Por Kathy Clubb para FAMILY LIFE INTERNATIONAL. Traducción propia.
En Julio pasado, escribí un artículo para
The Remnant sobre un sacerdote de Queensland (
Kerry Costigan,
de la diócesis de Toowoomba) que admitió públicamente que ha sido
Francmasón por más de una década (en la logia Ashlar). Aunque eso es
bastante chocante, lo más perturbador de esta historia fie que el
sacerdote afirma tener una carta de la Conferencia de Obispos Católicos
de Australia (en adelante ACBC, por sus siglas inglesas), dándole
permiso a los Católicos para convertirse en Francmasones. Este permiso
se dice estar basado en la errónea conclusión de que la Francmasonería
‘australiana’ es algo diferente de cualquier otra forma de
Francmasonería.
Como mi artículo anterior explicaba, el encargado de comunicaciones para
el Secretariado de la ACBC respondió a mi solicitud con esta
declaración:
“En años recientes, la Conferencia de Obispos Católicos de Australia ha
intercambiado correspondencia privada con directivos de los
Francmasones. Los escritos del P. Costigan no reflejan adecuadamente los
contenidos de esa correspondencia privada ni cualquier política de la
Conferencia”.
Como se mostrará, esa declaración puede ser técnicamente cierta, pero de
ninguna manera explica la realidad de los contenidos de la
correspondencia.
Oculto a la vista de todos
Múltiples llamadas telefónicas y correos a las Archidiócesis por varios
meses rindieron poco fruto (solamente sitios noticiosos Católicos
independientes y los
Francmasones
mismos parecían interesados en las lealtades conflictivas del P.
Costigan. Sin embargo, una publicación despreocupada en medios sociales
llevó al descubrimiento de la carta en línea, junto con la carta de los
Francmasones que originalmente que originalmente llevó a la respuesta de
la ACBC.
Esa carta por el anterior Gran Maestro del Territorio del
Norte/Australia del Sur, Stephen Michalak, al P. Stephen Hackett,
Secretario de la ACBC, en 2016. En ella, el Sr. Michalak busca aclarar
la posición de la Iglesia Católica sobre el que sus miembros se hagan
Francmasones.
El mismo Sr. Michalak es “Católico”, como fue el Gran Maestro de
Queensland y Australia Occidental en ese tiempo. En su carta, el Sr.
Michalak se extiende sobre las supuestas virtudes de la Masonería,
mientras que al mismo tiempo admite que la Iglesia mantiende su veto a
que los Católicos se hagan miembros. Él habla de su ‘amistad de vieja
data’ con un antiguo Vicario General de Adelaida, que le aconsejó
contactar con el entonces Vicario General, el P. Philip Marshall.
El P. Marshall le aconsejó que obtuviera el consentimiento de todos los
Grandes Maestros de Australia antes de contactar a la Iglesia, y le
sugirió a Michalak que entonces le escriba a la ACBC ‘la resolución
pastoral a los desafíos presentes como también trazar un
camino para los Católicos que son Francmasones para participar
plenamente en la vida sacramental de la Iglesia’.
El Sr. Michalak concluyó su carta declarando su esperanza de que los
Francmasones Católicos Romanos sean finalmente permitidos para recibir
los sacramentos sin esar en estado de pecado.
La respuesta del padre Hackett.
La respuesta del P. Hackett está fechada a Julio de 2017, exactamente un
año después de que el Sr. Michalak enviara su misiva. Esto necesitó,
escribe, a fin de consultar con la Comisión Episcopal para el Derecho
Canónico, la Comisión Episcopal
para la Doctrina y Moral, y la misma Conferencia
Episcopal.
Sin otra explicación alguna que un reconocimiento del flamante informe
del Sr. Michalak sobre la Francmasonería, el P. Hackett expresa su
satisfacción de que la ‘Francmasonería australiana’ no es hostil al
Catolicismo. Con todo, si este es verdaderamente el caso, es razonable
preguntar por qué esta declaración nunca se hizo pública o reveló para
ser la posición oficial de la ACBC (incluso pensando, como el P. Hackett
alega después, que la Conferencia Episcopal llegó a esa conclusión en
1984). Seguramente, si una investigación concienzuda involucrando los
múltiples aparatos de la ACBC y que tomó un año para completarla haya
tenido lugar, entonces habría llevado a la Secretaría a revelar
públicamente este hecho, y permitir que esa misteriosa directiva de 1984
sea promulgada.
