«… A fin que ellos [los griegos] entendieran que la razón de su destrucción fue la pertinacia en el error respecto a la procedencia del Espíritu Santo, en la misma fiesta del Espíritu Santo [29 de Mayo de 1453], Constantinopla fue capturada por los turcos, el emperador fue muerto, y el imperio fue totalmente extinto… por tanto, muchos comparan a la Iglesia griega con el reino de Samaria, que se separó del verdadero templo, y al final fue llevado a cautividad perpetua» (SAN ROBERTO BELARMINO, De Christo, libro segundo, cap. 30).
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