que la izquierda española leyera un poquito más.
 
El hipócrita sátrapa
Algo que hay que decir también, necesariamente, sobre esa costumbre, cada vez más extendida al otro lado del mar, de aprovechar el 12 de octubre para conmemorar la “resistencia indígena” contra el “opresor español”. Porque ocurre que la verdadera represión contra los amerindios, la más cruenta y letal, no fue la de los conquistadores españoles –ni la que los propios amerindios habían ejecutado antes sobre sí mismos, cosa que frecuentemente se olvida-, sino la que acometieron las nuevas naciones hispanoamericanas después de la independencia. Los españoles vencieron a los charrúas, pero no los exterminaron. Quienes los aniquilaron fueron los uruguayos después de la independencia. Las guerras más feroces contra los mapuches no fueron las libradas por los españoles y sus aliados indios del norte, sino las planificadas por Chile y Argentina entre 1878 y 1885. Después –mucho después- de la independencia. Fue igualmente después de la independencia cuando se ejecutaron las campañas de “eugenesia” en Bolivia, que consistían no sólo en la esterilización de los indígenas, sino también en su muerte física. Todo eso se hizo en nombre del progreso y la modernidad. Lo mismo en Colombia, Venezuela, Perú o México. En este último país, la desamortización de la ley Lerdo (1856) condenó literalmente a morir por inanición a millares de indígenas que conservaban sus tierras desde la época colonial.
  
¿Y todo eso por maldad? No necesariamente. Para las naciones liberales emancipadas, los indígenas eran un obstáculo indeseable. La mayor parte de ellos había combatido para la corona en las guerras de la independencia, como los propios mapuches, y ahí estuvieron los caciques Huenchukir, Lincopi y Cheuquemilla, entre otros. Cuando la corona española abandonó América, sólo un 30% de la población hablaba español. La construcción de naciones modernas exigía arrasar el campo, y a ello se emplearon las elites criollas. En 1894 el historiador mejicano Joaquín García Icazbalceta escribe sobre los indios: “Y ahí están todavía, causando mil estragos, los restos de sus descendientes, que en tantos años no han tomado de la civilización sino el uso de las nuevas armas, y que al fin será preciso exterminar por completo”. En 1931, Alejandro O. Deustua lamentaba la existencia de indígenas en el Perú y elogiaba a Argentina por haberlos exterminado. Todo ello mientras esas mismas elites criollas inventaban un hipócrita discurso legitimador reivindicando para sí la herencia indígena. Esa herencia que ellos estaban exterminando. ¿Quién habla hoy de “genocidio”?
  
Las elites criollas usurparon literalmente la identidad indígena: para legitimar su poder frente a la vieja metrópoli, se calzaron el gorro de plumas mientras machacaban a los indios de verdad. Y bien, ¿qué han hecho con ese poder? Han pasado doscientos años. ¡Doscientos! Hace doscientos años, España estaba devastada por la guerra con Francia, Alemania e Italia no existían, los Estados Unidos eran una inconexa aglomeración de territorios en la costa atlántica norteamericana, Australia no era más que la colonia penal de Nueva Gales del Sur y el salario de un campesino europeo, según Humboldt, era inferior al de un labrador mejicano. ¿Qué es hoy, doscientos años después, la América emancipada bajo la dirección de aquellas elites criollas? Que contesten ellos. Pero la culpa no es de España.
  
Las naciones hispanoamericanas, en general, son un mundo de enormes promesas. No sólo hay riquezas naturales. Hay además una cultura social pujante. Y personalidades de relieve impresionante en todos los ámbitos. Y una vitalidad sin par, que ya quisiéramos en Europa. Y además, para un español, es necesariamente nuestro mundo, porque habla nuestra lengua, lleva nuestros nombres y reza a nuestro mismo Dios. Por eso duele. ¿Cómo no amar a nuestra América? Pero ese discurso neo indigenista, tan hipócrita, tan falsario, la está matando. El nuevo indigenismo está actuando, en la práctica, como un típico recurso de “falsa conciencia”, por emplear la terminología marxista (falsche Bewutseins): se hace creer a la gente una realidad que no es para ocultarle la verdad sobre sus condiciones materiales de existencia. Es la serpiente cuya cabeza hay que morder.
  
Hay algo grotesco, obsceno, indecente, en la estampa de esos sátrapas que claman contra la vieja España, disfrazados de indígenas, desde sus suntuosos palacios. La fortuna de Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina, se ha multiplicado por 32 desde que llegó al poder: de dos millones de pesos a 64 en doce años. La fortuna de Evo Morales, según la Contraloría General del Estado de Bolivia, se multiplicó por tres en apenas seis años de mandato. Maduro y las hijas de Chávez gastan 2,6 millones de euros diarios, según denunció la oposición con asiento en las propias cifras oficiales. La investigación sobre la Banca Privada de Andorra puso al descubierto el sucio tráfico de dinero negro de la nueva oligarquía venezolana. Esas nuevas oligarquías, aupadas en la cima de una montaña de oro, reciben al pueblo que les grita “¿Dónde está nuestro dinero?” y contestan: “¡Se lo llevaron los españoles!”. Y en España no faltan almas simples dispuestas a decir, que sí, que la culpa es nuestra. Hay que ser imbécil.
  
¿Culpa? ¿Genocidio? ¿Explotación? Basta ya. Muérdela. Muérdele la cabeza y escúpela lejos. Como la serpiente del desdichado campesino de Zaratustra. No sólo los españoles. También los hispanoamericanos. Quizás ellos necesitan más que nadie morder.

jueves, 27 de mayo de 2010

EL PELIGRO DE HUIR DEL MUNDO SO CAPA DE VOCACIÓN

La vocación, y más si es al sacerdocio o a la vida religiosa es una bendición de Dios, pero el peligro reside en que ésta sea falsa, esto es, que no tenga en el Señor su origen, centro ni finalidad; y que se asuma simple y llanamente para escapar del mundo sin conocer los manejos que de manera estrictamente necesaria deben tenerse con él, lo cual además es peligroso, ya que al no contar con suficientes defensas, sucumben fácilmente al mundo y sus vanos placeres. A este respecto, es ilustrativa la carta del Cardenal John Henry Newman al Serjeant-at-Law (que es en el Derecho Anglosajón lo que el abogado casacionista en el Derecho Romano-Germano-Canónico) Edward Bellasis Sr., a propósito de uno de sus hijos, que era alumno del Colegio San Felipe Neri, adscrito al Oratorio de Birmingham.
The Bristol Hotel, East Cliff, Brighton, 5/VIII/1861.
 
Mi querido Bellasis:
 
[...] Pues bien, respecto de su hijo. Si tuviera que decir lo que realmente pienso, sería algo así: no creo que las vocaciones verdaderas puedan destruirse por el contacto con el mundo —no me refiero al contacto con el pecado y la maldad sino al contacto con el mundo que consiste en los tratos considerados naturales y necesarios. Son muchos los chicos que parecen tener vocación cuando en realidad la cosa no es más que apariencia. Van al colegio y la apariencia desaparece— y luego la gente va y dice «Han perdido su vocación», cuando en realidad jamás la tuvieron. En tales casos, por el contrario, debería considerarse una bendición que sus padres no resultaran engañados.
 
