Vexílla Regis

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MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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lunes, 2 de septiembre de 2013

ESTADOS UNIDOS EMPLEA LOS PRETEXTOS MÁS DUDOSOS PARA LANZAR GUERRAS

De RUSSIA TODAY

"El veredicto es claro: Al Assad usó armas químicas contra civiles", anunció la embajadora de EE.UU. ante la ONU, Samantha Power. Eso, sin tener la conclusión de los inspectores. No es la primera vez que EE.UU. recurre a este sistema.

El secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, señaló el lunes que EE.UU. está "casi seguro" de que el Gobierno sirio utilizó armamento químico, y reiteró la necesidad de una respuesta adecuada. El Reino Unido y Francia hicieron declaraciones similares. La cadena NBC filtró que los ataques con misiles contra Siria podrían ser lanzados "este jueves".

John Kerry asegura que el gobierno sirio usó armas químicas el pasado 21 de Agosto. ¿No será que los rebeldes usaron armas suministradas por Estados Unidos?

Los vídeos de Siria
El pasado 21 de agosto en los medios de comunicación estadounidenses aparecieron informaciones contradictorias sobre un presunto ataque con gases mortales en el suburbio oriental de Damasco, Guta. En YouTube hay numerosas grabaciones con imágenes de las víctimas, niños sobre todo. Sin embargo, el bloguero ruso Serguéi Filátov duda de la veracidad de los vídeos. Argumenta que algunos fueron colgados en la Red antes del propio ataque y acentúa que el personal médico que se ve al lado de las víctimas no toma medidas de precaución, aunque se sabe que el gas sarín se queda en la ropa durante varias horas y sigue siendo mortalmente peligroso. 

La historia mundial ya conoce casos en los que EE.UU. ha declarado la guerra apoyándose en pretextos dudosos o en provocaciones. A continuación les recordamos los casos más destacados.

La explosión del acorazado Maine

El 25 de enero de 1898 el acorazado estadounidense de segunda clase Maine entró en el puerto de La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas y fue calificado de maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en su rechazo a la propuesta de compra realizada por EE.UU. sobre Cuba y Puerto Rico. El 15 de febrero el Maine saltó por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 256. El resto sobrevivió, ya que a la hora de la explosión gozaba de un baile en la ciudad dado en su honor por las autoridades españolas. Desde el primer momento EE.UU. sostuvo que la explosión había sido provocada por un artefacto externo y desataron una amplia campaña mediática. Investigadores españoles, por su parte, argumentaron que no podía tratarse de una mina, pues esta habría hecho al barco saltar literalmente del agua y habría dejado peces muertos en el puerto, algo que no había sucedido. Apelaron, además, al propio carácter de los daños que había sufrido la nave.

El Acorazado USS "Maine" (ACR-1) fue un barco de la Armada Estadounidense que fue intencionalmente hundido por su propietario en la Habana. Su hundimiento fue el "casus belli" para la guerra contra España en 1898.

Estudios actuales concluyen que se trató de un estallido interno. Algunos apuntan a una explosión accidental de la santabárbara provocada por el calentamiento de los mamparos que la separaban de la carbonera contigua, que en esos momentos estaba ardiendo. En 1975, el Almirante de los Estados Unidos Hyman G. Rickover, llevó a cabo una extensa investigación que concluyó que "una fuente interna fue la causa de la explosión del Maine". El caso sirvió de pretexto oficial para la guerra hispano-estadounidense, que llevó a la futura independencia formal de Cuba e hizo a España ceder Filipinas, Puerto Rico y Guam a EE.UU.

El incidente del golfo de Tonkín
El 31 de julio de 1964 se inició la primera etapa de una patrulla de rutina en el golfo de Tonkín. El 2 de agosto, el crucero estadounidense Maddox fue interceptado por tres lanchas patrulleras de Vietnam del Norte. Según una de las versiones, la nave estadounidense había penetrado en las aguas territoriales vietnamitas. Cuando las lanchas se acercaron, Maddox les disparó tres salvas de advertencia, los barcos respondieron con torpedos y se produjo un intercambio de fuego con la participación de cuatro aviones de EE.UU. Los norvietnamitas se retiraron, cuatro de ellos murieron, mientras que ningún estadounidense resultó herido.

El incidente del Golfo de Tonkín consistió en que el crucero USS "Maddox" fue interceptado al cruzar el mar territorial de Vietnam del Norte. Este hecho fue el detonante de la Guerra de Vietnam.

El 4 de agosto Maddox acompañado por un destructor realizaba otra patrulla, cuando radar, sonar y radio empezaron a dar informes electrónicos y visuales sobre otro ataque de la Marina de Vietnam del Norte. Durante dos horas los barcos dispararon contra objetivos de radar maniobrando con fuerza. Por la madrugada el capitán de Maddox envió un cable a Washington diciendo que por lo visto no había embarcaciones vietnamitas en la zona y atribuyó las señales electrónicas a la mar gruesa. Posteriormente, numerosos testimonios apoyaron la versión de que el ataque del 4 de agosto no existió. Sin embargo, en respuesta a las supuestas 'agresiones', el presidente Lyndon B. Johnson convocó el 7 de agosto al Congreso y recibió su autorización para emprender la Guerra de Vietnam, que arruinará la economía de EE.UU. y dejará un saldo de 47.378 estadounidenses caídos en combate, 10.799 fallecidos a causa de heridas, unos 150.000 veteranos que se suicidaron posteriormente y más de dos millones de vietnamitas civiles muertos.

Las operaciones Fuerza Deliberada y Fuerza Aliada

El 28 de agosto de 1995, durante la guerra de Bosnia (1992-1995), cinco proyectiles de mortero dejaron un saldo de 37 muertos y 90 heridos en el mercado de Markale de Sarajevo. A pesar de que las respectivas investigaciones mostraron unos resultados muy diferentes sobre qué parte del conflicto había podido lanzar los proyectiles, EE.UU. y los demás miembros de la OTAN no vacilaron en atribuir el ataque al Ejército serbobosnio y entre finales de agosto y mediados de septiembre de 1995 emprendieron la operación Fuerza Deliberada, la primera gran operación de combate de la OTAN desde su creación en 1949, que consistió en una serie de bombardeos sobre la República Srpska.

El 15 de enero de 1999 las fuerzas serbias de seguridad quitaron la vida a 45 residentes de nacionalidad albanesa del pueblo kosovar de Racak, argumentando que se trataba de paramilitares armados. La Agencia de Información de EE.UU. publicó un informe de expertos europeos que aseguraba que las víctimas eran civiles fusilados. Sin embargo, un grupo de expertos bielorrusos y finlandeses testimonió que los muertos tenían huellas de pólvora en las manos y que los cuerpos tenían balazos, pero no su ropa, lo que les hizo concluir que a los cadáveres les cambiaron de ropa para simular que eran civiles. El público general nunca tuvo acceso a esta información.

Una de las "víctimas" de la "masacre de Račak". Informes periciales aseveraron que la ropa no tiene huellas de sangre ni de bala, pero su cadáver sí. Conclusión: MONTAJE.

La masacre de Račak sirvió de pretexto para que Washington y sus aliados lanzaran un bombardeo de 78 días —entre marzo y junio de 1999— contra la entonces Yugoslavia. La llamada 'Operación Fuerza Aliada' se cobró la vida de 528 civiles, 88 niños entre ellos, y dejó el país semidestruido y contaminado con la radiación proveniente de armamento con uranio empobrecido usado por la OTAN.

Las operaciones "Fuerza Deliberada" y "Fuerza Aliada" consisteron en bombardeos DELIBERADOS (valga la redundancia) de la OTAN para atacar la República Srpska (la Bosnia serbia) y contra Serbia. La aprobación de los bombardeos se basó en informes falsos y sesgados sobre hecho de dudosa autoría.

