Vexílla Regis

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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 3 de mayo de 2009

EXPASTOR: “EL DEMONIO ES PROTESTANTE” (Testimonio de mi conversión al Catolicismo)

Por Luis Miguel Boullón, tomado de APOLOGÉTICA CATÓLICA.
 
“El Demonio es protestante” , fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.
  
“AL PRINCIPIO ERA EL VERBO”
Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en esta Revista que ahora aprecio tanto, como es la que me honra publicando este trabajo. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer. No me dejaba muchos ‘flancos’ descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.

En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como “leyendas negras”, porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente. Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al “adversario” diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.

El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un “cura nuevo”, con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.
 
PRIMERA CONFESIÓN DE MALA FE
Yo aprovechaba –Dios me perdone– de sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importaba tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina. Otra cosa que solía hacer –me avergüenzo al recordarla– era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones. En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.
  
Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar. Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan “cálido” en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.
  
A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían ‘castigado’ relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante. Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.
  
El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga. En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi... porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.
   
En un aprieto que me puso, le dije: “Padre M... comencemos desde el principio”. Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: “De acuerdo: al principio era el Verbo y...”. Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia! “Pastor Boullón”, me dijo luego, “no avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen... y por eso también fue el primer Evangélico”. Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó: “Sí... fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!”. “Pero Cristo les respondió con la Biblia...”. “Entonces usted me da la razón, Pastor... los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien... y le tapó la boca”.
 
Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, 11-12: “Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra”. Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: “Pero también está escrito: No tentarás al Señor tu Dios”. Y el demonio se alejó confundido. Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto! Creo que fue la plática más saludable de mi vida.
 
LA TÁCTICA DEL DEMONIO
Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan ‘evangélicos’ como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban. Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado. Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí –creo– brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí Hechos XVI, 31: “¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús –respondió Pablo– y te salvarás tú y toda tu casa”.
 
Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio. Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo: “¿Continuará la lectura de San Pablo?”. “Ya terminé, Padre M.”. “¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a Corintios, XIII, 32”. Leí en voz alta: “Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy”. “Entonces la fe...”. “La fe... la fe... la fe es lo que salva”. “¡Vaya novedad!”, me dice riendo. ¡No sé bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse”. “¿Salvarse?”. “Sí.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva...”. “...”. “No se quede en silencio, Pastor... siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque “como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta” (cap. II). Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice “Si quieres salvarte, guarda los mandamientos”. Ahí tiene usted la respuesta completa”. Me acompañó hasta la puerta y me dijo: “Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica –sólo una me basta– en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia”. Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.
 
“SÓLO LA BIBLIA
Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. “Si es sólo la Biblia”, me dije, “entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba”. Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición. Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de esta revista y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.
 
EL PAGO DEL MUNDO
Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un “Pastor” protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas “no estrictamente ecuménicas”. Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban. Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio –pensaba– me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones. Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.
  
Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me sentí y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención. Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto... para ella. Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.
  
Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía. Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento. Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.
  
MI QUERIDO AMIGO SE DESPIDE
No he querido exponer aquí todas las cosas que charlamos con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón! El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos. Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades... o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba –si tenía sentido– desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad. Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía –jamás dio muestras de sufrir– y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo. Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia. Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.
  
Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba. Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. “Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades”, sentenció. Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. “¡El Demonio es protestante!”, les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones. Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M., quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma... y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe
    

ROMA... MI DULCE HOGAR
Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión. Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado. A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.
  
Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada. Bien sé por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto –por superficiales y emocionales– de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!
   
Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre Sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.
Nota del editor: Muy pronto presentaré más testimonios de fe y conversión.

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ


San Constantino y Santa Elena (icono griego)

Hoy 3 de Mayo, celebramos la Exaltación (o Hallazgo) de la Santa Cruz.


Tal vez os preguntéis: ¿Por qué se honra a la Cruz? La respuesta es que se recuerda la batalla del Puente Milvio (Roma), ocurrida en el año 312 A.D., donde Constantino enfrenta al tirano Majencio en una batalla cuya victoria se cree imposible a causa de la magnitud del ejército enemigo. Una noche, el emperador había visto la Cruz de Cristo en el cielo, y sobre ella estaban escritas estas palabras: "In hoc signo vincis" (CON ESTE SIGNO VENCERÁS). Al día siguiente, Constantino mandó pintar en los escudos de sus soldados el signo de la Cruz y sustituyó el águila imperial de sus estandartes con la Cruz; y, en efecto, derrotó totalmente al tirano Majencio, y fue proclamado como la autoridad máxima del Imperio Romano. De vuelta a la ciudad, averiguado el significado de la Cruz, Constantino se hizo bautizar en la religión Católica y mandó edificar muchas iglesias.


Visión de San Constantino (Fresco de un monasterio croata)
 

Su madre, Santa Elena, en agradecimiento de este favor de Dios, dispuso se hiciesen búsquedas en Jerusalén para dar con la verdadera Cruz. En el año 324 comenzaron las búsquedas. Una vez en la ciudad sagrada, Elena (que tenía ochenta y dos años) mandó llamar a los más sabios sacerdotes de los judíos, los interrogó y logró hallar el lugar donde se encontraba la Santa Cruz. Dióle tristeza y rabia a ella que el Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo estuviese lleno de tierra y sobre él un templo dedicado a la inmoralidad. La emperatriz ordeno demoler aquel edificio infame y limpiar la cueva. Descubriéronse tres cruces (la de Jesús y las de los malhechores que fueron crucificados con Él), pero no había forma de diferenciarlas porque la Cruz de Nuestro Señor no tenía el título (los judíos decidieron durante el siglo II retirar la inscripición). Recurrieron a un milagro para conocer con certeza cuál era aquélla de la que pendiera el precio de nuestra redención. Y para descubrir cuál era la verdadera cruz donde falleció Cristo, colocó una a una las cruces sobre personas enfermas, e incluso muertos, que se curaban o resucitaban al tocar la cruz que había sido la de Cristo. Santa Elena y san Constantino hicieron construir la Basílica del Santo Sepulcro, donde la guardaron.


Santa Elena encuentra la Cruz



A partir de ahí nace la veneración a la Santa Cruz, ya que Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Santa Vera Cruz.

Mucho después, en el año 614, el rey persa Cosroes II tomó Jerusalén y, tras la victoria, se llevó la Santa Vera Cruz y la puso bajo los pies de su trono, como símbolo de su desprecio a la religión Católica (es de saber que Cosroes era pagano).

Tras quince años de luchas, el emperador bizantino Heraclio I lo venció definitivamente en el año 628. Poco después, en una ceremonia celebrada el 14 de Septiembre de ese año, la Santa Vera Cruz regresó a Jerusalén, llevada en persona por el emperador a través de la ciudad.


