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domingo, 18 de enero de 2026

LAS SEIS TINAJAS

  
«Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres metretas [cerca de 40 litros]» (San Juan 2, 6).
  
Comentario:
«“Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos”. Cristo entonces utilizó estas tinajas para que quedase más claramente evidente que no tenían vino; y así, la conversión del agua en vino en esos recipientes sería aún más notoria (Joann. 2, 9).
  
Purificación: Mediante la cual los israelitas, según sus tradiciones, acostumbraban lavar las manos en las fiestas cuando tocaban algo impuro en la mesa (Cf. Marc. 7, 3-4).
 
Tropológicamente, San Bernardo explica así este versículo: Las seis tinajas son las seis virtudes purificadoras del alma (Ps. 50, 12).

La primera tinaja, y la primera purificación, es el arrepentimiento, del cual leemos: “En el momento en que el pecador hiciere penitencia, no me acordaré ya de sus iniquidades” (Ez 18,21-22).
 
La segunda es la confesión; pues todo se lava con la confesión. “Confesé mi pecado, no oculté mi iniquidad. Dije: ‘Confesaré a Yahvé mi pecado’, y Tú perdonaste la culpa de mi pecado” (Ps. 32, 5) (1.ª Joann. 1, 9).
  
La tercera tinaja es dar limosna; pues leemos en el Evangelio: “Dad limosna, y vereis que todo quedará limpio para vosotros” (Luc. 11, 41). “La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los que practican la misericordia y la justicia serán colmados de vida” (Tob. 12, 9; Jac. 1, 27).

La cuarta tinaja es el perdón de las ofensas; pues decimos al orar: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Matth. 6,14-15).
   
La quinta tinaja es la mortificación; pues oramos para que, purificados por la abstinencia, podamos cantar gloria a Dios (Rom. 12, 1). “Yo corro, no como quien corre a la ventura; lucho, no como quien golpea al aire, sino que castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, para que, habiendo sido predicador para otros, no venga yo a ser reprobado” (1.ª Cor. 9, 26-27).
  
La sexta tinaja es la obediencia a los mandamientos: así como los discípulos oyeron aquello que tal vez nosotros también merezcamos oír: “Vosotros estais limpios, por la palabra que os he hablado” (Joann. 15, 3).
   
Luego aplica lo restante de la siguiente manera: “Están llenas de agua para que se mantengan en el temor de Dios, pues el temor del Señor es la fuente de la vida” (Prov. 14, 27). Y agrega: “Mas, por la divina virtud, el agua se convierte en vino cuando la caridad perfecta expulsa el temor (1.ª Joann. 4, 18). Ahora, se dice que las tinajas son de piedra, no por su dureza, sino por su firmeza” (Ef. 2, 20-22)».
   
SAN BERNARDO DE CLARAVALSermón del domingo después de la Octava de la Epifanía. En P. CORNELIO ALÁPIDE SJComentario al Evangelio de San Juan, págs. 82-83.

viernes, 21 de noviembre de 2025

POR COOPERAR A LA REDENCIÓN, LA SANTÍSIMA VIRGEN ES Y DEBE SER CORREDENTORA


Observo que la Redención del género humano pertenece principalmente a Cristo y debe ser atribuida solamente a Él como Redentor principal; y esto es también una verdad cierta de fe, pues está dicho expresamente: «Pisé solo el lagar, y ninguno de entre las naciones conmigo estuvo» (Isa. 63, 3); y «Él es el Mediador del Nuevo Testamento» (Hebr. 9, 15), lo que no se afirma de ningún otro. Por tanto, Cristo Señor es indudablemente el Mediador y Redentor principal. Y por este motivo, los títulos de la Bienaventurada Virgen como Corredentora y Coadjutora de Cristo en la reparación del género humano son, por algunos, abolidos y rechazados como inconvenientes.
   
Pregúntase, pues, si de facto la Bienaventurada Virgen cooperó en la Redención humana y si, por esto, merece el título de Corredentora, especialmente en la Pasión del Señor. A este respecto, afirmo que la Bienaventurada Virgen cooperó verdaderamente en la Redención humana, de modo a merecer, con pleno derecho, el título de Cooperadora de la Redención humana. Esta afirmación parece estar conforme al sentir común de los Padres y Doctores, pues, en primer lugar, Dios quiso que la obra de la Redención dependiese del consentimiento de la Virgen, no queriendo que la Encarnación se realizase sino precedida por el consentimiento de la Bienaventurada Virgen.

Así, Ella no concibió a Su Hijo simplemente como las otras madres conciben los hijos —las cuales deberían decir con la madre de los Macabeos: «No sé como aparecisteis en mi seno» (2.º Mac. 7, 22)—, sino que lo generó después de haber recibido el pedido por medio del Ángel y dado el previo consentimiento a la obra de la Redención. Y así Lo concibió como Redentor, pues fue dicho: «Y le pondrás por nombre Jesús» (Luc. 1, 31), que significa lo mismo que Salvador.
  
Por esto, San Bernardo se dirige a la Santísima Virgen en estos términos (Homilía 4.ª sobre Missus est): «El Ángel espera la respuesta; esperemos también nosotros, ¡oh Señora!, la palabra de misericordia, nosotros que miserablemente estamos oprimidos por la sentencia de condenación. He aquí que te es ofrecido el precio de la salvación: seremos inmediatamente libertos si consintieres». Si, pues, de la anuencia de la Bienaventurada Virgen dependía la obra de la Redención, Ella realmente cooperó con esta por su consentimiento, por la donación de su sangre, por el parto y por sus oficios maternos en la Redención humana.

Canónigo JEAN-JACQUES BOURASSÉ. Summa áurea de láudibus Beatíssimæ Vírginis Maríæ, tomo VII. París, 1862, col. 1275. Tradución propia.

viernes, 12 de septiembre de 2025

FLORILEGIO DEL DULCÍSIMO NOMBRE DE MARÍA

El dulcísimo Nombre de María (Cristóbal de Villalpando, óleo sobre lienzo, c. 1690-1700. Ciudad de Méjico, Museo de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe).

Citas tomadas de Las glorias de María, de San Alfonso María de Ligorio, 1.ª parte, cap. X.
  • San Ambrosio: «Vuestro dulcísimo nombre, ¡oh María!, es un ungüento odorífico, que exhala el perfume de la divina gracia. Derramad en lo interior de nuestras almas este ungüento de salud» (De institutióne vírginum, cap. XIII).
  • San Bernardo: «¡Oh grande, oh pía, oh digna de toda alabanza santísima Vírgen María! Vuestro nombre es tan dulce y amable, que no puede pronunciarse sin que el que lo profiere quede inflamado de amor hacia Vos y hacia Dios, de modo que basta que se ofrezca al pensamiento de vuestros amantes, para acrecentar mucho mas en ellos su amor hacia Vos y consolarles» (En San Buenaventura, Spéculum Beátæ Maríæ Vírginis, cap. VIII).
  • San Antonio de Padua: «Dulce nombre que consuela al pecador y trae bendita esperanza. Señora, vuestro nombre está en el anhelo del alma. “Y el nombre”, dice, “de la Virgen es María”. Vuestro nombre es aceite derramado. El nombre de María es júbilo en el corazón, miel en la boca, melodía en el oído» (Sermón 2.º del Domingo III de Cuaresma).
  • San Buenaventura: «Vuestro nombre, ¡oh Madre de Dios!, está lleno de gracias y de bendiciones divinas, como dice San Metodio; de tal manera que no puede ser pronunciado sin que atraiga alguna gracia sobre el que devotamente le profiere» (Spéculum Beátæ Maríæ Vírginis, cap. VIII).
  • Ricardo de San Lorenzo: «Del tesoro de la Divinidad salió, ¡oh María!, vuestro excelso y admirable nombre, pues toda la santísima Trinidad os dio un nombre tan grande, que es superior a todo otro después del de vuestro Hijo, y le enriqueció de tanta majestad y poder, que al proferirle quiere que postrados le veneren el cielo, la tierra y el infierno» (De ládibus beátæ Maríæ Vírginis libri XII, lib. 1, cap. II, pág. 14).
  • Alano de Lila, abad del Císter: «La gloria de su nombre se compara al aceite derramado. Así como el aceite sana á los enfermos, difunde el olor y enciende la llama, así el nombre de María sana á los pecadores, recrea los corazones y los inflama en el divino amor» (Comentario sobre Cánticos II).
  • Raimundo Jordano “El Idiota”, abad de Selles: «Por más empedernido y desconfiado que sea un corazón, si este os invocare, ¡oh benignísima Virgen!, es tal la virtud de vuestro nombre que él ablandará admirablemente su dureza, porque Vos sois la que alentais a los pecadores a esperar el perdón y la gracia» (Contemplatióne de Virgo María, cap. V, 4).
  • Tomás de Kempis: «Si deseais, pues, ¡oh hermanos!, hallar consuelo en todos los trabajos, acudid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Con María regocijaos, con María llorad, con María rogad, con María caminad, con María buscad a Jesús. Con Jesús y María, en fin, desead vivir y morir. Haciéndolo así, dice, siempre iréis adelantando en el camino del Señor, pues María rogará gustosa por vosotros, y el Hijo ciertamente oirá a la Madre» (Sermones a los Novicios, 4).
  • Ludolfo de Sajonia O. Cart.: «El acordarse de vuestro nombre, ¡oh María!, consuela a los afligidos, vuelve al camino de la salud a los que se apartaron de él, y conforta a los pecadores, para que no se abandonen a la desesperación» (Vita Christi, 2.ª parte, cap. XXXVI).

miércoles, 20 de agosto de 2025

ORACIÓN A SAN BERNARDO POR LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Aparición de la Virgen a San Bernardo (Bartolomé Esteban Murillo. Madrid, Museo del Prado).
   
Era muy apropiado que el heraldo de la Madre de Dios siguiera de cerca su carro triunfal; entrando al Cielo durante su brillante Octava, os deleitasteis en perderos en la gloria de aquella cuya grandeza proclamásteis en la tierra. Sed nuestro protector en su corte; atraed sus ojos maternales hacia el Císter; en su nombre salvad a la Iglesia una vez más, y proteged al Vicario de Cristo.
   
Pero hoy, en vez de rogar a vos, vos nos invitáis a cantar a María y rogar a ella con vos; y el homenaje más agradable a vos, ¡oh Bernardo!, es que debamos aprovechar por vuestros escritos sublimes y admirar a la Virgen que, «hoy, ascendiendo gloriosa al Cielo, puso el toque final a la felicidad de los ciudadanos celestiales. Resplandeciente como era ya, el Cielo se hizo refulgente con nuevo brillo por por la luz de la antorcha virginal. La acción de gracias y la alabanza resuenan en lo alto. ¿Y no deberíamos nosotros en este exilio participar del gozo de nuestra patria? No teniendo aquí una morada definitiva, buscamos la ciudad donde la Santísima Virgen ha arribado a esta misma hora. Ciudadanos de Jerusalén, es justo que desde las orillas de este río de Babilonia, debemos pensar con dilatados corazones del desbordante río de gozo, del cual algunas gotas son asperjadas hoy en la tierra. Nuestra Reina partió antes que nosotros; la recepción que la dieron nos alienta a nosotros que somos sus seguidores y sirvientes. Nuestra caravana será bien tratada con respecto a la salvación, porque ella es precedida por la Madre de misericordia como abogada ante el Juez su Hijo» [1].
  
