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domingo, 12 de abril de 2020

LA HOMILÍA MUNDIALISTA “In Passióne Dómini” DE CANTALAMESSA

Traducción del artículo publicado por Cesare Baronio en OPPORTUNE IMPORTUNE.
   
OBŒ́DIENS USQUE AD MORTEM: LA APOSTASÍA MUNDIALISTA EN LA HOMILÍA “In Passióne et Morte Dómini” DEL PADRE RANIERO CANTALAMESSA
  
 
Leer los escritos de Raniero Cantalamessa es como meter la mano en una teca de serpientes y escorpiones. Cada palabra, cada cita –aun la más aparentemente inocua– esconde una mordedura venenosa. No podía ser de otra manera: está en la naturaleza del escorpión usar el aguijón y en la de la sierpe morder con sus dientes envenenados. Son decenios que el Predicador de la Casa Pontificia siembra herejías, más o menos disimuladas detrás de una prosa meliflua y seductora; sus errores se propagan en los libros y en las conferencias, en las homilías y en las lecciones universitarias y a su vez derivan de la elaboración de las doctrinas de herejes notorios, de ultraprogresistas hoy llevados en óptima consideración por los cortesanos de Santa Marta, por sectarios de toda especie. Todos aunados por un diseño bien preciso, que ahora involucra la esfera civil y la religiosa en la apostasía y en el servilismo más descarado al pensamiento único.
   
El incauto que en la función papal in Passióne et Morte Dómini (aquí) escucha a Cantalamessa por primera vez es distraido desde el íncipit de la homilía (aquí). Una cita de San Gregorio Magno –por otra parte deliberadamente imprecisa– parece garantizar la ortodoxia del contenido: «Scriptúra áliquo modo cum legéntibus crescit», dice San Gregorio, en un contexto que no da espacio a malentendido alguno; no se puede decir otro tanto de la misma cita, si se comprende que ella constituye uno de los miles de guiños no al Padre de la Iglesia, sino a la obra de Antonio Marangon y de Michele Marcato, conocidos biblistas contemporáneos de otros tantos famosos Institutos de Ciencias Religiosas italianos (cfr. Michele Marcato, Scriptúra sacra cum legéntibus crescit, Scritti in onore di Antonio Marangon, Ed. Messaggero Padua, 2012). No quiero aburrir al Lector, mucho más que hacer comprender la sutil y perversa habilidad del Predicador en lanzar mensajes crípticos a los suyos, oyendo con malicia temas y conceptos ideológicamente connotados.
  
Las palabras de San Gregorio deberían en manera alguna legitimar la interpretación de la perícopa evangélica de la Pasión de Nuestro Señor, permitiendo intepretarla a la luz de las calamidades que golpean a la humanidad durante la pandemia. «Y nosotros este año leemos el relato de la Pasión con una pregunta –más aún, con un grito– en el corazón que se eleva por toda la tierra. Debemos tratar de captar la respuesta que la palabra de Dios le da».
  
Detengámonos un momento a analizar la grosera tergiversación de las causas y de los efectos de la Pasión, con la cual Cantalamessa niega el sentido mismo del Sacrificio de Cristo. «La cruz se comprende mejor por sus efectos que por sus causas», afirma. Pero los efectos no pueden ser comprendidos sino sobre la base de las causas primeras, o sea el Pecado Original, que en cambio el padre Raniero calla, desviando la atención sobre las causas segundas: la condena a muerte pronunciada por el Sanedrín y ratificada por Pilato. Sabemos que el motivo por el cual Nuestro Señor ha aceptado encarnarSe y morir en la Cruz recide en la reparación que solo Él podía ofrecer al Padre: la gravedad de la caída de Adán –infinita respecto a la ofensa a Dios– viene expiada por el nuevo Adán gracias a una reparación infinita dada por Su ser Dios, en nombre de la humanidad pecadora que Él representa en cuanto hombre. Esta es la causa de la Redención, que es realizada secundariamente por medio de la infidelidad de la Sinagoga, enceguecida no obstante las clarísimas profecías de las cuales era custodia.
   
Este pilar de nuestra Fe es negado por Cantalamessa: «¿Acaso Dios Padre ha querido la muerte de su Hijo, para sacar un bien de ella? No, simplemente ha permitido que la libertad humana siguiera su curso, haciendo, sin embargo, que sirviera a su plan, no al de los hombres».
  
La reprobación de esto blasfemo despropósito nos viene del responsorio que la liturgia nos hace entonar durante el Triduo Sacro: «Christus factus est pro nobis obœ́diens usque ad mortem, mortem autem crucis: Propter quod et Deus exaltávit illum, et dedit illi nomen quod est super omne nomen» (Fil 2, 8-9). Obediente hasta la muerte, dice la Escritura, y aquella obediencia fue el motivo –«propter quod»– de la exaltación de Cristo en la Resurrección. La libertad humana –o mejor: el libre arbitrio– ha permitido a Adán y permite hoy a cada uno de nosotros el conformarnos a la voluntad de Dios o violarla, mereciendo el premio por nuestra fidelidad o la pena por el querernos sustituir a Él en decidir qué es justo y qué no lo es. No hay ninguna libertad en esto, en el sentido que hoy se quiere dar a esta palabra: el hombre no es moralmente libre para pecar, porque las consecuencias de su elección fueron establecidas por el sumo Legislador (cfr. León XIII, Enc. Libértas præstantíssimum). La caída de Adán ha hecho necesaria la Redención casi desde la eternidad, y en este acto de amor supremo Nuestro Señor a respondido al Padre: «Ecce, vénio», heme aquí. Inútil recordar que los errores de Cantalamessa revelan también otra herejía, o sea, la negación de la divinidad de Jesucristo, porque la oblación del Hijo al Padre en el Espíritu Santo es íntima en la Santísima Trinidad, y solo quien no acepta con fe este misterio puede considerar a Nuestro Señor como la víctima de una divinidad sanguinaria, y por ende considerar imposible la sola idea del Sacrificio.
  
En la base del pensamiento del padre Raniero está el negarse a reconocer la culpa del Progenitor, y con ella la ofensa a la Majestad divina. El non sérviam de Lucifer, sobre la boca del Predicador de la Casa Pontificia, proclamado con orgullo durante la celebración de la Pasión del Señor. Y si no hay culpa, no hay castigo, ni para Adán y su descendencia, ni para el hombre que peca aún hoy: «Si estos flagelos fueran castigos de Dios, no se explicaría por qué se abaten igual sobre buenos y malos, y por qué los pobres son los que más sufren sus consecuencias. ¿Son ellos más pecadores que otros? ¡No! El que lloró un día por la muerte de Lázaro llora hoy por el flagelo que ha caído sobre la humanidad».
  
La perfidia de Cantalamessa llega a insinuar como legítima la objeción del impío: las guerras, las pestilencias, la carestía y todos los males que afligen al mundo golpean también a los inocentes, por tanto o Dios es injusto, o estos flagelos no son un castigo, porque no hay nada que castigar. Ninguna culpa para Adán y todos los hombres; ninguna expiación del nuevo Adán y muchos menos para los pecadores, en unión con el Salvador, en el único Bautismo para remisión de los pecados.
   
Según el padre Raniero, «el sufrimiento se ha convertido también, a su manera, en una especie de “sacramento universal de salvación” para el género humano», sin que sea necesario, de parte del hombre, el acto de Fe y la observancia de la Ley de Dios en el vínculo de la Caridad. «Esto vale también para los males naturales como los terremotos y las pestes. Él no los suscita [sic]. Él ha dado también a la naturaleza una especie de libertad, cualitativamente diferente, sin duda, de la libertad moral del hombre, pero siempre una forma de libertad. Libertad de evolucionar según sus leyes de desarrollo. No ha creado el mundo como un reloj programado con antelación en cualquier mínimo movimiento suyo. Es lo que algunos llaman la casualidad, y que la Biblia, en cambio, llama “sabiduría de Dios”». La intervención de la Providencia es barrida en nombre de aquella peligrosísima personalización de la Naturaleza que alude cómplice a la Madre Tierra, siempre acechando en los discursos de este: «Él ha dado también a la naturaleza una especie de libertad». Y por esto comprendemos las palabras de Bergoglio de algunos días ha: «Incendios, terremotos… la naturaleza está mostrando su cólera de manera que nosotros tenemos cuidado de ella».
  
La conclusión de la homilía de Cantalamessa es la apoteosis del humanismo más abyecto, del pacifismo sin Cristo y sin Iglesia, promulgado del Nuevo Orden Mundial y bendecido por la neo-iglesia: «El otro fruto positivo de la presente crisis sanitaria es el sentimiento de solidaridad. ¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, tan poco litigiosos, como en este momento de dolor? […] Nos hemos olvidado de los muros a construir. El virus no conoce fronteras. En un instante ha derribado todas las barreras y las distinciones: de raza, de religión, de riqueza, de poder. No debemos volver atrás cuando este momento haya pasado». E incluso, en un delirio paroxístico: «Es el momento de realizar algo de esta profecía de Isaías cuyo cumplimiento espera desde siempre la humanidad. Digamos basta a la trágica carrera de armamentos. Gritadlo con todas vuestras fuerzas, jóvenes, porque es sobre todo vuestro destino lo que está en juego. Destinemos los ilimitados recursos empleados para las armas para los fines cuya necesidad y urgencia vemos en estas situaciones: la salud, la higiene, la alimentación, la lucha contra la pobreza, el cuidado de lo creado. Dejemos a la generación que venga un mundo más pobre de cosas y de dinero, si es necesario, pero más rico en humanidad».
   
Un mundo que el diario de la Conferencia Episcopal Italiana, Avvenire, precisamente ayer (aquí) pregonaba: «Es el momento de poner las bases para un nuevo orden mundial», bajo la égida de la más criminal organización masónica internacional, la ONU, y de su profeta Bergoglio.
  
