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miércoles, 19 de septiembre de 2018

LA “SANTA ALLEANZA” TRAS VIGANÒ

En el artículo «VIGANÒ: DAGLI AMCICI (E DAI CONFRATELLI) MI GUARDI IDDIO» de RISCOSSA CRISTIANA (que tradujimos al Español como «DEL AGUA MANSA, LÍBRAME DIOS..., Y AUN DESPUÉS DE MUERTO, LOS TIRARÉ AL MEDIO»), se indicó que el arzobispo Carlo María Viganò (el mismo que le exigió la renuncia a Bergoglio por su encubrimiento a los prelados sodomitas y pedófilos) salió de Italia para salvar su vida, ya que por órdenes del Vaticano lo estaban buscando para matarlo, a fin de que no revele más información. Pues bien, para conocer quién es el mando medio (porque la orden de búsqueda se sabe de sobra que viene del mismo Bergoglio), hemos traducido este artículo publicado en CHURCH MILITANT sobre una faceta oculta del Vaticano: SU SERVICIO DE ESPÍAS Y PARAMILITARES.
  
Irónicamente, el sábado 15 de Septiembre de 2018, en su viaje a Palermo (Sicilia), mientras rendía homenaje al sacerdote-presbítero Giuseppe “Pino” Puglisi Fana (asesinado por la mafia el 15 de Septiembre de 1993 a los 56 años cabalmente cumplidos, y “beatificado” por Bergoglio el 25 de Mayo de 2013), Bergoglio, Capo di tutti capi de la mafia vaticana, tuvo los cojones de decir en plena homilía (que por cierto, duró 17 minutos, muy a pesar que ordenó que máximo fueran 8): «No se puede creer en Dios y ser mafioso. Quien es mafioso no vive como cristiano, porque blasfema con la vida el nombre de Dios-Amor».
   
LA “SANTA ALLEANZA”: EL SERVICIO DE INTELIGENGIA VATICANO
Elementos peligrosos de la red de espionaje papal no se detienen a nada para encontrar su objetivo.
  
 
La cacería global contra el arzobispo Carlo María Viganò actualmente realizada por los servicios de seguridad del Vaticano ha renovado el interés en las capacidades de inteligencia del gobierno más pequeño pero más antiguo en la tierra.
  
Aun cuando no se puede decir que los recursos de inteligencia del Estado de la Ciudad del Vaticano (en adelante ECV) son comparables en fondos o tecnología de punta como los de la CIA, el GRU (Главное Разведывательное Управление, Departamento Central de Inteligencia) de Rusia, o el Ministerio de Seguridad del Estado (國家 安全 部, Guójiā Ānquán Bù) de la China comunista, uno cometería un fatal error si subestima los alcances, experiencia y capacidade de lo que muchos expertos e historiadores consideram ser el servicio de inteligencia más modesto pero más grande del mundo. Se cita que el renombrado cazanazis Simón Wiesenthal dijo en una entrevista que «el mejor y más efectivo servicio de espionaje en el mundo pertenece al Vaticano». No por nada es que el arzobispo Viganò, el hombre más buscado del Vaticano, está a la fuga y se ha ido a esconder.
  
Según Allen Dulles, el primer director de la CIA, el verdadero nombre del servicio clandestino de inteligencia del Vaticano es la Santa Alleanza (“Santa Alianza”) o L’Entità (“La Entidad”). Con su lema Cum Cruce et Gládio (“Con la Cruz y la Espada”), se dice que fue creado por el Papa San Pío V en 1566 con el fin de reunir informes de inteligencia de la corte de Isabel I de Inglaterra y obtener su destronamiento. Esto fue mucho antes de que la CIA concibiera derrocar gobiernos.
 
Alguien dice que la sección de contraespionaje del Vaticano es el Sodalitium Pianum de comienzos del siglo pasado que todos piensan ha sido desmantelado. Enfocarse, sin embargo, en nombres oficiales y estructuras es dejar de ver el bosque por los árboles cuando se va a la red de inteligencia del Vaticano.
  
Aquellos a quienes se les dificulta creer que los clérigos revestidos de sotana comprenden la red de inteligencia más grande del mundo fallan al recordar cómo era el papado, la institución más poderosa en la historia, que inventó y desarrolló con gran éxito la agencia vanguardia de la Iglesia Católica para investigar y recopilar información perteneciente a las peligrosas sectas que amenazaban la estabilidad de la Iglesia, sociedades y reinos: la Inquisición Papal.
   
Mientras se estableció reglamentariamente para investigar y llevar a la justicia a los culpables del delito civil y canónigo que en su tiempo era la herejía, los inquisidores generales y su equipo de ocho integrantes estuvieron obligados por circunstancias de la historia a desarollar redes sofisticadas de informantes capaces de destacarse actuando como verdaderos espías. Aunque la Inquisición como una “agencia” de inteligencia interna con vastos recursos no existe más, el Vaticano aún tiene otras dos redes externas de espías, más “discretas” pero altamente efectivas que forman parte de la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado (“S.RR.EE.”) y la nueva Sección para el Personal Diplomático.
  