«Si alguno recuerda haberos invocado en vano alguna vez en sus necesidades, ¡oh Virgen Bienaventurada!, sea silente sobre vuestra misericordia. En cuanto a nosotros, vuestros ínfimos siervos, alabamos vuestras otras virtudes, pero por esta nos congratulamos. Alabamos vuestra virginidad y admiramos vuestra humildad, pero vuestra misericordia es la más dulce para los desdichados, porque la abrazamos más amorosamente, más frecuentemente pensamos en ella, y la invocamos incesantemente. ¿Quién puede narrar lo largo y lo ancho, lo alto y lo profundo en Vos, ¡oh Bienaventurada!? Su largo, porque se extiende hasta el último día; su ancho, porque cubre toda la tierra; su altura y profundidad porque ha llenado el Cielo y vaciado el infierno. Vos sois tan poderosa como misericordiosa; y habiéndoos ahora reunido con vuestro Hijo, manifestad al mundo la gracia que habéis hallado ante Dios: obtened el perdón para los pecadores, la salud a los enfermos, fortaleza para los débiles, la consolación para los afligidos, y el auxilio y la liberación para los que están en cualquier peligro» [2], ¡oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! [3].
   
DOM PRÓSPERO GUÉRANGER OSBEl Año Litúrgico (edición inglesa), tomo XIV (Tiempo después de Pentecostés, parte IV). Londres, Burns & Oates, 1901 págs. 487-489.
   
NOTAS
[1] Sermón 1.º de la Asunción de la Virgen.
[2] Sermón 4.º de la Asunción de la Virgen.
[3] Una tradición de la catedral de Espira atribuye a San Bernardo la adición de este triple grito del corazón a la Salve Regína.

martes, 29 de julio de 2025

SANTA MARTA, MODELO DE LOS BUENOS PRELADOS

Santos María Magdalena, Lázaro y Marta (Juan de Valdés Leal, Sacristía de “los cálices” de la Catedral de Sevilla).
   
«Marta acogió en su propia casa sobre la tierra al Salvador, y María, por otra parte, piensa en qué modo sea acogida por Él en aquella morada no hecha por mano de hombre, que es la eterna morada en los cielos. Pero también María Lo ha acogido, acogiéndolo en el espíritu: “Porque Dios es espíritu” (Joann. IV, 24) … Cristo dice que “María escogió para sí la mejor parte, que nunca le será quitada” (Luc. X, 42). Es decir, el Único que es necesario, aquella “sola cosa” que el Profeta Real solícito pedía: “Una sola cosa he pedido al Señor: esta sola busco yo” (Ps. XXVI, 4)… Tres cosas ha distribuido la ordenación de la divina caridad: a Marta la administración, a María la contemplación, y a Lázaro la penitencia. El alma perfecta tiene estas cosas simultáneamente, con todo parece que cada una corresponda a un alma particular puesto que algunos parecen dedicados a la santa contemplación, otros a la administración de los hermanos, otros en a amargura de su propia alma recuerdan sus años como heridos dormidos en los sepulcros. Así, claramente, así es necesario que María piense piadosa y sublimemente en su Dios, Marta benévola y misericordiosamente en el prójimo, y Lázaro con conmiseración y humildad en sí mismo… Aquellos a los cuales no fue dado ningún encargo, ni fue confiada ninguna administración, deben estar sentados o a los pies de Jesús con María o ciertamente con Lázaro en el sepulcro… ¿A quién más que a los prelados se puede convenientemente aplicar aquello que dice el Señor: “Marta, Marta, te afanas” (Luc. X, 41)? ¿O quién se preocupa de tantas cosas, si no a quien le incumbe la solicitud, y de María que contempla a Dios y de Lázaro penitente y de todos? Mira a Marta afanada, mira a Marta preocupada por todas las cosas. Hablo del Apóstol, que amonestando a los prelados sobre la solicitud, ha él mismo solicitud y cuidado de todas las Iglesias: “¿Quién es débil, que también yo no lo esté? ¿Quién recibe escándalo, que yo no me sonroje?” (2.ª Cor. XI, 28). Reciba pues Marta al Señor en su casa; a ella fue comisionada la administración de la casa. Ella es medianera para obtener para sí y sus sometidos la salvación y recibir la gracia».

SAN BERNARDO DE CLARAVALSermón III de la Asunción, 1, 2, 4, 6. En DOM JEAN MABILLON OSBŒuvres de saint Bernard, vol. II, Milán 1851, cols. 405-408. Traducción propia.

lunes, 24 de marzo de 2025

ALGUNOS SON MINISTROS DE CRISTO, PERO SIRVEN AL ANTICRISTO

«Væ generatióni huic a ferménto Pharisæórum, quod est hypócrisis! si tamen hypócrisis dici debet, quæ jam latére præ abundántia non valet, et præ impudéntia non quǽrit. Serpit hódie pútida tabes per omne corpus Ecclésiæ, et quo látius, eo desperátius; éoque periculósius, quo intérius. Nam si insúrgeret apértus inimícus hæréticus, mitterétur foras et arésceret; si violéntus inimícus, abscondéret se fórsitan ab eo. Nunc vero quem ejíciet, aut a quo abscóndet se? Omnes amíci, et omnes inimici; omnes necessárii, et omnes adversárii; omnes doméstici, et nulli pacífici; omnes próximi, et omnes quæ sua sunt quǽrunt. Minístri Christi sunt, et sérviunt Antichrísto. Honoráti incédunt de bonis Dómini, qui Dómino honórem non deférunt» [¡Ay de esta generación, por la levadura de los fariseos, que es la hipocresía! Si, pues, se llama hipocresía a la que ya no puede ocultarse a causa de su abundancia, ni intenta hacerlo a causa de su descaro. Hoy en día una consunción pútrida se extiende por todo el cuerpo de la Iglesia, y cuanto más se extiende, más desesperada se vuelve; y cuanto más peligrosa es, más profunda es. Porque si surgiera un enemigo abiertamente herético, sería expulsado y se marchitaría; si el enemigo fuera violento, tal vez se escondería de él. Pero ahora, ¿a quién echará fuera, o de quién se esconderá? Todos amigos y todos enemigos; todos necesarios y todos adversarios; todos son domésticos y ninguno es pacífico; todos buscan a su prójimo y todos buscan lo que es suyo. Son ministros de Cristo y sirven al Anticristo. Honrados son los que van por los bienes del Señor, y no honran al Señor] (SAN  BERNARDO DE CLARAVAL, Sermón 33 sobre los Cánticos, 15. En Migne, Patrología Latína 183, col. 959A).

martes, 22 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMOSEGUNDO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia por la Imprenta Católica en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOSEGUNDO – REVERENCIA A NUESTROS ÁNGELES CUSTODIOS
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que por muchos títulos estamos obligados a rendir a los Ángeles custodios nuestros homenajes de honor y de respeto; pues se honra y respeta a un príncipe, a un magistrado por el alto puesto que ocupa en la sociedad; a un sabio, a un maestro por su ingenio y sabiduría; se respeta mucho más a un sacerdote, a un obispo por la altísima dignidad de que están condecorados; se veneran y reverencian las virtudes de los santos, y las personas consagradas a Dios aun que la Iglesia no las haya declarado santas. Ahora bien, ¿cuál de estos títulos que arrebatan nuestras respetuosas atenciones, puede faltar a nuestros Ángeles custodios? Ellos son, como ya lo hemos repetido varias veces, por su naturaleza más excelentes que nosotros, más sabios, más poderosos; por la gracia divina que poseen, son hermosísimos, santos y felices, y todos estos títulos, ¿no serán suficientes para merecer nuestro respeto y reverencia? Si no lo son, entonces no hay criatura en el Cielo ni en la tierra que sea digna de nuestras más vulgares atenciones. Mas todos estos títulos convienen a todos los Ángeles sin excepción, por los cuales son acreedores a nuestros respetos y atención; pero respecto de nuestros Ángeles custodios, en cuanto se les ha encomendado el cuidado de nuestras almas, hay un título poderosísimo que nos obliga estrechísimamente a honrarlos y venerarlos; y este título es el haber sido constituidos cerca de nosotros los enviados y los embajadores de Dios, y los ministros y representantes de su Persona. Así, pues, como son rodeados de honores entre los hombres los embajadores de los reyes, así también, y mucho más, nuestros Ángeles custodios deben ser honrados con toda clase de honores y respetos. ¿Y que son los embajadores humanos comparados con los Ángeles? ¿Y que son los reyes que los envían comparados con Dios? Debemos, por consiguiente, honrar a nuestros Ángeles custodios, y todavía más que a nuestros mismos padres que nos han dado la vida corporal y que nos la conservan o la han conservado a costa de mil sudores y trabajos; porque, ¿la vida del alma no es superior a la del cuerpo? Aquellos que ponen todo su cuidado en conservárnosla para que podamos llegar al Cielo, merecen indudablemente ser honrados mucho más.
    
PUNTO 2º. Considera, en segundo lugar, a qué nos obliga esta reverencia y honor debidos á nuestro Ángel custodio. Nos obliga á no hacer nada en su presencia que pueda desagradarle, siguiendo el consejo de San Bernardo que nos dice: «Anda con recato como quien está en presencia del Ángel a quien has sido encomendado; en cualquier lugar, en cualquier rincón reverencia a tu Ángel: no te atrevas a hacer en su presencia lo que no te atreverías a hacer en la mía». «Así como la hediondez ahuyenta a las palomas, dice San Basilio, y el humo a las moscas de la miel, así el pecado pone en fuga a nuestros buenos Ángeles». ¿Por qué, pues, si creemos que en realidad un Ángel esta constantemente a nuestro lado y es testigo de todos nuestros actos, nos atrevemos a hacer en su presencia lo que no osáramos ni delante del más vil hombrecillo? ¡Cuán graves son las inconsecuencias de nuestra fe práctica! Nos avergonzamos si un amigo, un compañero llega a saber nuestras faltas, y se nos da poco de que el Ángel del Señor esté contemplando nuestras miserias y pecados. No olvidemos que Jesucristo inculca el respeto a los niños en atención a sus santos Ángeles: que San Pablo ordena que las mujeres se cubran la cabeza en el templo por respeto a los Ángeles que allí asisten: que Daniel, Tobías, y el Evangelista San Juan se turban y caen de rodillas en tierra en presencia de un Ángel. Imitemos a muchos santos y almas virtuosas que acostumbran no solo saludar a su Ángel de la guarda; si no que también a los Ángeles custodios de las personas con quienes tratan reclaman su apoyo, les ceden el paso antes de pasar por una puerta, y ejercen para con ellos otras mil respetuosas atenciones.
    
JACULATORIA
Ángel santo de mi guarda, perdonadme todas las faltas que he cometido hasta hoy en vuestra presencia soberana.
     