Una entrevista y un modelo de ántrax falsificados
En 1990, durante la guerra del golfo Pérsico, una chica llamada Nariyah contó que en un hospital kuwaití soldados iraquíes agarraron las incubadoras y dejaron a los niños muriendo en el suelo frío. Sus palabras fueron transmitidas por las principales cadenas de EE.UU. y vistas por al menos 35 millones de estadounidenses. Siete senadores la citaron para apoyar el uso de la fuerza contra Irak. El entonces presidente George Bush mencionó esta historia al menos 10 veces durante las siguientes semanas. La niña era la hija del embajador kuwaití en EE.UU. La primera Guerra del Golfo dejó 2.278 bajas civiles en Irak y provocó una catástrofe ecológica sin precedentes: el Golfo resultó contaminado por unos 8 millones de barriles de petróleo, mientras que el desierto se quedó con unos 320 lagos de petróleo que tardaron una década en 'secarse'.

En la reunión del 5 de febrero de 2003 del Consejo de Seguridad de la ONU, el secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, se presentó con un bote de polvo blanco, asegurando que era ántrax con el que Saddam Hussein estaba amenazando a la seguridad del mundo, y mostró otras pruebas de que Irak producía armas de la destrucción masiva. En 2004 admitió que una gran parte de las pruebas que justificaron la injerencia militar occidental en Irak no eran precisas. Ninguno de los informes de la inteligencia estadounidense que aseguraba que Hussein no disponía de armas de destrucción masiva se hizo público. La guerra de Irak dejó, según las fuentes, entre cientos de miles y 1,1 millones de bajas civiles.

martes, 27 de agosto de 2013

VERSOS ANTIGUOS SOBRE EL SIGNIFICADO DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Desde FORO CATÓLICO

Institución del Santo Sacrificio de la Misa

ROMANCE ANÓNIMO

PLIEGO SUELTO PUBLICADO EN CÓRDOBA SIN FECHA

(Audalá, un cristiano nacido en Toledo y cautivo en Argel, que conserva la fe pese a la apostasía de su padre, le pide a un sacerdote, también cautivo, que celebre la Santa Misa y le explique su significado.)

…………Y le dice :
Aunque en Toledo he nacido,
cristiano soy bautizado,
que me cautivaron niño
con mi padre; él renegó
y a mí me crió en lo mismo.
Y por eso a los cristianos
quiero, agasajo y estimo,
de verte celebrar Misa
tengo deseo excesivo.

Trajeron los ornamentos
y ya el altar prevenido,
se santiguó el sacerdote,
dio a revestirse principio,
teniendo Audalá suspensos
de admiración los sentidos.
Nota las insignias santas
desde el sagrado Introito
hasta la postrer palabra
con que acabó el sacrificio.

Viendo ornamentos y acciones
Audalá al clérigo dijo:
“Dime lo que significan
el alba santa, el amito,
el manípulo, la estola,
el pan, el agua y el vino,
el cíngulo y la casulla,
y las palabras que has dicho”.

Sabrás, dijo el sacerdote,
que el clérigo revestido,
representa al Verbo eterno,
de humano traje vestido.
Por el Amito se entiende
cuando, de juncos marinos
fabricando una corona,
taladraron los sentidos
del Redentor de las almas
fieros sayones inicuos.

El Cíngulo representa
cómo los perros judíos
a Cristo en el huerto ataron
dándose a prisión él mismo.
Y la Estola es otra soga
que al Cordero sacro y pío
le echaron a la garganta
y lo llevaron asido.
Otro cordel significa
el Manípulo ceñido
al brazo, que a la columna
ató al Cordero bendito.

El Alba que cubrir miras
el ordinario vestido,
es aquella vestidura
que Herodes le puso a Cristo.
Por la Casulla, la cruz
figura que llevó Cristo
hasta el Calvario, y en ella
fue el sacrificio ofrecido.

También la púrpura explica
con que Pilatos maldito
sacó llagado al Cordero
y “Ecce Homo” al pueblo dijo.
El “Introibo ad altare”
declara cuando en el limbo
las ánimas de los justos
clamaron al Rey divino.

Las cinco veces que vuelve
el rostro al pueblo, contrito
el sacerdote, demuestra
que se apareció otras cinco
Resucitado y Glorioso
a su colegio escogido,
a la Virgen, madre suya,
y a las Marías lo mismo.

Las tres oraciones santas
que se dicen al principio,
acuerdan que oró tres veces
al Padre en el huerto, Cristo.
La Epístola nos demuestra
la predicación que hizo.
Cuando al Evangelio mudan
a la izquierda parte el Libro,
es que Dios, dador de leyes
del pueblo de los judíos,
al de los gentiles pasa
el soberano ejercicio
de la nueva Ley de Gracia,
que es el Evangelio mismo.

Cuando el “Credo” se pronuncia,
se ha de notar con aviso
la multitud de los pueblos
que al Señor creyeron finos.
El Ofertorio denota
cuando de su grado quiso
ofrecerse por nosotros,
mostrando su amor divino.
Al decir, “Orate, fratres”,
cuando en el huerto afligido,
a sus discípulos santos
“velad y orad” les ha dicho.

Cuando el Prefacio se dice,
has de notar que el Domingo
de Ramos entró triunfante
el Rey que a dar leyes vino.
Cuando en el primer “Memento”
queda el preste enmudecido,
toda la Pasión contempla
desde el fin hasta el principio.

Cuando la Hostia levanta,
denota que los judíos
levantaron en el monte
a Cristo en la cruz tendido.
En el segundo “Memento”
es de notar cuando al limbo
bajó a quebrar las puertas
por librar a sus amigos.

Al decir el “Pater noster”,
es cuando la Virgen hizo
oración al verse ausente
por tres días de su Hijo.
El “Pax vobis” representa
que resucitó divino,
e intimándoles la paz,
los llenó de regocijo.
Cuando el “Agnus Dei qui tollis”,
es que al Cordero bendito
que nuestros pecados quita,
misericordia pedimos.

Cuando el “Pax tecum” pronuncio,
es la paz que el Verbo quiso
que se conserve en el mundo,
pues a darla al mundo vino.
La Comunión lo demuestra
cuando en propia virtud hizo
Jesús Ascensión sagrada
y se subió al Cielo empíreo.

El pan denota la carne
de Jesús, mi bien, y el vino
la sangre, y esto es de suerte,
que al pronunciar el ministro
para la consagración
las palabras, improviso
Transustáncianse en la Carne
y Sangre de Jesucristo,
quedando los accidentes
solo en el pan y en el vino.

Cuando a la diestra se muda
del sagrado altar el Libro,
es de notar que vendrá
Cristo el día del Juicio,
de Josafat en el valle,
a juzgar muertos y vivos,
dando al bueno dulce premio
y al malo amargo castigo.

Cuando el “Ite, misa est”,
se considera que vino
el Sacerdote enviado
de Dios para el sacrificio.
La Bendición nos denota
cuando el día del Juicio
premiará Cristo a los buenos
que con amor le han servido,
y castigará a los malos
por los siglos de los siglos.

Atento escuchó Audalá
los misterios peregrinos
de la sacrosanta Misa,
del Cielo favorecido.
Y lo que hasta allí ignoraba,
habiéndolo ya entendido,
así dice : “Padre eterno,
de Vos y de vuestro Hijo
y del Espíritu Santo
me valga el favor y auxilio.

Yo soy el hijo ignorante,
pródigo, triste, afligido,
que a Vos vuelvo avergonzado.
Perdonadme, Padre mío,
Madre Iglesia, consoladme,
pues me crié en vuestro auxilio.
A vos vuelvo confiado,
como la piedra a su sitio.

