domingo, 18 de enero de 2026
LAS SEIS TINAJAS
viernes, 21 de noviembre de 2025
POR COOPERAR A LA REDENCIÓN, LA SANTÍSIMA VIRGEN ES Y DEBE SER CORREDENTORA
Observo que la Redención del género humano pertenece principalmente a Cristo y debe ser atribuida solamente a Él como Redentor principal; y esto es también una verdad cierta de fe, pues está dicho expresamente: «Pisé solo el lagar, y ninguno de entre las naciones conmigo estuvo» (Isa. 63, 3); y «Él es el Mediador del Nuevo Testamento» (Hebr. 9, 15), lo que no se afirma de ningún otro. Por tanto, Cristo Señor es indudablemente el Mediador y Redentor principal. Y por este motivo, los títulos de la Bienaventurada Virgen como Corredentora y Coadjutora de Cristo en la reparación del género humano son, por algunos, abolidos y rechazados como inconvenientes.
viernes, 12 de septiembre de 2025
FLORILEGIO DEL DULCÍSIMO NOMBRE DE MARÍA
Citas tomadas de Las glorias de María, de San Alfonso María de Ligorio, 1.ª parte, cap. X.
- San Ambrosio: «Vuestro dulcísimo nombre, ¡oh María!, es un ungüento odorífico, que exhala el perfume de la divina gracia. Derramad en lo interior de nuestras almas este ungüento de salud» (De institutióne vírginum, cap. XIII).
- San Bernardo: «¡Oh grande, oh pía, oh digna de toda alabanza santísima Vírgen María! Vuestro nombre es tan dulce y amable, que no puede pronunciarse sin que el que lo profiere quede inflamado de amor hacia Vos y hacia Dios, de modo que basta que se ofrezca al pensamiento de vuestros amantes, para acrecentar mucho mas en ellos su amor hacia Vos y consolarles» (En San Buenaventura, Spéculum Beátæ Maríæ Vírginis, cap. VIII).
- San Antonio de Padua: «Dulce nombre que consuela al pecador y trae bendita esperanza. Señora, vuestro nombre está en el anhelo del alma. “Y el nombre”, dice, “de la Virgen es María”. Vuestro nombre es aceite derramado. El nombre de María es júbilo en el corazón, miel en la boca, melodía en el oído» (Sermón 2.º del Domingo III de Cuaresma).
- San Buenaventura: «Vuestro nombre, ¡oh Madre de Dios!, está lleno de gracias y de bendiciones divinas, como dice San Metodio; de tal manera que no puede ser pronunciado sin que atraiga alguna gracia sobre el que devotamente le profiere» (Spéculum Beátæ Maríæ Vírginis, cap. VIII).
- Ricardo de San Lorenzo: «Del tesoro de la Divinidad salió, ¡oh María!, vuestro excelso y admirable nombre, pues toda la santísima Trinidad os dio un nombre tan grande, que es superior a todo otro después del de vuestro Hijo, y le enriqueció de tanta majestad y poder, que al proferirle quiere que postrados le veneren el cielo, la tierra y el infierno» (De ládibus beátæ Maríæ Vírginis libri XII, lib. 1, cap. II, pág. 14).
- Alano de Lila, abad del Císter: «La gloria de su nombre se compara al aceite derramado. Así como el aceite sana á los enfermos, difunde el olor y enciende la llama, así el nombre de María sana á los pecadores, recrea los corazones y los inflama en el divino amor» (Comentario sobre Cánticos II).
- Raimundo Jordano “El Idiota”, abad de Selles: «Por más empedernido y desconfiado que sea un corazón, si este os invocare, ¡oh benignísima Virgen!, es tal la virtud de vuestro nombre que él ablandará admirablemente su dureza, porque Vos sois la que alentais a los pecadores a esperar el perdón y la gracia» (Contemplatióne de Virgo María, cap. V, 4).
