Vexílla Regis

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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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viernes, 10 de julio de 2009

SAN CRISTÓBAL, MÁRTIR


Aguerrido y asaz petulante es el mozo. Sueña con aventuras y se ha propuesto no cejar en el empeño. Sabe que tiene buen porte y anda muy pagado de su figura gentil. Tan airosa es su facha que, andando los siglos, se leerá en el himno antiguo del Breviario Toledano: "Élegans quem statúra, mente elegántior, -Visu fulgens, corde vibrans-, Et capillis rutilans" (Lindo talle, de mejor entendimiento -ojos alegres, corazón ardiente-, y de cabellos rubios rutilantes). Pero el mozo no conoce aún la Luz verdadera y sólo para mientes en sus ansias de gloria.
  
Se le conoce por varios nombres. Offero, Réprobo, Relicto y Adócimo. Por todos ellos responde el joven, muy pagado de su alcurnia y su linaje. Porque es el unigénito, y primogénito de un rey cananeo, cuya esposa veía transcurrir su vida sin descendencia. Su nacimiento le ha costado muchas lágrimas y muchos rezos.
  
Relicto -el nombre más usual en sus biografías- ha visto la luz primera en tierra cananea. Acaso en Tiro, acaso en Sidón. Ambas se disputan la supremacía de la Tierra de Promisión, dada por Dios hace muchos años a los hijos de Israel, en premio a los inmensos trabajos que padecieron por espacio de cuatro centurias uncidos a la tiranía de los faraones.
  
Ambas ciudades envuelven su cuna en leyendas mitológicas, y de ellas habla la Biblia en sus primeros libros. El Génesis (10, 19) designa a Sidón ya con este nombre, y en el libro de Josué (11, 8) Tiro pasa por ser una plaza fuerte.
  
Ambas asimismo rivalizaron en importancia y lucharon con denuedo para irrogarse la supremacía del mar, detentada a la postre por Tiro, madre de ciudades, como Hipona y Cartago, en África del Norte.
Las dos aportaron la madera incorruptible de los famosos cedros para el Templo que Salomón levantara a Yahvé, el Dios único. Hiram, rey de Tiro, había recibido del más sabio de los hijos de los hombres apremiante mensaje: "Quiero edificar a Yahvé, mi Dios, una casa como se lo manifestó Yahvé a mi padre David, diciendo: "Tu hijo al que pondré yo en tu lugar sobre tu trono, edificará una casa a mi nombre". "¡Manda, pues, cortar para mí cedros en el Líbano; mis siervos se unirán a los tuyos, y yo te daré lo que tú me pidas, pues bien sabes que no hay entre nosotros quien sepa labrar la madera como los sidonios".
  
Hiram contestó: "He oído lo que has mandado a decir. Haré lo que me pides en cuanto a la madera de cedros y cipreses. Mis siervos los bajarán del Líbano al mar y yo los haré llegar en balsas, hasta el lugar que tú me digas. Allí se desatarán y tú los tomaras, y cumplirás mi deseo proveyendo de víveres mi casa" (3 Reg. 5).
  
Por "el país de Tiro y de Sidón" pasó Jesús derramando mercedes. "Señor, hijo de David, ten lástima de mi: mi hija es cruelmente atormentada del demonio" (Mt. 15, 22), oyó el Maestro en estas tierras, cuyos habitantes supieron de la majestad omnipotente del Hijo de Dios y merecieron sus palabras de consuelo y esperanza "¡Ay de ti, Corozain!, ¡ay de ti, Betsaida!, que si en Tiro y en Sidón se hubiesen hecho los milagros que se han obrado en vosotras, tiempo ha que habrían hecho penitencia, cubiertas de ceniza y de cilicio. Por tanto, os digo que Tiro y Sidón serán menos rigurosamente tratadas en el día del juicio que vosotras."
  
Mas la historia no cuenta para Relicto, quien sólo piensa en aventuras y en oropeles. ¿Le empujan acaso los soberbios bajeles que el mozo contempla en el puerto de Tiro o en el de Sidón, y con los cuales ambas ciudades siguen manteniendo su hegemonía marítima, heredada de siglos, por el Mediterráneo? ¿O quizá su noble alcurnia, pues se sabe hijo de un rey o virrey, con poder y con súbditos? Tal vez su noble facha y gigantesca robustez. "Era además -escribe uno de sus biógrafos- de enorme robustez, hercúlea fuerza y de tan apuesta y agradable figura, noble aspecto y disposición en su persona, que atraía a sí los ojos de cuantos le miraban".
  
Para su sed de glorias, espoleada por su noble porte, Relicto pone su espada al servicio del rey. Pero un rey poderoso, no el que rige aquellos territorios. El apuesto mozo toma a deshonra servir a un monarca corto de talla y de glorias. ¿Cómo Relicto, de estatura gentil, de ojos ardientes y de cabellos rubios, valeroso y aguerrido, gigante membrudo, puede rendir su espada invicta ante un insignificante reyezuelo?
  
"Púsose a considerar su elegante estatura, sus extraordinarias fuerzas, su corazón animoso, su valor tan celebrado, y, hallándose sirviendo a un rey cananeo, que, a la cuenta, o no era de mucha fama, o tenía cortas prendas para la corona, se desdeñó de servir como vasallo humilde a quien sólo le excedía en la fortuna del cetro, Pues muchas veces concedió la fortuna (en fin, como ciega y loca) las reales insignias a muchos que aun para ser mandados eran indignos. Y si abandonamos el fabuloso nombre de la fortuna, pues los cristianos no reconocemos fortuna fabulosa, sino decretos y permisiones de la divina Providencia, tal vez concedió Su Majestad el cetro a quien era indigno del trono porque no merecían los pueblos otra cosa que sus culpas, y no es éste el menor testigo de la ira, pues siente mucho el súbdito el golpe del azote cuando viene por mano del que debe ser en la república, no tirano, sino padre".
  
No quería el mozo mandar, sino ser mandado. Ansiaba sólo servir, pero buscaba rey que fuese digno de ser servido. "Soy discreto -pensaba-, robusto, galán, entendido, valeroso, y ¿he de sujetarme a quien considero indigno de mandar?"
   
Así, pues, deja Relicto aquellos lugares donde transcurriera su niñez y se pone en camino a la busca del rey mayor de la tierra. Tropiézase con Gordiano, emperador de Roma, empeñado a la sazón en lucha tenaz contra los persas.
  
Admiróse el monarca de la prócer estatura del nuevo soldado, enamoróse de su bizarría y se aficionó al valor que demostraba.
  
Llegado hasta el rey, Relicto habló sin miedo y sin tacha: "Yo, oh rey soberano, busco al mayor rey de la tierra, al rey de la mayor fama; no por interés villano de riquezas y hacienda, sino sólo por la noble codicia de honra y fama, que mis prendas, mi valor, mi gigantesca estatura, no son para servir a reyes pequeños, sino para emplearse en servicio del mayor rey del mundo. Yo allá, en Caná, servía a mi rey; mas me pareció que a un rey pigmeo no debía servir un soldado gigante. Sediento de triunfos, busqué al mayor rey de la tierra, y oí decir que a esta hora tú eras en la tierra el rey más famoso. Por eso dejé aquel rey y vengo a servirte a ti; porque ya que mi estrella me conduce a servir como vasallo, sólo he de servir al que es el mayor rey del mundo".
  
Pagóse el rey de la libertad de la respuesta, o "acaso por la lisonja de oírle decir que era celebrado en la tierra por el rey mayor; que este pestilente aire de la lisonja suena, mejor que en otros, en los reales oídos. Facilísimamente pasa al pecho, que es un cebo muy dulce, y gana tanto la voluntad que pocas veces se le cierran las puertas del corazón.
  
Entra Relicto a formar parte de las tropas del rey, y tanto es su valor y tanta su destreza en el combate, que el monarca lo tiene junto a sí en los momentos de peligro.
  
Y, cuando vuelven las banderas victoriosas, el monarca abre sus salones a la alegría del triunfo. Relicto asiste a la fiesta, y contempla con asombro que el rey palidece cuando uno de los juglares exalta el poder de Satán.
  
"Luego Satán es más poderoso que mi rey -piensa Relicto-. He de ponerme a su servicio."
  
"Relicto no era el primero ni el último hombre que entre los de su estirpe creyeran en Satán, el antagonista del hombre, el príncipe de este mundo; le concebía como encarnado y real, y como a tal le seguía".
  
Sale Relicto al encuentro de Satán, "el rey más poderoso de la tierra". Únese a su cortejo, presto a desenvainar la espada tan pronto el enemigo haga acto de presencia. Gran algarabía reina en los ejércitos de Satán. Mas Relicto observa que todos palidecen cuando divisan una cruz en el camino. Satán ordena un largo rodeo. El soldado se extraña.
  
¿No viste una cruz que estaba en el camino real? —responde malhumorado Satán a las preguntas del gigante.
  
La divisé, como todos los demás.
  
-Pues sabe que sólo por no pasar junto a ella me aparté del camino, aunque conocía la grave molestia que se le seguía a mis gentes.
  
-Pues, ¿qué mal te hace aquella cruz? ¿Es más que un palo? ¿Es más que un madero? Yo paso junto a ella sin susto -respondió, desdeñoso, Relicto.
  
-Esa cruz que has visto es insignia de un capital enemigo mío, que se llama Cristo. Un hombre que, por malhechor, ha muerto crucificado en esa cruz.
  
-¿Qué Señor es ése que tanta virtud da desde esa señal que ella sola llena tu pecho de pavor?
  
Satán permanecía callado. No quería confesar su derrota. Relicto insistía.
  
-¿No dices que ya murió en esa cruz? Pues, ¿qué te asusta, si ya perdió la vida?
  
Ante el mutismo de Satán, Relicto toma una decisión tajante.
  
-"Yo voy a buscar a este Cristo, que es, sin duda, más poderoso que Satán."
  
-"Con qué suavidad, oh Cristóbal! -exclama fray Tomas Monzón-, te va llevando hacia sí la gracia. Ya da luz a tus pasos para que sigas la dicha. Y más acelerados fueran si este enemigo te hubiera dicho también que Cristo había muerto en esa cruz por ti, por sacarte de su tiranía y redimirte de la esclavitud de la culpa; pero ya lo vas conociendo, y veremos cómo diste pasos tan gigantes que desquitaste todo el tiempo perdido, sacando ventaja en la carrera a muchos que lo conocieron con más tiempo".
  
Ya tenemos a Cristóbal soldado de Cristo, "El joven licencioso, pagano, que recorre el mundo en busca de la felicidad, pero está preocupado de hallar la verdad y acallar su conciencia, que le reprende sus extravíos, ha encontrado el verdadero camino, la auténtica dicha."
  
La leyenda esmaltó con bellas narraciones la vida del gigantesco soldado de Cristo. Resulta complicado y harto difícil discernir la fantasía de la verdad. La gran popularidad de San Cristóbal, perpetuada en copiosa iconografía, desparramada por todo el mundo, contribuyó poderosamente a la exaltación de tales gestas, basadas en hechos reales, pero salpicadas con fuertes dosis de imaginación.
No puede negarse la existencia del mártir. "Fue -afirma el padre Cascón- más que suficientemente probada por el jesuita Nicolás Serario en su tratado sobre las letanías (Litaneutici) (Colonia 1609), y por Molanus en su Historia de las pinturas e imágenes sagradas (De picturis et imaginibus sacris) (Lovaina 1570)."
  
La corroboran "los testimonios de los Bolandos, críticos eclesiásticos cuya misión es examinar los documentos relacionados con los santos, especialmente de los primeros tiempos, para depurarlos de lo que en ellos haya podido mezclarse de legendario, reduciendo la tradición a los límites lógicos que, como fuente de la historia, pueden admitirse".
  
La patentizan los martirológios y misales antiguos, y el breviario mozárabe, en los que se alude a la existencia de Cristóbal, "mártir de Cristo bajo el reinado de Decio, emperador", y "en Licia, San Cristóbal, mártir, el cual en el imperio de Decio, deshecho con varillas de hierro y librado, por virtud de Cristo, de la voracidad de las llamas, finalmente acribillado a saetas y cortada la cabeza, consumó el martirio".
  
El Martirologio da el 25 de julio como fecha de la muerte de Cristóbal, en cuyo día la Iglesia proclama el triunfo del Santo. Por coincidir la efemérides con la festividad de Santiago, Patrón de España, se traslada la conmemoración del martirio de San Cristóbal al 10 del mismo mes, en memoria de un singular prodigio acaecido en Valencia.
  