Pero lo que me aterra —y es un peligro mucho más extendido— no es que la Iglesia pierda los sacerdotes con los que debiera haber contado, sino que gane para sí sacerdotes con lo que nunca debió verse entorpecida. La sola idea es horrible, que chicos cuyo corazón jamás fue probado hasta que, después de unos cuantos años, salen al mundo con los más solemnes votos encima para quizá enterarse por primera vez de que el mundo no es un seminario— cuando cambian la atmósfera de la Iglesia, la sala de lectura, la celda, la rutina de las devociones, el trabajo, la comida y la recreación por este mundo tan brillante, variable y seductor.
 
Pero hay más. Temo que se separen del mundo con excesiva anticipación por otra razón: debido al espíritu algo fastidioso, formal y afectado [que la vida en religión] suele desarrollar.  Que existan vocaciones genuinas entre los chicos es algo que creo enteramente —nos topamos con ellas en las vidas de Santos; y en otros casos también— mas, si alguno de estos fueron introducidos desde pequeños en la vida religiosa, como Santo Tomás y el profeta Samuel, de todos modos aquellos que conocemos mejor y que también parecen haber tenido vocación no de grandes (como San Ignacio [de Loyola] o San Anselmo) sino desde chicos, hay que tener en cuenta que de todos modos la apreciaron y alimentaron en el curso de una educación secular, tales como San Carlos [Borromeo], San Luis [Gonzaga], San Felipe Neri y San Alfonso [Ligorio].
 
Estando pues bajo las dificultades contrarias de privar a Nuestro Señor de Sus sacerdotes o de darle sacerdotes indignos, por mi parte, si puedo opinar sobre el particular, me inclino a preferir con mucho el primer mal. Creo que una vocación verdadera en un joven no se pierde por virtud de una educación secular —como mucho quedará sumergida por algún tiempo para volver a reaparecer más tarde— mientras que una falsa vocación puede alimentarse y sostenerse en un seminario. O, por lo menos, es más común en los tiempos que corren que se fabriquen falsas vocaciones mediante una dedicación religiosa o eclesiástica desde una edad temprana y no que vocaciones genuinas se pierdan por virtud de una educación secular.
  
Siempre suyo en Xto.,
 
+John Henry Newman
Cardenal

viernes, 26 de febrero de 2010

EL CATÓLICO TRADICIONAL EN UNA UNIVERSIDAD MODERNA, POR MARTIN PATRICK HUGHES, Ph.D.

Tomado de CONGREGACIÓN MARÍA REINA INMACULADA
 
«¿Qué es verdad?» (Juan 18:38). Esa es una pregunta interesante. La humanidad ha luchado con ella desde la caída de Adán y Eva. Una vez que perdimos aquellos dones que teníamos antes de la caída, la humanidad ha tenido que buscar (y luchar por) la verdad. Pilato, inconscientemente, fue directamente al quid de la cuestión cuando planteó su famosa pregunta a Cristo. Los Evangelios no registran respuesta alguna por parte del Hijo de Dios mientras estuvo delante de Pilato. Pero ¿qué debía contestársele? La Verdad ahí estaba, justo enfrente del juez romano, pero éste no la vio. El centurión de los Evangelios la había visto. Los apóstoles la habían visto. La mujer samaritana la había visto. La mujer que fue prendida en adulterio; la innumerable cantidad de inválidos, leprosos y ciegos que Cristo había curado; las tres personas que Él levantó de entre los muertos: todos habían visto la Verdad. La fe es un don que cada hombre debe optar por aceptar o rechazar. Pilato, desafortunadamente, eligió mal.
 
Pero, desde otro punto de vista, la verdad siempre ha sido un concepto difícil para el hombre caído. Se cree que antes de la caída, Adán estaba dotado de grandes facultades, las cuales no podemos imaginarnos ni remotamente. Él nunca tuvo que luchar con el cálculo, con las leyes fundamentales de la física o con el teorema de Pitágoras. Se cree que él tenía un conocimiento detallado de todos los procesos de la naturaleza. Su conocimiento de la ciencia, de la mecánica del mundo material: todo era perfecto sin necesidad de estudiar. Entendía todo, desde la estructura del átomo hasta las leyes que gobiernan el cosmos. Como dicen, él lo tenía todo.
 
Pero tras la caída, el hombre no fue intelectualmente más que una sombra pálida de su antiguo ser. El hombre fue en un tiempo el depósito de todo conocimiento y sabiduría; ahora debe sufrir y trabajar duro para comprender cualquier cosa. Y ni siquiera es necesario aludir a las interminables generaciones que se han esforzado mucho con la química orgánica. Cuando yo tenía dos o tres años, me tomó semanas aprender cómo amarrar mis zapatos sin que el conejito se quedara atorado bajo el condenado arbusto. Ahora ya tienen velcro. ¿Acaso no es típico de nuestra naturaleza humana buscar siempre un atajo?
 
Pero no existen atajos cuando se trata de la educación. En un mundo cada vez más sofisticado, existe una creciente necesidad por la educación y el aprendizaje. Dicho de otro modo, en un mundo que se oscurece cada vez más intelectualmente por la oscura noche del error, existe una creciente necesidad por la llama iluminadora de la verdadera educación. Cristo nos ha dado este imperativo: «Que brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre, el de los cielos» (Mt. 5:16). Cristo nos ha pedido que seamos el modelo, que divulguemos el Evangelio de su verdad a todo el mundo. En la sociedad moderna, una de las mejores aseguranzas que tenemos de poder llevar a cabo ese mandato es consiguiendo una buena educación. Esta no es una empresa fácil. Todos los jóvenes católicos de hoy deben encarar un dilema difícil: necesitamos obtener una buena educación a fin de guiar a otros, por palabra y ejemplo, a la Verdad. Pero los mismos medios para obtener esa educación, a saber, las universidades y escuelas universitarias de hoy, representan una amenaza grave para nuestra fe católica. No es tarea fácil preservar los preciosos valores y creencias tradicionales que hemos recibido cuando estamos metidos de lleno en un ambiente que los ataca constantemente. Pero os aseguro, puede hacerse. Más aún, debe hacerse.
 
Quedarse sentado en casa y tomar un rol pasivo en el mundo actual simplemente no es una opción. Incluso para sobrevivir en tiempos modernos, si lo vemos desde un punto de vista material, requiere de una educación sana. Es muy difícil cuidar del alma propia cuando la necesidad apremiante es poner comida en la mesa familiar. Como dijo santo Tomás de Aquino, conviene tener una cantidad suficiente de bienes materiales, a fin de tener el tiempo y la capacidad para atender los menesteres de nuestras almas.
 
Quizá lo más importante, como trataré más adelante y con más detalle, sea lo absolutamente esencial de una educación sana para combatir las fuerzas del error en un nivel intelectual. Sin duda que ir a la universidad representa de suyo una amenaza a la salud del alma propia. Mas, esto no significa que debamos responder como el avestruz, enterrando nuestras cabezas en la arena y huyendo de los retos. Al contrario, debemos prepararnos para el reto de mantener viva la fe en un ambiente hostil. Los apóstoles y los primeros cristianos no retrocedieron ante la idolatría de Grecia y el libertinaje de Roma. Primero se formaron y luego enfrentaron el reto de divulgar el Evangelio a todas las naciones.
 