Que Dios nos salve de esta conjura infernal.

viernes, 3 de abril de 2020

LA IGLESIA CONCILIAR, PROSTITUTA DEL MUNDO

Traducción del artículo publicado en ACCADEMIA NUOVA ITALIA. Aunque el autor no separa como entidades diferentes a la Iglesia Católica y a la impostora iglesia novusordiana, el análisis merece una lectura atenta.
  
EL CONCILIO FUE, Y HASTA AHORA ES, EL PROBLEMA DE LA IGLESIA
Por Francesco Lamendola
  
El problema de la Iglesia es ella misma; y más precisamente aquella parte de ella, devenida luego en mayoritaria pero que en la época era solo una minoría, la cual quiso el Concilio para hacer el caballo de Troya donde introducir las ideas del modernismo. Aquella minoría tenía sus objetivos precisos: estaba inscrita, o contigua, a la masonería; y además actuaba en estrecha conexión con la supermasonería judaica de la B’nai B’rith: su objetivo por tanto era el de desnaturalizar la Iglesia, de transformarla en lo que ella no fue nunca ni debía ser jamás, una aaemblea democrática sujeta a los quereres de la mayoría y a los humores del tiempo en los que estaba inmersa; y esto con la suma diabólica habilidad de obrar en modo que el fiel común no se diese cuenta. La cosa salió tan bien que desde aquel momento la Iglesia no era más la fiel Esposa de Cristo, sino la prostituta del mundo, pero con la convencida adhesión del clero y de los fieles: los cuales todos, engañadores o engañados, han colaborado en tal desnaturalización y en tal perversión, y sobre cada uno de los cuales, pues, desde el papa hasta el último laico, recae, en diverso grado y medida una parte de la responsabilidad por esta inaudita traición frente al Señor. Quien piensa en primer lugar en la traición de las cual fueron víctimas las almas, piensa ya en un hombre moderno y no por cristiano: cristianamente, la primera es culpa más grave, de la cual están manchados los sacerdotes y los fieles, fue la transgresión del primer mandamiento, la desobediencia hacia el único Dios verdadero, para hacerse adoradores enmascarados del mundo. Que después la máscara fuese removida gradualmente de la cara, hasta ceder el puesto a la proclamación abierta de la religión de la Madre Tierra y hasta a la entronización de los ídolos paganos dentro de la basílica de San Pedro, con el “santo padre” bendiciente y los obispos que llevan los simulacros de los demonios en solemne procesión, esta es solo la última deriva de una tendencia que ya era clara, si bien implícita, en la mirada antropológica del teólogo Karl Rahner y en las nuevas doctrinas proclamadas en el Concilio, la primera de ellas la denominada libertad religiosa, con la Dignitátis humánæ. Una vez hecha consistir la dignidad del hombre, entendida a la manera de los ilustrados, como la suma de derechos naturales que hacer valer en sentido absoluto y no como adecuación al proyecto divino y actuación de la semejanza e imagen del Creador, la deriva era inevitable y no podía sino conducir hasta donde hemos llegado ahora: a la afirmación orgullosa y luciferina de la prioridad del hombre y de su autodeterminación absoluta, también mediante acciones que equivalen a una revuelta contra Dios y por ende a una agresión contra el hombre mismo, desde el aborto a la eutanasia, desde la manipulación genética a la fecundación artificial.
   
¡El Concilio fue, y hasta ahora es, el problema de la Iglesia!
   
Uno de aquellos que han tenido una vaga percepción –mucho, muy vaga– de aquello que el Concilio había realmente significado en la vida de la Iglesia, y de lo que sus ulteriores desarrollos habrían representado para la verdadera doctrina y por tanto para la fe verdadera, poniéndose de obstáculo sobre la historia de la salvación, fue el filósofo Jean Guitton (Saint-Étienne, Loira, 18 de agosto de 1901-París, 21 de marzo de 1999), profesor en la Sorbona de 1955 a 1968 y miembro de la Academia de Francia, también amigo personal de Juan XXIII (y más tarde de Pablo VI), por él conocido en los años en que Roncalli era nuncio apostólico en París, de 1944 a 1952, el cual tuvo el discutible privilegio de ser el primer observador laico invitado a presenciar el Concilio casi desde la sesión inicial. Lo que era ya un signo de los tiempos: Guitton, de hecho, era alumno, admirador y seguidor del filósofo hebreo Henri Bergson (verdadero nombre del padre: Bereksohn) cuyo pensamiento, y en particular el contenido en su tal vez la obra más famosa, La evolución creadora, que habría ejercitado una potente cuanto nefasta influencia sobre el jesuita Teilhard de Chardin, no concuerda para nada con el neotomismo, la filosofía hasta entonces enseñada en los seminarios y promovida por León XIII, con la encíclica Ætérni Patris del 4 de agosto de 1879, al rango de fundamento de cualquier filosofía inspirada en el catolicismo. Bueno, he aquí lo que pensaba Jean Guitton en 1963, en caliente, después de la primera sesión del Concilio (desarrollóse del 11 de octubre al 12 de diciembre de 1962) luego que, por la enfermedad y la muerte de Juan XXIII (3 de junio de 1963), no estaba claro si, o cómo, su sucesor lo habría retomado y llevado a término (de: J. Guitton, El Cristo dilacerado. Crisis y concilios en la Iglesia; título original: Le Christ écartelé, Paris, Librairie Académique Perrin, 1963; traducción del francés por Camillo de Piaz, Milán, Casa Editrice Il Saggiatore, 1964, págs. 193-195):
Por muchas señales se entrevé que la época, de la cual hemos pasado en resumen a grandes etapas y momentos culminantes, se ha cerrado, y que las revoluciones religiosas tomarán otra forma de ahora en adelante. Verdaderamente, se puede ahora suponer el caso de iglesias nacionales que se sebaran bajo el empuje del poder político, y en este sentido non son de excluir de los cismas, también considerables. Pero tales fenómenos no revestirán significado teológico alguno, porque serán privados de consecuencias en el campo dogmático; ninguna controversia sobre la divinidad de Cristo, sobre las relaciones entre la ‘justificación’ y la ‘santificación’, sobre el valor de los sacramentos. Esto porque la HEREJÍA, la controversia religiosa, la separación de los cristianos supone la existencia de una fe común subyacente. No se pueden oponerse en la fe sin una vasta base de acuerdo absoluto. Ahora la época en la cual nosotros estamos avanzando (habíamos entrado insensiblemente por tres siglos) se caracteriza por un enfriamiento de la fe. No hay bastante religión sobre la tierra para que pueda surgir una herejía explícitamente religiosa. Lo que haría suponer que el fin del mundo está tan cercano, si necesita dar un sentido preciso al lamento de Jesús: “Cuando el Hijo del Hombre vuelva, ¿encontrará la fe sobre la tierra?”.
  
Y si el Concilio Vaticano II no ha encontrado precisamente las herejías dogmáticas que condenar sino más que todo filosofías que ponen en peligro la razón, esto no es debido al hecho que la fe es más fuerte, si bien el hecho que el adversario lleva sus golpes a niveles más profundos, que su dinamita o más que todo su invisible obra de demolición ataca las subestructuras, aquellas bases naturales que un tiempo fueron un bien común de la humanidad.
  
La nueva época presenta una atenuación de la fe, al menos de la fe visible y constituida. Lo que la hace diferente de las épocas precedentes es el fin, o al menos el declinar, de un régimen en el cual la religión era sostenida por una institución o por un contexto distintos de ella: poder, estructura social, costumbre, usanzas, lengua, sensibilidad, una atmósfera dada.
   
No es fácil decir en qué medida la fe ha desaparecido, porque es difícil determinar, en los tiempos precedentes (en los cuales la fe coincidía con la institución), en cuál medida tal fe era conformismo o adhesión personal. No se llegará nunca a saberlo, y es inútil plantearse estos interrogantes insolubles: los mismos interesados, los hombres del pasado, si pudiesen ser interpelados, no podrían responderlos. Cuando todo un mundo piensa de la misma manera, el no conformismo queda en silencio.
  
A partir del Renacimiento, devino muy visible la separación entre el universo del hombre y el universo del cristiano. Desde el momento que la humanidad había comenzado a tener la conciencia de sí misma y a pensarse, nació la idea de su unidad. Las mitologías contribuían a darle este sentido de la unidad: la humanidad, politeísta por cuanto miraba a los dioses, era en cuanto a sí misma monantrópica: existían múltiples dioses, no había sino una sola raza humana, un único primer hombre. Mas el concepto de pueblos “bárbaros”, la imposibilidad de hacer coincidir cronologías diferentes, la ignorancia de los orígenes, la incertidumbre sobre los fines, la ausencia del sentimiento del progreso, el mito del “eterno retorno”, todo contribuía a hacer difícil al Hombre total el autoconocimiento de sí. La Iglesia hizo posible este conocimiento, y, por largo tiempo, fue lo mismo pensarse como hombre y pensarse como cristiano, como miembro de esta Iglesia.
  
Hoy, en cambio, existe entre los dos puntos de vista un contraste tan grande que deviene difícil, y para algunos imposible, pensarse AL MISMO TIEMPO como hombre y como cristiano. No que se trate de una experiencia antes desconocida, pero el hombre moderno ha llevado esta división de los seres en sí mismo a la extrema potencia. Ellos pueden “concordar”: pero concordancia, concordato, y también CONCORDIA son términos ambiguos. Sirven sin duda para eliminar la sospecha de una rivalidad demasiado visible, pero no por esto quieren decir armonía, entendimiento, acuerdo. En muchos casos, el poder hace cuanto puede para hacer morir por asfixia a una religión que se guarda bien de perseguirla, porque prefiere ignorarla.
  
