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viernes, 3 de octubre de 2014

"PROFECÍA" DEL PADRE PEL, Y SU RESPUESTA DOCTRINAL

El Lord espiritual de Kent, Richard Williamson, haciendo gala de la alergia antiapocalíptica y antiparusíaca, se ha dado de recoger cuanto vaticinio y aparición pueda hacerle contraria a la Sagrada Escritura y a las revelaciones y tradiciones que la santa madre Iglesia Católica reconoce y sostiene. Ahora, ha traído a la luz en su nuevo Eleison (que os aconsejo leer con prevenciones) una “profecía” de un sacerdote francés llamado Constant Louis Marie Pel (fallecido en 1966), que fue confiada a un seminarista en 1945 y fue publicada entre 1983 y 1984 (aunque en NON POSSUMUS y su eco SYLLABUS, ésta es citada con faltantes en el texto, que son las palabras en negrita y rojo. Para los que quieran el enlace en el original francés, está disponible):
  
De este modo, en 1945, mi buen padre Pel me declaraba de parte de Dios:  
“Mi hijo”, dijo el Padre Pel, “sabe que con los pecados del mundo aumentando en horror en el transcurso de este siglo, grandes castigos de Dios descenderán sobre el mundo y ningún continente se escapará a la Ira de Dios.
  
Francia, siendo culpable de apostasía y negando su vocación, será severamente castigada. Al este de una línea que se extiende desde Burdeos en el sudoeste hasta Lille en el noreste, todo será arrasado e incendiado por personas invadiendo desde el este y también por meteoritos en llamas cayendo como lluvia de fuego sobre toda la tierra y especialmente sobre estas regiones. Esto será la desolación general: revolución, guerra, epidemias, plagas, gases químicos venenosos, violentos terremotos y el re-despertar de los volcanes extinguidos de Francia destruirán todo: Auvergne, Alpes, Pirineos y otros lugares.
 
Francia, al oeste de esa línea, será menos afectada (Vendée, Bretaña, debido a la fe enraizada todavía en esas regiones), pero, sin embargo, será necesario alejarse mucho de las costas, incluso a veces hasta 50 km, para escapar a su sumersión en el fondo de los mares, como Marsella y la Costa Azul que serán tragadas a causa de los pecados cometidos y de los escándalos en las playas de esas regiones en particular.
   
Pero, debo decirte, hijo mío, que los sectarios y cualquiera de los peores enemigos de Dios buscando allí refugio del cataclismo mundial será hallado, donde sea que ellos se escondan, y ejecutados por los demonios porque la Ira del Señor es justa y santa.
   
Densas tinieblas causadas por la guerra, incendios gigantescos y fragmentos de estrellas ardientes cayendo por tres días y noches causarán la desaparición del sol y solamente velas bendecidas en Candelaria (2 de Febrero) darán luz en las manos de los creyentes, pero los sin Dios no verán esta luz milagrosa porque tienen oscuridad en sus almas.
    
De esta manera, mi hijo, tres cuartas partes de la humanidad serán destruidas y en ciertas partes de Francia los sobrevivientes tendrán que ir 100 kilómetros para encontrar otro ser humano viviente. Se comerá carne humana para sobrevivir. Varias naciones desaparecerán completamente de la faz del mapa. Francia será bien pequeña, pero ella sobrevivirá en parte hasta el fin de los tiempos. Una Francia así purificada devendrá la renovada “Hija Primogénita de la Iglesia” porque todos los Caínes y los Judas habrán desaparecido durante este ‘Juicio sobre las Naciones’, pero no será todavía el fin de los tiempos, que tendrá lugar más tarde.
   
El Mar Mediterráneo desaparecerá por completo, los océanos enviarán hacia el cielo enormes chorros de vapor caliente y barrerán los continentes en un terrible maremoto destruyendo todo a su paso; mientras que surgirán nuevas montañas, océanos y tierras, se derrumbarán los Alpes y el valle del Rin hasta el norte será invadido por el mar.
   
De este modo, el mapa del mundo será cambiado por completo; la tierra tendrá grandes sacudones que impedirán que gire sobre sí misma con normalidad. Las estaciones del año ya no existirán tres años antes de que la tierra produzca nuevamente hierbas y vegetación.
    
Habrá gran hambruna en el mundo entero. París será destruida por la Revolución y quemada por el fuego atómico de los rusos desde Orleans y la región de Provins. Mientras que Marsella y la Costa Azul se derrumbarán en el mar.
    
Más de tres mil millones de personas desaparecerán en una tormenta mundial y Jesús decía que no habría más tan gran desolación, incluso en el fin del mundo, tan grande será el castigo debido a los pecados del mundo.
   
Comenzamos, hijo mío, me decía (en 1945), a entrar en el tiempo del Apocalipsis visto por San Juan, el apóstol amado de Jesús.
    
Más tarde, cuando veas que este tiempo temido está cerca, entonces ve a Bretaña a retirarte, pero hacia el centro, lejos de las costas que se derrumbarán.
    
Porque este flagelo mundial comenzará por una fría noche de invierno y un terrible rugido de un trueno divino se escuchará en todo el mundo, este trueno divino tendrá un sonido anormal, lleno de gritos demoníacos; esta será la voz del pecado que los hombres aterrorizados escucharán esa noche”.

Pues bien, este vaticinio fue analizado por el Padre Basilio Méramo, y esta es su conclusión:
RESPUESTA SOBRE LA PROFECÍA DEL PADRE PEL
    
Se trata del último Comentario Eleison de Monseñor Williamson del 27 de Septiembre de 2014.
    
Es muy común mal interpretar por mal saber o no ver, tal como le ocurre al enano que ve y juzga todo desde la pequeñez de su ser, a menos que se pare sobre los hombros de un gigante y pueda así ver más que éste.
   