PRÁCTICA
Acostumbraos a andar en la presencia de vuestro Ángel custodio y a saludarle frecuentemente, en particular antes de comenzar una buena obra solicitando su asistencia y apoyo. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Santo Ángel de mi guarda, vigilante centinela, que estáis siempre a mi lado observando hasta los más ligeros pensamientos de mi alma y los menores movimientos de mi cuerpo; ¿cuántas veces, olvidándome de vuestra presencia, he cometido irreverencias y desacatos delante de vos con mis pecados?; perdonadme y ayudadme, santo Ángel mío, a respetaros y a reverenciaros como lo merecéis, para que no piense, hable, ni obre sino lo que agrada a nuestro Señor y a vos. Amén.
 
EJEMPLO
De San Bernardino Realino, de la Compañía de Jesús, se lee en su vida, que guardaba a su Ángel custodio todas aquellas atenciones que prescribe la urbanidad: si iba por las calles, le ofrecía el lado más digno; si estaba en el templo, lo tenía al lado derecho. Y él también sentía las atenciones mutuas del Ángel: una vez siendo ya muy anciano, tropezó, y su santo compañero le dio la mano para que no cayese; en otra ocasión le estuvo cubriendo la cabeza mientras decía Misa, para que no le causase daño el frio, y mil otras finezas por este estilo. Esta fe viva había logrado infundir en sus congregantes el P. Jantier, hasta tal grado, que los niños, cuando le encontraban en los tránsitos, o iban a su cuarto, saludaban primero al Ángel del Padre con una expresión de afecto y reverencia que bien se veía de donde les nacían, y lo hacían aún más patentes con la regularidad de sus costumbres y acendrada piedad (P. Rafael Pérez SJ).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

miércoles, 21 de agosto de 2024

SAN BERNARDO LLAMANDO A LA DEFENSA DE LA IGLESIA FRENTE A LOS FALSOS PAPAS


En el año 1130, el Papa Honorio II Scannabecchi falleció, y el cónclave estaba dividido: los cardenales franceses apoyaban al cardenal Gregorio Paparesch, quien fue elegido como Inocencio II, mientras que los italianos apoyaban a Pedro Pierleone (nieto del judío Baruc/Benito Pierleone), quien se proclamó Anacleto II y se hizo coronar en la Basílica de San Pedro con apoyo del pueblo romano (a quien compró por fiestas públicas) y el rey Rogelio II de Sicilia. Inocencio II se hizo coronar en Santa María la Nueva y partió al exilio.
   
San Bernardo, en esta controversia, apoyó a Inocencio II y logró persuadir a muchos reyes y obispos para apoyarlo frente al usurpador Pierleone, a quien describió en esta carta al maestro Gaufredo de Loroux como bestia apocalíptica.
   
LATÍN
1. Odor in flore, in fructu sapor requíritur. Odóre provocáti, charíssime frater, ólei effúsi nóminis tui, cúpimus et ex fructu óperis cognóscere te. Non enim nos tantum, sed ipse quóque qui núllius eget Deus, opus tamen habet hoc in témpore ópere tuo, si non dissímulas. Gloriósum tibi est Dei esse posse coadjutórem: posse et non esse damnósum. Porro áutem grátias habes apud Deum et hómines, habes sciéntiam, habes spíritum libertátis, habes verbum vivum et éfficax, et sale cónditum: nec opórtet te pro tantis víribus sponsæ Christi deésse in tanto discrímine, cum sis amícus sponsi. Amícus síquidem in necessitáte probátur. Quid enim? tu tibi quiéscis, et mater tua Ecclésia gráviter conturbátur? Hábuit sua témpora quíes, et sanctum ótium hacténus sua negótia licénter libénterque exércuit. Tempus faciéndi nunc, quia dissipavérunt legem (Ps. CXVIII, 126). Béstia illa de Apocalýpsi, cui datum est os lóquens blasphémias et bellum gerére cum sanctis (Apoc. XIII, 5-7), Petri cáthedram ocúpat, tánquam leo parátus ad prædam. Áltera quóque béstia juxta vos subsíbilat (Gerárdus Engolisménsis) sicut cátulus habítans in ábditis. Illa ferócior, ista callídior, páriter convenérunt in unum advérsus Dóminum et advérsus Christum ejus. Demus óperam cito dirúmpere víncula eórum et projícere a nobis jugum ipsórum. 
  
2. Nos in nostris pártibus, una cum áliis Dei servis divíno igne accénsis, Deo cooperánte laborávimus in convéniendo pópulos in unum, et reges ad dirumpéndum [al. diripiéndum] pravórum consénsum, ad destruéndam omnem altitúdinem extolléntem se advérsus sciéntiam Dei. Nec infructuóse, Alemánniæ, Fránciæ, Ángliæ, Scótiæ, Hispaniárum et Jerosolymórum reges, cum univérso clero et pópulis, favent et adhærent dómino Innocéntio, tánquam fílii patri, tánquam cápiti membra, sollíciti serváre unitátem spírtus in vínculo pacis. Mérito áutem illum récipit Ecclésia, cujus et opínio clárior, et eléctio sánior inventa est, nímirum eligéntium et número vincens, et mérito. At tu, frater, quid adhuc négligis? quoúsque vicíno serpénte tua male secúra dormítat indústria? Scimus quídem te fílium pacis nulla posse ratióne indúci deserére unitátem: sed profécto non súfficit, nisi et defensáre, átque ipsíus quóque turbatires totis víribus debelláre studúeris. Nec quíetis tímeas detriméntum, quod non parvo tuæ glóriæ increménto recompensábitur, si fera illa vicína vobis tuo stúdio mansuéscat, vel obmutéscat, et tantam Ecclésiæ prædam, cómitem dico Pictavénsem, in manu tua Dei píetas de ore Leónis erípiat.
   
TRADUCCIÓN
1. Se requiere fragancia en la flor, y sabor en el fruto. Deseamos ser tentados por la fragancia del aceite de tu nombre, querido hermano, y conocerte por el fruto de tu trabajo. Porque no sólo nosotros, sino también Dios, que no tiene necesidad de nadie, tenemos con todo esta necesidad a tiempo para tu obra, si no la ocultas. Es glorioso para ti poder ser ayudante de Dios: poder no ser dañino. Además, tienes gracia para con Dios y con los hombres, tienes conocimiento, tienes espíritu de libertad, tienes palabra viva y eficaz, y sazonada con sal: ni debes faltar en tal crisis por tantos poderes de la esposa de Cristo, cuando eres amigo del novio. En verdad, un amigo se demuestra en la necesidad. ¿Para qué? ¿Descansas tú, y tu madre la Iglesia está gravemente perturbada? Tuvo sus periodos de descanso, y su santo ocio hasta ahora había ejercido su negocio libre y voluntariamente. El momento de hacerlo es ahora, porque han destruido la ley (Salmo 118, 126). Aquella bestia del Apocalipsis, a quien se le dio boca para hablar blasfemias y hacer guerra contra los santos (Apoc. 13, 5-7), ocupa el asiento de Pedro, como un león listo para la presa. Otra bestia también silba cerca de ti (Gerardo de Angulema), como un cachorro que habita en lugares secretos. El uno más feroz, el otro más astuto, se unieron por igual en uno contra el Señor y contra su Cristo. Hagamos todo lo posible para romper rápidamente sus ataduras y librarnos de su yugo. 
   
2. Nosotros en nuestras partes, junto con otros siervos de Dios encendidos por el fuego divino, trabajamos junto con Dios para reunir a los pueblos y a los reyes para romper [otros, despojar] el acuerdo de los impíos, para destruir toda altura que se levanta contra el conocimiento de Dios. No infructuosamente, los reyes de Alemania, Francia, Inglaterra, Escocia, las Españas y Jerusalén, con todo el clero y el pueblo, favorecen y adhieren al Señor Inocencio, como hijos al padre, como miembros de la cabeza, ansiosos de preservar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz. Y la Iglesia lo recibe meritoriamente, cuya opinión es más clara y su elección más acertada, evidentemente venciendo tanto en número como en mérito. Pero tú, hermano, ¿qué es lo que aún descuidas? ¿Hasta cuándo dormirá tu energía con tu serpiente mal asegurada? Sabemos de hecho que tú, hijo de la paz, no puedes ser inducido por ningún motivo a abandonar la unidad: pero ciertamente no es suficiente, a menos que también la defiendas y te esfuerces por derrotar a sus perturbadores con todas tus fuerzas. Y no te quedes quieto y temas la pérdida, que no será compensada con un pequeño aumento de tu gloria, si esas fieras que te rodean son domadas por tu celo, o atontadas, y tal presa de la Iglesia (me refiero al Conde de Poitiers), por tu mano la misericordia de Dios rescata de la boca del león.
  
Epístola 125 (al maestro Gaufredo de Le Loroux), año 1131

domingo, 11 de octubre de 2020

MARÍA LLAMA HIJO SUYO AL DIOS Y SEÑOR DE LOS ÁNGELES

Investidura divina de Alejandro VI (copia de Pietro Fachetti a partir del fresco original destruido de Bernardino di Betto “Pintoricchio”).
    
LATÍN
Deum et Dóminum Angelórum María suum fílium appéllat, dicens: Fili, quid fecísti nobis sic? Quis hoc áudeat Angelórum? Súfficit eis, et pro magno habent, quod cum sint spíritus ex conditióne, ex grátia facti sint et vocáti Ángeli, testánte David: Qui facit Ángelos suos spíritus. María vero matrem se agnóscens, majestátem illam, cui illi cum reveréntia sérviunt, cum fidúcia suum núncupat Fílium: nec dedignátur nuncupári Deus, quod esse dignátus est. Nam páulo post subdit Evangelísta: Et erat súbditus illis. Quis? Quíbus? Deus homínibus? Deus, ínquam, cui Ángeli súbditi sunt, cui Principátus et Potestátes obœ́diunt, súbditus erat Maríæ.
   
Miráre utrúmlibet, et élige quod ámplius miréris, sive Fílii benigníssimam dignatiónem, sive Matris excellentíssimam dignitátem. Utrímque stupor, utrímque miráculum. Et quod Deus fœ́minæ obtémperet, humílitas ábsque exémplo: et quod Deo fœ́mina principétur, sublímitas sine sócio. In láudibus Vírginum singuláriter cánitur quod sequúntur Agnum quocúmque íerit. Quíbus ergo láudibus júdicas dignam, quæ étiam præit? Disce, homo, obœdíre: disce, terra, subdi; disce, pulvis, obtemperáre. De Auctóre tuo lóquens Evangelísta: Et erat, ínquit, súbditus illis. Erubésce, supérbe cinis! Deus se humíliat, et tu te exáltas? Deus se homínibus subdit, et tu, dominári géstiens homínibus, tuo te præpónis Auctóri?
   
Felix María, cui nec humílitas défuit, nec virgínitas! Et quídem singuláris virgínitas, quam non temerávit, sed honorávit fecúnditas. Et nihilóminus speciális humílitas, quam non ábstulit, sed éxtulit fecúnda virgínitas: et incomparábilis prorsus fecúnditas, quam virgínitas simul comitátur et humílitas. Quid horum non mirábile? quid non incomparábile? quid non singuláre? Mirum vero, si non hǽsitas, in horum ponderatióne, quid tua júdices dignius admiratióne, utrum vidélicet pótius stupénda sit fecúnditas in Vírgine, an in Matre intégritas: sublímitas in prole, an cum tanta sublímitate humílitas: nisi quod indubitánter horum síngulis præferénda sunt simul cuncta, et incomparabíliter excelléntius est atque felícius ómnia percepísse, quam áliqua. Et quid mirum, si Deus, qui mirábilis cérnitur, et légitur in Sanctis suis, mirabiliórem se exhíbuit in Matre sua? Venerámini ergo, cónjuges, in carne corruptíbili carnis integritátem: vos sacræ vírgines in Vírgine fecunditátem. Imitámini, omnes hómines, Dei Matris humilitátem.
  