MEDITACIÓN SOBRE TRES CLASES DE PERSONAS QUE ENCUENTRAN LA CRUZ


I. Algunas personas se empeñan en evitar las cruces, pero sin poder lograrlo: son los pecadores y los voluptuosos. Siempre en busca de placeres, no encuentran en su camino sino tristeza y aflicción de espíritu. ¿Por qué esto? Porque el hombre que no busca a Dios jamás está contento; sus deseos y sus pasiones lo atormentan, Y Dios mismo se complace en enviarle sufrimientos para desasirlo de las creaturas y volverlo a Él. El pecador no puede ser dichoso, porque donde no hay virtud no hay verdadera dicha. (Salviano).

II. Otros hay que buscan las cruces y las mortificaciones y que, en efecto, las encuentran. Es lo que sucede a los que comienzan a servir a Dios; no tienen todavía bastante valor ni suficiente amor de Dios que les haga encontrar dulces y agradables las aflicciones: sienten aún las asperezas y la amargura ¡dichosos si continúan en este arduo ejercicio de la mortificación sin desanimarse!

III. Las almas santas buscan las cruces con diligencia, pero no las encuentran. San Francisco Javier las deseó en aumento progresivo; pidió Santa Teresa padecer o morir; y, como San Pablo, superabundaron de gozo en medio de sus aflicciones. Es que el prolongado sufrimiento, su amor a Dios y el consuelo que el Señor difunde en sus almas, los hace felices en este mundo mientras ellos buscan la felicidad del cielo. Persiguen la dicha y ya son dichosos; la buscan y ya la encontraron. (San Euquerio).

ORACIÓN A LA SANTA CRUZ

Dios todopoderoso, que habéis padecido la muerte en el Árbol de la Cruz por nuestros pecados, acompañadme.

Santa Cruz de Jesucristo, sed mi esperanza.
Santa Cruz de Jesucristo, tened piedad de mí.
Santa Cruz de Jesucristo, rechazad de mí toda arma cortante.
Santa Cruz de Jesucristo, derramad sobre mí todo bien.
Santa Cruz de Jesucristo, descartad de mí todo mal.
Santa Cruz de Jesucristo, haced que alcance el camino de la salud.
Santa Cruz de Jesucristo, preservadme de accidentes corporales y temporales.
Que adore la Santa Cruz de Jesucristo por siempre.

Jesús de Nazareth crucificado, tened piedad de mí, y haced que el espíritu maligon y nocivo huya de mí por todos los siglos. Amén.

En honor de la Preciosa Sangre de Jesucristo, en honor de su Encarnación, por donde puede conducirnos a la vida eterna, tan cierto como que Jesucristo nació el día de la Natividad, y fue crucificado el Viernes Santo, y resucitó al tercer día el Domingo de Pascua. Amén.

viernes, 1 de mayo de 2009

MAYO, MES DE MARÍA SANTÍSIMA

Sobre la Bienaventurada Virgen María, se pueden establecer cinco grandes verdades (dogmas):

1. María es la Madre de Dios (Theótokos). Esta verdad ha sido definida en el Concilio de Éfeso (431 A.D.), y se sustenta en el hecho de que Jesús nuestro Señor es Hijo de Dios e igual al Padre y al Espíritu Santo. El texto original dice: "Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es sólo madre de la naturaleza, del cuerpo pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios".

Como este dogma tenía gran aceptación popular, durante la procesión de los obispos, los habitantes de Éfeso cantaron "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén."; y se hicieron desde entonces miles de imágenes donde se muestran a Jesús y a María Santísima. Estas imágenes son conocidas entre los ortodoxos como Theótokos (Madre de Dios).



Santa María Madre de Dios (Theótokos)



2. María es Virgen antes, durante y después del parto (Virginidad Perpetua). A los ojos de los herejes, es imposible, pero "Para Dios no hay nada imposible" (Lucas I, 37). Además, la Santísima Virgen nunca tuvo relaciones con san José. Esta doctrina fue propuesta por el patriarca san Ignacio de Antioquía en el siglo II, que afirmó: "Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen,... Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato... padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente" (Smyrn. 1-2). Y en el Concilio II de Constantinópolis (533 A.D.) se declaró la veracidad de este postulado.

3. María fue concebida sin mancha de pecado original (Inmaculada Concepción). Aclaro que cuando hablamos del dogma de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado. El dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la "llena de gracia" desde su concepción.

Los Padres se referían a la Virgen María como la Segunda Eva (cf. I Cor. 15:22), pues ella desató el nudo causado por la primera Eva.

Justino (Diálogo con Trifón, 100),
Ireneo (Contra los Herejes, III, XXIII, 4),
Tertuliano (De carne Christi, xvii),
Julio Firm cus Maternus (De errore profan. relig XXIV),
Cirilo de Jerusalén (Catequesis, XII, 29),
Epifanio (Hæres., LXXVIII, 18),
Teodoto de Ancira (Or. in S. Deip n. 11),
Sedulio (Carmen paschale, II, 28).

También se refieren a la Virgen Santísima como la Absolutamente pura San Agustín y otros. La iglesia Oriental ha llamado a María Santísima la "Toda Santa".


En el siglo IX se introdujo en Occidente la fiesta de la Concepción de María, primero en Nápoles y luego en Inglaterra.Hacia el año 1128, un monje de Canterbury llamado Eadmero escribe el primer tratado sobre la Inmaculada Concepción donde rechaza la objeción de San Agustín contra el privilegio de la Inmaculada Concepción, fundada en la doctrina de la transmisión del pecado original en la generación humana.


La castaña, escribe Eadmero, «es concebida, alimentada y formada bajo las espinas, pero que a pesar de eso queda al resguardo de sus pinchazos». Incluso bajo las espinas de una generación que de por sí debería transmitir el pecado original, María permaneció libre de toda mancha, por voluntad explícita de Dios que «lo pudo, evidentemente, y lo quiso. Así pues, si lo quiso, lo hizo».Los grandes teólogos del siglo XIII presentaban las mismas dificultades de San Agustín: la redención obrada por Cristo no sería universal si la condición de pecado no fuese común a todos los seres humanos. Si María no hubiera contraído la culpa original, no hubiera podido ser rescatada. En efecto, la redención consiste en librar a quien se encuentra en estado de pecado.


El franciscano Juan Duns Escoto (beato), al principio del siglo XIV, inspirado en algunos teólogos del siglo XII y por el mismo San Francisco (siglo XIII, devoto de la Inmaculada), brindó la clave para superar las objeciones contra la doctrina de la Inmaculada Concepción de María. El sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso: Cristo la redimió preservándola del pecado original. Se trata una redención aún más admirable: No por liberación del pecado, sino por preservación del pecado. Escoto preparó el camino para la definición dogmática. Dicen que su inspiración le vino al pasar por frente de una estatua de la Virgen y decirle: "Dignare me laudare te: Virgo Sacrata" (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).
1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original? - Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.

2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original? -Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.

3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace? Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.

Entonces Scotto exclamó: Luego,

1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.
2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha.
3. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.