A Roma con regocijo
a Su Santidad dan cuenta
de todo lo sucedido,
y con gran solemnidad
su reconciliación se hizo.
Y sirve a Dios muy de veras,
y de la Virgen muy fino
promete ser su devoto,
y que alcance de su Hijo
que le dé una buena muerte,
y después el Cielo empíreo.

lunes, 26 de agosto de 2013

EL LOBO CON PIEL DE OVEJA YA ESTÁ EN SU SITIO

Desde EL EJÉRCITO MARIANO INTERNACIONAL reproducimos este mensaje profético que recibió el profeta "J. V." de parte de Yahveh, Dios Padre Todopoderoso, sobre el antipapa Bergoglio (mensaje que fue dado el pasado 22 de Marzo, durante el rezo del Santo Rosario).

EL LOBO CON PIEL DE OVEJA YA ESTÁ EN SU SITIO
HABLA DIOS PADRE
Sobre: El “lobo con piel de oveja ya está en su sitio”, viene para destruiros, viene para causar un mal mundial, los gobernantes de las naciones lo han reconocido (*1), están con él, lo apoyan, mientras él, os engaña. 
Bergoglio Sívori/Francisco I, con la cruz pagana de la muerte
(Lenguas…) Hijitos Míos, Yo Soy vuestro Dios. Mis pequeños, os cuido y os protejo de todo mal, pero el hombre se aparta de Mí, el hombre no quiere seguir Mis Designios que le he marcado desde el Principio de los Tiempos. 
La gran lucha que se dio en los Cielos, sigue ahora en la Tierra, Satanás sigue haciendo estragos en Mi Obra, bellísima y santísima que Yo creé para todos vosotros. 
Satanás sigue destruyendo a las almas, a todo lo creado, porque, prácticamente, no hay respuesta positiva de parte vuestra. Satanás podría quedar sin poder si vosotros estuvierais plenamente Conmigo y no dejarais entrar en vuestro ser nada de su veneno con el que a vosotros os va destruyendo poco a poco. 
Satanás es muy hábil, se muestra a veces bondadoso y os va llevando poco a poco por caminos equivocados y esa apariencia de bien os lleva, realmente, a un mal que os separa de Mí y que os destruye desde muy adentro, haciendo que vosotros, luego vayáis destruyendo el Bien que también tienen vuestros hermanos. 
Vosotros quedáis destruidos por su maldad y, además, os volvéis instrumentos de su mal, para seguir con esa cadena de muerte espiritual entre vosotros. 
Como os dije, Mis pequeños, sois Mis hijos, sois Mi Creación y os protejo y os guío cuando vosotros os acercáis a Mí y, a veces, aún a pesar de vosotros mismos. Os cuido de Satanás, porque es más hábil que vosotros y si Yo no os cuidara, os destrozaría completamente. Por eso, os aviso, Mis pequeños, que –el falso papa Francisco es- “el lobo con piel de oveja que ya está en su sitio”, viene para destruiros, viene para causar un mal mundial, los gobernantes de las naciones lo han reconocido,están con él, lo apoyan, mientras él, os engaña. 
Satanás, tomándolo como instrumento de su mal, dará pronto su último golpe, con el que quisiera destruiros, pero Yo estaré con vosotros y Mi Hija, la Siempre Virgen María, también. El Cielo os protegerá, pero deberéis entender, Mis pequeños, que en grave peligro estáis, si no os protegéis con Mi Gracia, con Mi Amor, cumpliendo Mis Leyes y buscando el servirMe. 
Mucha maldad se va a desencadenar, Mis pequeños, mucha mentira saldrá de sus labios –del papa Francisco-, pero con su bondad aparente, os llevará al error y muchos creerán estar haciendo el bien cuando, realmente, estarán en contra de lo Mío. (*2) 
Los Gobiernos se apoyarán los unos a los otros y le darán su lugar, porque saben que es instrumento de Satanás, respetarán su trabajo y lo apoyarán (Dn. 7 y 8). Vosotros, los que estéis Conmigo, seréis perseguidos porque, querréis mantener la Verdad. Os daréis cuenta de la mentira que saldrá de sus labios y de sus acciones pero, por su “apariencia trabajada”, “para dar una benevolencia aparente”, hará que muchos se vuelvan contra vosotros, que estaréis en el Bien. El mal irá cundiendo por todos lados, se apoyarán vuestros hermanos en el mal que de él brote, creyendo que es un Bien. 
Mucho error, mucha falsedad, mucha mentira se darán en estos tiempos. Mucha sangre correrá, que purificará todo lo afectado por Satanás a lo largo del tiempo. (Nota del MIDP.- Esta ‘sangre de mártires’ hará que resurja la Nueva Iglesia de Jesucristo y sea fortalecida para estos tiempos). 
Muchas almas se salvarán por la sangre mártir que correrá,que unida a la de Mi Hijo, perdonará muchos pecados para la salvación eterna de éstas almas que lo necesiten. La maldad llegará a su culmen, Satanás se sentirá victorioso, traicionará a los que lo han elevado, “el hombre de la iniquidad” (*3), aparecerá y sentenciará a todos aquellos que traten de estar Conmigo, que cumplan Mis Leyes, que vivan en el Amor. (Dn.8,11-17; 9,26-27; 12,7b-12)
Será un tiempo de gran prueba espiritual, pero si habéis entendido Mis Palabras y Mis lecciones, os acercaréis a Mí, Mis pequeños y Yo os daré la Sabiduría Divina, para salir victoriosos de la prueba y gocéis luego el gran regalo que tengo para las almas fieles y para las almas victoriosas. Ciertamente, unas regresarán al Reino de los Cielos, otras vivirán el regalo de las Nuevas Tierras y Nuevos Cielos. 
Orad, Mis pequeños, para que no sucumbáis en la prueba, para que viváis unidos a Mi Hijo que se dio por vosotros y que ahora os daréis por Él. Sois hermanos y os debéis apoyar mutuamente, ahora es vuestro momento de alcanzar la santidad a la cual fuisteis llamados.
No temáis, Mis pequeños, aún aquellos de vosotros que os tendréis que enfrentar directamente con Satanás y con sus instrumentos, ellos no tienen poder sobre Mí y, como Yo os voy a proteger, por eso os digo que no temáis. 
Satanás está vencido, Mis pequeños, pero todavía hará daño a algunos y, a otros, el daño que quisiera hacerles, se volverá Gracia Salvífica. 
Que vuestra oración, Mis pequeños, se una perfectamente a la de Mi Hijo. Todo será purificado y vosotros gozaréis el cambio inmensamente y eternamente, porque este momento de la historia, vuestra actuación, vuestro respeto y vuestro amor a Mis Leyes y a Mí, vuestro Dios, será recordado por todas las almas eternamente y Yo, vuestro Dios, os coronaré, porque seréis almas que vencisteis en la gran lucha, en el gran cambio, en la purificación de este tiempo. 
Es una gran oportunidad que os he concedido a vosotros, almas de éstos tiempos, para alcanzar un grado de santidad muy especial, no lo desperdiciéis, aprovechadlo en todo lo que podáis, Mis pequeños y, como estáis llamados a la santidad, orad en ése estado de santidad previo, aún por vuestros hermanos que se han vuelto hacia el mal. 
Os amo, Mis pequeños, y tengo un deseo especial de salvación por aquellas almas que están tan dañadas por el influjo de Satanás, salvádMelas, Mis pequeños, acercaos a Mí, para que Yo os diga cómo, pero salvádMelas. 
Os Bendigo, Mis pequeños, y os quiero cerca de Mi Corazón.
Gracias, Mis pequeños. 
NOTAS DEL MIDP:
(*1) Se refiere a la Comunidad Económica Europea que se transformará en el Gobierno Mundial único (Novus Ordo Seclorum) fomentado por los Iluminati y el Priorato de Sión, de incorporar al mayor número de naciones para ser lideradas por el Devastador, Hombre de la Iniquidad o Anticristo Maitreya, por lo que han fomentado que los gobernantes sean masones, iluminati, Skull and Bones (secta de la Calavera y Huesos), etc. o satanistas.
(*2) Han promovido una “campaña publicitaria” desde el Vaticano pretendiendo hacer creer a los fieles, sacerdotes, comunicadores sociales, líderes religiosos, entre otros agentes de la vida humana, que el supuesto papa Francisco es “muy humilde y santo”, creando una imagen de aparente benevolencia y santidad, a efecto de que lo que él diga se tome como “verdad irrefutable”, hay que estar analizando lo que dice y hace.
(*3) El “hombre de la iniquidad”, el “Inicuo”, el “Devastador” o “Anticristo” habrá de aparecer en muy breve tiempo, y el “falso profeta” o “antipapa” en turno, le cederá la Silla de Pedro, presentándolo como el Mesías esperado; por esta razón han estado promoviendo la unificación de las religiones mediante el Ecumenismo para suprimir la Iglesia Católica y hacer surgir la “iglesia del Anticristo”, sin el Eterno Sacrificio o Santa Misa y sin El Cuerpo de Cristo en la Sagrada Eucaristía. Modificarán las Fiestas, Leyes y Doctrina de la Iglesia tradicionales, hay que estar muy atentos.
Ejs:
  • El supuesto papa Francisco rompió la disposición y tradición de la Iglesia en el Lavatorio de pies que sólo se hace con varones, incluyendo a dos mujeres, y de las dos, una era musulmana. Vienen más violaciones y rompimientos.
  • Francisco, desde que era cardenal en Argentina, celebra ritos paganos ajenos a la Religión Católica. (El “Januká ó Januca”, celebración judía”, etc.)
  • Francisco da la “Comunión” en la mano para ser profanada por los propios fieles católicos.
Mensaje Certificado por el Ministerio Internacional de Difusión Profética Núm. JV/MIDP/22-III.13

