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martes, 3 de noviembre de 2020

SAN MALAQUÍAS DE ARMAGH, ARZOBISPO, CONFESOR Y PROFETA

San Malaquías de Armagh
       
En el siglo IX empezó Irlanda a experimentar los efectos de las invasiones que habían asolado a otros países. En efecto, los bárbaros conocidos con el nombre genérico de orientales, hicieron incursiones en las regiones costeras, y los daneses establecieron colonias permanentes en Dublín y otras ciudades. Por dondequiera que iban cometían asesinatos, demolían monasterios y quemaban bibliotecas. Todo ello debilitó mucho al poder civil; los reyezuelos locales, que luchaban contra el enemigo de fuera y se destruían entre sí, perdieron mucha autoridad. El trato prolongado e inevitable entre los nativos y los opresores de la religión y de la ley trajo consigo una relajación gradual de la fe y las costumbres. Así pues, aunque Irlanda no llegó nunca a caer en el grado de iniquidad que suponían ciertos ingleses y algunos hombres de iglesia extranjeros (incluso San Bernardo), se hallaba sin embargo en un estado lamentable cuando estalló la guerra civil, tras la derrota definitiva de los daneses, en Clonfart (1014).
    
Precisamente en esa época de confusión, del año 1095, nació Malaquías O’More. El niño se educó en Armagh, donde su padre era maestro de escuela. Malaquías era un niño juicioso y piadoso. Después de la muerte de sus padres, se fue a vivir con un ermitaño llamado Eimar. San Celso, arzobispo de Armagh, juzgándole digno del sacerdocio, le ordenó a los veinticinco años. El arzobispo le encargó que predicase la palabra de Dios al pueblo y extirpase las malas costumbres que abundaban en su diócesis. San Bernardo, en su biografía de San Malaquías, dice que éste «quemó las ramas y la hojarasca inútil y aplicó el hacha a los árboles de raíz podrida». En una palabra, el santo se entregó a su tarea con gran celo. Sin embargo, temía no conocer suficientemente los cánones eclesiásticos para reformar a fondo la disciplina y el culto, por lo que acudió a San Malco, obispo de Lismore, quien se había educado en Winchester, en Inglaterra, y era famoso por su ciencia y su virtud. San Malco le acogió muy bien, le instruyó en todo lo referente al servicio divino y al bien de las almas y al mismo tiempo, le empleó en los ministerios de su iglesia.
       
Un tío de San Malaquías, que a pesar de ser lego era abad de San Comgall, se había apoderado de las rentas de la gran abadía de Bangor, la cual se hallaba en un estado lamentable. En 1123, el abad renunció a su dominio sobre Bangor, en favor de su sobrino, para que éste restableciese la observancia regular en la abadía. San Malaquías cedió a otra persona las tierras de la abadía, a pesar de las protestas. San Bernardo le alaba por eso, pero hace notar que "llevó demasiado lejos su desinterés y su espíritu de pobreza, como lo demostraron después los hechos". Con diez miembros de la comunidad de Eimar, San Malaquías construyó la abadía, empleando madera, como se acostumbraba en Irlanda. La gobernó durante un año. «Era una regla viviente, un espejo brillante, un libro en el que todos podían aprender los preceptos de la verdadera vida religiosa». La fama del santo aumentó con los milagros que obró. San Bernardo refiere algunos. A los treinta años de edad, San Malaquías fue elegido obispo de Connor. Los cristianos de su diócesis apenas lo eran más que de nombre, pues los daneses habían dominado ahí largo tiempo. El santo hizo cuanto pudo por convertir en corderos a aquellos lobos. Él y sus monjes predicaron con energía apostólica, uniendo la severidad a la dulzura. Cuando las gentes no acudían a la iglesia a oírle predicar, San Malaquías iba a buscarles en sus casas. Así consiguió sembrar la bondad y piedad en algunos de los más duros, restableció el uso frecuente de los sacramentos, pobló la diócesis de pastores celosos y volvió a instituir la celebración regular de las horas canónicas, pues desde las invasiones de los daneses habían caído en desuso aun en las ciudades. En esa tarea le sirvieron los conocimientos de música sacra que había adquirido en su juventud. Pero en 1127, un reyezuelo del norte devastó Andrim y Down y expulsó a la comunidad de Bangor, donde vivía San Malaquías. El santo se retiró entonces con algunos de sus monjes a Lismore y después a Iveragh, en Kerry, donde organizó nuevamente la vida monástica.
       
