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martes, 26 de septiembre de 2017

¿DÓNDE ESTÁBAIS ESCONDIDOS, ¡OH HEREJES!, QUE HASTA AHORA OS DIGNAIS APARECER?

San Roberto Belarmino, martillo de herejes.
 
«El nuevo no es el Papismo, sino el Luteranismo. Y no nos hace que los herejes nos llamen ora omousianos, ora papistas. También estos vocablos designan la antigüedad y la nobleza de nuestra Iglesia. De hecho, ¿qué significa que Jesucristo es ‘omoúsios’ al Padre, si no que tiene en común con el Padre la sustancia y la divinidad? Por tanto, cuando somos llamados omousianos, somos apelados así por la sustancia y la divinidad de Cristo. Por igual razón, si nosotros somos dichos papistas por el Papa, como los Luteranos por Lutero, ¿quién no ve cuánto más antiguos son los Papistas que los Luteranos y los Calvinistas? En verdad Clemente y Pedro y hasta Cristo, fueron Papas, esto es, Padres y Sumos Pontífices de los Padres. Los herejes nos llaman papistas, nos llaman omousianos, pero no nos podrán llamar con razón por cualquier hombre determinado, como nosotros los llamamos a ellos por Lutero y Calvino.
  
Así es, oh oyentes. Nosotros estamos seguros en la roca de la Iglesia, y nos reímos de todos los herejes, hombres nuevos, y decímosles con Tertuliano: “¿Quiénes sois vosotros? ¿De dónde y de cuándo habeis venido? ¿Dónde os hallábais hasta ahora? ¿Dónde estuvisteis escondidos por tanto tiempo? No habíamos oído hablar de vosotros hasta ahora” (De præscriptióne hæreticórum), con San Optato: “Mostrad el origen de vuestra cátedra, vosotros que queréis atribuiros la santa Iglesia” (Epístola milevitana contra Parmeniano donatista), y con el beatísimo Hilario: “Habéis llegado demasiado tarde, os habéis despertado con mucha pereza. Nosotros ya hemos sabido lo que debemos creer de Cristo, de la Iglesia y de los Sacramentos. ¿No por cierto es sospechoso que os dejéis ver ahora por primera vez? La buena semilla fue sembrada y nació, no después, sino antes de la cizaña”.

Justamente les advertimos con San Jerónimo: “Quien quiera que seas, oh sostenedor de nuevas doctrinas, te pido guardar respeto ante las orejas romanas: muestra respeto a la fe que fue reconocida con alabanzas por la boca apostólica. ¿Por qué tientas enseñarnos lo que antes no habíamos sabido? ¿Por qué pones fuera lo que Pedro y Pablo no han querido sacar? Hasta este día el mundo ha sido cristiano sin esta tu doctrina. En cuanto a mí, tendré en la vejez aquella fe en la cual nací de niño” (Epístola a Pamaquio y Océano). Y bien oímos al mismo Jerónimo advertir paternalmente así: “Si oyereis en algún lugar a aquellos, que se dicen cristianos, llamarse no por Jesucristo el Señor, sino por algún otro, como los marcionistas, los valentinianos, los campeses o sea monteses (arrianos), sabed que ellos no son la Iglesia de Cristo, sino la sinagoga del Anticristo. Por eso mismo de que se han establecido más tarde, se colige que es de ellos que habla el Apóstol claramente cuando dice que ellos habrán venido”. En fin, temamos justamente la terrible amenaza de San Pablo Apóstol: “Pero aun cuando nosotros, o un ángel del cielo, os anunciase un evangelio distinto al que os hemos enseñado, sea anatema” (Gálatas 1, 8)».
  
SAN ROBERTO BELARMINO SJ. Gran Catecismo de la Doctrina Cristiana, cap. 2: Antigüedad de la Iglesia Católica.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)