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sábado, 4 de julio de 2026

EL GENOCIDIO Y EL MEMORICIDIO DE LA VANDEA

Tomado de INFOVATICANA.

  

El historiador francés Reynald Secher, uno de los principales especialistas en las guerras de la Vandea, sostiene que el exterminio llevado a cabo por el régimen jacobino contra la población católica de esta región durante la Revolución Francesa constituye «el primer genocidio moderno» y el antecedente de los grandes totalitarismos de los siglos XIX y XX.

En una entrevista concedida al diario italiano Il Sussidiario, Secher defiende que la represión desencadenada entre 1793 y 1794 no puede interpretarse como una simple guerra civil, sino como un plan deliberado del Estado revolucionario para eliminar a una parte de su propia población por razones ideológicas.

«La libertad o la muerte».
Autor de varios estudios sobre la Vandea, Secher explica que sus investigaciones comenzaron a raíz de Le genocide franco-français: la Vendeé-Vengé (El genocidio franco-francés: La Vandea Vengada), el trabajo desarrollado junto al historiador Jean Meyer, y de la recopilación de documentos oficiales, testimonios y archivos que, a su juicio, revelan la existencia de una cadena de mando perfectamente estructurada desde el Comité de Salvación Pública hasta las tropas encargadas de ejecutar las órdenes sobre el terreno.

Según el historiador, las autoridades revolucionarias consideraban a los habitantes de la Vandea un grupo «irrecuperable» por su fidelidad a la fe católica y a la monarquía, lo que llevó a adoptar una política de exterminio.

«Por primera vez en la historia un Estado soberano intentó conscientemente exterminar a una parte de su propio pueblo, no por lo que había hecho, sino por lo que representaba», afirma Secher.

El historiador considera que la definición de genocidio elaborada por el jurista Raphaël Lemkin —quien acuñó el término tras la Segunda Guerra Mundial— permite comprender jurídicamente lo sucedido en la Vandea.

La Constitución Civil del Clero y el origen de la insurrección
Aunque la leva obligatoria decretada por la Convención Nacional en 1793 suele señalarse como el detonante inmediato de la rebelión, el conflicto tenía raíces más profundas. Desde los primeros años de la Revolución, buena parte de la población de la Vandea había rechazado la Constitución Civil del Clero, aprobada en 1790, que subordinaba la Iglesia al nuevo Estado revolucionario.

La norma obligaba a obispos y sacerdotes a prestar juramento de fidelidad al régimen. Quienes aceptaron ese compromiso fueron conocidos como «sacerdotes juramentados», mientras que quienes permanecieron fieles al Papa fueron apartados de sus parroquias, perseguidos, deportados o ejecutados. En la Vandea, la población continuó respaldando mayoritariamente a estos sacerdotes «refractarios», convirtiendo la defensa de la fe y de la libertad religiosa en uno de los principales motores del levantamiento.

La persecución de la Iglesia, en el centro del conflicto
Para Secher, la dimensión religiosa resulta inseparable de la insurrección vandeana. Aunque recuerda que en otras regiones de Francia existieron levantamientos motivados también por razones políticas o territoriales, sostiene que en la Vandea la defensa de la fe católica y de la libertad religiosa constituyó el núcleo de la resistencia frente al poder revolucionario.

La implantación de la leva obligatoria fue el detonante inmediato de la rebelión, pero el historiador considera que la oposición a la persecución contra la Iglesia y el rechazo de las políticas anticristianas impulsadas por los jacobinos fueron elementos decisivos para explicar la movilización popular.

«Aquí están las raíces de los totalitarismos».
Secher sostiene que el proyecto revolucionario contenía desde sus orígenes una lógica totalitaria.

«Quien pretende crear un hombre nuevo no puede tolerar ninguna forma de desacuerdo con la ideología oficial», afirma, antes de asegurar que el lema revolucionario «la libertad o la muerte» sintetiza esa concepción política.

A su juicio, la voluntad de eliminar a quienes rechazaban el nuevo orden revolucionario convirtió a la Vandea en un precedente histórico de los regímenes totalitarios posteriores.

Un debate aún abierto en Francia
Más de dos siglos después de aquellos acontecimientos, el historiador considera que la Revolución Francesa continúa siendo un tema especialmente sensible en la vida pública francesa.

Aunque reconoce que en las últimas décadas varios investigadores han contribuido a revisar la interpretación tradicional de la guerra de la Vandea, lamenta que los manuales escolares y buena parte de los medios de comunicación sigan presentando aquellos hechos desde una perspectiva que, en su opinión, minimiza la persecución sufrida por la población vandeana.

Secher sostiene además que la fractura cultural surgida durante la Revolución no ha desaparecido por completo y que todavía persiste una confrontación entre quienes reivindican el legado revolucionario y quienes defienden las raíces cristianas de Francia.

viernes, 3 de julio de 2026

CUANDO “TUCHO” CRITICABA LAS EXCOMUNIONES QUE HOY FULMINA


En su homilía en la catedral de la Inmaculada Concepción de La Plata (Argentina) el domingo 5 de Marzo de 2023 (ese año, 2.º Domingo de Cuaresma), un entonces arzobispón Víctor Manuel “Tucho” Fernández Martinelli que ni en sus sueños más guajiros se veía de cardenal o prefecto de Doctrina de la Fe dijo estas palabras comentando el relato de la Transfiguración en San Mateo XVII, 1-9 (ver desde el minuto 25:22; negrillas y tachados fuera del texto):
«Ustedes saben que, durante muchos siglos, la Iglesia fue en otra dirección. Sin darse cuenta fue desarrollando toda una filosofía y una moral llena de clasificaciones, para clasificar a la gente, para ponerle rótulos. “Esto es… Este es así, este es asá. Este puede comulgar, este no puede comulgar. A este se lo puede perdonar, a este no…”. Terrible que nos haya pasado eso en la Iglesia, ¿eh? Gracias a Dios, el Papa Francisco nos ayuda a liberarnos de esos esquemas.
  
No queremos ser maestros para juzgar a los otros, porque Jesús en el Evangelio nos dio un consejito (sic) muy práctico [carraspeo]. ¿Qué consejito te dio? “No juzgues a los otros, y vos no vas a ser juzgado. No condenes a los otros, vos no vas a ser condenado”. Qué negocio, ¿no? Así que hay que tener un cuidado bárbaro… Al final dice: “la misma medida que le uses vos para los demás, esa misma medida te la voy a aplicar Yo a vos”.
  
A la miércoles… Entonces, antes que ponerse a juzgar los defectos de los hermanos, las debilidades de los otros, hay que pensarlo un poquito, ¿no? Y eso lo dice Jesús en el Evangelio, no es un invento mío ni del Papa Francisco, ¿no?».
  
  
Recuérdese que “Tucho” había sido “víctima” del rigorismo vaticano porque tuvo que pasar diez y seis meses y seis días para posesionarse como rector de la Pontificia Universidad Católica de Argentina el 20 de Mayo de 2011 (Bergoglio lo había nombrado el 15 de Diciembre de 2009) después de responder las objeciones que la in illo témpore Congregación para la Doctrina de la Fe puso a su nombramiento a partir de quejas anónimas enviadas desde Argentina con respecto a la ortodoxia de algunos artículos de su autoría (¿Entre esos estaba su artículo sobre Romanos 9-11? «Es una muy buena pregunta, la verdad… y no sé qué contestarte», dijo AuronPlay).

Así era y decía entonces… Ahora, como cardenal y prefecto del hoy Dicasterio para la Doctrina de la Fe, “Tucho” declaró que la FSSPX «no puede comulgar» por causa de las consagraciones episcopales sin mandato de León XIV Riggitano-Prévost (aunque en la China comunista HACEN EXACTAMENTE LO MISMO, y ahí sí él 🤐), les «puso el rótulo» de cismáticos, y mandó tres pueblos después del cruce de La Quinta Porra con El Carajo el “consejito”/mantra de «No juzguéis, y no seréis juzgados. No condenéis, y no seréis condenados. Porque con la misma vara que mides serás medido» que siempre usan como arma arrojadiza contra los que señalan el error. Pero bueno, como dicen el historiador Lucio Mestrio Plutarco de Queronea (o Plutarco, para los amigos) sobre el dictador romano Sila en sus Vidas paralelas, «Honóres mutant mores, sed raro in melióres» (Honores mudan costumbres, pero rara vez a mejores), y Mari Sancha “Sanchica”, la hija de Sancho Panza, citando al Arcipreste de Hita: «Vióse el perro en bragas de cerro, y no conoció a su compañero». O el casticismo español: «El cura se olvidó que una vez fue sacristán» (aunque ni eso es él…), y el ídem colombiano: «La lengua es el azote del cuerpo» (para no decir otra cosa, por respeto a los lectores).

sábado, 6 de junio de 2026

PRÉVOST ELOGIA INEXISTENTE “DIÁLOGO CULTURAL Y RELIGIOSO” EN LA ESPAÑA MUSULMANA


En su discurso ante la sedicente “Casa Real Española”, autoridades civiles y el cuerpo diplomático en el Palacio Real de Oriente de España, León XIV Riggitano-Prévost retrató la opresiva ocupación islámica de España (711-1492) como lugar de confrontación, pero también de diálogo y encuentro entre religiones:
«La presencia del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos. En la escuela de traductores de Alfonso X “el Sabio”, expertos pertenecientes a las tres religiones colaboraron en la traducción del rico patrimonio árabe, griego y hebreo, contribuyendo a la difusión de textos como, entre otros, los de los filósofos Averroes (1126-1198) y Maimónides (1138-1204). En particular, ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes. Pero esta es la verdad que cuentan las ciudades europeas, su estratificación histórica, el tejido de solidaridad que a lo largo de los siglos ha conformado sus diferencias, transformando los inevitables conflictos en puntos de partida».