TRADUCCIÓN
«María da el nombre de Hijo al Dios y Señor de los Ángeles, cuando le dice: “Hijo mío, ¿por qué has obrado así con nosotros?”. ¿Cuál de los Ángeles se habría atrevido a ello? Bástales, y lo tienen por gran honor, el que, siendo espíritus, hayan sido elevados por gracia a la categoría de Ángeles y llamados con este nombre, según dice David: “El cual hace a sus espíritus Ángeles”. Pero María, consciente de su maternidad, no vacila en dar el nombre de Hijo a aquél a quien sirven los Ángeles con temor; y en cuanto a Dios, no tiene reparo en ser tratado como lo que realmente se ha dignado ser. Porque añade el Evangelista: “Les estaba sometido”. ¿Quién estaba sometido? ¿A quiénes? Dios a los hombres; Dios, sí, aquél a quien están sujetos los Ángeles, a quien los Principados y Potestades obedecen, estaba sometido a María.
  
De ambas cosas admírate; considera qué sea más admirable, si la benignísima dignación del Hijo o la excelentísima dignidad de la Madre. Ambas constituyen un milagro. Que Dios se someta a una mujer, es un acto de humildad sin igual y que una mujer mande a un Dios, puedes ver en ello una sublimidad sin par. En alabanza de las Vírgenes se canta que siguen al Cordero dondequiera que vaya. Ahora bien: ¿de qué alabanzas juzgas digna a la que le precede? Aprende, oh hombre, a obedecer; aprende, tú, que eres tierra, a estar sumiso; aprende, oh polvo, a sujetarte. Hablando de tu Hacedor, dice el Evangelista: “les estaba sometido”. ¡Avergüénzate, ceniza soberbia! Dios se humilla, ¿y tú te exaltas? Dios se sujeta a los hombres, ¿y tú, deseando dominarlos, pretendes ser más que tu Hacedor?
   
Dichosa Tú, oh María, en quien no sufrieron mengua la humildad ni la virginidad: virginidad singular, que lejos de empañarse con la fecundidad, recibió de ella mayor lustre; humildad verdaderamente privilegiada, no menguada, sino realzada por la virginidad fecunda; fecundidad incomparable, acompañada a la vez de la virginidad y de la humildad. ¿Hay nada aquí que no sea admirable, extraordinario y único? Puesto a comparar tales prodigios, y de resolver qué es más de admirar, si la fecundidad de la Virgen o la virginidad de la Madre; si la excelsitud a que se eleva la maternidad, o la humildad con que acoge este encumbramiento, consideramos mucho mejor poseerlas todas a poseer tan sólo alguna de ellas. ¿Y qué tiene de particular que Dios, que a nuestros ojos, y según la Sagrada Escritura, es admirable en sus santos, haya manifestado serlo tanto en su Madre? Venerad esposos, la pureza en una carne corruptible; en cuanto a las santas Vírgenes, admirad en una Virgen la fecundidad; y nosotros, hombres todos, imitemos la humildad de la Madre de Dios».
  
SAN BERNARDO DE CLARAVAL. Homilía I sobre las alabanzas de la Virgen Madre. (Lecciones del III nocturno en las Máitines de la Divina Maternidad de María Santísima).

jueves, 10 de septiembre de 2020

MARÍA ATIENDE A TODOS LOS QUE LA INVOCAN

     

LATÍN

«Quemadmódum Sol óritur super bonos et malos indifferénter; sic María petíta non discúrrit mérita, sed ómnibus sese exorábilem, ómnibus clementíssimam præbet, ómnium dénique necessitátibus amplíslsimo miserétur afféctu».

    

TRADUCCIÓN

«Del mismo modo que el sol brilla sin distinción sobre buenos y malos, así María, cuando es invocada, ella no discute los méritos de los peticionarios, sino que se muestra pronta a oírlos, es clementísima con todos, y se compadece de toda necesidad con amplísimo afecto».

  

SAN BERNARDO DE CLARAVAL. Sermón 3 para la Domínica infraoctava de la Asunción (Santa María, en las palabras de Apocalipsis XII). En CONRADO HOLYINGER DE SAJONIA OFM, Espejo de la Bienaventurada Virgen María, cap. X (María, Hija nobilísima, Madre dignísima, Esposa hermosísima y Sierva devotísima del Señor).

viernes, 15 de mayo de 2020

ORACIÓN DE SAN BERNARDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN


LATÍN
Per te, O María, accéssum habeámus ad Fílium, O Invéntrix grátiæ, Mater salútis, ut per te nos suscípiat, qui per te datus est nobis. Excúset apud ipsum intégritas tua culpam nostræ corruptiónis, et humílitas Deo grata nostræ véniam impétret vanitáti ac supérbiæ. Copiósa caritas tua nostrórum coopériat multitúdinem peccatórum, et fœcúnditas tua gloriósa fœcunditátem nobis conférat meritórum. Dómina nostra, Mediátrix nostra, Advocáta nostra: tuo Fílio nos reconcília, tuo Fílio nos comménda, tuo Fílio nos repræsénta. Fac, o benedícta, per grátiam quam invenísti, per prærogatívam quam meruísti, per misericórdiam quam peperísti, ut, qui te mediánte fíeri dignátus est partíceps infirmitátis et misériæ nostræ, te quóque intercedénte partícipes nos fáciat glóriæ suæ et beatitúdinis, Jesus Christus, Fílius tuus Dóminus noster, qui est super ómnia Deus benedíctus in sǽcula. Amen.
 
TRADUCCIÓN
Por ti, oh María, tengamos entrada a tu Hijo: por ti, oh bendita inventora de la gracia, causadora de la vida, Madre de la Salvación: para que por ti nos reciba el que por ti se nos dio a nosotros. Que tu pureza excuse ante él la culpa de nuestra corrupción, y tu humildad tan grata a Dios nos impetre el perdón para nuestra vanidad y soberbia. Que tu copiosa caridad cubra la multitud de nuestros pecados, y tu gloriosa fecundidad nos confiera fecundidad en los méritos. Oh Señora nuestra, Medianera nuestra, Abogada nuestra: reconcílianos con tu hijo, encomiéndanos a tu Hijo, represéntanos ante tu Hijo. Haz, oh bendita, por la gracia que hallaste, por las prerrogativas que has mereido, por la misericordia que diste a luz, que, El que por medio tuyo se dignó participar de nuestras debilidades y miseria, por tu intercesión nos haga partícipes de su gloria y bienaventuranza, Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor, que es Dios, bendito sobre todas las cosas y por los siglos. Amén.
  
SAN BERNARDO DE CLARAVAL. De advéntu Domini, sermón 2º “De Lectióne Isaíæ: Dixit Dóminus ad Achaz: Pete tibi signum, et de vía adversárii”, cap. 5, §2; en Migne, Patrología Latina 183, col. 43. Traducción propia.

martes, 29 de octubre de 2019

MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA VIGESIMONOVENO

Tomado de El Rosario: Meditaciones para los 31 días del mes de Octubre, de la autoría del licenciado Juan Luis Tercero. Publicada en Ciudad Victoria, México, en el año 1894 por la Imprenta Oficial de Víctor Pérez Ortíz. Imprimátur concedido el 12 de Marzo de 1894 por Mons. José Ignacio Eduardo Sánchez y Camacho, Obispo de Ciudad Victoria-Tamaulipas (actual Tampico).
         
CAPÍTULO XXXIII. MISTERIO QUINTO: LA CORONACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA COMO REINA DE TODO LO CREADO
Ha entrado ya a su reino la Esposa del Rey de los reyes. Ese reino es fundado desde la Eternidad para darlo a todos los escogidos y como Reina de ellos a la humilde María, para gloria del Cristo Hijo suyo, para gloria del Padre, Dios por todos los siglos con el Cristo y el Espíritu Santo.
  
La esclarecida Virgen y Madre ha sido llamada del Líbano para ser coronada. Ya se le aclama como «la gloria de Jerusalén, como la alegría de Israel, como la honra más preciosa de su pueblo». A semejanza de lo que en el día de su entrada en los cielos al Verbo humanado, le ha dicho el Padre: «ven, siéntate a mi diestra y yo pondré uno por uno a tus enemigos por escabel de tus pies». «El trono tuyo ¡oh Verbo! permanece por siglos; el cetro de tu reino, es cetro de rectitud»: así a la Inmaculada, a la humilde Madre suya dice el glorioso Nazareno, Verbo de Dios hecho hombre: «Madre mía, cúmplase hoy lo que de mi boca ha salido siglos ha en salmo de gloria, que en letra consignó y en cantar mi siervo David, que de entonces no ha cesado ni cesará nunca: “Asistirá la Reina a tu derecha, ricamente vestida de oro y de toda variedad de adornos”. ¡Oh Hija de Abrahán y de David, el Rey te ama como a ninguna, las grandes almas de tus hermanas, vírgenes escogidas entre millares, te son presentadas para tu séquito de honor; los pueblos cantarán tus alabanzas por siglos de siglos».
  
Entonces el Dios de las alturas hace pregonar las supremas prerrogativas de su excelsa Madre. Voces de ángeles, fulgores celestes vivísimos de claridad, de ciencia y de amoroso fuego, hacen entender y sentir todo lo que importa el reinado que va a darse, que está dándose, que se ha dado a María, y como todo lo que se hizo, por Ella se hizo, y todo lo que por bueno se hizo entrar al servicio de la gloria del Dios, infinito en toda bondad, por Ella fue bueno, previa la primera causa de las bondades, Jesucristo.
  
Esa incomparable Criatura, a quien se debe que la inocencia y la justicia hayan renacido en el mundo, que un Salvador se haya presentado en él, que el invierno haya pasado, que hayan vuelto a verse flores en la tierra y aves en los cielos, retirándose las aguas que todo lo cubrían, de un diluvio que todo lo ahogaba, esa incomparable criatura, que ya ha presidido y gobernado tantos sucesos convirtiendo cuantos corazones ha querido Cristo mover, una Magdalena, un Mateo, un Pedro, un Esteban, un Pablo, un Areopagita, no ha hecho sino comenzar un reinado asombroso de misericordia y de gracia, de salvación y de santidad, de triunfos de sabiduría y virtudes.
  
Por eso en tal día en que ya los ángeles y los humanos del Empíreo vislumbran y presienten prodigios tantos, la gloria de los cielos excede a la que pudieran concebir los bienaventurados, excepto sólo la gloria de la Divinidad y de la humanidad santa del Hijo de la humilde. Por eso el piadosísimo San Alfonso, reuniendo los dichos de los más notables santos panegiristas de la Incomparable Reina, nos consigna, que al subir la Madre de Dios al cielo, «aumentó el gozo de todos sus moradores», palabras de San Bernardino de Siena, por lo que San Pedro Damián y San Buenaventura dicen, que los bienaventurados no tienen mayor gloria en el cielo, después de Dios, que gozar de la vista de esta hermosísima Reina.

