Señor mío, yo se que si miraseis a nuestras iniquidades no habría ninguno que pueda escapar de la eterna condenación. Mas acordaos que habéis sufrido los más crueles tormentos, derramasteis vuestra Sangre Preciosísima y habéis muerto con el solo fin de perdonarnos. No tengo otra consolación sobre la tierra, sino de ver a los pecadores que vuelven a vuestros pies. Concededme la conversión de este pecador obstinado N.: su alma está en vuestras manos. Amén. (SANTA CATALINA DE SIENA)

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