Decía antes que la herejía, siendo una divergencia en la fe, supone la fe, incluso un cierto ardor de fe, tal que hace juzgar tan importante la diferencia de las creencias (también si mira una “iota”) para no deber dejar ningún intento de sostenerla: la ruptura de la unidad, el recurso al poder secular, en un contexto en el cual no será difícil encontrar un poder para perseguirla ni un poder para ayudarlos a perseguir.
El filósofo Jean Guitton (Saint-Étienne, Loira, 18 de agosto de 1901-París, 21 de marzo de 1999)
     
Roncalli&Montini: ¿los dos papas del Concilio? Sintiéndose hundir, los hombres tornarán a volverse a Dios. Pero ¿a cuál Dios, si la religión fue adulterada y una falsa iglesa ha sustituido a la verdadera? He aquí por qué los padres conciliares debían servirse del anatema: para conservar, pura, la fe en el verdadero Dios. Pero tal vez era precisamente lo que no querían...

Guitton, por tanto, con el concilio apenas iniciado, está bastante lúcido para darse quenta de que eso no lanzará excomunión contra alguno, y da una explicación que, sobre el plano filosófico, no tiene una arruga. ¿De qué serviría anatemizar a alguien, en una época en la cual la fe de la sociedad en su complejo está tan enfriada, que la cristiandad no se apoya más sobre una base doctrinal realmente compartida, y por tanto las hodiernas herejías no son dirigidas explícitamente contra la religión, sino contra la razón natural que está en la base de la religión misma? En otras palabras, domina el relativismo: y como cada “católico” tiene sus opiniones no solo sobre la moral enseñada por la Iglesia, sino también sobre la doctrina transmitida por el sagrado Magisterio, y se regula por consecuencia sobre las bases del propio criterio, así falta un consenso general también sobre lo concerniente al principio de la verdad, desde la política a la cultura y desde la economía a la ciencia. En tales condiciones, el ataque que la Iglesia está afrontando es dirigido a niveles más profundos que las viejas herejías del pasado; tanto más que hoy ha venido a faltar el clima general de uniformidad que caracterizaba a la cristiandad, aunque siempre más fatigosamente, casi hacia las primeras décadas del siglo XX. Por tanto cada individuo es puesto de frente al interrogante; no tiene más el conformismo detrás del cual esconderse, debe hacer una elección y al hacerla el elemento religioso ejercita ahora un peso mínimo respecto a otras solicitaciones y otras presiones, incluso más macizas y capilares, que les vienen de la dimensión inmanente y secularizada. Y todavía, si bien el análisis sea justo, las conclusiones, a nuestro aviso, son erradas.
  
¡El jesuita Teilhard de Chardin: con Karl Rahner estuvo entre los más nefastos inspiradores de la “Revolución” conciliar!
   
Guitton individua en la modernidad el proceso que ha golpeado no sólo la posibilidad racional de la fe, sino que ha socavado cualquier otro punto de referencia cierto y estable, porque, habiendo mitificado la idea del progreso al puesto de la fe en lo trascendente, es “obligada” a destruir y rediseñar continuamente el mapa conceptual, moral, estético y afectiva de los hombres. La modernidad ha creado una escisión en el hombre, particularmente entre su parte religiosa, que aspira a lo trascendente, y aquella profana, que se apega de lo inmanente. Además ha elaborado, bajo la acción de la filosofía cristiana, la idea de la unidad de la familia humana; pero, habiendo puesto entre paréntesis, o precisamente abolido la paternidad divina, no sabe dar cuenta del por qué los hombres deberían aspirar a la armonía y todo lo que ha llegado a teorizar son la tolerancia iluminista o la concordia masónica. Siempre, sin embargo, a nivel teórico; porque en la esfera práctica una sociedad impregnada de relativismo no puede hacer más que reconocer la legitimidad de cada aspiración y deseo individual, siempre sobre el metro del bien entendido subjetivamente: del bien objetivo ni la sombra porque, si lo hubiese, tornaría a aparecer evidente la necesidad de un criterio moral compartido, precisamente aquel que ella ha abolido y que constituye el alarde de su “madurez” y de su “emancipación”.
   
¡El engaño conciliar salió tan bien que desde aquel momento la Iglesia no era más la fiel Esposa de Cristo, sino la prostituta del mundo, pero con la convencida adhesión del clero y de los fieles: los cuales todos, engañadores o engañados, han colaborado en tal desnaturalización y en tal perversión, y sobre cada uno de los cuales, pues, desde el papa hasta el último laico, recae, en diverso grado y medida una parte de la responsabilidad por esta inaudita traición frente al Señor! 
    
Y es por esto que hoy el poder político prefiere ignorar la religión en vez de perseguirla: persiguiéndola, le reconocería un cierto estatuto ontológico, una cierta legitimidad en el ámbito de los posibles. Ha descubierto el poder regirse muy bien también sin el apoyo de la religión y no quiere ser deudor de nada a nadie. Pero se equivoca: sin la religión, ni un código moral compartido, el poder se muestra, sin velos, en su desnuda esencia de voluntad de dominio acaba en sí mismo: no hay nada más que lo entienda, que atenúe la ferocidad y sobre todo que lo justifique. ¿Resolver los conflictos sociales? Pero no es capaz de hacerlo, dado que se ha inclinado al dogma de la libertad subjetiva y se prostituyó al verdadero poder que queda en el campo, el financiero. Guitton enlista los factores pasados de cohesión y armonía social: más allá del poder (político), estructura social, costumbres, usanzas, lengua, sensibilidad, una atmósfera dada. Pero la globalización las está destruyendo todas, inexorablemente. Sintiéndose hundir, los hombres tornarán a volverse a Dios. Pero ¿a cuál Dios, si la religión fue adulterada y una falsa iglesa ha sustituido a la verdadera? He aquí por qué los padres conciliares debían servirse del anatema: para conservar, pura, la fe en el verdadero Dios. Pero tal vez era precisamente lo que no querían... 
   
1 de Abril de 2020

jueves, 12 de marzo de 2020

EL NEOHUMANISMO ABOGA POR LA “LIBERTAD” DE DIOS

Traducción del artículo publicado por David Martin en CANADA FREE PRESS
   
Como ha sido informado por la prensa católica, el Papa Francisco está llamando a los líderes de las religiones mundiales y agencias globalistas, como también a líderes en el mundo de la política, economía, ciencia y educación, para reunirse en el Vaticano el 14 de Mayo de 2020, para la firma de un Pacto Global por la Educación con el fin de traer un “nuevo humanismo”.
  
En un mensaje vídeograbado el 12 de Septiembre de 2019, en el cual el papa anunció primero su iniciativa, dijo: «Es necesario un pacto global educacional para educarnos en la solidaridad universal y un nuevo humanismo».
   
Dios se “Aparta”, así podemos ser “Libres”
El arzobispo Vincenzo Zani, secretario de la Congregación para la Educación Católica, que ha estado a cargo de la organización del evento, explica la visión teológica detrás de este “nuevo humanismo”, diciendo que Dios “se aparta” a fin de que el hombre pueda ser libre. Arzobispo vaticano organiza Pacto Global por la Educación pregona ‘nuevo humanismo’ del papa donde Dios ‘se aparta’.
  
En una entrevista la corresponsal de LifeSiteNews ante el Vaticano Diane Montagna, Zani hizo referencia a 
«Dios, quien le da al hombre fuerza, libertad y vida, pero lo deja libre. Es un encuentro de libertad».
     
Él dijo que la enseñanza de la Creación –que asegura no es exclusivamente la cristiana– pone el foco sobre el hombre. 
«Es la centralidad de la persona. Dios crea, pero luego se aparta. Él deja al hombre, diciéndole: ¡Ve!».
  
Montagna interrumpió: 
«Perdóneme, pero ¿esa es realmente la idea cristiana de la creación del hombre? Como cristianos no creemos en un Dios que nos deja solos. Creemos en Su acción sobrenatural en el mundo».
    
Zani respondió: «Sí, pero en el momento cuando Dios crea al hombre, le da inteligencia, corazón, y la capacidad para actuar, y le dice: ¡Ve!».
   
Eso claramente contrasta con el llamado de Cristo a 
“Ven, sígueme”. La idea de que “Dios se aparta” para permitir la posibilidad de la libertad humana es puramente una idea masónica. Esto implica que si Dios no se aparta, no somos libres. Esto implica que nuestra libertad consiste en estar lejos de Dios. Eso avoca a las libertades masónicas.
    
Nuestra libertad es en Dios
La Iglesia enseña que Dios es la fuente de nuestra libertad, fuera del cual no hay libertad humana. Nuestra libertad están en Cristo, por lo cual Él es llamado Salvador, puesto que nos salva o libera de la esclavitud del pecado. Esto lo hace, no apartándose de nosotros, sino aproximándose a nosotros. Mientras más se acerca, más libres somos, siempre que nos dejemos dirigir por Él (Salmo 22).
  
Es como un pez en un tazón. Mientras más rodeado de agua, más libre es. Y si estamos rodeados con un océano infinito de majestuoso azul cristalino donde respiramos y tenemos nuestra vida, somos verdaderamente libres, pero si ese océano nos arroja a la costa y retrocede de nosotros, somos dejados a la muerte, sin libertad, sin felicidad, sin vida
  
Ahora, los ateos, modernistas y francmasones ven a Dios como un “coco”, y consecuentemente, ven Sus Mandamientos como reglas opresivas de las que debemos ser “liberados”. Su idea de libertad es escapar de Dios y vivir en su propia zona infernal.
  
En consecuencia, ellos mantienen que no hay condenación eterna después de la muerte [¿Suenan algunas campanas?] Eso recuerda una frase frecuente de los francmasones de que «¡el Infierno no e s más que estar separados de Dios y qué tan malo sea eso!».
  
Ahora estas serpientes de la escuela modernista infiltraron el Concilio Vaticano II y lograron ganar un control considerable sobre las comisiones preparatorias conciliares, por tanto, frecuentemente los documentos conciliares reflejan esta idea de que la libertad personal está por encima de Dios.
   El documento del Vaticano II sobre la libertad religiosa, Dignitátis Humánae, se ha pronunciado en esto, toda vez que advoca los derechos egoístas del hombre, como si el hombre moderno fuera un pequeño dios que puede pensar por sí mismo sin un divino chaperón. Considerar el párrafo de apertura:
«Los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio criterio». [1]
Nuevamente, leemos:
«Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana que El mismo ha creado, que debe regirse por su propia determinación y gozar de libertad». [11]
Por tanto, lo que realmente vemos en el “nuevo humanismo” del Papa Francisco es el plan del Vaticano II llegando a un punto crítico.
  