En 1129, murió San Celso de Armagh. La sede metropolitana había estado en manos de su familia durante varias generaciones. Para romper esa nociva costumbre San Celso ordenó en su lecho de muerte que su sucesor fuese Malaquías, a quien envió su báculo pastoral. Sin embargo, los parientes de San Celso instalaron en la sede a su primo Murtagh y, durante tres años, San Malaquías no intentó apoderarse de la diócesis. Finalmente, se dejó convencer por el legado pontificio Gilberto de Limerick, por San Malco y algunos otros y, protestando que renunciaría al gobierno de la sede en cuanto hubiese restituido el orden, se trasladó de Iveragh a Armagh. Hizo cuanto pudo por tomar en sus manos el gobierno de su diócesis; sin embargo, para evitar los desórdenes y el derramamiento de sangre, no intentó entrar en la cabecera de la diócesis ni apoderarse de la catedral. Murtagh murió en 1134, no sin haber nombrado por sucesor a Niall, hermano de San Celso. Ambos bandos estaban armados, y San Malaquías determinó hacerse entronizar en su catedral. Los partidarios de Niall se presentaron de improviso en una reunión de los partidarios de San Malaquías, pero fueron dispersados por una tempestad tan violenta, que doce hombres murieron calcinados por el rayo. San Malaquías consiguió tomar posesión de su diócesis. Sin embargo, la paz no reinaba en ella, pues Niall se había llevado de Armagh dos reliquias muy veneradas, y el pueblo consideraba como legítimo arzobispo a quien las tenía en su poder. Consistían en un libro (probablemente el «Libro de Armagh») y una cruz pastoral llamada «el báculo de Jesús»: el pueblo creía que ambas habían pertenecido a San Patricio. Esto explica por qué muchos eran partidarios de Niall y perseguían violentamente a Malaquías. Uno de ellos invitó al santo a una conferencia para asesinarle. San Malaquías, contra el parecer de sus amigos, acudió a la reunión, dispuesto a sufrir el martirio por la paz; pero su valor y tranquila dignidad desarmaron a sus enemigos, y se firmó la paz. Sin embargo, San Malaquías tuvo que conservar su guardia de corps hasta que recuperó el báculo y el libro y fue reconocido como arzobispo por todo el pueblo. Habiendo roto así la tradición de la sucesión hereditaria y restablecido la disciplina y la paz en la sede, insistió en renunciar a la dignidad archiepiscopal y consagró por sucesor suyo a Gelasio, abad de Derry. En 1137 regresó a su antigua sede.
    
