Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

viernes, 28 de septiembre de 2018

HEREJÍAS DE JUAN PABLO I (ALBINO LUCIANI TANCON)

Tomado del libro “La verdad de lo que realmente sucedió en la Iglesia Católica después del Concilio Vaticano II”, de los hermanos Miguel y Pedro Dimond OSB.
  
JUAN PABLO I (Albino Luciani): EL HOMBRE QUE DIJO SER EL PAPA ENTRE PABLO VI Y JUAN PABLO II DURANTE 33 DÍAS EN 1978…
  
    
“Él podía aceptar y aceptaba a los divorciados. También aceptaba fácilmente a otros que vivían en lo que la Iglesia llamaba ‘pecado’” [1]. (Padre Mario Senigaglia, secretario de Juan Pablo I cuando era “patriarca” de Venecia)
  
Albino Luciani (Juan Pablo I) fue el hijo de un socialista comprometido [2]. Juan XXIII personalmente consagró obispo a Luciani el 27 de diciembre de 1958 [3]. Luciani fue nombrado “cardenal” por Pablo VI [4].
   
Luciani hizo amistad con muchos no católicos. Phillip Potter, secretario del Consejo Mundial de Iglesias, fue huésped suyo. Entre sus otros invitados habían judíos, anglicanos y “cristianos” pentecostales. Intercambió libros y cartas muy amistosas con Hans Kung [5].
   
Luciani (Juan Pablo I) citó favorablemente varias veces a Hans Kung en sus sermones [6] (para quienes no lo conocen, Hans Kung negó la divinidad de Cristo). Luciani “estaba consciente de que varios de los laicos católicos que él conocía eran miembros de logias (masónicas), de la misma manera que él tuvo muchos amigos que eran comunistas” [7].
   
Luciani realizó un minucioso estudio acerca de la “paternidad responsable” y consultó a muchos médicos y teólogos. Al igual que Juan XXIII y Pablo VI, Luciani estudió la posibilidad de que la “píldora” fuese utilizada como un método “natural” de regulación de la natalidad [8]. Los que habían hecho uso de los anticonceptivos artificiales y acudieron a confesarse con Luciani, dicen que él fue “muy compasivo” con ellos [9].
   
En abril de 1968, Albino Luciani escribió y presentó un informe a Pablo VI en que recomendaba que la Iglesia Católica debería aprobar el uso de la píldora anovulatoria desarrollada por el profesor Pincus. Luciani recomendó que esta píldora se convirtiera en la píldora católica del control de la natalidad [10]. United Press International (UPI) descubrió que Luciani había abogado por una normativa del Vaticano favorable al control artificial de la natalidad. Los periódicos italianos también publicaron noticias al respecto. Para corroborar la historia, estos periódicos informaron que el documento de Luciani fue enviado a Pablo VI por el “cardenal” Urbani de Venecia, en el cual se hacía una fuerte recomendación a favor de la píldora anticonceptiva [11].
   
Más tarde, durante su “pontificado” – cuando era “Juan Pablo I” – Luciani citaba a menudo los pronunciamientos y encíclicas de Pablo VI. Es notable la ausencia de cualquier referencia de Juan Pablo I a la Humánæ Vitæ [12].
   
El 13 de abril de 1968, en una conferencia que dictó en el pueblo de Vittorio Veneto acerca del control de la natalidad [13]. Luciani hizo las siguientes observaciones:
“Es más fácil hoy en día, dada la confusión causada por la prensa, encontrar personas casadas que no creen que están pecando. Si esto es lo que sucede, puede que sea oportuno no molestarlas dada las condiciones habituales…”.
   
“Oremos para que el Señor ayude al Papa para resolver esta cuestión [que se les permita a los católicos utilizar el control de la natalidad artificial]. Tal vez nunca ha habido una pregunta tan difícil para la Iglesia; tanto por las dificultades intrínsecas y por las numerosas implicaciones que afectan a otros problemas, como por la forma aguda en la que ella afecta a la gran masa del pueblo” [14].
   
Cuando Albino Luciani se convirtió en “patriarca” de Venecia, su secretario personal era el Padre Mario Senigaglia. Senigaglia debatió con Luciani (con quien había desarrollado una relación casi de padre a hijo) de los diferentes casos morales que involucraban a los feligreses. Luciani siempre aprobaba el punto de vista liberal que tenía Senigaglia. Senigaglia dijo: “Él era un hombre muy comprensivo. Muchas veces lo escuché diciéndole a las parejas, ‘Hemos hecho del sexo el único pecado, cuando en realidad él está ligado a la debilidad y fragilidad humana y tal vez por eso es el menor de los pecados’” [15].
  