Dan fe, por último, las numerosas reliquias del mártir, desperdigadas por España. Se asegura que en el año 258, poco después de su martirio, fueron traídas a nuestra Patria las reliquias del mártir. Un brazo se conserva en Santiago de Compostela, una mandíbula en Astorga, y Toledo y Valencia poseen asimismo otras reliquias venerandas del insigne soldado de Cristo.
  
¡Cristóbal, soldado de Cristo! Ya sirve a un Señor, que a nadie teme y de todos es temido. Ha muerto en la cruz, ante la que tiembla Satán y ante la que se arrodilla humilde un viejo ermitaño.
  
-Decidme, hermano, ¿dónde he de encontrar a ese Cristo, Rey más poderoso que todos los pasados? -pregunta, sumiso, el arrogante soldado al eremita.
  
-¿Para qué queréis hallarlo?
  
-Con ánimo resuelto de servirle.
   
"Regocijóse en extremo el siervo de Dios con la ocasión tan buena que se le venía a las manos, conociendo que el Señor se la enviaba para que ilustrase aquel ciego entendimiento con las luces de la fe, transformando aquel corazón bruto en un diamante peregrino que pudiese servir de anillo en la divina mano".
  
Déjase Relicto instruir por el ermitaño, quien va descubriéndole los misterios de la fe verdadera.
  
-¿Cómo he de servir a mi nuevo Señor? -ínstale Relicto.
  
-Con la oración y el ayuno.
  
-No sé rezar.
  
-Ayuna entonces.
  
-¿No ves mi corpulenta estatura? He de comer más que los otros para mantenerme.
  
-Sírvele entonces con tu estatura y tu fuerza. Ayuda a vadear el torrente a los caminantes que lo precisen.
  
-Relicto obedece al ermitaño. Su cuerpo gigantesco transporta a nado sobre sus hombros a los que no se atreven a vadear el peligroso río.
 
De esta guisa comenzó el nuevo soldado de Cristo a servir a su Señor. Hasta que un día divisó un niño bien pequeño en la misma ribera del río. Preguntóle qué deseaba y el pequeño le respondió que le pasase a la otra orilla. Tomóle Relicto y se lo puso al hombro, teniendo por cosa de juguete el peso.
Dejemos a uno de los biógrafos narrarnos el milagroso hecho, que inspiró la iconografía del Santo más difundida desde el Medievo.
  
"Cristóbal entró animoso al río con su báculo, como jugueteando con las ondas; pero a pocos lances conoció que aquel alto bajel se iba a pique, arrebatado de la furia de la corriente. Crecían las aguas, entumecíanse las olas; procuraba cortarlas valiente, haciendo en la arena pie firme; por nada le valía, porque el pequeño Niño que llevaba en sus hombros tanto le abrumaba con el peso que si él mismo no le diera (aunque él no lo conocía) la mano, como a San Pedro, para librarle del naufragio, en ellas hubiera hallado Cristóbal su sepultura. Rendido, como sudando y gimiendo, salió a la orilla y puso (bien que admirado) al Niño en la arena, y le dijo al que imaginaba niño estas palabras: "¿Quién eres, Niño? En grande peligro me has puesto. Jamás me vi en riesgo de perder la vida, sino hoy, que te llevé sobre mi espalda. Las coléricas aguas aumentaban su enojo, y Tú ibas multiplicando el peso. No pesabas tanto al principio. ¿Quién eres, Niño, que tan en la mano tienes hacerte ligero o pesado? Creo que más pesas Tú que el mundo, pues éste no me acobardara con el peso, aunque me lo echara al hombro".
  
Entonces Cristóbal oyó la respuesta que le abriría de par en par las puertas de la gracia y le señalaría el nombre que habría de adoptar en el bautismo.
  
"Te llamarás Cristóforo, porque has llevado a Cristo sobre tus hombros. No te admires, Cristóbal, de que yo te pese más que el mundo, aunque me ves tan niño; porque peso yo más que el mundo entero. Yo soy de este mundo que dices, el único Criador; y así no sólo al mundo, sino al Criador del mundo, has tenido sobre tus hombros. Bien puedes gloriarte con el peso: Yo soy Cristo: Yo soy ese Señor que buscas: Ya hallaste lo que deseas, y a quien has servido tanto en estas obras piadosas, y, aunque sobra mi palabra para crédito de mi verdad, pues sólo porque yo lo digo tiene su firmeza la fe, ejecutaré un prodigio para que conozcas la grandeza de este Niño pequeño. Vuélvete a tu casa, no tienes ya que temer las olas. Fija en la tierra ese árido tronco que te sirve de báculo, que mañana le verás no sólo florido, sino coronado de frutos".
  
Y el prodigio fue. A la mañana siguiente la estaca seca plantada en el suelo se había trocado en esbelta palmera cuajada de frutos.
  
¡Cristóbal, portador de Cristo! De cuatro maneras -observa monseñor Tihamer Toth- llevó el gigantesco soldado a su nuevo Señor. Sobre sus hombros, cuando el paso del río; en los labios, por la confesión y predicación de su nombre; en el corazón, por el amor, y en todo el cuerpo, por el martirio.
Ya está preparado Cristóbal para recibir el bautismo. Se lo administra el santo patriarca Babilas en la basílica de Antioquía. Relicto cambia de nombre al profesar su fe en el Redentor. De aquí en adelante se llamará Cristóbal, es decir, portador de Cristo.
  
Mas quien ha llevado una vez a Cristo sobre sus hombros ha de llevarlo siempre con su ejecutoria. De nuevo la tradición aporta una leyenda ejemplar y bellísima.
  
"Allá en el siglo III de la Iglesia, a un valerosísimo cristiano, de real estirpe, le abofetea en la plaza pública un hombre de vilísima condición.
  
El soldado le coge con sus puños de hierro. Le derriba en el suelo. Desenvaina la espada y la alza para darle el golpe de muerte.
  
-¡Mátale, mátale! -grita el gentío que le rodea, indignado por la cobarde y desvergonzada acometida del injuriador...
  
El soldado, como volviendo en sí, levanta los ojos al cielo, suelta a su ofensor, envaina la espada y dice:
  
-Le mataría si no fuera cristiano.
  
-¡Mátale! ¡Mátale! -le grita de nuevo el gentío.
  
-¿Matarle? Le mataría si no fuera cristiano...".
  
Aquel valerosísimo cristiano, de real estirpe, había recibido en el bautismo el nombre de Cristóbal.
  
Mas los días de Cristóbal están ya contados. Su ardoroso celo en la predicación evangélica espolea sus ansias. Licia primero, Samos después, oyen su inflamado verbo y presencian la conversión de muchos gentiles.
  
Y otra vez fue el prodigio. "En medio de la plaza de Samos se hallaba Cristóbal, a vista de todo el pueblo, arrastrados del prodigio de ver aquel monstruo (por tal le tenían) tan singular. Hablaba y predicaba; pero ni por señas le entendían. Lleváronle a la puerta donde residían los jueces; mas éstos tampoco alcanzaban los intentos de este hombre, porque ni él los entendía ni le entendían ellos, y así eran inútiles todos sus trabajos. No desconfió Cristóbal en medio de su aflicción; y si San Pablo dijo que todo lo podía en el Señor que le confortaba, lo mismo le sucedió a Cristóbal, pues, sabiendo que su Dueño era todopoderoso, y que dio lenguas a sus discípulos en el Cenáculo para que fuesen entendidos de diecisiete naciones distintas, hablando a cada uno en su particular idioma, conoció que aquí podía repetir el mismo prodigio, pues el mismo era su fin, que era predicarles la verdadera fe. Y así, en presencia de los mismos jueces, comenzó a clamar a Dios en oración tan fervorosa y humilde que, al verle todos con las rodillas en el suelo, clavados en el cielo los ojos, puestas las manos en el pecho, y que daba aquellas voces que nadie las entendía, los mismos jueces le volvieron como a loco las espaldas, dejándole como a tal por risa y escarnio del pueblo, que todo lo cercaba, o para ver el fin de aquel prodigio, o para entretenerse con el loco.
  
Aquí fue donde en medio de la plaza plantó su báculo, y, haciendo breve oración a Dios, se vio convertido en palma por segunda vez, ejecutando Dios aquel milagro por que no tuviesen por loco al que les predicaba a Jesucristo. Mas presto conocieron el fruto de la oración, que ellos, como bárbaros, imaginaron locura. Porque no bien había concluido su oración, cuando la divina gracia le concedió el don de lenguas, y con el nuevo favor comenzó a predicar de Dios las maravillas".
  
Llegó a oídos del rey Dagón el portentoso suceso, del que fuera protagonista uno de los cristianos, a quienes tenía ordenado por el emperador Decio su persecución y encarcelamiento. Mandó entonces el soberano soldados para que le prendieran, pero no se atrevieron y regresaron a palacio Sin Cristóbal. Enojóse sobremanera el monarca y redobló la guardia con la orden terminante de que condujesen a prisión al alborotador.
  
Dejóse conducir Cristóbal maniatado, como vulgar facineroso, ante la presencia del reyezuelo, quien, colérico y enojado, preguntóle:
  
-¿De dónde eres? ¿Cómo te llamas?
  
-Soy cananeo. Mi nombre no es ahora el mismo que antes tenía. Antes me llamaba Réprobo, y bien decía mí nombre quién yo era, pues tales eran mis obras mientras ciego vivía, como vosotros, en las tinieblas de la gentilidad, que no sólo el nombre, sino todo yo era Réprobo, hijo del demonio, hijo de la perdición. Mas ahora me llamo Cristóbal, porque mí Señor es Cristo, Hijo de Dios verdadero.
  
-¿Qué nombre es ése? -replicó el tirano, disimulando su enojo-. ¿Es posible que, siendo tú bizarro y generoso cananeo, te sujetes a la vil servidumbre de este Cristo? Ese Cristo no es más que un hombre, que, por ser engañoso y malhechor, le quitaron la vida en una cruz. ¿A quién podrá salvar ese hombre si no pudo salvarse a si mismo? Deja, cananeo, ese nombre de cristiano, y no seas encantador, como ellos. Mira que mis palabras no son sólo amenazas: te aseguro que serán obras, que apuraré los martirios y te daré mil muertes si no sacrificas luego a nuestros dioses.
  
-Yo soy cristiano y adoro a Jesucristo -respondió con valentía Cristóbal-. A Jesucristo, a quien llevo en mi nombre, llamándome Cristóbal, gloriándome de Él como el apóstol San Pablo, pues le llevo en el nombre, en la boca y en el pecho. Pero tú te llamas Dagón, que quiere decir muerte, porque realmente eres muerte del mundo compañero del demonio; demonios son esos ídolos que adoras, hechuras de manos de hombres.
  
Montó en cólera el tirano y escupióle indignado.
  
-Bien se conoce que eres bárbaro cananeo. Bruto eres en el semblante, y de bruto son tus costumbres. Mamaste leche de fieras, y así de fieras son tus obras. No quiero gastar contigo mis palabras. Te mando que sacrifiques a nuestros dioses. Si lo haces te haré singulares honras, estarás a mi lado y serás de los principales de mi reino. Pero si no quieres sacrificar, sabe que infaliblemente has de morir y con los más rigurosos martirios.
  
Vano empeño del tirano, quien vio sorprendido que ya algunos soldados de su escolta proclamaban en su presencia que eran cristianos. Indignado el reyezuelo, los mandó degollar y recluir a Cristóbal en el calabozo.
   
De nuevo volvió a su intento Dagón. No se le ocultaba la extraordinaria importancia de que Cristóbal abjurase de sus creencias y sacrificase a los dioses. Preparó hábil estratagema. Niceta y Aquilina, dos cortesanas de vida licenciosa, visitarán a Cristóbal en la prisión y con halagos y seducciones le harán abjurar de su fe.
  
Mas, al verlas, "levantóse con brío en pie Cristóbal, con un aspecto tan feroz que, al ver la severidad y enojo de su semblante, cayeron en tierra desmayadas las mujeres, creyendo que no tenía más término su vida que hablar Cristóbal la primera palabra, pues rayos son los que arrojan los santos, que quitan la vida a sus enemigos".
  
Cayeron ambas en tierra, heridas por la gracia, y confesando sus muchas faltas y proclamando su arrepentimiento, imploraron de Cristóbal el perdón.
  
