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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 12 de enero de 2020

DEL DAÑO QUE EL DIVORCIO PROVOCA A LOS HIJOS

  
«Aun suponiendo que todo lo dicho no sea verdad, es decir, suponiendo que con el divorcio salgan ganando el hombre y la mujer –¡y hemos visto cuánto pierden!–, aun así tendríamos que decir: No puede haber divorcio. ¿Por qué no? Porque si acaso pudiera favorecer al hombre o a la mujer, no podría nunca, en ninguna circunstancia, convenir a los hijos, y, por, tanto, no puede ser provechoso a la sociedad. Podríamos llenar muchas páginas demostrando hasta qué punto la buena educación de los hijos exige que los padres vivan juntos y cuán grave peligro –cuyas consecuencias se dejarán sentir durante toda la vida– es para los hijos el que los padres se divorcien.  
     
La tragedia empieza ya al incoarse el pleito del divorcio. Se libra una batalla enconada, desesperada, entre los padres: ¿quién ha de tener al niño, el padre o la madre? Y de ahí la zozobra del niño, cuando se ve ante la elección: ¿quién ha de ser el preferido, su padre o su madre? Y no es infrecuente que el fallo del tribunal divida a los niños, y vayan unos con el padre y otros con la madre.
     
Ya tenemos el divorcio. Empieza la ‘educación’ de los hijos. ¿Educación? ¿Qué clase de educación? La madre –o el padre– que ha conseguido conservar consigo al niño, hace, muchas veces, lo posible por extirpar del alma del pequeñín todo el amor natural que siente por otro cónyuge. Y el cónyuge a quien se le despojó del niño, hace cuanto puede para recuperarlo, incluso algunas veces utilizando los medios más inicuos. Los hijos serán siempre las víctimas de estas querellas malditas. ¡Pobres huérfanos de padres que viven!
     
Y ¡qué decir del trato que reciben de los nuevos padrastros o madrastras que muchas veces tienen que soportar a disgusto!
      
Dime, lector: ¿tendremos derecho a indignarnos si estos niños acaban de mayores siendo unas personas desequilibradas o incluso violentas o delincuentes? ¿A quiénes habrá que culpar sobre todo? No cabe duda, que a los padres que con su divorcio causaron la perdición de los hijos. Indaguemos en la infancia de muchos criminales: ¡cuántas veces se encuentran en ellas las huellas destructoras de una vida familiar deshecha!».

Mons. TIHAMÉR TÓTH. El matrimonio cristiano.

lunes, 9 de diciembre de 2019

CONSEJOS DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO SOBRE LA CRIANZA DE LOS HIJOS

Tomado de TESOROS DE LA FE.

   
Papel insustituible del ejemplo paterno
Es de lo más cierto que la buena o mala conducta de los hijos proviene la mayoría de las veces de la buena o mala educación que recibieron de sus padres.
   
Dios instituyó el matrimonio para que los hijos, guiados y formados por sus padres, lo sirvan y se salven. De otro modo, permanecerían entregados a sí mismos, no teniendo a nadie para instruirlos sobre lo que deben hacer, para advertirles cuando cometen un error, o hasta para castigarlos, si no quieren corregirse; pues, muchas veces, el temor del castigo produce lo que no pudieron hacer las advertencias.
   
Se ve por la experiencia que los padres virtuosos hacen virtuosos a sus hijos. Santa Catalina de Suecia era hija de Santa Brígida. San Luis, Rey de Francia, era hijo de una gran sierva de Dios, la reina Blanca de Castilla. Esta excelente madre decía a su hijo: «Mi querido hijo, yo preferiría verte caer muerto, a verte cometer un solo pecado mortal». Otra buena madre, me recuerdo de esto, ponía todos sus cuidados en que sus hijos viviesen santamente; ella decía: «Yo no quiero ser madre de hijos réprobos».
    
Los padres son frecuentemente causa de la mala conducta de sus hijos
Por otro lado, existen padres a quienes parece no importarles de que sus hijos sean buenos o malos, se salven o se condenen. Sin embargo, los padres son normalmente causa de la mala vida de sus hijos, y deben prestar cuentas a Dios por esto, como decía Orígenes: “¡Todas las cosas que cometan los hijos, a los padres se les pedirá razón!”. Y esto es de lo más cierto.
    
Algunos padres, temiendo contristar a sus hijos por reprensiones y castigos, son la causa de su perdición.
    
A esos padres crueles les preguntaría: si un padre, viendo a su hijo caído en un río, y pudiendo salvarlo cogiéndolo por los cabellos, lo dejase morir para no causarle un dolor ligero y momentáneo, ¿no cometería un acto de crueldad? Pues bien, es una crueldad aún mayor dejar de reprender, y hasta de castigar, a un niño vicioso, por miedo de causarle algún dolor.
    
¿No sería cruel el padre que diese una navaja a un hijo suyo, aún niño, con la cual el pobre inocente correría el riesgo de cubrirse de heridas? Bien más crueles son los que dan dinero a sus hijos para que lo gasten conforme a su fantasía, o que les permitan frecuentar compañías o lugares peligrosos.
   
Los padres deben, sobre todo, tener el cuidado de apartar a sus hijos de las malas ocasiones, porque de éstas son de donde provienen luego todos los males.
   
La manera católica de corregir a los hijos
Cuando las buenas palabras y las reprimendas no fueren suficientes, es preciso recurrir a los castigos, y no esperar que los niños se vuelvan grandes; visto que, después de alcanzar cierta edad, no es más posible corregirlos. De donde la afirmación del Sabio: “Quien ahorra la vara de la corrección, odia a su hijo; pero quien lo ama, se aplica en corregirlo prontamente” (Prov. 13, 24). No ama verdaderamente a sus hijos quien no los castiga cuando es necesario. Y después de esto viene el castigo de Dios: el Sumo Sacerdote Helí, por no haber corregido a sus hijos como debía, fue, por orden de Dios, alcanzado de muerte con ellos el mismo día (cf. I Reyes 2, 22-36 y 4, 10-18).
    
Pero se debe castigar a los niños con moderación, y no con furor, como lo hacen ciertos padres. Al actuar de esta manera los padres no producen bien alguno, pues los niños quedan aún más estimulados a pervertirse.
   
Es preciso comenzar por advertir; después, amenazar; por fin, llegar al castigo. Pero castigar como padre, y no como jefe de galera. Hacerlo con discreción, sin insultos, sin palabras que hieran. Bastará muchas veces encerrar al culpable en un cuarto, no servirle el postre apetecible, privarlo de sus ropas preferidas. Cuando fuera necesario, emplear la vara, pero no el bastón.
   
La regla a seguir en esto es de nunca tocar en un niño en un momento de exacerbación; es preciso, antes de todo, calmarse, y después aplicar el castigo.
   
Cómo pecan los padres en la educación de sus hijos
Los padres pecan si no enseñan a sus hijos las cosas de la fe y de la salvación eterna.
   
No deben imitar a ciertos padres y madres que mantienen a sus hijos ocupados durante el tiempo en que deben dedicarle a su formación cristiana en el catecismo. De donde sucede que tales infelices no saben confesarse, no conocen siquiera las principales verdades de Fe, ignorando lo que es la Santísima Trinidad, la encarnación de Jesucristo, el pecado mortal, el juicio, el infierno, el paraíso, la eternidad. Ellos se condenan debido a esta ignorancia, y sus padres darán por esto cuenta a Dios.
   
Los padres pecan si no corrigen a sus hijos, como se dijo arriba, cuando blasfeman, roban o profieren palabras obscenas.
   
También hace parte de los deberes de los padres indagar la vida que llevan sus hijos, conocer los lugares, las horas y las personas que frecuentan. ¿Cómo, pues, se puede excusar a las madres que autorizan la frecuencia asidua de los enamorados junto a sus hijas, a fin de verlas pronto casadas, y no se preocupan en verlas en pecado? Son ésos los padres de los cuales habla el Salmista. Padres que, por los intereses de su casa, llegan hasta sacrificar a sus hijas al demonio: “E inmolaron sus hijos e hijas al demonio” (Sal. 105, 37).
    
Hay madres que introducen a muchachos en su casa para que tengan familiaridad con sus hijas, a fin de que sean obligados a desposarlas, unidos por las cadenas del pecado. Por ventura ¿no perciben tales infelices que ellas mismas se encuentran cargadas de tantas cadenas del infierno, cuantos son los pecados cometidos en esas funestas ocasiones?
    
«¡Oh! —dicen ellas— no hay mal en eso». ¡Como si la estopa pudiese ser colocada en el fuego sin quemarse!
   
¡Ay, cuántas madres veremos condenadas en el día del Juicio por haber querido acelerar por este medio el casamiento de sus hijas!
   
Los padres también pecan si no cuidan de que sus hijos reciban los Sacramentos en tiempo conveniente, así como que observen las Fiestas y los demás preceptos de la Iglesia.
   
Pecan los padres que dan mal ejemplo...
Ellos pecan doblemente, si les dan escándalo, ya sea profiriendo delante de sus hijos blasfemias, obscenidades u otras palabras escandalosas, sea haciendo bajo sus ojos alguna acción mala.
    