Patriarca Luciani con su secretario, don Mario Senigaglia
      
Senigaglia confirmó que el punto de vista personal de Luciani sobre el divorcio habría sorprendido a sus críticos: “Él de hecho aceptaba a los divorciados. También fácilmente aceptaba a las otras personas que vivían en lo que la Iglesia llama ‘pecado’” [16].
   
Él también fue un promotor del falso ecumenismo. “Durante sus nueve años allí [como “patriarca” de Venecia] fue el anfitrión de cinco conferencias ecuménicas, incluyendo la reunión de la Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana, que en 1976 presentó una declaración conjunta sobre la autoridad…” [17].
 
LUCIANI SOBRE UN NUEVO ORDEN INTERNACIONAL
Luciani: “Sólo es posible tener un desarme gradual, controlado y universal si una organización internacional tiene poderes y posibilidades para sancionar más eficientemente que las que aplica las Naciones Unidas…” [18].
 
LUCIANI SOBRE LOS CRISTIANOS
 
Citando a Gandhi, Luciani dijo: “Admiro a Cristo pero no a los cristianos” [19].
   
En un sermón de Pascua en 1976, Luciani hizo la siguiente declaración:
“Así, la moral cristiana adoptó la teoría de la guerra justa; la Iglesia permitió la legalización de la prostitución (incluso en los Estados Pontificios), mientras que, obviamente, permaneció prohibida en el plano moral” [20].
   
Es una blasfemia el afirmar que la Iglesia Católica permitió la legalización de la prostitución.
  
Como “patriarca” de Venecia, el 24 de diciembre de 1977, Albino Luciani declaró de la Revolución Francesa lo siguiente: “… las intenciones de quienes encendieron la insurrección y la revolución al principio habían sido muy buenas, y la consigna proclamada era ‘Libertad, Fraternidad, Igualdad’” [21].
   
Poco antes del cónclave de 1978, se le preguntó a Luciani su opinión sobre el primer niño probeta, Louise Brown. Hablando de la niña de probeta y sus padres, Luciani dijo:
“Siguiendo el ejemplo de Dios, que quiere y ama la vida humana, yo también envió mis mejores deseos a la niña. En cuanto a los padres, no tengo derecho a juzgarlos; subjetivamente, si ellos actuaron con buenas intenciones y de buena fe, ellos pueden incluso tener un gran mérito ante Dios por lo que han decidido y pedido a los médicos que hicieran” [22].
    
Luciani tenía más que cualquier otro “cardenal” el espíritu del Segundo Concilio Vaticano de Juan XXIII para ponerlo en práctica [23].
   
Juan Pablo I renunció a la tiara papal y sustituyó la ceremonia de coronación con una sencilla celebración [24].
   
La tiara que fue vendida por Pablo VI fue sustituida por el palio, una estola de lana blanca que va alrededor de los hombros [25].
  
Esto es lo que dijo Juan Pablo I en su primer discurso anunciando el programa de su “pontificado”:
1) “El eco de su vida cotidiana da testimonio de que, a pesar de todos los obstáculos, ella (la Iglesia) vive en el corazón de los hombres, incluso en aquellos que no comparten su verdad o aceptan su mensaje” [26].
2) “… el Concilio Vaticano II (a cuyas enseñanzas queremos comprometer nuestro total ministerio)…” [27]
3) “Queremos continuar poniendo en práctica la herencia del Segundo Concilio Vaticano. Sus sabias normas deben ser seguidas y perfeccionadas” [28].
4) “… le damos prioridad a la revisión de dos de los códigos de derecho canónico: el de la tradición oriental y el de la tradición latina…” [29]
5) “Deseamos mantener el impulso ecuménico, que consideramos una directiva definitiva de nuestros predecesores inmediatos” [30].
   
Durante la toma de posesión de Juan Pablo I, él dijo:
“Saludamos también con reverencia y afecto a todos los pueblos del mundo. Los respetamos, y amamos como a nuestros hermanos y hermanas, ya que son hijos del mismo Padre celestial y hermanos y hermanas en Jesucristo” [31].
   
Hablando a un amigo acerca del patriarca cismático de Moscú, Nikodem, Juan Pablo I lo llamó “un verdadero santo” [32].
  