- Tomás de Kempis: «Si deseais, pues, ¡oh hermanos!, hallar consuelo en todos los trabajos, acudid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Con María regocijaos, con María llorad, con María rogad, con María caminad, con María buscad a Jesús. Con Jesús y María, en fin, desead vivir y morir. Haciéndolo así, dice, siempre iréis adelantando en el camino del Señor, pues María rogará gustosa por vosotros, y el Hijo ciertamente oirá a la Madre» (Sermones a los Novicios, 4).
- Ludolfo de Sajonia O. Cart.: «El acordarse de vuestro nombre, ¡oh María!, consuela a los afligidos, vuelve al camino de la salud a los que se apartaron de él, y conforta a los pecadores, para que no se abandonen a la desesperación» (Vita Christi, 2.ª parte, cap. XXXVI).
miércoles, 20 de agosto de 2025
ORACIÓN A SAN BERNARDO POR LA ASUNCIÓN DE MARÍA
martes, 29 de julio de 2025
SANTA MARTA, MODELO DE LOS BUENOS PRELADOS
lunes, 24 de marzo de 2025
ALGUNOS SON MINISTROS DE CRISTO, PERO SIRVEN AL ANTICRISTO
martes, 22 de octubre de 2024
MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA VIGESIMOSEGUNDO
miércoles, 21 de agosto de 2024
SAN BERNARDO LLAMANDO A LA DEFENSA DE LA IGLESIA FRENTE A LOS FALSOS PAPAS
En el año 1130, el Papa Honorio II Scannabecchi falleció, y el cónclave estaba dividido: los cardenales franceses apoyaban al cardenal Gregorio Paparesch, quien fue elegido como Inocencio II, mientras que los italianos apoyaban a Pedro Pierleone (nieto del judío Baruc/Benito Pierleone), quien se proclamó Anacleto II y se hizo coronar en la Basílica de San Pedro con apoyo del pueblo romano (a quien compró por fiestas públicas) y el rey Rogelio II de Sicilia. Inocencio II se hizo coronar en Santa María la Nueva y partió al exilio.
domingo, 11 de octubre de 2020
MARÍA LLAMA HIJO SUYO AL DIOS Y SEÑOR DE LOS ÁNGELES
jueves, 10 de septiembre de 2020
MARÍA ATIENDE A TODOS LOS QUE LA INVOCAN
LATÍN
«Quemadmódum Sol óritur super bonos et malos indifferénter; sic María petíta non discúrrit mérita, sed ómnibus sese exorábilem, ómnibus clementíssimam præbet, ómnium dénique necessitátibus amplíslsimo miserétur afféctu».
TRADUCCIÓN
«Del mismo modo que el sol brilla sin distinción sobre buenos y malos, así María, cuando es invocada, ella no discute los méritos de los peticionarios, sino que se muestra pronta a oírlos, es clementísima con todos, y se compadece de toda necesidad con amplísimo afecto».
SAN BERNARDO DE CLARAVAL. Sermón 3 para la Domínica infraoctava de la Asunción (Santa María, en las palabras de Apocalipsis XII). En CONRADO HOLYINGER DE SAJONIA OFM, Espejo de la Bienaventurada Virgen María, cap. X (María, Hija nobilísima, Madre dignísima, Esposa hermosísima y Sierva devotísima del Señor).
viernes, 15 de mayo de 2020
ORACIÓN DE SAN BERNARDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN
martes, 29 de octubre de 2019
MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA VIGESIMONOVENO
«Oh tú, cualquiera que seas, que cruzando por el mundo, conoces que más bien navegas por un mar tempestuoso de tormentas y borrascas, fluctuando en medio de sus embravecidas olas, que caminar por la tierra firme, en donde el que anda pueda fijar el pie y afirmarse en el camino, mira, no apartes la vista de María Sacratísima; si se levantaren contra ti los vientos de las tentaciones, si te vieres cercado de tribulaciones, no pierdas de vista la estrella del mar, invoca a María: si te hallas combatido de la murmuración y envidia, no pierdas de vista la estrella, invoca a María: si te perturba la ira, si te oprime la avaricia, si los deleites de la carne te persiguen, mira la estrella, invoca a María; si la gravedad de las culpas te hace desfallecer, si la conciencia te confunde y el juicio te causa pavor, no pierdas de vista la estrella, invoca a María; si la desesperación, la desconfianza, la pusilanimidad o la tristeza, tiran a precipitarte en los abismos, no pierdas de vista la estrella, invoca a María; no se aparte de tus labios, no falte de tu corazón María, y si quieres conseguir su intercesión, no te olvides de su vida y conversación; siguiendo a María, estás en el camino; rogando a María, no desesperas: siendo tu pensamiento y consideración en María, no yerras; teniendo a María, no caerás; gozando de su protección, no temerás; llevando por guía a María, no te fatigarás y con su patrocinio llegarás a puerto seguro».