Los padres son obligados a dar buen ejemplo a los hijos. A éstos, sobre todo cuando son jóvenes, les gusta imitar todo lo que ven hacer. Pero con una particularidad; ellos imitan antes el mal, al cual nuestra naturaleza corrompida tiende, que el bien, al cual esta misma naturaleza resiste.
  
¿Qué se puede esperar de bueno de un niño que ve a su padre pasar todo el día en el bar, regresar a casa tomado, frecuentar algún mal lugar, confesarse cuando mucho en el tiempo pascual, o raramente durante el año?
    
¿Cómo podrían los jóvenes tener una buena conducta, cuando ven con qué frecuencia sus padres blasfeman, maldicen, injurian al prójimo, lanzan imprecaciones, hablan de venganzas, de obscenidades, y repiten ciertas máximas pestilenciales, como un padre que dice al hijo: «No hace falta torturarse a sí mismo; Dios es misericordioso, Él tolera ciertos pecados»; o una madre que insinúa a las hijas: «Hay que ser sociables, y no ser hurañas»?
  
...pues de cierto modo los obligan a pecar
Santo Tomás dice que los padres obligan de alguna manera a sus hijos a pecar (in Ps. XVI). Ahí está un mal que causa la ruina de muchas almas: los hijos toman el mal ejemplo de sus padres y los transmiten después a sus propios hijos, de manera que, padres, hijos, nietos, se siguen los unos a los otros en el infierno.
    
Hay padres que se lamentan de tener malos hijos; mas Jesucristo dijo: “¿Alguna vez cosecharon uvas de espinos?” (Mt. 7, 16). ¿Cómo pueden ser buenos los hijos, si tienen malos padres? Sería preciso un milagro.
   
También el hecho de que los padres, cuando llevan mala vida, ni siquiera corrigen a sus hijos, porque no osan reprenderlos de pecados que ellos mismos cometen. Y si hacen alguna amonestación, los hijos no la toman en serio. Se cuenta que un cangrejo, al ver sus hijos andando de lado, pretendió corregirlos diciendo: «¿Por qué ustedes caminan tan feo?». Pero ellos respondieron: «Muéstranos cómo tú mismo andas». El cangrejo, que andaba aun más feo que ellos, se calló...
   
Es lo que sucede con todos los padres que dan mal ejemplo: no osan corregir a los hijos que se conducen mal; y sin embargo sepan que pecan, al no corregirlos.
   
¿Qué deben entonces hacer? Santo Tomás dice que en este caso un padre debe, por lo menos, pedir a su hijo que no siga el mal ejemplo que le da. Pero, pregunto yo, ¿de qué puede servir tal consejo, si el padre continúa dando malos ejemplos?
   
En cuanto a mí, sólo tengo que decir lo siguiente: cuando los padres dan mal ejemplo, no hay ningún fruto a esperar, ni de las advertencias, ni de las oraciones, ni de los castigos.

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO CSSRIstruzione al popolo, Parte I, Cap. IV § 2. En Œuvres Complétes – Œuvres Ascétiques, Éditions Casterman, Tournai, 1877, 2ª ed., tomo XVI, págs. 474-480.

miércoles, 31 de octubre de 2018

ORACIÓN DE PÍO XII POR LAS FAMILIAS CRISTIANAS

Señor, Dios de bondad y de misericordia, que en el mundo del mal y del pecado has ofrecido a la sociedad de los redimidos como purísimo espejo de piedad, de justicia y de amor la Santa Familia de Nazaret, ¡ay!, mira cómo la familia está hoy por todas partes acechada, y cómo todo se conjura para profanarla, arrancándole la fe, la religión y la costumbre.
  
Asiste, ¡oh Señor!, la obra de tus manos. Protege en nuestros hogares las virtudes domésticas, garantía única de concordia y de paz.
  
Ven y suscita los defensores de la familia. Suscita los apóstoles de los nuevos tiempos, que en tu Nombre, con el mensaje de Jesucristo y con la santidad de la vida reclamen a la fidelidad los cónyuges, al ejercicio de la autoridad los padres, a la obediencia los hijos, a la modestia las jóvenes, a la estima y al amor de la casa por Ti bendecida las mentes y los corazones de todos.
  
Restaurada en Jeuscristo sobre los ejemplos del divino modelo de Nazaret, reencuentre la familia cristiana su rostro; retorne en santuario todo doméstico nido; se vuelva a encender en todo hogar la llama de la fe, que la adversidad lleva con paciencia, la prosperidad con moderación, y todo compone en el orden y en la paz.
   
Bajo tu paternal mirada, ¡oh Señor!, y confiada en tu Providencia, con el amoroso patrocinio de Jesús, María y José, será la familia asilo de virtud y escuela de sabiduría. Será reposo en los afanes de la vida, testimonio de las promesas de Cristo. Ella, ante la presencia del mundo, te dará gloria, Padre, y a tu Hijo Jesús, hasta que se reúna con todos sus miembros a cantar tus alabanzas en los siglos eternos. Así sea.
  
Oración compuesta por Pío XII el 31 de Octubre de 1954. En Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santità Pio XII, tomo XVI, pág. 500. Tipografía Políglota Vaticana, 1955.

viernes, 12 de octubre de 2018

ENCÍCLICA “Ingruéntium Malórum”, SOBRE EL REZO DEL SANTO ROSARIO EN FAMILIA, PRINCIPALMENTE EN EL MES DE OCTUBRE

«Familia que reza unida, permanece unida. Un mundo en oración es un mundo en paz» (Padre Patrick Joseph Peyton CSC)
  
Ante los males del mundo, que ya en su tiempo se exacerbaban (guerras, persecución a la Iglesia, el avance del comunismo y el liberalismo, amén de la “Nueva Teología” que infectó al clero) sobre la Iglesia y el mundo, el Papa Pío XII recomienda nuevamente volver la mirada hacia la Santísima Virgen María, especialmente con el rezo del Santo Rosario, devoción que compendia los misterios de nuestra salvación y que conquistará al mundo, conquista que comienza en las almas y en las familias como parte del Reinado Social de Jesucristo y María.
    
CARTA ENCÍCLICA “Ingruéntium Malórum”, SOBRE EL REZO DEL SANTO ROSARIO EN FAMILIA, PRINCIPALMENTE EN EL MES DE OCTUBRE

Nuestro Santísimo Señor por la Divina Providencia PAPA PÍO XII a los Venerables Hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y demás Ordinarios de Lugar en Paz y Comunión con la Sede Apostólica.

Venerables hermanos, salud y bendición apostólica.

EXHORTACIONES ANTERIORES DEL PAPA Y CORRESPONDENCIA DEL PUEBLO.
1. Ante los males inminentes, ya desde que por designio de la Divina Providencia fuimos elevados a la suprema Cátedra de Pedro, nunca dejamos de confiar al valiosísimo patrocinio de la Madre de Dios los destinos de la familia humana, dando a menudo para tal fin, como bien sabéis, Cartas de exhortación. Bien conocéis, Venerables Hermanos, el gran celo y la gran espontaneidad y concordia con que el pueblo cristiano ha respondido doquier a Nuestras exhortaciones: repetidas veces lo han atestiguado grandiosos espectáculos de fe y de amor hacia la augusta Reina del Cielo y, sobre todo, aquélla universal manifestación de alegría que Nuestros propios ojos pudieron en cierto modo contemplar cuando, en el año pasado, rodeados por corona inmensa de la multitud de fieles, en la plaza de San Pedro proclamamos solemnemente la Asunción de la Virgen María, en cuerpo y alma, al Cielo.
  
2. Mas, si el recuerdo de estas cosas Nos es tan grato y Nos consuela con la firme esperanza de la divina misericordia, al presente no faltan, sin embargo, motivos de profunda tristeza, que solicitan a la par que angustian Nuestro ánimo paternal.
  
CALAMITOSA CONDICIÓN DE NUESTROS TIEMPOS.
3. Bien conocéis, Venerables Hermanos, la triste condición de estos tiempos: la unión fraternal de las Naciones, rota ya hace tanto tiempo, no la vemos aún restablecida doquier, antes vemos que por todas partes los espíritus se hallan trastornados por odios y rivalidades, y que sobre los pueblos se ciernen amenazadores nuevos y sangrientos conflictos; y a ello se ha de añadir aquélla violentísima tempestad de persecuciones que ya desde hace largo tiempo y con tanta crueldad azota a la Iglesia, privada de su libertad en no pocas partes del mundo, afligida con calumnias y angustias de toda clase, y a veces hasta con la sangre derramada de los mártires. Innumerables y muy grandes son las asechanzas a que contemplamos sometidos, en aquellas regiones, los ánimos de muchos de Nuestros hijos, ¡para que rechacen la fe de sus mayores y se aparten miserablemente de la unidad con esta Sede Apostólica! Finalmente, tampoco podemos pasar en silencio un nuevo crimen llevado a cabo, y contra el cual vivamente deseamos reclamar, no sólo vuestra atención, sino también la de todo el clero, la de cada uno de los padres y la de los mismos gobernantes: Nos referimos a determinados designios perversos de la impiedad contra la cándida inocencia de los niños. Ni siquiera se ha perdonado a los niños inocentes, pues, por desgracia, no faltan quienes, temerario, osan hasta arrancar aun las mismas flores que crecían como la más bella esperanza de la religión y de la sociedad en el místico jardín de la Iglesia. Quien meditare sobre esto no se extrañará de que por todas partes los pueblos giman bajo el peso del divino castigo y vivan temiendo desgracias todavía mayores.
 
