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miércoles, 25 de marzo de 2009

DEFENSA A MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE

Ahora, con el tema del retorno de la Santa Misa Tridentina (del Concilio de Trento) y el levantamiento de la excomunión a varios miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), vuelve a relucir el nombre de Marcel Lefebvre.

Tal vez no les suene el nombre, pero es uno de los más grandes y dignos defensores de la ortodoxia (en el sentido de la vercacidad de la fe) en el Catolicismo, porque apoyó la Misa Tridentina y la santa doctrina de san Pío X y del Siervo de Dios Pío XII contra las disposiciones de un concilio influenciado por una turba de extranjeros (de hecho, el Vaticano II tenía observadores judíos, protestantes, musulmanes y ateos; a quienes san Juan Evangelista en el Apocalipsis llamó acertadamente "la sinagoga de Satanás"), que como todos sabemos, el objetivo de Satanás es la destrucción de la Iglesia Católica.


También me motivó a escribir este artículo el hecho de que en la actualidad se estén lanzando artículos injuriosos contra este campeón de la Verdad, sin surgir una voz que lo reivindique. Por ello escribí para defender su honra.

Así realizada la introduccíon, hablemos sobre la vida y el ministerio de Marcel Lefebvre:




Monseñor Marcel Lefebvre (1905 -† 1991)

Marcel Lefebvre nació en el pueblo de Tourcoing (Francia) el 29 de Noviembre de 1905, en el seno de una familia católica muy devota.


Cursó sus estudios de filosofía y teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote en 1929 por Monseñor Liénart, apodado el "arzobispo rojo" de Lille. Habiendo madurado en él la idea misionera y siguiendo el paso de su hermano, se unió a la Congregación del Espíritu Santo. Tras su novicido (de sólo un año de duración) hizo sus votos el 8 de Septiembre de 1932 y fue enviado a África, más concretamente a Gabón, donde se desempeñó como un misionero ejemplar en diversos lugares.


EPISCOPADO



En reconocimiento a la misión realizada pr Lefebvre, Su Santidad el Siervo de Dios Pío XII lo nombró obispo de Dakar (1948- 1962), elevándolo posteriormente al rango de Arzobispo, y designándolo también Legado Apostólico (una especie de Nuncio) para toda el África francófona. A la muerte de Pío XII le destinaron sólo como Arzobispo de Dakar dejando el puesto de Legado Apostólico. Ante el paso de la promoción del clero nativo que impulsara Pío XII, Monseñor Lefebvre dejó la catedra de Dakar a su discípulo Hyacinthe Thiandoum. Ante este paso Juan XXIII, quiso darle una diócesis en Francia. Pero ante las presiones que hicieron los obispos y cardenales franceses (por envidia), Juan XXIII se vio obligado a darle una pequeña diócesis, la diócesis de Tulle, en vez de un arzobispado aunque si retuvo el título de Arzobispo. Las otras condiciones fueron que no podía pertenecer a la Asamblea de los cardenales y arzobispos franceses (germen de la futura Conferencia de obispos de Francia) y que estas condiciones no creen un precedente o una costumbre para los futuros obispos de Francia.



Escudo arzobispal de Marcel Lefebvre



EN EL VATICANO II

En calidad de Superior General de los Padres Espiritanos (nombre de los miembros de la Congregación del Espíritu Santo), fue llamado por Juan XXIII para formar parte de la Comisión Central Preparatoria del Concilio Vaticano II.


Durante el Concilio, fundó junto a Mons. Antonio de Castro-Mayer, obispo de Campos (Brasil), Mons. Geraldo Proença Sigaud, obispo de Diamantina (Brasil) y Mons. Carli, obispo de Segni (Italia) el Cœtus Internationalis Patrum (Grupo Internacional de Padres), al que adhirieron 450 obispos, con el objeto de defender en el aula conciliar la doctrina y disciplina tradicional de la Iglesia. Un gran ejemplo de defensa de los valores católicos.


FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X


Escudo de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX)


Después de renunciar a su cargo de Superior General de su congregación en 1968 y a iniciativa de un grupo de seminaristas descontentos con la orientación que habían tomado los seminarios a los que concurrían, en particular, el Seminario Francés de Roma, a cargo de los Padres Espiritanos, en 1971 fundó en Friburgo (Suiza), con la anuencia del obispo del lugar, Mons. François Charrière, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). La casa de formación que primero funcionó en la Rue de la Vignettaz fue posteriormente trasladada a Écône (cantón del Vales, Suiza), donde la congregación tiene su principal instituto de formación sacerdotal.


Debido a la creciente concurrencia de jóvenes deseosos de recibir una formación tradicional en el sacerdocio, rápidamente se granjeó la oposición y envidia del episcopado francés, que denominaba el Seminario de Écône «seminario salvaje» (el diablo actuando a través de los obispos franceses). Vencido el término de 5 años, durante el cual la existencia de la congregación es puesta a prueba de acuerdo con las normas canónicas, el sucesor de Mons. Charrière en la sede de Friburgo, Mons. Pierre Mamie, tras recibir una solicitud de Roma, no renovó el permiso para que la misma subsistiera, acto que posteriormente fue refrendado por una comisión de 3 cardenales nombrada por Pablo VI.


En ese estado, Mons. Lefebvre interpuso un recurso suspensivo ante el Tribunal de la Signatura Apostólica, pero su presidente, el cardenal Dino Staffa, se negó a darle trámite respondiendo -según parece- a un pedido del Cardenal Jean Marie Villot, entonces Secretario de Estado de Pablo VI.


Dado que el recurso suspensivo de supresión estaba pendiente, Mons. Lefebvre consideraba que a falta de pronunciamiento sobre un recurso suspensivo, la medida que suprime su congregación ha quedado pendiente de resolución, y por lo tanto, su congregación continúa existiendo hasta tanto la Santa Sede no se expida sobre el fondo del asunto.


Con ese razonamiento, no secundó el pedido que se le hiciera de cerrar el seminario y dispersar a los seminaristas, a los cuales prosiguió formando hasta las puertas del sacerdocio.


En 1976 recibió una monición canónica para que no procediera a la ordenación de la primera tanda de jóvenes formados en Écône, la cual desoída, hizo recaer (injustificadamente) sobre él la suspensión a divinis el 22 de Julio de 1976. El 29 de Agosto, Mons. Lefebvre celebro la misa de Lille donde declaro:
"No se puede dialogar con los masones o con los comunistas, ¡no se dialoga con el diablo!"


EXCOMUNIÓN

Consolidándose la situación en el tiempo, y por interposición de otros factores, tal el caso de la reunión "ecuménica" de Asís de 1986, Mons. Lefebvre, ya octogenario, confiesa que se le acaba el tiempo para nombrar un sucesor en el episcopado. Tras una serie de reuniones con autoridades romanas, durante cuyo transcurso se le aseguró que el Papa Juan Pablo II no se oponía, en principio, a darle un sucesor, se bosquejó un proyecto de acuerdo. Pero tan pronto como estampó su firma en el documento, el entonces cardenal Joseph Ratzinger le envió un subalterno para solicitar de él una carta pidiendo perdón al Papa por lo que había hecho.

¿Acaso hizo Mons. Lefebvre algo malo para tener que pedir perdón?


Tras negarse a hacerlo, en el convencimiento de haber hecho un bien a la Iglesia Católica, se desdice del acuerdo y poco después, remitiéndose a aquella seguridad que se le había dado de que el Papa no se oponía a darle un sucesor, decide consagrar 4 obispos escogidos de entre miembros de su congregación: los padres Alfonso de Galarreta (hispano-argentino), Bernard Fellay (suizo), Richard Williamson (inglés) y Bernard Tissier de Mallerais (francés).


Los puntos centrales de la controversia entre Mons. Lefebvre y el Vaticano son esencialmente cuatro: el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo, la libertad religiosa y la colegialidad, porque, de acuerdo a Monseñor Lefebvre, el Novus Ordo Missæ, la separación Iglesia- Estado y el ecumenismo son peligrosos para el Catolicismo.