domingo, 27 de octubre de 2019
MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA VIGESIMOSÉPTIMO
«Regocijémonos todos en el Señor, celebrando el festivo día en que honramos a la dichosa María Virgen, con cuya asunción se gozan los ángeles y cantan alabanzas al Hijo de Dios».
Esta es la voz de la Iglesia al celebrar la asunción de nuestra Reina, el gran misterio de su exaltación a las alturas después de pasar por el sepulcro, a semejanza de la ascensión de su Hijo Cristo resucitado.
Este gran misterio, principio de los triunfos definitivos de gloria de la Dolorosa, que, antes en su camino como el Mesías, ha bebido del amargo torrente, en gran manera interesa la ciencia y la piedad de los hijos fieles de esa Reina de la Iglesia, y guarda espléndida proporción de sabiduría y de amor con los otros misterios de nuestra amabilísima y dichosa Madre.
Sí; todo es armonía y magnificencia en esta maravillosa obra maestra del Dios de piedad: el portento de la Encarnación del Verbo reclama con el portento de la Concepción Inmaculada de la Madre de Dios, y el de la Inmaculada, con el de la divina Maternidad. Este reclama, a la vez, con el de la incomparable humildad de la Esclava del Señor y sus otras incomparables virtudes; pero tantas grandezas reclaman prodigiosos méritos posteriores que harán a la humilde a Inmaculada Madre Virgen, aptísima para algo superior a esas anteriores grandezas, la Corredentora de sus hermanos, la Madre incomparable del dolor. Mas, de aquí vendrá poderosísima razón para que la magnánima Reina de los mártires sea no menos la Reina, digamos así, de los resucitados, la triunfadora que en la victoria sobre la muerte tendrá el lugar primero después de su Hijo. Y estas magnificencias aún tendrán su coronamiento cuando la Escogida, la Unica, vaya a sentarse en ese “solio estrellado” en donde reinará para siempre a la diestra de su Hijo sobre todas las criaturas.
Pero entretanto, gocemonos en contemplar ese tránsito de la amorosísima paloma, ese tránsito de este valle de gemidos, más allá de las riberas de las aguas, exhalando virginal fragancia de sus vestiduras y rodeada de flores de rosal y lirios de los valles, como si fuesen días de primavera.
La muerte no ha ejercido en Ella imperio sino servicio de sierva obsequiosa; Ella ha languidecido de amor y ha enviado a decir a su Amado, que no difiriese más la hora del santo abrazo de su ternura; y aquél que amó a los suyos tanto y a su Predilecta sobre to dos, señaladamente la amó en el día en que la llamaba a su Reino y en que a ese reclamo de su Inmaculada, respondía: «levántate y date prisa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía y ven, que ya pasó el invierno». «“En tus manos, Señor, contestó Ella, encomiendo mi espíritu”; cerró los virginales ojos y espiró», según frase acertadísima que textual copiamos de nuestra venerable escritora María de Ágreda.