EN LAS DIFICULTADES, ACUDID CON VIVA CONFIANZA A LA MADRE DE DIOS.
4. Ante peligros tan graves, sin embargo, no debe abatirse vuestro ánimo, Venerables Hermanos, sino que, acordándoos de aquélla divina enseñanza: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Lucas XI, 9), con mayor confianza acudid gozosos a la Madre de Dios, junto a la cual el pueblo cristiano siempre ha buscado el refugio en las horas de peligro, pues Ella ha sido constituida causa de salvación para todo el género humano(San Ireneo de Lyon, Advérsus Hæréses, III, 22; Migne, Patrología Græca VII, col. 959).
  
5. Por ello, con alegre expectación y reanimada esperanza vemos acercarse ya el próximo mes de octubre, durante el cual los fieles acostumbran acudir con mayor frecuencia a las iglesias, para en ellas elevar sus súplicas a María mediante las oraciones del santo Rosario. Oraciones que este año, Venerables Hermanos, deseamos se hagan con mayor fervor de ánimo, como lo requieren las necesidades cada día más graves; pues bien conocida Nos es la poderosa eficacia de tal devoción para obtener la ayuda maternal de la Virgen, porque, si bien puede conseguirse con diversas maneras de orar, sin embargo, estimamos que el santo Rosario es el medio más conveniente y eficaz, según lo recomienda su origen, más celestial que humano, y su misma naturaleza.
  
LA SENCILLEZ Y FUERZA DE ESTA ORACIÓN.
6. ¿Qué plegaria, en efecto, más idónea y más bella que la oración dominical y la salutación angélica, que son como las flores con que se compone esta mística corona? A la oración vocal va también unida la meditación de los sagrados misterios, y así se logra otra grandísima ventaja, a saber, que todos, aun los más sencillos y los menos instruidos, encuentran en ella una manera fácil y rápida para alimentar y defender su propia fe. Y en verdad que con la frecuente meditación de los misterios el espíritu, poco a poco y sin dificultad, absorbe y se asimila la virtud en ellos encerrada, se anima de modo admirable a esperar los bienes inmortales y se siente inclinado, fuerte y suavemente, a seguir las huellas de Cristo mismo y de su Madre. Aun la misma oración tantas veces repetida con idénticas fórmulas, lejos de resultar estéril y enojosa, posee (como lo demuestra la experiencia) una admirable virtud para infundir confianza al que reza y para hacer como una especie de dulce violencia al maternal corazón de María.
  
EL REZO FAMILIAR DEL SANTO ROSARIO Y SUS FRUTOS PARA LA FAMILIA, ESPECIALMENTE PARA LOS HIJOS.
 7. Trabajad, pues, con especial solicitud, Venerables Hermanos, para que los fieles, con ocasión del mes de octubre, practiquen con la mayor diligencia método tan saludable de oración y para que cada día más lo estimen y se familiaricen con él. Gracias a vosotros, el pueblo cristiano podrá comprender la excelencia, el valor y la saludable eficacia del santo Rosario.
  
8. Y es Nuestro deseo especial que sea en el seno de las familias donde la práctica del santo Rosario, poco a poco y doquier, vuelva a florecer, se observe religiosamente y cada día alcance mayor desarrollo. Pues vano será, ciertamente, empeñarse en buscar remedios a la continua decadencia de la vida pública, si la sociedad doméstica -principio y fundamento de toda la humana sociedad- no se ajusta diligentemente a la norma del Evangelio. Nos afirmamos que el rezo del santo Rosario en familia es un medio muy apto para conseguir un fin tan arduo. ¡Qué espectáculo tan conmovedor y tan sumamente grato a Dios cuando, al llegar la noche, todo el hogar cristiano resuena con las repetidas alabanzas en honor de la augusta Reina del Cielo! Entonces el rosario, recitado en común, ante la imagen de la Virgen, reúne con admirable concordia de ánimos a los padres y a los hijos que vuelven del trabajo diario; además, los une piadosamente con los ausentes y con los difuntos; finalmente, liga a todos más estrechamente con el suavísimo vínculo del amor a la Virgen Santísima, la cual, como amantísima Madre rodeada por sus hijos, escuchará benigna, concediendo con abundancia los bienes de la unidad y de la paz doméstica. Así es como el hogar de la familia cristiana, ajustada al modelo de la de Nazaret, se convertirá en una terrenal morada de santidad y casi en un templo, donde el santo rosario no sólo será la peculiar oración que todos los días se eleve hacia el cielo en olor de suavidad, sino que también llegará a ser la más eficaz escuela de la vida y de las virtudes cristianas. En efecto: la contemplación de los divinos misterios de la Redención será causa de que los mayores, al considerar los fúlgidos ejemplos de Jesús y de María, se acostumbren a imitarlos cotidianamente, recibiendo de ellos el consuelo en la adversidad y en las dificultades, y de que, movidos por ello, se sientan atraídos a aquellos tesoros celestiales  «que no roban los ladrones ni roe la polilla» (Lucas XII, 33); y de tal modo grabará en las mentes de los pequeños las principales verdades de la fe que en sus almas inocentes florecerá espontáneamente el amor hacia el benignísimo Redentor, cuando, al reverenciar -siguiendo el ejemplo de sus padres- a la majestad de Dios, ya desde su más tierna edad aprendan el gran valor que junto al trono del Señor tienen las oraciones recitadas en común.
 
EL REMEDIO PARA LOS MALES DE NUESTROS TIEMPOS.
9. De nuevo, pues, y solemnemente afirmamos cuán grande es la esperanza que Nos ponemos en el santo Rosario para curar los males que afligen a nuestro tiempo. No es con la fuerza, ni con las armas, ni con la potencia humana, sino con el auxilio divino obtenido por medio de la oración -cual David con su honda- como la Iglesia se presenta impávida ante el enemigo infernal, pudiendo repetirle las palabras del adolescente pastor: «Tú vienesa mí con la espada, con la lanza y con el escudo; pero yo voy a ti en el nombre del Señor de los ejércitos..., y toda esta multitud conocerá que el Señor no salva con la espada ni con la lanza» (I Reyes XVII, 44 y 49).
 
10. Por cuya razón, Venerables Hermanos, deseamos vivamente que todos los fieles, siguiendo vuestro ejemplo y vuestra exhortación, correspondan solícitos a Nuestra paternal indicación, en unión de corazones y de voces y con el mismo ardor de caridad. Si aumentan los males y los asaltos de los malvados, crezca igualmente y aumente sin cesar la piedad de todos los buenos; esfuércense éstos por obtener de nuestra amantísima Madre, especialmente por medio del santo Rosario a ella tan acepto, que cuanto antes brillen tiempos mejores para la Iglesia y para la humana sociedad.
  
INSTRUMENTO DE LA PACIFICACIÓN COLECTIVA.
11. Roguemos todos a la poderosísima Madre de Dios para que, movida por las voces de tantos hijos suyos, nos obtenga de su Unigénito el que cuantos por desgracia se hallan desviados del sendero de la verdad y de la virtud, se vuelvan a ésta por la conversión; el que felizmente cesen los odios y las rivalidades que son la fuente de toda clase de discordias y desventuras; el que la paz, aquélla paz que sea verdadera, justa y genuina, vuelva a resplandecer benigna así sobre los individuos y sobre las familias, como sobre los pueblos y sobre las naciones; el que, finalmente, asegurados los debidos derechos de la Iglesia, aquel benéfico influjo derivado de ella, al penetrar sin obstáculos en el corazón de los hombres, en las clases sociales y en la entraña misma de la vida pública, aúne la familia de los pueblos con fraternal alianza, y la conduzca a aquélla prosperidad que regule, defienda y coordine los derechos y los deberes de todos sin perjudicar a nadie, siendo cada día mayor por la mutua unión y por la común colaboración.
  
EL ROSARIO, MEDIO EFICAZ PARA AYUDAR ESPECIALMENTE A LOS PERSEGUIDOS Y A LA “IGLESIA DEL SILENCIO”.
12. Tampoco os olvidéis, Venerables Hermanos y amados hijos, mientras entretejéis nuevas flores orando con el Rosario, no os olvidéis -repetimos- de los que languidecen desgraciados en las prisiones, en las cárceles, en los campos de concentración. Entre ellos se encuentran también, como sabéis, Obispos expulsados de sus sedes sólo por haber defendido con heroísmo los sacrosantos derechos de Dios y de la Iglesia; se encuentran hijos, padres y madres de familia, arrancados a sus hogares domésticos, que pasan su vida infeliz por ignotas tierras y bajo ignotos cielos. Y como Nos les envolvemos a todos con un afecto singular, así también vosotros, animados por aquella caridad fraterna que nace y vive de la religión cristiana, unid con las Nuestras vuestras preces ante el altar de la Virgen Madre de Dios y, suplicantes, recomendadlos a su maternal corazón. No hay duda de que con dulzura exquisita Ella aliviará y suavizará sus sufrimientos, con la esperanza del premio eterno; y de que no dejará de acelerar, como firmemente confiamos, el final de tantos dolores.
  