Cualquiera que intente hacerlo de otro modo, huyendo de los retos modernos; cualquiera que busque una huida pasiva, no entiende verdaderamente el llamado del Evangelio. A ellos se refería Cristo cuando habló del siervo que fue y enterró su talento. ¿De qué sirven los talentos escondidos y que nunca se usan? ¿De qué sirve un don que no es compartido para el beneficio de los demás? ¿De qué sirve la luz de la fe si se la esconde bajo el manto del respeto humano? El obtener una educación no es simplemente un medio imprescindible en la preparación para el reto de difundir la fe en el mundo moderno, sino que en sí es una oportunidad para difundir la luz de esa fe. Estos fueron los pensamientos que tuve cuando opté por ir a la universidad.

Una universidad pública
Mi primera decisión fue escoger una escuela. Fui a una universidad estatal en la zona donde vivía mi familia. Aunque había una universidad «católica» muy respetada más cerca de casa, me decidí por una escuela pública para evitar el modernismo y la herejía que hoy se enseñan en el sistema educativo superior católico. El obispo Fulton J. Sheen una vez aconsejó a un grupo de estudiantes católicos preparatorianos que les convendría ir a una escuela estatal donde tendrían la oportunidad de luchar por su fe, que ir a una universidad católica moderna donde lo único que obtendrían sería la versión diluida y modernista de la fe ya mascada para sus mentes desprevenidas. Eso fue hace 25 o 35 años; sin duda que hoy es peor.
   
Después de haberme matriculado, comenzó a apoderarse de mí un agradecimiento más profundo por mi educación católica, y por la enseñanza secundaria que recibí de los católicos tradicionales. Siempre estaré agradecido a mis padres por los tremendos sacrificios que hicieron para darle a mis hermanos y hermanas y a mí esa educación. Ha resultado ser una sólida base para mi fe. Una vez que entré a la universidad me di cuenta de cuán importante es la educación, y de cuánto debemos depender de ella. Quizá sirva aquí discutir algunas de las cosas que encontré en la universidad para demostrar qué tan importante es una buena educación católica.
 
En mi primer trimestre de universidad, me aconsejaron que comenzara a tomar los requisitos universitarios generales. Estos son una serie de cursos, en una amplia variedad de materias, que constituyen el núcleo de una típica educación en humanidades. La lista de cursos (y utilizo esa palabra holgadamente) de la cual se podía escoger era de suyo una denuncia de la educación superior en Norteamérica. Como señaló George Roche, presidente de Hillsdale College (Michigan), parece ser que los clásicos de la civilización occidental han sido echados por la ventana y sustituidos por personas del tipo de Jesse Jackson y los otros «iluminados» liberales de los últimos 30 años. Todas las obras de los «hombres blancos muertos» [En el original Dead white men, término acuñado por el movimiento feminista para designar despectivamente a los hombres blancos, particularmente europeos ya muertos, y que forma parte de su política de crear un nuevo enfoque femenino universal supuestamente superior. N. del T.], desde Aristóteles hasta Aquino y Jefferson, todos los avances culturales de la sociedad occidental de los últimos 3000 años, todas las cosas que han engrandecido nuestra civilización, todo ha sido trágicamente reemplazado por los principios modernos de la doctrina liberal. Hoy, todas las decisiones en la educación superior, desde a quién contratar y despedir hasta qué cursos enseñar, cómo enseñar y qué cosas pueden enseñarse, todas estas decisiones descansan sobre los dictados de lo que Irving Kristol llama la «impura trinidad» de raza, sexo y clase. Así, además de materias como «Una introducción a la macroeconomía» y «literatura norteamericana», mi lista de cursos disponibles contenía tales clásicos como «Estudios femeninos», «Historia chicana» y otros testimonios similares del triunfante ascenso de la humanidad de aquella «Edad Oscura». Las discusiones informales que tuve con compañeros de clase revelaron que los «Estudios femeninos» eran simplemente un frente para el feminismo radical y para vapulear a los hombres; mientras que los «Estudios chicanos» meramente suministraban una tribuna improvisada a los individuos malamente educados de linaje hispano para despotricar contra los supuestos abusos del imperialismo norteamericano. Preguntadle a cualquier estudiante de casi todas las universidades: el mensaje del frente es que el pluralismo está sano y salvo en las universidades. Pero ya divago.
    
Para mis primeras dos clases de requisito, escogí el curso de economía y «Una introducción a la ética». ¿Ética? ¿En una universidad moderna? ¿Qué estaba pensando? Como ya había tomado un excelente curso de ética en mi clase de filosofía en preparatoria (y fue el futuro obispo Mark Pivarunas quien la enseñó), me sentí lo suficientemente capacitado para tantear el terreno. Al final, y para sorpresa de nadie, las nociones que el profesor tenía de la ética contrastaban nítidamente con lo que me habían enseñado en nuestro curso de preparatoria sobre la filosofía escolástica de santo Tomás de Aquino. El programa de nuestro curso universitario incluía una perspectiva general de la filosofía de cinco escritores diferentes del periodo de la Ilustración. Pensaríais que con cinco intentos, uno de ellos podría presentar algo razonable. Pero estaríais en lo equivocado. Terminamos con cinco puntos de vista diferentes, y todos puramente humanísticos; no obstante, estaban en total contradicción respecto a qué cosa es la «moralidad» y en qué se basa. Ninguno acertó. Ellos simplemente habían demostrado cuánto puede desviarse un hombre cuando no sigue la luz de la gracia, la inspiración del Espíritu Santo y la guía de la santa madre Iglesia. «La luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que hace el mal, odia la luz y no viene a la luz para que no sean vituperadas sus obras» (Juan 3:1-20).
 
Pero en cierto sentido, este curso puso en evidencia de una manera clara y convincente lo absurdo y lo falaz de estas teorías humanistas. De alguna forma u otra, todos ellos estaban de acuerdo en un punto en particular: el concepto de la autoridad moral tiene su fundamento dentro del propio hombre. No hubo alusión a una fuente externa de la moral, no hubo referencia a Dios: claro, estos filósofos eran «ilustrados». En su lugar, cada uno de ellos dijo con palabras diferentes que la humanidad es la fuente de la autoridad moral. Así, desmienten colectivamente lo que cada uno enseña individualmente. Después de todo, aquí tenemos cinco filósofos distintos, que mantienen el origen humano de la moral; pero que al explicar de qué se trata dicha moral terminan dándonos cinco versiones distintas de ella. Todos discreparon en cuanto a lo que es la moral cotidiana. Pero, si todos son humanos, y la humanidad es la fuente de la autoridad moral, ¿cómo puede haber desacuerdos en cuanto a lo que es la moral? Esto de por sí refuta la suposición básica sobre la que descansan sus argumentos, a saber, que el criterio para la verdadera moral se halla en la humanidad, dentro de la sociedad humana colectiva.
 