Mons. Lefebvre fue "excomulgado" pública y formalmente por el Papa Juan Pablo II (presionado por esa banda de cardenales progresistas), el cual en su carta Apostólica "Ecclesia Dei", escrita el 2 de julio de 1988 en forma de motu proprio, decía:
"Al realizar ese acto, a pesar del monitum público que le hizo el cardenal Prefecto de la Congregación para los Obispos el pasado día 17 de Junio, el reverendísmo mons. Lefebvre y los sacerdotes Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta, han incurrido en la grave pena de excomunión prevista por la disciplina eclesiástica" (Código de Derecho Canónico, can. 1.382).
¿Os dáis cuenta de que Satanás actuó siempre contra este valiente soldado del Catolicismo y que esa excomunión era puro teatro orquestado por los progres?


La posición oficial de la Iglesia Católica en lo referente a la situación canónica de la Fraternidad San Pío X, recogida en las declaraciones del Card. Darío Castrillón Hoyos, Prefecto de la Sagrada Congregación para el Clero y Presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, en entrevista a la Revista 30 Giorni, es que «no se trata de un cisma formal». De igual manera, en entrevista concedida al canal 5 de Italia el 13 de Noviembre de 2005 indicaba:


No se puede decir en términos correctos, exactos y precisos, que existe un cisma. Hay una actitud cismática en el hecho de consagrar obispos "sin mandato pontificio". Ellos están dentro de la Iglesia. Existe únicamente el hecho de que una total, más perfecta comunión está faltando —como quedó afirmado durante la reunión con el Obispo Fellay— una comunión más plena, porque la comunión existe.



¡Qué cínicos son los liberales en la Iglesia post concilio Vaticano II! Primero autorizan al lugarteniente de Cristo para nombrar un sucesor, y luego lo expulsan a él y a sus seguidores.


El hecho de que no exista cisma formal significa que las excomuniones no son válidas y que no existe la intención de separarse de Roma, intención que es necesaria para que se declare un verdadero cisma y la excomunión. La posición de la FSSPX ha sido siempre de obediencia y sujeción al Romano Pontífice en todo lo que es magisterio infalible, aunque resisten las orientaciones pastorales que se han realizado después del "Concilio Pastoral" Vaticano II, cosa que por sí misma no es negación de ningún dogma de fe. El problema entre la Santa Sede y la FSSPX es, por tanto, de materia disciplinar y no dogmática.

Las "excomuniones" a los cuatro obispos ordenados por Mons. Marcel Lefebvre sigueron en pie hasta el 24 de Enero de 2009, cuando el Papa Benedicto XVI, en un acto de justicia y reparación, levantó la excomunión a los cuatro obispos. Benedicto XVI, según un comunicado del Vaticano, decidió levantar la excomunión a los cuatro obispos tradicionalistas "tras un proceso de diálogo" y después de que el pasado 15 de Mons. Fellay enviase una carta al Vaticano, en nombre propio y de los otros tres prelados, en la que le expresaba el deseo de permanecer fieles a la Iglesia Romana y al Papa. Ya se está empezando a vindicar el nombre de Marcel Lefebvre y el de la FSSPX.


Mons. Marcel Lefebvre falleció el 25 de Marzo de 1991, durante la Semana Santa. Sus restos se hallan inhumados en el Seminario de Écône, bajo la leyenda que él mismo deseaba que fuese escrita: Tradidi quod accepi ("He transmitido lo que recibí").

LIBROS



Marcel Lefebvre, que puede ser catalogado como Doctor y Campeador de la Catolicidad, ha escrito varios libros para sacerdotes y laicos sobre espiritualidad y contra el modernismo.

  1. El Misterio de Nuestro Señor Jesucristo. Las páginas de este libro reproducen en substancia una serie de pláticas espirituales grabadas que Monseñor Lefebvre dio a los seminaristas del Seminario San Pío X de Ecône entre el 28 de noviembre de 1977 y el 29 de marzo de 1979. Monseñor Lefebvre mismo les dio el título de «El misterio de Nuestro Señor Jesucristo». Era la continuación de otra serie de pláticas preparatorias que trataban de la llamada a la santidad y las disposiciones para adelantar en la vida espiritual.