En realidad, al-Ándalus era una “edad oscura” comparable a la del Dáesh en sus territorios ocupados. A más de la consabida persecución a los cristianos y judíos (que habían colaborado con la invasión del 711), ), ciudadanos de segunda categoría que eran y son bajo la Umma (Nación islámica), hay que recordar que bajo la influencia de los faquha (jurisconsultos islámicos), el duque Almanzor al servicio del califa Hishán II incendió la biblioteca califal de Granada en el año 1009 por contener literatura visigoda y obras de filosofía “no ortodoxas” para el islam fundamentalista, y bajo la dominación almohade (1147-1269), Averroes fue encarcelado y desterrado mientras sus obras fueron destruidas (¿por qué entonces solo sobreviven las traducciones hebrea y latina, y no así los originales en árabe?) y Maimónides fue obligado a partir al exilio. Y en cuanto a la Escuela de Toledo de Alfonso X, las matemáticas y la historia son exactas: Toledo había sido reconquistada para la fe cristiana por Alfonso VI “El Bravo” de León y Castilla en 1085, del cual “El Sabio” era descendiente de octava generación. Además, España nació de luchas, y sobrevivió por las luchas: la guerra íbero-romana, la invasión de los visigodos, la Reconquista, la Guerra de Sucesión, la Guerra del Francés, las Carlistadas y la Guerra civil, por lo que la imagen de la dominación islámica de España como una “edad dorada” de la cultura y la tolerancia avant la lettre es en realidad pura y dura propaganda creada por la Inglaterra protestante y masónica contra la España católica. ¿Y Riggitano-Prévost? ¡SUSPENDIÓ HISTORIA, SACÓ “F” (Fail)!

viernes, 29 de mayo de 2026

DE LA “TEOLOGÍA DEL CUERPO” O EL NUEVO ROPAJE DE LA FENOMENOLOGÍA

Traducción de la sección ¿Cómo explicar estas creencias Católicas Tradicionales? de TRADITIO. Algunos datos fueron añadidos por el traductor.
   

Producto del Novus Ordo, la “Teología del Cuerpo” fue desarrollada por Juan Pablo II Wojtyła en 129 charlas de los miércoles pronunciadas entre el 5 de Septiembre de 1979 y el 28 de Noviembre de 1984 (desarrolladas a partir de su serie de conferencias de 1958 y 1959 “Amor y Responsabilidad” en la Universidad de Lublín compiladas en el volumen homónimo al año siguiente, influenciadas en el personalismo del teólogo laico Dietrich von Hildebrand Schäuffelen y dom Herbert Doms Klapper OSB, y que influirán en su encíclica “Familiáris consórtio” y el catecismo wojtila-schomborniano de 1992). Queda claro desde el primer discurso que el enfoque teológico de diverge de la teología aprobada por la Iglesia Católica, esto es, el tomismo, cuyo fundamento es la teología del Doctor Común de la Iglesia Santo Tomás de Aquino e indirectamente, la teología del Gran Padre y Doctor San Agustín de Hipona. En lugar de estar arraigado en el realismo y objetividad del tomismo católico, la “Teología del Cuerpo” está enraizada en cambio en las falsas filosofías subjetivas del modernismo. La teología de la Iglesia es objetiva, deductiva y racional. La “Teología del Cuerpo” construye una contrateología que es subjetiva, inductiva y experimental.
        
Una visión objetiva de la realidad se refiere a algo que ES verdadero, independientemente del conocimiento individual que tenga el sujeto de si es verdadero o no. Por ejemplo, si un ciego está afuera, pero no puede ver los árboles, los árboles aún existen, independientemente de si el ciego los percibe o no. La realidad objetiva existe independiente de la percepción individual de cada uno. La visión subjetiva de la realidad afirma que solo lo que se percibe como real es realmente real. Ejemplo: Si una persona cree que cierto veneno curará su enfermedad, entonces ese veneno es saludable en su opinión, independientemente de si el veneno objetivamente lo matará o no. ¡Una filosofía peligrosa!
        
Se puede ver cómo la “Teología del Cuerpo” puede conducir a graves consecuencias en el ámbito de la moralidad. La visión subjetivista de la realidad es claramente capturada por la frase «¡Eso puede ser cierto para ti, pero no para mí!» En otras palabras, lo que es verdad depende de lo que yo creo o acepto o percibo. Según la teología católica, tal afirmación es una completa tontería. Por ejemplo, en la “Teología del Cuerpo”, si tu percepción es que Alá es Dios, entonces lo es es… para ti. Si tu percepción es que es moral divorciarse y volver a casarse, entonces es moral… para ti. Puedes ver cómo este pensamiento subjetivo ha llevado al infame “ecumenismo” del Concilio Vaticano II («todos adoramos al mismo dios»; «todos los dioses son iguales») y el relativismo moral.
        
La teología católica es deductiva y racional; es decir, utiliza la razón objetiva para determinar qué es verdadero y qué es falso. El subjetivismo modernista determina la verdad por inducción, es decir, experimentación y observación, determinando lo que la gente cree según su propia percepción y experiencia. El subjetivismo conduce así, en efecto, a la doctrina por votación, propia de los protestantes. Por ejemplo, no importa qué Cristo haya objetivamente dicho en las Escrituras contra el divorcio, dado que la percepción de si algunas personas creen que el divorcio y el nuevo matrimonio son morales, entonces son morales… para ellos. Y nadie puede decirles que está mal… para ellos.
        
La “Teología del Cuerpo” es el resultado del uso de un movimiento filosófico llamado “Fenomenología”, una rama del Modernismo, en el que Karol Wojtyła (más tarde JPII), recibió instrucción en Polonia. El fundador de la fenomenología fue un filósofo judío alemán llamado Edmund Husserl Selinger (1859-1938), quien, en la moda protestante, se enfocó en la experiencia subjetiva e individual de las personas. La fenomenología, a su vez, se basaba en la filosofía de Immanuel Kant (1724-1804), quien había enseñado que las normas morales son incognoscibles porque se fundan más allá de la experiencia humana inmediata. Por lo tanto, la moralidad no es objetivamente cognoscible, como lo es en la teología católica, y la moral está divorciada de la realidad. Por lo tanto, no se puede decir objetivamente que algo (asesinato, hurto, perjurio) es inmoral. Solo las convenciones de la sociedad (es decir, la ley civil) son vinculantes y pueden modificarse en cualquier momento.
        
En el siglo XIX, la Iglesia tomó nota por primera vez de la herejía del modernismo y lo definió el 26 de Septiembre de 1835, cuando el breve “Dum acerbíssimas” condenó el enfoque del sacerdote Georg Hermes, profesor en las universidades alemanas de Münster y Bonn, que estaba utilizando la filosofía moderna de Descartes, Kant y Hegel para reinterpretar los Artículos de fe. En el corazón del ethos modernista se encuentra la creencia de que la verdad puede contradecirse a sí misma. Como Dios es el autor de toda verdad, los modernistas creen que Dios puede contradecirse a sí mismo, que no se ha revelado nada que se puede definir de forma definitiva, que depende de los creyentes “reinterpretar” el significado de la “verdad” a medida que el tiempo y los acontecimientos se desarrollan.
        
En 1864, el Papa Pío IX condenó el modernismo en su encíclica “Quánta Cura” (1864), acompañada como apéndice del famoso Sýllabus de Errores. El Santo Oficio, bajo el pontificado del Papa San Pío X, publicó el famoso decreto “Lamentábili sane éxitu” (1907), en el que se condenaron 65 proposiciones extraídas de las obras de una lista de escritores modernistas, y él mismo publicó la encíclica “Pascéndi Domínici gregis” (1907), en el que expuso los errores del modernismo, descrito como «ómnium hæréseon colléctum» [la síntesis de todas las herejías].
        
La aceptación modernista de la visión hegeliana del mundo (que las ideas contienen en sí mismas las semillas de su propia contradicción inherente, creando así un conflicto que se resuelve en la evolución de una nueva idea, una síntesis, a partir de la primera idea y su antítesis) es la base de la obra de como el difunto Hans Urs von Baltasar, Henri de Lubac y su protegido, el padre Joseph Ratzinger. 
        
Por el contrario, la teología católica (tomismo) comienza con Dios. El Renacimiento comenzó a alejarse de la centralidad de Dios al centrarse en los seres humanos. El protestantismo acentuó el énfasis en los seres humanos individuales, y especialmente en el individuo con su insistencia en la interpretación privada de las Escrituras. La misma tendencia se puede observar en el desarrollo moderno del “cientificismo”, es decir, la veneración de la ciencia como un tipo de “dios” secular en lugar de simplemente una herramienta de la mente del hombre para comprender el universo. Muchas personas hoy en día se resisten a aceptar conclusiones basadas en principios. Más bien, dan más credibilidad a una “experiencia” personal y las conclusiones extraídas de esa experiencia, verbigracia, si su experiencia es que los musulmanes son buenas personas, entonces para ellas es moralmente aceptable creer que Alá es Dios. La “Teología del Cuerpo” resulta en un concepto del mundo que es subjetivo, irracional y experimental.
        
Como resultado de esta herejía, el pseudopapa Juan Pablo II Wojtyła  fue erosionando la moral sexual objetiva (“el cuerpo”) y sentó las bases para la aceptación del aborto, la anticoncepción, la sodomía, la pedofilia y otros males morales. Francisco Bergoglio siguió la “fenomenología” en su Documento de 2016 “Amóris Lætítia”, que ha sido ampliamente denunciada incluso por sus propios cardenales neoiglesianos como herético. No es casualidad que el “non sancto” Wojtyła se convirtiera en… El primer papa pedófilo, bajo cuyo mandato se cometieron decenas de miles de delitos sexuales contra niños y niñas, hombres y mujeres, cometidos y/o encubiertos por sus presbíteros y obispones.
        