Este análisis es una aplicación típica de la filosofía escolástica. En un argumento, si las suposiciones son correctas, y la lógica (la línea de argumentación) también lo es, la conclusión producida será correcta. Sin embargo, si el supuesto o la lógica son incorrectos, las conclusiones serán incorrectas. Esto es lo que aprendí del obispo Pivarunas cuando estudiaba preparatoria. Pero ninguno de mis compañeros de clase tuvo el privilegio de tomar ese mismo curso de filosofía católica. Algunos de ellos sintieron que lo que se nos enseñaba en «Una introducción a la ética» estaba mal, mas ninguno de ellos podía decir por qué estaba mal. Al final del curso, cuando se había terminado el último examen, una chica joven le dijo al profesor: «¿Y qué se supone que debemos llevar a casa de este curso? Todos estos filósofos discreparon acerca de lo que es la moral. Es decir, ¿cuál es la diferencia entre lo bueno y lo malo?». El profesor contestó: «Bueno, tomemos el aborto como ejemplo». Luego le preguntó a uno de los estudiantes: «¿Qué pensáis sobre el aborto?» La respuesta fue: «Es decisión de la mujer». Luego le preguntó a otro alumno: «Está bien, siempre y cuando sea en las primeras etapas del embarazo». Luego le preguntó a otro: «Es inmoral. Siempre es malo». Otro estudiante contestó: «Está bien si se trata de casos de violación o incesto». El profesor obtuvo una respuesta diferente por cada alumno que le contestó. Luego se volvió a la señorita que había preguntado sobre la diferencia entre lo bueno y lo malo: «¡Bien, ahí está! ¡ahí lo tenéis!». «Pero ¿qué queréis decir con eso?», preguntó ella. El profesor llevó las manos a su cara y presionó sus dedos contra su mentón. Todos comprendimos que esta era la señal de que iba a hacer una declaración final y definitiva. Tras una pausa dramática para impresionar, se volvió hacia la estudiante y dijo: «Si para ti es bueno, es bueno para ti. Mas si para ti es malo, entonces es malo para ti. Así de sencillo».
  
Ese fue el resultado de las diez semanas de investigación intensiva para descubrir la base de la moral. ¡Todo se redujo a eso! ¿Qué tan simple puede ser? Yo me hubiera quedado atónito sino lo hubiera previsto. Pero podía sentir, literalmente, la frustración de todos los demás estudiantes del salón. Eran jóvenes de 18 o 19 años que ya no estaban conformes con la regla de «porque yo digo» de siempre. Ellos tomaron esta clase porque eran sinceros, realmente buscaban una filosofía de lo bueno y lo malo sobre la cual podrían basar sus vidas. Dios sabe que hasta ese momento no la habían encontrado paseando en los centros comerciales, o escuchando rock pesado. Me tomé un momento para mirar alrededor del salón tras la revelación de nuestro profesor. Estudié los rostros de aquellos estudiantes: eran rostros que revelaban confusión, frustración y una creciente apatía. Después de haber hablado con ellos supe que habían ido a esa clase y que habían invertido tanto esfuerzo para tener un mejor entendimiento del verdadero significado de la vida. Y cuando sus sinceros esfuerzos fueron finalmente recompensados con el mantra del hippy radical («¡Si se siente bien, hazlo!»), supieron que les habían dado gato por liebre.
 
Tuve muchas otras experiencias igualmente instructivas en la universidad. Conocí a muchas feministas, a muchos liberales, pluralistas, ecologistas radicales y seguidores de casi todos los matices de error con los cuales hoy se disfraza la falsedad. Un ecologista que conocí abogaba todo, desde dinamitar presas hasta poner «químicos esterilizadores» en el sistema de agua potable municipal. Tuve maestros que utilizaban el salón de clases para defender «el derecho de la mujer para elegir». Vi cómo se invirtió el proceso científico en la clase de biología, pero solo en lo tocante a la evolución. Ya no se usan los nuevos indicios experimentales para ajustar la hipótesis que está bajo investigación, es decir, si esa hipótesis tiene algo que ver con la «evolución», aunque sea poco. En su lugar, los resultados experimentales se distorsionan de cualquier manera posible para apoyar la evolución. Sin duda, al mismo tiempo que se le alude como la «teoría» de la evolución, se le ha concedido la categoría de «ley» y se le coloca en el mismo nivel que con la gravedad de Sir Isaac Newton. Hay muchas otras cosas que me encontré en la universidad, desde los que defienden la homosexualidad hasta a los comunistas encubiertos, pero estoy seguro de que he dicho lo que quería decir. Cualquiera que se aventure a la esfera de la educación superior debe prepararse para lo que le espera.
 
Una universidad católica
Después de graduarme de la escuela universitaria, comencé mis estudios de posgrado en la Universidad de Notre Dame. Así tuve la oportunidad de comparar tanto la educación superior pública como la católica. En el curso de posgrado, los estudiantes por lo general solo toman clases en su disciplina, por lo que afortunadamente no llegué a escuchar las herejías de la Iglesia moderna. Sin embargo, he visto y oído lo suficiente para contaros algo de lo que un joven o una joven puede esperar en una universidad católica moderna.
 
Tengo muchos amigos que estudian en Notre Dame, en Saint Mary’s College y en Holy Cross College (Saint Mary’s es la escuela para mujeres contigua a Notre Dame, y Holy Cross es para estudiantes de tercer año que, al igual que Notre Dame, es asimismo dirigida por la Congregación de la Santa Cruz. Ambas facultades se encuentran cruzando la calle de la universidad, a muy corta distancia, y tienen fuertes afiliaciones con ella). He tenido muchas discusiones con ellos acerca de lo que se enseña en los cursos de teología, filosofía y sociología. Un compañero me habló de los debates que sostiene a diario con otros estudiantes y con su maestro, en los cuales ha tenido que defender la posición de la Iglesia respecto al aborto y el concepto del bien y el mal absolutos. Una chica que estudia teología como especialidad en St. Mary’s me contó de un incidente ocurrido en 1993, en el que una feminista renombrada fue invitada por la facultad de teología para que diera una conferencia a sus escolares. De las muchas declaraciones heréticas que hizo durante la discusión de mesa, la afirmación de que Nuestra Señora no fue una virgen es con mucho la más blasfema. Solo dos estudiantes protestaron. Nadie más hizo lo mismo. El solo pensamiento de que tan blasfema imprecación pudiera hacerse en una escuela que lleva el nombre de Nuestra Santa Madre es suficiente para causar náuseas.
 
Con solo hablar con varios estudiantes de estas facultades me he enterado de que muchos no creen en el infierno, y su concepto de la vida y la muerte recuerda, sospechosamente, a las creencias del misticismo oriental. El revisionismo histórico, aun en lo que se refiere a los acontecimientos históricos de la Iglesia más básicos, prolifera en Notre Dame y otras escuelas universitarias católicas. Una señorita con quien conversaba se sorprendió al saber que yo aún creía que ninguno de los apóstoles fue mujer (¡tal concepto era decididamente medieval!). Muchos estudiantes y maestros se han pasado los últimos años exigiendo que la administración universitaria reconozca a los grupos de gays y de lesbianas en el campus (dicho sea en su favor, la universidad se ha rehusado repetidas veces). Prácticamente ningún estudiante cree en el dogma de «fuera de la Iglesia no hay salvación». ¿Y por qué lo han de creer? Se les está enseñando algo distinto en sus clases de teología. El concepto de la infalibilidad papal también ha sido destrozado miserablemente antes de ser presentado a la clase. El resultado de todos estos errores es que un escolar ahora define su propio catolicismo, y puede aceptar o rechazar las enseñas eclesiásticas como estime conveniente.
 