San Malaquías dividió su diócesis, consagró a un nuevo obispo para Connor y se reservó para sí la región de Down. Ya sea en Downpatrick, o más probablemente en las ruinas del monasterio de Bangor, estableció una comunidad de canónigos regulares, con quienes vivía siempre que se lo permitían sus actividades pastorales. Dos años después, emprendió un viaje a Roma para informar a la Santa Sede de todo lo que había hecho. Entre otras cosas quería conseguir el palio para los arzobispos de Armagh y de otra sede metropolitana que San Celso había establecido en Cashel. San Malaquías desembarcó en Inglaterra y se trasladó a York, donde conoció a Waltheof de Kirkham, quien le regaló un caballo. Después pasó a Francia, atravesó la Borgoña y llegó a la abadía de Claraval. Ahí conoció a San Bernardo, quien se convirtió en fiel amigo, fue admirador suyo y, más tarde, escribió su biografía. Malaquías quedó tan edificado por el espíritu de los cistercienses, que concibió el deseo de compartir su vida de penitencia y contemplación y acabar ahí sus días. En Ivrea del Piamonte restituyó la salud al hijo de su huésped, que estaba al borde de la muerte. El Papa Inocencio II se negó a aceptar la renuncia del santo, aprobó cuanto había hecho en Irlanda, le nombró legado suyo en ese país y prometió que concedería los palios, si se lo pedían oficialmente. En el viaje de regreso, San Malaquías volvió a pasar por Claraval, donde, como dice San Bernardo, «nos bendijo por segunda vez». Como no podía quedarse con aquellos siervos de Dios, San Malaquías dejó ahí a cuatro de sus compañeros, quienes, en 1142, volvieron a Irlanda con el hábito del Cister e instituyeron la abadía de Mellifont, de la que se originaron muchas otras. San Malaquías volvió a su patria por Escocia, donde el rey David le rogó que curase a su hijo, quien estaba muy enfermo. El santo dijo al príncipe: «Ten buen ánimo. No morirás de esta enfermedad». En seguida le roció con agua bendita. Al día siguiente, Enrique estaba completamente curado.
   
En 1148, los obispos y el clero reunidos en un sínodo en Inishpatrick, cerca de Skerries, resolvieron pedir oficialmente a Roma el palio para los dos metropolitanos. San Malaquías fue comisionado para entrevistarse con el Papa Eugenio III, quien se hallaba entonces en Francia. Pero la suspicacia política del rey Esteban retrasó al santo en Inglaterra y, cuando él llegó a Francia, el Papa ya había partido para Roma. Así pues, San Malaquías pudo ir a Claraval, donde San Bernardo y sus monjes le acogieron gozosamente. Después de la celebración de la misa de la fiesta de San Lucas, San Malaquías se sintió enfermo y hubo de guardar cama. Los monjes le atendieron solícitamente, pero el santo les dijo que todo era inútil, pues iba a morir de aquélla enfermedad. Además, insistió en bajar a la iglesia a recibir los últimos sacramentos, y rogó a los monjes que siguiesen orando por él después de su muerte. También les encomendó que pidiesen por las almas de todos sus feligreses y él prometió, por su parte, no olvidarlos ante Dios. San Malaquías murió el día de difuntos de 1148, en brazos de San Bernardo, y fue sepultado en Claraval. En su segundo sermón sobre San Malaquías, San Bernardo decía a sus monjes: «Quiera él proteger con sus méritos a aquellos a quienes instruyó con su ejemplo y confirmó con sus milagros». Además, San Benardo tuvo la audacia de cantar, en la misa de cuerpo presente, la postcomunión de la misa de un obispo confesor. El Papa Clemente III confirmó, en 1190, aquella «canonización de un santo por otro santo». San Malaquías fue el primer irlandés canonizado por un Papa. Los cistercienses, los canónigos regulares y todas las diócesis de Irlanda celebran su fiesta. San Malaquías hizo por la unificación de la Iglesia en Irlanda lo que San Teodoro había hecho 500 años antes, por la de Inglaterra.
    