Por esta tesis, a Juan Duns Escoto se le conoce como Apóstol de la Inmaculada.



Nuestra Señora de Lourdes (En las letras francesas se lee "Yo soy la Inmaculada Concepción")


Méritos: María es libre de pecado por los méritos de Cristo Salvador. Es por El que ella es preservada del pecado. Ella, por ser una de nuestra raza humana, aunque no tenía pecado, necesitaba salvación, que solo viene de Cristo. Pero Ella singularmente recibe por adelantado los méritos salvíficos de Cristo. La causa de este don: El poder y omnipotencia de Dios.
Razón: La maternidad divina. Dios quiso prepararse un lugar puro donde su hijo se encarnara.

Frutos: 1-María fue inmune de los movimientos de la concupiscencia. Concupiscencia: los deseos irregulares del apetito sensitivo que se dirigen al mal.
2-María estuvo inmune de todo pecado personal durante el tiempo de su vida. Esta es la grandeza de María, que siendo libre, nunca ofendió a Dios, nunca optó por nada que la manchara o que le hiciera perder la gracia que había recibido.

El dogma de la Inmaculada Concepción de María no ofusca, sino que más bien pone mejor de relieve los efectos de la gracia redentora de Cristo en la naturaleza humana. Todas las virtudes y las gracias de María Santísima las recibe de Su Hijo. La Madre de Cristo debía ser perfectamente santa desde su concepción. Ella desde el principio recibió la gracia y la fuerza para evitar el influjo del pecado y responder con todo su ser a la voluntad de Dios. A María, primera redimida por Cristo, que tuvo el privilegio de no quedar sometida ni siquiera por un instante al poder del mal y del pecado, miran los cristianos como al modelo perfecto y a la imagen de la santidad que están llamados a alcanzar, con la ayuda de la gracia del Señor, en su vida.

En torno a las ideas de Escoto se suscitó una gran controversia. Después de que el Papa Sixto IV aprobara, en 1477, la misa de la Concepción, esa doctrina fue cada vez más aceptada en las escuelas teológicas. El Papa Sixto IV, en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente.
Fue valioso también el aporte del mundo universitario. Las universidades de París, Maguncia y Colonia y, en España, la de Valencia (1530), Granada, Alcalá (1617), Salamanca (1618) y otras proclamaron a María Inmaculada como Patrona. Sus doctores, al recibir el grado, hacían voto y juramento de enseñar y defender la doctrina de la Inmaculada Concepción de María.
La devoción a la Inmaculada Concepción movió a que en el siglo XVII, el pintor español Bartolomé Esteban Murillo, realizara numerosas (y hermosas, por supuesto) represantaciones de la Virgen María bajo esta advocación.
Ya en el siglo XIX, el Papa Pío IX (beato) el 8 de diciembre de 1854 A.D., en su bula "Ineffabilis Deus" escribió:
"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."
Cuatro años después, en 1858, Nuestra Señora se aparece a santa Bernardette Sobirous en la villa de Lourdes (Francia). En la última aparición, Nuestra Señora le responde a Bernardette: "Yo soy la Inmaculada Concepción" (Je suis l' Immaculée Conception).

Luego de las apariciones, el párroco de Lourdes, al interrogar a la vidente, se maravilla del hecho de que una simple campesina conociera del tercer dogma mariano.

4. María fue Asunta en cuerpo y alma a los Cielos (Asunción de María). San Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma, con elocuencia vehemente:
"Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios."
Según el punto de vista de san Germán de Constantinópolis, el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:
"Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y participe de la vida perfecta."
Su Santidad, el Siervo de Dios Pío XII, bajo la inspiración del Espíritu Santo, y después de consultar con todos los obispos de la Iglesia Católica, y de escuchar el sentir de los fieles, el primero de Noviembre de 1950 A.D., definió solemnemente con su suprema autoridad apostólica, el dogma de la Asunción de María. Este fue promulgado en la Constitución "Munificentissimus Deus":
"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".
¿Cual es el fundamento para este dogma? El Papa Pío XII presentó varias razones fundamentales para la definición del dogma:

1-La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en cuerpo y alma, en la gloria del cielo.
2-Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuido, le estrecho contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le dio vida, llegase a la corrupción.
3-Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la muerte no sufriera la corrupción.

4-Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y del alma.
La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.





Asunción de María Santísima (Basada en un cuadro de Murillo)

Los herejes dicen que eso no es verdad, porque "sólo" Jesús subió a los Cielos. Ese "sólo" lleva comillas porque en la Biblia se narra la asunción de los profetas Enoc y Elías. Y, además, si ellos dos recibieron esta gracia, ¿cuánto más la Virgen María, que fue mil veces más santa que ellos dos juntos, no merecería ser asunta?
Tambien se puede asegurar sin caer en error que, si María Santísima no tuvo la mancha del pecado original, entonces Ella fue inmune a la muerte.

5. María es Corredentora del género humano. Esta doctrina ha causado gran polémica entre miles de católicos actualmente, pero católicos como san Pío de Pietrelcina, santa Francisca Xavier Cabrini, santa Gemma Galgani, san Maximiliano Kolbe, san Leopoldo Mandic, sor Lucia de Fátima y otros, invocan a Nuestra Señora como Corredentora del género humano sin ningún escrúpulo ni reparo.
 
APARICIONES DE MARÍA SANTÍSIMA
También se han dado muchas apariciones de María Santísima en el mundo, tantas que no hay país donde no se haya presentado una. Pero sólo nombraré algunas, porque no cabrían todas en esta nota. (Tomado de http://www.corazones.org/)

Año, Lugar y Aparición, Vidente

40: Aragón, España Virgen del Pilar. A Santiago Apóstol. -Aprobada, con santuario y liturgia propia.
  
1208 Virgen del Rosario. A santo Domingo de Guzmán
 
1246 Virgen del Carmen. A san Simon Stock. Aprobada con Misa propia.

1531 Tepeyac, México La Virgen de Guadalupe. A san Juan Diego. -Aprobada con Misa propia.

Siglo XVI y XVII Velankanni, India Our Lady of Velankanni (Vailankanni). A varias personas-Santuario basílica. Aparición conocida como "Lourdes de Oriente".

1664 Laus, Francia Notre Dame du Laus . A Benoîte Rencurel, de 17 años-Santuario de la diócesis.
  
1798-1898 Viet Nam Nuestra Señora de La Vang. A muchas personas por espacio de un siglo.
 
1830 Rue de Bac, Paris, Francia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. A santa Catalina Labouret.-Aprobada con Misa propia.
 