Esta situación en la Universidad de Notre Dame puede remontarse a su expresidente, el Reverendo Padre Theodore Hesburgh. Su libro autobiográfico, God, Country, Notre Dame [Dios, patria, Notre Dame], es verdaderamente fascinante en muchos aspectos, y debería ser leído por todo estudiante católico tradicional que se ha matriculado en una moderna universidad católica. Un lector con criterio hallará, por debajo del texto superficial, una narración de primera mano de la lucha entre los liberales y conservadores en la iglesia por el control de la educación católica (los liberales ganaron). En el libro, esta lucha ideológica se encuentra perfectamente personificada por los choques entre el Padre Hesburgh y el Cardenal Ottaviani, defensor incondicional de la ortodoxia.
  
Una de las mayores victorias del campo liberal ocurrió en la «Conferencia Land O’ Lakes», celebrada en Wisconsin (1967). Fue organizada poco después del Concilio Vaticano II, y encarnó muy bien su espíritu revolucionario. Orquestada por el Padre Hesburgh, la conferencia fue una tentativa directa para librar a las universidades católicas en Norteamérica del control eclesiástico. Los liberales formularon la acusación de que la única manera de mantener la integridad académica e intelectual era cuando la mente estuviera libre de las restricciones de cualquier autoridad externa. Ellos acuñaron la frase «laicos o clericales», quizá en un intento por enredar las cosas, mas sus esfuerzos fueron una tentativa directa para ganar la independencia de la Iglesia. Esta afirmación de la libertad académica no es sino una sumisión al movimiento del librepensamiento renacentista.
 
Existen tantos elementos contradictorios en este tipo de pensamiento que es necesario delinearlos. Sobre todo, ¿cómo pueden estas universidades sostener una independencia de la influencia eclesiástica, y aún así seguir llamándose católicas? En segundo lugar, eso de independencia intelectual de toda autoridad es, en sí, una sumisión a otra autoridad, a la escuela del liberalismo librepensador (casi de igual manera, los que afirman que no hay moral crean una recién definida «moral del momento» propia y relativa, como ya se discutió arriba). Cuando estas universidades echaron por la borda las ideas de la Iglesia tradicional, crearon un vacío que, así como el día sigue a la noche, pronto se llenó con otras ideas y otro modo de pensar. ¿Y cómo no iba a ser así?
 
Pero ¿cuáles son las ideas que han tomado su lugar? Nuestra breve mirada hacia las escuelas universitarias y universidades católicas nos ha proporcionado una respuesta aleccionadora. Los dirigentes de la educación católica superior en Norteamérica han capitulado a los gritos estridentes que proclaman las modas pasajeras del día. La cantidad ha sofocado la voz de la razón, y los argumentos que al presente están de moda han reemplazado a las firmes y probadas enseñanzas de los siglos.
 
Hoy está en boga tener una «mente abierta», mientras que la adhesión al principio de la moralidad absoluta, la fidelidad a la totalidad de las enseñanzas eclesiásticas y una entrega inflexible a la verdad han sido rechazadas junto con la misa latina.
  
¿Cuánta apertura de mente hay en eso? Los liberales que hoy tienen el poder en las universidades católicas, o los internos que dirigen el manicomio, por así decir, están prontos a seguir el ejemplo de sus cohortes en las escuelas estatales acatólicas. Por cierto, tienen un concepto interesante de la «apertura de mente». Como dijo George Roche: «En algunos campus, la diversidad va desde el maoísmo hasta el estalinismo». Mientras que las ideas de los famosos «hombres blancos muertos» son criticadas constantemente, está prohibido ofender a las feministas, a los comunistas, a los búhos reales o a cualquier otro grupo protegido. Así, mientras ellos expresan estridententemente su autonomía de toda influencia eclesiástica, al mismo tiempo se encadenan servilmente a la implacable tiranía de lo socialmente adecuado. Ellos condenan a todo el que no abandona el estandarte de la enseñanza católica tradicional; con todo, exhiben una sorprendente presteza al ser los primeros en subirse al tren cuando se trata de abrazar a quienes profesan una «moral alternativa». Su inclusividad se extiende a todos, menos a los que tienen puntos de vista tradicionales o conservadores.
   
De este modo, en tanto muchos oradores y escritores han sido criticados, vilipendiados y condenados como «intolerantes», los liberales de todos y cada uno de los matices del pensamiento acatólico son invitados al campus con la aseguranza de liberalidad y tolerancia. Mientras yo estuve en Notre Dame, hemos tenido oradores en el campus del tipo de:
  • Greg Louganis, el medallista de oro olímpico de los EE. UU. Pero no fue invitado por razón de sus logros atléticos. En años recientes ha reconocido públicamente que él es homosexual, y fue invitado a Notre Dame como defensor de los gays.
  • El obispo P. Francis Murphy, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Baltimore. Él pidió a gritos la ordenación sacerdotal de las mujeres.
  
Afortunadamente, también hemos tenido oradores conservadores, tales como William F. Buckley (hijo), gracias a ciertos grupos de estudiantes conservadores. Pero tales oradores siempre se las arreglan para atraer a los manifestantes, lo cuales son de tal apertura de mente que sólo escucharán a quienes no discrepen de sus puntos de vista.
 
Charles E. Rice, profesor de Derecho en la Universidad de Notre Dame, ha puesto de manifiesto, con gran perspicacia, las contradicciones de los liberales que al momento se encuentran afianzados en la dirección de la universidad. En un artículo publicado hace dos años en el periódico estudiantil The Observer, habla él de cómo la universidad ha citado la Conferencia Land O’Lakes para rehusarse a seguir ciertas enseñanzas de la Iglesia con respecto a las universidades católicas. Pero esta exigencia farisaica de independencia dio paso a una actitud servil cuando la interferencia vino del bando liberal. Ese año, un paquete de información del Departamento de salud de Indiana, una agencia estatal (de la cual la universidad asegura ser independiente), llegó al Centro de salud universitario. Fue el folleto liberal más reciente acerca de los peligros del SIDA, de cómo puede transmitirse, etc. La circular decía que las compañías deberían concientizar a sus empleados acerca de estos peligros, especialmente el peligro del sexo desprotegido. Debe fomentarse el uso del condón, es decir, la misma cantaleta de siempre. Aunque parezca mentira, la universidad (yo añadiría, la universidad católica autoproclamada libre de toda influencia) no selló el paquete con «influencia excesiva, regrésese al remitente, véase Land O’ Lakes». En vez de eso, se hizo un esfuerzo por cumplir con las proposiciones de la agencia estatal. Qué interesante es saber cómo funciona la mente liberal. Arden de indignación frente a cualquier intento por parte de la Iglesia de influenciar a la universidad católica, pero todos se apresuran a acatar la disciplina cuando la influencia viene del Estado liberal. Su escrupulosidad en seguir los dictados de los omnipotentes oráculos del sistema liberal parecen humillar incluso a Edipo. Como ya se ha dicho muchas veces antes, son un pozo negro de contradicciones.
 