Y esa es precisamente la bomba de relojería moral (al decir de George Shillow II Weigel Schmitz) que representa la predicación conciliar, la cual es, y seguirá siendo, la destrucción de todas las enseñanzas tradicionales sobre la moral católica. Esto solo demuestra que la Iglesia Novusordita es anticatólica. Tanto Juan Pablo II Wojtyła como Benedicto XVI Ratzinger promovieron esta tontería. El principal defensor de la “Teología del Cuerpo” en todo el mundo es Christopher West (un músico de rock y discípulo del arzobispón modernista Charles Joseph Chaput Demarais OFM Cap.); y sus mayores promotores en lengua española son los movimientos “Regnum Christi” (rama laical del macielismo), el Opus Dei y “Hakuna” (movimiento fundado por el presbítero ex-opusino José Pedro Manglano Castellary).

martes, 26 de mayo de 2026

LA CONDENA ECLESIÁSTICA CONTRA LA ESCLAVITUD (REFUTACIÓN HISTÓRICA Y MAGISTERIAL A UN PUNTO DE LA ENCLÍCLICA PREVOSTIANA “Magnífica Humánitas”).

Dado que en el primer ladrillo llamado “Magnífica Humánitas” su autor (o su firmante) León XIV Riggitano-Prévost mostró su adhesión a la tradición conciliar del meaculpabilismo al pedir perdón por un supuesto “silencio cómplice” de la Iglesia a la esclavitud (nros. 170-174), es oportuno recordar que desde la cuna, la Iglesia siempre se ha mostrado contraria a la esclavitud, institución que tuvo su origen no en la naturaleza humana, sino como uno de los males consecuencia del pecado original. La prueba está en la historia:
  
Desde su nacimiento, la Iglesia rechazó la acepción de personas propia del sistema esclavista del Imperio Romano: los mismos sacramentos se administraban a libres y esclavos, incluso las Órdenes Sagradas (ejemplo de ello es que tuvo dos Papas que habían sido esclavos manumitidos: San Pío I y San Calixto I); y en las catacumbas no habían señales que distinguiesen las tumbas o epitafios de esclavos o libres.
   
Cuando cesaron las persecuciones en el Imperio Romano, y la Iglesia empezó a organizar su doctrina y cánones mediante concilios locales y generales. En ellos, se abordó también el tema de la esclavitud, de la siguiente forma:
  • Concilio de Adge (Francia, 506): El canon 7.º ordenaba que los esclavos de la Iglesia (esto es, de las personas y entidades eclesiásticas, y así se debe entender en adelante) manumitidos mantuviesen su estado libre, y el canon 29 prescribía que se les diese también un dinero para iniciar una actividad económica autónoma.
  • Concilio V de Orléans (Francia, 549): El canon 7.º estatuye la irrevocabilidad de la manumisión de los esclavos de la Iglesia, y el canon 22 establecía que todo esclavo manumitido (no solo de la Iglesia) que escogiera vivir con su antiguo amo, podía ser asilado en la iglesia si buscaba refugiarse de cualquier castigo por su antiguo amo, y que aquel sería excomulgado si pretendía revertir la manumisión.
  • Un concilio francés del año 614 declaró que cualquier esclavo por deudas debía ser inmediatamente liberado apenas pague su deuda, y que los hijos de esclavos con libres tenidos durante su servidumbre debían ser libres también.
  • Concilio IV de Toledo (España, 633): Por lejos, el Concilio local con más cánones sobre la esclavitud: Se prohibió que los judíos tuvieran esclavos cristianos (c. 66); y se decretó que los esclavos de la Iglesia liberados y sus hijos debían permanecer libres (c. 70), que los libertos pueden ser candidatos a las Órdenes Sagradas (c. 73), y que los esclavos de la Iglesia que recibían Órdenes mayores adquirían así la libertad (c. 74).
  • San Gregorio III (reinó entre el 731 y el 741), en su carta “Magna nos hábuit gratulátio” a San Bonifacio, obispo de Maguncia, reprueba el uso de vender cristianos como esclavos a los paganos para ofrecerlos en sacrificio, y espera que se castigue tal proceder con la misma pena que al homicidio (equiparación que se repite en el canon 7.º del Concilio de Coblenza del 922).
  • Concilio de Worms (Alemania, 862): El canon 38 estableció que si un amo mata a su esclavo, debe ser excomulgado o hacer dos años de penitencia pública; y el canon 39 aumentó a cinco años si por celos la ama golpea a su esclava causándole la muerte (y hasta siete años si buscaba matarla deliberadamente).
  • El papa Juan VIII (reinó entre el 872 y el 882), en su carta “Unum est” (c. Septiembre del 873) a los príncipes de Cerdeña, los exhorta a liberar unos esclavos paganos comprados a los mercaderes griegos.
  • Concilio de Londres (1102): Su canon 27 señala literalmente: «Ninguno quiera entrar en el nefasto comercio, que era en uso aquí en Anglia, por el cual se solía vender hombres como si fuesen brutos animales», marcando así la primera condena absoluta y explícita a la esclavitud. 
  • El Concilio de Armagh (Irlanda, 1171) atribuyó la esclavitud en la que algunos anglos habían caído después de ser asaltados por piratas a la venganza divina, reprochando a los propios anglos la costumbre de vender a sus hijos como esclavos, y se estableció que todos los anglos que se encontraran como esclavos en Irlanda podrían recuperar su libertad.