Desafortunadamente, el humanismo secular está condenado por la Iglesia, puesto que conlleva darle la importancia a los asuntos humanos en vez de los divinos o sobrenaturales. Las creencias humanistas enfatizan el valor potencial y la bondad del hombre, y buscan solamente modos racionales de solucionar los problemas humanos sin la dirección y auxilio divinos. El humanismo busca la unidad con el hombre, no la unidad con Dios.
  
El Pacto Global por la Educación busca adoctrinar al hombre con este humanismo secular objetivado a fortalecer su lealtad al planeta. El papa dice que se requiere una alianza «entre los habitantes de la tierra y nuestra “casa común”, a la cual estamos atados a cuidar y respetar
   
¿Qué sobre nuestra alianza con Dios? ¿Francisco ha considerado la admonición del Apóstol Santiago, que dice que “la amistad de este mundo es enemiga de Dios” y que “quien quiera ser amigo de este mundo, se convierte en enemigo de Dios” (Santiago 4:4)?
  
Hipócrita
Católicos Preocupados han citado la hipocresía del pacto educativo papal, arguyendo que no hace referencia a la prerrogativa de los padres en ser los educadores primarios de sus hijos. En un tiempo cuando el sistema educativo se ha convertido en nada más que un foro político para corromper las mentes de los jóvenes, el papa tiene un deber de exhortar a los padres a asumir la responsabilidad en educar ellos mismos a sus hijos, esto es, escolarizarlos en casa.
  
En cambio, él sujeta a los hijos a los engaños de los globalistas que buscan educarlos en los caminos de satanás [como el control demográfico mediante el aborto, la eutanasia, el uso de los anticonceptivos -incluida la PNF-, etc., N. del T.]. El mero hecho de que el pacto educativo global recibirá una financiación estimada [según Jeffrey Sachs] de $26 millardos de dólares al año de globalistas pro-aborto como Bill Gates y George Soros es razón suficiente para censurarlo al máximos. https://www.lifesitenews.com/news/vatican-urged-to-partner-with-top-population-controllers-on-popes-global-education-pact
  
¿Por qué Francisco está coludiendo con los globalistas?

domingo, 27 de octubre de 2019

EL DESTRONAMIENTO CONCILIAR A CRISTO REY EN EL BREVIARIO Y EL MISAL

  
Algo extraño debe estar pasando en el mundo si muchos conciliares presumen de la fiesta novusordiana de Cristo Rey y citan la encíclica Quas Primas del Papa Pío XI, como si las dos fueran compatibles en alguna forma. Para los que seguimos el ciclo litúgico romano tradicional, la Fiesta de Cristo Rey llega casi un mes antes, y en la forma en que Pío XI la estableció.
 
En la Misa de Nuestro Señor Jesucristo Rey (y el Divino Oficio del día), la Oración dice: «Omnípotens sempitérne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universórum Rege, ómnia instauráre voluísti: concéde propítius; ut cunctæ famíliæ géntium, peccáti vúlnere disgregátæ, ejus suavíssimo subdántur império: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum» [Omnipotente y sempiterno Dios, que en tu amado Hijo, Rey universal quisiste restaurarlo todo: concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos]. Amen.
  
En cambio, la Oración en el Novus Ordo para la Cristo Rey del Universo dice: «Omnípotens sempitérne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universórum Rege, ómnia instauráre voluísti, concéde propítius, ut tota creatúra, a servitúte liberáta, tuae maiestáti desérviat ac te sine fine colláudet. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum» [Dios todopoderoso y eterno, que quisiste recapitular todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que la creación entera, liberada de la esclavitud, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos]. Amen.
 
Como se puede ver, la Colecta fue mutilada intencionalmente. Aunque no hay nada de malo con la nueva oración, no coincide con la intención del Papa Ratti, cuyo lema era precisamente «Pax Christi in regno Christi» (La paz de Cristo en el reino de Cristo): proclamar el Reinado de Cristo EN LA SOCIEDAD. La nueva colecta lo que hace es esperar un reinado celestial que sólo se cumplirá al Fin de los Tiempos, como se hace ver en las lecturas de la fiesta modernista:
  1. Ciclo A:
    • Primera lectura: Ezequiel 34, 11-12, 15-17
    • Segunda lectura: 1 Corintios 15, 20-26, 28
    • Evangelio: San Mateo 25, 31-46
  2. Ciclo B:
    • Primera lectura: Daniel 7, 13-14
    • Segunda lectura: Apocalipsis 1, 5-8;
    • Evangelio: San Juan 18, 33-37 -el mismo de la Misa tradicional-.
  3. Ciclo C:
    • Primera lectura: 2 libro de Samuel 5, 1-3;
    • Segunda lectura: Colosenses 1, 12-20 -la lección de la Misa tradicional-;
    • Evangelio: San Lucas 23, 35-43.
¿Por qué este cambio de perspectiva? ¿Qué implicaciones tiene? ¿Quién está detrás de estos cambios? Volveremos después sobre esto.  
Es indiscutible, por otro lado, que Dignitátis Humánæ, la Declaración del Concilio Vaticano II sobre Libertad Religiosa, no reafirmó la auténtica enseñanza papal sobre el reinado social de Cristo Rey. Es ciertamente indiscutible que también contradice la enseñanza papal sobre la Iglesia y el estado expuesta, entre otras, por Inocencio III y Bonifacio VIII, en Annum SacrumImmortále Dei, Sapiéntiæ Christiánæ y Libértas præstantíssimum (de León XIII), Veheménter nos (San Pío X),  Ubi arcáno Dei consílioQuas Primas, Divíni Redemptóris, Mit brennender Sorge y Non abbiamo bisogno (de Pío XI), y Summi Pontificátus (de Pío XII). Enseñanza, Arma veritátis, que el cardenal Ottaviani describió como «parte del patrimonio de la doctrina católica».
 
La defensa más académica de Dignitátis Humánæ fue escrita por un presbítero conciliar australiano, Brian W. Harrison OS. Harrison, convertido del presbiterianismo, es un erudito de integridad completa, que no intenta defender lo que es indefendible. Él escribe:
«Aún más llamativo que la omisión de Dignitátis humánæ de cualquier reiteración obvia de la obligación de las autoridades públicas de reconocer el catolicismo como únicamente verdadero (sin mencionar la posterior eliminación de oraciones e himnos que expresan esta enseñanza de la nueva Misa y el oficio de Cristo Rey), es la afirmación de la Declaración conciliar de ciertas ideas que tienen al menos una apariencia prima facie de contradecir declaraciones papales anteriores. [Religious Liberty and Contraception (Melbourne, 1988), pág. 14].
Las alteraciones litúrgicas con relación a la fiesta a que hace referencia el padre Harrison en el párrafo anterior, son incluso más chocantes en el breviario. Por ejemplo, apartes de Quas Primas que fueron originalmente asignados para su lectura en Maitines han sido removidos en favor de una exhortación esjatológica del sacerdote Orígenes Adamancio de Alejandría (Texto latino tomado de https://brewiarz.pl/latin/rex/officium_lectionis.php3; traducción tomada de la Colección ‘Los Santos Padres’, nº 54. Madrid, Ed. Apostolado Mariano, 1999 https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=pa_o12790):
  
LATÍN
«Si regnum Dei, juxta verbum Dómini et Servatóris nostri, cum observatióne non venit, neque dicent: Ecce hic aut ecce illic; sed regnum Dei intra nos est, nam prope est verbum valde in ore nostro et in corde nostro: procul dúbio is qui regnum Dei adveníre precátur, de eo quod in se habet regno Dei recte orat, ut oriátur et fructus ferat et perficiátur. Nam in quólibet sanctórum Deus regnat et quílibet sanctus spiritálibus obséquitur légibus Dei, qui in ipso hábitat ut in recte administráta civitáte. Præsens ei Pater adest et conrégnat Patri Christus in illa ánima perfécta juxta illud: Ad eum veniémus, et mansiónem apud eum faciémus.
 
Tunc ergo id quod in nobis est regnum Dei perpétuo procedéntibus nobis ad summum pervéniet, cum illud implétum fúerit quod Apóstolus ait, Christum subjéctis sibi ómnibus inimícis traditúrum regnum Deo et Patri, ut sit Deus ómnia in ómnibus. Propter hoc indesinénter orántes ea ánimi affectióne, quæ Verbo divína fiat, dicámus Patri nostro, qui in cœlis est: Sanctificétur nomen tuum, advéniat regnum tuum.
 
Id quoque de regno Dei percipiéndum est: sicut non est participátio justítiæ cum iniquitáte, neque socíetas lucis ad ténebras, neque convéntio Christi ad Bélial: sic regnum Dei cum regno peccáti stare non posse.
  
Ergo si Deum in nobis regnáre vólumus, nullo modo regnet peccátum in nostro mortáli córpore, sed mortificémus membra nostra, quæ sunt super terram et fructificémus Spíritu; ut in nobis, quasi in spiritáli paradíso, Deus obámbulet regnétque solus in nobis cum Christo suo, qui sédeat in nobis a dextris virtútis illíus spiritális, quam optámus accípere: sedeátque donec inimíci ejus omnes, qui in nobis sunt, fiant scabéllum pedum ejus et evacuétur in nobis omnis principátus et potéstas et virtus.
  