Pero hay más.
El P. Hackett lleva a imaginar a la Iglesia y los Masones trabajando en
un ‘espíritu de armonía’ que sería ‘informado por circunstancia,
necesidad y oportunidad’. Entonces hace la siguiente declaración
alarmante y francamente falsa:
“Quizá
más importantemente para los miembros Católicos de la Francmasonería,
puedo reiterar una primera directiva hecha por la Conferencia Episcopal
en 1984 y ratificada este año. No se aplica ninguna penalidad a la
membresía Católica de la Orden masónica. La participación de los
Católicos en la Francmasonería es más que todo un asunto moral que
normalmente debería ser tratado personal y pastoralmente en la parroquia
local. Sugiero que donde una respuesta pastoral local no sea
consistente con esta expectación y la participación
litúrgica-sacramental es hecha difícil o rechazada, que esta puede ser
referida al vicario general local o a mí.
Presentaré el tema de los Católicos y la Francmasonería durante el
encuentro anual de Vicarios Generales Archidiocesanos, cuya siguiente
reunión está para realizarse en Mayo de 2018, para asegurar que ellos
estén familiarizados con el enfoque preferido de la Conferencia
Episcopal”.
La excusa del P. Hackett –que el secreto es necesario en caso de haber
algunas logias australianas que son hostiles a la Iglesia– no se
sostiene, porque no proporciona ningún criterio para juzgar la
‘hostilidad’ dado que la Iglesia condena a toda la Masonería en
cualquier caso.
“Ninguna autoridad eclesiástica local tiene la competencia para derogar estos juicios”
En el caso de haber alguna duda sobre la enseñanza constante sobre la
incompatibilidad de la Francmasonería con la Fe, se aporta un resumen de
la más reciente directiva vaticana sobre la Masonería. Esta es la
Declaración sobre Asociaciones Masónicas
de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe de 1983, y fue
presentada luego de que el Código de Derecho Canónico fue cambiado ese
mismo año, omitiendo la orden de que los Católicos Francmasones incurren
en excomunión. Esa revisión ha causado confusión entre los Católicos,
que en algunos casos asumieron que ya no había ninguna pena por mantener
su membresía masónica. El entonces cardenal Joseph Ratzinger se sintió
compelido a firmar la Directiva a fin de disipar la confusión sobre la
Francmasonería. Según la Directiva de 1983:
- No ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las
asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido
considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia.
- Los Católicos que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en
estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión.
- Ninguna autoridad eclesiástica local tiene la competencia para derogar estos juicios de la Sagrada Congregación.
Ese último punto, concerniente a una prohibición de que las autoridades
locales promulguen una enseñanza alternativa sobre la Masonería, es muy
pertinente en este caso. Porque sugerir que la Conferencia Episcopal
Australiana puede administrar una interpretación a la medida de la
relación entre la Masonería y la Iglesia, el P. Hackett está en clara
violación de la directiva de la CDF. Obviamente, él ha violado el primer
punto al sugerir que la denominada ‘Francmasonería australiana’ puede
ser reconciliada con la Iglesia, y el segundo por dejar de advertirle a
los Católicos que siguen siendo Masones que no pueden recibir la Sagrada
Comunión.
La afirmación del P. Hackett de que la directiva de la ACBC de 1984
aprobaba la Francmasonería luego de la proclamación definitiva de la CDF
se apoya en una arrogancia que desafía la fe.
La Francmasonería es un “instrumento de satanás”
La declaración del P. Hackett sobre la Francmasonería, además de violar
la Directiva de 1983, está en contraste con lo que muchos Papas, obispos
y laicos que han denunciado a la Masonería desde su nacimiento hace
cuatrocientos años. De hecho, han habido más de veinte encíclicas y
bulas papales escritas sobre esta materia solamente por los Papas.
La más famosa de estas, Humánum Genus, fue escrita por el Papa León XIII en 1884. En ella, el Papa escribió:
“Lo primero que debéis procurar es arrancar a los masones su máscara,
para que sea conocido de todos su verdadero rostro; y que los pueblos aprendan por medio de vuestro sermones y pastorales,
escritas con este fin, las arteras maniobras de esas sociedades en el halago y en la seducción, la maldad de sus teorías y la
inmoralidad de su acción. Que nadie que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación personal, juzgue
serle lícito por ninguna causa inscribirse en la masonería, prohibición confirmada repetidas veces por nuestros antecesores”.