Nuestro artículo sobre San Malaquías quedaría incompleto, si no hiciésemos mención de las Profecías sobre los Papas, que se le atribuyen. Consisten en la atribución de ciertos rasgos y características a los Papas, desde Celestino II (1143-1144) hasta el Fin de los Tiempos, cuando reine «Pedro el Romano». Las profecías están formuladas como lemas o títulos simbólicos. El que las reveló al mundo fue Dom Arnoldo de Wyon, O.S.B., en 1595. El benedictino las atribuyó a San Malaquías, pero sin explicar por cuáles razones y sin decir siquiera dónde las había encontrado. En 1871, el P. François Cucherat escribió un libro llamado La prophétie de la succession des papes depuis le XIIe siècle jusqu’a la fin du monde: Son auteur, son authenticité et son explication, el que concluía que las profecías habían sido reveladas en Roma a San Malaquías, el cual las comunicó por escrito a Inocencio II. Las profecías habían quedado olvidadas en los archivos pontificios durante 450 años, hasta que las descubrió Dom de Wyon.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que agradablemente asociasteis a vuestro bienaventurado pontífice San Malaquías con el santísimo Padre San Bernardo con verdadero vínculo de caridad, concedednos propicio a cuantos invocamos su intercesión, evitar cualquier consentimiento a las ocasiones de pecado, y que prefiramos siempre la sagrada amistad con la celestial milicia. Por J. C. N. S. Amén.

domingo, 7 de septiembre de 2014

LA PROFECÍA DE LOS PAPAS, DE SAN MALAQUÍAS

Desde MILES CHRISTI
  
"IN TEMPORA LONGA ISTE PROPHETAT" (Ezequiel 12, 27)

Artículo derivado del vídeo La Profecía de San Malaquías de los Papas y Antipapas, producido por los Hermanos Miguel y Pedro Dimond, OSB; ampliado por el editor.
  
La Profecía de los Papas fue escrita por San Malaquías, Arzobispo de Armagh (Irlanda), hacia 1140, cuando estuvo en Roma visitando al Papa Inocencio II. San Malaquías de Armagh fue discípulo y amigo de San Bernardo de Claraval, ante el cual murió. Refiere el Martirologio Romano que San Malaquías de Armagh fue bendecido por Dios y recibió el don de profecía, anunciando entre otras cosas, quiénes serían los futuros reclamantes al papado, describiéndolos a cada uno con un lema corto (que refleja bien sea el nombre seglar, religioso o papal, la ciudad y el linaje natal o la diócesis en la que ejercieron, el escudo de armas, o algún hecho de su vida); sin especificar si serían ellos verdaderos Papas o unos antipapas, si guardarían el Dogma de la Fe o no. Estas profecías fueron guardadas en los Archivos Secretos del Vaticano por cuatrocientos años, hasta que fueron publicadas en el libro "Lignum Vitae" en 1595 por el benedictino Arnoldo Wion y asistido por el dominico Alfonso Chacón, que confirmó la autenticidad del documento.
   
San Malaquías de Armagh, Arzobispo, confesor y profeta
  
Portada del Lignum Vitae, que contiene la Profecía de los Papas
 
La Profecía de los Papas de San Malaquías contiene 112 lemas que describen a los Papas y antipapas desde 1140 hasta el Juicio Final. Por razones de brevedad, sólo explicaremos los lemas de los doce últimos reclamantes al Papado:
101. "Crux de cruce" (Cruz de cruz). Pío IX (1846-1878):
   
Pío IX
  
Su pontificado fue el más extenso entre todos los papas y antipapas de que habló San Malaquías (porque el de San Pedro fue el más extenso de todos los Papas -desde el año 33 hasta el 67-). Proclamó el dogma de la Infalibilidad papal cuando habla ex-cathedra, y reforzó el Primado papal sobre todos los obispos. Pero el lema también significa "La Cruz crucificada", refiriéndose a que sufrió ataques y persecución por la masonería y fue despojado del Estado Pontificio en 1870 por Victor Manuel II de Saboya (cuyas armas llevan una cruz de plata; y era pretendiente del Reino de Jerusalén).
   
102: "Lumen in caelo" (Luz en el cielo). León XIII (1878-1903):
   
León XIII
  
Su escudo de armas tiene un cometa, una luz en el cielo. También se le reconoce así a León XIII porque sus encíclicas, constituciones y demás documentos fueron una luz para los Católicos en medio de las tinieblas modernistas.
    