Possunt enim hæc in unoquóque nostrum fíeri et novíssima inimíca déstrui mors; ut et in nobis Christus dicat: Ubi est, mors, stímulus tuus? Ubi est, inférne, victória tua? Jam nunc ígitur corruptíbile nostrum induátur sanctitátem et incorruptiónem; et mortále, evacuáta morte, patérnam induátur immortalitátem, ut in nobis, regnánte Deo, in regeneratiónis jam resurrectionísque bonis versémur». (ORÍGENES ADAMANCIO, Tratado de la Oración, cap. XXV: Venga tu reino. En MIGNE, Patrología Græca XI, cols. 495-499)
TRADUCCIÓN
«1. El reino de Dios, según palabras de nuestro Señor y salvador, “viene sin dejarse sentir. No dirán: ‘Vedlo aquí o allí’ sino que el reino de Dios está ya entre vosotros” (Lc 17,20-21). “Porque la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica” (Dt 30,14; Rm 10,8). Según esto, es claro que quien ora lo hace para que el reino de Dios nazca dentro de él, lleve fruto y se perfeccione. Porque toda persona santa es guiada por Dios, cumple sus leyes espirituales y permanece en sí mismo como en ciudad bien ordenada. Presente en él está el Padre y reina con el Hijo en aquel alma perfecta, según el versículo un poquito antes citado: “Y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23; Mt 13,23; Mc 4,20; Lc 8,15). Pienso que ha de entenderse por reino de Dios el bienestar espiritual de la mente que regula y ordena los sabios pensamientos. El reino de Cristo consiste en las sabias palabras dirigidas a quienes escuchan y en las buenas obras y otras virtudes que llevan a cabo. “Porque el Hijo de Dios es para nosotros sabiduría y justicia” (1Cor 1,30). El pecador, en cambio, está bajo la tiranía del príncipe de este mundo (1Cor 2,6. 8; 2Cor 4,4). Todo pecador se hace amigo de este mundo, porque no se entrega a aquel “que se entregó a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este perverso mundo conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre”, como se dice en la Carta a los gálatas (Ga 1,4). Quien libremente se somete a la tiranía del príncipe de este mundo está dominado por el pecado. Por lo cual, Pablo nos pide que no permanezcamos más en pecado, pues nos esclaviza. Nos amonesta en los siguientes términos: “No reine, pues el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias” (Rm 6,12).
 
2. Con relación a las dos peticiones “santificado sea tu nombre” y “venga tu reino” dirá alguno que si llega el momento en que su oración es escuchada, según queda dicho, habrá llegado el tiempo en que sea santificado el nombre de Dios y, por tanto, habrá llegado su reino. Si esto sucede, ¿cómo podrá continuar pidiendo razonablemente por lo que ya está presente como si aún estuviese ausente y seguir diciendo “santificado sea tu nombre, venga tu Reino”? A esto se responde. Quien pide “palabras de ciencia o palabras de sabiduría” (1Cor 12,8) siempre lo pide con rectitud, pues siendo escuchado acrecentará su sabiduría y ciencia. Pero conocerá “en parte” solamente por mucho que pueda conseguir en la vida presente. Y lo perfecto, que hace desaparecer “lo que es en parte” aparecerá “entonces” cuando la mente contemple “cara a cara” las realidades inteligibles por encima de las percepciones sensibles (1Cor 13,9-12). De igual modo ninguno de nosotros podrá lograr que sea santificado el nombre de Dios y que venga su reino mientras no alcance la perfección del conocimiento y sabiduría, y probablemente de otras virtudes también.
  
Nos hallamos en camino de perfección siempre que “olvidando lo que está detrás nos lanzamos a lo que está por delante” (Flp 3,14). A medida que progresamos alcanzaremos la cima del reino de Dios cumpliéndose la palabra del apóstol: “Cuando Cristo entregue a Dios Padre el Reino... para que Dios sea todo en todo” (1Cor 15,24-28). Por lo cual oremos “sin cesar” (1 Tes 5,17) como divinizados por el Verbo y digamos a nuestro Padre que está en el cielo: “Santificado sea tu nombre, venga tu reino”.
  
3. Aclaremos un punto sobre el reino de Dios. Como no hay “relación entre la justicia y la iniquidad, ni entre la luz y las tinieblas, ni armonía entre Cristo y Belial” (2Cor 6,14-15) no pueden darse en el mismo sujeto reino de Dios y reino del pecado. Por tanto, si queremos que Dios reine en nosotros, “no reine en modo alguno el pecado en nuestro cuerpo mortal” (Rm 6,12) ni sigamos sus preceptos cuando llama a nuestra alma para obras de la carne y cosas contrarias a Dios. Antes bien “mortifiquemos nuestros miembros terrenos” (Col 3,5) y produzcamos frutos del Espíritu (Ga 5,22; Jn 15,8. 16) para que el Señor se pasee dentro de nosotros, como si en realidad fuésemos un paraíso espiritual (Gn 3,8; 2Cor 6,16). Reine él solo sobre nosotros con su Cristo entronizado en el alma a la derecha del poder espiritual que deseamos alcanzar. Allí reine hasta que todos sus enemigos lleguen a ser escabel de sus pies. Desaparezcan sus enemigos con su autoridad y poder (1Cor 15,24; Mt 26,64; Mc 14,62; Lc 22,69; Sal 110,1; Is 66,1). Esto puede suceder en cada uno de nosotros llegando a destruir el último enemigo que es la muerte, para que Cristo pueda decir en nosotros: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?” (1Cor 15,26. 55). Que lo corruptible en nosotros se vista de “incorruptibilidad”. “Que este ser mortal se revista de inmortalidad” (1Cor 15,53-54) para que reinando Dios en nosotros participemos de los bienes de la “regeneración y resurrección” (Mt 19,28)».
La Iglesia nunca ha dejado de pedir la venida del Reino de Dios, como quiera que en la Oración Dominical se dice: «Advéniat regnum tuum». Pero a continuación dice: «Fiat volúntas tua, sicut in cœlo et in terra». Y la voluntad de Dios es que Él debe reinar en todo hombre, aspecto, nación y lugar (incluso en el mismo Infierno), y ante su Santo Nombre se doble toda rodilla. La Voluntad de Dios también es que la Santa Madre Iglesia defina e interprete la Sana Doctrina, que se establezca el Orden Social Católico en todas las naciones, y que los Estados nacionales reconozcan que de Dios han recibido toda autoridad.
  
En cuanto a los himnos para el Divino Oficio en honor a Cristo Rey, el padre Vittorio Genovesi SJ compuso en 1925 el “Ætérna Imágo Altíssimi”, que se recita (o canta) en las Maitines:
  
LATÍN
Ætérna Imago Altíssimi,
Lumen, Deus, de Lúmine,
Tibi, Redémptor glória,
Honor, potéstas regia.
  
Tu solus ante sǽcula
Spes atque centrum témporum,
Cui jure sceptrum géntium
Pater supremum crédidit.
  
Tu flos pudícæ Vírginis,
Nostræ caput propáginis,
Lapis cadúcus vértice
Ac mole terras óccupans.
  
Diro tyránno súbdita,
Damnáta stirps mortálium,
Per te refrégit víncula
Sibíque cœlum víndicat.
  
Doctor, Sacérdos, Légifer
Præfers notátum sánguine
In veste «Princeps príncipum
Regúmque Rex Altíssimus».
  
Tibi voléntes súbdimur,
Qui jure cunctis ímperas:
Hæc cívium beátitas
Tuis subésse légibus.
    
Jesu, tibi sit glória,
Qui sceptra mundi témperas,
Cum Patre, et almo Spíritu,
In sempitérna sǽcula. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Eterna imagen del Altísimo,
Oh Dios, Luz de Luz,
A Ti, Redentor, sea la gloria,
El honor y la potestad real.
 
A Ti solo, antes de todos los siglos,
Esperanza y centro de los tiempos,
A Ti, por derecho el Padre
Te confió el cetro de las naciones.
  
Tú, Flor de la Virgen castísima
Y Cabeza de nuestro linaje:
Tú, Piedra que cae del monte
Y Mole que ocupa las tierras.
  
Sometida a un cruel Tirano,
La raza condenada de los mortales,
Por Ti pudo romper las cadenas
Y vindicar el Cielo para sí.
  
Doctor, Sacerdote, Legislador,
Llevas en el vestido, marcado a Sangre:
«Príncipe de los príncipes
Y Altísimo Rey de los reyes».
  
A Ti, que por derecho gobiernas sobre todos,
Nos sometemos de todo corazón:
Que la felicidad de esta ciudad
Está en la sumisión a tus leyes.
  
A Ti, Jesús, que gobiernas los cetros del mundo,
Sea la gloria a Ti, con el Padre
Y el Espíritu Santo,
Por los siglos sempiternos. Amén.
  
De “Ætérna Imágo Altíssimi”, los modernistas en la Liturgia de las Horas remplazaron el segundo hemistiquio de la segunda estrofa por un admonitorio «Tibi voléntes súbdimur/Qui jure cunctis ímperas» (A ti, que por derecho imperas sobre todos, Queramos obedecer) y suprimieron las dos últimas estrofas.
   
Y aún más lejos llegaron al suprimir el himno “Vexílla Christus Ínclita” (también de la autoría del padre Genovesi, a partir del “Vexílla Regis” del Viernes Santo) de las Laudes:
  
LATÍN
Vexílla Christus ínclita
Late triúmphans éxplicat:
Gentes adéste súpplices,
Regíque regum pláudite.
  
Non Ille regna cládibus:
Non vi metúque súbdidit
Alto levátus stípite,
Amóre traxit ómnia.
  
O ter beáta cívitas
Cui rite Christus ímperat,
Quæ jussa pergit éxsequi
Edícta mundo cœ́litus!
  
Non arma flagrant ímpia,
Pax usque firmat fœ́dera,
Arrídet et concórdia,
Tutus stat ordo cívicus.
  
Servat fides connúbia,
Juvénta pubet íntegra,
Pudíca florent límina
Domésticis virtútibus.
  
Optáta nobis spléndeat
Lux ista, Rex dulcíssime:
Te, pace adépta cándida,
Adóret orbis súbditus.
  
Jesu, tibi sit glória,
Qui sceptra mundi témperas,
Cum Patre, et almo Spíritu,
In sempitérna sǽcula. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Cristo triunfante despliega
Su ínclito estandarte:
Naciones, venid suplicantes,
Aplaudid al Rey de los reyes.
  