Y con la “Era de los descubrimientos”, al reanudarse el comercio de esclavos, también se reanudaron las condenas a la esclavitud:
  • Papa Eugenio IV Condulmer (reinó entre 1431 y 1447): Sus bulas las bulas Regímini gregis (29 de Septiembre de 1434) y Creátor ómnium (17 de Diciembre de 1434) fueron los primeros documentos papales en abordar la esclavitud moderna, al condenar cualquier incursión a las recién descubiertas Islas Canarias y ordenando, bajo pena de excomunión, manumitir inmediatamente a todos los guanches cristianos y catecúmenos esclavizados durante el ataque portugués del infante Enrique “El Navegante” de Avis.
  • Papa Calixto III Borja (reinó entre 1455 y 1458): En Illud reputántes (1 de Octubre de 1456), condena el tráfico de esclavos cristianos orientales comprados al Imperio turco-otomano por los mercaderes occidentales (especialmente de Génova y Venecia), ordenando su libertad so pena de excomunión y otras penas como la prisión y privación de bienes.
  • Papa Pío II Piccolomini (reinó entre 1458 y 1462): En su bula Pastor bonus (7 de Octubre de 1462) al obispo Diego López de Illescas, elogia su labor en la manumisión de los esclavos convertidos en su diócesis de Rubicón (Isla Lanzarote), y fulmina la excomunión contra los traficantes de esclavos (mayormente portugueses) en Islas Canarias y en la recién descubierta Guinea.
  • Papa Alejandro III Borja (reinó entre 1492 y 1503): En su bula de donación Ineffábilis et Summi Patris (1 de Junio de 1497), reconoce el derecho del rey Manuel I “El afortunado” de Portugal de dominio sobre las poblaciones de los territorios descubiertos «solo si quieren reconocerte como su señor» (condición irrealizable en la práctica, pero que comparada con las bulas de donación previas de Nicolás V que reconocían la posibilidad de someter a “perpetua esclavitud” a los infieles –que se abordará más adelante en las objeciones–, marca un límite claro).
  • Papa Pablo III Farnesio (reinó entre 1534 y 1549): Sus bulas Pastorále offícium y Sublímis Deus (29 de Mayo y 2 de Junio de 1537 respectivamente) ratificaron que los indígenas en América y demás latitudes por descubrir en el futuro son verdaderos hombres y capaces de fe y salvación, y confirmó la prohibición del Rey-Emperador Carlos I de España que fuesen sometidos a esclavitud, que fue definida como “írrita y nula” aun sin sentencia de excomunión. 
  • Papa San Pío V (reinó entre 1566 y 1572): En Licet Ómnibus (25 de Diciembre de 1570) ordena a los cristianos que «olvidaron la caridad cristiana» (especialmente los venecianos) bajo pena de excomunión liberar y repatriar a los cristianos esclavizados obtenidos durante la guerra contra el Turco; y en Póstquam Nuper (21 de Diciembre fe 1571) ordena también que se custodie «con atención y diligencia» a los soldados turcos capturados (un antecedente de la protección a los prisioneros de guerra prescrita por el Derecho Internacional Humanitario).
  • Papa Gregorio XIV Sfrondati (reinó entre 1590 y 1591): En sintonía con un decreto del rey Felipe II de España, su bula Cum Sicúti (18 de Abril de 1591) ordena la libertad y resarcimiento de todos los nativos de las Filipinas capturados por los españoles “en guerra justa o injusta”, prohibiendo su recaptura o mantenerlos como siervos o esclavos.
  • Papa Urbano VIII Barberini (reinó entre 1623 y 1644): En su bula Commíssum Nobis (22 de Abril de 1639) ratificó el decreto del rey Felipe IV de España y III de Portugal prohibiendo la esclavitud de los indígenas del Paraguay, Brasil y Río de la Plata por parte de los colonos portugueses y brasileños. La bula, sin embargo, generó fuerte ira en Brasil: En Río de Janeiro, el colegio jesuita fue saqueado apenas se leyó; y en Santos, el vicario local de los jesuitas fue pisoteado por la turbamulta cuando intentó leerla.
  • Papa Benedicto XIV Lambertini (reinó entre 1740 y 1758): En su bula Imménsa Pastórum Príncipis (20 de Diciembre de 1741) a los obispos de Brasil y demás dominios portugueses, renueva las condenas de sus predecesores Pablo III y Urbano VIII a la esclavitud de los indígenas que vivían en las reducciones jesuitas.
  • Papa Gregorio XVI Cappellari (reinó entre 1831 y 1846): En In Suprémo Apostolátus fastígio (3 de Diciembre de 1839) ratifica las condenas a la esclavitud que habían emitido sus predecesores.
  • Papa León XIII Pecci: En sus encíclicas In Plúrimis (de 1888, a los obispos de Brasil Cathólicæ Ecclésiæ (León XIII, 20 de Noviembre de 1890, a los obispos en África) compendia la doctrina católica sostenida desde los Apóstoles y la solicitud de los distintos papas que lo antecedieron en combatir tan funesto mal como es la esclavitud, recordando que esta surgió como consecuencia del pecado original, no como algo querido por Dios ni como elemento connatural al ser humano.
  • Papa San Pío X (reinó entre 1903 y 1914): En su encíclica Lacrimábili Statu (7 de Junio de 1912), retoma la condena de Benedicto XIV contra la esclavitud y demás abusos padecidos por los indígenas.
  • En sendas instrucciones del Santo Oficio, los papas Inocencio XI (20 de Marzo de 1686), Pío VI (12 de Septiembre de 1776), y Pío IX (20 de Junio de 1866) ratificaron que es ilícito someter a esclavitud a quienes han sido raptados o conducidos a fuerza.
Mención especial merece el Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico, que incluye la esclavitud como delito en el libro V, parte 3, título décimocuarto, canon 2354, penándolo con pérdida de acción y estipendio eclesiástico (y en los clérigos, con censura, privación del oficio, beneficio y dignidad, y hasta deposición de los mismos):
§1. Láicus qui fúerit legítime damnátus ob delíctum homicídii, raptus impúberum alterútrius sexus, venditiónis hóminis in servitútem vel álium malum finem, usúræ, rapínæ, furti qualificáti vel non qualificáti in re valde notábili, incéndii vel malitiósæ ac valde notábilis rerum destructiónis, gravis mutilatiónis vel vulneratiónis vel violéntiæ, ipso jure exclúsus habeátur ab áctibus legítimis ecclesiásticis et a quólibet múnere, si quod in Ecclésia hábeat, firmo ónere reparándi damna [El laico que fuere legítimamente condenado por delito de homicidio, secuestro de impúberes de uno u otro sexo, venta de hombres a esclavitud o cualquier otro mal fin, usura, pillaje, hurto calificado o no calificado –de cosa muy notable–, incendio o destrucción maliciosa y muy importante de bienes, mutilaciones graves, lesiones o violencia, por el derecho sea excluido de tener cualquier acción eclesiástica legítima y de cualquier estipendio que tuviere en la Iglesia, además de la obligación de reparar el daño].
§2. Cléricus vero qui áliquod delíctum commisérit de quibus in par. 1, a tribunáli ecclesiástico puniátur, pro divérsa reátus gravitáte, pœniténtiis, censúris, privatióne offícii ac benefícii, dignitátis, et, si res ferat, étiam depositióne; reus vero homicídii culpábilis degradétur [El clérigo que cometa cualquiera de los delitos de que trata la parte 1, será castigado por el tribunal eclesiástico, según la gravedad del delito, con penitencia, censura, privación del oficio y beneficio o dignidad y, si el caso lo amerita, también con deposición; si fuere culpable de homicidio, será reo de degradación].
Alguno objetará diciendo: «Pero el Concilio III de Letrán de 1179 llamó en su canon 27 a que los príncipes priven de sus bienes a los herejes y los sometan a servidumbre», o «En las bulas de donación Dum Divérsas (16 de Junio de 1452) y Románus Póntifex (8 de Enero de 1454) de Nicolás V al rey Alfonso V de Portugal, se contempla que el rey podía someter a “perpetua esclavitud” a los sarracenos y paganos que se opusieran a su dominio». A estas objeciones se responde recordando los contextos de su tiempo, marcados por guerras externas y conflictos internos:
  • Cuando el III Concilio de Letrán, los herejes albigenses (también llamados cátaros o patarios) «cometían crueldad contra los cristianos, sin respeto por iglesias y monasterios, ni viudas y niñas, ni ancianos y niños, ni edad ni sexo alguno, sino que a la manera de los paganos devastaban y destruían todo», como se menciona en el referido canon. Y por ello, el Concilio exhortó a los príncipes a «someterlos a servidumbre» (ojo con la palabra, “servidumbre”, no “esclavitud”) como medida excepcional para el restablecimiento del orden y la paz en sus territorios (si no, entonces habrá que condenar TAMBIÉN que en algunos países se imponen penas de “servicio comunitario” o trabajos forzados en lugar o junto a la pena de prisión).
  • Y en cuanto a las bulas de donación mencionadas, recuérdese el escenario previo a la Era de los descubrimientos: era necesario buscar nuevas rutas de comercio a vista de la expansión musulmana que hacía sumamente difícil mantener las rutas existentes (y con la caída de Constantinopla, tal necesidad se hizo mayor).

O habrá quien objete mencionando a San Agustín en la Ciudad de Dios, libro XIX, cap. XV, y a Santo Tomás de Aquino en distintos lugares de la Suma Teológica (no se citarán los textos en aras de la brevedad). Aparte de la respuesta que los doctores de la Iglesia son fuente auxiliar de doctrina (y por tanto, no obligan sino en cuanto se sujeten a la Revelación y al Magisterio eclesiástico), hay que señalar que ambos sostienen que la esclavitud no es institución divina sino que nace como consecuencia del pecado, que esta es causada por la guerra (San Agustín prefería que se tomen prisioneros en vez de matarlos en la guerra) o por razones económicas y reafirman que los esclavos deben ser tratados moderadamente por sus señores (igual que ordenaba el Apóstol San Pablo en varias de sus cartas). Adicionalmente, San Agustín, en una carta a San Alipio obispo de Tagaste, recuerda que la Iglesia ha trabajado para el rescate de los cautivos y espera la intervención de las autoridades para frenar las incursiones de los bárbaros que hacían presa en los ciudadanos, fuesen cristianos o no.

En conclusión, Magnífica Humánitas es un documento plagado de contradicciones que se ubica en la continuidad del meaculpabilismo wojtiliano y del pensamiento servil mundano tucho-bergogliano, y que como todo cuanto procede del modernismo, no solo es enemigo de la Verdad revelada y transmitida por la Iglesia, sino también de la misma verdad histórica, a la cual pretenden sustituir con los esloganes de propaganda de la “corrección política”. Y desde luego: católicamente hablando, ES OTRO DOCUMENTO HERÉTICO y APÓSTATA DEL MONTÓN QUE NO VALE EL PAPEL NI LOS BYTES QUE LO SOPORTAN.
  
Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
26 de Mayo de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Martes infraoctava de Pentecostés. Fiesta de San Felipe Neri, Sacerdote y Confesor; de San Eleuterio, Papa; de San Lamberto de Vence, Obispo y Confesor; y de Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores, Virgen. Nacimiento de sor María Laura de Jesús Montoya Upegui, fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. Tránsito de San Agustín de Canterbury OSB, Obispo, Confesor y Apóstol de Inglaterra; y de San Beda el Venerable OSB, Confesor y Doctor de la Iglesia. Batalla de Avarayr; coronación de Alfonso VII de León y Castilla como Emperador de toda España; victoria española en las batallas de Haarlemmermeer (Países Bajos) y Honnecourt (Francia); fundación de la Villa de Nuestra Señora de los Ángeles (Chile).

jueves, 21 de mayo de 2026

EL ECLIPSE DEL SÍNODO ROMANO DE 1960 PRUEBA QUE EL CONCILIO VATICANO II FUE UN GOLPE

Tomado de ECCE CHRISTIANUS.
   
Medalla conmemorativa del Sínodo Diocesano de Roma (24-31 de Enero de 1960).
  
El Sínodo Romano de 1960 es una de las pruebas más claras de que el Vaticano II fue un golpe interno contra la misma dirección que había sido oficialmente preparada para la Iglesia Católica. Juan XXIII no convocó el Sínodo como un evento local aislado para Roma, sino como el modelo y la anticipación del Concilio venidero. Él mismo lo presentó como la prefiguración del Vaticano II, algo destinado a guiar a la Iglesia universal y a moldear el trabajo futuro del Concilio.

Los textos del Sínodo revelan una Iglesia firmemente arraigada en la tradición católica. Reafirmaron la distinción entre clero y laicos, insistiendo en que los sacerdotes vivan visiblemente separados del espíritu del mundo a través de la disciplina ascética, la sobriedad, la sotana y la vida sacrificial.

La liturgia fue protegida con igual rigor: el latín fue solemnemente confirmado, el canto gregoriano promovido, la improvisación por parte de los celebrantes condenada, y el carácter sagrado de las iglesias defendido ferozmente contra intrusiones profanas.

Incluso los altares orientados hacia el pueblo solo se permitían como excepciones raras que requerían autorización episcopal. El espíritu era inconfundiblemente tridentino: una restauración de la identidad católica a través de la continuidad con la tradición.

Juan XXIII también reforzó esta dirección a través de Véterum Sapiéntia, defendiendo el latín como el idioma cultural y espiritual de la Iglesia, e incluso ordenó la reedición del Catecismo del Concilio de Trento. Todo el movimiento preparatorio apuntaba hacia una renovación a través de una fidelidad más profunda a la identidad histórica de la Iglesia, no hacia una revolución.

Sin embargo, lo que sucedió en el Vaticano II fue lo contrario. El Concilio que surgió no siguió los esquemas preparatorios, ni el Sínodo Romano que se suponía debía guiarlo. El Concilio preparado fue efectivamente descartado, y otro Concilio surgió en su lugar. En solo unos pocos años, casi todo lo enfatizado por el Sínodo Romano fue contradicho en la práctica o en el espíritu: el latín desapareció, la creatividad litúrgica explotó, los espacios sagrados fueron desacramentalizados, la disciplina clerical tradicional colapsó, y el ethos tridentino fue abandonado.