Para mí, personalmente, es muy desalentador ver una universidad católica que he conocido y amado toda mi vida ser arrastrada hacia el modernismo por herejes. Mi familia ha compartido desde mucho tiempo la rica y santa tradición de Notre Dame, mucho antes de que ella estableciera una reputación de semillero de liberalismo. Esta reputación no es de la Notre Dame que yo amo, la Notre Dame de la cual me enorgullezco; eso no es lo que la Cúpula Dorada representa en mi mente. Deseo que los católicos de hoy pudieran conocer la Notre Dame del Padre Sorin, y los otros sacerdotes y hermanos franceses que le ayudaron establecer la universidad en 1842. Deseo que todo el mundo pudiera conocer al Padre Corby, el capellán de la Geurra Civil y presidente de la universidad, y la larga línea de fieles y devotos sacerdotes irlandeses que le siguieron como presidentes durante los primeros 100 años de la universidad. Cómo deseo hoy que Notre Dame aún abrazara aquello con lo que se la solía identificar cuando mi padre y sus hermanos caminaron bajo la sombra de la Señora de la Cúpula, hace más de 50 años. Así como los católicos tradicionales extrañan la Iglesia de los siglos, yo extraño la universidad que mantuvo la línea contra la marea de liberalismo en Norteamérica por más de un siglo. Cuando reflexiono sobre los paralelos entre nuestra Iglesia y mi universidad, me acuerdo de las antiguas palabras de san Atanasio, palabras que son igualmente poderosas y adecuadas hoy que lo fueron hace 1600 años: «¿Quién ha perdido y quién ha ganado en esta batalla: el que ocupa los edificios o el que guarda la fe?»
  
Recomendaciones
He hecho un esfuerzo por compartir con el lector algunas de mis experiencias en la educación superior, tanto en una universidad católica como en la estatal. Espero que con eso os haya convencido de los peligros inherentes en la persecución de una educación superior. De ningún modo quiero yo disuadir a nadie de conseguir una educación; al contrario, alentaría a los jóvenes a que vayan a la universidad, con tal de que sepan el esfuerzo requerido para proteger su fe católica. Es un gran reto para los jóvenes preservar hoy este don de la fe en las universidades. Hay tentaciones en todos lados. Por un lado se encuentra la soporífica presencia de tergiversaciones, mentiras e intolerancias contra los católicos conservadores; y por otro, quizá lo peor de todo, los numerosos ataques, tanto sutiles como explícitos, contra el corazón de sus creencias. Mantener la fe en su totalidad requiere un compromiso dedicado de todos los días:
  1. Este compromiso debe comenzar antes de que el estudiante salga por la puerta. Además, es vital una vida de oración. Para esa vida de oración son elementos indispensables la frecuentación de los sacramentos, el rezo del rosario, la fidelidad a las oraciones nocturnas y matutinas y estar consciente de la presencia de Dios durante el día.
  2. El estudiante también debe prepararse mentalmente para los ataques intelectuales que llegan rápida y furiosamente una vez que él o ella entra a clase. Con estas cosas se topa uno en casi todas las materias. Van desde los peligros fácilmente identificables (como las filosofías falsas en la clase de filosofía, los ataques contra la Biblia en la geología, la evolución atea en biología), hasta problemas más sutiles que se encuentra uno en historia, arte, gobierno y muchas otras disciplinas.  
    Estos ataques sutiles son más insidiosos porque casi destruyen silenciosamente la base, el fundamento, de nuestras creencias católicas. Esto hace que sea más difícil defenderse de ellas. ¿Cuántos estudiantes han perdido su fe sin siquiera saberlo? Puede que comience con una afirmación falsa en un libro de historia. O, más sutil aún, quizá la tergiversación de un hecho histórico: tanto más peligroso porque es una verdad a medias, así como una mentira a medias. O puede que sea simplemente un comentario de editorial acerca de algún suceso en la historia. Un estudiante que no esté preparado, y esté falto de sentido crítico, descubrirá que estas mismas ideas entran en su mente de manera desapercibida, y luego en su manera de pensar. Al final, comienzan a influenciar todo lo que cree, de manera que toda su perspectiva de la vida cambia. ¿Cuántos padres se han quedado pensando qué fue lo que sucedió cuando su hijo o hija anunció que él o ella ya no creen en Dios? ¡Cuántas veces todo comenzó con una pequeña y aparentemente insignificante idea!
     
  3. Amigos y compañeros. A los jóvenes católicos siempre se les ha recalcado la importancia de las buenas compañías. San Martín de Tours, cuando era niño, fue convertido a la fe por el buen ejemplo de sus amiguitos cristianos. En la otra orilla del espectro, existen innumerables ejemplos de gente que ha perdido su fe debido a la influencia de las malas compañías. Hoy, en las universidades, se nos aísla como católicos tradicionales. Extendidos por todo el país y alrededor del mundo, a menudo no podemos confiar en los buenos amigos que tuvimos en nuestra parroquia allá en casa. Ese aislamiento en ocasiones puede ser abrumador. Pero ahora estamos en el umbral de la Edad de Información. En las universidades, especialmente, tenemos los medios de fácil acceso para minimizar ese aislamiento: ¡Internet!  
    Hace veinte siglos, san Pedro estableció el papado en Roma, en el corazón mismo del imperio romano. Con ello, fue capaz de explotar la ubicación central de la ciudad en medio del mundo conocido. También podía aprovecharse de las famosas calles romanas y de algunos de los mejores transportes que proporcionaba la época. Los papas, obispos y sacerdotes de la Iglesia primitiva utilizaron los medios de comunicación que el mundo proporcionaba e hicieron buen uso de ellos. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. Tener amigos católicos tradicionales por medio del correo electrónico o por correspondencia normal es una oportunidad para fortalecer la propia fe cuando está bajo ataque continuo. Existe fuerza en los números. Casi todos los estudiantes universitarios tienen acceso al correo electrónico. ¿Por qué no aprovecharse de él?
     
  4. Elección de materias. El pluralismo abunda en las instituciones de educación superior. La trascendental influencia de «raza, clase y sexo» como determinantes en todas las decisiones administrativas ya ha sido discutida. Junto con lo socialmente adecuado (eufemismo creado para camuflar los excesos de la Policía del Pensamiento liberal), el pluralismo ha generado una plaga que se filtra en casi toda disciplina que se pueda imaginar. La sociología, la filosofía, las ciencias políticas y la historia son, quizá, las más afectadas por este virus mortal. Ahora todas las culturas, las religiones, las estructuras sociales y sistemas de gobierno se ponen en plano de igualdad y se presentan como si fueran prácticamente iguales en su valor intrínseco para el hombre. Esto es tontería, por supuesto. Como señaló A. Henry III en su excelente obra In Defense of Elitism [En defensa del elitismo]: «Es mucho mayor logro poner al hombre en la luna que atravesarse un hueso por la nariz».
      