Él no reina es por los combates,
Ni somete por la fuerza o el miedo:
Elevado sobre una alta columna,
Atrae a todos por el amor.
   
¡Oh tres veces bienaventurada la ciudad
Donde Cristo impera plenamente,
Y que se emplea en obedecer las leyes
Que el Cielo dicta al mundo!
  
No arden las armas impías,
La paz confirma todas las alianzas,
Sonríe la concordia
Y se asegura el orden cívico.
  
La fidelidad guarda los matrimonios,
La juventud crece en la integridad,
Y florecen radiantes e intachables
Las virtudes domésticas.
    
Esta luz deseada, que brilla para nosotros,
Oh Rey dulcísimo:
Adórete el mundo sumiso,
Gozando de una paz radiante.
  
Y el himno “Te sæculórum Príncipem” (también del padre Genovesi), recitado en las Primeras y Segundas Vísperas de la Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Rey:
  
LATÍN
Te sæculórum Príncipem,
Te, Christe, Regem géntium,
Te méntium, te córdium
Unum fatémur árbitrum.
  
Scelésta turba clámitat:
Regnáre Christum nólumus:
Te nos ovántes ómnium
Regem suprémum dícimus.
  
O Christe, Princeps Pácifer,
Mentes rebélles súbice:
Tuóque amóre dévios,
Ovíle in unum cóngrega.
  
Ad hoc cruénta ab árbore
Pendes apértis brácchiis,
Diráque fossum cúspide
Cor igne flagrans éxhibes.
  
Ad hoc in aris ábderis
Vini dapísque imágine,
Fundens salútem fíliis
Transverberáto péctore.
  
Te natiónum Prǽsides
Honóre tollant público,
Colant magístri, júdices,
Leges et artes éxprimant.
  
Submíssa regum fúlgeant
Tibi dicáta insígnia:
Mitíque sceptro pátriam
Domósque subde cívium.
  
Jesu, tibi sit glória,
Qui sceptra mundi témperas,
Cum Patre, et almo Spíritu,
In sempitérna sǽcula. Amen.

℣. Data est mihi omnis potéstas.
℞. In cœlo et in terra.

(In secundas Vesperas:
℣. Multiplicábitur ejus impérium.
℞. Et pacis non erit finis).
    
ORACIÓN
Omnípotens sempitérne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universórum Rege, ómnia instauráre voluísti: concéde propítius; ut cunctæ famíliæ géntium, peccáti vúlnere disgregátæ, ejus suavíssimo subdántur império: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum. Amen
  
TRADUCCIÓN
A Ti, Príncipe de los siglos,
A Ti, oh Cristo, Rey de las gentes,
A Ti te confesamos único Señor
De las inteligencias y de los corazones.
  
Una turba criminal vocifera
“¡No queremos que reine Cristo!”,
Pero nosotros, con nuestras ovaciones,
Te proclamamos Rey supremo.
  
¡Oh Cristo, Príncipe de la Paz!
Somete a las almas rebeldes,
Y a los extraviados reúnelos con tu amor
En un solo redil.
    
Para eso estás colgado de un árbol
Sangriento con los brazos abiertos,
Y muestras tu Corazón por cruel lanza
Traspasado y ardiendo de amor.
  
Para eso te ocultas en los altares,
Bajo la figura del vino y del pan,
Derramando la salvación para tus hijos
Por tu traspasado pecho.
  
A Ti los que mandan en las naciones,
Te ensalcen con públicos honores,
Te honren los maestros y los jueces,
Te reproduzcan las leyes y las artes.
  
Las insignias regias,
Sumisas, a Ti se dediquen:
Y somete a tu suave cetro
La patria y las casas de los ciudadanos.
  
A Ti, Jesús, que gobiernas los cetros del mundo
Sea la gloria, con el Padre
Y el Espíritu Santo,
Por los siglos sempiternos. Amén.
   
℣. Me ha sido dado todo poder.
℞. En el cielo y en la tierra.

(En las segundas vísperas:
℣. Se multiplicará su imperio.
℞. Y la paz no tendrá fin).
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que en tu amado Hijo, Rey universal quisiste restaurarlo todo: concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
  
En “Te sæculórum Príncipem”, la Iglesia pide a Cristo que reúna a los extraviados en un solo redil (la Iglesia), por la cual murió en la Cruz, permanece oculto en la Divina Eucaristía e hizo brotar la gracia de la salvación, expesando en forma explícita la doctrina de Extra Ecclésiam Nulla Salus; y señala que la causa de todos los males sociales es el rechazo del mundo a la Realeza de Cristo (cf. Salmo II, 2-3), que por derecho debe gobernar sobre los poderes seculares y atrae la bienaventuranza a quienes se someten de grado a Sus mandatos (como lo expresa el himno “Ætérna Imágo Altíssimi”). Los modernistas hicieron en 1968 suprimir las palabras Scelésta turba (“Turba criminal”, o también “Turba depravada”) de la estrofa 2; y en 1971, cuando salió publicada la Liturgia de las Horas, suprimieron del todo la estrofa 2 y las tres últimas, además del cambio señalado arriba en la Oración.
     
Habíamos dicho al comienzo que luego del Vaticano II, toda referencia al Reinado Social de Cristo desapareció de un plumazo, sustituyéndola por un reinado venidero de carácter esjatológico. Y entonces, para ellos, ¿quién debe reinar hic et nunc (aquí y ahora) en la tierra? La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, la Declararación Universal de los Derechos Humanos (y sus distintas versiones regionales en la OEA, la UE y la OUA), en última instancia, las Naciones Unidas (a la que Bergoglio dice que hay que obedecer). O lo que es lo mismo, ¡la Francmasonería (y la Judería Internacional, que está detrás de ella), que inspiró a todo lo anterior!. El padre Denis Fahey escribió:
«Que la preparación y el triunfo de la Revolución Francesa fueron obra de la francmasonería no necesita pruebas, puesto que los mismos masones presumen de ello [La Franc-Maçonnerie française et la Préparation de la Révolution, por el H∴ Gaston Martin. Cf. La dictadure des Puissances Occultes, por Léon de Poncins, págs. 80-95]. Consecuentemente, la Declaración de los Derechos del Hombre es un producto masónico. “Cuando cayó La Bastilla”, dijo Monsieur Bonnet, orador en la Asamblea del Gran Oriente en 1904, “la masonería tuvo el honor supremo de dar a la humanidad la carta que había elaborado amorosamente. Fue nuestro hermano, [Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier, Marqués] de la Fayette, quien primero presentó el ‘proyecto de una declaración de los derechos naturales del hombre y del ciudadano viviente en sociedad’, para ser el primer capítulo de la Constitución. El 25 de agosto de 1789, la Asamblea Constituyente, de la cual más de 300 miembros eran masones, adoptó definitivamente, casi palabra por palabra, en la forma determinada en las Logias, el texto de la inmortal Declaración de los Derechos del Hombre”. Dado el naturalismo de la francmasonería, la Declaración, entonces, es simplemente una renuncia formal a la lealtad a Cristo Rey, a la Vida Sobrenatural, y a la membresía de su Cuerpo Místico. Por tanto, el Estado francés oficialmente declaró que no reconocía más ningun deber hacia Dios a través de Nuestro Señor Jesucristo, y no reconocía más la dignidad de miembro de Cristo en sus ciudadanos. Así se inauguró el ataque a la organización de la sociedad bajo Cristo Rey, que ha continuado hasta nuestros días» [Prólogo a Mons. GEORGE F. DILLON, Grand Orient Freemasonry Unmasked (Londres 1965), págs. 16-17].
Los cambios conciliares no sólo se reflejaron en la Misa y el Oficio de Cristo Rey, sino también en la Intercesión general del Viernes Santo: Originalmente, la invitación a orar por la Iglesia era: «Orémus, dilectíssimi nobis, pro Ecclésia sancta Dei: ut eam Deus et Dóminus noster pacificáre, adunáre, et custodíre dignétur toto orbe terrárum: subjíciens ei principátus et potestátes: detque nobis quietam et tranquíllam vitam degentibus, glorificáre Deum, Patrem Omnipoténtem» (Oremos, dilectísimos nuestros, por la Iglesia santa de Dios, para que Dios nuestro Señor se digne conservarla en la paz, unida, y defenderla por toda la redondez de la tierra: sujetando a ella los principados y las potestades, y concedernos que viviendo esta mortal vida con descanso y tranquilidad, glorifiquemos a Dios Padre todopoderoso).
  