ESPERANZA DE RENOVADA CORRESPONDENCIA Y BENDICIÓN APOSTÓLICA.
13. No dudando, Venerables Hermanos, de que vosotros con el celo ardiente que os es acostumbrado, llevaréis a conocimiento de vuestro clero y de vuestro pueblo, en la forma que más conveniente creyereis, esta Nuestra paternal exhortación, y teniendo asimismo por cierto que Nuestros hijos, diseminados por todo el mundo, responderán de buen grado a este Nuestro llamamiento con efusión de corazón concedemos Nuestra Bendición Apostólica, testimonio de Nuestra gratitud y prenda de las gracias celestiales, así a cada uno de vosotros como a la grey confiada a cada uno -y singularmente a los que durante el mes de octubre de modo especial recitaren piadosamente, en conformidad con Nuestras intenciones, el santo Rosario de la Virgen.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 15 de septiembre, fiesta de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María, en el año 1951, decimotercero de Nuestro Pontificado. PÍO PP. XII.

martes, 7 de noviembre de 2017

LOS VALORES ISLÁMICOS SOBRE LA FAMILIA SON CONTRARIOS A LOS CRISTIANOS

Traducción del artículo publicado por William Kilpatrick para CRISIS MAGAZINE.
  
El musulmán inglés Hasan Phillips, con sus tres esposas y sus hijos (fotograma del documental “The Men with Many Wives”, transmitido por el Canal 4 - Reino Unido-).
  
Así como no es buena idea fijarse demasiado en la cruz tatuada en el bíceps de un motero amenazante en el bar, es mejor no fijarse demasiado en las concesiones ocasionales hacia la Cristianidad que encontramos en el Islam.
 
Para algunos “católicos”, parece ser suficiente escuchar, como dice Nostra Ætáte, los musulmanes “reverencian” a Jesús y “honran” a María. No puedo recordar el número de veces que algunos  “católicos” optimistas me han señalado que en el Corán hay un capítulo entero llamado María, o que María es mencionada más que cualquier otra mujer en ese libro. Supuestamente, eso compensa de algún modo a todos los versos en el Corán que apelan a crucifixiones, decapitaciones y amputaciones, y al hecho de que los cristianos que viven en países musulmanes generalmente llevan una existencia precaria.
  
En el departamento de “aferrarse a un clavo ardiendo”, uno de los ítems más frecuentemente exhibidos es la afirmación de que los musulmanes tienen más o menos el mismo código moral que gobierna a los cristianos tradicionales. Por ejemplo, en Nostra Ætáte se lee que los musulmanes no solamente honran a Jesús y María, sino que “valoran la vida moral”. Además, muchos escritores “católicos” han planteado la hipótesis de que los musulmanes son nuestros aliados en las guerras culturales porque se oponen al aborto, al adulterio y la pornografía, y aprecian la modestia y la castidad.
 
Para estar seguros, muchas familias musulmanas, especialmente en los Estados Unidos, no parecen diferentes a las familias cristianas. Ellos oran regularmente, atienden a servicios semanales, donan a caridad, y crían niños educados, de ahí que sea fácil concluir que los valores familiares en el islam y en el cristianismo son esencialmente los mismos. Pero en realidad, hay un mundo de diferencia entre los dos. Para tener un mejor retrato de los valores familiares del islam, es aconsejable mirar en países musulmanes o en aquellas partes de Occidente que están cayendo rápidamente bajo influencia islámica.
   
Tomemos por ejemplo a Gran Bretaña. Un nuevo website del Reino Unido diseñado para ayudar a los hombres musulmanes encontrar segundas esposas tiene más de cien mil usuarios. Y se estima que ya hay alrededor de 20.000 matrimonios polígamos entre los musulmanes británicos. Adicional a la poligamia, hay muchas otras prácticas que uno difícilmente encontraría en las familias cristianas: decenas de miles de casos de mutilación genital femenina, matrimonios forzados entre primos hermanos, y mujeres envueltas en burqas.
   
Pero enfoquémonos en la poligamia. No es simplemente algo incidental que suela encontrarse en las culturas árabes, sino un elemento central en el sistema islámico. La práctica está completamente de acuerdo con la ley sharia y el Corán. En el Corán, los hombres musulmanes tienen permitido hasta cuatro esposas a la vez. Sin embargo, Mahoma recibió una revelación especial de Alá permitiéndole tener tantas esposas como quisiera. Puesto que Mahoma es considerado el hombre perfecto, y modelo de conducta, no hay razones teológicas allí para oponerse a la poligamia. Por supuesto, la gran mayoría de hombres musulmanes no practica la poligamia, y no porque se considere inadecuada, sino porque muchos hombres no están en condiciones de sostener más de una esposa. Pero siempre hay una posibilidad. El contrato matrimonial estándar en Egipto contiene espacios para que el esposo pueda llenar con los nombres de las esposas número uno, dos, y tres, según el caso.
  
La Cristiandad introdujo una revolución entre las relaciones entre hombres y mujeres. Borró la desigualdad entre los sexos que sustentaba prácticas como la poligamia; y elevó al nivel de Sacramento el matrimonio entre un hombre y una mujer. Bajo la influencia del cristianismo, la poligamia se hizo ilegal en Occidente y muchas otras regiones del mundo. Por otro lado, la fe que introdujo Mahoma retuvo y fortaleció la poligamia dándole una sanción religiosa. Además, la poligamia no es una mera reliquia del pasado. Con el hodierno resurgimiento del islam, la práctica se está esparciendo. Un occidental convertido al islam puede ser súbitamente transportado de vuelta al tiempo cuando un hombre podía dirigir su hogar cual califa gobernando su harén.
  
¿Por qué Mahoma rechaza la visión cristiana del matrimonio? Un teólogo puede trazarlo hacia el rechazo que Mahoma mostró hacia la Trinidad. Así como la Encarnación del Verbo eleva nuestro entendimiento del hombre, la doctrina de la Trinidad eleva nuestra comprensión sobre el matrimonio y la familia. El amor compartido entre las tres personas de la Trinidad se convierte en el modelo para el matrimonio y la familia. Pero no hay tal modelo celestial en el islam. En el libro de Mahoma, Alá es un Dios solitario y debe permanecer así. Por tanto:
«Creed, pues, en Dios y en Sus enviados, y no digáis: “[Dios es] una trinidad” [...] Dios es sólo un Dios Unico; muy distante está, en Su gloria, de tener un hijo» (Sura 4 “Las mujeres”, 171 -Traducción de Muhammad Asad/Leopold Weiss).
  
El Corán no proporciona bases teológicas para entender el matrimonio como una propuesta de un solo hombre y una sola mujer. Pero la teología puede no ser el factor decisivo. Mahoma también pudo tener motivos personales para preferir la poligamia a la monogamia. Es muy posible que simplemente no quisiera limitarse a una sola esposa. Los estudiosos del islam desigan a varias revelaciones de Mahoma como “revelaciones de conveniencia”. Esto es, revelaciones que trabajan para su beneficio personal o le ayudaron a resolver un problema familiar. La revelación que le permitió casarse con su propia nuera entra en esa categoría, y también lo hace la revelación que le permitió tener un número ilimitado de esposas (y esclavas sexuales).
  
Pero todavía hay un tercer motivo que es menester considerar. Como han señalado numerosos eruditos, los sistemas totalitarios consideran como rival a la familia biparental tradicional. El miedo es que esa familia pueda tomar prelación sobre la “muy alta” lealtad que se le debe al Estado. Los tiranos saben que los lazos afectivos que se desarrollan en una familia pueden probar ser más fuertes que la lealtad individual a la ideología gobernante, o al Gran Hermano, o al Querido Líder.
  
Este era el caso del nazismo. A través de organizaciones como las Juventudes Hitlerianas, los nazis buscaban transferir al Estado la lealtad del niño hacia sus padres. Igualmente, los comunistas veían a la familia tradicional como un rezago reaccionario de los días de la moralidad burguesa. Los comunistas no tenían remordimiento sobre urgir a los niños a actuar como informantes contra sus padres, y en la Rusia estalinista uno de estos informantes, Pável Trofímovich Morózov, de trece años de edad, fue elevado al estatus de “héroe nacional”.
  