En 1985, el cardenal estadounidense Law derribó específicamente la idea
de que la Masonería podía ser aceptable incluso si ostensiblemente no es
hostil a la Fe, cuando
dijo:
“E incluso, aunque las organizaciones Masónicas puedan en casos
particulares no conspirar contra la Fe, seguirá siendo erróneo unirse a
ellas porque sus principios básicos son irreconcilables con los de la Fe
Católica”.
El obispo Atanasio Schneider, en una
entrevista de Dieciembre de 2016,
se refirió a la Francmasonería como el ‘Instrumento de satanás’,
recordando a los Católicos que San Maximiliano Kolbe fundó su Milicia de
la Inmaculada como respuesta directa a las amenazas de los Francmasones
italianos de su tiempo. Como el obispo Schneider señaló, reiterando la
enseñanza constante de la Iglesia, el objetivo de la Francmasonería es
“eliminar toda la doctrina de Dios, especialmente la Doctrina Católica”.
El laico John Salza, ex-masón grado 32, es justo como contundente. Él
declara que “la Francmasonería es una religión que está opuesta a Jesucristo y la Iglesia Católica. Esa es la línea de fondo”.
Los Obispos responden
FLI contactó al Arzobispo Anthony Fisher OP, Vicepresidente de la ACBC y
el Arzobispo Julian Porteous para una respuesta a nuestras inquietudes:
El Arzobispo Fisher declaró por medio de su secretario privado que:
… él no tiene ningún registro de que haya sido discutido esto en la
Conferencia Episcopal. La Declaración sobre las Asociaciones Masónicas
de 1983 por la Congregación para la Doctrina de la Fe deja claro que los
Católicos que se enrolen en actividades masónicas están en estado de
pecado grave y no pueden recibir la Santa Comunión. Además, la
Declaración dice expresamente que no es competencia de las autoridades
eclesiásticas locales derogar esto.
Además, el Arzobispo dijo que es su parecer que aunque las penas han
variado, la Iglesia nunca ha estado de acuerdo con que los Católicos se
unan a cualquier organización secreta con doctrinas cuasi-religiosas”.
Adicionalmente, el secretario del Arzobispo Fisher llevó nuestra
atención al Concilio Plenario de 1937 para Australia, que aprobó un
decreto que prohibía a los Católicos ser miembros de la Francmasonería.
Paul Hanrahan habló con el Arzobispo Julian Porteous, Patrono de FLI,
que prefería evitar cualquier comentario hasta que tenga una respuesta a
su carta al padre Stephen Hackett MSC, pidiéndole claridad,
especialmente sobre dónde recibió la información que ha citado. Él, sin
embargo, adhiere a los comentarios del Arzobispo Anthony Fisher.
“Porque no hay nada oculto que no llegue a ser revelado”
Es casi irónico que los atientados por el clero Católico para minar a la
Iglesia abrazando a la Fracnmasonería fueron deshechos por esa sociedad
‘secreta’ dándole publicidad a esto por los medios sociales.
Un día, como Jesús nos ha prometido, todos esos secretos serán
revelados. Pero en el ínterin antes de ese temido día, hay la seguridad
de que muchas traiciones sean reveladas.
A la luz del fracaso de la ACBC para defender adecuadamente la doctrina
de la Iglesia sobre una materia tan fundamental como la incompatibilidad
del Catolicismo con la Francmasonería, debería también preguntarse qué
puede esperar cualquier Católico sensato del venidero Concilio Plenario
para arreglárselas mejor.
A menos que los obispos hagan conocer información sobre lo contrario,
los Católicos pueden conjeturar que existe en Australia una cábala
clerical que está involucrada en la Francmasonería, un número que
posiblemente no sea insignificante. Conociendo el triste estado del
sistema educativo católico, la amplia incidencia de la heterodoxia en
las parroquias australianas, el descontrolado homo-clericalismo y su
concomitante escándalo de abuso, como también el fracaso continuado de
cualquiera en autoridad para censurar al P. Costigan –una obra
espiritual de misericordia que es obligación de todo obispo–, esos
temores no serán infundados.
Las oficinas de la Comisión Episcopal para el Derecho Canónico, la
Comisión Episcopal para la Doctrina y Moral, los Vicarios Generales y la
misma Conferencia Episcopal parecen ser un buen lugar para comenzar a
buscar.