  2. Itinerario espiritual siguiendo a Santo Tomás de Aquino en su Suma teológica. Monseñor Marcel Lefebvre. Estas páginas que siguen se dirigen particularmente a ustedes, sacerdotes y seminaristas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que en este día renuevan sus compromisos en esta congregación católica romana, aprobada oficialmente por los ordinarios de las diócesis y por las autoridades romanas.Si el Espíritu Santo permite que redacte estas consideraciones espirituales antes de entrar, si Dios quiere, en el seno de la Bienaventurada Trinidad, me habrá permitido realizar el sueño que me hizo entrever un día en la Catedral de Dakar: frente a la degradación progresiva del ideal sacerdotal, transmitir en toda su pureza doctrinal y en toda su caridad misionera, el sacerdocio católico de Nuestro Señor Jesucristo, tal como lo transmitió a sus apóstoles, y tal como la Iglesia romana lo transmitió hasta mediados del siglo veinte.


  3. Carta abierta a los católicos perplejos. S. E. R. Arzobispo Monseñor Marcel Lefebvre. “Los cristianos de hoy —decía Juan Pablo II en 1981— se sienten, en gran medida, perdidos, confusos, perplejos, y hasta decepcionados.” Esta perplejidad se manifiesta en las conversaciones, los escritos y el comportamiento de los católicos.A qué se debe esta situación, se pregunta Monse­ñor Lefebvre, obispo de Toulle en Francia, y afirma que la fe se establecía sobre certitudes, que al ser quebrantadas, han sembrado la perplejidad. Los católicos han visto transformarse el fondo y la forma de las prácticas religiosas. Nueva misa, nueva teología de los sacramentos, nuevo catecismo, nuevo derecho canónico... ¿a dónde conduce todo esto? ¿Se trata acaso de una nueva religión?Monseñor Lefebvre responde a estas preguntas con un criterio personal, apoyándose en la enseñanza constante de la Iglesia, que no pertenece al pasado ni está perimida, porque “la Verdad es de todos los tiempos, es eterna”. Éste es un libro polémico, pero también honesto y sincero, sobre un problema siempre actual, universal.


  4. Actas del Magisterio. Monseñor Marcel Lefebvre. Desde el principio de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Mons. Lefebvre instituyó, para la formación impartida a los seminaristas, un curso muy especial que recibían durante su primer año, titulado Actas del Magisterio. Este curso expone las grandes encíclicas de los Sumos Pontífices y los documentos pontificios que tratan sobre el orden social cristiano y la realeza social de Nuestro Señor. Tiene como finalidad colocar a los jóvenes aspirantes al sacerdocio en el contexto concreto de la situación de la Iglesia actual y poscristiana, marco de su futuro apostolado y santificación.Durante los años 1979-1982, S. Ex. Mons. Marcel Lefebvre enseñó personalmente esta materia en el seminario de Ecône, mostrando así la importancia capital de nuestra lucha contra los errores modernos, especialmente el liberalismo, el modernismo y el comunismo y sus propagadores, en particular la Masonería. Así mostraba también su adhesión filial e indefectible a las enseñanzas de los Sumos Pontífices, al Magisterio de la Iglesia y a la Roma eterna.El gran dolor de su vida fue ver a la Iglesia invadida por todos los errores del Concilio Vaticano II —al que muchas veces llamaba su “tercera guerra mundial”—, sus puestos principales ocupados por los enemigos, y que los Papas conciliares y posconciliares se apartaban de las enseñanzas de sus predecesores. Fue también para él una gran tristeza ver en ruinas el sacerdocio católico, cómo se difundía la libertad religiosa y cómo los estados católicos se iban secularizando en nombre de esta misma libertad proclamada por el Concilio. Aquí transcribimos, gracias al trabajo del señor André Cagnon y su esposa, el curso que dio en 1980-1981, aunque con ciertos retoques tomados del curso de 1979-1980 sobre Quanta cura y el Syllabus.


  5. Le Destronaron. Del liberalismo a la apostasía, la tragedia conciliar. Monseñor Marcel Lefebvre. Los católicos liberales introducen los errores liberales en el interior de la Iglesia y en las sociedades todavía poco católicas. Es muy instructivo releer las enseñanzas de los Papas al respecto y comprobar el vigor de sus condenaciones.


