Durante su reciente visita al Vaticano el 7 de Mayo, el alemán Primer Ministro de Polonia Donald Franciszek Tusk Dawidowski se presentó ante León XIV Riggitano-Prévost como un político abierto al diálogo con la Iglesia Católica (con miras a las elecciones parlamentarias de 2027), cuando en realidad el suyo es el gobierno más anticlerical desde la caída del comunismo, escribió Wlodzimierz Redzioch en la Nuova Bussola Quotidiana.
Las acusaciones se centran en la figura de su ministra de Educación, Barbara Nowacka Jaruga, que es atea militante, favorable al aborto y defensora de la ideología LGBT. Ella ha estado realizando reformas para reducir la presencia de la religión católica y de los contenidos patrióticos en la escuela polaca, promoviendo al mismo tiempo programas de educación sexual de cuestionable moralidad y temas de género so capa de “educación para la salud”
Una de las medidas es la reducción de las clases de religión y ética de dos horas semanales a una sola, trasladándola a la primera o última hora de la jornada escolar y se excluye su nota del promedio académico oficial, pasando a ser poco más que un trámite.
Adicionalmente, en una reunión del Consejo de Ministros el 15 de Mayo, Tusk dijo que impulsaría el reconocimiento civil de las “uniones civiles” homosexuales de polacos realizadas en el extranjero, como exigió seis meses antes el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y en Marzo el Tribunal Administrativo de Polonia, aún pasando por encima del artículo 18 de la Constitución polaca.
La Asociación de Catequistas Laicos de Polonia envió una carta a Riggitano-Prévost pidiendo su apoyo y denunciando que las nuevas normas reducen drásticamente el papel de la religión en la educación pública. La reforma podría vulnerar también el artículo 12 del Concordato del 28 de Julio de 1993 entre Polonia y la Santa Sede (ratificado a regañadientes cinco años después por el presidente Aleksandr Kwaśniewski Bałasz y Juan Pablo II Wojtyła), y durante la visita oficial de Tusk al Vaticano se trató este tema, según el comunicado posterior de la Santa Sede, sin dar más detalles sobre la conversación.
Esta medida del gobierno polaco, entre otras, podría ser un paso más en la «europeización» de Polonia y los demás países de Europa del Este (recuérdese que Tusk fue presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019), a menudo considerados excesivamente tradicionales, nacionalistas y conservadores en la moral por la Unión Europa. Al parecer, el relativismo moral solo funciona en una dirección: la de disolver la moral católica, mientras que la “nueva moral” globalista, feminista, abortista y elegetebeísta debe extenderse a todas las naciones, volénter aut nolénter (quieran o no quieran) sus ciudadanos.
Aunque, en honor de la verdad, para lo que están enseñando los obispones polacos como el cardenal cracoviense Grzegorz Wojciech Ryś (ecumenismo, sinodalidad, ideología de género y sumisión a los judíos), mejor que no haya educación religiosa en los colegios si eso es lo que van a ofrecer…

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