domingo, 25 de agosto de 2013

¿CONCILIO ECUMÉNICO O CONVOCATORIA DE ESTADOS GENERALES?

Por Sofronio para TRADICIÓN DIGITAL. Vía MATER IMMACULATA

Muchos piensan que un concilio es ecuménico porque lo convoca el papa. Nada más ajeno a la realidad; varios concilios fueron convocados por el emperador: Constantino convocó Nicea; Teodosio el I de Constantinopla…, Irene, madre del emperador, convocó el II de Nicea, por citar sólo unos ejemplos; otros, equivocadamente, piensan que la ecumenicidad del concilio deviene de la presencia del papa, una especie de refrendo, sentado en el concilio. Sin embargo, en muchos no estuvo presente el Vicario de Cristo, sino que fue representado por legados: Nicea, I de Constantinopla, etc.; hay también quienes caen el engaño de señalar la ecumenicidad del concilio, por el hecho de que haya, al menos, representantes enviados por el papa; sin embargo, al I Concilio ecuménico de Constantinopla, El papa Dámaso (366-384) no asistió, ni envió a nadie en su nombre, y ni siquiera asistieron obispos de Occidente.
 
Ergo, ni la convocatoria por el papa, ni la presencia de éste por sí mismo o por legados, es esencial a la ecumenicidad de un concilio.
 
Así es, dirán al unísono algunos sorprendidos, para proseguir afirmando: ‘pero no cabe duda de que de inmediato es aprobado por el papa para gozar de la nota de ecumenicidad’. Pues tampoco; v.g.: el I de Constantinopla donde se condena la doctrina de Pelagio y Celestio y se define la doctrina de la transmisión del pecado de Adán, etc. no fue declarado ecuménico hasta 70 años más tarde, en el 451 por el Concilio de Calcedonia; al igual aconteció en otros. Ni siquiera, para más inri, todas las sesiones de ciertos concilios son consideradas ecuménicas, no gozando por ende de la infalibilidad tales partes.
 
¿Pero, entonces, cómo se ha determinado que hay 21 concilios ecuménicos? La respuesta es la siguiente: La Iglesia católica nunca ha declarado de manera definitiva el número de concilios generales o ecuménicos. Tampoco hubo al principio una reflexión de los concilios acerca de sí mismos y de su ecumenicidad. Sólo en Nicea II se comenzó a discutir sobre lo que constituía el carácter ecuménico de los concilios anteriores. Y era lo siguiente: 1) concordancia y homogeneidad respecto de concilios previos reconocidos como ecuménicos; 2) la participación de autoridades competentes, de manera particular la Iglesia de Roma. Pero como hemos dicho más arriba, en el I Constantinopla no hubo representación de la Iglesia de Roma, por lo que en lo que atañe a este punto, sólo se puede entender de la siguiente manera: que, incluso con bastante posterioridad, Roma los reciba como divinamente guiados, considerándolos contenedores de la verdadera doctrina.
  
En general, la mayoría de los teólogos han seguido a San Belarmino, y están concordes en cifrar un total de 20 Concilios generales ecuménicos, desde Nicea I al Vaticano I, aunque algunos hay que hablan de 19 y hasta de 22.
 
La razón, en fin, de determinar si un concilio es ecuménico viene urgida porque sus definiciones en materia de fe y de costumbres, son infalibles.
 
Sobre el denominado Concilio Vaticano II, lo primero a distinguir es que el concilio es una institución apostólica, pero no es absolutamente necesaria (1). Porque la doctrina uniforme del cuerpo docente disperso tiene el mismo carácter infalible y hace prescindible el magisterio extraordinario de los obispos. Este fue el argumento esgrimido por el papa para afirmar que no era necesaria la convocatoria de un concilio para condenar la herejía de Pelagio. Sin embargo este método no es inmediato, puesto que requiere la sanción de la Sede de Pedro, que es la única que puede dar testimonio de ese consenso. Por eso los concilios ecuménicos son aconsejables para definir infaliblemente en materia de fe o de costumbres, o para condenar las contrarias o contradictorias a la verdad que envenenan a la grey o para salvar la amenaza de un cisma. Salvo en esas circunstancias, suele ser mayor el riesgo que las ventajas. De ahí que los papas, en general, sean remisos a las convocatorias de concilios generales y se muestren muy prudentes ante tal perspectiva; prudencia que tuvo Pío XII y no pareció seguir Juan XIII.
 
Los Concilios pueden clasificarse en eclesiásticos puros y eclesiásticos políticos o mixtos, a los cuales asisten dignatarios eclesiásticos y civiles, como ocurrió algunas veces en España, Alemania durante la Edad Media. Los eclesiásticos puros se dividen en particulares y generales (universale, plenarium, generale); a los primeros asisten los eclesiásticos de una diócesis, si es un Sínodo diocesano o los obispos de una provincia eclesiástica, de un reino, de un patriarcado, de oriente o de occidente (pueden ser infalibles o no; pero no es este artículo el lugar para el desarrollo de las condiciones de infalibilidad de los mismos).
 
El carácter del concilio general puede ser actione, cuando reúne todos los requisitos por la parte convocante, directa o indirectamente, de suerte que convocado asisten todos los obispos o una mayoría, entendida moralmente.
 
Ex parte celebrationis. Debe haber una participación del papa, ya en persona, bien por representantes, gozando de la completa libertad que corresponde a los que forman parte de la asamblea; ex parte confirmationis, es decir, si habiendo suscrito los obispos las actas, el papa las ha confirmado. Muchos de los primeros concilios fueron, no obstante, ecuménicos acceptatione, porque habiendo faltado una de las dos condiciones, bien en su convocatoria o en la celebración, se legaliza por el consentimiento, incluso tardío, expreso o tácito del Papa y de los obispos.