A medida que el Estado secularista moderno se convierte en totalitario a pasos agigantados, también comienza a ver a la familia como un rival para su objetivo del control total de los ciudadanos. Por eso el Estado busca por varios medios minar el propósito del matrimonio (v. g., promoviendo el aborto), y fracturar las relaciones entre esposo y esposa (v. g., haciendo a las mujeres depender financieramente del Estado). Mientras tanto, los medios de masas, que a menudo actúan como agentes del Estado, pueden ser contados entre los ensalzadores de modelos heterodoxos de familia. En estos días, las comedias de situación sobre las familias tradicionales son tan prohibidas como los comerciales de cigarrillos.
  
No debería sorprender entonces que el islam, que es un sistema totalitario por excelencia, favorece la estructura familiar polígama. Por medio de la ley sharia, el islam busca controlar todo aspecto de la vida del individuo. Como insisten sus voceros, el islam no es solo una religión, es un modo de vida completo. Además, es una vida dirigida a un propósito. Esto es, se vive en servicio de la ideología de la yihad por la causa de Alá. Como Nonie Darwish señala en Wholly Different (Enteramente diferentes), «En el islam, después de creer en Alá, la prioridad número uno para un creyente musulman no es la familia; lo es la yihad». Consecuentemente, «un hombre dedicado a su esposa y sus hijos en un matrimonio monógamo es una amenaza para la yihad».
  
Darwish sostiene que el ideal cristiano de la leatad exclusiva y permanente entre un hombre y su esposa está en desacuerdo con los objetivos del islam. El matrimonio concebido en esa forma es rival a la persecución decidida de la yihad. Pero un matrimonio polígamo no lo es. Por una parte, el esposo no tiene obligación de permanecer leal a una esposa. Aunado a ello, por su propia naturaleza, una familia poligámica es desgarrada por las luchas internas. Falta la unidad orgánica que puede llevarla a erigirse como rival ante la ideología de la yihad.
  
Según Darwish y otros ex-musulmanes, la estructura de las familias polígamas (combinadas con el conocimiento de que un matrimonio monógamo puede ser súbitamente transformado en uno múltiple) produce división en las lealtades y familias disfuncionales. Enciende a esposa contra esposa, medio hermano contra medio hermano, y suegra contra nuera.
   
En adición, la teología islámica crea rivalidad entre la(s) esposa(s) incumbente(s) del creyente y las novias que le prometen en el paraíso. Con el fin de asegurar que los hombres musulmanes nunca estarán satisfechos con sus esposas actuales, les es prometida más poligamia con más compañeras deseables en el próximo mundo. Por supuesto, el único camino seguro para asegurar estas doncellas en el paraíso es cometer la yihad por la causa de Alá. Por ello, como Darwish señala, «el islam ha sustituido el amor a la familia con el amor a la yihad y al martirio».
  
Un ejemplo reciente de la observación de Darwish es proporcionado por Sayfulla Saipov, el yihadista que mató a ocho personas en una ciclovía en la ciudad de Nueva York atropellándolas con una camioneta. Saipov es un hombre de familia, pero solamente en el sentido más estricto de la palabra. Tiene una esposa y tres hijos, pero también tiene la yihad en su mente. Al contrario del soldado ordinario que espera regresar del campo de batalla para reencontrarse con su esposa y sus hijos, este “soldado del ISIS/Dáesh” en cambio intentaba encontrarse con sus prometidas en el paraíso. La promesa de esposas perfectas en el paraíso tiende a debilitar los lazos con la familia aquí en la tierra. Además, como entendió Mahoma, tal promesa es un mecanismo eficiente en asegurar que siempre habrá un abundante suministro de reclutas para la yihad.
 
Por supuesto, no todos los musulmanes tienen tal mentalidad. A algunos no les interesa ni la poligamia ni la yihad, y pueden tener sus dudas sobre la existencia de las 72 vírgenes. Algunos matrimonios musulmanes, como admite Darwish, “son felices y exitosos”. Algunos musulmanes tratan de levantarse sobre la ideología e ignorar las enseñanzas misóginas del islam
  
Aún, en su totalidad, las relaciones familiares islámicas son más disfuncionales de lo que se imaginan los ciudadanos occidentales. La poligamia no es el único problema. El matrimonio infantil es común, y también los matrimonios forzados. En Irán y otras sociedades musulmanas chiíes, es legal el sigheh o matrimonio temporal (una forma de prostitución). Y el 91 por 100 de todos los crímenes de honor a nivel mundial es cometido por musulmanes.
  
En ese respecto, la ley islámica declara que no hay penalidad para una madre o padre que mate a sus propios hijos, ni tampoco para una abuela o abuelo que mate a sus nietos (Ahmed ibn Naqib al Misri, La confianza del viajero, libro O “Justicia”, sección 1.2.4: Sobre la retaliación). En cambio, un hijo puede matar a un padre por causa de honor. A menudo los hijos toman parte en el asesinato de sus madres (o hermanas) que han mancillado el honor familiar de una forma u otra. En La Lapidación de Soraya M. (una película basada en una historia real), el padre y el hijo de una esposa y madre acusada son los que tiran las primeras piedras. En Cisjordania, los padres deliberadamente educan a sus hijos para convertirlos en atacantes suicidas. Esto también es por el honor, porque, como puede esperarse en un sistema que gira en torno a la yihad, un gran honor redunda a las familias de los mártires.
  
Si los soviéticos y los nazis alentaban a los niños a traicionar a sus padres, el sistema islámico enseña que cualquier miembro de una familia puede ser sacrificado por cualquier otro miembro de la familia por causa de Alá y la yihad. El hijo contra el padre, el padre contra el hijo, el esposo contra la esposa, el hermano contra la hermana, la esposa contra la esposa: es un sistema siniestro. Y no debería ser comparado con el ideal de familia cristiano.
 
Es verdad, ciertamente, que las familias en las sociedades occidentales son a menudo problemáticas y destructivas. Pero en el mundo cristiano y poscristiano, la disfunción familiar no está en función de los valores cristianos, sino alejada de ellos. Los problemas que afligen a las familias modernas son en gran medida el resultado de los valores anticristianos y antifamiliares de la sociedad secularista.
   
Los cristianos están lejos de la perfección. Ellos no son inmunes a la insensatez o al pecado. Pero los valores familiares cristianos son tan diferentes a los valores islámicos como lo son respecto a los valores familiares nazis o los de los soviéticos. Los católicos que trazan una falsa equivalencia entre dos visiones de familia tan diferentes como la del cristianismo y la del islam, deberían saberlo mejor. Y DEBERÍAN DEJAR DE HACERLO.

sábado, 23 de abril de 2016

APOLOGÍA DEL MACHISMO

Por Gabriele Colosimo para RADIO SPADA


Quiero decirlo inmediatamente: el título y la foto son provocadores a propósito. Espero que la provocación pueda ayudar a hacer llegar este breve artículo también a quienes tienen poco claros los roles en el interior de la familia, por el momento que asistimos a una siempre más martellante propaganda a favor de las mismas batallas que han lentamente construido la sociedad de los gises.
 
La foto que está encima es un clarísimo ejemplo de la deshonestidad intelectual que caracteriza a los detractores del orden natural, como fue creado por Dios.
 
Tenemos un hombre con sobrepeso sobre el sofá, portando una camiseta de Star Wars, la conocida saga de películas de fantaciencia, que tiene con una correa una mujer ligera de ropa que plancha y que no parece estar particularmente contenta del tratamiento (y desearía ver...).

Aparece clarísima la referencia a la “sociedad patriarcal”, así como es definida por el activismo LGBT, en la  cual la mujer no será otra que la esclava del marido, el cual, a sentir suyo, tendría derecho de vida y de muerte sobre la pobre desventurada. Probablmente a fuerza de hacer entrar mahometanos debió haber un poco de confusión.
  
Me doy cuenta que la expresión “las mujeres sean sumisas a los maridos” en tiempos de grave decadencia moral pueda ser entendida como una humillación cotidiana de la pobre esposa, o, peor aún, como una opresióne psicológica y física, una suerte de contínuo assoggettamento cotidiano, para intendersi.
 
El matrimonio cristiano no es esto. Empezamos con la cita completa: 
“Las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Señor; por cuanto el hombre es cabeza de la mujer, asi como Cristo es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo místico, del cual Él mismo es salvador. De donde así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres lo han de estar a sus maridos en todo”. (Ef. 5, 22)
 
Cualquiera que esté en sus cabales podría pensar que la Iglesia deba estar sometida a Cristo en el modo en el cual Nuestro Señor la humilla o la oprime? Es por esto que juzgo particularmente deshonestas las conjeturas de los “progresistas” de la familia. Porque nada de lo que dicen tiene fundamento. Pudo caber exclusivamente con una cita parcial y mal interpretada, desnaturalizando la sana sumisión que existe en el orden natural. Cuanto afirman no se asemeja en nada a cuanto se pide a los esposos en el matrimonio sacramental. Y no es nada que tenga mínimamente qué hacer con la luz que es la civilización cristiana.

Quiero citar a Chesterton para hacer comprender dónde se insidia el cortocircuito del feminismo y de la emancipación femenil en general, el escritor dice: “El feminismo está mezclado con la idea tan absurda de que la mujer es libre si sirve a su jefe y esclava si ayuda a su marido”.

