DIANE MONTAGNA: Nuestra
última conversación terminó con una mención del Arzobispo Marcel
Lefebvre. Pasemos a la Fraternidad de San Pío X directamente. Usted fue
elegido en 2015 como uno de los visitadores de la FSSPX. ¿Por qué cree
que fue elegido?
ATHANASIUS SCHNEIDER:
No se las razones. La Pontificia Comisión Ecclesia Dei me pidió que
visitara varias casas de la FSSPX para guiar discusiones teológicas con
un grupo de sacerdotes y con el Superior General, el Obispo Bernard
Fellay. Quizás fui elegido porque celebro públicamente la Misa
tradicional. Sería mejor enviar a la FSSPX un obispo así que enviar al
cardenal Kasper o al cardenal Marx…
D. M.: ¿Cuáles fueron sus impresiones sobre la Fraternidad San Pío X una vez que hizo la visita?
A. S.:
En general, tuve una impresión positiva. Viví todo el horario del día
con los seminaristas y los sacerdotes. Participé en las oraciones, en
las comidas en el refectorio, en el recreo. A petición suya, también
hablé con seminaristas y sacerdotes individualmente, y por supuesto,
hablé extensamente con el obispo Fellay y otros superiores de la FSSPX.
De esta manera, tuve suficiente experiencia para hacer una evaluación
razonable de la situación de la FSSPX.
Por supuesto, hay puntos
negativos en cada comunidad, de lo contrario estaríamos ya en el cielo.
Sin embargo, en general tuve una impresión positiva. Humanamente
hablando, experimenté una atmósfera agradable. Conocí a sacerdotes y
seminaristas equilibrados y normales. Me recibieron como un obispo, con
respeto. Incluso vi una fotografía del
papa Francisco en las paredes. En la sacristía vi placas con el nombre del
papa Francisco y del
obispo
diocesano local, pero no del nombre del obispo Fellay. Esto es
eclesiológicamente correcto. Creo que la mayoría de la gente se
sorprendería al saber que el FSSPX tiene la imagen del
papa actual en la pared de sus casas, y placas del
papa actual y del
obispo diocesano en la sacristía.
Cuando se lo comenté a los sacerdotes de la FSSPX, me dijeron: “No es que solamente pusiéramos la foto del
papa Francisco justo antes de que Vd. viniera”.
D. M.: ¿Vio muchas fotos del arzobispo Lefebvre o del obispo Fellay?
A. S.: Nunca vi una foto del obispo Fellay en las sacristías, sino solo el nombre y, a veces, incluso la foto del
papa y del
obispo local. Había fotos del arzobispo Lefebvre y de San Pío X, por supuesto.
D. M.: ¿Y
qué encontró al examinar la Fraternidad? La gente dice que ahora es muy
rica y que puede haber algo de corrupción. ¿Vio algo de eso?
A. S.:
Las casas que visité tenían buena observancia religiosa y fidelidad y
celo por la oración. No noté ningún lujo en los lugares que visité. Yo
he visto la riqueza y el lujo en algunos seminarios y cancillerías
episcopales en Alemania y Estados Unidos. No vi eso en las casas de la
FSSPX. Visité la Casa general en Menzingen en Suiza y era hermosa y
simple. Donde visité, no vi riqueza y lujo.
D. M.: ¿Y qué encontró en sus discusiones teológicas?
A. S.:
Con respecto a las discusiones teológicas, noté una actitud de
desconfianza hacia Roma, hacia otros que no son de la FSSPX. Sin
embargo, tal actitud es psicológicamente comprensible. Durante cuarenta
años, la FSSPX no ha tenido relaciones canónicas formales con Roma y con
los obispos locales. Tal situación contiene un peligro, y se lo dije al
obispo Fellay y a los otros sacerdotes. Les dije: “Este es su peligro,
que con el tiempo desarrollarán un espíritu de autosuficiencia
eclesiástica y una especie de mentalidad de gueto”. Sugerí que
solicitaran el reconocimiento canónico de la Santa Sede. Evité decir
“reconciliación”, pero en su lugar hablé de “reconocimiento”. Les dije:
“Tenéis derecho a ser reconocidos por la Iglesia”, porque están
preparando seminaristas, predicando, enseñando el catecismo y celebrando
los sacramentos como siempre lo ha hecho la Iglesia.
En las casas
que visité, la Casa General en Menzingen (Suiza), los seminarios en
Flavigny (Francia), en Winona (Estados Unidos) y en Zaitzkofen
(Alemania), participé en las oraciones durante la Exposición solemne del
Santísimo Sacramento. Me conmovió cuando escuché la solemne oración por
el
Papa cantada en canto gregoriano: Orémus pro
pontífice nostro Francísco. En muchos seminarios e iglesias en el mundo
católico, no cantan la solemne oración por el
Papa,
pero en la Fraternidad San Pío X sí. En una ocasión conocí a un grupo de
familias afiliadas al apostolado de la FSSPX y los padres me dijeron
que sus hijos rezan el Rosario por el
papa Francisco. ¿Cómo se puede considerar que tales actitudes y actos sean los de los cismáticos?