Conclusión I: Respecto a la convocatoria, actione, que reúne todos los requisitos y la participación, y ex parte celebrationis del papa Juan XXIII y Pablo VI y recepción, parte confirmationinis, el Concilio Vaticano II no ofrece ninguna dificultad por esta nota para ser considerado ecuménico.
 
En la autoridad de un Concilio cabe distinguir una parte esencial y otra accidental. Aquélla es inherente al Concilio ecuménico, ésta proviene de la santidad, erudición y cualidades intelectuales de los padres asistentes al concilio.
 
Conclusión II: Respecto a la autoridad esencial el Concilio Vaticano II no debería tener dificultades.
 
El relación a la autoridad accidental existen graves inconvenientes, porque desde finales del siglo XIX :
“El “modernismo” ganaba los seminarios donde se organizaba clandestinamente. En 1901, el padre Maignen publicó en La Vérité Française una serie de artículos denunciando una organización oculta “que abarcaba unos cincuenta seminarios y que afiliaba cerca de un millar de alumnos”. Además de las correspondencias confidenciales, se incitaba a los seminaristas a leer los periódicos modernistas: la Justice Sociale y La Voix du Siècle que se les enviaba por un precio irrisorio. Al obispo de Quimper le impresionaron las facilidades dadas para la lectura de estos dos periódicos “funestos para la disciplina eclesiástica” y el padre Naudet ofreció, por toda respuesta, un abono gratuito de tres meses a la Justice Sociale, a cualquier sacerdote que acabase de ser ordenado y que le enviase simplemente su tarjeta haciéndolo constar.” (2)
 
…Se guardó tan bien el secreto que jamás se pudo saber el nombre de la que circulaba en la diócesis de París. Cinco publicaciones diferentes eran difundidas en los Seminarios, divididos en cinco grupos: Le Trait d’Union, impreso en Lyon, comprendía dieciocho Seminarios; Le Lien, redactado en Orléans e impreso en Lyon, comprendía diez Seminarios; La Chaine de Auch, comprendía catorce Seminarios, Caritas para el norte, comprendía cinco. Una caja común era alimentada por los fondos que un misterioso “Nicodemo” traíada de los frecuentes viajes a través de Francia. “A estas pequeñas hojas sociológicas se añadía otra, la más secreta de todas, que circulaba bajo capa, o más bien bajo la sotana”. En ella se encontraban artículos prohibidos como los del padre [apóstata] Loisy.(3)
 
Cabe preguntarse, a tenor de este ambiente en los seminarios ya a principios de siglo e incluso antes y luego de 60 años transcurridos desde esta denuncia hasta el comienzo del Concilio Vaticano II ¿Cuántos obispos habían sido influidos por estas ideas desde sus épocas del seminario, y con más libertad después de haber sido ordenados? Por los frutos, es legítimo pensar que muchos padres conciliares estaban ya contaminados de modernismo. Otros estaban claramente en esa línea profresista-liberal: Cardenales Döpfner, Suenens, Cardenal Bea, etc. Al igual ocurría con los teólogos modernistas y/o progresistas, peritos del concilio unos, y otros asentando golpes indirectamente, verdaderos factótum del concilio: Marie-Dominique Chenu, Henric de Lubac, Rhaner, Schillebceckx, Küng, Daniélou, Congar, etc.; todos desviados de la doctrina católica.
 
Conclusión III: La autoridad accidental del Concilio Vaticano II es impugnable porque, por una parte, cierto espíritu modernista había empapado la mentalidad de los padres del concilio, asesorados por una pléyade de teólogos modernistas, algunos condenados en la época de Pío XII, pero luego rehabilitados por Juan XXIII y Pablo VI; no obstante la autoridad esencial no se pone en cuestión. En definitiva, estamos ante un concilio debidamente convocado, cuyas riendas fueron manejadas por la parte más progresista y modernistas de la Iglesia, controlando todas las comisiones con el apoyo de los papas; aspecto sobre el que no cabe ninguna duda y cuyo testimonio más objetivo es la estupenda obra El Rhin desemboca en el Tiber, de Ralph Wiltgen, que recomiendo leer.
 
La calificación de la autoridad del concilio ecuménico es suprema en la Iglesia para asuntos espirituales, de manera que sus definiciones en materia de fe y de costumbres son infalibles. Las condiciones para distinguir el carácter dogmático de las decisiones de un concilio son, según el consenso común de los teólogos y apartando aquello en que divergen: 1) Es infalible y dogmática una decisión de un concilio ecuménico cuando, al exponerla, se condenan como herejes a los defensores de proposiciones contrarias. 2) Cuando se lanza el anatema contras los que se opusieren a dicha definición. 3) Cuando se intima con la excomunión latae sententiae; hay que distinguir que esta pena también se puede proponer por sostener una proposición escandalosa 4) Y por supuesto, cuando se declara como dogma de fe una doctrina para que como tal la acepten y crean los fieles católicos.

Es aquí, verdaderamente, donde radica el problema del Concilio vaticano II. Sus documentos no son infalibles porque, aunque el objeto material era dogmático, es decir, las discusiones de los conciliares versaron, en parte, sobre lo que ya era antes del CV2 doctrina infalible, ni el papa que lo convocó, ni quién lo cerró, quisieron que fueran infalibles sus textos, renunciando, expresamente, a hacer definiciones y a condenar errores:

Afirmación, repetida por Pablo VI en el discurso de inauguración de la sesión del concilio, el 29 de septiembre de 1963, según la cual la santa Iglesia renuncia a condenar los errores:
«Siempre se opuso la Iglesia a estos errores [las opiniones falsas de los hombres; n. de la r.]. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar de la medicina de la misericordia más que de la severidad. Piensa que hay que remediar a los necesitados mostrándoles la validez de su doctrina sagrada más que condenándolos».

Reafirmación de la renuncia a la infalibilidad del concilio:
El Concilio “ha evitado promulgar definiciones dogmáticas solemnes que comprometan la infalibilidad del magisterio eclesiástico”, sino que quiso tener “la autoridad del magisterio ordinario supremo, manifiestamente auténtico” (Pablo VI: discurso de clausura del concilio, 7/12/65, audiencia de 12/01/66).

Confirmación de no implicación de la infalibilidad en los textos del Concilio:
“La verdad es que el mismo Concilio no ha definido ningún dogma, y ha querido conscientemente expresarse en un nivel más modesto, simplemente como un Concilio pastoral” (card. Ratzinger. Prefecto de la C.D.F a la C.E de Chile).
 
El propio Secretariado niega la infalibilidad. Los padres conciliares habían remitido la siguiente pregunta al Secretariado General del Concilio:
“..Cuál deba ser la calificación teológica de la doctrina expuesta en el esquema de Ecclesia y que se somete a votación”.
 
El secretario General del Concilio responde, 16 noviembre 1964, en una notificación que se incorpora a la Constitución Lumen Gentium, formando parte de dicha Constitución sobre la Iglesia, diciendo lo siguiente:
“Teniendo en cuenta la costumbre conciliar y el fin pastoral del presente Concilio, este santo sínodo define que deben mantenerse por la Iglesia como materias de fe o de moral solamente aquellas que como tales declare abiertamente”.
  
Pero el Concilio no declaró ni definió nada en materia de fe o de moral abiertamente. El concilio se quiso degradar a sí mismo, apertis verbis, a «magisterio ordinario sumo y manifiestamente auténtico» (Pablo VI), figura insólita e inadecuada para un concilio ecuménico, que encarna desde siempre un ejercicio extraordinario del magisterio. Por otra parte, El magisterio mere authenticumno es infalible, mientras que sí lo es el “magisterio ordinario infalible”.
 