1836 Paris, Francia Nuestra Señora de las Victorias Al padre Genettes-Reconocida.
 
1846 La Salette, Francia Nuestra Señora de la Salette. A Melanie C. y Maximin G.-Aprobada.
 
1858 Lourdes, Francia Nuestra Señora de Lourdes. A santa Bernardita Soubirous-Aprobada con Misa propia.

1871
Pontmain, Francia Madre de la Esperanza. A seis niños-Aprobada por la Santa Sede. Santuario

1876 Pellevoisin, Francia María Madre de Misericordia. A Estelle Faguete-Obispo aprobó curación milagrosa y santuario
 
1879 Knock, Irlanda Nuestra Señora de Knock. A 15 personas-Aprobada.

1917 Fátima, Portugal Nuestra Señora de Fátima. A Sor Lucia, Beatos Jacinta y Francisco Marto-Aprobada.
 
1932 Beauraing, Bélgica Madre de Dios. A 5 niños-Aprobada por la Santa Sede, santuario.
 
1933 Banneux, Bélgica La Virgen de los Pobres. A Mariette Beco-Aprobada por la Santa Sede, santuario, liturgia.
 
1947 Roma, Italia (Abadía de Tre Fontane) Nuestra Señora de la Revelación. A Bruno Cornacchiola, comunista; buscaba matar al Papa Pío XII.-Aprobado culto en el lugar.
 
1953 Siracusa, Italia La Virgen de las lágrimas. A Angelo y Antonina Januso- Únltima aparición antes del Vaticano II.
  
Algunas apariciones privadas:

250 Neo-Cesarea, Palestina Virgen con San Juan Apóstol. A san Gregorio Tamaturgo

S. XII Francia. A San Bernardo

S. XIII Italia. A san Francisco de Asis

S. XVI España. A san Ignacio de Loyola

S. XIXItalia, María Auxiliadora. A san Juan Bosco

1842Roma, Iglesia San Andreas delle FrattesNuestra Señora del Milagro. A Alfonso Ratisbone, judío ateo se convierte. -El Papa Juan Pablo II visitó y rezó en el altar de la aparición.

SAN PEREGRINO LAZIOSI, PATRONO DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER

 San Peregrino Laziosi
  
San Peregrino nació en Forlí hacia el año 1.265. En aquella época Forlí se hallaba bajo la jurisdicción pontificia pero en 1.282, instigada por el partido gibelino, se rebeló contra el Papa e incurrió en entredicho.
  
San Felipe Benicio, entonces Prior General, habiéndose trasladado a aquella ciudad romañola para visitar el convento de los Siervos de María, trató de convencer a sus habitantes a que obedecieran al Pontífice, pero fue rechazado por ellos. Peregrino, sumándose a un grupo de facinerosos, cubrió de insultos al Santo y hasta parece que lo agredió a bofetadas. Movido en seguida por el arrepentimiento, Peregrino le pidió perdón y, más aún, le rogó que lo admitiera en la Orden de los Siervos de María. San Felipe acogió paternalmente su petición y lo envió al convento de Siena. Al cabo de pocos años Peregrino regresó a su ciudad natal, en donde residió hasta su muerte, acaecida en 1.345.
 
San Peregrino dedicó su vida de fraile a la oración, al culto y devoción a María, a la práctica de una áspera penitencia, al ejercicio de la caridad para con los más pobres, en cuyo favor Dios le concedió obrar milagros.
  
Contrajo gangrena en una pierna, de la que fue milagrosamente curado mientras se encontraba en oración ante un crucifijo.
  
Ya han pasado más de 650 años desde que Dios le llamó a Peregrino a vivir su Pascua personal. Murió en Forlí casi a los ochenta años de edad, aquejado por una fiebre devoradora. Su cuerpo se venera en la Iglesia anexa al convento Servita de Forlí.
 
Los Siervos vemos realizado en Peregrino, de modo eminente, su ideal de vida: servicio, oración, piedad mariana, amor al prójimo.
  
Nuestro hermano Peregrino Laziosi fue un hombre santo. Fue canonizado por el Papa dominico Benedicto XIII el 27 de diciembre de 1.726, en nombre de la Iglesia Universal. Y siendo que fue duramente probado por la enfermedad y milagrosamente sanado por Cristo crucificado, San Peregrino ha sido invocado desde antiguo como patrono de los enfermos de cáncer, de los que padecen algún mal de las piernas, o de otras dolencias crónicas. Su culto se extendió por todo el mundo, en todos los continentes.
  
Curiosamente coincide la fecha de su canonización con la de la intervención del mismo Papa Benedicto XIII para que el Padre General de los Frailes Servitas entregase al capuchino Fray Francisco de Jaén la patente de erección de la Orden Servita en Cádiz, hecho que ocurrió el 13 de Marzo de 1.727.
  
Pensemos que todos podemos sacar ventaja al contemplar su vida con una mirada actual. Esto puede renovar la esperanza en nuestro corazón, iluminarnos, levantarnos, y fortalecer nuestros pasos en pos de Jesús. Miremos a Peregrino y reconozcamos en él al joven convertido, al novicio peregrino, al santo penitente, al fraile amable y al enfermo sanado.
  
La noche de su curación, Peregrino se retira a la sala capitular cerca de Jesús Crucificado para confiarle su mal, para orar. Con todo lo que tengamos entre manos debemos hacer lo mismo, confiárselo a Jesús diariamente. En tu oración expón tus deseos, tus preocupaciones, las contrariedades, todo lo puedes decir con la mayor sencillez, Dios no necesita de rebuscadas palabras, pero no se te olvide mirar un poco a María, modelo por excelencia de la criatura orante, aquella que escucha la palabra, ella te sostendrá, te protegerá, y te guiará por los caminos de la vida.
      
ORACIÓN
Oh Dios, que diste al bienaventurado San Peregrino un Ángel por conductor, a la Virgen Madre como maestra, y a Jesús como admirable médico para su úlcera, te suplicamos nos des, por sus méritos, que en la tierra amemos singularmente a los santos Ángeles, a la Virgen y a nuestro Salvador, y les alabemos juntamente en el Cielo. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

jueves, 23 de abril de 2009

SERMÓN DEL DÍA DE SAN JORGE

San Jorge: Protegido inexpugnablemente con el estandarte de la cruz - Sermón 3 de San Pedro Damián, sobre san Jorge: PL 144, 567-571

 

La festividad de hoy, queridos hermanos, duplica la alegría de la gloria pascual, y es como una piedra preciosa que da un nuevo esplendor al oro en que se incrusta.

Jorge fue trasladado de una milicia a otra, pues dejó su cargo en el ejército, cambiándolo por la profesión de la milicia cristiana y, con la valentía propia de un soldado, repartió primero sus bienes entre los pobres, despreciando el de los bienes del mundo, y así, libre y dispuesto, se puso la coraza de la fe y, cuando el combate se hallaba en todo su fragor, entró en él como un valeroso soldado de Cristo.



Esta actitud nos enseña claramente que no se puede pelear por la fe con firmeza y decisión si no se han dejado primero los bienes terrenos.


San Jorge, encendido en fuego del Espíritu Santo y protegiéndose inexpugnablemente con el estandarte de la cruz, peleó de tal modo con aquel rey inicuo, que, al vencer a este delegado de Satanás, venció al príncipe de la iniquidad y dio ánimos a los soldados de Cristo para combatir con valentía.