Las cartas en cuestión del Gran Maestro Stephen Michalak y la respuesta
del Padre Stephen Hackett MSC con el membrete de la ACBC pueden leerse a
continuación:
“Durante mi período como Gran Maestro de la Gran Logia de Australia del
Sur/Territorio del Norte 2015-2018, mantuve correspondencia con la
Conferencia de Obispos Católicos de Australia para aclarar la posición
de la Iglesia Católica Romana sobre la participación de los Católicos
Romanos en nuestra Orden en Australia.
Entiendo que existe cierto malentendido sobre este punto, especialmente en Toowoomba, Queensland.
Para remover cualquier duda, he anexado mi carta original al Secretario
General de la Conferencia de Obispos Católicos de Australia en 2016, y
su respuesta oficial hacia mí en su nombre en 2017.
Stephen Michalak
M∴R∴ G∴M∴I∴P∴ SA/NT”
TRADUCCIÓN
FREEMASONS SA & NT
Gran Logia de Antiguos y Aceptados Masones Libres de Australia del Sur y Territorio del Norte Inc. ABN 67 609 029 546
Todas las comunicaciones a
La Gran Secretaría
Salón de Francmasones
254 North Terrace
(Casilla postal 19 Rundle Mall)
Adelaida SA 5000
(08) 8223 1633
Fax: (08) 8224 0755
info@santfreemason.org.au
Nuestros valores centrales son:
- Altos estándares morales
- Compromiso a la caridad familiar y el cuidado comunitario
- Cortesía, honestidad y justicia en todos los tratos
29 de Julio de 2016
Padre Stephen Hackett, MSC
Secretario General
Conferencia de Obispos Católicos Australianos
Casilla postal general 368
Canberra ACT (Territorio de la Capital Australiana) 2601
Querido Padre Hackett,
Mi nombre es Stephen Michalak. Fui criado como Católico romano, recibí
todos los sacramentos de la Iglesia (hasta el Matrimonio inclusive). Mi
formación primaria fue conducida por las Hermanas de Nuestra Señora del
Sagrado Corazón y mi educación secundaria fue dirigida por los Hermanos
Cristianos. A finales de mi adolescencia pasé un año como postulante en
la Orden de los Frailes Menores (Franciscanos).
Por los pasados 17 años, he sido francmasón. Soy actualmente el Gran
Maestro de los Francmasones en Australia del Sur y del Territorio del
Norte. Soy, de hecho, el primer Gran Maestro Católico Romano en nuestra
jurisdicción de SA/NT. Sin embargo, no soy el primer el primer Gran
Maestro Católico Romano en Australia. Actualmente Australia Occidental y
Queensland también tienen Católicos Romanos como Grandes Maestros.
La Orden de los Francmasones en Australia:
Como una Orden, los Francmasones aceptan hombres de todas las fes que
profesan una creencia en Dios. Dentro de la Logia tenemos prohibido
discutir de religión y política. La razón para esto es que entendemos
que estos dos temas son divisivos. Uno de los objetivos primarios de la
Orden es unir a los hombres para proporcionar servicio y alivio a todas
las personas sin importar su fe, o política, clase social, cultura o
lengua.
En todo aspecto, nuestra Orden es ecuménica y universal en el más amplio sentido posible.
Por experiencia personal, puedo decir que la práctica de la
Francmasonería en Australia expresa en palabra y demuestra en acción,
los más puros principios de caridad y socorro.
Es importante que yo represente a la Francmasonería (como es practicada en Australia) con la mayor claridad posible:
- No es anticatólica. Todo lo contrario. La Orden apoya mi deseo y los
de los Francmasones Católicos Romanos para participar en los
sacramentos y la vida de la Iglesia Católica Romana en la mayor medida
posible.
- Es fácil decirlo, pero como demostración de este principio, los
Francmasones en Australia y Nueva Zelanda contribuyeron con $440.000 a
la Orden Salesiana para asistir en en las operaciones de recuperación
post-tsunami en Sri Lanka luego del tsunami de 2004 (ver: http://www.ad2000.com.au/salesians_continue_to_help_post_tsunami_sri_lanka_february_2008)
- Sus enseñanzas y principios son en todo aspecto, Cristianos.