El hecho más revelador es quizás el destino del propio Sínodo Romano. Una asamblea una vez presentada como la gran anticipación del Vaticano II desapareció casi por completo de la memoria eclesiástica. Sus textos se volvieron tan olvidados que apenas podían encontrarse incluso en los archivos diocesanos. Fue tratada como si nunca hubiera existido.

Por eso, los católicos fieles ven en el Vaticano II no un desarrollo orgánico normal, sino una ruptura dramática. La preparación oficial del Concilio apuntaba en una dirección, mientras que el Concilio que realmente surgió fue en otra. El trabajo preparatorio, el Sínodo de Roma, Véterum Sapiéntia y el espíritu restaurador que los rodeaba no se cumplieron, sino que fueron subvertidos. En ese sentido, el Sínodo Romano se erige como evidencia documental de que algo fundamental cambió dentro del propio Concilio: la Iglesia preparada y la Iglesia posconciliar ya no hablaban con la misma voz.

domingo, 10 de mayo de 2026

EL EQUILIBRIO DE KARL BARTH ENTRE SU TEOLOGÍA Y SUS DOS MUJERES


El teólogo calvinista Karl Barth Sartorius († 1968), tan admirado de protestantes y conciliares por su teología conservadora [el protestante conservador cree en Dios y la Biblia], no era consecuente en su vida privada con su postura teológica.
  
Aún cuando en su obra magna Dogmática eclesial, tomo III/4, §54.1, Barth define el matrimonio como una «pareja de por vida», desde la década de 1970, era materia sabida en Europa que Barth mantuvo una relación adúltera con su asistente de investigación Charlotte von Kirschbaum mientras estuvo casado con Nelly Hoffmann, la madre de sus cinco hijos (matrimonio que le fue impuesto a Barth por su madre, luego que le impidieron casarse con Rösy Münger) durante 37 años. Su biógrafo y último asistente Eberhard Busch lo afirmó sin medias tintas:
«No hay duda que la intimidad que su relación con él causó particularmente fuertes demandas y exigencias en la paciencia de su esposa Nelly… Barth mismo no vaciló en asumir la responsabilidad y culpa por la situación que se había producido. Sin embargo, él pensó que aquello no podría ser cambiado. La situación tenía que ser aceptado y tolerado por los tres. El resultado fue que ellos llevaron una carga que les causó un sufrimiento horriblemente profundo. Las tensiones se levantaron, las cuales les agitaron, estremecieron y afectaron hasta el corazón. Evitar estos, al menos hasta cierto punto, fue una de las razones por qué  más adelante Barth y su secretaria Charlotte von Kirschbaum iban juntos a Bergli durante las vacaciones de verano» [Eberhard Busch, Karl Barth: His Life from Letters and Autobiographical Texts. (Karl Barth: Una vida desde sus cartas y textos autobiográficos). Fortress, Minneapolis 1976, págs. 185-186. Reedición: Wipf & Stock Publishers, 2005).
Pero cuando la teóloga protestante Christiane Tietz presentó su conferencia de 2016 “Karl Barth y Charlotte von Kirschbaum” en la Sociedad Karl Barth de Norteamérica (conferencia cuyo texto publicó en Julio de 2017 la revista Theology Today, vol. 74/2, págs. 86-111) con parte de la correspondencia que le dieron los hijos de Barth, y que publicó en su libro de 2021 bajo el título “Karl Barth: Una vida en conflicto”, la polémica se encendió en los Estados Unidos.

Barth y Von Kirschbaum se conocieron en 1925 por medio del capellán estudiantil de Múnich Georg Merz, y en 1926 ella empezó a trabajar como su asistente de investigación, revisando los manuscritos de las obras de Barth. Para 1927, Barth la llevó a su casa de Münster, viviendo con ellos hasta 1962, cuando Von Kirschbaum fue internada en una residencia psiquiátrica. En distintas ocasiones, tanto Nelly como Karl se plantearon el divorcio, pero nunca lo realizaron.

El propio Barth decía de esa situación:
«Tal como soy, nunca pude y todavía no puedo negar la realidad de mi matrimonio o la realidad de mi amor. Es cierto que estoy casado, que soy padre y abuelo. También es cierto que amo. Y es cierto, que estos dos hechos no concuerdan. Es por eso que después de algunas dudas al principio decidimos no resolver el problema con una separación en uno u otro lado» (En Teitz, “Karl Barth y Charlotte von Kirschbaum”, pág. 109).
  
Era el mismo Karl Barth que, ante la analogía del ser (todas las criaturas participan en distintos grados del ser de Dios) de Santo Tomás de Aquino y ante el liberalismo protestante (padre del modernismo católico que haría estragos en el Vaticano II), oponía la distinción cualitativa y absoluta entre Dios y todo lo demás («Deus totáliter áliter», como decía su contemporáneo Rudolf Karl Bultmann Stern –a quien, sin embargo, criticaba porque buscaba “desmitificar el Evangelio”–). Ese mismo Barth que combatió a los “Cristianos alemanes” partidarios de Hitler afirmando el dominio absoluto de Cristo, no le dió la última palabra a la Revelación de Dios, sino a sus propios sentimientos desordenados en torno a su relación. Pero aún (si cabe), a su propio pecado, porque aunque sabía que estaba faltando a su esposa, escribió a Charlotte que:
«No es posible que esta relación sea realmente una obra del diablo, esto debe tener algún significado y un derecho genuino de ser, de que nosotros… no, solamente hablaré acerca de mi: De que yo te amo y no veo ninguna razón para detener esto» (En Teitz, “Karl Barth y Charlotte von Kirschbaum”, págs. 107, 109).

¡Y hasta se glorió de ello como que le ayudó en su teología!, pues dijo:

«El hecho mismo de que sea la mayor bendición terrenal que se me ha concedido en mi vida es al mismo tiempo el juicio más severo contra mi vida terrenal. […] Es muy posible, por lo tanto, que un elemento de experiencia, o mejor dicho: un elemento de experiencia vivida, se pueda encontrar en mi teología. Impidió, de una manera muy concreta, que me convirtiera en el legalista que podría haber sido en otras circunstancias» [Karl Barth - Charlotte von Kirschbaum: Briefwechsel (Karl Barth - Charlotte von Kirschbaum: Correspondencia), tomo I: 1925 - 1935. Rolf-Joachim Erler, editor. Zúrich 2008, págs. XX y ss.].
De ahí al “pecca fórtiter” de Lutero, poco había de distancia.
   
¿Y a todo esto, qué fue de Nelly? Reducida a la ama de casa y cuidadora de los hijos, soportó el rechazo de la sociedad, de la iglesia luterana, de la familia de su esposo, y las burlas y arrebatos de celos de Von Kirschbaum, que dijo de ella: «Parece una niña que, cuando le quitan un juguete, tira todo lo demás».
  
Hay una fotografía de Agosto de 1927 tomada por el pastor amigo Eduard Thurneysen que muestra al trío de los Barth-Hoffmann y Von Kirschbaum tomados de la mano frente a su casa de campo en el macizo del Harz, al centro-norte de Alemania. Y esta foto (que encabeza este artículo) muestra gráficamente lo que Anna Katharina Sartorius, la madre de Barth, le dijo: «¿Para qué es buena la más brillante teología, si ello ha de hacer naufragar el hogar de uno mismo?». Advertencia que fue en vano.

En la Iglesia Católica, los Padres y Doctores de la Iglesia acompañaban a la ortodoxia de su doctrina una vida honesta y ejemplar, donde la gracia de Dios resplandecía ante todos los hombres de todos los tiempos. Con los protestantes (aunque no todos, porque hay quien ve problemas en su teología) mil argucias para justificar con la teología, la mala vida de sus “gigantes” como Barth (que dicho sea de paso, era bisnieto de Johannes Burckhardt y descendiente de Enrique Bullinger). Aunque tengan pies de barro…

martes, 28 de abril de 2026

UN ELOGIO AL ISLAM ANTERIOR AL VATICANO II

«Ítaque ex hoc libro vidémus Turcórum seu Mahométhi religiónem cœremónias, pæne díxerim et móribus, esse multo speciosiórem quam nostrórum, étiam religiosórum et ómnium clericórum. Nam ea modéstia et simplícitas victus, vestítus, ǽdium et ómnium rerum, ut hic liber júdicat, item jejúnia et preces, convéntus generáles vulgi apud nostros non vidéntur úspiam, imo impossíbile est vulgus nostrum ad ea persuáderi. Deínde mirácula et monstra abstinéntiæ et disciplínæ in religiósis ipsórum quem non pudefacérent monachórum, sive sit Chartusiánus (qui volunt óptimi vidéri) sive Benedictínus? Umbræ sunt nostri religiósi ad illos colláti, et vulgus nostrum plane prophánum ad illórum vulgus comparátum. NEC IPSI VERE CHRISTIÁNI, NEC CHRISTUS IPSE, NEC APÓSTOLI, NÉQUE PROPHÉTÆ TANTAM SPÉCIEM ÚNQUAM PRÆSTITÉRUNT. ÁTQUE HOC EST, QUOD MULTI TAM FÁCILE A CHRISTI FIDE DEFÍCIUM AD MAHOMÉTUM ET EI TAM PERTINÁCITER ADHǼRENTEgo plane credo nullum Papístam, mónachum, clerum aut eórum fídei sótium, si inter Turcos tríduo ágerent, in sua fide mansúrum. Lóquor de iis, qui sério fidem Papæ volunt et óptimi inter eos sunt. Cœ́tera turba et major eórum pars, præsértim Itali, quía porci sunt de grege Epicúri, nihil prorsus credéntes, secúri sunt ab omni hærési et erróre fórtesque et invícti in sua fide Epicúrea tam contra Christum quam contra Mahométum et contra ipsum suum met Papam.
     