En el Novus Ordo, esta fue cambiada a un: «Orémus, dilectíssimi nobis, pro Ecclésia sancta Dei, ut eam Deus et Dóminus noster pacificáre, adunáre et custodíre dignétur toto orbe terrárum, detque nobis, quiétam et tranquíllam vitam degéntibus, glorificáre Deum Patrem omnipoténtem» (Oremos, hermanos, por la Iglesia santa de Dios, para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad, la proteja en toda la tierra, y a todos nos conceda una vida confiada y serena, para gloria de Dios, Padre todopoderoso). Obviamente, sin la sujeción de los principados y potestades. Annibale Bugnini explica estos cambios:
«En el clima ecuménico del Vaticano II, algunas expresiones en los Orationes sollemnes del servicio del Viernes Santo les sonaron mal. Hubo solicitudes urgentes para atenuar algunas de las palabras. Siempre es desagradable tener que alterar textos venerables que durante siglos han alimentado efectivamente la devoción cristiana y tienen sobre ellos la fragancia espiritual de la época heroica de los comienzos de la Iglesia. Sobre todo, es difícil revisar las obras maestras literarias que no tienen parangón por su forma concisa. Sin embargo, se consideró necesario hacer frente a la tarea, para que nadie encontrara un motivo de incomodidad espiritual en la oración de la Iglesia. Las revisiones, limitadas a lo que era absolutamente necesario, fueron preparadas por el grupo de estudio 18 bis. En la Intercesión 1: “por la Iglesia”, la frase subjíciens ei principátus et potestátes (“sujetando a ella [la Iglesia] los principados y las potestades”) fue omitida: incluso aunque esta fue imspirada por lo que dice San Pablo sobre las “potestades angélicas” (Col. 2, 15), podría malinterpretarse como una referencia a un papel temporal que la Iglesia sí tuvo en otros períodos de la historia, pero que es anacrónico hoy» [La riforma liturgica, 1948-1975 (Edizioni Liturgiche - 00192 Roma, 1983), pág. 127].
Claro, la Realeza de Cristo y la sumisión de los principados y potestades a la Iglesia eran anacrónicos para un Pablo VI que declaró explícitamente a los gobernantes del mundo que la Iglesia no les pidió más que la libertad para perseguir su misión, para unos obispos que habían aprobado Dignitátis Humánæ, que en el aula conciliar era llamado (y con toda razón) el “Esquema Estadounidense”, por ser secuela de la herejía americanista, por ser creado casi completamente siguiendo al jesuita John Courtney Murray y contar con «el apoyo sólido y consistente de los obispos estadounidenses, y sus numerosas intervenciones», muy a pesar de las intervenciones del cardenal Giuseppe Siri:
«No podemos legitimar lo que Dios simplemente tolera; solo podemos tolerarlo, y eso dentro de los límites del bien común. Por lo tanto, no podemos aceptar el esquema propuesto en la medida en que recomienda la libertad para todos sin discriminación… Por lo tanto, deberíamos considerar más cuidadosamente la contribución de las fuentes teológicas a este problema de libertad religiosa y determinar si los contenidos de este esquema se pueden conciliar o no con la enseñanza de León XIII, Pío XI y Pío XII. De lo contrario, debilitamos nuestra propia autoridad y comprometemos nuestro esfuerzo apostólico».
el Arzobispo-Obispo de Valparaíso (Chile) Emilio Tagle Covarrubias, en nombre de 45 obispos latinoamericanos:
«Estoy muy en contra de este esquema. Simplemente reorganiza la versión anterior, y contiene una serie de contradicciones… Muchos pasajes son demasiado complacientes con las religiones falsas y corren el riesgo de ser indiferentes y de liberalismo. No parece posible otorgar los mismos derechos a todas las religiones indiscriminadamente. Solo la única Iglesia verdadera tiene derecho a la libertad religiosa, estrictamente hablando. Otras religiones solo pueden ser toleradas, dependiendo de las circunstancias y las personas».
y el cardenal Benjamín de Arriba y Castro, arzobispo de Tarragona (España):
«Este es probablemente el problema más delicado de todo el Consejo con respecto a la fe. Debemos afirmar claramente este principio básico: solo la Iglesia Católica tiene el deber y el derecho de predicar el Evangelio. Es por eso que el proselitismo por parte de los no católicos entre los católicos es ilícito y debe ser evitado por las autoridades civiles y por la Iglesia, como lo requiere el bien común… El Concilio debe tener cuidado de no decretar la ruina del catolicismo en aquellos países donde de hecho es la única religión».
  
No es exagerado decir que Courtney Murray estaba detrás de Dignitátis Humánæ, porque las intervenciones de los obispos estadounidenses escritas ¡por él mismo!, como dijera un prelado: «las voces eran las de los obispos de los Estados Unidos, pero ¡los pensamientos eran los de John Courtney Murray!», que diez años antes, en Enero de 1955, habían sido censurados por la Curia Jesuita en Roma por haber impugnado la doctrina sobre las relaciones Iglesia-Estado.
 
En conclusión, el “Cristo Rey” de los modernistas, tras de ser un mes tardío, no es el mismo de los Católicos. Y no tiene sentido la Realeza Social de Cristo en una iglesia que ha erigido como dogma de fe la Primera Enmienda constitucional de los Estados Unidos de América, país donde «la mayoría de los hombres han expulsado a Jesucristo y su santa ley de sus vidas... [donde] Nuestro Señor y Su santa ley no tienen lugar ni en la vida privada ni en la política», un estado que se ha convertido en «nada más que una multitud, que es su propio maestro y gobernante».
  
JORGE RONDÓN SANTOS
27 de Octubre de 2019
Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Rey. Conmemoración de San Frumencio de Axum, Obispo y Evangelizador de Etiopía; y de San Elesbaam, rey y confesor. Víspera de los Santos Apóstoles Simón Zelote y Judas Tadeo. Aniversario de la batalla del Puente Milvio, y de la llegada de Cristóbal Colón a Cuba.

sábado, 24 de agosto de 2019

UNA MISIÓN QUE NO HA BAUTIZADO A NADIE EN 53 AÑOS

Traducción del artículo publicado en PAN-AMAZON SYNOD WATCH. PAN-AMAZON SYNOD WATCH (Observatorio del Sínodo Pan-amazónico) es una iniciativa del Instituto Plinio Corrêa de Oliveira (IPCO) y forma parte de una campaña conjunta de las Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP) y organizaciones afines para alertar a la opinión pública mundial sobre la grave amenaza que el Sínodo de la Pan Amazonia representa para la civilización occidental, como quiera que el ecologismo es una máscara del socialismo, que plantea una sociedad minimalista y anticonsumista en el fondo opuesta a la libre empresa y la propiedad privada, y una eclesiología neumática y tribalista contraria a la bimilenaria Cristiandad.
  
UNA MISIÓN QUE NO BAUTIZÓ A NADIE EN CINCUENTA Y TRES AÑOS: EL DEFECTUOSO MODELO DE EVANGELIZACIÓN DEL SÍNODO PANAMAZÓNICO

Corrado Dalmolego

El Instituto Misiones Consolata, originario de Turín y presente en 28 países, posee desde 1965 una misión entre los Yanomamis, actualmente dirigida por el sacerdote italiano Corrado Dalmolego, asistido por tres religiosas de la rama femenina de la misma congregación.
 
En una reciente entrevista al portal Religión Digital [1], el misionero de la Consolata dio interesantes detalles sobre su concepción de la misión y sus actividades misioneras, con la esperanza de que su ejemplo sirviese de modelo para el próximo Sínodo de la Pan-Amazonía. Sus asombrosas declaraciones fueron recogidas, y endosadas, por otro misionero, el sacerdote madrileño Luis Miguel Modino, activo en la Diócesis de São Gabriel da Cachoeira, estado de Amazonas (Brasil).

Para entender la trascendencia de las opiniones vertidas por el Pe. Dalmolego, conviene situar previamente el contexto de la cultura Yanomami, dentro de la cual se desarrolla su actividad misionera.
 
Los Yanomamis son un grupo étnico compuesto de 20 a 30 mil indígenas que viven en la selva tropical de forma muy primitiva, concentrándose en la zona de la cuenca del río Mavaca, en los afluentes del Orinoco, y en la sierra Parima, una región situada al sur de Venezuela y, en Brasil, en los estados de Amazonas y Roraima, dónde se encuentra la misión Catrimani de los misioneros de la Consolata, junto al río del mismo nombre.
 
Viven en aldeas pequeñas de 40 ó 50 personas. Pero, en realidad, son nómades, que practican la caza, utilizando arco y flecha, y algunos cultivos, que duran dos o tres años. Cuando la tierra se agota, el poblado crea una nueva plantación en otro lugar.
 
Sus ropas son muy sumarias y las usan apenas como ornato en las muñecas, tobillos y un cinta en torno de la cintura. Los hombres de la tribu tienen habitualmente varias mujeres, incluyendo adolescentes desde la entrada en la pubertad. Los hombres suelen consumir la planta «epená» o virola, que contiene una sustancia alucinógena,también utilizada en rituales curativos por los chamanes para identificar la enfermedad, comunicándose con los espíritus.
 
El problema más grande de la comunidad es la salud, especialmente las enfermedades de tipo infeccioso y parasitario como la malaria, la cual es la principal causa de mortalidad entre los Yanomami. Le siguen la hepatitis, diarrea, tuberculosis, así como enfermedades del aparato respiratorio como las neumonías y bronquitis que sufren repetidas veces al año. El casi inexistente hábito de limpieza y cuidado de la dentición (no utilizan el cepillo) hace que la caries dental sea un problema crónico [2].
 
Una de las “tradiciones” más arraigadas entre los Yanomamis es el infanticidio, practicado por la propia madre que se aleja para dar a luz y acoge o mata al recién nacido, enterrándolo vivo. El infanticidio es practicado para eliminar los que nacen con malformaciones o como una forma de selección (prefieren los varones a las mujeres y que el primer hijo sea varón; si nacen gemelos, sólo dejan uno vivo y si los dos son varones matan al más débil), o aun simplemente para no tener que cuidar de dos hijos simultáneamente (los amamantan por tres años, en media)[3].
  
Infanticidio yanomami
 
Los Yanomamis tienen un carácter altivo y guerrero[4] y cuando matan adquieren la condición social de “unokai”. Aquellos que son más belicosos y consiguen matar más enemigos logran un mayor prestigio y más mujeres. Para atacar las aldeas de otras tribus, forman alianzas con extraños, en vez de parientes cercanos, y el botín de guerra consiste en casarse con las hermanas o hijas de sus aliados[5].
 
Una de las costumbres más primitivas de esta etnia es la práctica del canibalismo ritual: en un ritual fúnebre colectivo de carácter sagrado incineran el cadáver de un pariente muerto y se comen las cenizas de sus huesos, mezclándolas con la pasta del «pijiguao» (fruto de un tipo de palmera), porque creen que en los huesos reside la energía vital de fallecido, que de esa manera es reintegrado al grupo familiar[6]. Igualmente, un Yanomami que mate un adversario en territorio enemigo practica esa forma de canibalismo para purificarse[7].
 
De ese breve relato se infiere que los Yanomami están lejos de corresponder al bon sauvage de Rousseau…
 
Sin embargo, para el misionero Corrado Dalmonego, que vive en Catrimani hace 11 años y, por lo tanto, los conoce bien, ellos pueden “con la vivencia de la propia religiosidad, de la propia espiritualidad, ayudar a la misma Iglesia a limpiarse, quizás de esquemas, de estructuras mentales, que pueden haber quedado obsoletas o inadecuadas”.
 