Dióles ánimos el mártir para que públicamente confesasen a Cristo e increpasen al tirano por su maldad. Llegadas a presencia del rey, echáronle en cara su impiedad y perfidia y burláronse de los falsos dioses, cuyas estatuas arrojaron al suelo ante el asombro de la corte.
  
Furioso el soberano, ordenó matar a las dos cortesanas, quienes, invocando el auxilio de Cristóbal y renovando su profesión de fe, entregaron sus almas al Creador en medio de crueles tormentos.
  
"Así fueron las dos coronadas en el mismo día, glorificando a Jesucristo con los mismos cuerpos con que antes le ofendieron".
  
Todo ello no sirvió más que para exasperar al rey, quien, fuera de sí, recapacitaba la forma de deshacerse de Cristóbal, a quien no podía vencer con halagos y vanas promesas.
   
Estaban ya contados los días del invicto soldado de Cristo. Ansiaba Cristóbal seguir presto la suerte de las dos convertidas por su virtud y santidad, y ansiaba también el tirano desquitarse de la afrenta infligiendo al Santo nuevos y crueles martirios.
   
Intentó de nuevo apartarle de la fe con el señuelo de honores y de glorias. Empeño vano. "Lo mismo era persuadirle que adorase sus dioses falsos y que mudase de propósitos, que enternecer una peña o ablandar un bronce", por lo que decidió darle muerte.
   
Mandó que lo azotasen con varillas de hierro, pero Cristóbal no cesaba de entonar himnos a Dios. Ordenó luego el tirano que le colocasen en la cabeza un casco de hierro al rojo vivo, cuyo tormento soportó el mártir con entereza, saliendo indemne de la dura prueba.
  
Desesperado el rey, dispuso que tendiesen a Cristóbal sobre una gigantesca parrilla, a fin de que fuese quemado a fuego lento. Mas las llamas respetaron el cuerpo del Santo y derritieron, en cambio, la parrilla.
   
Tanto prodigio exaspera al tirano, quien ve que la entereza de Cristóbal gana adeptos para la religión cristiana. Ordenó entonces que atasen el reo a un árbol y que cuatrocientos soldados disparasen sin cesar con sus arcos flechas hasta que el cuerpo de Cristóbal se rindiese. Mas Dios tenía dispuesto nuevo prodigio. Porque un día entero pasáronse los soldados arrojando flechas sin que ninguna diese en el blanco. Por el contrario, una de ellas clavóse en el ojo del monarca, quien quedó ciego.
  
La voz de Cristóbal resonó vibrante.
  
-Mi fin se aproxima. El Señor prepara ya mi corona; pero no la recibiré hasta mañana por la mañana. Hasta entonces no sanarás. Cuando la espada separe mi cabeza de mi cuerpo, unge tu ojo con mi sangre, mezclada con el polvo, y al punto quedarás sano. Entonces reconocerás quién te creó y quién te ha curado.
   
A la mañana siguiente, la espada del verdugo separa la cabeza del cuerpo de Cristóbal y el rey hace lo que el mártir le advirtiera. Al punto recobra la visión y, volviendo sus ojos a la verdadera fe, ordena a todos sus súbditos que adoren a Cristo y proscriban los dioses falsos.
  
Y Gualterio de Espira termina el relato del martirio afirmando que toda la nación siria se apresuró a cumplir el mandato del rey, más por los milagros de Cristóbal que por la orden del monarca.
  
Es San Cristóbal uno de los catorce santos auxiliadores de la humanidad por su acendrado amor a los hombres y a quienes los cristianos invocan con especial devoción en todas sus necesidades espirituales y materiales. Por haber llevado a Cristo sobre sus hombros, defendiendo al tierno Infante de ser arrastrado por las aguas, la cristiandad comenzó desde el Medievo a colocar su efigie en el interior de las catedrales para que su gigantesca figura ahuyentase a los perseguidores de la Iglesia y defendiese al propio tiempo los tesoros religiosos y artísticos guardados en el templo.
  
Los himnos litúrgicos proclaman desde muy antiguo la excelsa protección del soldado de Cristo a los caminantes, que no dudan en acogerse a tan excelso patronazgo, y pródiga es nuestra literatura -desde Gualterio de Espira hasta nuestros más modernos poetas, García Lorca y Antonio Machado, pasando por Cervantes- en inspirados cánticos al Patrono de los caminantes. No menos se hizo popular su efigie -siempre colosal y gigantesca, tomando por tema el de transpotar al Niño a través del torrente- que decora muchísimas catedrales y vigila los pasos de los automovilistas. Porque los que van sobre ruedas escogieron por Patrono a San Cristóbal, y cada día cobra mayor auge y esplendor la fiesta litúrgica y son cada vez más numerosos los que acuden con sus coches a recibir la bendición del Santo, prenda segura de buenos augurios.
   
Como muestra de la tierna devoción de los caminantes a San Cristóbal recogemos la oración del automovilista, que a diario rezan muchos de los que han de sostener el volante entre sus manos:
"Dame, Dios mío, mano firme y mirada vigilante, para que a mi paso no cause daño a nadie. A Ti, Señor, que das la vida y la conservas, suplico humildemente guardes hoy la mía en todo instante. Libra, Señor, a quienes me acompañan de todo mal: choque, enfermedad, incendio o accidente. Enséñame a hacer uso también de mi coche para remedio de las necesidades ajenas. Haz, en fin, Señor, que no me arrastre el vértigo de la velocidad, y que, admirando la hermosura de este mundo, logre seguir y terminar mi camino con toda felicidad. Te lo pido, Señor, por los méritos e intercesión de San Cristóbal, nuestro Patrono. Amén."
La efigie del coloso soldado de Cristo, colocada en el automóvil o en el camión, habrá salvado más de una vez de peligro cierto a quienes le invocan con devoción y fe.
  
ANTONIO ORTIZ MUÑOZ, OSA.
  
ORACIÓN
Concédenos, te suplicamos, Dios omnipotente, que nosotros, que honramos el natalicio para el cielo de tu bienaventurado mártir San Cristóbal. por su intercesión sehamos fortalecidos en el amor de tu Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 9 de julio de 2009

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ


Bendice a todos los peregrinos que visitan tu Santuario y a todos los devotos que te invocan; serena los corazones y líbralos del odio que disgrega y de la ambición que corrompe. Bendice, ¡oh Madre Santísima!, a esta República que se consagra a Ti y haz ver que nuestra Patria, Colombia, es una nación de orden, libertad y progreso.
 

Cuenta la tradición que entre los primeros conquistadores del Nuevo Reino de Granada, Antonio de Santana, encomendero de los pueblos de Suta y Chiquinquirá, era especialmente devoto de la Virgen del Rosario. Por este motivo edificó en el pueblo de Suta su dormitorio y pequeña capilla.
  
Deseando poner en ella una imagen de la Madre de Dios, comisiona a Fr. Andrés de Jadraque para que haga pintar en Tunja por Alonso de Narváez una imagen de Nuestra Señora del Rosario en una manta de algodón. Alonso de Narváez, en su paleta usó colores al temple, con pigmentos naturales tomados de la composición mineral de la tierra y del zumo de hierbas y flores de la región. Como el lienzo era casi cuadrado (44 pulgadas de alto por 49 de ancho), el artista balanceó y completó el espacio añadiendo, a los lados de la Virgen del Rosario, las imágenes de San Antonio de Padua y de San Andrés Apóstol por ser el primero patrono del encomendero que solicitaba la imagen y el segundo, del fraile que la había mandado a hacer.
  
Luego que Santana recibió la imagen, acomodó el lienzo en un bastidor de madera y lo expuso en el altar la capilla techada de paja en la que se filtraba la lluvia y con ella la humedad del ambiente. Esto, unido a la acción del aire y el sol dejaron la pintura en tan mal estado que muy pronto era ya imposible reconocer lo que había sido pintado en ella. En 1577 la deteriorada imagen fue llevada al sitio de Chiquinquirá y abandonada en el cuarto que tiempo atrás sirviera de oratorio a la familia. Ocho años más tarde llegó a este lugar María Ramos, una piadosa sevillana, cuñada del difunto Santana, quien después de arreglar y limpiar la modesta capilla colocó en ella el borroso lienzo que un día llevara la imagen de la Virgen del Rosario. El viernes 26 de diciembre de 1586, se disponía a salir de la capilla, cuando una india cristiana le llamó la atención hacia la imagen, que aparecía rodeada de vivos resplandores. Volvió el rostro María Ramos y fue grande su asombro al advertir la transformación que se había obrado en el lienzo, cuyos colores, antes tan borrosos y desteñidos, aparecían ahora vivos y claros: había recobrado prodigiosamente su color y su brillo original en una restauración instantánea, que cerró los rasguños y agujeros de la tela cubriéndolos de luz y color.
  
La Virgen del Rosario que ocupa el centro del cuadro mide aproximadamente un metro de alto; su mirada se vuelve hacia la izquierda, desviando la atención hacia el Niño casi desnudo que lleva en sus brazos. Es una imagen serena cuya delicada sonrisa irradia gran dulzura. El color de su rostro es pálido, lo mismo que el del Niño. Curiosamente, éste lleva en la mano derecha un pajarito de vivo plumaje que un cordel sujeta a su dedo pulgar y de la mano izquierda deja colgar un pequeño rosario.
  
Nuestra Madre apoya su cuerpo sobre una media luna, en una posición que sugiere que va de camino. Cubre su cabeza una toca blanca recogida sobre el pecho, y un manto azul celeste envuelve su vestido de color rosado. Con el dedo meñique de su mano izquierda sostiene un rosario que le cae en el medio del cuerpo y en la mano derecha porta un cetro de reina. El cuadro conserva las huellas del pasado deterioro y es cosa notable el que las figuras, que de cerca se ven imprecisas o borrosas, adquieren su relieve y profundidad cuando se observan a cierta distancia. Al lienzo se le han superpuesto dos coronas, un cetro, dos rosarios y 27 escudos de oro que dan un hermoso relieve al cuadro, cuyo marco, formado por semicircunferencias de plata, porta las insignias de la condecoración presidencial. Durante trescientos años el cuadro de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá se presentó a los fieles sin protección alguna, contándose por millares los objetos que anualmente tocaban la endeble tela de algodón. Los devotos usaban largas varas o cañas para hacer llegar hasta el bendito lienzo diversos objetos de devoción. Es algo realmente admirable que la tela se conserve intacta, a pesar de que tanta manipulación, por fuerza debió haber destruido totalmente el frágil tejido de algodón. Desde 1897 un grueso cristal protege la pintura de las inclemencias del tiempo y del roce con los devotos peregrinos.
  
Pío VII la declaró patrona de Colombia en 1829 concediéndole fiesta litúrgica propia. "La Chinita" como la llama su pueblo, fue coronada canónicamente en 1919 y su santuario declarado Basílica en 1927.
 
HIMNO MARIANO
Coro: Reina de Colombia, por siempre serás. 
Es prenda tu nombre de júbilo y paz. (2)
 
Desde tu Santuario a nosotros ven
Pues eres la egregia Virgen del Rosario, 
Con corona regia ceñirán tu sien.
  
La Nación entera con culto filial, 
Tus glorias pregona, tu Imagen venera, 
Y en tu honor entona un Himno triunfal.
  
A tu paso extiende su invicto pendón
La Patria querida que hoy te da en ofrenda
La noble acogida del corazón.
 
A tal Soberana jurando lealtad,
Hijos de la hermosa tierra colombiana
Con voz fervorosa sus triunfos cantad.

ORACIÓN
Oh Dios, dador de todo bien, que quisiste esclarecer la admirable aparición de la hermosa imagen de la Madre de tu amadísimo Hijo, concédenos te suplicamos, que por la intercesión de la misma Bienaventurada Virgen María, lleguemos felizmente a la patria celestial. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

miércoles, 8 de julio de 2009

FRANCO HA SIDO VILMENTE DESPOJADO

De Don Pelayo en Tradición y Patria 1492


EL AYUNTAMIENTO DE TOLEDO APRUEBA RETIRAR A FRANCO LA MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD Y LA DEL ALCÁZAR CON EL RECHAZO DEL PP

La moción presentada por el grupo de IU, fue aprobada con los votos del PSOE, que dicho sea de paso gobierna la alcaldía sin haber ganado las elecciones, y los de IU.

El representante de IU, Aurelio San Emeterio (lástima de Santo) hizo un repaso por los distintos hechos históricos acontecidos durante la Guerra Civil y en la "Dictadura Franquista" que calificó como "crímenes contra el pueblo español".