Nicodemo I (Rotov), metropólita de Leningrado-Novgorod y Exarca Patriarcal para Europa Occidental del Patriarcado de Moscú, y Albino Luciani/Juan Pablo I. Nicodemo I (que según el dossier del ex-archivista y desertor de la KGB Vasili Nikitič Mitrokhin, era un agente con el nombre clave “Sviatoslav” y la misión de que el Vaticano y el Consejo Mundial de Iglesias se plegaran a los intereses soviéticos) murió en plena audiencia con Luciani el 5 de Septiembre de 1978.
  
En una carta al nuevo patriarca cismático de Moscú con motivo de su reciente fallecimiento, Juan Pablo I, dijo:
“… expresamos a su Santidad y al Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa nuestros sentimientos de profundo pesar. Le aseguramos nuestra oración por el eterno descanso del alma de este devoto servidor de su Iglesia y constructor de la intensificación de las relaciones entre nuestras Iglesias. Que Dios lo reciba en su alegría y su paz” [33].
   
Juan Pablo I llama un “devoto servidor de su Iglesia” al difunto cismático ruso, que rechazaba la infalibilidad papal y los últimos 13 concilios dogmáticos (entre otras enseñanzas católicas).
  
Juan Pablo I “creía en un poder más compartido con los obispos de todo el mundo y planeó una descentralización de la estructura del Vaticano” [34].
   
Juan Pablo I dijo: “La Iglesia no debe tener poder ni poseer riquezas (…) ¡Qué hermoso hubiera sido si el Papa mismo hubiera renunciado voluntariamente a todo poder temporal!” [35]. Juan Pablo I le dijo al cuerpo diplomático que el Vaticano renunciaba a todas las reclamaciones de poder temporal [36].
  
Papa Pío IX, Nullis certe verbis, # 1, 19 de enero de 1860:
“…en vuestras respetuosísimas e igualmente afectuosas cartas a Nos enviadas, como también en tantas cartas pastorales y otros religiosos y doctos escritos impresos para el público, levantasteis vuestra voz episcopal con insigne gloria para vosotros y vuestra orden, para defender valientemente la causa de Nuestra santísima Religión y de la justicia, y para detestar vehementemente las sacrílegas audacias admitidas contra el Principado civil de la Iglesia Romana. Y, defendiendo constantemente el mismo Principado, os gloriasteis de profesar y enseñar que, por singular determinación de aquella Providencia divina que todo lo rige y gobierna, éste mismo fue dado al Romano Pontífice, para que él, jamás sometido a ninguna potestad civil, ejerciera en todo el orbe el supremo cargo del ministerio Apostólico divinamente confiado por el mismo Cristo…” [37].

Juan Pablo I hablaba con frecuencia de Pablo VI con admiración y cariño: “Él fue un gran Papa y sufrió mucho. No fue comprendido…” [38].
   
Juan Pablo I también se refirió a Dios como una “madre”.
Juan Pablo I, Discurso del Ángelus, 10 de septiembre de 1978: “Él (Dios) es nuestro Padre, más aún, Él es nuestra madre” [39].
   
En su Audiencia general del 13 de septiembre de 1978, Juan Pablo I habló sobre el tema de las verdades inmutables y dijo:
“Las verdades son esas; debemos andar por la vía de esas verdades, comprendiéndolas cada vez mejor, poniéndonos al día, presentándolas de forma adecuada a los nuevos tiempos. También el Papa Pablo tenía el mismo pensamiento” [40].

En septiembre de 1978, se le escuchó a Luciani hablando con su secretario de Estado en los aposentos papales, el “cardenal” Villot: “Estaré encantado de hablar con esta delegación de los Estados Unidos sobre el tema. En mi opinión, no podemos dejar la situación tal como está”. El “tema” era la población mundial. La “situación” era la Humánæ Vitæ [41].
   
Lo primero de su lista de prioridades de reforma y cambio era alterar radicalmente la relación del Vaticano con el capitalismo y aliviar lo que él creía era el sufrimiento que había surgido directamente de la Humánæ Vitæ [42]. [Queremos dejar claro que no estamos sugiriendo que la Humánæ Vitæ fuera un buen documento. No, en absoluto. La Humánæ Vitæ enseña que las parejas pueden utilizar el control “natural” de la natalidad y no tener hijos en absoluto, como es cubierto en este libro. El punto es que la Humánæ Vitæ denunció la anticoncepción artificial, y por esa razón Juan Pablo I se oponía a ella].
   
En mayo de 1978, Luciani había sido invitado a asistir y hablar en un congreso internacional celebrado en Milán el día 21-22. El objetivo principal del congreso era celebrar el próximo aniversario de la encíclica Humánæ Vitæ. Luciani hizo saber que no iría a hablar en el congreso y que no asistiría [43].
   