Para las feministas son deseables los compromisos laborales, la sumisión (esta sí en el peor sentido del término) al empresario o al jefecito de turno, es deseable que eduquen los hijos después de ocho horas pasadas en la oficina. Más aún, no sólo está bien, sino que ¡la llaman realización! He aquí el grave error.
  
Mientras escribo estas palabras pienso en las mujeres casadas con hijos que he conocido en ambientes laborales. Recuerdo que ninguno tenía dificultad en creerme si digo que el denominador común entre ellos no era exactamente la realización personal. El feminismo que quizá profesaban a los 20 años, imaginándose en un rascacielos de Manhattan impartiendo órdenes y ganar un imprevisto, a los 40 es trasformado en lamentos y ojeras. Quizá la estadística que expongo es falaz, por estar casi solamente basada sobre mi experiencia personal, pero extrañamente en las pausas del trabajo la totalidad de las mujeres de mediana edad con hijos que he conocido muchas veces han dejado traslucir que se hallaban allí más por necesidad que por otra cosa y que si no starebbero volentieri a casa a educar a los hijos.

No pretendo, con mi experiencia, de entrar en las intenciones de todas las mujeres con hijos que trabajan, pero no puedo no tenerlas en cuenta. Por lo menos dejadme juzgar como absurda la lógica por la cual se levanta la mujer, en lo posibile, de las cargas laborales para hacerla dedicar a la educación de los hijos tenidos de los bigotosaurios medievales machistas.
   
Concluyo dejando al Catecismo de San Pío X la respuesta a cualquier acusación contra nuestra santa religión y contra el orden querido por Dios:
413. ¿Qué deberes tienen los esposos? Los esposos tienen el deber de convivir santamente, de ayudarse con afecto constante en las necesidades espirituales y temporales, y de educar bien a los hijos, cuidando el alma no menos que el cuerpo, y formándoles sobre todo en la religión (católica) y en la virtud con la palabra y con el ejemplo.
  
I. Preparación al matrimonio. Quien aún no sabe a qué camino el Señor lo había predestinado, debe buscar conocer la divina voluntad y orar asiduamente y humildemente, aconsejarse y estudiar la propia vocación. En el caso que no se sienta llamado a un estado más perfecto (sacerdocio, vida religiosa o instituto secular), se prepara al estado conyugal. Quien se prepara al matrimonio debe primero que todo debe orar para llegar casto y rico en gracia al altar, y hacer de todo para conservar sus fuerzas para la futura familia. Pedir a Dios que le haga encontrar el compañero o la compañera digna, con quien deberá convivir santamente y formar una buena familia cristiana. Nella scelta del novio o de la novia los jóvenes no deben dejarse guiar del capricho ni de las pasiones pasajeras, che li attira verso i piaceri puramente animaleschi o li spinge a buscar solamente el interés material y el dinero. Durante el noviazgo los jóvenes deben buscar conoscerse mutuamente, comprenderse, aprender a soportarse y ayudarse, prepararse en la oración, en el mutuo respeto, en la unidad del espíritu y de la caridad sobrenatural, a formar una sola carne y una familia cristiana. Antes de celebrar el matrimonio reciban devotamente los sacramentos de la Penitencia y de la Comunión, y vayan al altar de Dios animados de viva fe, profunda devoción y recta intención.
  
II. Deberes de los esposos. 1) Los esposos tienen el deber de convivir santamente, sin imitar a aquellos cónyuges que en las nupcias buscan solamente la satisfacción de sí mismos o el interés material, que traicionan la unidad y la indisolubilidad del sacramento; que quieren solo los placeres evitando los pesos, especialmente de los hijos. 2) ... de ayudarse con afecto constante en las necesidades espirituales y temporales. Del amor nacido espontáneamente en sus corazones y hecho sagrado a los pies del altar con la bendición de Dios: debe nacer el respeto y la ayuda recíproca entre los cónyuges. El marido debe proveer a la mujer cuanto le es necesario para la comida, el vestido y la habitación; debe tratarla no como una sierva, sino como la compañera de su vida y la madre de sus hijos, usando con ella delicadeza amorosa, especialmente en el período de la maternidad. A su vez la mujer debe amar al marido, respetarlo como jefe de la familia y padre de sus hijos, obedecerlo, ayudarlo, custodiar la casa como un santuario, procediendo en modo que el esposo encuentre la mayor felicidad y encanto entre los muros domésticos, dándose con generosidad y sacrificio. 3) ... y de educar bien a los hijos, cuidando el alma no menos que el cuerpo, y formándoles sobre todo en la religión y en la virtud con la palabra y con el ejemplo. El Sumo Pontífice Pío XI, en la Encíclica «De la cristiana educación de la juventud» (31 de Diciembre de 1929) enseña que spetta prima di tutto a los padres la educación natural de los hijos y a la Iglesia la educación sobrenatural. Lo expresado no puede ni debe contrastar los deberes de los padres y de la Iglesia, ni tanto menos impartir la autollamada educación «laica», que en realidad es irreligiosa. Es su culminación el ayudar los padres y la Iglesia en la educación de la juventud. Los padres no sólo deben enseñar los primeros elementos de la ciencia a los hijos y avviarli a los estudios, al trabajo y al ejercicio de una honesta y decorosa profesión; sino que deben instruirles sobre el camino de la piedad cristiana y de la fe, haciendo de ellos buenos ciudadanos y sobretodo buenos cristianos, sirviéndose para esto de la ayuda del estado y de la Iglesia. Para la educación de los hijos tiene ciertamente mucha eficacia la palabra que exhorta, aconseja, manda, reprende y castiga: pero mucho más eficaces son el ejemplo de una vida laboriosa y honesta y la práctica integral de la vida cristiana. Sin el buen ejemplo todas las fatigas y todos los discursos serán desperdiciados.

miércoles, 21 de octubre de 2015

"EL SÍNODO ESTÁ IGNORANDO QUE LA FAMILIA ESTÁ BAJO ATAQUE DEL DIABLO" (ARZOBISPO GRECO-CATÓLICO HÚNGARO)

Traducción de la noticia publicada en CATHOLIC ONLINE y VOICE OF THE FAMILY
  
Un arzobispo húngaro ha tomado distancia del Sínodo Vaticano sobre (o mejor, PARA LA DESTRUCCIÓN DE) la Familia, y de su "Instruméntum Labóri" ("Instumento de Trabajo"). El documento, de más de 22.000 palabras (en sus traducciones al Español y al Inglés), no menciona a satanás el diablo, y tampoco muchísimos otros términos que se usan en conexión con la Fe Católica.
  
La familia hoy está "bajo un feroz y enorme ataque por el diablo", dijo el Arzobispo Péter Fülöp Kocsis, Archieparca de Hajdúdorog y jefe de la Iglesia Greco-Católica de Hungría.
  
Mons. Péter Fülöp Kocsis, Arzobispo (Archieparca) de Hajdúdorog y jefe de la Iglesia Greco-Católica de Hungría
 
El documento, agregó, no se dirige a la razón fundamental de la agitación social. "Un combate espiritual es necesario para luchar contra los ataques de satanás en nuestros tiempos", afirmó el Arzobispo Kocsis, como reportó el grupo católico Voice of the Family el 12 de Octubre.
Enfocaré mi observación en el párrafo octavo del capítulo I, pero en general siento una deficiencia en el texto como un todo, la falta de algo que debería penetrar nuestra visión sobre esos temas. Por esta razón, pudera señalar sobre todos los párrafos que, analizando la situación contemporánea, hablan de una sociedad y época cambiada, llamando a esas dificultades que han aparecido en tiempos recientes como "desafíos".  
Me parece que el texto carece de una claridad que sea más precisa desde su origen, desde la raíz de esos cambios: ¿De dónde vienen? La mayor parte de ellos no son compatibles con el plan de Dios; no proceden de Él... Si esto es así, entonces cabe preguntarse: ¿De dónde se derivan esos cambios, esas dificultades? 
Debemos decirlo claramente: en nuestro mundo malogrado, la familia y los hombres de buenas intenciones están bajo ataque, bajo un feroz y enorme ataque. Y este ataque es del diablo. Debemos llamar a esas fuerzas diabólicas que tienen un rol que desempeñar en esos fenómenos por su nombre porque de este modo podemos encontrar algunas indicaciones para encontrar posibles soluciones.
"Nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra las dominaciones del mundo de las tinieblas, contra los espíritus malignos que habitan en las regiones celestiales" (Efesios 6, 12).
Así, podemos ver nítidamente que en realidad es necesaria una lucha espiritual para combatir los ataques de satanás en nuestros tiempos. Yo vería muy favorablemente que marcasen un énfasis sobre esta lucha espiritual, aunque sea en la parte final del documento, donde las propiuestas y posibles soluciones deben ser formuladas.
"Tomad entonces la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y permanecer firmes después de vencer todos los obstáculos" (Efesios 6, 12).
  