    Debemos defender y afirmar tenazmente y sin disculparse la superioridad de la cultura occidental y los valores y creencias tradicionales que encarna dicha cultura. ¿Por qué es tan importante esto? Porque los ataques contra la cultura occidental son ataques indirectos contra la Iglesia. Todos los grandes avances de la cultura occidental son producto directo de la influencia de la Iglesia Católica. Cuando Europa del norte fue invadida por los bárbaros, fue la Irlanda católica la que diseminó la influencia civilizadora de la fe de regreso al continente europeo. Cuando Cristobal Colón descubrió el Nuevo Mundo, fueron los ideales del catolicismo los que elevaron a las culturas nativas paganas del sacrificio humano y el culto de la naturaleza. Fue un deseo de divulgar estas ideas e ideales de la fe católica en regiones desconocidas lo que indujo a Colón a aventurarse a navegar el Atlántico en tres barcas de madera. Salvo los de mente pluralista o los revisionistas socialmente adecuados de nuestra época, no podemos poner en duda la entrega de Colón a la fe. Todo lo bueno en nuestro patrimonio cultural viene, de alguna forma, de la Iglesia, desde la erradicación de la esclavitud hasta los avances en la medicina. El conocimiento fue preservado en los monasterios de Europa cuando la ignorancia contagió al resto del mundo. A menudo se ha dicho que el origen divino de la Iglesia Católica puede demostrarse simplemente por este hecho: ninguna otra institución en la historia del mundo ha tenido tan profunda, civilizadora y enriquecedora influencia sobre la humanidad como la Iglesia.
     
    Así que, regresando a la cuestión de la elección de cursos, es fácil ver cuáles cursos tendrán un valor compensador, y cuáles serán la misma propaganda liberal y revisionista de siempre. En las palabras de nuestro patrón George Roche: «... tened cuidado con la crítica de esto o la reevaluación de aquello o la revisión de cualquier cosa [...] Lo más probable es que sea un ataque contra el Occidente». El sentido común es una guía fidedigna en la elección de los cursos.
     
  5. Educaos vos mismo. Que no os satisfaga lo que se ofrece como «educación» en el mundo moderno. Desde un punto de vista académico, la mayoría de las cosas que se enseñan en las universidades modernas es pura farsa. (En este caso hablo no de los libros de texto de física, ingeniería y química, sino de «la filosofía, el patrimonio, la cultura y los valores» de la educación humanística.) Los estudiantes tradicionales de gran dedicación necesitan educarse a sí mismos en estas áreas. Es nuestra generación, nosotros los jóvenes, la que tiene la obligación de pasar la antorcha de la fe a las generaciones futuras. No debemos esconder nuestra luz bajo el manto de la nada; no debemos enterrar nuestros talentos. Es esencial que dejemos que nuestra luz brille ante los hombres. Debemos entender cuán crítica es nuestra educación, especialmente como católicos. Somos la primera generación de salir de lo que muchos creen es la «gran apostasía» predicha por san Pablo en su Epístola a los Tesalonicenses. Este es un momento decisivo en la historia. Si el cuerpo de fieles, que ha sido alimentado esmeradamente en los últimos veinte siglos, ha de sobrevivir en el futuro, nosotros somos los encargados de ello, y debemos estar consciente de esa responsabilidad. Debemos tomar conciencia de cuán esencial es.
     
    ¿Y qué exactamente es lo que debemos transmitir? Obviamente la fe. Pero ¿qué constituye la fe? O, mejor dicho, ¿en qué forma se transmite la fe a los demás? Se transmite a través de ideas, a través del conocimiento. Después de todo, ¿qué es la fe sino un marco del conocimiento? ¿Qué es el conocimiento sino una acumulación de ideas, o, mejor aún, las ideas correctas? La fe se transmite mediante el conocimiento, y, por lo tanto, debemos ser cultos. La fe se defiende y protege por medio de ideas e ideales; por consiguiente, debemos adquirir esas ideas y esos ideales (repito, los correctos). Esto es el quid: para que la fe sobreviva y se transmita a los que vendrán después de nosotros, debemos educarnos. Y no hablo de «Estudios femeninos».
     
    Repito, el quid es: «¿Cuáles ideas adoptaremos y transmitiremos? ¿Las de Aquino o las de Rousseau? ¿Las de Tomás Moro o las de Thomas Dewey? ¿Las de Abraham Lincoln o las de Bill Clinton?». Quizá, y al igual que muchas de las infames encuestas de hoy, mi pregunta contenga un indicio de la respuesta deseada. Debemos transmitir las ideas correctas; por consiguiente, debemos adquirir las ideas correctas.
     
    Para hacer esto, debemos aprovecharnos de aquellos libros que contienen las ideas y verdades que esperamos transmitir. Para los jóvenes que se enfrentan a todo tipo de falsedades (desde el luteranismo, el marxismo y el neonazismo hasta el misticismo oriental y el ecologismo radical) en las universidades modernas, es imprescindible tener una biblioteca personal. Por otra parte, debemos educarnos en una gran variedad de materias. No es aconsejable entrar en la batalla de las ideas si no se tienen las armas. Quizá un buen comienzo sería unirse a una organización como el Club de Libros Conservadores de Norteamérica, donde se ponen a disposición muchos libros excelentes y educacionales cada mes. Otra cosa sería discutir estos buenos libros con vuestros amigos católicos conservadores. Compartir algunos libros y desarrollar una lista de lectura son buenos métodos para divulgar el conocimiento. Es muy difícil reunir tal lista de lectura porque muchos títulos excelentes y meritorios sin duda quedarán fuera, y todo porque simplemente no se pueden leer todos. Habiendo establecido ya una excusa para mí mismo, he aquí una lista parcial: .
    • The Closing of the American Mind, de Allen Bloom;
    • Inside American Education, de Thomas Sowell;
    • One by One, de George Roche;
    • God and Man at Yale, de William F. Buckley, (hijo);
    • Man and Woman, de Dietrich Von Hildebrand;
    • A Nation of Victims, de Charles J. Sykes;
    • The Content of our Character, de Shelby Steele;
    • The Disuniting of America, de Arthur M. Schlesinger, (hijo);
    • Legislating Immorality, de George Grant y Mark A. Horne;
    • The Conservative Manifesto. de William Hennessy.
  6. Construid un punto de vista católico, alimentad una forma de pensar católico. ¡Esto es absolutamente esencial! Esta necesidad se pone de manifiesto si consideramos las flagrantes contradicciones inherentes en el pensamiento liberal que dirige muchas de las universidades católicas modernas. ¿Por qué han caído tan bajo los dirigentes de estas universidades, tanto el profesorado como los administradores, en las tenebrosas y turbias racionalizaciones que justifican estas contradicciones? ¿Por qué satisfacen los caprichos de la Policía del pensamiento de lo socialmente adecuado? ¿Por qué prevalecen las ideas liberales sobre nuestras ideas católicas? Precisamente porque estas ideas católicas, como lo es con todas la ideas, no pueden existir congruentemente en una forma abstracta. Deben interpretarse dentro del contexto de un punto de vista católico. Una vez que ese punto de vista —el marco de referencia— se diluye, las ideas que descansaban en él comienzan a debilitarse.
     
    Todas las ideas deben de existir dentro de algún marco de referencia. En nuestro modo de pensar católico, la referencia es Dios. Tomen, por ejemplo, la idea del bien y el mal absolutos. La moral no existe simplemente por sí misma, sin algún punto de referencia. Debe tener un fundamento sobre el cual descansar, algo que le de autoridad. En nuestra vida cotidiana, ¿qué es lo que guía nuestras decisiones en lo referente a lo bueno y lo malo? Para el hippy, esto se reduce a lo que se siente bien para él en el momento. Para nosotros como católicos, es el Decálogo.
      