Consecuentemente, vemos por este libro que la religión de los turcos o de Mahoma es mucho más espléndida en las ceremonias —y, diría, en las costumbres— que la nuestra, inclusive la de los religiosos o de todo el clero. La modestia y la simplicidad de su alimentación, vestuario, moradas y todo lo demás, así como los ayunos, las oraciones y las asambleas comunes del pueblo que este libro revela, no se ven en ninguna parte entre nosotros, o mejor, es imposible persuadir a nuestro pueblo para esto. Además, ¿cuál de nuestros monjes, sea cartujo (aquellos que desean parecer los mejores) o benedictino, no queda avergonzado ante la abstinencia y la disciplina, milagrosas y admirables, que existen entre los religiosos de ellos? Nuestros religiosos son meras sombras cuando son comparados con los de ellos, y nuestro pueblo es claramente profano en comparación. NI SIQUIERA LOS VERDADEROS CRISTIANOS, NI EL MISMO CRISTO, NI LOS APÓSTOLES O PROFETAS JAMÁS EXHIBIERON TAMAÑO ESPECTÁCULO. ESTA ES LA RAZÓN POR LA CUAL MUCHAS PERSONAS ABANDONAN CON TANTA FACILIDAD LA FE EN CRISTO POR EL MAHOMETISMO Y A ÉL ADHIEREN CON TANTA TENACIDAD. Creo sinceramente que ningún papista, monje, clérigo o equivalente en la fe conseguiría permanecer en su fe si pasase tres días entre los turcos. Me refiero aquí a aquellos que desean seriamente la fe del papa y que son los mejores entre ellos. El resto de la multitud y la mayor parte de ellos, especialmente los italianos, esos puercos del bando de Epicuro, que absolutamente nada creen, están seguros contra toda herejía y error, fuertes e invencibles en su fe epicureísta, armados tanto contra Cristo como contra Mahoma, o incluso contra su propio papa».
  
Estas palabras bien pudieran atribuirse a Bergoglio o a Prévost, o a cualquier conciliar de nuestros días, pero no es así.
  
Proceden del prefacio que hiciera en 1530 el monje maldito Martín Lutero/Ludero Lindemann para el Libéllus de ritu et móribus Turcórum de Jorge de Hungría (Georgius de Hungaria o Georg von Mühlbach), un ex-esclavo de los turcos que escapó a Italia y se hizo monje dominico en Roma. Prefacio publicado en la edición de Weimar de las Obras de Martín Lutero 30, II Schriften 1529/30 (Suplemento: Revisiones de 1967), pág. 206; y cuya traducción inglesa por los profesores Sarah Henrich y James L. Boyce fue publicada en el artículo “Martin Luther — Translations of Two Prefaces on Islam: Preface to the Libéllus de ritu et móribus Turcórum (1530), and Preface to Bibliander’s Edition of the Qur’an (1543)” [Martín Lutero, Traducciones de dos prefacios sobre el islam: Prefacio al Libéllus de ritu et móribus Turcórum (1530), y Prefacio a la edición del Corán de Bibliander], revista Word & World, vol. XVI, n. 2 (Primavera de 1996), pág. 259.
   
Esta cita da testimonio contra Lutero en al menos dos formas:
  1. Frente a los musulmanes: Muestra que el elogio de él era falso y adulador de los enemigos de Cristo y la Cristiandad. No hay nobleza en la ascética y la austeridad con connotaciones impías y anticristianas. Incluso los sectarios más abominables son capaces de aparentes virtudes y abnegaciones, sin tener la forma de verdadera caridad. No hay mérito alguno, y tal solo concurre al demérito de los fanáticos de las malas ideas y malas finalidades, como en el caso de los musulmanes.
  2. Frente a los católicos: Muestran su odio fanático por Roma, por el Papa y por la Iglesia de Cristo, prefiriendo usar un imperio enemigo que amenazaba a Europa (Lutero escribió su Prefacio dos meses y medio después que el sultán Solimán fuera derrotado en el primer asedio de Viena el 15 de Octubre de 1529) solo para ridiculizar a los monjes católicos, alabando las falsas virtudes de los enemigos e incurriendo hasta en blasfemias contra Nuestro Señor Jesucristo y contra los Santos Apóstoles. Así se exponen sus tácticas de manipulación retórica pesada. Él no quería promover la verdad o exaltar virtudes y prácticas ascéticas, sino que quería usar el islam como un garrote teológico para apalear el Papado y asustar a los cristianos alemanes.
En conclusión, la complacencia y benevolencia de Lutero para con los musulmanes, ancestrales, multiseculares y atroces enemigos de Cristo y de la Cristiandad —complacencia y benevolencia que nunca demostró hacia los católicos—, aumentadas por la intolerancia, odio y malevolencia para con los cristianos verdaderos, bien demuestra la verdadera índole de ese monje maldito, de ese siervo singular de satanás, cuya alma era movida por un odio ciego y de tal envergadura que, si fuera necesario, recurriría incluso a adulaciones odiosas y expedientes blasfemos. 

miércoles, 22 de abril de 2026

ANTICOMUNISMO Y DROGAS: LA RELACIÓN DE LA CIA T EL BANCO VATICANO

Traducción del artículo publicado en RENOVATIO 21.
   
EL BANCO DEL VATICANO, LA OPERACIÓN “GLADIO” Y LA LUCHA ANTICOMUNISTA: DE LA CIA AL TRÁFICO DE DROGAS
Marco Dolcetta Capuzzo, 21 de Abril de 2026.
  

El Instituto para las Obras de Religión (o IOR, el acrónimo por el que es más conocido) fue creado el 27 de junio de 1942 por el Papa Pío XII (1876-1958) y Bernardino Nogara (1870-1958) con el objetivo de salvaguardar y administrar los bienes de la Santa Sede destinados a obras religiosas y caritativas. El banco vaticano, al tener su sede en un país soberano, no está obligado a remediar ninguna violación del derecho internacional ni a revelar el origen de sus depósitos.
  
Al constituir una entidad independiente dentro del Vaticano y no tener vínculos con ningún otro organismo eclesiástico, se la ha considerado “el banco más secreto del mundo”. El IOR es objeto de especulación en el exitoso ensayo histórico sobre el sistema estadounidense de operación tras las líneas enemigas en Europa, Operation Gladio de Paul L. Williams.

Según Williams, Nogara, quien se convirtió en su primer presidente, dirigía la empresa con la costumbre de destruir sistemáticamente los documentos de las transacciones sin dejar rastro. Incluso en los informes anuales, que consistían en largas y exhaustivas listas de créditos y débitos, no se mencionaba ningún correo relacionado con el IOR, lo que conducía constantemente a los posibles investigadores a un callejón sin salida.
  
Gracias a esta peculiar organización, el Vaticano se convirtió en el lugar perfecto para vincular discretamente los objetivos estadounidenses con los de la Santa Sede. El cardenal Francis Spellman (1889-1967), de Estados Unidos, comentó que el destino de Italia dependería de las próximas elecciones de 1948 y del conflicto entre comunismo y cristianismo, entre libertad y esclavitud. Él mismo cardenal fue pródigo en hacer llegar a Italia una cascada de radiomensajes de celebridades estadounidenses como Frank Sinatra, Bing Crosby y Gary Cooper exhortando al pueblo italiano a apoyar a la Democracia Cristiana contra el avance del comunismo. 

Según Williams, en los meses previos a las históricas elecciones italianas, la CIA canalizó hasta sesenta y cinco millones de dólares ilícitos al banco del Vaticano. Supuestamente, el dinero se entregaba en efectivo, en grandes maletas, por miembros de la organización de Lucky Luciano (1897-1962). Operation Gladio afirma que la fuente del dinero seguía siendo la heroína suministrada por una conocida farmacéutica de Turín. Posteriormente, distribuida mediante dispositivos como chocolates o frutas rellenas del opiáceo refinado, se enviaba a Estados Unidos pasando por los puertos cubanos, controlados por la organización criminal italoamericana de Santo Trafficante, que controlaban la aduana.
  
Desde Cuba, la heroína se adulteraba con azúcar antes de ser transportada a distribuidores en Nueva Orleans, Miami y Nueva York. La CIA colaboraba con la logística creando rutas seguras con la Asociación Internacional de Estibadores (International Longshoremen Association), el sindicato estadounidense que representa a los trabajadores portuarios. Una vez en tierra, la heroína era manejada por Jimmy Hoffa y otros líderes de la Hermandad Internacional de Camioneros (International Brotherhood of Teamsters), el sindicato de camioneros de Estados Unidos y Canadá, con la ayuda de empresas de transporte propiedad de la mafia italoamericana. 

Un año después de las elecciones italianas de 1948, Jósef Stalin (1878-1953) creó el Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAEM, más conocida por su acrónimo inglés COMECON), un organismo encargado de supervisar la unión económica entre la Unión Soviética, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rumanía. En respuesta, la CIA optó por brindar su apoyo a las fuerzas políticas anticomunistas y a la red Stay Behind, inundando clandestinamente el sistema con millones de dólares procedentes del narcotráfico, depositados por miembros del clan mafioso liderado por “Don Calò”, Calogero Vizzini (1887-1954), en bancos católicos, incluido el Banco Ambrosiano.

En 1949, Pío XII emitió un decreto solemne declarando que excomulgaría no solo a los miembros de la Iglesia que participaran o apoyaran al Partido Comunista, sino también a cualquier católico que cometiera el delito de leer o distribuir material que elogiara el comunismo. Según Williams, el Vaticano continuó fortaleciendo sus vínculos con la CIA hasta el punto de recibir 20 millones de dólares anuales en ayuda financiera. A cambio, se le pidió que mantuviera una mesa redonda vaticana presidida por James Jesus Angleton (1917-1987), el futuro sátrapa de la contrainteligencia estadounidense.
  