No se que es lo que entiende el Sr. Aurelio por "crímenes contra el pueblo español", pero le recuerdo que no fue Franco el que profanó en Toledo los cementerios de los conventos de clausura sacando a la calle los cuerpos, algunos de ellos momificados, de las monjas allí enterradas para exponerlos como atracciones de feria. Ni tampoco fue Franco el que profanó, descuartizó y quemó el cuerpo incorrupto de Santa Beatriz de Silva, fundadora de las Concepcionistas Franciscanas, depositado en el Convento de sus hijas en la Ciudad Imperial. Ni tampoco fue Franco el que bombardeo sin piedad alguna el Alcázar durante dos meses, sin importarle que allí hubiese mujeres y niños con intento de voladura y todo. Ni tampoco fue Franco, el que asesinó a la Doctora Miedes y luego violaron su cuerpo. Ni tampoco fue Franco el que asesinó en dos meses a la casi totalidad del clero tanto secular como regular sin previo juicio y sin respetar edad alguna, fusilándolos con saña demoniaca y en algún caso rematándolos a culatazos con el fusil en la cabeza hasta causarles la muerte. Ni tampoco fue Franco el que le cortaba la cabeza a los asesinados para jugar al fútbol. Hecho este no de Toledo capital pero si de una de sus localidades. No fue Franco ni sus tropas las que salieron de Toledo por el Puente de Alcántara, como cobardes que eran, ante la llegada inminente de las Tropas Nacionales, temiendo pagar por sus horrendos crímenes. Ni tampoco fue Franco el que robo y requisó a gente trabajadora y humilde sus negocios y sus pertenencias dejándolos en la calle y tantas y tantas cosas que no hay espacio para escribir y están en la mente de Dios. Y todos los atropellos y asesinatos cometidos al amparo de la "Libertad y la Democracia".

¿Se entera usted bien Sr. Aurelio cuales son de verdad los "crímenes contra el pueblo Español"? .

martes, 7 de julio de 2009

SANTOS CIRILO Y METODIO

Las vidas paralelas de estos dos santos hermanos del siglo IX adquieren relieve de trascendente actualidad en el siglo XX. Son ellos, no sólo apóstoles de los países eslavos, sino también portaestandartes de la fidelidad a Roma en los tiempos borrascosos que preludiaron el cisma oriental. Focio, que había de ser patriarca de Constantinopla y primer promotor de la ruptura bizantina con Roma, fue profesor y jefe eclesiástico de ambos. Supieron ellos a tiempo desligarse del cismático patriarca, para seguir en unión con Roma, centro de la catolicidad. Su táctica marca un hito perenne en los actuales problemas de la unión de los cristianos.  
   
Los hermanos Cirilo y Metodio nacieron en Salónica, hermosa y antigua ciudad de la Macedonia griega, a principios del siglo IX. La ciudad se distinguía por su carácter cosmopolita, y los tesalonicenses aprendían con gusto los mas extraños idiomas, gloriándose de poder entender hasta los bárbaros del Norte y mantener activo comercio con las regiones más recónditas de la Panonia, de la Misia y de la Dacia. El valle del río Vardar, en cuya desembocadura se encuentra la ciudad, forma como un corredor de entrada a la península Balcánica y a la región danubiana. Salónica era por eso plaza fuerte tan celosamente atendida por los emperadores bizantinos, ya que, perdida ella, podía darse por terminada la dominación griega en los Balcanes. Eslavos y búlgaros intentaron varías veces apoderarse de Salónica, pero en su fracaso llegaron a establecerse pacíficamente en los suburbios de la ciudad. Entre estas gentes sencillas aprendieron los dos hermanos el difícil e inculto idioma eslavo.
   
Su padre se llamaba León y ocupaba el alto cargo de lugarteniente general de la zona militar; hombre versado no sólo en asuntos militares, sino filosóficos y religiosos, en su biblioteca abundaban las obras de los Santos Padres, particularmente las de San Gregorio Nacianceno. Tanto él como su señora eran de noble abolengo y muy piadosos. Tuvieron siete hijos, de los que Metodio era el primero y Cirilo el último. Aquél nació en 815, éste en 826. Lo mismo el nombre de Metodio que el de Cirilo son monásticos; Cirilo se llamaba Constantino, debiendo el nombre de Metodio de empezar igualmente por M, según la costumbre monacal de permutar el nombre propio por otro que empezase por la misma letra.
   
Muy joven aún, Metodio fue nombrado gobernador de la provincia de la Macedonia interior, en las fronteras de la actual Albania, donde ya se establecían los eslavos. Allí conoció el espíritu y las necesidades de este pueblo.
   
Cirilo inició sus estudios en Salónica. En ese tiempo leía y releía las obras de San Gregorio Nacianceno, aprendiendo de memoria sus maravillosas composiciones poéticas y aspirando a la sabiduría divina que brillaba en los escritos del maestro. Muerto prematuramente León, cuando Cirilo tenía sólo catorce años, fue éste acogido bajo la protección de Teoctisto, canciller imperial y primer ministro de la emperatriz Teodora, quien le llamó a Constantinopla para completar allí su formación.
   
Constantinopla estaba en el siglo IX en el apogeo de su esplendor: era, efectivamente, la capital del mundo civilizado y centro importantísimo de cultura cristiana. El patriarcado gozaba de muchísimos privilegios, lo que, unido a la intromisión de los poderes civiles en el terreno eclesiástico, ofrecía terreno propicio a las intrigas y a la venalidad de los altos dignatarios de la Iglesia. Los monjes eran los que preferentemente salvaguardaban la ortodoxia y defendían la Iglesia de las injerencias civiles. El pueblo era profundamente piadoso, datando de entonces el incremento del culto a las sagradas imágenes, con la derrota de la herejía iconoclasta el 19 de febrero de 842. Gobernaba el patriarcado el santo monje Ignacio.
   
Teoctisto cedió a Cirilo un cuarto en su propio palacio y le inscribió en la universidad Imperial, que funcionaba en la misma corte, no lejos de Santa Sofía. Sus maestros fueron León, el sabio más ilustre de la ciudad, por sobrenombre el Filósofo o el Matemático, y Focio. Este, a despecho de haber alumbrado el cisma oriental, poseía, con todo, una ciencia prodigiosa y grandes méritos en el campo filosófico, histórico y aun teológico. Focio era entonces seglar. Cirilo hizo notables progresos en el conocimiento de la antigüedad clásica y en las obras de los Santos Padres. No pudo, en cambio, mantener relaciones cordiales con el arrogante Focio, que odiaba al canciller, a la emperatriz, al santo patriarca Ignacio y a los monjes en general. A Cirilo le asqueaba la vida oficial y decidió retirarse a un monasterio. Ante las súplicas de Teoctisto y la influencia de la emperatriz demoró Cirilo su retiro. El año 847 recibió la ordenación sacerdotal y fue nombrado bibliotecario patriarcal, archivero curial y secretario del Consejo Eclesiástico. Ante las injusticias de que a diario era testigo en el desempeño de su cargo, Cirilo desapareció misteriosamente. Obligado a regresar a Constantinopla, en el momento en que su maestro Focio era elevado a la dignidad de patriarca, aceptó sustituirle en la cátedra de filosofía; tanto se distinguió en ella que a los veinticinco años era ya universalmente conocido con el sobrenombre de “filósofo”.
   
Durante los reinados de Teodora y Miguel venían del Norte y del Oriente legaciones de pueblos extranjeros a Constantinopla, buscando en Bizancio protección y luz. Los emperadores enviaban embajadores mitad religiosos mitad políticos, para poner trabas a las empresas mahometanas y germanas.
   
Cirilo fue escogido el año 851 para acompañar, en calidad de intérprete y consejero, una delegación imperial a la corte del califa de Bagdad.
   
Coincidiendo con su retorno a Constantinopla se acentúan sus ansias de soledad y sus preocupaciones por la vida monástica. Debió estar en correspondencia con su hermano Metodio, quien, tras los desengaños experimentados en su gobierno, abandonó la carrera administrativa y abrazó la vida monástica, entrando el año 853 en un monasterio del monte Olimpo. Este monte Olimpo no tiene relación alguna con el Olimpo griego, morada de los dioses mitológicos; estaba situado en el Asia Menor, no lejos del mar de Mármara, cerca de la actual ciudad de Brus; era conocido como el Olimpo asiático o bitinio, centro monacal de contemplación y de estudio. Cirilo siguió a su hermano Metodio en las soledades del monasterio.
   
Fue ésta una época de paz para ambos hermanos, en la que harían grandes acopios de santidad y de ciencia sagrada. Constantinopla, en cambio, era un volcán de pasiones. Bardas, hermano de Teodora, hombre ambicioso e inmoral y tutor de Miguel, legítimo heredero del trono, acabó por encarcelar y asesinar a Teoctisto, expulsar del trono a Teodora, desterrar al patriarca Ignacio y entronizar al arribista Focio. Este no olvidó a los dos hermanos y para captárselos a su bando les ofreció dignidades, que ellos rehusaron valientemente. Focio buscaba desde entonces un pretexto para alejarlos diplomáticamente del Imperio; en esto coincidía con los deseos de ambos hermanos, que no podían reconocer la autoridad de Focio. Pronto se presentó una ocasión oportuna para ello.

El jan de los jázaros envió, hacia el año 861, una embajada a Constantinopla, solicitando misioneros que confutasen los errores islámicos y judíos. Cirilo y Metodio parecieron los sujetos más aptos para esta empresa; Cirilo como director, Metodio como consejero. A través del Quersoneso, al sur de la península de Crimea, se dirigen el año 861 al país de los jázaros en la costa del mar Negro, entre el Don y el Cáucaso, donde fueron recibidos con todos los honores. Dios bendijo en forma extraordinaria esta misión, en la que los hermanos demostraron dotes excepcionales, además de la santidad de sus vidas, para adaptarse a mentalidades extrañas para aprender lenguas extranjeras y sobre todo para no mezclar en su apostolado la religión con el nacionalismo o la Política. Su labor fue sencillamente cristianizar, a base del respeto a los usos y costumbres de los pueblos. Cirilo escribió entonces una obrita para confutar los errores judaizantes de que estaban contagiados los jázaros. Metodio la tradujo al eslavo, pero de ella no quedan sino pocos fragmentos. Más de 200 dignatarios abrazaron el cristianismo y la amistad entre Bizancio y el kan quedó firmemente cimentada.
   
Un suceso llenó de alegría el corazón de los hermanos a su paso por Jersón: el hallazgo del cuerpo de San Clemente Romano en unas ruinas de la islita que está frente a la ciudad, en la tarde del 23 de enero. Los sagrados despojos fueron llevados primeramente a la catedral, donde quedó una parte de ellos; la otra la conservó Cirilo, llevándola consigo a Constantinopla y más tarde a Roma.
   
De vuelta a Constantinopla, el emperador y el patriarca los recibieron con el honor que correspondía al éxito de su misión. Los dos hermanos volvieron a retirarse al monasterio del monte Olimpo, pero su retiro debió de durar poco tiempo.
   
Entran ahora en escena los pueblos eslavos. Ratislao, príncipe de Moravia, enviará una embajada a Bizancio solicitando también misioneros. Hacia el siglo IX se habían extendido ya los eslavos desde las llanuras de la Rusia meridional, por el norte, hasta el mar Blanco; por el sur, hacia el Adriático y el Egeo; por el occidente habían penetrado hondamente en Alemania y por el este llegaban al Volga. Se habían formado incluso varios Estados eslavos, tanto al norte como al centro y sur de Europa. Entre ellos se distinguía por su creciente poderío la nación morava.
   
Moravia había sido ya precedentemente cristianizada, al menos en parte, por misioneros alemanes, pero con escaso éxito, debido, sin duda, a la falta general de adaptación al medio ambiente. Es natural que a un pacto entre príncipes se unieran el motivo religioso y el político; el rey moravo soñaba con poner trabas a la expansión germánica, el emperador bizantino acariciaba la idea de extender su influencia entre los pueblos de Centroeuropa. Cirilo y Metodio, ajenos a las miras políticas de ambos reyes, pensaron solamente en cristianizar. Estudiaron mejor las costumbres del país, se hicieron rápidamente cargo del sistema conducente a la evangelización de los eslavos y sacaron la conclusión de que se imponía una liturgia oriental en lengua del país, en consonancia con la doctrina de la adaptación.
   
La empresa debió ser ardua por muchos conceptos. Primero, por lo que parecía una innovación en metodología misional; segundo, por la oposición de los alemanes.
   