103: "Ignis ardens" (Fuego Ardiente). San Pío X (1903-1914):
   
San Pío X
   
San Pío X fue electo papa el 4 de agosto de 1903, día de Santo Domingo de Guzmán (quien es representado con una antorcha encendida), y al igual que él, ardía en celo por la Gloria de Dios y el bien de la Iglesia, por lo cual combatió las herejías. Además, presenció durante su reinado varias guerras (la guerra Ruso-Japonesa, las Guerras de los Balcanes y la conquista italiana de Libia), y profetizó la Primera Guerra Mundial.
     
104: "Religio depopulata" (Religión devastada). Benedicto XV (1914-1922):
   
Benedicto XV
    
Benedicto XV presenció la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y el comienzo de las persecuciones contra la Iglesia Católica a manos del comunismo ateo.
   
105: “Fides intrépida” (Fe intrépida). Pío XI (1922 –1939):
   
Pío XI
   
Impulsó las misiones y apoyó el apostolado seglar (bajo su pontificado se fundaron la Legión de María y la Acción Católica). En su tiempo se dio el Alzamiento Cristero en México y la Cruzada Española para contrarrestar la persecución movida por la judeomasonería comunista internacional.
   
106: “Pastor angélicus” (Pastor angélico). Pío XII (1939-1958):
   
Pío XII
  
Reconocido como un gran intelectual y por su gran espiritualidad y sincera piedad. Guió a los fieles entre dos fuegos (el nazismo y el comunismo); y fue gran devoto de María Santísima, a quien consagró el mundo en 1942, y a Rusia diez años después, siguiendo el mandato que Ella dio a los pastorcitos de Fátima (Lucía, Francisco y Jacinta).
   
107: “Pastor et nauta” (Pastor y navegante). Juan XXIII bis (1958-1963):
   
Juan XXIII bis (ya hubo antes un antipapa Juan XXIII, Baltasar Cossa, a quien le correspondió el lema “Cervus sirenae” porque nació en Nápoles -llamada Partenope en honor a una sirena-, y fue cardenal-diácono de San Eustaquio -que es representado junto a un ciervo-)
   
Antes de su elección como papa, Angelo Roncalli (Juan XXIII) fue Patriarca de Venecia, ciudad de navegantes. Resalta que una de sus estolas favoritas tenía la imagen de un barco. Juan XXIII condujo a la Iglesia hacia la tormenta mayor (la apostasía generada por el conciliábulo Vaticano, que él mismo convocó en 1962).
   
108: “Flos florum” (Flor de las flores). Pablo VI (1963-1978):
  
Pablo VI
   
Su escudo contiene la flor de lis (la flor de las flores); y hubo en su tiempo muchas supuestas apariciones de la Virgen María, unas canónicas y otras pro-apostasía (hecho irónico, dado el profundo carácter anti-mariano de Montini, de quien se cuenta que siendo arzobispo de Milán, JAMÁS REZÓ UN AVEMARÍA; y que en Fátima, HABLÓ DE LA "PAZ" MUNDANA Y NO DE LA CONVERSIÓN).
   
109: “De medietate lunae” (De la media luna). Juan Pablo I (1978):
   
Juan Pablo I
   
Su nombre seglar era Albino Luciani (del italiano, luz blanca). Nació en la diócesis de Belluno (del latín ‘bella luna’). Su nacimiento, ordenación sacerdotal, consagración episcopal y elección como "papa" coincidieron con la media luna. Fue elegido el 26 de agosto del 1978 y fue asesinado un mes después, el 28 de septiembre de 1978.
   