    Y, entonces, ¿cuál es la diferencia entre un radical de los sesenta y un católico tradicional? La diferencia fundamental son estos dos marcos discrepantes de ideas. El hippy, que se guía a sí mismo, afirma que no hay referencia externa. Él realiza sus decisiones morales (si es que pueden llamarse así) basándose en su marco interno, independiente, egocéntrico y soberbio de ideas. El marco de referencia externo del católico tradicional, el Decálogo, se incorpora a su marco de ideas. Pero ¿porqué son los Diez mandamientos un punto fiable de referencia? ¿Qué es lo que les da su autoridad vinculante? Obviamente, su autoridad viene de su autor, Dios. Dios es el punto central de referencia para todas nuestras creencias. Él es el autor de nuestro marco de ideas. Él es el criterio externo y absoluto que no puede y no cambia por su naturaleza misma.
     
    Muchos estudiantes críticos de la ilustración piensan que la Iglesia no quiere que nadie ejercite su libertad de pensamiento, que la Iglesia restringe la creatividad de la mente de la persona. Tal tontería, como información errónea, puede de plano desecharse fácilmente si se observa que la Iglesia ha sido el centro del saber por 2000 años. El hecho es que nuestra santa madre la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, el Espíritu de Sabiduría, entiende perfectamente la naturaleza humana, la naturaleza caída del hombre. Ella comprende que el hombre, en su estado caído, caerá en la falsedad con su solo razonamiento a menos que sea guiado por la gracia. Esto yo lo he visto. Es por eso que hay tantas ideas erróneas allá afuera en el mundo. «Todo el que hace el mal, odia la luz...». ¿Cómo es guiada la propia mente para determinar lo que es verdadero y lo que es falso? No podemos depender de nuestra naturaleza, puesto que está caída, sino que debemos confiar en algo que está fuera de nosotros. Debemos confiar en la Iglesia. ¿Y de dónde viene su autoridad? De Dios, el Creador. Repito, de cualquier forma que lo miréis, nuestro marco de ideas debe basarse en Dios. Nuestra referencia principal siempre regresa al Creador.
     
    Cualquiera que tenga el don de la razón puede pensar. De ahí que tengamos tantas ideas y filosofías que saturan nuestra sociedad. Pero en la esfera de las ideas, ¿cuáles prevalecerán? ¿Cuáles adoptaremos? Nuestro marco de referencia católico nos dice que hay ideas buenas y malas, que existe el bien y el mal. No es suficiente con razonar y pensar nada más, independientemente de la verdad. Debemos razonar lógicamente y pensar correctamente. No debemos basarnos en los puntos subjetivos de nuestro propio intelecto imperfecto. Debemos confiar en la mente objetiva de la santa madre Iglesia. Como dice un viejo proverbio sueco: «La libertad para pensar es grande; pero el valor para pensar bien es mayor».
    
Conclusión
En tanto crecía, fui bendecido en tener dos padres devotos y dedicados que se aseguraron de que mis hermanos y yo tuviéramos una educación rigurosamente católica. Ellos realizaron tremendos sacrificios para que pudiéramos asistir a la misa latina y para asegurar que todos recibiéramos una educación católica tradicional. Mis padres entendieron a fondo la siguiente máxima: «la familia que ora unida, permanece unida», y nos guiaron en el rosario familiar todos los días.
 
Quizá el elemento más importante que se requiere para que un joven o una joven mantengan la fe tradicional cuando vaya a la universidad es una buena familia católica. Si siendo niños no adquieren esas creencias y hábitos básicos que todos debiéramos tener como católicos, no tendrán un fundamento firme del cual echar manos una vez que estén por su propia cuenta. El saludable y amoroso ambiente de un hogar católico tradicional es irremplazable. Los que esperan mantener la fe por su cuenta en medio de los males de nuestros días, tienen las probabilidades en su contra.
 
Esto deberían verlo los fieles jóvenes católicos de hoy y aceptarlo como un reto. Es nuestro deber no solo preservar la fe, sino transmitirla. La necesidad de padres jóvenes, virtuosos, calificados y fervientes es mayor hoy que nunca. Punto. El que diga otra cosa simplemente ignora las increíbles fuerzas puestas en orden de batalla contras las familias —todas las familias— en estos tiempos. Desde el feminismo hasta la homosexualidad, desde programas sociales que benefician a las madres solteras hasta los programas de entretenimiento antifamiliares y antiprogenitores que tienen como objetivo a los niños: todo ello es una arremetida calculada contra la familia sin paralelo en la historia humana. Este es nuestro reto. Este es el deber al cual Dios quiere que responda cada uno de nosotros. Los jóvenes católicos tradicionales de todas partes deben reconocer este hecho y cargar la responsabilidad de formar familias católicas sólidas para el futuro.
 
Los que esperan criar buenos católicos en el mundo moderno están aceptando un reto como nunca antes. Lejos de desanimarnos (después de todo, eso es lo que quiere el diablo), debemos echar mano de nuestra propia formación como adolescentes y de nuestra educación católica. Necesitamos prestar atención a los consejos y ejemplos de nuestros padres, de los que nos precedieron, para llegar a tener el valor de aceptar la tarea que nos espera. Necesitamos recurrir a los papas, a los líderes morales de la Iglesia para una guía clara y confiable en esta empresa. Los escritos de los papas de los últimos 150 años, desde Pío IX hasta Pío XII, son pertinentes de manera particular, ya que ellos vivieron más cerca de nuestra época, y estuvieron conscientes de los males presentes, podría decirse que hasta proféticamente. También debemos recurrir a los santos, a los líderes espirituales de la santa madre Iglesia. Ellos pueden ser una tremenda fuente de inspiración e intercesión, si bien son olvidados con mucha frecuencia.
  
Una vez que empezamos a ver quién está detrás de nosotros, quién está con nosotros, comienzan a gustarme las probabilidades. Pueden tener a todas las feministas furiosas, pueden tener a Rousseau y a Marx, pueden tener todo el misticismo oriental, el liberalismo, el humanismo y todas las modas efímeras del día. Nosotros nos quedaremos con el legado de veinte siglos de catolicismo. Nosotros confiaremos en la intercesión de los santos del cielo y de las pobres almas en el purgatorio. Nosotros nos pararemos sobre la Roca, y los 261 vicarios de Cristo que le han sucedido. Después de todo, tenemos la garantía del mismo Cristo: «...sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt. 16:18). Con santa Teresa de Ávila debemos decir un valor sereno pero confiado: «Yo y Dios hacemos mayoría». ¿Qué joven católico de hoy, tras reflexionar sobre el auxilio divino que tenemos a nuestra disposición, no se llenará de valor para aceptar los retos que nos esperan?
 
La pasividad ya no es una opción; debemos ser activos. El reto está ahí, y es mucho lo que está en juego para ser espectadores al margen. Cristo nos dice: «Todo el que no está conmigo está contra mí» (Lc. 11:23). ¿De parte de quién estaréis vosotros?