Esta coronación de María, Madre de Dios, es tan puesta en razón, como todo lo que de grandezas tiene que discurrirse tratándose de esta obra suprema, de esta creación aparte en que el poder divino pone el colmo y el coronamiento a cuanto de él es de concebirse, y en que el querer divino se excede a todo, por decirlo así.
   
Así, por tanto, como está dicho, «en el nombre de Jesús dóblese toda rodilla en cielos, tierra y abismos, y confiese toda lengua que el señor Jesús está en la gloria de su Padre»; dígase también que «en el nombre de María, y para honrar a ese su Jesús, se haga otro tanto, y que toda lengua confiese que Ella es la Reina, la dispensadora de cuantas gracias concederá su Hijo».
  
San Bernardo ofrecerá a la Iglesia, que lo consignará en eminente lugar de su admirable oficio del Breviario, ese resumen de los poderes magníficos y en extremo amables de la humilde esclava del Señor:
«Oh tú, cualquiera que seas, que cruzando por el mundo, conoces que más bien navegas por un mar tempestuoso de tormentas y borrascas, fluctuando en medio de sus embravecidas olas, que caminar por la tierra firme, en donde el que anda pueda fijar el pie y afirmarse en el camino, mira, no apartes la vista de María Sacratísima; si se levantaren contra ti los vientos de las tentaciones, si te vieres cercado de tribulaciones, no pierdas de vista la estrella del mar, invoca a María: si te hallas combatido de la murmuración y envidia, no pierdas de vista la estrella, invoca a María: si te perturba la ira, si te oprime la avaricia, si los deleites de la carne te persiguen, mira la estrella, invoca a María; si la gravedad de las culpas te hace desfallecer, si la conciencia te confunde y el juicio te causa pavor, no pierdas de vista la estrella, invoca a María; si la desesperación, la desconfianza, la pusilanimidad o la tristeza, tiran a precipitarte en los abismos, no pierdas de vista la estrella, invoca a María; no se aparte de tus labios, no falte de tu corazón María, y si quieres conseguir su intercesión, no te olvides de su vida y conversación; siguiendo a María, estás en el camino; rogando a María, no desesperas: siendo tu pensamiento y consideración en María, no yerras; teniendo a María, no caerás; gozando de su protección, no temerás; llevando por guía a María, no te fatigarás y con su patrocinio llegarás a puerto seguro».
  
Sentada la Reina en ese trono de la misericordia. Reina de la vida, de la dulzura y de la esperanza, para que los mortales obtengamos el santo temor, el dichosísimo arrepentimiento del pecado, de todo pecado, y el perdón definitivo, la perseverancia en el bien y las seguridades de no recaer, es Ella la delicia del Dios que la creó y a la vez de todo lo creado; allí está sentada en lo más alto como el mayor de todos los prodigios, en esplendores como un sol, en apacible claridad como luna en su plenitud después que se ha elevado tranquila y llena de encantos de sobre las olas tempestuosas de océano horroroso; sentada está allí muy más agraciada que Ester, quien a fuerza de modestia y de belleza ablanda el corazón del majestuoso Rey de los asirios; sentada está en el trono dando ese dichosísimo espectáculo que, vislumbrado apenas, hizo exclamar al vidente de Patmos: «Un gran prodigio ha aparecido en el cielo, una Mujer, la Mujer, vestida del sol, y la luna bajo sus plantas, en su cabeza una corona de doce estrellas»; madre del Rey eterno, madre del varón fortísimo, madre de todos los escogidos (que equivale a lo del Apocalipsis, cap. XII, v. 5: «y en esto dio a luz un hijo varón»). «Es Ella, dice Ausberto, y no hay que extrañarlo, el tipo de toda la Iglesia, porque habiendo concebido en su dichoso vientre al que es cabeza de la Iglesia, Cristo Jesús, en quien la Iglesia tiene su unidad, mereció que toda la Iglesia fuese como el parto suyo. Ella ha dado á luz un parto de virilidad, no de afeminamiento, no de torpe debilidad, sino de cuerpo esforzado, para combatir contra las potestades del abismo, cuerpo viril y robusto».
  
Oíd de nuevo a San Bernardo explicando este gloriosísimo pasaje del Apocalipsis y aplicándolo con razón a esa Reina coronada en los cielos y sentada en ese trono superior a todo lo criado: «La Virgen María ha sido hecha toda para todos; para todos está patente ese sagrado seno de misericordia, a fin de que todos reciban de su plenitud: el cautivo, la redención: el enfermo, la curación; el triste, su consuelo; su perdón, el delincuente; su gracia, el justo; su alegría, el ángel; y finalmente toda la Trinidad, la gloria, y, en la persona del Hijo, la susbtancia de la humana carne, para que no haya quien quede excluido de su calor… Con razón, por eso, María es preconizada como revestida del sol. siendo así que ha penetrado en el abismo profundísimo de la sabiduría divina, más allá de lo que se puede conceptuar. Con ese fuego suyo es con el que fueron purificados los labios de los Profetas; en ese fuego es en el que los serafines han sido inflamados. De muy diversa y superior manera ha merecido María no ya ser tocada de él en la superficie, sino cubrirse y rodearse de él por todas partes, penetrarse y como sumergirse en él».
  
Gran prodigio es ella, porque, como dice San Buenaventura, «es tan grande, que mayor no podía Dios hacerla; podría Dios hacer un mundo mayor y un cielo más grande; pero mayor Madre que la Madre de Dios no podría Dios hacer».

Esa Madre de Dios y por bondad de ambos Madre nuestra, es tan buena porque es tan grande, y no es tan grande sino porque es tan buena. Dichosa porque ha creído, dichosa porque ha confiado, dichosa porque ha amado. Si al comenzar, si en su primer instante de ser, la gracia ha sido el todo y toda para Ella, todos los otros instantes han sido de correspondencia, ha sido Ella toda para la gracia, toda para toda gloria. Este es el portento de María, el mayor de cuantos pueden idearse o discurrirse; gran verdad que por sí sola acredita de verdadera a sólo la religión Católica, porque es la mayor belleza, el esplendor más puro que surgir pudiera de la verdad, así como el esplendor del diamante acusa que es de diamante y no de falsificación de quebradiza piedra diáfana.
  
Por eso, todo triunfo para la verdad y todo triunfo para el bien, no se hace sino a las órdenes de María. Judit fue para vencer a Holofernes; Ester para vencer a Amán; nuestra Reina es necesaria en todo combate contra todo error y todo pecado, si se quiere triunfar; porque sin Ella, no quiere el Rey que se triunfe. Bien sabe la Iglesia Católica, y en esto no se engaña, como en nada se engaña, por qué a María la pregona y adjudica la palma de vencedora de todas las herejías, así como el título de Refugio de todos los pecadores y por lo mismo vencedora de todos los pecados.
  
No hay contraste más hermoso ni glorioso que el de nuestra Reina; ¡tan blanda, amable, misericordiosa, clemente, piadosa y dulce para todos los que quieren ser salvos! Tan aborrecida de los inicuos que por nada quieren dar gloria al Rey. No hay enemigos más enconados de Dios, que los enemigos de María. Creemos que el Infierno no aborrece tanto a Dios, sino por odio a María.
  
¡Qué dicha la de los que, si bien miserables, tenemos resuelto dar gloria a nuestra Reina, para ganar la voluntad y así congraciarnos con nuestro Rey! Ya sabemos, Señora, que rogarás por nosotros para que el gran Rey tu Hijo tenga piedad de nosotros.

domingo, 27 de octubre de 2019

MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Tomado de El Rosario: Meditaciones para los 31 días del mes de Octubre, de la autoría del licenciado Juan Luis Tercero. Publicada en Ciudad Victoria, México, en el año 1894 por la Imprenta Oficial de Víctor Pérez Ortíz. Imprimátur concedido el 12 de Marzo de 1894 por Mons. José Ignacio Eduardo Sánchez y Camacho, Obispo de Ciudad Victoria-Tamaulipas (actual Tampico).
         
CAPÍTULO XXXI. MISTERIO CUARTO: LA ASUNCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA A LOS CIELOS
«Regocijémonos todos en el Señor, celebrando el festivo día en que honramos a la dichosa María Virgen, con cuya asunción se gozan los ángeles y cantan alabanzas al Hijo de Dios».

Esta es la voz de la Iglesia al celebrar la asunción de nuestra Reina, el gran misterio de su exaltación a las alturas después de pasar por el sepulcro, a semejanza de la ascensión de su Hijo Cristo resucitado.

Este gran misterio, principio de los triunfos definitivos de gloria de la Dolorosa, que, antes en su camino como el Mesías, ha bebido del amargo torrente, en gran manera interesa la ciencia y la piedad de los hijos fieles de esa Reina de la Iglesia, y guarda espléndida proporción de sabiduría y de amor con los otros misterios de nuestra amabilísima y dichosa Madre.
  
Sí; todo es armonía y magnificencia en esta maravillosa obra maestra del Dios de piedad: el portento de la Encarnación del Verbo reclama con el portento de la Concepción Inmaculada de la Madre de Dios, y el de la Inmaculada, con el de la divina Maternidad. Este reclama, a la vez, con el de la incomparable humildad de la Esclava del Señor y sus otras incomparables virtudes; pero tantas grandezas reclaman prodigiosos méritos posteriores que harán a la humilde a Inmaculada Madre Virgen, aptísima para algo superior a esas anteriores grandezas, la Corredentora de sus hermanos, la Madre incomparable del dolor. Mas, de aquí vendrá poderosísima razón para que la magnánima Reina de los mártires sea no menos la Reina, digamos así, de los resucitados, la triunfadora que en la victoria sobre la muerte tendrá el lugar primero después de su Hijo. Y estas magnificencias aún tendrán su coronamiento cuando la Escogida, la Unica, vaya a sentarse en ese “solio estrellado” en donde reinará para siempre a la diestra de su Hijo sobre todas las criaturas.

Pero entretanto, gocemonos en contemplar ese tránsito de la amorosísima paloma, ese tránsito de este valle de gemidos, más allá de las riberas de las aguas, exhalando virginal fragancia de sus vestiduras y rodeada de flores de rosal y lirios de los valles, como si fuesen días de primavera.

La muerte no ha ejercido en Ella imperio sino servicio de sierva obsequiosa; Ella ha languidecido de amor y ha enviado a decir a su Amado, que no difiriese más la hora del santo abrazo de su ternura; y aquél que amó a los suyos tanto y a su Predilecta sobre to dos, señaladamente la amó en el día en que la llamaba a su Reino y en que a ese reclamo de su Inmaculada, respondía: «levántate y date prisa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía y ven, que ya pasó el invierno». «“En tus manos, Señor, contestó Ella, encomiendo mi espíritu”; cerró los virginales ojos y espiró», según frase acertadísima que textual copiamos de nuestra venerable escritora María de Ágreda.
  