Esa falibilidad es evidente, como en parte hemos visto, por el discurso de apertura de Juan XXIII, la notificación del Secretariado del Concilio (16 de noviembre de 1964), los actos mismos del Concilio, las repetidas afirmaciones de Pablo VI desde la clausura del Concilio ; el mismo Juan Pablo II, en varios textos que hemos considerado para este artículo, habla solamente de “Magisterio auténtico.
 
La forma “extraordinaria” en la que este acto del Magisterio auténtico se ejerció, a saber la de un sínodo universal, no acrecienta su autoridad, puesto que ésta depende del grado (infalible o “simplemente” auténtico), y no de la forma de ejercicio del Magisterio ni del número de obispos. El Concilio Vaticano segundo es un acto del Magisterio auténtico no infalible, aprobado, por añadidura, por una masa de obispos, probablemente, no eminentes “amore et studio doctrina ab Apostolis traditae ac pari detestatione omnis novitatis”. El número en sí mismo nada significa. Recuerden que Cristo, vida nuestra, perdió las elecciones o si prefieren el plebiscito frente a Barrabás, donde los ‘electores’ deicidas, el pueblo judío, gritó: “¡Crucifícale, crucifícale!”.
 
Exigir para el Concilio Vaticano II, que es un Magisterio auténtico pero no infalible y además lleno de graves errores, el asentimiento ciego que se debe sólo al Magisterio infalible, constituye -hay que decirlo- un abuso al que hay que resistir porque contiene yerros doctrinales gravísimos que conducen a las ovejas por el camino del infierno, si siguen sus directrices; véanse los frutos; significaría atribuir al último Concilio una autoridad que la misma Iglesia no le reconoce y que los mismos hombres de Iglesia no se arriesgaron nunca a reconocerle, apertis verbis. Como ejemplo, véase también la Nota Previa a “Lumen Gentium” que en la misma página del Vaticano aparece al final de la Constitución en vez de al principio como correspondería: previa; en el mismo lugar se coloca en las frecuentes ediciones del concilio. Dicha ‘Nota’ reconoce el error doctrinal de Lumen Gentium sobre la participación ontológica en la consagración de ministerios sagrados, sobre la necesidad de la comunión jerárquica del colegio episcopal con la Cabeza…, y trata de darle una interpretación en sentido recto, pero tales errores doctrinales continúan en el texto tal como fue redactado y aprobado, contradiciendo la doctrina de siempre ¿Será necesario poner en paralelo, v.g., la muchísima doctrina unánime de la Tradición sobre la Libertad religiosa absolutamente contraria a la de la Declaración de la Dignitatis Humanae? Sea suficiente señalar los títulos afectados de la perversa doctrina y los errores en general: Errores concernientes a la noción de tradición y de verdad católica, a la santa Iglesia y a la beatísima Virgen. a la santa Misa y a la Liturgia sagrada, al sacerdocio, a la Encarnación, a la Redención, al concepto del hombre, al Reino de Dios, al matrimonio y a la condición de la mujer, a sectarios, herejes, cismáticos (los denominados “hermanos separados”), a las religiones acristianas, a la política, a la comunidad política, a las relaciones entre la Iglesia y el Estado, a la libertad religiosa y el papel de la conciencia moral y a la interpretación del significado del mundo contemporáneo.
 
Conclusión IV: Que un concilio tenga concordia con las doctrinas de los anteriores ecuménicos es una nota necesaria para su ecumenicidad, ya reconocida desde el I Nicea, (325) . Luego el Concilio Vaticano II no puede gozar de esa nota de ecumenicidad toda vez en él no sólo hay ambigüedades, las más, sino también contradicciones con la doctrina precedente y errores. He aquí una lista más exhaustiva de yerros.
 
El Concilio que goza de la nota de ecumenicidad, necesaria para determinar la infalibilidad de su doctrina respecto a la fe y costumbres, debe condenar los errores contrarios que amenazan a la grey. Esta es una de las características constantes de los 20 Concilios señalados, los cuales han lanzado anatemas sobre las doctrina perniciosas del momento. En aras de la brevedad, consideraremos cómo el Concilio Vaticano II se negó, a pesar de haberlo pedido más de 450 padres conciliares, a condenar el intrínsecamente perverso comunismo. Veamos sólo la historia de una terrible traición.
 
Papa Pío XI de 1937, en su Encíclica Divini Redemptoris, había condenado el comunismo:
“el comunismo es intrínsecamente perverso; y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana.”
 
El Pacto de Mezt:
“El Concilio se negó a condenar el comunismo, debido al infame Pacto de Metz, la ciudad francesa donde se reunieron en agosto de 1962 (dos meses antes de la apertura del Concilio) el Cardenal Tisserant, enviado por Juan XXIII, y Nikodim, el patriarca ortodoxo de Moscú, un títere del Politburo soviético Allí acordaron que la Unión Soviética permitiría que varios miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa aceptaran la invitación del Papa para asistir como observadores en el Concilio (¡las barbaridades que se cometen en nombre del ecumenismo!), y a cambio el Vaticano se comprometió a que no habría ninguna condena explícita del comunismo. Para que no piense el lector que me adentro en una oscura teoría de la conspiración, debo aclarar que este pacto, lejos de ser un secreto, fue anunciado en conferencia de prensa por el entonces obispo de Metz, Monseñor Schitt; fue detallado en el diario católico francés, La Croix; y ha sido confirmado públicamente por el que era entonces el secretario del Cardenal Tisserant, Monseñor Roche”. (5)
  
“La petición de condena al comunismo, redactada por el Coetus Internationalis Patrum, obtuvo la firma de 454 obispos, representando 86 países. Monseñor Lefebvre entregó personalmente esta petición, dentro del plazo previsto, el 9 de noviembre de 1965, al secretario del Concilio. Monseñor Tissier de Mallerais comenta en detalle cómo el Pacto de Metz fue rigurosamente respetado por Pablo VI. Creo que cualquier católico debería saber esto, por lo que a continuación ofrezco un extracto de lo que ocurrió (6)
 
¿Qué pasó entonces? El 13 de noviembre, la nueva redacción del esquema no tomó en cuenta los deseos de los solicitantes; el comunismo seguía sin ser mencionado. Por eso, Monseñor Carli protestó el mismo día ante la presidencia del Concilio y presentó un recurso dirigido al tribunal administrativo… El Cardenal Tisserant ordenó una investigación que reveló… que, por desgracia, la petición se había “extraviado” en un cajón. En realidad, lo que pasó fue que Monseñor Achille Glorieux, Secretario de la comisión competente, después de recibir el documento, no lo hizo llegar a la comisión.
 
El “olvido” de Monseñor Glorieux fue objeto de disculpas públicas por parte de Monseñor Garrone, pero, como quiera que sea, el plazo concedido para introducir el párrafo sobre el comunismo ya había caducado. Por otro lado, una condena del comunismo habría discrepado demasiado con la intención del Papa Juan, que había decidido que el Concilio no condenaría ningún error; y además, en su encíclica Pacem in terris, del 11 de abril de 1963, Juan XXIII había evitado toda reprobación del comunismo, y aceptaba incluso que se pudiera “reconocer en él algunos elementos buenos y laudables.”
 
Eso era negar el carácter “intrínsicamente perverso” del comunismo, según el Papa Pio XI y aceptar la colaboración de los católicos con el comunismo…. Como árbitro del debate, pero heredero de Juan XXIII, Pablo VI mantuvo el silencio sobre la palabra “comunismo”, y se contentó con añadir el 2 de diciembre una mención de las “reprobaciones del ateísmo hechas en el pasado”, lo que era falsificar la doctrina de Pio XI, que condenaba el comunismo en cuanto organización y método de acción social perversos (una técnica de esclavitud de masas y una práctica de la dialéctica, en palabras de Jean Madiran), y no sólo en cuanto atea. 
  