No debía ser, efectivamente, fácil introducir una liturgia en lengua nativa, dado que no existía alfabeto eslavo. Cirilo, que ya en un principio se había esforzado por transcribir algunas palabras eslavas con la ayuda del alfabeto griego, renueva ahora ahincadamente sus esfuerzos, logrando definitivamente adaptar los caracteres cursivos griegos a la lengua eslava, supliendo con media docena de signos originales los sonidos eslavos inexistentes en la fonética griega. Surge así el alfabeto llamado “glagolita” (de глаголъ/glagol = palabra), con el que tradujeron progresivamente los libros indispensables para el culto y el conocimiento de la Sagrada Escritura. Este milagro lingüístico produjo enorme impresión en la corte bizantina.
   
El alfabeto “glagolita” no debe confundirse con el “cirílico”, basado en la aplicación a la fonética eslava de los signos unciales griegos. Aunque este último lleva el nombre de "cirílico" por San Cirilo, con todo, su autor parece que fue Clemente, uno de sus discípulos. Cirilo es únicamente autor del “glagolita”. Digamos de paso que las traducciones de la Sagrada Escritura a la lengua eslava llevan el sello de los mejores códices antiguos conservados por los monjes del monte Olimpo, siendo, aunque tardías, de gran importancia para la crítica textual y para la restauración del texto bíblico original.
   
El éxito de los dos hermanos entre los moravos fue enorme, pero chocaron con la resistencia tenaz de los misioneros germanos, que veían en ellos dos vagabundos filósofos, perturbadores de la paz religiosa en los terrenos feudos de Germania. Pero el príncipe los protegía con su apoyo, el pueblo los quería, admirando en ellos unos griegos finos, cultos y enérgicos, que hablaban la lengua de su país y les presentaban la palabra de Dios adaptada a su mentalidad. La mies fue tan copiosa que faltaban sacerdotes para tanto fruto de conversiones. Ninguno de los dos era obispo, y Metodio ni siquiera sacerdote.
   
Con la intención de interesar algún prelado en la empresa de convertir a los eslavos se ponen en camino, acompañados de algunos de sus discípulos; atraviesan la parte inferior de la Panonia, donde entran en relaciones con el príncipe Kocel, que la gobernaba como vasallo del Imperio germánico. Estuvieron allí unos seis meses; Kocel aprendió la escritura eslava y puso bajo el magisterio de Cirilo 50 jóvenes de su séquito, para que les enseñase los libros eslavos y los rudimentos de la fe; él mismo acompañó a los peregrinos hasta las fronteras de su reino y más tarde se había de interesar ante Roma en que Metodio fuese nombrado obispo de Panonia. Al llegar a Venecia encontraron, por el contrario, fría acogida por parte del patriarca y del clero, prevenido ya por los rumores adversos que sobre ellos corrían; estos rumores, en forma concreta de acusación de apostasía y de herejía, habían llegado hasta Roma, promovidos por el clero germano. De no mediar el elemento político, que encendía las pasiones nacionalistas y ofuscaba la inteligencia de la verdad católica, no se explicaría esta hostilidad contra los apóstoles hermanos. Ellos practicaban sencillamente la adaptación, cual lo había hecho Jesucristo, los apóstoles, toda la Iglesia primitiva al evangelizar el mundo; pero, aun dado caso de que en el siglo IX o en los pueblos eslavos no conviniera ya continuar el mismo sistema, una cosa meramente metodológica no es para provocar acusaciones tan graves.
   
Los dos hermanos continúan viaje a Roma. El recibimiento fue apoteósico y, por ende, inesperado. Había corrido la voz de que eran portadores de las reliquias de San Clemente; el Papa Adriano II, numerosos cardenales y obispos, una muchedumbre inmensa de ciudadanos les salieron al encuentro y llevaron procesionalmente el santo cuerpo del papa romano. El Papa tuvo ocasión de conversar largamente con Cirilo, y prendado de su profunda piedad, de su intachable ortodoxia, de su celo apostólico, bendijo largamente a los hermanos y aprobó sus proyectos misioneros. Metodio y otros tres eslavos recibieron la ordenación sacerdotal y celebraron su misa en rito eslavo, los días 5 y 6 de enero, respectivamente, del año 868. Los libros eslavos, bendecidos por el Papa, recibieron su consagración al ser colocados oficialmente sobre el altar de Santa María ad præsépe (Santa María Mayor). Ante una reunión de cardenales, obispos y teólogos, presidida por el Papa, Cirilo expuso sus proyectos apostólicos; fue aplaudido unánimemente, excepción hecha de los que simpatizaban con el emperador de Alemania, que veían en la nueva liturgia eslava una barrera al poder expansionista de los príncipes germanos.
   
Se quiso nombrar obispo a Cirilo; pero, enfermo desde la misión a los kázaros, se agravó rápidamente y tras despedirse de su hermano Metodio y de todos los presentes, se durmió en la paz del Señor el 14 de febrero de 869. Antes de morir, y después de recibir los últimos sacramentos hizo la profesión monacal y cambió el nombre de Constantino por el de Cirilo. Los funerales fueron presididos por el mismo Papa, quien mandó que su cuerpo recibiera sepultura en la basílica de San Clemente, junto a las reliquias que él mismo había traído.
   
Metodio, que, a pesar de ser mayor que su hermano, había sido siempre su fiel ayudante, toma ahora el timón de la desolada misión morava. Si no tenía la preparación teológica y científica de su hermano Cirilo, poseía, en cambio, en alto grado el don de mando y de gobierno. Regresa al Oriente en calidad de “misionero apostólico de los eslavos” y de “legado pontificio”, y portando cartas para los príncipes Ratislao, Kocel y Sviatopolk. Llamado nuevamente a Roma, volvió a la Ciudad Eterna acompañado de nobles varones y de veinte candidatos al sacerdocio. Metodio fue consagrado obispo a fines de 869 y nombrado primer arzobispo de Sirmio (Srem), diócesis que se extendía a Moravia, Panonia, Serbia y por el norte hasta la Sarmacia (desde la frontera griega hasta más allá de los Cárpatos). Esta archidiócesis debía separar el Oriente bizantino y el Occidente romano-germánico, germen de seculares luchas.
   
Cuando, en 870, Metodio torna a la misión para tomar posesión de su archidiócesis, encontró las cosas cambiadas. Sviatopolk, tío de Ratislao, había hecho causa común con los príncipes y obispos alemanes; Ratislao, protector fiel de Metodio, fue hecho prisionero y desapareció, sin vestigio, de la escena. Metodio fue encerrado en una torre, donde le hicieron sufrir ultrajes y humillaciones durante dos años y medio, queriéndole obligar a renunciar a sus cargos y dignidades. El año 872 tuvo noticias del secuestro el papa Juan VIII, quien mandó bajo excomunión que fuese puesto en libertad; el obispo de Ancona, “legado pontificio ad hoc”, le liberó de la cárcel y Metodio prosiguió incansable su obra evangelizadora. Por todas partes era recibido como “enviado del cielo”. Sus discípulos se extendieron por el norte entre los ucranianos y polacos, y por el sur entre los panonios, croatas y serbios.
   
Los alemanes arreciaban en sus acusaciones de herejía contra Metodio, y el Papa le impone el sacrificio de abandonar la liturgia eslava. Importaba menos a Metodio el triunfo momentáneo de sus enemigos que el fracaso de una misión tan fecunda; por eso emprendió un nuevo viaje a Roma en 879, para responder de las acusaciones de herejía y de innovación en la liturgia. Juan VIII aprobó enteramente su ortodoxia y su liturgia. Metodio pudo volver justificado a su misión. Hacia el 882 lo encontramos en Constantinopla y poco tiempo después muere entre sus fieles el 6 de abril de 884. Se le hicieron grandiosos funerales con oficios en latín, griego y eslavo:
«Reunido el pueblo en masa con cirios y lágrimas, acompañó a su buen pastor. Allí estaban todos, hombres, mujeres, niños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, viudas y huérfanos, extranjeros e indígenas, enfermos y sanos, porque Metodio se había hecho todo para todos, para salvarlos a todos».
   
Su cuerpo fue llevado posteriormente a Roma y colocado en San Clemente, junto al de su hermano Cirilo. Un cuadro sintetiza su santidad: el alma de Cirilo es presentada al supremo juez por sus dos santos protectores, Miguel y Gabriel, príncipes de las milicias celestiales; San Andrés y San Clemente asisten al trono divino y el hermano Metodio levanta suplicante el cáliz eucarístico en sufragio del difunto. Ambos juntos suelen ser pintados por los iconógrafos bizantinos leyendo y bautizando en Moravia, con un hombre arrodillado a sus pies, que les ofrece pan y sal, según el rito de los eslavos, en signo de amistad.
   
Cirilo y Metodio esperan en Roma la hermosa hora del encuentro y del abrazo. Son como el Oriente hincado en el corazón de Roma. Son como los testigos de una caridad unitiva que traspasa pueblos y coliga siglos.
   
Además de las fiestas en el día de su muerte (14 de febrero y 6 de abril), se les honra con una fiesta común, lo mismo en la Iglesia oriental que en la latina. León XIII puso sus nombres en el Misal Romano el 25 de octubre de 1880, fijando su fiesta para el 5 de julio, que luego, en diciembre de 1887, fue trasladada al 7 del mismo mes; en el rito oriental se celebra el 11 de mayo, tanto por los católicos como por los disidentes.
   
SANTIAGO MORILLO TRIVIÑO SJ. Año Cristiano, Tomo III. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
   
ORACIÓN
Oh Dios omnipotente y eterno, que por medio de tus santos confesores y obispos Cirilo y Metodio has traído al conocimiento de tu nombre a los pueblos eslavos; haz que consigamos la compañía de aquéllos en cuya festividad nos gloriamos. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 6 de julio de 2009

CUENTO: LA HIJA DE LA VIRGEN

NO SE ASUSTE, es un cuento compilado por los Hermanos Grimm; y tiene buena enseñanza.
 
A la entrada de un extenso bosque vivía un leñador con su mujer y un solo hijo, que era una niña de tres años de edad; pero eran tan pobres que no podían mantenerla, pues carecían del pan de cada día. Una mañana fue el leñador muy triste a trabajar y cuando estaba partiendo la leña, se le presentó de repente una señora muy alta y hermosa que llevaba en la cabeza una corona de brillantes estrellas, y dirigiéndole la palabra le dijo: “Soy la Virgen María, la madre del Niño Jesús; tú eres pobre y miserable; tráeme a tu hija, la llevaré conmigo, seré su madre y tendré cuidado de ella”. El leñador obedeció; fue a buscar a su hija y se la entregó a la Virgen María, que se la llevó al Cielo. La niña era allí muy feliz: comía bizcochos, bebía buena leche, sus vestidos eran de oro y los ángeles jugaban con ella. Cuando cumplió los catorce años, la llamó un día la Virgen María, y le dijo: “Querida hija mía, tengo que hacer un viaje muy largo; te entrego esas llaves de las trece puertas del Reino de los Cielos, puedes abrir doce y ver las maravillas que contienen, pero te está prohibido tocar a la decimotercia que se abre con esta llave pequeña; guárdate bien de abrirla, pues te sobrevendrían grandes desgracias”. La joven prometió obedecer, y en cuanto partió la Virgen María, comenzó a visitar las habitaciones; cada día abría una diferente hasta que hubo acabado de ver las doce; en cada una se hallaba el sitial de un Apóstol, adornado con tanto gusto y magnificencia que nunca había visto cosa semejante. Llenábase de regocijo, y los ángeles que la acompañaban se regocijaban también como ella. No la quedaba ya más que la puerta prohibida, y tenía grandes deseos de saber lo que estaba oculto dentro, por lo que dijo a los ángeles que la acompañaban. “No quiero abrirla toda, mas quisiera entreabrirla un poco para que pudiéramos ver a través de la rendija”. -“¡Ah! No, dijeron los ángeles, sería una gran falta, lo ha prohibido la Virgen María y podría sucederte alguna desgracia”. La joven no contestó, pero el deseo y la curiosidad continuaban hablando en su corazón y atormentándola sin dejarla descanso. Apenas se marcharon los pases, dijo para sí: “Ahora estoy sola, y nadie puede verme”. Tomó la llave, la puso en el agujero de la cerradura y la dio vuelta en cuanto la hubo colocado. La puerta se abrió y apareció, en medio de rayos del más vivo resplandor, la Santísima Trinidad; la luz que de ella se desprendía la tocó ligeramente en la punta de un dedo y se volvió de color de oro. Entonces tuvo miedo, cerró la puerta muy ligera y echó a correr, pero continuó teniendo miedo a pesar de cuanto hacía y su corazón latía constantemente sin recobrar su calma habitual; y el color de oro que quedó en su dedo no se quitaba a pesar de todo lo que se lavaba.
 