Junto al mártir estaba el Árbitro invisible y supremo que, según sus designios, permitía a los impíos que le atormentaran. Si es verdad que entregaba su cuerpo en manos de los verdugos, guardaba su alma bajo su constante protección, escondiéndola en el baluarte inexpugnable de la fe.


Hermanos carísimos: no debemos limitarnos a admirar a este combatiente de la milicia celeste, sino que debemos imitarle.


Que nuestro espíritu se eleve hacia el premio de la gloria celestial, de modo que, centrado nuestro corazón en su contemplación, no nos dejemos doblegar, tanto si el mundo seductor se burla de nosotros como si con sus amenazas quiere atemorizarnos.


Purifiquémonos, pues, de cualquier impureza de cuerpo o espíritu, siguiendo el mandato de san Pablo, para entrar al fin en ese templo de la bienaventuranza al que se dirige ahora nuestra intención.


El que dentro de este templo que es la Iglesia quiere ofrecerse a Dios en sacrificio necesita, una vez que haya sido purificado por el bautismo, revestirse luego de las diversas virtudes, como está escrito: Que tus sacerdotes se vistan de justicia; en efecto, quien renace en Cristo como hombre nuevo por el bautismo no debe volver a ponerse la mortaja del hombre viejo, sino la vestidura del hombre nuevo, viviendo con una conducta renovada.


Así es como, limpios de las manchas del antiguo pecado y resplandecientes por el brillo de la nueva conducta, celebramos dignamente el misterio pascual e imitamos realmente el ejemplo de los santos mártires.


Señor, alabamos tu poder y te rogamos que san Jorge, fiel imitador de la pasión de tu Hijo, sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

ORACIÓN A SAN JORGE PARA DEFENDERSE DE LOS ENEMIGOS



Andaré vestido y armado con las armas de San Jorge para que mis enemigos, teniendo pies, no me alcancen, teniendo manos no me atrapen, teniendo ojos no me vean, y ni con el pensamiento ellos puedan hacerme mal.

Armas de fuego mi cuerpo no alcanzarán, cuchillos y lanzas se quiebren sin mi cuerpo tocar, cuerdas y corrientes se rompan sin mi cuerpo atar.

Jesucristo, me proteja y defienda con el poder de su Santa y Divina gracia, Virgen de Nazaret, me cubra con su manto sagrado y divino, protegiéndome en todos mis dolores y aflicciones, y Dios, con su divina misericordia y gran poder, sea mi defensor contra las maldades o persecuciones de mis enemigos.

Glorioso San Jorge, en nombre de Dios, extiéndeme tu escudo y tus poderosas armas, defendiéndome con tu fuerza y con tu grandeza, y que debajo de ti, mis enemigos queden humildes y sumisos a Ti. Así sea con el poder de Dios, de Jesús y del Divino Espíritu Santo. Amén.

jueves, 16 de abril de 2009

DE LAS MOCIONES DEL ALMA Y CÓMO MANEJARSE CON RESPECTO A CADA UNA

  
1ª regla. En las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, acostumbra comúnmente el enemigo proponerles placeres aparentes, haciendo imaginar delectaciones y placeres sensuales, por más conservarlos y aumentar en sus vicios y pecados; en las cuales personas el buen espíritu usa contrario modo, punzándoles y remordiéndoles las consciencias por el sindérese de la razón.

2ª regla. En las personas que van intensamente purgando sus pecados, y en el servicio de Dios nuestro Señor de bien en mejor subiendo, es el contrario modo que en la primera regla; porque entonces propio es del mal espíritu morder, tristar y poner impedimentos inquietando con falsas razones, para que no pase adelante; y propio del bueno dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando y quitando todos impedimentos, para que en el bien obrar proceda adelante. 
  
3ª regla. De la consolación espiritual: llamo consolación cuando en el ánima se causa alguna moción interior, con la qual viene la ánima a inflamarse en amor de su Criador y Señor, y consequenter cuando ninguna cosa criada sobre la faz de la tierra puede amar en sí, sino en el Criador de todas ellas. Asimismo cuando lanza lágrimas motivas a amor de su Señor, ahora sea por el dolor de sus peccados, o de la pasión de Cristo nuestro Señor, o de otras cosas derechamente ordenadas en su servicio y alabanza; finalmente, llamo consolación todo aumento de esperanza, fe y caridad y toda alegría interna que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud de su ánima, quietándola y pacificándola en su Criador y Señor.
 
4ª regla. De la desolación espiritual: llamo desolación todo el contrario de la tercera regla; así como oscuridad del ánima, turbación en ella, moción a las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones, moviendo a infidencia, sin esperanza, sin amor, hallándose toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Criador y Señor. Porque así como la consolación es contraria a la desolación, de la misma manera los pensamientos que salen de la consolación son contrarios a los pensamientos que salen de la desolación.
  
5ª regla. En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar.
  
6ª regla. Dado que en la desolación no debemos mudar los primeros propósitos, mucho aprovecha el intenso mudarse contra la misma desolación, así como es en instar más en la oración, meditación, en mucho examinar y en alargarnos en algún modo conveniente de hacer penitencia.
  
7ª regla. El que está en desolación, considere cómo el Señor le ha dejado en prueba en sus potencias naturales, para que resista a las varias agitaciones y tentaciones del enemigo; pues puede con el auxilio divino, el cual siempre le queda, aunque claramente no lo sienta; porque el Señor le ha abstraído su mucho fervor, crecido amor y gracia intensa, quedándole también gracia suficiente para la salud eterna.
  
8ª regla. El que está en desolación, trabaje de estar en paciencia, que es contraria a las vejaciones que le vienen, y piense que será presto consolado, poniendo las diligencias contra la tal desolación, como está dicho en la sexta regla.
  
9ª regla. Tres causas principales son porque nos hallamos desolados: la primera es por ser tibios, perezosos o negligentes en nuestros ejercicios espirituales, y así por nuestras faltas se aleja la consolación espiritual de nosotros; la segunda, por probarnos para cuánto somos, y en cuánto nos alargamos en su servicio y alabanza, sin tanto estipendio de consolaciones y crecidas gracias; la tercera, por darnos verdadera noticia y conocimiento para que internamente sintamos que no es de nosotros traer o tener devoción crecida, amor intenso, lágrimas ni otra alguna consolación espiritual, mas que todo es don y gracia de Dios nuestro Señor, y porque en cosa ajena no pongamos nido, alzando nuestro entendimiento en alguna soberbia o vanagloria, atribuyendo a nosotros la devoción o las otras partes de la espiritual consolación.
  
10ª regla. El que está en consolación piense cómo se habrá en la desolación que después vendrá, tomando nuevas fuerzas para entonces.
  