  6. Cartas pastorales y escritos. Colección de cartas pastorales por Monseñor Marcel Lefebvre.

CONCLUSIÓN

Marcel Lefebvre, al igual que muchos en el pasado, es un modelo de fidelidad al Magisterio tradicional de la Iglesia Católica contra los ataques y la insidia modernista (porque el modernismo no es cosa de Dios). Fue preseguido abierta y secretamente por unos cardenales desesperados que, para imponer sus intereses personales a los criterios morales, presionaron a Juan Pablo II para excomulgarlo. Pero Dios hace justicia a sus siervos, y hoy, bajo el pontificado de Benedicto XVI (que Dios bendiga e ilumine siempre, concediéndole larga vida y la victoria sobre sus enemigos), la FSSPX está siendo reivindicada y Marcel, desde el cielo, ruega a Dios por la Iglesia, para que sea libre de las garras del liberalismo, y así pueda ser "Una, Santa, Católica y Apostólica", como rezamos en el Credo.

San Marcel Lefebvre, Ora pro Nobis

3 comentarios:

  1. Hola Jorge. No sé mucho de la Historia del lefebvrismo, me enriquece lo que publicas (y entiendo que viene de tus convicciones personales los comentarios encomillados) Pero creo que por honor a la verdad deberias incluir en la historia del lefebvrismo las terribles calumnias que Mons. Lefebvre dirigió a su santidad el Papa Pablo VI, en esos años de su lapidaria actitud subversiva. Creo que si bien estoy de acuerdo que el rito Tridentino es verdaderamente la 'madre de la liturgia' católica y que ciertas actitudes de sacerdotes progresistas dan 'qué desear' en esos engendros pseudoliturgicos, no obstante me parece válido admitir que cada uno interpretó el concilio como quiso. Y tanto la actitud creacionista de los falsos interpretes del concilio como la desobediencia e injurias del Lefevbrísmo son a mi entender la misma semilla del mal. En un momento me parecería interpretar que ustedes piensan que el espiritu Santo se equivocó en el Concilio Vaticano II. En definitiva es él el que dirige la Iglesia. El creacionismo liturgico como la actitud lefebvrista son a mi entender, dos actitudes de desobediencia que como sacerdote; no son para nada dignas de imitar. A mi parecer, hermano mío,son heridas que todavía la Iglesia tiene que sanar... y sois también vosotros los protagonistas de esa sanación.
    Que paradoja, el mismo cardenal que llamó a la obediencia a lefevbre, es el mismo papa que levantó su excomunión. Un ejemplo de reconciliación a la que tanto modernos como tradicionales deberíamos imitar, pero desde la clave del diálogo y la obediencia. Un abrazo afectuoso y feliz dia.
    P. Pablo (argentina)

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  2. Es para mí un gozo infinito que un sacerdote comente aquí, porque quiero que todos opinen libremente.

    Padre, tú debes saber que si Mons. Marcel dijo lo que dijo respecto a Pablo VI fue por una razón. La razón fue que Pablo VI era simpatizante del judaísmo, y su actuación en el concilio fue Desastrosa para la Iglesia.

    Además, no has notado que después de 1972 Pablo VI no era el mismo que en 1963. Peor todavía, a Pablo VI lo suplantaron.

    Si crees que esto último es un invento mío, entra a TLDM.org (sección en español) y lee las directrices 50, 63, 155 y 157.

    Saludos.

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  3. Siendo objetivos, los adjetivos que Monseñor Lefebvre dirigió al Papa Pablo VI, eran totalmente acertados: "modernista" (amigo de la corriente subversiva que pretendía introducir toda las herejías mediante el relajamiento y alteración de todo aquello legado por la tradición de la Iglesia), "Liberal" (un Liberal es una persona de dos caras, mitad católico y mitad protestante, mitad del mundo, amante del humanismo puro sin Dios, conciliador de los errores emanados de la revolución francesa con la doctrina católica, criterio condenado a ex cathedra por Pío IX).. Hoy en día e incluso algunos canales católicos como EWTN al hablar del pontificado de Pablo VI, se refieren a un pontificado marcado por desastres, crisis, confusión y perdida de la fe de millones de curas y fieles... Para comprender la situación actual de la Iglesia, es preciso, abrir los ojos, no es la primera, y quizá ni la última, que Dios permite que en la silla de Pedro, se sienten hombres extraviados, como sucedio con el Papa Honorio etc..

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)