D. M.: ¿Cree que volverán a la plena comunión, sea lo que sea que eso signifique?
A. S.: “Comunión plena” no es la expresión correcta en mi opinión. Ya están en comunión con la Iglesia, ya que reconocen al
papa actual, lo mencionan en el Canon, rezan públicamente por él y rezan por el
obispo diocesano local. La FSSPX ha recibido facultades del
papa para la absolución, y los sacerdotes de la FSSPX ahora pueden canónicamente obtener facultades del
obispo diocesano o del
párroco para asistir en los matrimonios.
D. M.: ¿“Regularizados”?
A. S.:
Regularizados, eso es mejor. Pleno reconocimiento es mejor que la
expresión “comunión plena”, porque los miembros de la FSSPX no están
excomulgados. Les animé mucho a pedirle al
papa que les diera reconocimiento canónico.
También
discutimos su afirmación de que la nueva Misa es “malvada” o “mala”.
Les dije a mis interlocutores de la FSSPX: “No debéis hablar de esta
manera”. Les dije que tampoco estoy contento con la nueva Misa. Les
sugerí que usaran la expresión “La nueva Misa tiene defectos, pero no es
mala”. También les dije: “Cuando dicen que la nueva Misa es mala, me
están acusando de cometer un mal, un pecado, porque yo también celebro
la nueva Misa”. Les dije: “Deben escribir y presentar sus críticas, eso
es bueno, pero háganlo con un lenguaje más cuidadoso”. Los sacerdotes
con quienes hablé demostraron una buena formación teológica. Sin
embargo, también tienen que considerar objetivamente lo que era bueno en
el Concilio, y esto no significa que deben aceptar todo el Concilio. Lo
que es, en sí, verdadero y bueno —incluso en la nueva Misa— podía
aceptarse.
En mi opinión, la FSSPX debería ser reconocida y, de
ser así, sería una verdadera ayuda espiritual y pastoral para toda la
Iglesia, para fortalecer la doctrina y la tradición en la Iglesia. La
FSSPX ofrece buena formación sacerdotal.
D. M.: ¿Cuál es su opinión sobre el intento más reciente de reconciliación?
A. S.:
Hubo señales muy ambiguas procedentes de Roma en junio de 2017. El
cardenal Müller les presentó una fórmula de acuerdo, que no era
aceptable. Durante nuestra visita, los otros obispos y yo buscamos
presentar una fórmula más realista y pastoral. Que yo sepa, la
Pontificia Comisión
Ecclesia Dei promovió la propuesta que hice. Desafortunadamente, la fórmula fue cambiada, y no sé cuál es la situación actual ahora.
D. M.: En
noviembre de 2017, el arzobispo Pozzo dijo que habían hecho todo lo
posible y que la pelota ahora está en la cancha de la Fraternidad.
A. S.:
Sí, pero la Santa Sede presentó la última fórmula en 2017, y todos
sabían que no sería aceptable para la FSSPX. Roma debería haber sido más
pastoral y generosa.
D. M.: Uno de los requisitos era que al papa
se le debería dar tres nombres para el nombramiento de un obispo, y que
elegirá uno de esos nombres. Esto suscita la preocupación de que los
hombres maniobrarán para ser más favorables a la visión del papa
Francisco que tal vez a la de la Fraternidad, por lo que estos hombres
llegarán a la cima y esto eventualmente debilitará a la Fraternidad.
A. S.: Podría ser, pero el
papa
Francisco no es eterno. Les dije: “No pueden fijar su situación
concreta a un pontificado y hacerla que dependa de eso. Esto es
demasiado humano; tienen que tener una visión sobrenatural, de que Dios
está guiando a su Iglesia”.
Si la FSSPX fuera reconocida, y Roma
luego los obligara a aceptar cambios doctrinales y litúrgicos que serían
contrarios a su carisma, la FSSPX tendría que rechazar dichos cambios,
incluso a riesgo de perder nuevamente el estado canónico, como sucedió
en 1975. En un tal hipotético caso, la FSSPX solo perdería el estado
canónico y volvería a su situación anterior.
D. M.: Tradicionalmente,
esta es la razón por la cual las órdenes religiosas tenían un cardenal
protector. Debía protegerla del mundo, pero también de la Santa Sede, de
intervenir en su vida de una manera que fuera inapropiada.
A. S.: De acuerdo con los estatutos propuestos de una Prelatura Personal San Pío X, el prelado sería nombrado por el
papa de una lista de tres sacerdotes que son miembros de la FSSPX y son propuestos por las autoridades de la FSSPX.
Teóricamente,
la Curia romana podría intentar interferir en la vida de una futura
Prelatura FSSPX. Tuvimos el ejemplo de la Orden de Malta, que fue una
intervención extrema en un estado soberano, y el
papa
finalmente eliminó al jefe de estado, por supuesto con el pretexto de
que este jefe de estado también es un religioso con el voto de
obediencia. Teóricamente, podría suceder que después de la erección de
la Prelatura, Roma pudiera encontrar un pretexto para decir: “Deponemos
al Prelado y nombramos un administrador apostólico y él gobernará la
Prelatura con plena autoridad en nombre del
papa”. Sin
embargo, estas son posibilidades políticas humanas y conjeturas, y
tenemos que superar esta actitud con una confianza más sobrenatural en
la providencia de Dios y en Su guía de Su Iglesia.