El 19 de septiembre de 1978, Juan Pablo I se reunió con su secretario de Estado el “cardenal” Villot. Juan Pablo I declaró:
“Eminencia, hemos estado discutiendo sobre el control de la natalidad durante unos cuarenta y cinco minutos. Si la información que he dado, las diferentes estadísticas, en caso de que la información sea exacta, entonces durante el período de tiempo que hemos estado hablando, más de mil niños menores de cinco años de edad han muerto de desnutrición. Durante los siguientes cuarenta y cinco minutos mientras Ud. y yo esperamos con anticipación a la próxima comida, otros miles de niños morirán de desnutrición. Mañana a esta hora treinta mil niños que en este momento están vivos, estarán muertos –por desnutrición. Dios no siempre provee” [44].

El Vaticano afirmó que Juan Pablo I murió de un ataque cardiaco masivo alrededor de las 23 hrs. del 28 de septiembre de 1978 [45].
   
Hemos demostrado que Juan Pablo I era un hereje manifiesto que, entre otras cosas, autorizó plenamente la indiferencia religiosa y el falso ecumenismo del Segundo Concilio Vaticano. Puesto que era un hereje, no podría haber sido un Papa válidamente elegido. Él fue un antipapa no católico.
   
Notas de la Sección 15:
[1] David Yallop, In God’s Name (An investigation into the Murder of John Paul I) [En el Nombre de Dios (una investigación sobre el asesinato de Juan Pablo I)], edición inglesa, Bantam Books, 1984, págs. 60-61.
[2] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 60.
[3] Raymond y Lauretta Seabeck, The Smiling Pope [El Papa Sonriente], edición inglesa, Huntington, Indiana: Our Sunday Visitor Publishing, 2004, pág. 27.
[4] Raymond y Lauretta Seabeck, The Smiling Pope, edición inglesa, pág. 58.
[5] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, págs. 86, 190.
[6] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 190.
[7] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 201.
[8] Raymond y Lauretta Seabeck, The Smiling Pope, edición inglesa, pág. 35.
[9] Raymond y Lauretta Seabeck, The Smiling Pope, edición inglesa, pág. 36.
[10] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 32.
[11] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 191.
[12] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 192.
[13] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 32.
[14] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 33.
[15] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 61.
[16] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, págs. 60-61.
[17] John Norman Davidson Kelly, Oxford Dictionary of Popes [Diccionario de los Papas de Oxford], edición inglesa, Oxford University Press, 2005, pág. 325.
[18] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 62.
[19] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 65.
[20] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 60.
[21] Raymond y Lauretta Seabeck, The Smiling Pope, edición inglesa, p. 120.
[22] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 233.
[23] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, p. 90.
[24] Luigi Accattoli, When A Pope Asks Forgiveness [Cuando un Papa pide perdon], edición inglesa, New York: Alba House and Daughters of St. Paul, 1998, pág. 37.
[25] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 185.
[26] L’Osservatore Romano (El periódico del Vaticano), edición inglesa, 31 de agosto de 1978, pág. 6.
[27] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 31 de agosto de 1978, pág. 6.
[28] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 31 de agosto de 1978, pág. 6.
[29] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 31 de agosto de 1978, pág. 6.
[30] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 31 de agosto de 1978, pág. 6.
[31] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 7 de septiembre de 1978, pág. 1.
[32] Raymond y Lauretta Seabeck, The Smiling Pope, edición inglesa, pág. 64.
[33] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de septiembre de 1978, pág. 2.
[34] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 189.
[35] Luigi Accattoli, When A Pope Asks Forgiveness, edición inglesa, pág. 44.
[36] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 210.
[37] The Papal Encyclicals [Las Enciclicas Papales], edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), pág. 359.
[38] Raymond yLauretta Seabeck, The Smiling Pope, edición inglesa, pág. 44.
[39] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 21 de septiembre de 1978, pág. 2.
[40] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 21 de septiembre de 1978, pág. 1.
[41] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 192,193.
[42] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 194.
[43] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 192.
[44] David Yallop, In God’s Name, edición inglesa, pág. 196.
[45] Raymond y Lauretta Seabeck, The Smiling Pope, edición inglesa, pág. 70.

1 comentario:

Los administradores se reservan el derecho de publicación, y renuncian a TODA responsabilidad por el contenido de los comentarios que no sean de su autoría. La blasfemia está estrictamente prohibida.

+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)