Según el ensayo, estas reuniones periódicas habrían proporcionado a los estadounidenses información valiosa de los países del Bloque del Este a través de los últimos canales disponibles: los de los nuncios apostólicos. Allí, entre la Santa Sede y Langley, se habrían decidido estrategias para debilitar a los partidos y movimientos prosoviéticos en todo el mundo. Se habría identificado a los infiltrados del Vaticano y se habrían obstaculizado las acciones de los sacerdotes progresistas, especialmente los de América Latina, como resultado de las medidas adoptadas dentro de este exclusivo grupo de toma de decisiones.
   
Williams relata cómo muchos miembros de la inteligencia estadounidense de aquellos años se convirtieron en miembros de la Soberana Orden Militar de Malta. Entre ellos se encontraban Angleton, William Casey (1913-1987), William Colby (1920-1996) y John McCone (1902-1991), todos futuros directores de la CIA. El general Vernon Walters (1917-2002), subdirector de la CIA bajo George H.W. Bush (1924-2018), Alexander Haig (1924-2010), general de la OTAN y futuro Secretario de Estado bajo Ronald Reagan (1911-2004), el mencionado padre de los servicios secretos estadounidenses, William “Wild Bill” Donovan, y el propio ex superespía nazi Reinhard Gehlen (1902-1979).
  
Poco después, sin embargo, la mencionada farmacéutica de Turín, que se había convertido en el principal proveedor de heroína pura, se vio obligada a detener la producción clandestina. El decano de la guerra contra las drogas en Estados Unidos, Harry Jacob Anslinger (1892-1975), fue el primero en detectar una cantidad anormal que se producía en Italia, y sus investigaciones restablecieron el orden.
  
El plan en marcha corría el riesgo de fracasar en el momento más crucial. Se habría necesitado un nuevo proveedor y nuevos laboratorios para asegurar la finalización de la obra maestra y que los ingentes flujos de dinero procedentes del narcotráfico volvieran a llegar a las cuentas bancarias católicas italianas. 

PRÉVOST EN MARCHA PACIFISTA DE LOS COMUNISTAS ITALIANOS

Traducción de la noticia publicada en LIFE SITE NEWS.
   
FOTOGRAFÍA DE 1983 MUESTRA AL FUTURO “PAPA LEÓN” MARCHANDO EN MANIFESTACIÓN POR LA PAZ ORGANIZADA POR LOS COMUNISTAS EN ROMA
El activista de izquierda italiano Luca Casarini publicó la imagen del entonces P. Prévost en 1983 en una marcha respaldada por los comunistas, sugiriendo que el nuevo Papa no ha “cambiado de dirección” en su ideología.
   
Gaetano Masciullo
Lunes 20 de abril de 2026 - 1:41 p.m. (hora del Este de EE. UU.).
  
El padre Robert Prévost (derecha) se une a una protesta pacífica liderada por el partido comunista en Roma (Italia) en 1983.
  
(LifeSiteNews) — Una fotografía recientemente descubierta, tomada en Roma en 1983, muestra a un joven Roberto Francisco Prévost, ahora Papa León XIV, participando en una manifestación masiva de tendencia izquierdista contra el despliegue de misiles de la OTAN.
   
El 14 de abril, Luca Casarini, activista italiano de izquierda conocido por su papel en el movimiento “no-global” y, más recientemente, por su labor en operaciones de rescate de migrantes en el Mediterráneopublicó en su perfil de Facebook una imagen del joven padre Roberto Prévost durante una marcha por la paz. Desde entonces, varios medios de comunicación se han hecho eco de la noticia.
  
«Has recorrido un largo camino, hermano Roberto. Pero no has cambiado de rumbo», comentó Casarini en su publicación.
  
El 22 de octubre de 1983, durante una gran marcha por la paz celebrada en Roma contra la instalación de misiles de crucero de la OTAN en Comiso (Sicilia) y en toda Europa, un joven Prévost —recién ordenado sacerdote y dedicado a los estudios de derecho canónico— fue fotografiado entre un grupo de miembros de la orden agustina que portaban un cartel que decía: «Giovani agostiniani per la pace» («Jóvenes agustinos por la paz»).
  
La protesta, que congregó a cerca de un millón de participantes, tuvo lugar en medio de la creciente tensión de la Guerra Fría y una movilización generalizada por el desarme nuclear, y fue organizada por una amplia coalición de grupos pacifistas y organizaciones políticas, entre las que se incluyen el Partido Comunista Italiano (PCI), la Federación Italiana de la Juventud Comunista (FGCI) y comités de paz activos en las bases de la OTAN.
  
La imagen en blanco y negro, que recientemente ha circulado ampliamente en las redes sociales, muestra a Prévost en la primera fila de los manifestantes. Según algunas fuentesla fotografía fue tomada por Gianni Novelli, un sacerdote estigmatino conocido por su participación en las Comunidades Cristianas de Base y por su liderazgo en Cipax, el Centro Interconfesional para la Paz.
  
Novelli desempeñó un papel destacado en redes eclesiales vinculadas al activismo por la paz y la no violencia, y se convirtió en una figura clave de la llamada iniciativa de la “disidencia católica” tras el Concilio Vaticano II. Tras abandonar su orden religiosa, se dedicó al pacifismo en un sentido ecuménico.
   
Las Comunidades Cristianas de Base, surgidas en las décadas de 1960 y 1970 en Italia y Latinoamérica, desempeñaron un papel fundamental en el fomento de la participación ciudadana en temas sociales y políticos de izquierda. Posteriormente, el Papa Francisco mostró un interés particular en estas comunidades.
  
La imagen, que fue desenterrada, se publicó por primera vez una década después, en 1993, en la revista italiana Mosaico di pace, dentro de un reportaje dedicado al compromiso cristiano con la no violencia. En aquel entonces, la fotografía se presentó como parte de una reflexión más amplia sobre la participación de grupos católicos en movimientos por la paz durante la Guerra Fría.
  
Décadas después de haber sido tomada, la fotografía volvió a captar la atención del público. Según las mismas mismas fuentes, en noviembre de 2025, el arzobispo Giovanni Ricchiuti, presidente nacional de Pax Christi, presentó una copia de la imagen al papa León XIV durante una reunión oficial.
  
La manifestación en la que participó Prévost formó parte de un movimiento más amplio que se oponía al despliegue de euromisiles en Europa a finales de los años 70 y durante los 80. La instalación de misiles de crucero en la base aérea italiana de Comiso se había convertido en un punto neurálgico de la protesta internacional, movilizando a activistas, líderes religiosos y grupos políticos en acciones coordinadas. La concentración de Roma representó una de las mayores movilizaciones de este tipo en Italia y en el mundo durante ese período.
  
Sin embargo, la movilización mundial contra los misiles formaba parte de un panorama internacional más amplio de oposición a la Guerra Fría, a menudo alentado por la URSS, que incluía propaganda a favor de la paz destinada a socavar la estrategia nuclear estadounidense dirigida contra Rusia.
  
Es perfectamente posible que Prévost participara más por la paz y el desarme nuclear que por los organizadores: los comunistas. Sin embargo, su actitud sigue pareciendo ingenua, sobre todo porque los organizadores formaban parte del Partido Comunista Italiano (conocido por ser una célula de la URSS, financiada directamente con fondos del Kremlin).
  
En particular, el Partido Comunista Italiano funcionó —como ahora reconocen ampliamente los historiadores como un puesto avanzado de propaganda soviética. El pacifismo promovido por los rusos también sirvió para desestabilizar el sistema interno y frenar los esfuerzos de disuasión del bloque de la OTAN.
  
La fotografía también figura entre las imágenes conservadas en el archivo histórico del Partido Comunista Italiano. Junto a los agustinos (véase aquí), miembros de otras órdenes religiosas, como franciscanos y jesuitas, también participaron en el evento. La manifestación, que en aquellos días se celebró también en otras importantes ciudades europeas como Londres, París, Ámsterdam y Bonn, congregó a personas de todas las religiones y orientaciones políticas, si bien su clara orientación era anti-OTAN.
  
El Magisterio de la Iglesia Católica enseña que el socialismo en todas sus formas, incluido el comunismo, está infaliblemente condenado. Como afirmó el Papa Pío XI en su encíclica Divíni Redemptóris de 1937:
«El comunismo es intrínsecamente malo, y no se puede admitir que colaboren con el comunismo, en terreno alguno, los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen al establecimiento del comunismo en sus propios países, serán los primeros en pagar el castigo de su error; y cuanto más antigua y luminosa es la civilización creada por el cristianismo en las naciones en que el comunismo logre penetrar, tanto mayor será la devastación que en ellas ejercerá el odio del ateísmo comunista».
  
Luca Casarini fue invitado personalmente por el Papa Francisco a participar en el Sínodo sobre la Sinodalidad, celebrado en el Vaticano del 4 al 29 de octubre de 2023, como uno de los invitados laicos con derecho a intervenir pero sin voto. Su presencia fue a la vez muy simbólica y controvertida.

viernes, 17 de abril de 2026

TESTIMONIO DE LA SUPERSTICIÓN

Tomado de PERIÓDICO LA ESPERANZA.
   


A raíz del sermón pronunciado el 24 de octubre de 1875 en la Matriz de Catamarca con motivo de la instalación de la Convención Constituyente provincial encargada de la reforma de la Constitución local de 1855, el futuro obispo fray Mamerto Esquiú (1826-1883) recibió violentos ataques de parte de la prensa laicista, tanto de su provincia, como de Buenos Aires.

