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sábado, 21 de diciembre de 2019

RORATE COELI, LA ANTÍFONA QUE INSPIRÓ UN HIMNO

La Anunciación (Miniatura de Fra Angélico)
  
En la Domínica IV del Adviento romano tradicional se reza (o se canta, según el caso), el siguiente introito, tomado de Isaías 45, 8 [y aparece también como responso y verso en el Breviario]:
℣. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum: ℟. Aperiátur terra, et gérminet Salvatórem (Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al justo; que se abra la tierra y brote el Salvador).
Esta antífona (que también pertenece a la Misa del Miércoles de las Témporas de Adviento, la fiesta de la Expectación del Parto de Nuestra Señora -18 de Diciembre-, y la Misa votiva de Santa María en Sábado para el Adviento, y de la cual deriva la Misa Roráte -antes del amanecer, sin más iluminación que los candeleros del altar y el presbiterio, y las velas que los fieles portan en sus manos-) hace referencia al cumplimiento de la promesa profética de la venida de Cristo como Salvador (cuya celebración es esperada tras las cuatro domínicas de Adviento), señal y tipo de su Segunda Venida como Juez (recordemos el carácter esjatológico del Adviento).

Como siempre, los conciliares saltan a adulterar la Escritura, y con esta antífona no hubo excepción. En la Nova Vulgáta (año 1979), la versión bíblica latina oficial de la deuterovaticanidad, en lugar de justum (“justo”) dice justítiam (“justicia”), y en lugar de Salvatórem (“Salvador”) dice salvatiónem (“salvación”). Es evidente que quieren oscurecer lo que es claro por el curso profético.

Ahora, el canto “Rorate cœli” no es estrictamente litúrgico, en cuanto no tiene un lugar propio y específico en el culto. Es costumbre tradicional cantarlo durante el Adviento al comienzo de la Exposición del Santísimo Sacramento, y también en el Ofertorio, después del canto propio, allí donde hay cantores capaces de entonar el ofertorio propio de cada domingo.
 
  
Técnicamente no es una melodía gregoriana, sino un canto de origen posterior al repertorio gregoriano original (que data aproximadamente del siglo VIII). Su estilo es por ello algo diferente respecto al gregoriano primitivo y más próximo a nuestras costumbres musicales, aunque no deja de representar una evolución orgánica y coherente del idioma musical propio de la Iglesia de rito latino. Posiblemente este canto fue compuesto hacia 1615 por el Padre Francois Bourgoing, maestro de canto del Oratorio de Jesús y María Inmaculada (el Oratorio de Francia) fundado en 1611 por el cardenal Pierre de Bérulle.

Son bellísimas las estrofas, a través de las cuales se presenta una impresionante expresión del Adviento a base de citas de la Escritura y de la Liturgia. Aquí está el texto latino junto con la traducción, los pasajes de la Escritura a que se refieren y la sección del Breviario Romano a la que pertenecen.

LATÍN
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
  
1. Ne irascáris Dómine, ne ultra memíneris iniquitiátis:
Ecce cívitas Sáncti est deserta:
Sion desérta facta est: Jerúsalem desolata est:
Domus sanctificatiónis tuae et glóriæ tuæ,
Ubi laudavérunt te patres nostri.
  
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
2. Peccávimus, et facti sumus tamquam immúndus nos,
Et cecídimus quasi fólium univérsi:
Et iniquitátes nostræ quasi ventus abstulérunt nos:
Abscondísti fáciem tuam a nobis,
Et allisísti nos in manu iniquitátis nostrae.
     
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
3. Vide, Dómine afflictiónem pópuli tui,
Et mitte quem missúrus es:
Emítte Agnum dominatórem terræ,
De petra desérti ad montem fíliæ Sion:
Ut áuferat ípse júgum captivitátis nostræ.

℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
4. Consolámini, consolámini, pópule meus:
Cito véniet salus tua:
Quare mœróre consúmeris, quia innovávit te dolor?
Salvábo te, noli tímere,
Ego enim sum Dóminus Deus tuus, Sanctus Ísraël, Redémptor tuus.
  
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
TRADUCCIÓN
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo. [Isaías 45, 8ab –  verso del primer responsorio del Martes previo a la Navidad; segunda Antífona y quinto responsorio de las Maitines de la Expectación de la Santísima Virgen; y segundo responsorio del Viernes de la III semana]

1. No te irrites, Señor, no te acuerdes más de nuestra injusticia;
mira que la ciudad del Santo está desierta;
Sión ha quedado desierta; Jerusalén está abandonada;
la casa de tu santificación y de tu gloria,
donde te alabaron nuestros padres. [Cf. Isaías 64, 9ab, 10, 11ab – Abreviación de la Lección III del IV Jueves de Adviento, excepto tuæ por nostræ en ambos lugares]
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

2. Pecamos, nos volvimos impuros,
y caímos como hojas todos;
y nuestras culpas nos arrebataron como el viento;
escondiste tu rostro de nosotros
y nos entregaste a manos de nuestra iniquidad. [Cf. Isaías 64, 4, 5c; 6a,cd,7cd – Abreviación de la Lección III del IV Jueves de Adviento, excepto tamquam por ut]
   
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

3. Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo [cf. Éxodo 3, 7a; 4, 13b – Abreviación del responso III del I Viernes de Adviento];
envía al Cordero soberano de la tierra,
desde la Peña del desierto al Monte Sión [cf. Isaías 16, 1 – Antífona II de las Laudes del Martes antes de la Vigilia de Natividad);
para que aparte él mismo el yugo de nuestro cautiverio [cf. Isaías 14, 25d; cf. var.]
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

4. Consoláos, consoláos, pueblo mío [cf. Isaías 40, 1a – Abreviación de la Antífona del Benedíctus del IV Jueves de Adviento]:
pronto llega tu salvación;
¿Por qué te consumes de tristeza? ¿Por qué se renueva tu dolor? [cf. Miqueas 4, 9ad; – Abreviación del responso I del II Domingo de Adviento]
Te salvaré, no temas,
Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Redentor [cf. Isaías 43, 3ab; – Abreviación del responso I del II Domingo de Adviento].
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

Los ordinariatos personales anglicanos remplazan la tercera estrofa con el verso
Vos testes mei, dicit Dóminus, et servus meus quem elégi: ut sciátis, et credátis mihi, Ego sum, ego sum Dóminus, et non est absque me salvátor: et non est qui de manu mea éruat (Vosotros sois mis testigos, dice el Señor, y mi siervo el que escogí, para que conozcais y me creáis. Yo soy, yo soy el Señor, y no hay otro salvador que yo; y no hay nadie que pueda sustraerse de mi mano) [Isaías 43, 10a, 11, 12b].

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)