110: “De labore solis” (Del trabajo del sol). Juan Pablo II (1978-2005):
   
Juan Pablo II
 
Es el que más ha viajado entre todos los reclamantes al pontificado (recorrió la Tierra 29 veces en todos sus viajes). El día de su nacimiento y el de su funeral hubo un eclipse solar (de ahí que también se le conoce como "Eclipse de sol", que sería el sentido correcto de este lema). El "Eclipse de sol" refiere en el orden espiritual al hecho de que Wojtyla con sus herejías eclipsó la Fe católica en millones de personas. De él (Wojtyla) habló María Santísima en La Salette "Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del anticristo... La Iglesia se oscurecerá". La oscuridad espiritual invadió al mundo durante Juan Pablo II, pues con sus palabras y obras eclipsó y redujo la Iglesia a un puñado (el Remanente).
  
111: “Gloria olivae” (La gloria del olivo). Benedicto XVI (2005-2013):
    
Benedicto XVI
   
Nació y fue bautizado el Sábado de Gloria (16 de Abril) de 1927. Por su parte, el olivo es uno de los símbolos del Israel carnal, del judaísmo talmúdico, de la Sinagoga de satanás (términos igualmente válidos y se refieren a lo mismo) y recuerda la traición (Judas entregó a Jesús en el Huerto de Getsemaní -La prensa de las olivas-); delatando el origen judío de Benedicto XVI (Joseph Alois Ratzinger Tauber), su traición a la Iglesia y el ensalzamiento del judaísmo durante su mandato.
   
Ahora, sobre el reclamante 112, escribe San Malaquías:
  
In persecutione extrema S. R. E. sedebit Petrus Romanus, qui pascet oves in multis tribulationibus: quibus transactis civitas septicollis diruetur, et Judex tremendus iudicabit populum suum. Finis”. (En la persecución extrema de la Santa Romana Iglesia -o del reinado de satanás sobre la Iglesia, según varios estudiosos-, reinará Pedro el Romano, quien pacerá a su rebaño entre muchas tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas [Roma] será destruida y el Juez Terrible juzgará al pueblo suyo. Fin). 
   
112. “Petrus Romanus” (Pedro el Romano). Francisco I (2013-...):
   
Francisco I
   
¿Por qué consideramos que Francisco I es Pedro el Romano? Primero, porque estos son tiempos de persecución contra la Iglesia Católica tradicional, ya que el diablo reina en el Vaticano a cuasa de la Apostasía del CV2. Segundo, y especialmente, porque Jorge Mario Bergoglio adoptó el nombre de Francisco I en "honor" a San Francisco de Asís (cuyo nombre seglar era Pedro Francisco Bernadone; y es co-patrono de Italia), con el título de "Obispo de Roma", renunciando a los demás títulos papales (Vicario de Cristo, Sucesor del Príncipe de los Apóstoles, Siervo de los Siervos de Dios, Patriarca de Occidente...). Añádase a esto que Bergoglio habla perfectamente el Italiano, la lengua de los romanos modernos, y NO EL LATÍN, EL IDIOMA DE LA IGLESIA CATÓLICA, con lo que denota su intención de ser sólo una autoridad local. Nótese que Bergoglio muestra mucho interés por los pobres y en el bienestar material de las gentes (llegando a vender los tesoros, si pudiera), aunque dándoles veneno espiritual (doctrinas heréticas) en el proceso. Durante el Castigo final (que será antes de la Parusía), la Roma neopagana y anticristo, la Gran Ramera Apocalíptica, será destruida en castigo a sus idolatrías y sacrilegios.
  
ADVERTENCIA
  
A cuantos creen en estas profecías y no en la Iglesia Católica, recordar que San Malaquías de Armagh ERA CATÓLICO y reconocía que la Iglesia Católica es "Santa" (cosa que no sería si la Iglesia Católica fuese falsa), y Dios JAMÁS SE REVELA A HEREJES O CISMÁTICOS LLAMÁNDOLOS SANTOS. Reconozcan que la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica (fuera de la cual NO HAY absolutamente ninguna salvación para nadie) es la única y verdadera Iglesia que Cristo fundó, y por tanto, que los herejes, cismáticos, y la que iglesia deuterovaticana que hoy lidera Bergoglio NO ES LA VERDADERA IGLESIA CATÓLICA.