Al cabo de algunos días volvió la Virgen María de su viaje, llamó a la joven y le pidió las llaves del Reino de los Cielos; cuando se las entregaba le dijo: “¿Has abierto la puerta decimatercera?" - “No”, le contestó. La Virgen María puso la mano en su corazón, vio que latía con mucha violencia y comprendió que había violado su mandato y abierto la puerta prohibida. Díjola sin embargo otra vez: “¿De veras no lo has hecho?” - “No”, contestó la niña por segunda vez. La Virgen María miró el dedo, que se había dorado al tocarle la luz; no dudó ya de que la niña era culpable y le dijo por tercera vez: “¿No lo has hecho?” - “No”, contestó la niña por tercera vez. La Virgen María le dijo entonces: “No me has obedecido y has mentido, no mereces estar conmigo en el Cielo”.
 
La joven cayó en un profundo sueño y cuando despertó estaba acostada en el suelo, en medio de un lugar desierto. Quiso llamar, pero no podía articular una sola palabra; se levantó y quiso huir, mas por cualquiera parte, que lo hiciera, se veía detenida por un espeso bosque que no podía atravesar. En el círculo en que se hallaba encerrada encontró un árbol viejo con el tronco hueco que eligió para servirla de habitación. Allí dormía por la noche, y cuando llovía o nevaba, encontraba allí abrigo. Su alimento consistía en hojas y yerbas, las que buscaba tan lejos como podía llegar. Durante el otoño reunía una gran cantidad de hojas secas, las llevaba al hueco y en cuanto llegaba el tiempo de la nieve y el frío, iba a ocultarse en él. Gastáronse al fin sus vestidos y se la cayeron a pedazos, teniendo que cubrirse también con hojas. Cuando el sol volvía a calentar, salía, se colocaba al pie del árbol y sus largos cabellos la cubrían como un manto por todas partes. Permaneció largo tiempo en aquel estado, experimentando todas las miserias y todos los sufrimientos imaginables.
  
Un día de primavera cazaba el rey del país en aquel bosque y perseguía a un corzo; el animal se refugió en la espesura que rodeaba al viejo árbol hueco; el príncipe bajó del caballo, separó las ramas y se abrió paso con la espada. Cuando hubo conseguido atravesar, vio sentada debajo del árbol a una joven maravillosamente hermosa, a la que cubrían enteramente sus cabellos de oro desde la cabeza hasta los pies. La miró con asombro y la dijo: “¿Cómo has venido a este desierto?”. Mas ella no le contestó, pues le era imposible despegar los labios. El rey añadió, sin embargo: “¿Quieres venir conmigo a mi palacio?”. Le contestó afirmativamente con la cabeza. El rey la tomó en sus brazos; la subió en su caballo y se la llevó a su morada, donde la dio vestidos y todo lo demás que necesitaba, pues aun cuando no podía hablar, era tan bella y graciosa que se apasionó y se casó con ella.
  
Había trascurrido un año poco más o menos, cuando la reina dio a luz un hijo; por la noche, estando sola en su cama, se la apareció su antigua señora, y la dijo así: “Si quieres contar al fin la verdad, y confesar que abriste la puerta prohibida, te abriré la boca y te volveré la palabra, pero si te obstinas e insistes en el pecado e insistes en mentir, me llevaré conmigo tu hijo recién nacido”. Entonces pudo hablar la reina, pero dijo solamente: “No, no he abierto la puerta prohibida” La señora la quitó de los brazos su hijo recién nacido y desapareció con él. A la mañana siguiente, como no encontraban el niño, se esparció el rumor entre la servidumbre de palacio de que la reina era ogra y le había matado. Todo lo oía y no podía contestar, pero el rey la amaba con demasiada ternura para creer lo que se decía de ella.
 
Trascurrido un año, la reina tuvo otro hijo; la Virgen María se le apareció de nuevo por la noche y le dijo: “Si quieres confesar al fin que has abierto la puerta prohibida te volveré a tu hijo, y te desataré la lengua, pero si te obstinas en tu pecado y continúas mintiendo, me llevaré también a este otro hijo”. La reina contestó lo mismo que la vez primera: “No, no he abierto la puerta prohibida”. La Virgen María cogió a su hijo en los brazos y se lo llevó a su morada. Por la mañana cuando se hizo público que el niño había desaparecido también, se dijo en alta voz habérsele comido la reina y los consejeros del rey pidieron que se la procesase; pero la amaba con tanta ternura que les negó el permiso, y mandó no volviesen a hablar más de este asunto bajo pena de la vida.
  
Al año tercero la reina dio a luz una hermosa niña, y la Virgen María se presentó también a ella durante la noche, y la dijo: “Sígueme”. La cogió de la mano, la condujo a su palacio, y la enseñó a sus dos primeros hijos, que la conocieron y jugaron con ella, y como la madre se alegraba mucho de verlos, le dijo la Virgen María: “Si quieres confesar ahora que has abierto la puerta prohibida, te volveré a tus dos hermosos hijos”. La reina contestó por tercera vez: “No, no he abierto la puerta prohibida”. La Virgen María la volvió a su cama, y le tomó su tercera hija.
 
A la mañana siguiente, viendo que no la encontraban, decían todos los de palacio a una voz: “La reina es ogra, hay que condenarla a muerte”. El rey tuvo en esta ocasión que seguir el parecer de sus consejeros; la reina compareció delante de un tribunal y como no podía hablar ni defenderse, fue condenada a morir en una hoguera. Estaba ya dispuesta la pira, atada ella al palo, y la llama comenzaba a rodearla, cuando el arrepentimiento tocó a su corazón. “Si pudiera, pensó entre sí, confesar antes de morir que he abierto la puerta”. Y exclamó: “Sí, María, soy culpable”. Apenas se le había ocurrido este pensamiento, cuando comenzó a llover y se la apareció la Virgen María, llevando a sus lados los dos niños que la habían nacido primero y en sus brazos la niña que acababa de dar a luz, y dijo a la reina con un acento lleno de bondad: “Todo el que se arrepiente y confiesa su pecado es perdonado”. Le entregó sus hijos, le desató la lengua y la hizo feliz por el resto de su vida.

HITLER PRETENDIÓ ASESINAR AL PAPA PÍO XII

De Crux et Gladius

Siervo de Dios Pío XII
260º Papa de la Iglesia Católica (2-II-1939 / 9-X-1958)

A ver si despues de estas revelaciones algunos, sobre todo de "los otros", lease "ellos", dejan de hablar del "papa de Hitler"


emol CIUDAD DEL VATICANO.- Adolf Hitler pretendió asesinar al Papa Pio XII como represalia por el arresto del líder fascista italiano, Benito Mussolini, en julio de 1943, asegura hoy el diario de los obispos italianos, "Avvenire". En un artículo titulado "Julio del 43. Hitler quería eliminar a Pío XII", el diario de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) desvela un plan organizado por el Cuartel General de las Seguridad del Reich, en Berlín, del 25 de julio de 1943, del que le informó Niki Freytag von Loringhoven, hijo de uno de los personajes "claves" sobre ese plan, el coronel Wessel Freytag von Loringhoven, de la sección "sabotajes".
Adolf Hitler, el peor criminal de la historia
Niki Freytag, que ahora tiene 72 años, contó a "Avvenire" que entre el 29 y 30 de julio del 1943 se celebró en Venecia (noreste de Italia) un encuentro secreto entre el jefe del contraespionaje alemán, Wilhelm Canaris, y en el que participó su padre con el jefe del contraespionaje italiano, el general Cesare Amé. Durante el encuentro, los alemanes, que según el diario no tenían "simpatía" por el régimen nazi, informaron a Amé de las intenciones del Führer de "vengarse" de los italianos por el arresto el 24 de julio de Mussolini, en las personas del rey Víctor Manuel III o del papa Pío XII. De regreso a Roma, el general Amé divulgó la noticia, que llegó a oídos del embajador de Alemania ante la Santa Sede y el plan fue abandonado, precisó el diario de los obispos.A Pío XII (1939-1958) le tocó vivir los duros años del nazismo y muchos historiadores le acusan de antisemita y de no haber elevado la voz con más fuerzas contra el régimen de Hitler, algo siempre negado por el Vaticano. Los judíos siempre le echaron en cara su supuesto "silencio" ante el Holocausto.

¿QUIENES SE SALVARÁN? ¡SÓLO LOS QUE ESTÁN DENTRO DE LA IGLESIA CATÓLICA!

De: "Verdad Olvidada: Ni la caridad ni el “martirio” pueden salvar a los no católicos" Por Denuncia Profética

La herejía de la salvación universal nunca ha sido tan ampliamente y insistentemente predicada y creída como en los tiempos actuales. Por lo tanto, es oportuno recordar el texto de la Bula Cantáte Dómino del Papa Eugenio IV (del 4 de Febrero de 1442), emanada en el Concilio de Florencia. Claramente afirma que ni las obras de caridad ni siquiera el martirio de los no-católicos son útiles para su salvación. Si ellos no entran en la Iglesia Católica, van para el Infierno.
 

Concilio de Florencia

“La Santa Iglesia Romana, firmemente cree, confiesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles [Mat. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica”. (Papa Eugenio IV, Bula Cantáte Domino, Denz. n. 714)

jueves, 2 de julio de 2009

EL "DELITO" DE SER CRISTIANO

De "La “ilegalidad” de ser cristiano en Jerusalén" Por Laura Villena (dpa) en Radio Cristiandad
Un pequeño patio interior, 30 metros cuadrados de salón, una cocina improvisada de camino al dormitorio y una escalera que sube hacia la sofocante azotea perfectamente escoltada por el Monasterio de San Francisco y el campanario del Santo Sepulcro. En medio: un altar con velas, imágenes de Jesús, estampas de la Virgen y la Biblia en árabe abierta por el evangelio que toca leer hoy.
Es la casa de Sami, uno de los pocos árabes cristianos que viven en Jerusalén y ejemplo de la “discriminación religiosa” que sufre este dos por ciento de la población, inevitablemente dominado por la mayoría de musulmanes y judíos. Igual que Elías, igual que Bassam e igual que Bishara.
Todos ellos alquilaron o compraron sus casas hace varios años a la Iglesia griega ortodoxa de la Ciudad Vieja de Jerusalén, y a todos ellos les llegó un día la temida carta: “Propiedad ilegal. Orden de demolición”.
Desde entonces las condenas a prisión, las visitas a los tribunales, la resignación ante las multas y, lo peor, la incertidumbre de no saber donde llevarán a sus familias el día que el ayuntamiento convierta sus casas en una polvareda, han sido una constante en sus vidas.
En buena parte de las ocasiones, tras la demolición de casas en el Este de la ciudad, donde habitan mayoritariamente palestinos cristianos y musulmanes, la municipalidad da permisos de construcción para el levantamiento de fincas de dueños judíos.
“Los cristianos no somos bienvenidos en Tierra Santa”, afirma Sami, que al igual que sus vecinos ha sufrido las visitas exhaustivas de soldados israelíes para inspeccionar y fotografiar por aire su casa buscando cualquier reforma que sirva de argumento a la municipalidad para declararla ilegal.
Los argumentos que utiliza el ayuntamiento suelen ser tan arbitrarios como los dictámenes del tribunal. La apertura o reforma de un tejado, el refuerzo de los techos con vigas de cemento o la construcción de una terraza son motivo más que suficiente para que una vivienda palestina se convierta en blanco de la ley.
“Quieren que nos vayamos, que se pierda la huella palestina en la Ciudad Antigua”, afirma Elías. “Lo que están haciendo es una limpieza étnica”, añade Bassam, que vive junto a su mujer y sus tres hijos en 50 metros, y ha pagado 1.000 euros (1.400 dólares) en multas y dos penas de cien días de prisión desde 1998 por negarse a la demolición de su casa.
En su caso, los papeles que muestran que la vivienda fue construida en 1995 nunca sirvieron para probar ante la justicia que no se trata de una casa construida ilegalmente en 1996 como denuncia su orden de demolición.
“La municipalidad lo rechaza todo, para ellos no hay pruebas que valgan”, dice Bassam en el salón de su casa mostrando con fotos las obras que hizo en su casa sin saber que le iban a costar diez años de pelea en los tribunales.
“La ley israelí se basa en un sistema racista”, afirma por otro lado Sami, que lleva pagados cerca de 20.000 euros (28.000 dólares) en multas y confía en la intervención de la Iglesia griega ortodoxa, a la que pertenecen buena parte de la casas de cristianos en la Ciudad Antigua de Jerusalén.
“La Iglesia está haciendo lo que puede, pero ¨¿Quién puede hacer suficiente contra Israel?”, se pregunta Elías.
De camino a la casa de Bishara, en pleno corazón del barrio cristiano, emerge un enorme edificio de cuatro plantas que sobresale por encima del resto y que invade el estrecho camino de baldosa.
“Hace unos meses aquí no estaban más que los escombros de una vivienda palestina que fue demolida”, cuenta Elías señalando a la casa, que en cuanto tenga los tabiques interiores estará al servicio de la comunidad judía.
En Jerusalén Este, existen actualmente cerca de 800 órdenes de demolición de casas palestinas, según la organización árabe-cristiana “Coalition for Jerusalem”. El año pasado fueron expedidas hasta 959 órdenes.
En muchos casos son los propios desalojados los que pagan la demolición, y sólo en multas la municipalidad recaudó el año pasado cerca de 2,7 millones de euros (3,8 millones de dólares), el 70 por ciento de los cuales se impuso a familias palestinas.
Con el presupuesto anual que la municipalidad de Jerusalén destina a la demolición, que asciende a 700.000 euros al año (un millón de dólares) según el Comité israelí contra la demolición de casas (ICAHD, en sus siglas en ingles), pueden llevarse a cabo cerca de 100 derribos al año.
El año pasado convirtieron en una montaña de escombros 87 casas aunque en años anteriores, como en 2004, llegaron hasta las 152 viviendas, según el ICADH.
Fuente: DPA
COMENTARIO DE JORGE DE LA COMPASIÓN
Ahí tienen los que afirman que la Tierra Santa es de los sionistas. Pero que atiendan ellos que un día de estos tendrán que huir ante el ejército de los Cruzados. ¡Muerte al sionismo!
Un día este escudo se verá otra vez en Jerusalén.