- Alienta la participación activa en obras de caridad (no solo
palabras) dentro de las comunidades en que vivimos. Una Logia de
hermanos jóvenes dona activamente su tiempo antes de las horas
laborables para asistir los sin hogar en el Centro de la Calle Hutt en
Adelaida (una caridad Católica Romana).
Históricamente, la Iglesia Católica Romana ha tenido algunas objeciones
significativas a los miembros de la fe Católica Romana para ingresar (y
permanecer) como miembros de la Orden Masónica. Quisiera resaltar una
breve historia respecto a algunas de estas sanciones.
Un breve sumario de las objeciones de la Iglesia Católica Romana a la Francmasonería:
- 1738 – Bula Papal In eminénti apostolátus prohíbe la membresía Católica Romana en la Orden
- 1884 – Encíclica Papal Humánum genus prohíbe la membresía Católica Romana en la Orden
- 1917 – El Código de Derecho Canónico (canon 2335) declara que la
excomunión automática es la pena para cualquier Católico Romano que
participe de la Orden
Desde este punto, parecen haber opiniones (o interpretaciones)
divergente sobre la aplicación de las Bulas Papales (mencionadas
anteriormente) y el Canon 2335.
- 1974 – Franjo Card. Seper (Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe) sugiere en una carta privada
su opinión de que el Canon 2335 aplica solamente en instancias donde la
práctica de la Francmasonería es hostil a la Iglesia Católica Romana.
- 1981 – Franjo Card. Seper reafirma la posición tradicional de que la participación Católica Romana en la Orden está vetada.
1983 – El canon 1374 no enlista a la Francmasonería entre las sociedades secretas vetadas.
- 1983 – Joseph Card. Ratzinger (Benedicto XVI, Papa Emérito),
presenta la Declaración sobre Asociaciones Masónicas. Esto refina la
posición explicando que un Católico Romano que se une a la Orden está
(1) en estado de pecado mortal y (2) no puede recibir la Sagrada
Eucaristía.
- 2007 – El Arzobispo Gianfranco Girotti reafirma que la membresía Católica Romana de la Orden sigue prohibida.
Mis circunstancias personales:
Nuestra Orden en SA/NT tiene un número significativo de Católicos
Romanos entre sus miembros. Regularmente ellos me comunican la variedad
de trato por sacerdotes dentro de la Archidiócesis de Adelaida. No hay
consistencia. Un párroco recibirá a los hermanos para recibir los
Sacramentos mientras que otro condenará la acción.
Hace dos años, un joven sacerdote australiano se rehusó a estrechar mi
mano después de la Misa. Me preguntó qué significaba el botón que
vestía. Cuando le dije que era Francmasón, me dijo que (1) yo estaba en
pecado mortal y (2) mientras permaneciera como Francmasón, no tenía la
posibilidad de recibir la Sagrada Eucaristía. Su comentario de despedida
para conmigo fue completamente insatisfactorio, específicamente que
mientras yo permanezca Francmasón, vista un botón masónico y un anillo
masónico, no era bienvenido en su comunidad.
Esta posición parece completamente contrapuesta a mi entendimiento de lo
que el Papa Francisco está tratando activamente de promover (un
espíritu de entendimiento y reconciliación), y un regreso al mensaje
central de los Evangelios (principalmente el amor y la inclusión).
Afortunadamente, he tenido una asociación de larga data con un antiguo
Vicario General de Adelaida que me alentó a trabajar activamente en pro
de establecer un díalogo entre Francmasones y la Iglesia Católica
Romana. Su apoyo me motivó a buscar una audiencia con el actual Vicario
General de la Archidiócesis de Adelaida (Padre Phillip Marshall). En ese
encuentro, el P. Marshall me explicó el proceso que creía necesitaba
seguir:
- Obtener el consenso unánime de todos los Grandes Maestros Masónicos
de Australia para comprometerme en un diálogo con la Iglesia Católica
Romana, y
- Escribir a la Conferencia de Obispos Católicos de Australia para
poner nuestras preocupaciones ante ellos y buscar su asistencia en
comprometerlos a ellos y a la Iglesia universal en buscar la resolución
pastoral a los desafíos presentes como también trazar un camino para los
Católicos que son Francmasones para participar plenamente en la vida
sacramental de la Iglesia.
He anexado un extracto de las Minutas de la Conferencia de los Grandes
Maestros tenida en Melbourne, Victoria en Abril de 2016. El extracto
provee evidencia del apoyo unánime de todos los Grandes Maestros en
todas las Jurisdicciones de Australia para mí a fin de lograr este nivel
de compromiso con la Conferencia de Obispos Católicos de Australia.