11ª regla. El que está consolado procure humiliarse y bajarse cuanto puede, pensando cuán para poco es en el tiempo de la desolación sin la tal gracia o consolación. Por el contrario, piense el que está en desolación que puede mucho con la gracia suficiente para resistir a todos sus enemigos, tomando fuerzas en su Criador y Señor.
  
12ª regla. El enemigo se hace como mujer en ser flaco por fuerza y fuerte de grado, porque así como es propio de la mujer, cuando riñe con algún varón, perder ánimo, dando huída cuando el hombre le muestra mucho rostro; y por el contrario, si el varón comienza a huir perdiendo ánimo, la ira, venganza y ferocidad de la mujer es muy crecida y tan sin mesura; de la misma manera es propio del enemigo enflaquecerse y perder ánimo, dando huída sus tentaciones, cuando la persona que se ejercita en las cosas espirituales pone mucho rostro contra las tentaciones del enemigo haciendo el oppósito per diámetrum; y por el contrario, si la persona que se ejercita comienza a tener temor y perder ánimo en sufrir las tentaciones, no hay bestia tan fiera sobre la faz de la tierra como el enemigo de natura humana, en prosecución de su dañada intención con tan crecida malicia.
  
13ª regla. Así mismo, se hace como vano enamorado en querer ser secreto y no descubierto: porque así como el hombre vano, que hablando a mala parte requiere a una hija de un buen padre, o a una mujer de buen marido, quiere que sus palabras y suasiones sean secretas; y el contrario le displace mucho, cuando la hija al padre o la mujer al marido descubre sus vanas palabras y intención depravada, porque fácilmente colige que no podrá salir con la empresa comenzada: de la misma manera, cuando el enemigo de natura humana trae sus astucias y suasiones a la ánima justa, quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto; mas cuando las descubre a su buen confesor o a otra persona espiritual, que conozca sus engaños y malicias, mucho le pesa: porque colige que no podrá salir con su malicia comenzada, en ser descubiertos sus engaños manifiestos.
  
14ª regla. Así mismo, se ha como un caudillo, para vencer y robar lo que desea; porque así como un capitán y caudillo del campo, asentando su real y mirando las fuerzas o disposición de un castillo, le combate por la parte más flaca; de la misma manera el enemigo de natura humana, rodeando mira en torno todas nuestras virtudes teologales, cardinales y morales; y por donde nos halla más flacos y más necesitados para nuestra salud eterna, por allí nos bate y procura tomarnos.
 
(SAN IGNACIO DE LOYOLA, Ejercicios Espirituales, nros. 314-327)

sábado, 11 de abril de 2009

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS: UNAS BREVES LÍNEAS


Mañana será Domingo de Pascua, la fecha en la que los católicos celebramos la gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
La Resurrección de Jesús es un hecho tan verídico que es uno de los fundamentos de nuestra fé. Los apóstoles de Jesús comenzaron su predicación anunciando este hecho indiscutible: Jesús de Nazaret, quien fue clavado en una cruz y sepultado RESUCITÓ. Todo su mensaje giró en torno de esta noticia; hoy la Iglesia también centra todo su trabajo apostólico en JESÚS RESUCITADO. A partir de esta VERDAD, se realiza la evangelización, hace dos mil años y hasta nuestros días. La resurrección de Jesús es el hecho más importante de toda la Historia de la Salvación. Es un asunto fundante -en él esta fundada nuestra fe- y fundamental -sin Resurrección sería absurda, y no tendría razón de ser nuestra fe-. Si Cristo no hubiera resucitado, la Iglesia no podría anunciar ninguna Buena Noticia de salvación para nadie. San Pablo lo afirma claramente: "Si Cristo no fue resucitado, nuestra predicación ya no contiene nada ni queda nada de lo que creen ustedes…. Y… ustedes no pueden esperar nada de su fe…. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos…" (1Co 15, 14; 17; 20). La Resurrección de Jesús es una VERDAD, a la que de ninguna manera debemos renunciar si nos llamamos cristianos.
Hermanos, celebremos esta victoria de Dios y entonemos con alegría y convicción ¡Aleluya! ¡Cristo ha vencido!; pero también vivamos de acuerdo a los mandamientos de Dios para que reflejemos ante el mundo la gloria del resucitado.

EVOLUCIONISMO, DOCTRINA SATÁNICA

Algunas personas e instituciones creen y defienden a capa y espada la teoría de la evolución, y a su postulante Charles Darwin. Tristemente, hay algunos católicos entre los evolucionistas, cometiendo así un pecado mortal, puesto que niegan el primer artículo del Credo de Nicea: "Creo en un solo Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible". Peor aún, tienden a sincretizar la Creación con la evolución. Con este artículo voy a abrirles los ojos para que disciernan lo que la evolución es en realidad: una doctrina satánica.
 

Evolucionismo


Esclavitud a Satanás
 
¿Cómo surge la teoría evolucionista?
La docrtina evoucionista fue ideada por primera vez por los presocráticos en Grecia, hace 500 años antes de Cristo. Ésto se debió a que en su visión "racional" del mundo, la Nada no existía y Dios era un ser extraño. Más adelante, con Platón y Aristóteles, se plantea la posibilidad de la existencia de la Nada y de un acto creativo por parte de un Ser Superior (Dios).
  
En la época romana, el filósofo Plotino introdujo definitivamente en el pensamiento grecorromano la idea de una creación, influenciado por el judaísmo y los primeros cristianos (esto es increíble porque Plotino era griego y pagano). La teoría creacionista tuvo muchos seguidores, tantos que en el siglo IV después de Cristo, la teoría evolucionista dejó de existir.
  
Durante la Edad Media y el Renacimiento, la Creación era un tema fundamental en el arte, como lo demuestran algunos frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano, las sinfonías de Johann Sebastian Bach y Joseph Haydn, por mencionar algunas obras.
 
La Creación de Adán, por Miguel Ángel Buonarotti(Capilla Sixtina del Vaticano)
 
Ya en el siglo XVIII, con la mal llamada “Ilustración”, liderada por la masonería, la evolución reaparece por obra de Lamarck, argumentada en supuestos fósiles encotrados y en viajes a lugares recónditos. Pero su formato final fue dado por Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, que hacían parte de una secta espiritista (satánica); y su libro “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”, atribuyendo las características de las especies a la “selección natural” (sí, así se llama CON NOMBRE Y APELLIDOS) y afirmando que el hombre viene del mono -teoría que se expandió al ámbito social, porque el mismo Darwin hablaba de “razas civilizadas” y “razas salvajes”, fundamento del colonialismo del siglo XIX-. Los masones apoyaban esta tesis en su intento por destruir a la Iglesia Católica, que para ellos era una “covacha de supersticiones”.
 

Alfred Russel Wallace
  

Charles Darwin


La opinión de los Papas en esa época era muy clara: la evolución y el modernismo eran ideas salidas del infierno para causar la perdición de las Almas. El beato Pío IX decretó la excomunión de los católicos que apoyan esta teoría, decisión ratificada por León XIII, san Pío X y san Pío XII.
    