sábado, 27 de junio de 2009

NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

Pocos casos hay en la historia de la Iglesia de difusión tan rápida y universal de una devoción mariana como es la del culto al famoso cuadro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (el original está en la Iglesia San Alfonso María de Ligorio, en Roma)
Era el día 23 de Junio del año 1867, domínica infraoctava del Corpus, cuando, en la iglesia de padres redentoristas de Roma, el decano del Capítulo Vaticano, patriarca de Constantinopla (después cardenal), daba comienzo a la ceremonia de coronación de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Con anterioridad, el día 12 de Mayo del mismo año, habían aprobado por unanimidad los capitulares el proyecto de coronación, declarando en público decreto que dicho cuadro reunía todas las condiciones para tal honor: antiquísimo culto de más de tres siglos y fama de muy milagroso. Se señaló para la litúrgica conmemoración de aquélla fiesta la domínica que precede a la Natividad de San Juan Bautista. Hoy se celebra trasladada al 27 de Junio en el calendario universal de la Iglesia.
¿Cuál es la historia de este cuadro, desde entonces tan celebrado en las cinco partes del mundo?

Precisamente uno de los diputados por el Cabildo Vaticano para la coronación era Pedro Wenzel, subprefecto después del Archivo Secreto Vaticano, quien, años andando, en 1903 comunicó a un padre redentorista, investigador del origen de este cuadro por Bibliotecas y Archivos vaticanos, un interesante documento manuscrito que constituía la fuente primaria para la historia de la venerada imagen. Hallábase el documento en un códice manuscrito de Franciscus Turrigius (s. XVI), También se hallaron dos relaciones del mismo en la obra manuscrita en veintiséis grandes volúmenes de Io. Antonius Brusius (s. XVII) sobre antigüedades sacras de Roma. El documento primitivo, escrito en pergamino, fijo en una tabla, estaba colocado en el cancel que cerraba el altar mayor de la iglesia de San Mateo in Merulana. Ambos autores copiaron el original, que, por ser largo, lo resumiremos aquí.

Un comerciante de Creta robó de una iglesia el cuadro milagroso y se dio a la mar, ocultando el cuadro entre las mercancías. Sobrevino una tempestad y todos, sin saber del cuadro, invocaban a la Virgen. Serenóse el mar y tomaron puerto. Un año después el comerciante, con el cuadro, llegaba a Roma. Enfermó el cretense y un amigo romano se lo llevó a su casa. En el trance de la muerte el cretense contó al romano el robo del cuadro, sin honor entre sus mercancías, rogándole que lo colocase en una iglesia donde se le diera culto. Lo prometió el romano. Muerto el mercader, hallaron, en efecto, el cuadro, mas la mujer del piadoso amigo persuadió a su marido a quedarse con el cuadro, reteniéndolo nueve meses. La Virgen, en una visión, dijo al romano que no hiciera tal, sino que lo colocara en lugar más decente. No obedeció. Volvió la Virgen segunda y tercera vez, amenazándole entonces con una mala muerte si no lo ponía en una iglesia. Temió el romano y rogó a su mujer que regalara el cuadro a alguna iglesia. Negóse ella con muchas razones y el marido se conformó. La Virgen volvió a hablar al romano: "Te avisé, te amenacé, no has querido obedecer. Tendrás que salir tú primero, para salir yo después en busca de lugar más honorable”. Y se murió el romano. Se apareció la Virgen a una hija suya de seis años y le dijo: "Avisa a tu madre y a tu tío, y diles que Santa María del Perpetuo Socorro quiere que la saquéis de casa si no queréis morir todos muy pronto". Contó la niña, temió la madre, que había tenido la misma visión, y se determinó a obedecer. Pero en esto una vecina, enterada de lo ocurrido, la decide con muchas y poco piadosas razones a que no lo haga. Volvió la vecina a casa, pero enfermó de peste. Entonces invocó a la Virgen y se curó. Volvió la Virgen a la niña para que dijese a su madre: que quería ser llevada a cierta iglesia llamada de San Mateo, entre Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. Obedeció la madre y, avisando a los frailes agustinos que llevaban aquella iglesia, con acompañamiento de todo el clero Y pueblo fue trasladado el cuadro y el mismo día de la traslación hizo el primer milagro.

La fecha de la traslación fue el 27 de Marzo de 1499, reinando Alejandro VI, y la data del documento fue entre la fecha anterior y el año 1503, en que murió dicho Papa. Brutius decía que la letra y el color denunciaban la fecha.

Quedó allí la imagen durante tres siglos (1499-1798). Las tropas de Napoleón ocuparon Roma y, entre otras iglesias, derribaron la de San Mateo. Los agustinos irlandeses que la regentaban se pasaron con el cuadro a la próxima iglesia de San Eusebio y, de allí, a la de Santa María in Posterula. En el año 1855 tomaba el hábito de redentorista el joven Miguel Marchi. De niño había sido monaguillo en la casi extinta comunidad de agustinos, custodios del cuadro que ignoraban. Pero un lego, fray Agustín Orsetti, muy viejo, que había conocido el culto y los milagros de la Virgen olvidada, decía con frecuencia al monaguillo: "Sábetelo bien, Miguelito. La Virgen de San Mateo la tenemos en el oratorio. No lo olvides... ¡Era muy milagrosa!". Y no lo olvidó. Enterado el superior general de los padres redentoristas, reverendísimo padre Nicolás Maurón, se presentó con el padre Marchi a Pío IX. Le refirió el caso del milagroso cuadro, su paradero, ser voluntad de la Virgen exponerla al culto entre San Juan de Letrán y Santa María la Mayor, término que coincidía precisamente con el solar de los redentoristas. Acogió Pío IX las súplicas y pocos días después, por billete escrito de propio puño, ordenó (11 de Diciembre de 1865) al cardenal prefecto de la Propaganda gestionase la entrega del cuadro a los padres redentoristas. Así se hizo.

El día 26 de Abril de 1866 recorrió el cuadro de nuevo las calles de Roma. Al año siguiente, como dijimos al principio, fue coronado por el Cabildo Vaticano. Desde entonces no ha cesado su devoción de recorrer aldeas y ciudades de las cinco partes del mundo con gran fruto espiritual de conversiones.

El cardenal Francisco Ehrle, S. I., decía a un padre redentorista: "No hay Virgen romana más documentada que la Virgen del Perpetuo Socorro".

DESCRIPCIÓN DEL CUADRO Su tamaño es de 53 por 41,5 centímetros. Está pintado al temple y en nogal. Fue restaurado por el artista polaco Novodny en 1866. La Virgen viste túnica roja, peplos o manto azul marino con vueltas verdes y esclavina. El quecrúfalos, redecilla o pañuelo verde, le recoge el cabello. El Niño viste túnica verde con cinturón púrpura y manto marrón claro. A la derecha de la figura San Miguel, túnica jacinto, manto y paño de honor verdes. A la izquierda, San Gabriel, túnica, manto y paño de honor jacinto. Todos los personajes nimbados. Los pliegues de los paños van acusados con reflejos de oro. El fondo es oro. Los personajes llevan sus nombres en abreviaturas griegas: Jesús-Cristo, Madre de Dios, el arcángel Miguel, el arcángel Gabriel. Los trazos sobre las letras son signos ortográficos y de abreviación.

COMPOSICIÓN DEL CUADRO No es una simple imagen o retrato de María. Es una escena, una especie de cuadro de género. Para ello no basta que haya en la escena varios personajes. Es preciso que el pedazo de vida que allí se vive encadene y relacione a los personajes unos con otros, no con inscripciones o guiones, sino con el gesto, la mirada, el sentido. Es un momento simbólico de la vida de María.

Su momento feliz es interrumpido por una visión terrible: la Pasión, cuyos instrumentos presentan los ángeles al Niño. Este vuelve la mirada consternado hacia la aparición. Con el movimiento brusco de terror contrae el pie izquierdo y la sandalia se le desprende. Las manecitas se aferran al pulgar de la Madre. Por eso la llaman a veces los rusos la Virgen del pulgar (Taletskaia Bojia Mater). La mirada de la Virgen trasciende el cuadro y pasa al espectador.

ESCUELA Y FECHA La flexibilidad de la escena denota la presencia del realismo italiano. Sin embargo, la técnica es bizantina. Su dibujo es más rígido que el de sus contemporáneos italianos, tiene más de calco que de inspiración personal. No es un cuadro hecho en Italia como sus congéneres de Cimabue, Bernabé de Módena y Botticelli. Es un cuadro bizantino con influencias italianas. La isla de Creta era entonces colonia veneciana. Un ejemplar de nuestro cuadro está firmado por Andreas Rico de Candía (s. XV). El nuestro parece más antiguo que sus similares esparcidos por Italia. Kondakof y Muratof, disintiendo a veces, convienen en la inspiración italiana y lo atribuyen a la escuela ruso-bizantina de Novgorod, entre los siglos XIV y XV. En Rusia las Metsnaia ikona (imágenes de asiento) o Poklonnaia ikona (imágenes grandes) estaban fijas en el Iconostasio. Las Vírgenes de la Pasión (nuestro cuadro) eran imágenes de la devoción íntima y se llamaban Domovaia (imagen doméstica) o Molennaia ikona (imagen pequeña).
SIGNIFICADO Las iniciales al lado de la corona de la Madre la identifican como la “Madre de Dios”. Las iniciales al lado del Niño “ICXC” significan “Jesucristo”. Las letras griegas en la aureola del Niño: owu significan “El que es”, mientras las tres estrellas sobre la cabeza y los hombros de María santísima indican su virginidad antes del parto, en el parto y después del parto.
Las letras más pequeñas identifican al ángel a la izquierda como “San Miguel Arcángel”; el arcángel sostiene la lanza y la caña con la esponja empapada de vinagre, instrumentos de la pasión de Cristo. El ángel a la derecha es identificado como “San Gabriel Arcángel”, sostiene la cruz y los clavos. Nótese que los ángeles no tocan los instrumentos de la pasión con las manos, sino con el paño que los cubre.

Cuando este retrato fue pintado, no era común pintar aureolas. Por esta razón el artista redondeó la cabeza y el velo de la Madre para indicar su santidad. Las halos y coronas doradas fueron añadidas mucho después. El fondo dorado, símbolo de la luz eterna da realce a los colores más bien vivos de las vestiduras. Para la Virgen el maforion (velo-manto) es de color púrpura, signo de la divinidad a la que ella se ha unido excepcionalmente, mientras que el traje es azul, indicación de su humanidad. En este retrato la Madona está fuera de proporción con el tamaño de su Hijo porque es -María- a quien el artista quiso enfatizar.