Los apóstoles congregados de todas las partes del mundo rodean el lecho santo de la Reina, y el cielo ha descendido a la tierra en ese Cenáculo en que la sabiduría, la omnipotencia y la ternura del Padre, del Hijo y del Consolador, han obrado tantos prodigios. «Los ángeles entonan cánticos, ya próxima a espirar la Reina; los cánticos de Salomón y otros nuevos. Una fragancia divina y la música celestial se dejan percibir hasta de los extraños a la santa casa, moradores próximos a ella. Un resplandor admirable se deja ver por todos, y el Señor ordena que para testigos de esta nueva maravilla concurra mucha gente de Jerusalén que ocupaba las calles». Esto escribe nuestra venerable Maria de Ágreda; creemos a ella y no podríamos creer lo contrario; como que, aparte de lo respetable de tal testimonio de la humilde monja española, es todo ello eminentemente verosímil, por más que no conste en libro bíblico. Si de gran número de santos, cuyas vidas han concluido con esos prodigios, constan con certeza maravillas de conciertos celestiales, esplendores y fragancias, sobre todo tratándose de aquellos santos más humildes y empeñados en obscurecerse, ¿qué no habremos de tener por verosímil en grado eminente, tratándose de la Reina de la humildad y de la abnegación?
Esa alma incomparable, esa alma que á un santo conocedor de nuestra Reina, San Dionisio Areopagita, y a otro santo, Tomás de Aquino, por su inteligencia y sabiduría llamado “Sol de las escuelas”, esa alma de María ha parecido algo como infinito, es llevada a los cielos a tomar posesión de inmensa gloria, mientras que la ciudad de Jerusalén se conmueve toda y admirados concurren muchos confesando el poder de Dios y la grandeza de sus obras.
El cuerpo santísimo de la Hermosa queda en el sepulcro; llega el tercero día; Tomás, el apóstol incrédulo de la resurrección de Cristo, compurga ahora su antigua tardanza en creer; ha llegado después que la Reina fue sepultada; quiere consolarse con ver los sacratísimos restos y van a mostrársele. Esto no era más que un ardid del cielo para que la resurrección y asunción de la Inmaculada se revelasen a los ojos. El sepulcro está vacío, la Madre de Dios ha resucitado; y esto es muy reciente, porque hace pocas horas han cesado los cantos angélicos que perseveraban durante más de dos días que asistían los apóstoles velando en el sepulcro.
«Se ha hecho, pues, la Asunción de María Santísima a los cielos, los ángeles se alegran, y entre alabanzas bendicen al Señor», canta la Iglesia. «María Virgen ha sido transportada al tálamo celeste en que el Rey de los Reye s tiene su trono sobre las estrellas»; «al olor suavísimo que de ti exhalas, oh Señora, te seguimos apresurados con el alma; ¡cuánto amor inspiras a las doncellitas!». «Sublimada has sido, Santa Madre de Dios, sobre todos los coros de los ángeles, a los reinos celestiales». Cánticos son todos con que la Santa Iglesia Católica, en la gran fiesta de la Asunción, no cesa de hacer justicia a la Madre de Dios y al Hijo de esa Madre, y que en esa justicia jamás agotará las alabanzas debidas a tan gran Madre de tan gran Hijo, pues no sería tal Madre ni sería Dios tal Hijo, si la alabanza de ellos conociese términos o límites.
«Comienza hoy el cántico de los cánticos», palabras de la lección primera del Breviario, que en otras circunstancias fueran vulgares y sin importancia alguna; pero admirables y profundas en esta sublime oportunidad, porque nada menos es como si dijésemos: el gozo de aquellas palabras hechas por el Espíritu Santo para enamorar a las almas sus amadas, comienza hoy a ser ya pleno, imperecedero. «Béseme el Señor con ese beso celestial (así comienza el santo libro bíblico del Cantar de los cantares), que hace feliz al alma para siempre… Hágame entrar el Rey misericordiosísimo y santísimo a ese santuario de su caridad perpetua».
¡Oh Santísima Virgen, digna eres como el Cordero, de todo gozo y de gozo para siempre!
«Hoy, pues, vuelve a decir la Iglesia por los labios del elocuentísimo y santo Doctor San Juan Damasceno, el Arca santa y animada del Dios vivo, que concibió en sus entrañas a su Criador, descansa en el templo del Señor no construido por mano alguna; David canta a su Hija y los ángeles conciertan con él sus coros; los arcángeles la celebran, las virtudes la glorifican, los principados saltan de júbilo, conmuévense las potestades, regocíjanse las dominaciones, los tronos están de fiesta, los querubines la alaban y los serafines preconizan su gloria. En este día, el edén del nuevo Adán recibe a este Paraíso animado, en quien fue abrogada la condenación, plantado el árbol de la vida y cubierta nuestra desnudez».
