Hoy 1 de Octubre, León XIV Riggitano-Prévost recibió a una delegación de la Federación Luterana Mundial, encabezada por su presidente, el obispón de Viborg (Dinamarca) Henrik Stubkjær, y su secretaria general, la pastora estonia Anne Liiber de Burghardt.
Recordando que su predecesor Francisco Bergoglio calificó en 2021 el ecumenismo no como un ejercicio de diplomacia eclesiástica, sino como un “camino de gracia”, dijo: «La comunión renovada en la fe apostólica, en los sacramentos y en los ministerios es la meta de nuestro camino ecuménico de gracia, que recorremos juntos guiados por el Evangelio».
Riggitano-Prévost se centró particularmente en el año 2030, que marcará el quingentésimo (500.º) aniversario de la Confesión de Augsburgo, presentándolo como una oportunidad para avanzar en el ecumenismo católico-luterano iniciado en 1967 y la búsqueda de la “unidad plena y visible”.
«Cuando este documento se leyó en Augsburgo el 25 de Junio de 1530, la unidad de la Iglesia occidental se veía amenazada, pero aún no completamente destruida. Los autores de la Confesión de Augsburgo —como dijo San Juan Pablo II— pretendían “dar testimonio de su fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica”. La Confesión de Augsburgo fue originalmente concebida como un documento de reconciliación dentro de la Iglesia. Solo más tarde llegó a ser entendido como un texto de confesionalización divisiva», afirmó.
Él quiere «lograr afirmar juntos el potencial ecuménico preconfesional de la Conféssio Augustána», e hizo un llamamiento a todos los creyentes, especialmente a los teólogos, para que «orienten su mente hacia Cristo y su Evangelio y regresen con profunda devoción a sus raíces comunes, a la fe de la Iglesia primitiva y de los Padres de la Iglesia, que une a católicos y luteranos como hermanos en Cristo».
Al finalizar el encuentro, agradeció a los invitados su visita y los invitó a rezar juntos el Padrenuestro.
Principales objeciones a la Confesión Augustana
La Confesión de Augsburgo (Conféssio Augustána) fue presentada al rey-emperador Carlos I de España y V de Alemania en la Dieta Imperial de Augsburgo el 25 de Junio de 1530, cuando le exigió a los luteranos formular en un texto sus creencias. Su autor principal fue Felipe Melanchthon/Schwartzerdt Reute († 1560), el colaborador teológico más cercano del monje maldito Martín Lutero.
El lado católico no aceptó la Confesión de Augsburgo. Encabezados por Juan Eck, los teólogos católicos reconocieron aquellos artículos que juzgaban coherentes con la fe católica, rechazaron las disputadas doctrinas luteranas y las contestaron el 3 de Agosto en la Confutación Augustana.
Lo más grave es que el artículo XXIV rechaza la comprensión sacrificial de la Misa, reduciéndola a una asamblea comunitaria con fines eucarísticos y latréuticos (cualquier parecido con el Novus Ordo Missæ de 1969 es pura realidad).
El artículo IV de la Confesión de Augsburgo enseña la justificación por la fe solamente (sola fide).
El artículo XII reduce el arrepentimiento principalmente a la contrición y la fe, y rechaza la necesidad de la confesión y la satisfacción de obra para la remisión de la pena.
Los artículos XXI, XXVI y XXVII atacan o socavan elementos importantes de la vida sacramental y devocional: la invocación de los santos, la autoridad de la Iglesia sobre el ayuno, y la teología de los votos religiosos y la castidad consagrada.
El artículo XXIII ataca el celibato clerical y defiende el matrimonio de los sacerdotes.
El mismo Lutero (que aprobó la Confesión de Augsburgo) reprochó que esta corriese un velo de silencio sobre importantes divergencias entre el catolicismo y la nueva religión. Además, como señalara el teólogo español Miguel María Garijo Guembe en su artículo “¿Sería posible el reconocimiento de la ‘Conféssio Augustána’ por parte catolica? Implicaciones y problemática al respecto”, historiadores y teólogos como Edmund Schlink (Teología de las confesiones luteranas, 2.ª ed. Múnich, editorial Christian Kaiser 1946, pág. 17) y Heinrich Bornkamm (entrada “Confesión de Augsburgo”, en Enciclopedia Die Religion in Geschichte und Gegenwart/La religión en la historia y la actualidad, tomo I, col. 357. 3.ª edición revisada por Kurt Galling et al. Tubinga, editorial Jacob Christian Benjamin Mohr (Paul Siebeck) 1957) señalan que esta se contradice con declaraciones luteranas posteriores como la Fórmula de Concordia o la Confesión de Esmalcalda; e incluso Josef Ratzinger indicó que que como paso previo a un reconocimiento de su catolicidad (que no tiene ni puede pretenderlo) debe quedar claro entre los luteranos «hasta qué punto la Confesión Augustana puede ser considerada como expresión válida y suficiente de la fe y vida de las comunidades eclesiales que se remontan a Lutero» y «qué fuerza tiene la unidad interna de las confesiones» [cf. „Anmerkungen zur Frage einer ‚Anerkennung‘ der Confessió Augustana durch die Katholische Kirche“/“Observaciones sobre la cuestión del ‘reconocimiento’ de la Confesión de Augsburgo por la Iglesia Católica”, en Revista Teológica Muniquesa, vol. 29 (1978), págs. 226 y 227]. Conclusión: Debido a sus diferencias de fondo, es imposible y absurda pretensión reconocerle catolicidad a la Confesión luterana de Augsburgo.

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