El documento del Vaticano sobre la familia tampoco menciona el Cielo, el Infierno, ni el Purgatorio, verdades cruciales en el Catolicismo.

domingo, 6 de abril de 2014

ALGUNOS CONSEJOS PARA REFORZAR LA FAMILIA Y EVITAR LAS TENTACIONES

Desde SIGNOS DE ESTOS TIEMPOS-FOROS DE LA VIRGEN
     
Todos sabemos que el matrimonio y la familia están bajo ataque. Y lo vemos a través de la cantidad de divorcios, el crecimiento de la lógica de los contactos sexuales sin compromiso, las relaciones extramatromoniales, etc. Por eso este es un tiempo de trabajar horas extras para reforzar el matromonio en dos planos, por un lado reforzar la relación con su esposa y su familia, y por otro lado, evitar las tentaciones.
      
En la medida que la mayor cantidad de rupturas familiares se producen a partir de decisiones de los hombres, es oportuno dar a los hombres una serie de consejos prácticos sobre como reforzar la relación familiar, en especial con su esposa, y como evitar las tentaciones, escialmente con mujeres solteras.
     
6 FORMAS PARA REFORZAR LA RELACIÓN CON SU ESPOSA
       
1. Pregúntele a su esposa sobre su día antes de empezar a hablar del suyo. Ambos han trabajado duro. Ambos están cansados. Ambos pueden tener cosas que desean compartir. Pero preguntarle primero sobre su día. Siempre. Eso demuestra que valora lo que hace y lo que piensa, lo que demuestra que usted la valora ella. Es recomendable incluso si usted tiene una gran noticia. A menos que algo sea urgente, preguntándole acerca de su día y luego compartiendo una gran noticia demuestra lo mucho que se preocupa por ella.
       
2. Explícitamente agradézcale a ella todos los días por su trabajo para la familia. Su esposa trabaja duro y probablemente no está consiguiendo un reconocimiento por su trabajo (dinero, elogios públicos, etc.). Es necesario dejar claro que reconoce el trabajo que está haciendo y que usted lo aprecia. Usted necesita comunicarselo a ella de alguna manera todos los días. Dígaeselo a ella, dejele una nota, dele un regalo –haga algo-.
   
3. Sea siempre agradecido por lo que ella hace por usted, incluso si no lo ha hecho perfectamente. Ella es tu esposa amada, no un empleado o sirviente. Si ella está haciendo algo para usted, usted debe estar agradecido. Incluso si hay fallas, debe darle las gracias y señalar lo que le gusta de ella. Por ejemplo, aunque no crea que la cena fue genial, coma y dele las gracias de todos modos. No critique.
     
4. Si algo hay que hacer y los dos están cansados, ser el que va a hacerlo. Es el final de un largo día para los dos, y los dos están deseosos para relajarse, (pero hay que cambiar el pañal sucio del bebé o los platos todavía tienen que lavarse, o alguna otra cosa necesita ser limpiada, etc). Ambos estan esperando que la otra persona lo haga. Usted debe saltar y hacerlo. Como un marido, que se supone es el líder de la familia, haga el trabajo que ninguno de los dos quiere hacer.
   
5. Felicitarla con regularidad y sin necesidad de una ocasión especial. Si ella es su esposa, ella es hermosa y maravillosa. Y cuando vea otras cualidades que usted admira, hágaselo saber.
   
6. Asegúrese de pasar tiempo de calidad con sus hijos por las tardes. Esta es una situación de ganar-ganar para todos. Usted tiene la oportunidad de pasar un rato divertido con sus hijos, y sus hijos la oportunidad de tener un momento de diversión con usted, pero esto es también una manera de amar a su esposa, por dos razones. En primer lugar, porque ella va a disfrutar viendo a su marido en la construcción de buenas relaciones con sus hijos. En segundo lugar, si ella ha estado con los niños todo el día, el que usted pase tiempo con ellos le da un descanso para hacer otras cosas.
   
5 FORMAS PARA EVITAR LA TENTACIÓN
     
1. Mantenga su anillo. Hay muy pocas excepciones en que ese anillo puede quitarse: operar maquinaria pesada, nadar en aguas infestadas de tiburones, etc. Si usted está a punto de entrar en una situación que le hace ver en su anillo y considerar si lo necesita o no, ¡aléjese de ahí! Sus votos, el matrimonio, sus hijos y más dependen de esas decisiones importantes.
    
2. Poner fotos de su esposa en el trabajo. Un hombre casado en esta posición sería prudente que eligiera un par de fotos grandes y divertidas de él y su mujer y las desplegara en su oficina o lugar de trabajo. Escoja un momento que fue muy divertido, por dos razones: le recordará por qué la ama tanto y va a hacer para una gran herramienta de conversación cuando los demás, especialmente las mujeres, pregunten. Actualice la imagen según sea necesario para mantener a la gente alrededor de usted sabiendo que su relación sigue creciendo.
       
3. Mantenga el contacto visual simple y corto. No lea esto a mal, no se está diciendo que sea grosero. Sino que tenga cuidado por donde recorren sus ojos y el tiempo que viajan cuando está en presencia de una mujer soltera atractiva. Usted sabe que una vez que se involucra en la primera mirada seria pueden venir problemas. Sea breve y siga adelante. Vuelva a la imagen puesta en su escritorio.
     
4. Mantenega una conversación general y profesional. Si usted trabaja con mujeres solteras, no hay duda de que se planterá una conversación. Todo depende de usted en cómo usted decida hablar con ella. Usted puede elegir ser breve y general y optar por mantener el clima profesional o usted puede optar por mantenerla fuera de esto y permitir que vaya a lugares que no debería. Sea cortés, pero muy intencional en sus conversaciones. Si es necesario, una vez más, siempre estará listo para que aparezca algo sobre su esposa o familia. La seguridad ante todo.
      
5. Hable acerca de su esposa y su familia a menudo. La idea es presentar un hogar firme. Las mujeres solteras con las que se comunique cada día, si es necesario, no deben ser rivales de su esposa y familia. Su familia debe ser su primera prioridad en cualquier lugar y con quien se encuentra cada día. Sea breve, sencillo y mencione a su bella esposa.

sábado, 21 de agosto de 2010

DE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS, POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

Desde El Cruzado

“LOS PADRES PECAN SI NO ENSEÑAN A SUS HIJOS SOBRE LAS COSAS DE LA FE Y DE LA SALVACIÓN”

 
“Los padres pecan si no enseñan a sus hijos las cosas de la Fe y de la salvación. No deben imitar a ciertos padres y madres que no cumplen ese deber por el afán de mantener ocupados a sus hijos en otras cosas. La consecuencia es que los desdichados no saben confesarse, no conocen las principales verdades de la Fé, ignoran lo que es la Santísima Trinidad, la Encarnación de Jesucristo, el pecado mortal, el juicio, el infierno, el paraíso la eternidad. Muchas veces esa ignorancia es causa de condenación y sus padres deberán prestar cuentas a Dios por ello.
 
También es deber de los padres vigilar la conducta de los hijos, conocer los lugares y las personas que frecuentan.
 
Los padres también pecan si no cuidan que sus hijos reciban los Sacramentos, observen las Fiestas y los otros preceptos de la Iglesia.
 
Pecan doblemente, si les causan escándalo al proferir delante de sus hijos blasfemias, obscenidades, u otras palabras culposas, o haciendo delante de ellos alguna mala acción.
 
Los padres están obligados a dar buenos ejemplos a los hijos.
 
¿Como podrían los jóvenes tener una buena conducta, cuando ven con frecuencia que sus padres blasfeman, maldicen, injurian al prójimo, profieren ofensas, hablan de venganzas, de obscenidades, y repiten ciertas máximas pestíferas como: ‘No es necesario preocuparse tanto; Dios es misericordioso, Él tolera ciertos pecados’?
 
Santo Tomás dice que, de alguna manera, tales padres obligan a pecar a sus hijos.
 
Hay padres que se lamentan de tener malos hijos; Jesucristo dice: ‘¿Alguna vez crecieron uvas de espinas?’ ¿Cómo pueden los hijos ser buenos si tienen malos padres? Sería necesario un milagro.
  
También es verdad que a veces los padres que dan un mal ejemplo no corrigen a sus hijos aún cuando saben que pecan por no corregirlos.
 
Santo Tomás dice que, en este caso, un padre debe, por lo menos, pedir a su hijo que no siga el mal ejemplo que le da.
  
Cuando los padres dan mal ejemplo, digo yo por mi cuenta, no puede esperarse ningún fruto ni de las advertencias, ni de las oraciones ni de los castigos”.
  
San Alfonso María de Ligorio, Œuvres Complétes - Œuvres Ascétiques (2ª ed), tomo XVI. Casterman editores, Tournai 1887, págs. 474-480.

martes, 29 de junio de 2010

EN EL NUEVO TESTAMENTO SÍ SE CONDENA LA SODOMÍA

Mi carísimo hermano, Héctor el Cruzado, escribe este artículo como respuesta a aquellos que piensan que el Nuevo Testamento no condena el putimonio (el "matrimonio" gay), y otras prácticas contra la naturaleza.
 
El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer NO otra.