Elevándose sobre la Plaza de la Minerva en Roma, en lo que puede parecer ser simplemente otro palacio romano antiguo, se encuentra la Pontificia Academia Eclesiástica, el equivalente diplomático y mucho más suave del Vaticano al Camp Peary (“La Granja”) de la CIA. Allí, la crema y nata de los sacerdotes de la Iglesia Católica Romana son enviados por sus obispos para ser entrenados para ser miembros del que todavía es considerado ser uno de los cuerpos diplomáticos de élite a nivel mundial, los nuncios apostólicos de la Santa Sede. El arzobispo Carlo María Viganò fue el egresado Nº 1447 de la clase 1971 de la Academia (la “vieja escuela” en entrenamiento antes de la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética).
  
La mayoría de católicos no concluyen que los principales colectores de inteligencia de parte de la Santa Sede son los Nuncios apostólicos y su personal diplomático, justo como los embajadores y personal de las embajadas que son desplegados alrededor del mundo por todo Estado-nación. La única diferencia es que la Santa Sede no tiene oficiales de inteligencia que declarar “oficialmente” a sus países anfitriones.
  
Si Viganò tiene miedo por su vida hasta el punto que tiene que destruir su teléfono móvil e irse al extranjero, es no solamente por su temor a ser rastreado por un miembro de personal de las nunciaturas apostólicas y misiones de la Santa Sede esparcidos alrededor del mundo (el “brazo largo” de la Secretaría de Estado que ha ordenado descubrir el paradero de Viganò), sino también, cuando no principalmente, por el temor a las capacidades de inteligencia del paramilitar Cuerpo de Gendarmería del Estado de la Ciudad del Vaticano, dirigido actualmente por Domenico Giani.
 
Domenico Gianni, Director del Cuerpo de Gendarmería del ECV.
  
El incumbente comandante del Cuerpo e Inspector General de las fuerzas combinadas de policía y seguridad del ECV, un ex oficial de la muy temida fuerza policial financiera italiana llamada Guardia di Finanza, es también el jefe de escoltas del Papa Francisco, justo como lo fue para el Papa Benedicto. Todo miembro de la Policía y las Fuerzas de Seguridad del Cuerpo de Gendarmes, justo como todo miembro de la reputada Guardia Suiza, es un exmiembro respectivamente de las fuerzas militares o de policía de Italia o Suiza.
   
Cuando el arzobispo Viganò servía como secretario general del ECV, el general Giani le reportaba a él. Ahora, en un dramático giro de eventos, es Gianni quien ha recibido la orden de sus superiores no sólo de asegurar la seguridad personal del Papa, sino igualmente coordinar la cacería de Viganò.
  
En 2008, el ECV se unió a la INTERPOL, la asociación internacional de fuerzas de policía más grande del mundo, con oficinas establecidas en 192 países. Como resultado, el Vaticano ahora tiene acceso a tremendos recursos y bases de datos por medio de sus contactos oficiales de policía y las locaciones de oficinas de la INTERPOL por todo el orbe.
   
Los servicios de inteligencia del Vaticano tienen inclusive un Gruppo Intervento Rapido (GIR), o “grupo de intervención rápida”, que es conocido por poseer activos tecnológicos y logísticos altamente sofisticados e innovadores usados en la realización de sus misiones.
 
Se dice que el mayor peligro a la vida de Viganò viene de los elementos francmasónicos de la Santa Alleanza o Entità que no poseen absolutamente ningún escrúpulo moral para hacer todo cuanto esté a su alcance para impedir al arzobispo hacer revelaciones adicionales no sólo incriminatorias a la Santa Sede, sino más todavía, capaces de destruir la reputación y posibilidades concretas de ciertos cardenales de ser elegidos al Trono de San Pedro.
  
Fuera de Italia, e incluso dentro del país, no es de conocimiento general entre los Católicos cuán bien insertados están los ideólogos francmasones en los servicios de inteligencia del aparato militar de Italia y otras naciones europeas, y consecuentemente el ECV, que deriva en varios rangos de las fuerzas policiales, de segurdad e inteligencia de entre estas naciones.
  
Mientras se sabe que grupos poderosos de francmasones como la Propaganda Due (P2), que en el pasado han infiltrado exitosamente instituciones vaticanas como el Instituto para las Obras de Religión (Banco Vaticano), han sido desmantelados por el gobierno italiano, no se conoce cuántos grupos sucesores de peligrosos ideólogos francmasones han tenido éxito en reconstituirse bajo diferentes etiquetas y tomando el control de dicasterios claves de la Curia Romana.
  
Viganò y su heroico ventilador representan, más que una amenaza para él personalmente, una muy real y creíble amenaza a redes enteras de individuos muy talentosos que no se detendrán ante nada para destruir desde adentro a la Iglesia Católica como la conocemos, de una vez por todas.
  
La búsqueda vaticana por Viganò, por tanto, no es tanto una misión que cumplir de la Santa Alleanza sino un ejercicio que realizar para los poderes non sanctos.
  
MICHAEL VORIS
14 de Septiembre de 2018.

2 comentarios:

  1. La palabra "mafia" es un acrónimo italiano para "Mazzini Autoriza Furti, Incendi, Avelenomenti" (Mazzini autoriza hurtos, incendios y envenenamientos). Giuseppe Mazzini era un francmasón e instigador de la "unificación" italiana (aunque él quería una república y no la monarquía en cabeza de los Saboya, como eventualmente sucedió).

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  2. Callate Voris, esa inteligenzia está al servicio de bergoglio NO DEL VATICANO.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)