Los apóstoles congregados de todas las partes del mundo rodean el lecho santo de la Reina, y el cielo ha descendido a la tierra en ese Cenáculo en que la sabiduría, la omnipotencia y la ternura del Padre, del Hijo y del Consolador, han obrado tantos prodigios. «Los ángeles entonan cánticos, ya próxima a espirar la Reina; los cánticos de Salomón y otros nuevos. Una fragancia divina y la música celestial se dejan percibir hasta de los extraños a la santa casa, moradores próximos a ella. Un resplandor admirable se deja ver por todos, y el Señor ordena que para testigos de esta nueva maravilla concurra mucha gente de Jerusalén que ocupaba las calles». Esto escribe nuestra venerable Maria de Ágreda; creemos a ella y no podríamos creer lo contrario; como que, aparte de lo respetable de tal testimonio de la humilde monja española, es todo ello eminentemente verosímil, por más que no conste en libro bíblico. Si de gran número de santos, cuyas vidas han concluido con esos prodigios, constan con certeza maravillas de conciertos celestiales, esplendores y fragancias, sobre todo tratándose de aquellos santos más humildes y empeñados en obscurecerse, ¿qué no habremos de tener por verosímil en grado eminente, tratándose de la Reina de la humildad y de la abnegación?
 
Esa alma incomparable, esa alma que á un santo conocedor de nuestra Reina, San Dionisio Areopagita, y a otro santo, Tomás de Aquino, por su inteligencia y sabiduría llamado “Sol de las escuelas”, esa alma de María ha parecido algo como infinito, es llevada a los cielos a tomar posesión de inmensa gloria, mientras que la ciudad de Jerusalén se conmueve toda y admirados concurren muchos confesando el poder de Dios y la grandeza de sus obras.

El cuerpo santísimo de la Hermosa queda en el sepulcro; llega el tercero día; Tomás, el apóstol incrédulo de la resurrección de Cristo, compurga ahora su antigua tardanza en creer; ha llegado después que la Reina fue sepultada; quiere consolarse con ver los sacratísimos restos y van a mostrársele. Esto no era más que un ardid del cielo para que la resurrección y asunción de la Inmaculada se revelasen a los ojos. El sepulcro está vacío, la Madre de Dios ha resucitado; y esto es muy reciente, porque hace pocas horas han cesado los cantos angélicos que perseveraban durante más de dos días que asistían los apóstoles velando en el sepulcro.

«Se ha hecho, pues, la Asunción de María Santísima a los cielos, los ángeles se alegran, y entre alabanzas bendicen al Señor», canta la Iglesia. «María Virgen ha sido transportada al tálamo celeste en que el Rey de los Reye s tiene su trono sobre las estrellas»; «al olor suavísimo que de ti exhalas, oh Señora, te seguimos apresurados con el alma; ¡cuánto amor inspiras a las doncellitas!». «Sublimada has sido, Santa Madre de Dios, sobre todos los coros de los ángeles, a los reinos celestiales». Cánticos son todos con que la Santa Iglesia Católica, en la gran fiesta de la Asunción, no cesa de hacer justicia a la Madre de Dios y al Hijo de esa Madre, y que en esa justicia jamás agotará las alabanzas debidas a tan gran Madre de tan gran Hijo, pues no sería tal Madre ni sería Dios tal Hijo, si la alabanza de ellos conociese términos o límites.
  
«Comienza hoy el cántico de los cánticos», palabras de la lección primera del Breviario, que en otras circunstancias fueran vulgares y sin importancia alguna; pero admirables y profundas en esta sublime oportunidad, porque nada menos es como si dijésemos: el gozo de aquellas palabras hechas por el Espíritu Santo para enamorar a las almas sus amadas, comienza hoy a ser ya pleno, imperecedero. «Béseme el Señor con ese beso celestial (así comienza el santo libro bíblico del Cantar de los cantares), que hace feliz al alma para siempre… Hágame entrar el Rey misericordiosísimo y santísimo a ese santuario de su caridad perpetua».
  
¡Oh Santísima Virgen, digna eres como el Cordero, de todo gozo y de gozo para siempre!

«Hoy, pues, vuelve a decir la Iglesia por los labios del elocuentísimo y santo Doctor San Juan Damasceno, el Arca santa y animada del Dios vivo, que concibió en sus entrañas a su Criador, descansa en el templo del Señor no construido por mano alguna; David canta a su Hija y los ángeles conciertan con él sus coros; los arcángeles la celebran, las virtudes la glorifican, los principados saltan de júbilo, conmuévense las potestades, regocíjanse las dominaciones, los tronos están de fiesta, los querubines la alaban y los serafines preconizan su gloria. En este día, el edén del nuevo Adán recibe a este Paraíso animado, en quien fue abrogada la condenación, plantado el árbol de la vida y cubierta nuestra desnudez».

«Hoy, la Virgen inmaculada, a quien no desfloró ningún afecto terrenal, y que vivió siempre con el pensamiento puesto en las cosas celestiales, no ha vuelto a la tierra; sino que, como era un cielo animado, la recibieron los astros celestes. En efecto, ¿cómo pudiera morir aquella de quien vino a todos la verdadera vida?  Ella debió sin duda doblegarse bajo la ley que aquél mismo a quien engendró, sobrellevara, y como hija del viejo Adán sufrió la antigua sentencia (porque tampoco la esquivó su Hijo que es la vida misma); pero como Madre del Dios vivo, se elevó justamente a Él».

A esa Reina, por tanto, que va a ocupar el solio mayor que pudo ver el cielo para deificarla con sus favores y por medio de Ella favorecer al humano linaje, elevemos ya desde hoy cuantas peticiones reclamen nuestras necesidades; porque, como dice suavísimamente San Bernardo: «en María no puede faltar ni la facultad, ni la voluntad de hacer dádivas a los humanos. A la piedad de María no faltó nunca la fe, la gravedad a su palabra, la eficacia a su voto. No olvides encomendar a María cuanto te propongas ofrecer a Dios. María es la honra del Paraíso, el gozo del cielo. María es la Iglesia de la virginidad. La virginidad de María es mayor que la pureza de los ángeles. Pensando en María, no errarás; rogando a María, no desesperarás. Por María, el cielo ha quedado lleno, y el infierno vacío. En María puso Dios el sol y la luna, a Cristo y a la Iglesia. En María han encontrado los ángeles la alegría, los justos la gracia, los pecadores el perdón para siempre. En María, por María, de María, la benigna mano del Omnipotente, cuanto había criado lo ha vuelto a criar; sin María nada se ha rehecho, así como sin Dios nada se hizo; por manos de María pasa lo que Dios quiere darnos».
  
Entra a los cielos, ¡oh Reina! Adelántate, ¡oh bendita entre todas las criaturas, y comienza ya tu reinado! Ya te apiadarás de nosotros, que somos tus hermanos, y te pedimos humildemente que no nos dejes perecer.

sábado, 10 de agosto de 2019

NOVENA A SAN BERNARDO DE CLARAVAL

Novena dispuesta por un sacerdote devoto del santo, e impresa con licencia en Ciudad de México por José Bernardo de Hogal en 1735. El Acto de Contrición y los Gozos provienen de la Novena publicada por Pablo Nadal en Barcelona en 1753.
  
PRÓLOGO DEL AUTOR
El Angélico Doctor Santo Tomás, en un sermón que escribió del Melifluo Doctor San Bernardo, le alaba angélicamente diciendo “que San Bernardo tuvo todos los oficios y las virtudes de todos los Ángeles”. Encomio que a mi ver explica que San Bernardo en su heroica vida no sólo ejercitó los oficios todos de aquellos soberanos Espíritus, superiores en su ser a nuestra humana naturaleza, sino también la suficiencia y proporción de la gracia divina, para que con la imitación de todas las virtudes angélicas, ejecutara todos sus oficios: y así, empezando desde la última Jerarquía, San Bernardo fue Ángel en la humildad, Arcángel en la obediencia, Virtud en lo magnánimo de su Fe, Potestad en el celo de la honra de Dios, Principado en la altísima pureza de sus consejos, Dominación en la eficacia de su oración, Trono en lo admirable de su castidad, Querubín en lo profundo de su ciencia, y Serafin en lo abrasado de su caridad.
  
Con este mismo orden te exhorto a que celebres y pidas las mismas virtudes, repartidos los nueve Coros de los Ángeles, cuyos Órdenes han de llenar y suplir los predestinados, del menoscabo que causó la ruina de Lucifer, y así es congruente que aspire tu imitación a sus virtudes; y si aquellos Espíritus gloriosos son el ejemplar más perfecto de enuestras Novenas, pues nueve Coros, repartidos en tres Jerarquías, alaban incesantemente a Dios nuestro Señor con otro ternario en que le celebran Santo: celebremos a nuestro Patrón gloriosísimo en el mismo número, con la misma significación, que no es otra sino que la alabanza de las criaturas no excede de nueve, pues se reserva el décimo para lo infinito de Nuestro Dios, a quien con tan santo ejemplar será bien que invoquemos como principio y fin de todo lo bueno, diciendo la siguiente oración a la Santísima Trinidad, que puede ser preparatoria para todos los días de nuestra Novena.
  
Puédese, para dar principio, confesar y comulgar (si diere licencia el Confesor), hacer alguna limosna, o algunas obras de caridad, de mortificación o las que buenamente pudiere cada uno, según la posibilidad de su estado.
   
NOVENA A HONRA DEL GLORIOSO PATRIARCA Y DOCTOR MELIFLUO SAN BERNARDO
      
   
Puesto de rodillas ante alguna imagen del Glorioso Patriarca San Bernardo, se hará la Señal de la Cruz y el Acto de Contrición con todas las veras y dolor posible.
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Amantísimo Padre у Redentor de mi Alma, con todo mi corazón te adoro, te alabo, у te bendigo; у me pesa haber ofendido a tu Divina Majestad. Propongo la enmienda de mi vida; y espero firmemente el perdón de todas mis culpas en tu infinita clemencia. Yo, Señor, te ofrezco para siempre mi Cuerpo, mis Sentidos, у mi Alma con sus Potencias, Memoria, Entendimiento, у Voluntad. Propongo emplearme, con todas mis fuerzas, en el servicio у gloria vuestra. Os doy infinitas gracias por vuestros beneficios. A Vos, Señor, Bondad infinita, os amo, por Vos mismo, con todo el afecto de mi Alma: у quisiera saberos amar, como os han amado y aman todos los Ángeles у Santos del Cielo. Ofrezco a vuestra Majestad, con Sus méritos, con los de la Purísima Reina de los Ángeles, у con los del Dulcísimo Bernardo, todas mis obras, palabras y pensamientos, bañándolas con la Sangre de Jesús mi Redentor у Señor, en cuya Fe y amor deseo vivir y morir. Amén.
  