Lo que espero conseguir:
Espero que (trabajando juntos) podamos ser capaces de lograr algunos objetivos, entre ellos:
- Que se adelante un diálogo significativo y confiable entre la Iglesia Católica Romana en Australia y la Francmasonería.
- Que la Iglesia Católica Romana en Australia y las distintas
Jurisdicciones Masónicas en Australia puedan trabajar juntas en un
espíritu de armonía.
- Que yo (y otros Francmasones Católicos Romanos en Australia) seamos
alentados a participar en los Sacramentos y en la vida de la Iglesia sin
censura o prejuicio de estar en estado de pecado mortal.
Preveo su reconocimiento de esta carta y guía adicional en promover el
nivel de compromiso necesario para lograr los fines que he indicado
arriba.
Sinceramente suyo,
(Fdo.)
Muy Respetable Hermano Stephen Michalak
Gran Maestro, SA/NT
TRADUCCIÓN
CONFERENCIA DE OBISPOS CATÓLICOS DE AUSTRALIA
Secretariado General
11 de Julio de 2017
Muy Respetable Hermano Stephen Michalak
Gran Maestro, SA/NT
Centro Masónico
Casilla Postal 19
Rundle Mall
ADELAIDA SA 5000
Querido Sr. Michalak,
Me refiero a su carta del 29 de Julio de 2016, respecto a la Iglesia Católica y la Francmasonería.
Para responder a los asuntos que Vd. elevó en esa carta, busqué el
consejo de la Comisión Episcopal para el Derecho Canónico y la Comisión
Episcopal para la Doctrina y la Moral, revisado nuestros archivos de
consideraciones previas sobre la participación de los Católicos en la
Francmasonería, y consultado a mis pares en otras conferencias
episcopales. Ha tomado tiempo para las Comisiones Episcopales y, más
recientemente, para la Conferencia Episcopal, abordar estas materias.
Respecto a sus tres objetivos declarados en su escrito, creo que un
diálogo significativo y confiable entre la Iglesia Católica en Australia
y la Francmasonería es posible en la medida en que la rama particular
de la Francmasonería no es hostil a la Iglesia y la Fe Católica. Sobre
quien puede participar en tal diálogo, sugiero que esto sea determinado
por los asuntos bajo consideración.
En lo concerniente a la Iglesia Católica en Australia y las distintas
Jurisdicciones Masónicas trabajando juntas en un espíritu de armonía,
espero que esto pueda ser informado por circunstancia, necesidad y
oportunidad. Su carta anota instancias donde tal oportunidad ya se ha
suscitado y la cooperación ha sido beneficiosa para los necesitados.
Quizá más importantemente para los miembros Católicos de la
Francmasonería, puedo reiterar una primera directiva hecha por la
Conferencia Episcopal en 1984 y ratificada este año. No se aplica
ninguna penalidad a la membresía Católica de la Orden masónica. La
participación de los Católicos en la Francmasonería es más que todo un
asunto moral que normalmente debería ser tratado personal y
pastoralmente en la parroquia local. Sugiero que donde una respuesta
pastoral local no sea consistente con esta expectación y la
participación litúrgica-sacramental es hecha difícil o rechazada, que
esta puede ser referida al vicario general local o a mí.
Tristemente, la disposición más positiva de la Francmasonería frente a
la Iglesia Católica en Australia que ha destacado en su carta no es el
caso en algunos otros países, donde la Francmasonería puede ser
antitéica a la fe Católica. Por esta divergencia en la disposición de
las diferentes ramas de la Orden Masónica a la Iglesia Católica, la
Conferencia Episcopal ha optado prudentemente por no emitir una
directiva sobre la membresía Católica en la Francmasonería. En cambio,
tal participación es en cada instancia mejor dirigida personalmente con
el párroco local.
Presentaré el tema de los Católicos y la Francmasonería durante el
encuentro anual de Vicarios Generales Archidiocesanos, cuya siguiente
reunión está para realizarse en Mayo de 2018, para asegurar que ellos
estén familiarizados con el enfoque preferido de la Conferencia
Episcopal.
Con todos los mejores deseos,
Sinceramente suyo,
(Fdo.)
Rev. Stephen Hackett MSC
Secretario general
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