Los encantos del retrato son muchos, desde la ingenuidad del artista, quien quiso asegurarse que la identidad de cada uno de los sujetos se conociera, hasta la sandalia que cuelga del pie del Niño. El Niño divino, siempre con esa expresión de madurez que conviene a un Dios eterno en su pequeño rostro, está vestido como solían hacerlo en la antigüedad los nobles y filósofos: túnica ceñida por un cinturón y manto echado al hombro. El pequeño Jesús tiene en el rostro una expresión de temor y con las dos manitas aprieta la derecha de su Madre, que mira ante sí con actitud recogida y pensativa, como si estuviera recordando en su corazón la dolorosa profecía que le hiciera Simeón, el misterioso plan de la redención, cuyo siervo sufriente ya había presentado Isaías.

En su doble denominación, esta bella imagen de la Virgen nos recuerda el centralismo salvífico de la pasión de Cristo y de María y al mismo tiempo la socorredora bondad de la Madre de Dios y nuestra.

Los papas han tenido siempre particular devoción al cuadro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Pío IX lo regaló a los católicos de Zitomir (Rusia), que le pedían una de las Vírgenes más veneradas en Roma. León XIII se la dio a los misioneros de la Asunción que partían para Bulgaria. San Pío X la regaló a la emperatriz abisinia Taitú. Benedicto XV la tenía sobre su trono; para el 50 aniversario de la exposición al culto del prodigioso cuadro acuñó, a sus expensas, una medalla conmemorativa con su busto y la imagen del Perpetuo Socorro. Pío XI la puso en el escudo de la misión pontificia para socorrer a los niños hambrientos de Rusia. Hoy se la considera como símbolo de enlace entre la Iglesia romana y las Iglesias orientales disidentes, para la unión. Es cosa menos que interminable enumerar las naciones y centros en que a la Virgen del Perpetuo Socorro se le tributa culto especial. Baste decir que se halla extendida su devoción por las cinco partes del mundo. Sólo destacaremos las formas más significativas de este culto.

Existe la Archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de la que Pío IX quiso ser el primer archicofrade, encabezando las listas. También lo fue Alfonso XIII, cuya curación, en una gripe infantil, se atribuyó a una estampa de la Virgen colocada en su cuna. La Archicofradía tiene una sección especial: la Súplica Perpetua, por la que los socios se comprometen a orar media hora todos los meses ante el cuadro. Está también en plena vitalidad la Visita Domiciliaria por medio de capillas portátiles. En muchos países extranjeros existe la Novena Perpetua, sobre todo en los pueblos anglosajones, originaria de los Estados Unidos, que celebra una función religiosa como de media hora un día a la semana, durante todo el año. Pero esa función se repite, como en San Luis (Estados Unidos) once veces por día, para dar entrada a las oleadas de devotos. Estos, en la iglesia de Boston, no bajan de 20.000 el día semanal de la novena. El centro de Manila es asombroso. En Baclarán, barrio de la capital, se ha construido una iglesia capaz para 12.000 personas. En los días de Novena Perpetua el municipio organiza servicio especial de tranvías y autobuses, con un promedio de 60.000 asistentes en los siete ejercicios al día. El delegado apostólico, monseñor Panico, decía: “La Novena Perpetua es la gracia más grande que Dios ha dado a Filipinas después de su conversión al cristianismo". A estas Novenas Perpetuas asisten muchos no católicos. El padre Juan Herat, oblato de María Inmaculada, decía que, en su parroquia de Colombo, asistían los miércoles de la Novena 30.000 personas entre católicos, hindúes, budistas, mahometanos, parsis y protestantes. Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Alemania, Inglaterra la tienen en la mayor parte de sus iglesias. Son cientos de miles los lugares misionados adonde se ha llevado el cuadro y su devoción. Varios cientos de miles suman los ejemplares de las revistas de su nombre. Los altares erigidos en su honor son innumerables. Un cronista extranjero contaba por el año 1916 unos 1.200 altares sólo en pueblos de Andalucía. En España, además de la devoción privada que todo español conoce, tiene esta Virgen el homenaje de instituciones públicas de que es ella Patrona, así: Sanidad Militar, Colegios Médicos, Beneficencia Municipal de Madrid, en el Ministerio de la Gobernación, Asociación Mutua de Socorros, el Seguro Español, Mutualidad de Peritos del Ministerio de Agricultura, Ministerio de Hacienda. En Méjico y en las naciones de Centro y Sudamérica florece la devoción en prácticas piadosas y frutos de bendición, como en cualquier nación europea.

No basta la distancia remota de los pueblos para limitar su devoción. A principios de siglo unos misioneros austriacos, en misión rodante por el Transiberiano, llevaron el cuadro desde Moscú a VIadivostok. En Africa lo presentan al culto los misioneros del Alto Níger (franceses), del Congo (belgas), de Africa del Sur (ingleses). También en Oceanía los misioneros de Nueva Guinea. Siete catedrales de Australia y Nueva Zelanda celebran la Novena Perpetua. En Newcastle (Oceanía) cinco estaciones radiofónicas comerciales transmiten la Novena Perpetua. En 1948 el padre Henry, oblato de María Inmaculada, llevaba el cuadro al Polo Norte, al 70º de latitud, península de Boothia.

Como se ve, esta devoción tiene un marcado carácter universalista, con un fruto abundante de conversiones.

RODRIGO BAYÓN, C. SS. R.


ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DEL SOCORRO

Oh María, Madre bendita del Socorro, concededme que siempre pueda invocar vuestro dulcísimo Nombre porque él es ayuda del que vive y salud del que muere. Oh, Virgen Santísima del Socorro, haced que vuestro nombre sea de hoy en adelante la respiración de mi vida. Señora y Madre mía, no tardéis en socorrerme siempre que os llame, ya que en todas las tentaciones que han de combatirme, en todas las necesidades que se me presenten yo no quiero nunca dejar de llamaros, exclamando siempre: María, Madre mía. ¡Qué alivio, qué dulzura, qué confianza y qué ternura siente mi alma con sólo invocar vuestro nombre y con sólo pensar en Vos! Mil gracias doy a Dios por haberme dado para mi bien este nombre tan dulce, tan amable y tan poderoso; y V os, oh portentoso Señor de los Milagros, concededme que escudándome bajo el nombre y la protección de la Virgen Santísima del Socorro, merezca, por su intercesión, verme libre de todo peligro y de todo mal en la tierra, a fin de poder bendecir su nombre y adoraros a Vos en la eterna bienaventuranza. Así sea.

jueves, 25 de junio de 2009

FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS

“Será difícil para nosotros apreciar plenamente el amor que inspiró a Cristo el darse a nosotros como alimento para nuestras almas, a menos que practiquemos una especial devoción al Corazón Eucarístico de Jesús”. (Papa Pío XII, Encíclica Hauriétis Aquas, sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús)
  
  
El Jueves siguiente a la Octava del Corazón de Jesús, la Iglesia Católica celebra la fiesta del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.
  
Esta fiesta fue instituida por Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, con fecha 9 de Noviembre de 1921, con Misa y Oficio propios.

La Eucaristía es la prueba más palmaria del amor que Jesús tuvo y sigue teniendo a los hombres. En ella tenemos el memorial de su Pasión y el amor viviente de Jesús, que a diario se aplica a nuestras almas, pues Él mismo está corporalmente presente en todas partes del globo.

Por eso la Iglesia honra de un modo especial al Sagrado Corazón de Cristo Jesús en esta manifestación de amor que compendia todas las demás:
“La razón particular y el objeto de esta fiesta, que tiene su oficio y misa propios, es conmemorar el amor de Nuestro Señor Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía. Quiere la Iglesia por este medio excitar más y más a los fieles a que se acerquen confiados a este santísimo Misterio, y que los corazones ardan cada día más y más en las llamas de divina caridad que abrasaban al Sagrado Corazón de Jesús, cuando, por su infinito amor, instituyó la Santísima Eucaristía, en que ese mismo Divino Corazón los guarda y los ama, viviendo y morando con ellos, como ellos viven y moran en Él. Porque en este Sacramento de la divina Eucaristía, Jesús se ofrece y se da a nosotros como víctima, y compañero, y alimento y viático, y prenda de la gloria futura” (Benedicto XV, Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, 9 de noviembre de 1921).
 
El adorable misterio de la Eucaristía resume, contiene, y nos comunica por entero el misterio de Cristo: Su Encarnación, Vida, Pasión, Muerte, Resurrección, Ascensión, y el descendimiento del Espíritu Santo. Si buscas el Costado abierto de Cristo gloriosamente ascendido, lo encontrarás en la Eucaristía. Si buscas el Corazón traspasado de Cristo, latiendo con amor para el Padre y con misericordia para los pecadores, lo encontrarás en la Eucaristía. La antífona de Comunión de la Misa de la fiesta merece ser repetida y atesorada. Es, al tiempo, una promesa y una invitación: “He aquí que estaré con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo”. (Mat. 28, 20).
  
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, que has derramado las riquezas de tu amor a los hombres al instituir el Sacramento de la Eucaristía: danos, te suplicamos, amar tu amantísimo Corazón, y que hagamos uso dignamente de tan grande Sacramento. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 22 de junio de 2009

"REINARÉ EN ESPAÑA" (Incluso en su escudo)

Buscando una imagen que definiese mejor la promesa del Sagrado Corazón de Jesús al venerable Bernardo de Hoyos "Reinaré en España", encontramos este hermoso afiche diseñado en 1939 con el patrocinio del Generalísimo Francisco Franco. Las razones sobran.
  

EL ECUMENISMO ES MUERTE DE LA IGLESIA

Entre herejes y cismáticos, Juan Pablo II abre el Jubileo del año 2000. El Catolicismo está en peligro por culpa de las naciones.

Si están indignados como yo por causa del mal llamado "diálogo interreligioso" que ha impulsado la Iglesia desde la nefasta influencia del conciliábulo Vaticano II, pero no tienen fundamentos claros y sólidos, les dirijo estas líneas cargadas de sabias razones para oponerse a la influencia de la religión falsa.

Desde el conciliábulo Vaticano II, la Iglesia Católica ha dado muerte y sepultura a las palabras de los Papas Pío X y Pío XII, que pregonaban que no se acepta la unión si los perjudicados son los valores fundamentales. Además, la Iglesia se arrodilló a la influencia de herejes (protestantes), cismáticos (ortodoxos) y a la sinagoga de Satanás (judíos).

La Misa del Nuevo Orden que elimina el concepto de la Misa como Sacrificio reemplazó el gran Sacrificio del Calvario que se renovaba cada día en la Misa Tridentina Latina tradicional. El altar se convirtió en una mesa parecido a los servicios religiosos protestantes, y el sacerdote estaba de pie con su espalda al Sacramento. Eso por influencia herética.

Además, se dieron cosas nefastas para la Iglesia Católica, como que el papa Juan Pablo II pidió perdón por lo que sufrieron los judíos a lo largo de su historia. Una franca muestra de debilidad y de rebelión contra Dios, porque los judíos fueron los que dieron muerte a Nuestro Señor Jesucristo y declararon "Su sangre caiga sobre nosotros y nuestros hijos". Por esta razón, todo lo que padecieron los judíos era un castigo merecido por su rebeldía y pecado, no crímenes de la Iglesia.

De ahí que pedir perdón por crímenes que uno no ha cometido es muestra de debilidad y de masoquismo.

También indigna que el Santo Sacrificio de la Misa Tridentina fuera remplazado por una imitación barata del culto protestante, y que el Altar haya desaparecido como tal.

Lo peor del cuento es que los judíos en el Talmud hablan mal de Nuestro Señor y de su Santísima Madre, porque dice ahí que Jesús era un hechicero y que su Madre cometió adulterio con un soldado romano. ¡¿No es eso reprochable?!

En conclusión, reitero que NO SE PUEDE tolerar a otro cuando hablan mal de uno y de lo que uno cree.

¡Católicos del mundo, únanse contra el demonio! ¡Muerte a la sinagoga de Satanás! ¡Que arda el Talmud en el infierno! ¡Cero tolerancia! ¡Muerte a la herejía! ¡Profanen la tumba de Lutero! ¡Dios lo quiere! ¡Viva el Papa!