He visto en muchos lugares que los defensores del putinomio y demás prácticas contranatura argumentan que en el Nuevo Testamento no hay cita sobre la condena de la homosexualidad y más aún, que Jesús no dijo nada la respecto.

En el Antiguo Testamento tenemos infinidad de citas sobre el hecho y NUNCA Jesús las cambió, ni cuestionó.
 
Ejemplos:
 
  • "No te echarás con varón como con mujer, es abominación" (Lv 18,22).
  • "Si alguno se juntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos, sobre ellos será su sangre" (Lv 20,13).

Las ciudades de Sodoma y Gomorra fueron destruidas por su pecado. Y el pecado que más aparece en el escenario de esas dos ciudades fue el de la homosexualidad. Se sabe que este pecado era tan dominante que, cuando los ángeles de Dios fueron a casa de Lot, los hombres de Sodoma quisieron entrar a la casa para "poseer" sexualmente a aquellos visitantes de Dios. Pero no lo consiguieron, porque los ángeles les hirieron de ceguera. Y esta ciudad fue borrada del mapa (Gn 19,4-11).
 
Sodoma y Gomorra fueron destruidas por causa de la homosexualidad que reinaba en dichas ciudades, de donde viene la palabra "sodomía". (Huida de Lot, detalle de "La destrucción de Sodoma")

Y como las anteriores hay al menos una decena de citas contra la homosexualidad. 
 
Dicen estos tergiversadores de la Verdad que el Antiguo testamento era otra cosa. ¡Cómo si no fuera parte de la Misma Biblia!

Pero bueno, demósle el gusto, a los que piden citas del Nuevo Testamento he aquí algunas:

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y al igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron con su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen" (Ro 1,26-28)
 
Inexorablemente "La paga de su pecado es la muerte" (Ro 6,23).

En 2 Corintios 6:9-10 está escrito:  "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, NI LOS AFEMINADOS, NI LOS QUE SE ECHAN CON VARONES, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios….

Y si quieren un cita sobre el UNICO matrimonio posible de boca del mismísimo Jesús al respecto, acá la tienen:

En Mateo 19:4-6: “El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, VARÓN Y HEMBRA LOS HIZO, y dijo: Por esto el HOMBRE dejará padre y madre, y SE UNIRÁ A SU MUJER, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

Acá no hay parábolas ni doble interpretación, ni dudoso significado, es bien claro y taxativo.

Jesús fue totalmente claro en este asunto: el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, ¡NO OTRA!

Siendo así, estos desviados no sólo practican y defienden estas aberrantes costumbres sino que además cambian las Escrituras, pero, ya lo había dicho el apóstol Pedro hace casi dos mil años:
 
II Pedro 3:16 "Casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos é inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos."

Lo más grave no es que los servidores de Satanás cambien, desvirtúen y mientan sobre las Sagradas Escrituras, lo más grave es que ante estos hecho la Iglesia pernanece anestesiada avalando con su pasividad cosas como estas aún apoyadas por boca de algunos sacerdotes, cuando debería salir "espada en mano" a enfrentar esa aberración destructora de la familia, base primordial de una sociedad Cristiana.

Héctor el Cruzado

martes, 23 de marzo de 2010

VOCACIÓN: UN LLAMADO AL SERVICIO DE DIOS

 
No todos son llamados para la vida religiosa o el sacerdocio. Pero quienes sí lo son, reciben grandes dones de Dios

De Congregación María Reina Inmaculada

Esta pregunta es de importancia e interés perenne: ¿cómo puedo saber si tengo vocación al sacerdocio o a la vida religiosa? Es un error creer que tal vocación debe ser tan absoluta y clara que apenas deja lugar para el libre albedrío. Existen ciertas condiciones absolutas para una vocación, condiciones sin las cuales se puede estar seguro que Dios no lo llama a uno. Otras señales son inherentes a la libre voluntad y dependen de ella, pero son inspiradas por la gracia de Dios como invitación a seguirle, las cuales son:
1. º Buena salud. Puesto que la vida religiosa exige grandes esfuerzos físicos, es necesario tener una buena salud.
2. º Talentos ordinarios. Debe tener el candidato al menos habilidades ordinarias para seguir una vocación religiosa.
3. º Independencia razonable. Si está obligado a cuidar de los padres, por ejemplo, esa persona no está libre para entrar al estado religioso.
4. º Piedad normal. Si no tiene, cuando menos, una devoción ordinaria a las prácticas religiosas, difícilmente podrá adaptarse a los extraordinarios ejercicios religiosos de un sacerdote o monje.
Aparte de estas cualidades esenciales, están las que dependen y son inherentes al libre albedrío, pero que las inspira Dios para seguirle:
1. º Un espíritu de sacrificio: la capacidad para poder abandonar los bienes inferiores, aunque más atractivos, a favor de los bienes superiores espirituales.
2. º Un espíritu de celo: aquella forma especial de la caridad que inspira querer hacer algo para salvar almas.
3. º Un espíritu de desinterés: el poder que capacita a una persona para estar en el mundo, pero no ser parte del mundo. Un religioso debe ser capaz de controlar sus emociones y, si es necesario, suprimirlas. Debe estar dispuesto a permanecer el resto de su vida en el celibato.
4. º Un deseo de ser religioso: o la convicción de que el camino más seguro para salvar su alma es entrando al estado religioso.
La presencia de estas ocho señales es una indicación de que uno está siendo invitado por Dios a ser uno de los suyos. Su presencia, sin embargo, nunca equivaldrá a un mandato seguro: la decisión siempre se deja a la libre voluntad. Una vocación es la voz de Dios, no mandando, sino llamando. Seguir este llamado es seguir el plan especial de Dios. Una vocación es el camino particular en la vida que traerá una de las felicidades más grandes sobre la tierra y en la eternidad.

Es difícil enumerar todos los dones y gracias que el Todopoderoso Dios derrama sobre un religioso. Todo en la vida religiosa tiende hacia la santificación personal y la salvación de otros: la frecuente recepción de los sacramentos, los ejercicios religiosos y las prácticas piadosas, las innumerables oportunidades para la práctica de la virtud, la sagrada regla y las costumbres de la orden o congregación, los períodos de soledad y silencio, la santidad de sus ocupaciones, los votos de pobreza, castidad y obediencia, las numerosas instrucciones espirituales...

San Bernardo nos dice que los religiosos viven más puramente, caen rara vez, se levantan con mayor facilidad, están dotados más copiosamente de la gracia, mueren con mayor seguridad y son recompensados con mayor abundancia. Una vocación religiosa es una gracia magnífica de Dios, pero es sólo el comienzo de una larga cadena de gracias con las que deben cooperar sirviéndole con amor y fervor. Al ser fiel a su vocación, el religioso es capaz de cambiar el mundo, de ganar el mundo para Cristo, de restaurar todas las cosas en Cristo.

Si tal es el valor de la vocación religiosa, ¿podemos acaso comprender el mérito de un llamado al sacerdocio? En verdad, ¿qué sería la Iglesia Católica sin el sacerdote? El confesionario sería inútil, la iglesia estaría vacía, el púlpito estaría en silencio. En momentos de pena y en la hora de la muerte no habría nadie para dar consuelo y aseguranzas del amor y el perdón divino. ¡Nunca antes ha habido tal necesidad por los sacerdotes, y nunca ha habido tal escasez de ellos!

La vida religiosa o sacerdotal parece ser difícil. Si confiamos en nuestras fuerzas, seguramente lo será. Se necesita la confianza en la bondad y el poder de Dios, cuya gracia siempre basta para cumplir lo que pide. Esta confianza se ganará con la oración ferviente. Debemos orar para conocer y hacer la voluntad de Dios, y debemos pedir por la gracia para llevarla a cabo rápidamente. Demorar la vocación sin una razón suficiente es arriesgar la invitación especial de Dios.

Alguien que se sienta llamado al sacerdocio o a la vida religiosa debería buscar el sabio consejo de un confesor o sacerdote. En la decisión de la vocación, lo esencial es entender qué es la voluntad de Dios, no necesariamente lo que a uno le gusta más. El joven rico del Evangelio ciertamente amaba a Dios, guardaba los mandamientos y era amado en gran manera por Nuestro Señor. Pero en su apego a las riquezas, rechazó el llamado de seguir a Cristo y «se fue triste». Quiera Dios concederle a muchas almas la generosidad y dedicación necesarias para satisfacer las necesidades de nuestros tiempos. ¡He aquí, la cosecha es grande, y pocos los labradores!

Oración para escoger el estado de vida

Oh Dios mío, Tú que eres el Dios de sabiduría y del buen consejo, Tú que lees en mi corazón el sincero deseo de agradarte a tí solo y de hacer todo conforme a Tu santa voluntad en cuanto a mi decisión sobre el estado de vida; por la intercesión de la Santísima Virgen, Madre mía, y de mis santos patronos, concédeme la gracia para saber qué vida he de escoger, y para abrazarla una vez conocida, a fin de que así pueda yo buscar Tu gloria y merecer la recompensa celestial que has prometido a los que hacen Tu santa voluntad. Amén.

(Indulgencia de 300 días una vez al día —Papa San Pío X)