En primer lugar, los yanomami ayudan a la Iglesia a “defender este mundo” y a “construir una ecología integral” al “establecer puentes entre los conocimientos tradicionales y los conocimientos modernos, ecológicos, de la sociedad occidental”.
 
En segundo lugar, la ayudan a mejorar sus estructuras y el ejercicio de la autoridad, por lo que la Iglesia debería “prestar atención a cómo los pueblos indígenas viven la vivencia comunitaria, las relaciones sociales, la organización del liderazgo”. “Los yanomamis son para nosotros testigos para poder apreciar ese valor de la vida comunitaria”, afirma el misionero.
 
Y, por último, “en las investigaciones que se realizan sobre chamanismo, sobre mitologías, sobre saberes diferentes, sobre visiones del mundo, sobre visiones sobre Dios”, la Iglesia se enriquece, pues los momentos fuertes de diálogo ayudan a los misioneros “a descubrir la esencia de nuestra fe, muchas veces encubierta por adornos, por tradiciones culturales”.
 
Una forma de las formas que toma ese enriquecimiento espiritual es que los yanomami “tienden a juntar las cosas”, o sea, invocan al Dios de los blancos sin renunciar a sus propias creencias. “No es necesario renunciar, simplemente es apropiarse de algo más. ¿Por qué no hacer ese ejercicio también como Iglesia, esas experiencias?”, se pregunta el religioso de la Consolata. “Esto, por un lado, puede ser acusado de sincretismo, relativismo”, concede. Pero concluye afirmando que, en todo caso, “nosotros no somos dueños de la verdad”.
 
De esa nueva concepción de la acción evangelizadora de la Iglesia como mero ejercicio de diálogo inter-religioso, resulta que Corrado Dalmonego se vanagloria de un hecho asombroso, al que se refiere su entrevistador, y que para cualquier misionero tradicional sería el cáliz más amargo: dirigir “una misión de presencia y de diálogo” en la cual ¡“después de sesenta años[8] nadie fue bautizado”!
 
Lo más grave es que el P. Dalmonego afirma que “todos los que cono[ce] que trabajaron allí, ellos admiran esa manera, participaron, formaron parte, dedicaron su vida, sus años, su trabajo, valoran esa forma de actuación, que [él] no reduciría a un testimonio silencioso, porque cuando se dialoga, se habla, cuando se habla, se anuncia”. Pero insiste nuevamente en apartar cualquier idea de “proselistismo” y “no confundir lo que es el anuncio con aquello que se considera conversión”.
 
Y es precisamente en ese sentido que la Misión Catrimani, podría servir como una referencia en vista del Sínodo de la Pan-Amazonía, porque “es una presencia profética para la Iglesia, que se ha puesto a la escucha de los pueblos, una presencia que no deja de ser criticada o mal entendida, acusada de omisión”.
 
Aparentemente, lo importante no es lo que pueda decir Jesucristo al ver incumplido su mandato de ir y evangelizar a todos los pueblos, “bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, sino lo “que alienta el corazón, da ánimo” es “escuchar a David Kopenawa[9] yanomami, líder indígena de este pueblo, que dice que la Misión Catrimani hizo las cosas bien, que no lastimó a los yanomami, que no destruyó la cultura, que no condenó el chamanismo” y que “ese es el mensaje que ustedes [los misioneros] tienen que traer del Dios que les ha enviado”.
 
De ahí, para el misionero italiano, la importancia del próximo Sínodo, “en el que en toda la Iglesia, y también quizás fuera de la Iglesia, los ojos están dirigidos a la Amazonía”, porque “si hubiera más experiencias como éstas la Iglesia se enriquecería fuertemente”.
 
Ese anhelo parece enteramente conforme con los planes de los organizadores de dicho evento eclesial. El Cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, declaró en la conferencia de prensa del presentación del Documento Preparatorio de la asamblea especial del próximo octubre que su objetivo es “encontrar nuevos caminos pastorales para una Iglesia con rostro amazónico, con una dimensión profética en la búsqueda de ministerios y líneas de acción más adecuadas en un contexto de ecología verdaderamente integral”.
  
Cardenal Lorenzo Baldisseri
 
Consciente del carácter bastante hermético de su frase, el cardenal Baldisseri esclareció: “Es el Papa Francisco quien nos indica el camino para entender la expresión ‘rostro amazónico’. De hecho, afirma en Puerto Maldonado: ‘Quienes no habitamos estas tierras necesitamos de vuestra sabiduría y conocimiento para poder adentrarnos, sin destruir, el tesoro que encierra esta región, y se hacen eco las palabras del Señor a Moisés: «Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa» (Éxodo 3: 5)’ ”[10].
 
O sea, “como ha dicho el Papa Francisco, la tarea de la nueva evangelización de las culturas tradicionales que viven en el territorio amazónico y en otros territorios exige prestar a los pobres ‘nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos’ (Evangeli Gaudium, n° 198)”[11].
 
Más concretamente, esa comunicación se da a través de los chamanes, porque en la subsección “Espiritualidad y sabiduría”, el Documento Preparatorio afirma que las “diversas espiritualidades y creencias” de los pueblos indígenas, “los motivan a vivir una comunión con la tierra, el agua, los árboles, los animales, con el día y la noche” y que “los ancianos sabios, llamados indistintamente payés, mestres, wayanga o chamanes –entre otros– promueven la armonía de las personas entre sí y con el cosmos”[12].
 
El cuidado del medio ambiente, asegura el mismo documento, es una de las principales áreas donde debe cumplirse ese aprendizaje eclesial: “La conversión ecológica es asumir la mística de la interconexión y la interdependencia de todo lo creado. (…) Esto es algo que las culturas occidentales pueden, y quizás deben, aprender de las culturas tradicionales Amazónicas, y de otros territorios y comunidades en el planeta. Ellos, los pueblos, ‘tienen mucho que enseñarnos’ (EG n° 198). Ellos, en su amor por su tierra y su relación con los ecosistemas, conocen al Dios Creador, fuente de vida. (…) De allí que el Papa Francisco haya señalado que ‘es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos’ y por sus culturas”[13].
 
Los religiosos de la Consolata de la Misión Catrimani pueden dormir con la conciencia en paz: el Papa Francisco no los reprobará por no haber celebrado ningún bautismo de yanomami en 53 años. Talvez sean ellos mismo los que debieran hacerse iniciar como chamanes aprendiendo los rituales de los yanomami y siguiendo cursos de David Kopenawa…
 
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NOTAS
1 https://www.periodistadigital.com/religion/america/2018/12/20/corrado-dalmonego-los-indigenas-pueden-ayudar-a-la-iglesia-a-limpiarse-de-estructuras-obsoletas.shtml
2 Débora Margarita Marchán, Impacto socio-educativo de la misión salesiana entre los Yanomami del Alto Orinoco, https://www.monografias.com/trabajos75/impacto-socioeducativo-mision-salesiana-yanomami/impacto-socioeducativo-mision-salesiana-yanomami2.shtml
3 El alemán Erwin Frank estudia las poblaciones indígenas de América hace 30 años. Profesor de la Universidad Federal de Roraima y doctor en Antropología, él está desde hace diez años investigando a los indios de la Amazonía, sobre todo los Yanomami. En entrevista al diario Folha de Boa Vista, dijo ayer que el infanticidio es una tradición bastante arraigada en la cultura Yanomami. “Eso expresa la autonomía de la mujer en decidir por la vida o la muerte del hijo y funciona como una forma de selección para las malformaciones y para el sexo de los niños”, aclaró.
Lo anterior es confirmado por el antropólogo Iván Soares, que colabora con el Ministerio Público del Estado de Roraima. Durante el Seminario Interamericano sobre Pluralismo Jurídico que tuvo lugar en Brasilia en noviembre de 2005 en la Escuela Superior del Ministerio Público de la Unión y en colaboración con la Sexta Cámara de Minorías de la Procuraduría General de la República, relató que las mujeres Yanomami tienen poder total de decisión al respecto de la vida de sus recién nacidos. El parto acontece en el bosque, fuera de la aldea; en ese ambiente de retiro, fuera del contexto de la vida social, la madre tiene dos opciones: si no toca al bebé ni lo levanta en sus brazos, dejándolo en la tierra donde cayó, significa que éste no ha sido acogido en el mundo de la cultura y las relaciones sociales, y que no es, por lo tanto, humano. De esa forma, desde la perspectiva nativa, no se puede decir que ha ocurrido un homicidio, pues eso que permaneció en la tierra no era una vida humana.
4 Débora Margarita Marchán, op. cit.
5 Judith de Jorge, “La guerra de los yanomami: lucha conmigo y me caso con tu hermana”, El País, 28-10-2014, https://www.abc.es/ciencia/20141028/abci-guerra-yanomami-lucha-conmigo-201410281215.html
6 Jesús María Aparicio y Charles David Tilley, EL ENDOCANIBALISMO EN LOS RITUALES FUNERARIOS DEL PUEBLO YANOMAMO, http://www5.uva.es/trim/TRIM/TRIM8_files/TRIM8_4.pdf
7 Joanna Overing, “Images of cannibalism, death and domination in a «non violent» society”, Journal de la société des américanistes Année 1986, p. 151, in https://www.persee.fr/doc/jsa_0037-9174_1986_num_72_1_1001,
8 En realidad son sólo 53 años.
9 David Kopenawa es conocido como el “dalai lama de la selva” y acttúa como portavoz internacional de los yanomami. En sus muy mediatizados desplazamientos por las capitales occidentales se dice aconsejado por los “xapiri” (los espíritus de la selva amazónica).
10 https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/06/08/bal.html
11 “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Documento preparatorio del Sínodo de los Obispos para la Asamblea Especial sobre la Región Panamazónica”, n° 13, http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/06/08/panam.html
12 Ibid, n° 6.
13 Ibid, n° 13.