Claro que para esto hay que tener la humildad de Zaqueo (medio enano o petizo) y subirse a un sicomoro, para poder ver desde arriba del árbol a Nuestro Señor Jesucristo.
    
Se confunde normalmente (mejor dicho anormalmente) fin de los últimos tiempos apocalípticos con el fin del mundo (el fin de los tiempos o de todo el tiempo).
   
Ya lo advirtió Melania, la vidente de La Salette, cuando decía:
   
Es un gran error si se quiere identificar el fin del mundo con el fin del Anticristo. Después de la caída temporal, o corporal, del Anticristo, la Iglesia florecerá más radiante que nunca: todos los Judíos que permanezcan vivos, abrazarán la Fe; todos los Cristianos que permanezcan vivos, serán renovados en una fe viva; y no habrá ya fuera de la Iglesia Católica, ninguna otra religión ni secta, y la paz, la más bella, la más universal, reinará durante siglos, y después de esto, la Fe de nuevo se enfriará…” (Pour Servir á l’histoire réelle de la Sallette, Lettres de Mélanie, Bergére de la Sallette, au Chanoine de Brand, n° 450, p. 320).
   
Y es esto lo que constituirá la esencia del Milenio de Paz, donde habrá un solo rebaño bajo un Pastor, cumpliéndose así la gran profecía que trasunta toda la Sagrada Escritura.
   
Tanto que le gustan las profecías privadas modernas (recientes) a Mons. Williamson, hay una más antigua que trae un Padre de la Iglesia como San Agustín y que remonta a mucho antes que a su propia época, la cual se compagina con lo que el Padre Pel dice.
    
Pero Mons. Williamson enfoca mal el texto del Padre Pel, ya que es un acérrimo antiapocalíptico, y no se diga ya del Milenio, pues eso derrumba su ingenua (ilusa) restauración de la Iglesia antes de la Parusía, es decir, sin la intervención directa de Cristo y por las solas fuerzas del hombre. Si nos atenemos a la lógica dentro de su óptica, tendríamos el Reino del Inmaculado Corazón de María, que de inmaculado quedaría poco o casi nada, pues el Anticristo, al venir lo pisotearía.
    
A Monseñor Williamson por su restauracionismo reconquistador de un triunfo de la Iglesia bajo el estandarte del Inmaculado Corazón de María, antes de la Parusía y por ende del Anticristo, cae en el mismo error de los judaizantes y progresistas como podemos ver en estos dos textos del P. Castellani:
   
“Doctores de la Fe se pretenden estos, y son tenidos de muchos por tales; incluso publican libros con aprobaciones episcopales, en gran peligro de ser engañados andan hoy los fieles. Uno de ellos muy famoso del siglo XIX (muchos de ellos hoy día) enseñó que la Iglesia antes del Juicio Universal tiene que llegar a un triunfo y prosperidad completos, en que no quedará sobre el haz de la tierra, un solo hombre por convertir (un solo rebaño y un solo Pastor) y sin más ni más se cumplirán todas las exuberantes profecías viejotestamentarias. (…) Es el mismo sueño carnal de los judíos que los hizo engañarse respecto a Cristo. Estos son milenistas al revés, niegan acérrimamente el milenio metahistórico, después de la Parusía, que está en la Escritura; y ponen un Milenio que no está en la Escritura, por obra de las solas fuerzas históricas, o sea una solución infrahistórica de la Historia, lo mismo que los impíos ‘progresistas’, como Condorcet, Augusto Comte y Kant; lo cual equivale a negar la intervención sobrenatural de Dios en la Historia; y en el fondo, la misma inspiración divina de la Sagrada Escritura”. (El Apokalypsis, Ediciones Paulinas, Bs.As., 1963, p. 366, 367).
   
Y este es el otro texto: “Pero ¿qué cosa más judaizante que esperar un gran triunfo terreno de la Iglesia antes de la Segunda Venida de Cristo?” (Ibídem, p.87).
    
Muy distinto es si se deja ese Reino de María y de los Sagrados Corazones, para después de la Parusía, durante el Milenio de Paz de Cristo Rey, una vez que juzgue a las Naciones y destruya al Anticristo tanto Político, como el Anticristo Religioso. A este último, por ser más peligroso y fatal, se le denomina con nombre propio, el Pseudoprofeta; ambos son representados simbólicamente en las dos bestias del Apocalipsis, la Bestia del Mar de siete cabezas (lo cual simboliza una gran coalición internacional universal, plena o total) y la Bestia de la Tierra con dos cuernos como de cordero (lo cual simboliza la mitra del obispo) y como sabemos, el obispo de obispos es el Obispo de Roma, el Papa, que es el Obispo por antonomasia.
    
Claro está que se trataría de un falso o Pseudo-Papa cabeza de una falsa o Pseudo-Iglesia pero que goza del prestigio y de la apariencia de la única verdadera Iglesia de Cristo usurpando su autoridad, la investidura del cargo y del poder jerárquico.
    
Entre tanto la verdadera Iglesia está reducida a un pequeño rebaño (pusillus grex) dispersa por el mundo y sin pastores prácticamente, pero manteniéndose fiel a Cristo firmes en la fe de siempre.
   
Por todo esto es que Nuestra Señora, en La Salette nos advirtió del eclipse de la Iglesia y de que Roma perdería la fe y se convertiría en la sede del Anticristo (religioso o Pseudo-Profeta).
   
Además Nuestro Señor mismo nos advirtió, cuando dijo si acaso encontraría fe en la tierra cuando vuelva el día de su Parusía o Segunda Venida bajando de los cielos con todo el poder de su gloria y majestad.
   
P. Basilio Méramo
   
Bogotá, 2 de Octubre de 2014

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)