La teoría evolucionista fue (y sigue siendo) muy polémica, tanto que, en Inglaterra se ridiculizaba a Darwin dibujándolo como un simio; en Estados Unidos, la evolución fue censurada hasta los años 70 del siglo XX. En España, el Caudillo san Francisco Franco Bahamonde prohibió la enseñanza de esta teoría en todas las escuelas y universidades del país.
  

Charles Darwin enamorando a una mona (caricatura inglesa del siglo XIX)

Pero, desafortunadamente, Antipapa Paulo VI, en su afán de "modernizar" (más bien, degenerar) a la Iglesia, retiró a Darwin del Índice de libros prohibidos en 1972, anulando las disposiciones de sus antecesores. Y Antipapa Juan Pablo II, el 23 de octubre de 1996, declaró que la evolución era un “hecho probado” y que Adán y Eva son un mito, contradiciendo hasta su propio Catecismo publicado apenas dos años atrás. Ya la apostasía profetizada por San Pablo, y anunciada por Nuestra Señora en continuas apariciones, estaba dando frutos.
  
Pero hubo católicos fieles a la Verdad, como Monseñor Marcel Lefebvre (grande entre los enemigos de la herejía) y la Fraterindad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), que se declararon en rebeldía contra las disposiciones del Concilio Vaticano II y sus horribles errores. Por su fidelidad a la Revelación fueron abiertamente perseguidos en un intento deseperado por acallar a estos campeones de la Fé verdadera. Pero la FSSPX ha vencido a estos ataques, porque perseveraron hasta el fin, y "Quien persevere hasta el fin, se salvará" (San Jerónimo).
    
Ahora, ¿Por qué la teoría de la evolución es satánica? Porque:
  1. La teoría de la evolución asegura que las especies aparecieron por un proceso de “selección natural”, negando de salida la intervención de Dios, y atribuyendo todo al ciego y anárquico azar. El Creacionismo, en cambio, sostiene que todo lo creado por Dios fue creado de muy buena manera. 
  2. La teoría de la evolución afirma que el hombre proviene del mono. Error fatal, porque, si fuera cierto, no tendríamos capacidad de actuar conforme a principios éticos y morales, sino por instinto. Además, seríamos violentos por naturaleza. Mientras que el Creacionismo enseña que los seres humanos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen y semejanza. Se parecerá a Nosotros”. Y Dios es el dador del amor, de la bondad, la misericordia y la sabiduría misma, en una palabra, Dios concede siempre al ser humano todos los bienes, los vivifica, los santifica, los bendice y los comunica (Santa Misa).
  3. La evolución fue patrocinada por la judeomasonería, uno de los más peligrosos enemigos de la Iglesia Católica, en su intento por destruir los cimientos de la Fe y la Verdad revelada. El creacionismo, por su parte, es defendido hasta por los filósofos y es un milagro patente.
 
Si estas razones no le convencen, deténgase a reflexionar: los científicos modernos, en su afán de probar la evolución, han intentado buscar un “eslabón perdido” entre el mono y el hombre (porque para una evolución tan lenta e imperceptible -como ellos plantean-, se requiere que haya estadios intermedios), mezclando material genético de ambas especies. Y, ¿Qué sucedió? ¡Absolutamente nada! Nunca se logró hallar el punto intermedio entre ellos. Conclusión: la evolución de las especies es una gran MENTIRA que se derrumba por sí sola.

El evolucionismo de las especies corre lanza pareja con la teoría de un Universo creado hace miles de millones de años y la deriva tectónica como creadora de relieves en procesos lentos de millones de años, contradiciendo la Sagrada Escritura que afirma que la Tierra permanece en sus cimientos inalterable (aunque, igualmente, será destruída en el Juicio Final, pero eso es otro asunto). Y en todo caso, se conlleva al evolucionismo moral y dogmático, doctrina por demás condenada por la Iglesia.
 
Nota: Cuando Charles Darwin escribió su libro, estaba borracho y tenía graves problemas siquiátricos. Murío unos años después en pecado mortal (injurió a Dios y negó Su existencia, por lo que fue excomulgado en el anglicanismo) y actualmente su alma se encuentra ardiendo en el infierno por toda la eternidad.
“Al demonio no se le debe huir, porque ataca como un león. Hay que mirarlo a los ojos y azotarlo con varas y escorpiones, pues sólo así se le gana la pelea” (Anónimo).

jueves, 2 de abril de 2009

VISIÓN SOBRE EL MAGNÍFICAT, DE ANA CATALINA EMMERICK

Hoy es el día exacto en el cual la Santísima Virgen llega a la casa de San Zacarías y Santa Isabel (el 2 de Julio, día en que se conmemora este Misterio, es cuando la Virgen regresa a su casa en Nazaret, luego de atender a su prima y al recién nacido San Juan Bautista).
 
La Visitación (Juan Correa de Vivar, Museo del Louvre)
  
Durante la oración de las dos santas mujeres (la Virgen Santa María y Santa Isabel) vi una parte del misterio relacionado con el Magníficat. Debo volver a ver todo esto el sábado, víspera de la octava fiesta y entonces podré decir algo más. Ahora sólo puedo comunicar lo siguiente: el Magníficat es el cántico de acción de gracias por el cumplimiento de la bendición misteriosa de la Antigua Alianza. Durante la oración de María vi sucesivamente todos sus antepasados. Había en el transcurso de los siglos tres veces catorce parejas de esposos que se sucedían, en los cuales el padre era siempre el vástago del matrimonio anterior. De cada una de estas parejas vi salir un rayo de luz dirigido hacia María mientras se hallaba en oración. Todo el cuarto creció ante mis ojos como un árbol con ramas luminosas, las cuales iban embelleciéndose cada vez más, y por fin, en un sitio determinado de este árbol de luz, vi la carne y la sangre purísimas e inmaculadas de María, con las cuales Dios debía formar su Humanidad, mostrándose en medio de un resplandor cada vez más vivo. Oré entonces, llena de júbilo y de esperanza, como un niño que viera crecer delante de sí el árbol de Navidad. Todo esto era una imagen de la proximidad de Jesucristo en la carne y de Santísimo Sacramento. Era como si hubiese visto madurar el trigo para formar el pan de vida del que me hallara hambrienta. Todo esto es inefable. No puedo decir cómo se formó la carde en la cual se encarnó el mismo Verbo. ¿Cómo es posible esto a una criatura humana ue todavía se encuentra dentro de la carne, de la cual el Hijo de Dios y de María ha dicho que no sirve para nada y que sólo el espíritu vivifica?... También dijo El que aquéllos que se nutren de su carne y de su sangre gozarán de la vida eterna y serán resucitados por El en el último día. Unicamente su carne y su sangre son el aliento verdadero y tan sólo aquéllos que toman este alimento viven en El, y El en ellos.
  