Sobre la carta del card. Bea, que confirma las concesiones en Metz
 
Conclusión V: Los obispos reunidos en concilio con el papa ejercen su ministerio de jueces en materia de fe y costumbres, respecto a la materia, si se dan tres conceptos: a) Examinando minuciosamente las decisiones dogmáticas de Concilios anteriores, confirmándolas al propio tiempo- objeto que no quiso asumir el concilio- b) Publicando, después de un maduro examen las verdades de fe cuya declaración ha anunciado. En este sentido, según lo que el Concilio Vaticano I nos dice respecto a la intención: “la sentencia debe ser propuesta para que los fieles la reciban como infaliblemente cierta: con fe divina, si el objeto es Revelado; o excluyendo la posibilidad de error si sólo es materia conexa con el Depósito de la fe. Esta intención debe ser manifiesta, ya por el texto, ya por el contexto”- Sin embargo, el concilio Vaticano II renuncia a esa intención-c) emitir un juicio definitivo que pone de manifiesto los sofismas de la herejía y errores. Pero el Concilio Vaticano II no sólo se niega a condenar y a confirmar la condena de los errores ya juzgados, sino que usa de acuerdos indignos, tal como el pacto de Metz, para evitar anatematizar al comunismo, ideología intrínsecamente perversa, culpable de decenas de millones de asesinatos y perseguidora de la fe con odio implacable. Lo mismo se puede decir de la negativa a condenar la masonería. Ergo, el Concilio Vaticano II no goza de la ecumenicidad, porque es tan sólo una asamblea general que versa sobre asuntos pastorales y disciplinarios. De este tipo de Concilios huían todos los papas y por eso dice San Gregorio Nacianceno “que huye de todas las asambleas de obispos, porque no ha conocido una sola que haya tenido un resultado feliz y satisfactorio”. Alude el Nacianceno a los concilios celebrados en su tiempo en que casi siempre se encontraban en mayoría los arrianos- en nuestro caso los modernistas-, como sucedió en los de Milán, Sirmium, Rímini, Seleúcida, etc.; por cuya razón se excusó de acudir al concilio proyectado por el Emperador, a pesar de las insinuaciones de Procopio. Por el contrario le vemos acudir al de Constantinopla, reconociendo la importancia del de Nicea (7).
 
En fin, repasando los 20 concilios (lista y resumen de los 20 al final de las notas) que, mayoritariamente, se reconocen como ecuménicos, desde I Nicea a I Vaticano, encontramos que en ninguno de ellos se ha renunciado jamás a definir doctrina ni a condenar los sofismas heréticos o a resolver un peligro de cisma, fin principal de un concilio ecuménico, porque el Concilio Ecuménico es el órgano colegial del magisterio extraordinario con autoridad infalible para el objeto de definir la verdadera doctrina, condenar los errores contrarios a la fe y las costumbres y dar leyes para toda la Iglesia Universal (8). Al carecer por deseo expreso de definiciones y condenas y por su intención explicita de renunciar a la infalibilidad del magisterio extraordinario de los obispos, no goza de la infalibilidad de un concilio ecuménico. Luego si no es un Concilio Ecuménico en el sentido dogmático ¿Qué es?:

CALIFICACIÓN DEL CONCILIO VATICANO II

Una asamblea general de obispos de carácter pastoral y disciplinario, con expresa renuncia a la infalibilidad intrínseca propia de un Concilio Ecuménico respecto a las definiciones de fe y moral.

Acoger las enseñanzas conciliares “con docilidad y sinceridad” propio del magisterio auténtico, pero no infalible, como pidió Pablo VI, sólo sería posible si no hubiera graves errores y ambigüedades, de los cuales sus textos están repletos y son más evidentes a medida que se adhieren nuevos estudiosos a la nobilísima causa de defender la fe católica¿Qué debe hacer, pues, un católico? Resistir a los errores de la Asamblea General de obispos, más conocida como Concilio Vaticano II, porque “No resistir al error es aprobarlo, no defender la verdad, es sofocarla” (San Pío X)

Aunque vistas las consecuencias, más que de asamblea hubiera sido mejor declarar al concilio, tal vez, la reunión de los Estados Generales. No parece exagerado, pues algún cardenal progresista, antes que nosotros, ya comparó a este evento eclesial con 1789; las desgracias venidas tras 1789 no son mayores que las sobrevenidas al evento que culminaba 1965.

Gozosa Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

Sofronio
  
NOTAS
(1) Zaccaria. Cfr. Francisco Hettinger. Tratado de Teología fundamental o Apologética. Madrid, 1883
(2) La Iglesia ocupada cap. 17
(3) Ibid.
(4) SISINONO, 31 de marzo del 2001, edición italiana, págs. 4 ss
(5) Este acontecimiento está también relatado en dos magníficos libros: Iota Unum de Romano Amerio, Angelus Press 1996 (p.65-66), y The Jesuits – The Society of Jesus and the Betrayal of the Roman Catholic Church de Malachi Martin, New York: Simon Schuster, 1987 (p.85-86).
(6) La Biografía de Bernard Tissier de Mallerais, sobre Marcel Lefebvre d. Actas, 2012.
(7) Tratado de Teología fundamental o Apologética. Madrid, 1883, pag.332
(8) Vizmanos & Riudor; Teología Fundamental 

sábado, 10 de agosto de 2013

JORGE DORÉ: POESÍA AL VATICANO II

Desde RADIO CRISTIANDAD


Una abominación desoladora
–sembrada donde menos se debiera–
desacredita a Dios, profana altares,
comete sacrilegio sobre mesas.

Con la venia papal fueron abiertas
las ventanas al mundo y por ellas
el humo de Satán ganó el estrado
seduciendo razones y conciencias.

Fueron los dueños del compás infecto,
esa luciferina y vana secta,
los que infiltraron el sagrado templo
y se adueñaron de sus áureas puertas.

Después, como parásitos voraces,
lo carcomieron todo y de su agenda
surgió la apostasía contagiosa
–fraternidad del mal sobre la tierra–.

Enajenados con el culto al hombre,
coronaron con tiaras sus miserias
dando gloria a su plomo venenoso
con el consenso de las masas ciegas.

Las herejías se multiplicaron
hasta hacerse encomiables y las letras
se hincharon, retadoras, en los libros
llenos de ambigüedades virulentas.

Se invitó al execrable ecumenismo,
impío contubernio de miserias
que pretende fundir todos los cultos
en un mismo crisol –oro con tierra–;
aspiración blasfema que equipara
la Verdad a mentiras que debieran
de doblar sus rodillas ante Cristo,
ante Su majestad, Su realeza.

Tras falsas luces hoy marchan las almas
ajenas al horror que las acecha.
Se ha devastado el sacro contenido
y una cáscara es todo lo que queda.

Un eclipse total envuelve a Roma
y cautivados por la Gran Ramera
caen fieles ante lobos disfrazados,
por causa de su equívoca obediencia.

Estamos advertidos. Es el tiempo
de mantener erguida la cabeza.
Llueven frutos podridos de las ramas.
Es la hora del poder de las tinieblas.

Jorge Antonio Doré

miércoles, 7 de agosto de 2013

ECOS DEL MISERABILISMO DE BERGOGLIO SÍVORI/FRANCISCO I: COMUNIÓN EN VASOS PLÁSTICOS

Quiso Francisco I que la iglesia fuera más cercana a la gente, más humilde, desapegada a los bienes materiales. Y en la pasada Jornada mundial de la juventud, no se podía contemplar excepciones.
    