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Santísima, Gloriosísima y Beatísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas en una esencia, a quien confieso por mi soberano e inmenso Dios, yo os adoro, alabo y bendigo. Yo te adoro, Padre todopoderoso, de infinita majestad, Creador del Cielo y de la tierra, y de todo cuanto hay visible e invisible. Yo te adoro, Hijo unigénito, tesoro de sabiduría, Verbo del Padre, perfectísima Imagen de su substancia, piadosísimo Redentor del mundo. Yo te adoro, Espíritu Santo, compendio de toda la bondad, que procedes del Padre y del Hijo, y eres vínculo de purísimo y ardentísimo amor de ambos, dulcísimo Consolador y maravilloso santificador de las almas. Yo te adoro, oh Altísimo y Clementísimo Dios, bien infinito y perdurable, que beatificas a todos los Santos y Espíritus Angélicos, a ti, Padre ingénito, Hijo unigénito, y Espíritu Santo, que de ambos procede, invoco para que con fruto de mi alma ejecute estos ejercicios que hago en honra de vuestro querido siervo y Abogado mío San Bernardo y de los Santos Ángeles, que no cesan de daros alabanzas, gloria y honra por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
DÍA PRIMERO – 11 DE AGOSTO
Aplícase la humildad del primer Coro de los Santos Ángeles, mirados de nosotros para Dios Nuestro Señor, y se les aplica, porque aquellos Soberanos Espíritus, siendo de la Corte Celestial, su ocupación es ser enviados a las Embajadas de cosas pequeñas. Esta virtud ejercitó San Bernardo con tal singularidad que, metido todo y sumergido en el abismo de su nada, cosa ninguna le pudo desvanecer y levantar: ofreciéronle seis Obispados y otras grandes dignidades, y ninguna quiso aceptar, teniéndose por indigno para ellas. Teníase por indigno de que Dios Nuestro Señor se sirviese de él para la salvación de las almas. En los mayores agravios no pensaba que se le hacía injuria, y así decía, “que no quería ser humilde sino vil”; y de aquí nacía hacer fervorosa oración por sus contrarios y perseguidores (que tuvo muchos), procurando con humildad y sumisión ablandarlos y dar bien por mal, beneficio por injurias, y honra y reverencia por desprecios y afrentas.
  
Celebremos esta humildad y animémonos a su imitación, y pidámosla con todas veras, diciendo tres Padre nuestros y tres Ave Marías gloriados al primer Coro de los Santos Ángeles, y esta oración:
Oh Dios y Señor mío, ejemplar y premio de la verdadera humildad, que te dignaste de concederla tan profunda a tu querido siervo San Bernardo, humildemente te suplicamos que por tu intercesión te dignes de concedernos gracia para despreciar al Mundo y sus vanidades, y para vencer nuestras inclinaciones a honra y estimación, para que por el camino del desprecio sigamos tu Cruz, y consigamos gozarte en la Gloria. Amén.
  
OFRECIMIENTO Y SÚPLICA A SAN BERNARDO PARA TODOS LOS DÍAS
Admite, Dulcísimo Bernardo, Padre у Abogado mío, este corto obsequio que en estos nueve días te rinde mi afectuosa devoción, у suple los defectos de mi fragilidad, interponiéndote compasivo con mi Dios, para que no atendiendo a mis culpas, ni a quien yo soy, me conceda, por tu intercesión, el feliz despacho de mi suplica en mi necesidad. No quede sin fruto la confianza que tengo en tan Glorioso Patrón. En ti, Dulce Padre, confío; de ti espero la intercesión; у por ti la gracia de mi Dios para que yo le sirva en esta vida, y le ame por toda la eternidad. Amén.
  
GOZOS
  
Dulce miel de los Doctores,
De María tierno amante,
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

  
A este mundo habéis venido
Por Privado de Jesús,
Cn cuyos clavos y Cruz,
Tenéis la morada y nido:
Pues con afecto constante
Vos cargáis con sus dolores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

  
De ilustre noble hidalguía
Vuestro ser habéis tomado,
Y estás muy ilustrado
Von la leche de María:
En cuyo candor flamante
Inflaman vuestros candores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

  
Vuestro noble corazón
De amor le partió la aljaba,
Porque siempre meditaba
De Jesús en la Pasión:
Sin cesar nunca un instante
De meditar sus rigores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

  
A Dios sí miráis sangriento
En su amor os abrasáis,
Y al corazón trasladáis
De su pasión el tormento:
Y con Fe perseverante
Sois fénix de sus ardores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

  
Con santo у divino celo
Instruís a los mortales,
Y desarraigáis los males,
Siendo de virtud modelo:
Pues a Luzbel arrogante
Vencéis desterrando errores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

  
Vuestra celestial doctrina
Pasto de la Iglesia fue,
Y es el néctar de la Fe,
Y de sus dulzuras mina:
Cuyo caudal abundante
Se lleva inmensos loores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

  
Císter Religión Sagrada
Su Fundador os venera,
Y como sois su lumbrera
Está por vos ilustrada:
Ella os tiene por Atlante
Del Cielo, de sus fulgores;
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

  
Doctor, Virgen у Prelado
El mundo todo os blasona,
Y tres lauros por corona
A vos Dios os ha alargado:
Y en la Iglesia militante
Lográis supremos honores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.

   
Dulce miel de los Doctores,
De María tierno amante,
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
    
Antífona: Como estrella matutina, y cual refulgente Sol, así resplandece Bernardo en la casa de Dios, y como vaso de oro sólido adornado con toda piedra preciosa. Todo en él es disciplina, toda insigne virtud, e imagen de perfección.
℣. Ruega por nosotros, bienaventurado Padre San Bernardo.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
    
ORACIÓN
Te rogamos, Señor, que traigas a perfección en nosotros el amor a la santa religión, y para obtener la generosidad de tu gracia, interceda siempre ante ti por nosotros los méritos y oraciones de tu egregio Abad y Doctor el bienaventurado Padre San Bernardo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
Rezar un Ave María por los devotos que iniciaron esta Novena.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 12 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
      
La virtud de la obediencia resplandece en los Santos Espíritus que llamamos Arcángeles, no por singularidad, pues todos los Ángeles son obedientísimos, sino por excelencia: porque tienen los Arcángeles como oficio el ser Mensajeros en los más graves negocios de la celestial curia. Fue Nuestro Glorioso Padre San Bernardo fidelísimo ejecutor de esta virtud, no solo dentro de la Religión en donde, para estímulo de la guarda puntual de los tres votos principales, tenía siempre en su corazón, y muy de ordinario en sus labios estas palabras, dignas de que todos los Religiosos las repitamos continuamente para recuerdo de nuestras obligaciones: “Bernardo, Bernardo, ¿A qué viniste a la Religión?”, sino también en los negocios que por el bien de la Iglesia hizo fuera de la Religión: Porque no era San Bernardo de los que con pretexto de darse a la contemplación huyen el trabajo, o por su gusto particular dejan el bien común, antes juntaba la acción con la contemplación, y anteponía las cosas públicas y de obediencia a las suyas propias, y aun a su misma vida: pues siendo así que los médicos se maravillaban cómo estando tan flaco y exhausto a rigores de la penitencia, podía atender a ocupación alguna: por obediencia caminó a la villa de Étampes al Concilio, que todo se puso en su determinación, como lo hizo, declarando por sumo y verdadero Papa y Pastor de la Iglesia a Inocencio II contra el Antipapa Anacleto II; por obediencia caminó dos veces a Roma, a Milán, a la Gascuña; y otras muchas y sagradas correrías que ejecutó por la obediencia en provecho de la Iglesia.
  
Pidamos la imitación de esta virtud, rezando tres Padre nuestros y tres Ave Marías gloriadas a los Santos Arcángeles, y luego dirás la siguiente oración:
¡Oh Jesús! ¡Oh Señor! ¡Oh bien nuestro!, que por nosotros te hiciste obediente desde el principio de tu gloriosa vida hasta la afrentosa muerte de Cruz: haznos por la intercesión de tu Glorioso Siervo San Bernardo obedientes a todos tus preceptos, para que con la observancia puntual de todas las insinuaciones de tu voluntad santísima, acabemos nuestra peregrinación en tu santo servicio, y después de ella merezcamos gozar las felicidades que concedes a tus escogidos. Amén.
  
La Oración y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA TERCERO – 13 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
      
Es el oficio de las Virtudes el oponerse a las leyes de la naturaleza, y obrar continuamente milagros: y como la heroica Fe de San Bernardo, en confirmación de lo que predicara, hiciese tantos, se aplica este día a lo magnánimo de su Fe. No es fácil el contarlo, ni aun en común: Godefrido, Monje de Claraval, Secretario y Compañero del Santo, afirma que un solo día con la imposición de sus manos alumbró once ciegos, sanó diez mancos y diez y ocho cojos: en Colonia denro de tres días doce cojos, dos estropeados, tres mudos y diez sordos cobraron entera salud. Algunos hombres piadosos quisieron escribir los milagros que el Santo obraba, y comenzándolo a hacer, después lo dejaron, vencidos de la muchedumbre de ellos. Bendijo cierto día muchos panes, y al repartirlos, dijo a los que los tomaban: “la prueba de la verdad que os predico será el que todos vuestros enfermos que comieren de este pan, quedarán sanos”. Estaba presente un Obispo, que modificando la proposición del Santo, dijo: “Habéis de entender, que sanarán, si comieren con Fe de este pan”, a lo cual replicó el Santo: “No digo yo eso, Señor, sino como mis palabras suenan, que todos los enfermos que gustaren de este pan cobrarán salud: porque se entienda que nosotros somos legítimos y verdaderos Embajadores de Dios”; y como lo dijo sucedió, pues cuantos comieron de aquel pan bendito, sin excepción alguna sanaron, porque era tal y tanta la Fe de San Bernardo, que aun aquellos que no tenían Fe, el mismo pan se la comunicaba, para que no se frustrase el milagro. Aquí pienso que miraba esta Nobilísima Ciudad de México, cuando le juró Patrón de las Mieses, con la Fe de que por su intercesión no le podría faltar pan.
  
Pidamos, pues, por sus ruegos la firmeza en tan grande virtud, rezando a las Virtudes angélicas tres Padre nuestros, y tres Ave Marías gloriados, y dirás esta oración:
Todopoderoso y benigno Dios y Señor mío, yo te alabo y doy infinitas gracias porque me criaste de la nada, porque me redimiste con la preciosa Sangre de tu Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, porque me hiciste Cristiano y diste entera noticia de tu Santa Fe y doctrina de tu Iglesia: a todo esto correspondí ingrato, de lo que me arrepiento y te pido perdón: suplícote por la intercesión de tu maravilloso Siervo y Padre mío San Bernardo abundancia de frutos, así de buenas obras para avivar la Fe, como de mieses en los campos, para que todos los que estamos encomendados a su protección, gocemos consuelos en esta vida, y descanso eterno en la otra. Amén.
    
La Oración y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA CUARTO – 14 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
      
Las Potestades son aquellas sagradas inteligencias, que gozan por oficio ordenar los buenos Ángeles que presiden a los Reinos y potestades, y resistir a las potestades adversas; uno y otro empleo se vio en la vida admirable de San Bernardo, celando la honra de Dios Nuestro Señor, y por eso a este celo dedicamos este día. La resistencia que hizo a las potestades adversas, dígalo el hereje Pedro de Abelardo, ya avisado por el Santo, benigna y secretamente, para que revocase las nuevas, falsas y perniciosas opiniones que había diseminado; ya concluido y convencido por el Santo, en el Concilio que se celebró en Sens, lugar de Francia; dígalo Gilberto Porretano, que disputando con el Santo dos días en el Concilio de Reims, vino a retractar los errores que había enseñado. Dígalo el perverso Maestro Enrique, entregado por los mismos a quienes había pervertido, a quienes redujo a Nuestra Santa Fe la predicación de San Bernardo: el ordenar los Ángeles buenos lo publican sus escritos, como el insigne libro que llamó de la Consideración con que doctrina su discípulo el Papa Eugenio III, y declara el hecho en que por ayudar al Arzobispo de Tréveris, que había ido a Claraval, y echándose a los pies del Santo Abad, suplicándole que fuese a componer graves discordias que padecían sus ovejas, le acompañó el Santo, que se hallaba en una cama, disponiéndose ya para morir, haciendo el costo para aquel viaje la Omnipotencia de Dios Nuestro Señor, que le dio súbitamente fuerza para aquella jornada, porque la tomaba para su honra y servicio.
  