«Hoy, la Virgen inmaculada, a quien no desfloró ningún afecto terrenal, y que vivió siempre con el pensamiento puesto en las cosas celestiales, no ha vuelto a la tierra; sino que, como era un cielo animado, la recibieron los astros celestes. En efecto, ¿cómo pudiera morir aquella de quien vino a todos la verdadera vida? Ella debió sin duda doblegarse bajo la ley que aquél mismo a quien engendró, sobrellevara, y como hija del viejo Adán sufrió la antigua sentencia (porque tampoco la esquivó su Hijo que es la vida misma); pero como Madre del Dios vivo, se elevó justamente a Él».
A esa Reina, por tanto, que va a ocupar el solio mayor que pudo ver el cielo para deificarla con sus favores y por medio de Ella favorecer al humano linaje, elevemos ya desde hoy cuantas peticiones reclamen nuestras necesidades; porque, como dice suavísimamente San Bernardo: «en María no puede faltar ni la facultad, ni la voluntad de hacer dádivas a los humanos. A la piedad de María no faltó nunca la fe, la gravedad a su palabra, la eficacia a su voto. No olvides encomendar a María cuanto te propongas ofrecer a Dios. María es la honra del Paraíso, el gozo del cielo. María es la Iglesia de la virginidad. La virginidad de María es mayor que la pureza de los ángeles. Pensando en María, no errarás; rogando a María, no desesperarás. Por María, el cielo ha quedado lleno, y el infierno vacío. En María puso Dios el sol y la luna, a Cristo y a la Iglesia. En María han encontrado los ángeles la alegría, los justos la gracia, los pecadores el perdón para siempre. En María, por María, de María, la benigna mano del Omnipotente, cuanto había criado lo ha vuelto a criar; sin María nada se ha rehecho, así como sin Dios nada se hizo; por manos de María pasa lo que Dios quiere darnos».
Entra a los cielos, ¡oh Reina! Adelántate, ¡oh bendita entre todas las criaturas, y comienza ya tu reinado! Ya te apiadarás de nosotros, que somos tus hermanos, y te pedimos humildemente que no nos dejes perecer.
sábado, 10 de agosto de 2019
NOVENA A SAN BERNARDO DE CLARAVAL
Dulce miel de los Doctores,
De María tierno amante,
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
A este mundo habéis venido
Por Privado de Jesús,
Cn cuyos clavos y Cruz,
Tenéis la morada y nido:
Pues con afecto constante
Vos cargáis con sus dolores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
De ilustre noble hidalguía
Vuestro ser habéis tomado,
Y estás muy ilustrado
Von la leche de María:
En cuyo candor flamante
Inflaman vuestros candores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
Vuestro noble corazón
De amor le partió la aljaba,
Porque siempre meditaba
De Jesús en la Pasión:
Sin cesar nunca un instante
De meditar sus rigores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
A Dios sí miráis sangriento
En su amor os abrasáis,
Y al corazón trasladáis
De su pasión el tormento:
Y con Fe perseverante
Sois fénix de sus ardores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
Con santo у divino celo
Instruís a los mortales,
Y desarraigáis los males,
Siendo de virtud modelo:
Pues a Luzbel arrogante
Vencéis desterrando errores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
Vuestra celestial doctrina
Pasto de la Iglesia fue,
Y es el néctar de la Fe,
Y de sus dulzuras mina:
Cuyo caudal abundante
Se lleva inmensos loores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
Císter Religión Sagrada
Su Fundador os venera,
Y como sois su lumbrera
Está por vos ilustrada:
Ella os tiene por Atlante
Del Cielo, de sus fulgores;
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
Doctor, Virgen у Prelado
El mundo todo os blasona,
Y tres lauros por corona
A vos Dios os ha alargado:
Y en la Iglesia militante
Lográis supremos honores:
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.
Dulce miel de los Doctores,
De María tierno amante,
Bernardo, Sol rutilante,
Amparad los pecadores.




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