Esquiú era respetado por la dirigencia pues veintidós años antes, desde el mismo púlpito y ante la resistencia de varios sectores católicos, había alentado el acatamiento a la recién sancionada Constitución de 1853, base de la estructura política-jurídica del país [1].

Pero este caso era diferente, ya que el franciscano, decepcionado de la deriva republicana —incluso se había ido del país en 1861 tras la batalla de Pavón de 1861 en la que Buenos Aires triunfó sobre las provincias— señaló que «las naciones debían hacer del Evangelio el fundamento de sus leyes, el aroma de sus costumbres, el alma de su existencia, el principio regulador de sus destinos» [2].

El Andino de Catamarca, fundado en mayo de ese mismo 1875 por Félix Avellaneda, destacó la necesidad de modernizar la sociedad norteña y aprovechó la oportunidad para marcar las diferencias entre los católicos, ya que cuatro años antes José Manuel Estrada, el líder de los ultramontanos, en plena etapa liberal, había sostenido el principio de la Iglesia libre en el Estado libre [3].

La Tribuna (1853-1883) una de las publicaciones líderes de Buenos Aires, fundada por los hermanos Héctor y Mariano Varela, hijos de Florencio Varela y promotores de Julio Argentino Roca, fue más dura y sarcástica.
  
En un editorial del 27 de noviembre de 1875  definió a Esquiú como un fanático, hijo de «un pueblo postrado ante el altar de una imagen de piedra, mal pulimentada, casi rústica, la Virgen del Valle, vive creyendo que ese pedazo de piedra hace imposibles, o sea milagros. Cuentos ridículos hasta lo increíble son la leyenda de esa imagen y su foja de servicios. Distancias inmensas recorren esas gentes de rodillas (parece increíble, pero lo hemos visto) para ir a depositar a sus pies las promesas que le hicieron» [4].

Y como no podía ser de otro modo, el editorialista sacó a relucir la leyenda negra; el pueblo catamarqueño actuaba de ese modo porque estaba anclado en la era colonial. Por eso instaba a que se sancionasen leyes modernizadoras; era necesario «cambiar el catecismo del padre Astete por un libro de filosofía positiva, base de la Constitución de estos pueblos».
   
La dirigencia era clara con relación a los resabios religiosos, que por una concesión sociológica estaban presentes en el texto de la Constitución de 1853-60 vigente entonces; ya era hora de dejar atrás la niñez y aggiornarse.
   
En esas zonas ganadas todavía por la mentalidad hispánica, había que hacer una revolución, especialmente con libros y periódicos (la violenta ya se había ejecutado y se volvería a realizar cuantas veces lo requirieran las circunstancias). Pero ahora «es necesario que ese pueblo se escandalice de una vez por todas al oír la verdad insultante de sus creencias supersticiosas».
   
El Nacional (1852-1898), fundado por Dalmacio Vélez Sarsfield, otro periódico en donde escribían los principales personajes políticos de la época, se unió al ataque. En un editorial, “Una palabra de aliento”, del 2 de diciembre de 1875 subrayó la necesidad de combatir las supersticiones, llamando a acompañar «a quienes la conciencia obedece a la razón y solo aceptan como artículo de fe la verdad comprobada».
   
Paradójica afirmación en una publicación, en la que como denunciaba el mismo Esquiú «a la vuelta de la página en que se llama a la Cruz el signo eterno de retroceso, en la sección de avisos nos da el siguiente: “Verdadera adivina. La gran célebre adivina… tiene un estudio de consultaciones de adivinación en la calle…, recibe consultas desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche. Adivina el pasado, el presente y el porvenir”» [5].

Al compás de la pérdida del sentido cristiano, el estrechamiento cada vez más pronunciado de los conceptos metafísicos, y la consecuente desintegración social, esas prácticas mágicas se diversificaron e intensificaron, llegando a influir en amplias capas de la población especialmente en las zonas urbanas [6]. Y en esa sociedad que se percibía adulta fue ganando terreno el espiritismo, en su versión moderna propalada por Allan Kardec (1804-1869), autor de “El libro de los espíritus” (1857) y “El libro de los médiums” (1861) entre otros libros, seudónimo del profesor francés Hippolyte Leon Denizard Rivail, ex racionalista y continuador de la obra de Johann Heinrich Pestalozzi [7].

La difusión no provino del pueblo sencillo, todavía en su mayor parte creyente, sino de intelectuales y escritores prestigiosos, influidos por las modas de los centros europeos y norteamericanos.

El periodista y escritor Cosme Mariño (1846-1927)[8] fue quien ejerció el liderazgo, acompañado por otros conspicuos intelectuales como Rafael Hernández, Felipe Senillosa (h), y Ovidio Rebaudi. Ellos no tuvieron inconveniente en proclamarlo y defenderlo públicamente, mientras que otros miembros de la elite positivista tuvieron posiciones pendulares o vergonzantes, lo practicaban en secreto como lo denunció Mariño en su libro “El espiritismo en Argentina”.

Muy activo, en 1883 Mariño tradujo y publicó el “Catecismo de moral y religión” del francés M. Bornnefont, una libro básico para difundir el espiritismo, también entre los niños.

Desde las páginas de La Unión, el dirigente católico Pedro Goyena atacó duramente esa publicación y denunció la proliferación de ideas contrarias a la Fe, que confundían a la población con manifestaciones extravagantes, al tiempo que moralistas.

La página ultramontana dedicó tres editoriales al tema en el año de aquélla edición. El 17 de junio alertaba sobre «el contrabando de supersticiones» a que estaba siendo sometida la población. Subrayaban que el pitonismo, la magia y el espiritismo escondían la acción del demonio.

«El estremecimiento de los médiums, mesas parlantes y las mil circunstancias que rodean las supersticiones espiritistas ponen al descubierto al rebelde vencido y maldito».

Denunciaban los engaños y advertían de que si bien algunos lo consideraban «supercherías destinadas a engañar a personas débiles», pero muchos más, «los que flotan entre la Fe y la incredulidad son seducidos por la moralidad de algunas máximas difundidas a nombre de los espíritus revelados», y otros la ven «como la manifestación triunfante de la otra vida, suficiente por sí sola para redimir a las almas oprimidas por las doctrinas materialistas».

El 26 de junio y el 1 de agosto La Unión reprodujo partes del libro “¿Qué hay sobre el espiritismo?” del padre Félix Sardá y Salvany (1872), editado en Barcelona.

La propaganda espiritista era engañosa y contradictoria, al tiempo que se presentaban como un polo espiritual frente al ambiente materialista y denunciaban el fariseísmo de ciertos jerarcas eclesiásticos, sus miembros, pertenecientes a las logias, simpatizaban con el protestantismo, atacaban a la Iglesia Católica y por supuesto sostenían sin fisuras al sistema liberal [9]. De hecho Mariño fundó en 1895 con el apoyo de miles de adherentes, el partido Liberal Democrático [10],

Los alienistas lo consideraron una ideación delirante, tendiente a provocar una monomanía religiosa, y otros intelectuales positivistas tuvieron reparos ante estas nuevas energías, ectoplasmas, materializaciones o realidades paralelas, pero el ornato de sus sesiones sus médiums en penumbras y un mobiliario especialmente preparado, los fascinaba. Como la ciencia positivista estaba más al servicio de la secularización que de la investigación y verificación, todo ayudaba a la configuración de esa nueva sociedad soñada —cada vez más dura— en combate sin tregua contra la tradición hispánica.

HORACIO M. SÁNCHEZ DE LORIA PARODI.
  
NOTAS
[1] Esquiú se enteró de esas publicaciones a través de las copias que le envió su amigo porteño Octavio Benito Amadeo (1847-1924), militante católico del ochenta: Su nieto Octavio Amadeo me regaló gentilmente dos cartas inéditas que el franciscano le envió a su abuelo, una fechada en Catamarca el 15 de enero de 1876 y la otra en Rosario el 4 de marzo de 1876.
[2] Era una cita textual del libro “Estado sin Dios” de Auguste Nicolás, en su traducción española de José Vicente Caravantes editada en 1872.
[3] Esquiú respondió a los redactores de El Andino que esa posición de Estrada era contraria al magisterio de la Iglesia, destacando las enseñanzas de la encíclica Quanta Cura y el Syllabus errorum anexo del 8 de diciembre de 1864.
[4] En desagravio por esta publicación de La Tribuna, Esquiú decidió publicar una año después tres sermones dedicados a la Virgen. «Quiera la Virgen del Valle aceptarlas como un voto de reparación y el pueblo de Catamarca, y todos los devotos de la Inmaculada y Santísima Virgen María apresúrense a cumplir esa reparación tributando cultos más fervientes a su Buena Madre». Horacio M. Sánchez de Loria, “Dos cartas inéditas de fray Mamerto Esquiú a Octavio Benito Amadeo”, en Separata de Investigaciones y Ensayos 61, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 2015, p. 491.
[5] Mamerto Esquiú, Sermón del Valle. Tres pláticas dichas los días 3, 7 y 9 de noviembre de 1875, Catamarca, 1876.
[6] Con sus variantes en todos los países hispanoamericanos. Un caso especial fue Brasil en donde se entremezcló con prácticas de las culturas africanas.
[7] El seudónimo aludía a un druida de la época de Julio César del que se consideraba la reencarnación.
[8] Fundador con José C. Paz en 1869 del diario La Prensa de Buenos Aires y autor de gran cantidad de libros.
[9] Cosme Mariño, Concepto espiritismo del socialismo, Buenos Aires, Editorial Víctor Hugo, 1960, p. 72.
[10] Tuvieron su órgano de difusión, la revista Democracia. Alejandro Parra, “Notas históricas del espiritismo en Argentina: científicos e intelectuales confrontando a los espiritistas (1880-1920)”. En Revista de Historia de la Psicología 44 (2), 18-27. DOI: 10.5093/rhp2023a6