Procuremos imitar esta virtud, pidiéndola por medio de las Potestades rezarás tres Padre nuestros, y tres Ave Marías gloriados, y luego esta oración:
Oh Espejo inmenso de bondad, Sabiduría del Padre Eterno, Jesús mío, por el ardiente celo de tu honra que fuiste servido conceder a tu querido siervo San Bernardo, te suplicamos nos comuniques verdadero dolor y sentimiento de que hayamos correspondido ingratos a tus beneficios, y de que todo el mundo no te ame con amor correspondiente a los innumerables beneficios que continuamente recibe de tu liberalísima misericordia; usa, Señor, de ella con nosotros ahora, y en el tiempo, que esperamos, de nuestra muerte. Amén.
  
La Oración y los Gozos los rezarás todos los días.
    
DÍA QUINTO – 15 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
      
Son los Principados aquellos gloriosos Espíritus que disponen lo que han de ejecutar los súbditos, a quienes presiden, y como se hallen en el Glorioso Padre San Bernardo divinos documentos para sus súbditos, a ellos le dedicamos este quinto día. Fue al principio de su gobierno tan rígido y fervoroso, que cuando recibía a algún novicio, lo primero que le avisaba era que dejase fuera del Convento el cuerpo con todos sus resabios, y que solamente entrase con el Espíritu. Cuando confesaba a sus Monjes, cualquiera falta, por ligera que fuese, le parecía grave; y pedía a todos la grande perfección, que a muchos le quitaba la esperanza de alcanzarla, y aún la gana de procurarla; pero después que vio un Niño, que apareció vestido de una luz celestial, se le infundió una nueva gracia y singular don de suavidad y dulzura, tanta, que porque algunos echaron de ver que debajo de sus hábitos viejos y remendados traía un áspero cilicio le dejó, temiendo que otros, con graves enfermedades, le quisiesen imitar.
  
Pidamos la imitación de tan santa prudencia, rezando a las Potestades nueve Padre nuestros, y nueve Ave Marías con Gloria Patri, y dirás esta oración:
¡Oh Clementísimo! ¡Oh piadosísimo! ¡Oh Benignísimo Redentor mío Jesús, protección, providencia mía en todos mis aprietos, luz y dirección mía en todas mis dudas! Por los merecimientos de tu amado hijo San Bernardo, merezca tener la discreción t providencia verdadera en el principal negocio de mi alma, que es su salvación, para este fin a ti te invoco, Jesús mío, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
La Oración y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA SEXTO – 16 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
      
Tiene la Dominación dos aspectos en sus oficios, pues se emplea en que no seamos tiranizados, y en mandar sobre otros Espíritus, y como uno y otro se halle en los efectos de la Oración de Nuestro Padre San Bernardo, a ella se aplica el oficio de aquellos soberanos espíritus. Véase a un respecto en la Conversión de San Guillermo, a quien por su Oración libró de la tiranía del demonio, con tan raro prodigio, que estando el Duque de Aquitania sin entrar en la iglesia, por estar por cismático incurso en la excomunión, salió a ella San Bernardo, revestido con ornamentos sacerdotales, y la hostia sobre la patena, y diciéndole, como Cristo Señor Nuestro a Saulo, que era perseguidor de Cristo, y que a su Majestad no volvería las espaldas, y otras razones, que preparado en el Santo Sacrificio de la Misa había prevenido su espíritu, obró el mismo efecto, que la voz de Cristo Nuestro Señor en Saulo, que cayó en tierra obediente, arrepentido, discípulo de San Bernardo y Santo, de quien nuestra Sagrada Religión reza a los diez de Febrero. No sólo libró de la tiranía la Oración de San Bernardo, sino que mandó con eficacia a los espíritus malignos que dejasen los cuerpos de los que poseían, y saliendo al instante; y aun sirviendo en cierta ocasión de rueda con cuerpo fantástico a un carro en que iba el Santo a componer cierta disensión, en castigo de haber roto media rueda, para impedir su malicia el bien que se seguía de aquietar aquella discordia.
  
Pidamos por la intercesión de San Bernardo un perfectísimo hábito de Oración, y que si fuere voluntad de Dios, nos dé contemplación pasiva fructuosa, para por su medio tener robustez para no ser siervos del demonio, sino hijos de Dios Nuestro Señor, y que sea por medio de las Dominaciones, rezando nueve Padre nuestros con otras tantas Ave Marías gloriados, y luego esta oración:
Oh Gozo de los entendimientos, Jesús, y Señor mío, poned los ojos de vuestra piedad divina en la contemplación que fuisteis servido conceder a vuestro regalado Siervo y Padre mío San Bernardo, y por su intercesión, sed servido de concederme el que sepa frecuentar la Oración y ser instruidos en santos ejercicios, por los cuales suba a lograr la corona de los escogidos. Amén.
    
La Oración y los Gozos los rezarás todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 17 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
      
Son los Tronos aquellos espíritus purísimos que se llenan de la gracia de la Divinidad, para que en ellos se siente la divina Majestad: y esto mismo dice del alma pura y casta San Lorenzo Justiniano (De Castitáte, conción 14) que sirve de asiento en que alegremente se sienta el Esposo celestial, por esta razón aplicamos a la admirable Castidad de Nuestro Padre San Bernardo este día. Qué aprecio fuese el del Santo a esta virtud, se ve ya en aquella modestia y compostura rara con que tenía cerrados todos los sentidos, pues el de la vista no fue bastante a dar razón de un lago por donde todo el día había caminado el Santo, el del gusto no supo distinguir un vaso grande de aceite que el Santo bebió por agua; así tenía cerradas las ventanas por donde podían robarle el tesoro de su mayor aprecio, frase que usó el Santo cuando una insolente mujer quiso manchar el armiño de su pureza, pues comenzó a gritar “ladrones, ladrones”, y acudiendo gente se libró de aquel peligro. Cuando por un descuido de los ojos se entró en un estanque en lo rígido del invierno, de donde le sacaron medio muerto, mereció que Dios Nuestro Señor con su gracia le mortificase la concupiscencia de la carne, que reina en nuestros miembros.
  
Celebremos esta pureza, y pidámosla por medio de los Tronos; di tres Padre nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y esta oración:
Todopoderoso Dios y Señor, amante de la santa pureza, por la que le concediste a tu amado siervo San Bernardo te suplicamos rendidos, el que dedicados a tu santo servicio, con pureza de conciencia y limpieza de corazón, guardemos nuestros sentidos, a fin de conservar con tu ayuda la virtud de la castidad, para que triunfando de la carne, enemigo cruel de nuestras almas, merezcamos llegar a las felicidades eternas. Amén.
  
La Oración y los Gozos los rezarás todos los días.
  
DÍA OCTAVO – 18 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición.
   
Plenitud de ciencia se interpretan los Querubines, y mirando la de Nuestro glorioso Patrón San Bernardo, se le ajusta este día con propiedad. De la ciencia de los Santos algo se ha dicho en los demás días; de la ciencia de las Escrituras y altísimos misterios de la Teología, decía el Santo, haber sido sus escuelas la soledad, sus maestros los árboles, y su estudio la Oración y meditación; su aprovechamiento se deja ver en sus obras, en donde se conoce tener con eminencia penetradas las palabras y ápices de los Libros sagrados, pues escribe la Sagrada Escritura, no como quien la cita, sino como quien la tenía rumiada, dirigida y convertida en sí.
  
Celebremos este día esta gran Sabiduría, pidiendo su imitación por medio de los Querubines. Rezarás nueve Salves a Nuestra Señora, y dirás esta oración:
Oh dulce Jesús mío, esperanza mía, consuelo verdadero de mi alma, Sabiduría inmensa, por la que le comunicaste a tu querido Siervo San Bernardo, haciéndole Doctor Melifluo de la Iglesia nuestra Madre, y dándole especial dulzura en lo que dijo y escribió de tu Gloriosísima Madre la Reina de los Ángeles María Santísima, Señora nuestra, te suplico rendidamente que de tal manera estudie la ciencia de tus preceptos divinos, que sea de los aprovechados en tu santo servicio, y de los premiados con la dulzura de entenderte y amarte en las eternidades de la Gloria. Amén.
  
La Oración y los Gozos los rezarás todos los días.
 
DÍA NOVENO – 19 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
      
Son los Serafines los que arden en caridad; y fue un Serafín en carne San Bernardo. Son testigos fieles aquellos compasivos afectos con que, contemplando un día los dolores y afrentas de Cristo Nuestro Señor Crucificado, derretido en ansias, hizo tan suyas aquellas penas por el afecto, que mereció el que desclavando la imagen las dos manos, le abrazara, y en estrechos lazos se uniera con su amado. Es testigo fiel aquel éxtasis dulcísimo en que mereció ser regalado con la Sangre del costado de Cristo Nuestro Señor, y con la leche purísima de lo sagrados pechos de su Madre Santísima. Son testigos fieles los elementos; no sin misterio se pone por primera de todas las Epístolas de San Bernardo la que escribió a su sobrino Roberto, porque estándola dictando el Santo, comenzó a llover fuertemente, quiso recoger el secretario el papel, y el Santo le dijo: “Obra es de Dios, escribe y no temas”, y así escribió, y acabó su Epístola en medio del agua sin mojarse, porque la Caridad, que movía al Santo Padre a dictar la carta, es la que no pueden apagar las muchas aguas.
  
Pretendamos, por intercesión del Santo, muchos aumentos de caridad. Rezarás tres Credos a los Serafines, y nueve a los nueve Coros de los Ángeles, y esta oración:
Oh Dios mío, Señor mío, haced que ame vuestra infinita Bondad con todo el afecto de mi alma por amor de Vos mismo, y concededme por intercesión de mi singular Abogada y Madre vuestra María Santísima, de los nueve Coros de los Ángeles de vuestro amado Siervo San Bernardo la gracia que os pido, si conduce a mi salvación. Dad, Señor paz y concordia a los Príncipes Cristianos; acierto en sus gobiernos a todos los Príncipes Eclesiásticos; reducid los infieles a vuestra divina Ley, los cismáticos a Nuestra Santa Madre Iglesia, y los que están en pecado mortal a verdadera penitencia: compadeceos, Señor, de las Ánimas del Purgatorio, tened por bien de apararme, defenderme y librarme de las astucias, lazos y tentaciones de mis enemigos visibles e invisibles, ahora y para siempre jamás. Amén.
 
La Oración y los Gozos los rezarás todos los días.