No puedo expresar cómo vi, desde el comienzo, el acercamiento sucesivo de la Encarnación de Dios y con ella la proximidad del Santo Sacramento del Altar, manifestándose de generación en generación; luego una nueva serie de patriarcas representantes del Dios vivo que reside entre los hombres en calidad de víctima y de alimento hasta su segundo advenimiento en el último día, en la institución del sacerdocio que el Hombre-Dios, el nuevo Adán, encargado de expiar el pecado del primero, ha transmitido a sus apóstoles y éstos a los nuevo sacerdotes, mediante la imposición de las manos, para formar así una sucesión semejante de sacerdotes no interrumpida de generación en generación. Todo esto me enseñó que la recitación de la genealogía de Nuestro Señor ante el Santísimo Sacramento en la fiesta del Corpus Christi, encierra un misterio muy grande y muy profundo. También aprendí por él que así como entre los antepasados carnales de Jesucristo hubo algunos que no fueron santos y otros que fueron pecadores, sin dejar de constituir por eso gradas de la escala de Jacob, mediante las cuales Dios bajó hasta la Humanidad, también los obispos indignos quedan capacitados para consagrar el Santísimo Sacramento y para otorgar el sacerdocio a otros con todos los poderes que le son inherentes. Cuando se ven estas cosas se comprende por qué los viejos libros alemanes llaman al Antiguo Testamento la Antigua Alianza o antiguo matrimonio, y al Nuevo Testamento la Nueva Alianza o nuevo matrimonio. La flor suprema del antiguo matrimonio fué la Virgen de las vírgenes, la prometida del Espíritu Santo, la muy casta Madre del Salvador; el vaso espiritual, el vaso honorable, el vaso insigne de devoción donde el Verbo se hizo carne. Con este misterio comienza el nuevo matrimonio, la Nueva Alianza. Esta Alianza es virginal en el sacerdocio y en todos aquéllos que siguen al Cordero, y en ella el Matrimonio es un gran sacramento: la unión de Jesucristo con su prometida, la Iglesia.
   
Para poder expresar, en cuanto me sea posible, cómo me fué explicada la proximidad de la Encarnación del Verbo y al mismo tiempo el acercamiento del Santísimo Sacramento del Altar, sólo puedo repetir, una vez más, que todo esto apareció ante mis ojos en una serie de cuadros simbólicos, sin que, a causa del estado en que me encuentro, me sea posible dar cuenta de los detalles en forma inteligible. Sólo puedo hablar en forma general. He isto primero la bendición de la promesa que Dios diera a nuestros primeros padres en el Paraíso y un rayo que iba de esta bendición a la Santísima Virgen, que se hallaba recitando el Magníficat con Isabel. Vi a Abrahán, que había recibido de Dios aquella bendición, y un rayo que partiendo de él llegaba a la Santísima Virgen. Vi a los otros patriarcas que habían llevado y poseísdo aquella cosa santa y siempre aquel rayo yendo de cada uno de ellos hasta María. Vi después la transmisión de aquella bendición hasta Joaquín, el cual, gratificado con la más alta bendición venida del Santo de los Santos del Templo, pudo convertirse por ello en padre de la Santísima Virgen concebida sin pecado. Y por último es en ella donde, por la intervención del Espíritu Santo, el Verbo se hizo carne. En ella, como en el Arca de la Alianza del Nuevo Testamento, el Verbo habitó nueve meses entre nosotros, oculto a todas las miradas, hasta que habiendo nacido de María en la plenitud de los tiempos, pudimos ver su gloria, como gloria del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de Verdad.
   
Esta noche vi a la Santísima Virgen dormir en su pequeña habitación, teniendo su cuerpo de costado, la cabeza reclinada sobre el brazo. Se hallaba envuelta en un trozo de tela blanca, de la cabeza a los pies. Bajo su corazón vi brillar una gloria luminosa en forma de pera rodeada de una pequeña llama de fulgor indescriptible. En Isabel brillaba también una gloria, menos brillante, aunque más grande, de forma circular; la luz que despedía era menos viva.
   
Ayer, viernes por la noche, empezando ya el nuevo día, pude ver en una habitación de la casa de Zacarías, que aun no conocía, una lámpara encendida para festejar el sábado. Zacarías, José y otros seis hombres, probablemente vecinos de la localidad, oraban de pie bajo la lámpara, en torno de un cofre sobre el cual se hallaban rollos escritos. Llevaban paños sobre la cabeza; pero al orar no hacían las contorciones que hacen los judíos actuales. A menudo bajaban la cabeza y alzaban los brazos al aire. María, Isabel y otras dos mujeres se hallaban apartadas, detrás de un tabique de rejas, en un sitio desde donde podían ver el oratorio: llevaban mantos de oración y estaban veladas desde la cabeza a los pies. Luego de la cena del sábado vi a la Virgen Santísima en su pequeña habitación recitando con Isabel el Magníficat. Estaban de pie contra el muro, una frente a la otra, con las manos juntas sobre el pecho y los velos negros sobre el rostro, orando, una después de la otra, como las religiosas en el coro. Yo recité el Magníficat con ellas, y durante la segunda parte del cántico pude ver, unos lejos y otros cerca, a algunos de los antepasados de María, de los cuales partían como líneas luminosas que se dirigían hacia ella. Vi aquellos rayos de luz saliendo de la boca de sus antepasados masculinos y del corazón del otro sexo, para concluir en la gloria que estaba en María. Creo que Abrahán, al recibir la bendición que preparaba el advenimiento de la Virgen, habitaba cerca del lugar donde María recitó el Magníficat, pues el rayo que partía de él llegaba hasta María desde un punto muy cercano, mientras que los que partían de personajes mucho más cercanos en el tiempo, parecían venir de muy lejos, de puntos más distantes. Cuando terminaron el Magníficat, que recitaban todos los días por la mañana y por la noche, desde la Visitación, se retiró Isabel, y vi a la Virgen entregarse al reposo. Habiendo terminado la fiesta del sábado los vi comer de nuevo el domingo por la noche. Tomaron su alimento todos juntos en el jardín cercano a la casa. Comieron hojas verdes que remojaban en salsa. Sobre la mesa había fuentes con frutas pequeñas y otros recipientes contenían, creo, miel, que tomaban con unas espátulas de asta.
   
Más tarde, con claro de luna, estando la noche estrellada y limpia, se puso en viaje José acompañado de Zacarías. Llevaba un pequeño paquete con panes, un cántaro y un bastón de empuñadura curva. Los dos tenían abrigos de viaje con capuz. Las mujeres los acompañaron corto trecho, volviendo solas en medio de una noche hermosísima. Ambas entraron directamente en la habitación de María, donde había una lámpara encendida como era habitual cuando Ella oraba, y se preparaba para el descanso. Las dos se quedaron de pie, una frente a la otra, y recitaron el Magníficat.
  
BEATA ANA CATALINA EMMERICK, La Vida de la Virgen María, cap. IX, 2 (Visiones del 6-8 de Julio de 1820).