NADA DE COPONES DE ORO NI DE PLATA PARA LA COMUNIÓN. MUCHO MENOS DE ALUMINIO DORADO O DE ACERO (porque esos son los que usan en las parroquias conciliares). Las hostias se distribuyeron en ¡vasitos desechables! ASÍ ES, SEÑORAS Y SEÑORES: de esos mismos vasos para el café, como éste:
     
       
Sin más prólogo, mostremos las fotos:
    
REFLEXIONANDO FILOSOFICAMENTE: ¿Así es como respetaron y trataron al Santísimo Sacramento durante esos seis días de fiesta? ¡Perdón!, se nos olvidaba: allá sólo les daban un pedazo de pan, NO EL CUERPO Y LA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. En el Novus Ordo Missae, NO HAY TRANSUBSTANCIACIÓN, porque el Rito es INVÁLIDO Y HERÉTICO, y los sacerdotes que lo ofrecen SON INVÁLIDAMENTE ORDENADOS y PERTENECEN A LA APOSTASÍA. Por eso, es que se dan todas esas cosas, ¡o peores!
      

martes, 30 de julio de 2013

CARTA ENCÍCLICA "Mortálium Ánimos", SOBRE LA VERDADERA UNIDAD RELIGIOSA



"¿Qué entendimiento puede haber entre Cristo y Belial?, ¿o qué unión entre el creyente y el que no cree?"
(II Corintios VI, 15)

Algunos conciliares aseguran que nuestra oposición al diálogo religioso y al ecumenismo no se basan sino en temores irracionales y a un sectario fanatismo. Pero deben saber que desde antiguo está establecido que NINGÚN CATÓLICO DEBE APOYAR A LOS ECUMENISTAS, PUES SON EL RESBALADERO HACIA EL INDIFERENTISMO RELIGIOSO.

Por esta causa, publicamos la encíclica "Mortalium Animos", del Papa Pío XI, en la cual expone que el ecumenismo de "todas las religiones son válidas" es HERÉTICO, Y SUPONE LA IRRUPCIÓN DEL ATEÍSMO; y que el único modo de acercamiento y unidad es LA CONVERSIÓN A LA FE DE LA IGLESIA UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA, FUERA DE LA CUAL ABSOLUTAMENTE NO HAY SALVACIÓN PARA NADIE.

Papa Pío XI
Encíclica "Mortalium Animos"
Acerca de cómo fomentar la VERDADERA unidad religiosa

1. Ansia universal de paz y fraternidad
 
Nunca quizás como en los actuales tiempos se ha apoderado del corazón de todos los hombres un tan vehemente deseo de fortalecer y aplicar al bien común de la sociedad humana los vínculos de fraternidad que, en virtud de nuestro común origen y naturaleza, nos unen y enlazan a unos con otros. 

Porque no gozando todavía las naciones plenamente de los dones de la paz, antes al contrario, estallando en varias partes discordias nuevas y antiguas, en forma de sediciones y luchas civiles y no pudiéndose además dirimir las controversias, harto numerosas, acerca de la tranquilidad y prosperidad de los pueblos sin que intervengan en el esfuerzo y la acción concordes de aquellos que gobiernan los Estados, y dirigen y fomentan sus intereses, fácilmente se echa de ver --mucho más conviniendo todos en la unidad del género humano-, porque son tantos los que anhelan ver a las naciones cada vez más unidas entre sí por esta fraternidad universal. 

2. La fraternidad en religión. Congresos ecuménicos.

Cosa muy parecida se esfuerzan algunos por conseguir en lo que toca a la ordenación de la nueva ley promulgada por Jesucristo Nuestro Señor. Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.

3. Los católicos no pueden aprobarlo. 

Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.

Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.

4. Otro error - La unión de todos los cristianos. - Argumentos falaces
 
Pero donde con falaz apariencia de bien se engañan más fácilmente algunos, es cuando se trata de fomentar la unión de todos los cristianos. ¿Acaso no es justo -suele repetirse- y no es hasta conforme con el deber, que cuantos invocan el nombre de Cristo se abstengan de mutuas recriminaciones y se unan por fin un día con vínculos de mutua caridad? ¿Y quién se atreverá a decir que ama a Jesucristo, sino procura con todas sus fuerzas realizar los deseos que El manifestó al rogar a su Padre que sus discípulos fuesen una sola cosa? (1) y el mismo Jesucristo ¿por ventura no quiso que sus discípulos se distinguiesen y diferenciasen de los demás por este rasgo y señal de amor mutuo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros? (2) ¡Ojalá -añaden- fuesen una sola cosa todos los cristianos! Mucho más podrían hacer para rechazar la peste de la impiedad, que, deslizándose y extendiéndose cada más, amenaza debilitar el Evangelio.

5. Debajo de esos argumentos se oculta un error gravísimo

Estos y otros argumentos parecidos divulgan y difunden los llamados "pancristianos"; los cuales, lejos de ser pocos en número, han llegado a formar legiones y a agruparse en asociaciones ampliamente extendidas, bajo la dirección, las más de ellas, de hombres católicos, aunque discordes entre sí en materia de fe.  
6. La verdadera norma de esta materia.

Exhortándonos, pues, la conciencia de Nuestro deber a no permitir que la grey del Señor sea sorprendida por perniciosas falacias, invocamos vuestro celo, Venerables Hermanos, para evitar mal tan grave; pues confiamos que cada uno de vosotros, por escrito y de palabra, podrá más fácilmente comunicarse con el pueblo y hacerle entender mejor los principios y argumentos que vamos a exponer, y en los cuales hallarán los católicos la norma de lo que deben pensar y practicar en cuanto se refiere al intento de unir de cualquier manera en un solo cuerpo a todos los hombres que se llaman católicos.
7. Sólo una Religión puede ser verdadera: la revelada por Dios.
 
Dios, Creador de todas las cosas, nos ha creado a los hombres con el fin de que le conozcamos y le sirvamos. Tiene, pues, nuestro Creador perfectísimo derecho a ser servido por nosotros. Pudo ciertamente Dios imponer para el gobierno de los hombres una sola ley, la de la naturaleza, ley esculpida por Dios en el corazón del hombre al crearle: y pudo después regular los progresos de esa misma ley con sólo su providencia ordinaria. Pero en vez de ella prefirió dar El mismo los preceptos que habíamos de obedecer; y en el decurso de los tiempos, esto es desde los orígenes del género humano hasta la venida y predicación de Jesucristo, enseñó por Sí mismo a los hombres los deberes que su naturaleza racional les impone para con su Creador. "Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo". (3) Por donde claramente se ve que ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios, revelación que comenzada desde el principio, y continuada durante la Ley Antigua, fue perfeccionada por el mismo Jesucristo con la Ley Nueva. Ahora bien: si Dios ha hablado -y que haya hablado lo comprueba la historia- es evidente que el hombre está obligado a creer absolutamente la revelación de Dios, y a obedecer totalmente sus preceptos. Y con el fin de que cumpliésemos bien lo uno y lo otro, para gloria de Dios y salvación nuestra, el Hijo Unigénito de Dios fundó en la tierra su Iglesia.

8. La única Religión revelada es la de la Iglesia Católica. 

Así pues, los que se proclaman cristianos es imposible no crean que Cristo fundó una Iglesia, y precisamente una sola. Mas, si se pregunta cuál es esa Iglesia conforme a la voluntad de su Fundador, en esto ya no convienen todos. Muchos de ellos, por ejemplo, niegan que la Iglesia de Cristo haya de ser visible, a lo menos en el sentido de que deba mostrarse como un solo cuerpo de fieles, concordes en una misma doctrina y bajo un solo magisterio y gobierno. Estos tales entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, aunque las doctrinas de cada una de ellas sean distintas.

Sociedad perfecta, externa, visible.
 
Pero es lo cierto que Cristo Nuestro Señor instituyó su Iglesia como sociedad perfecta, externa y visible por su propia naturaleza, a fin de que prosiguiese realizando, de allí en adelante, la obra de la salvación del género humano, bajo la guía de una sola cabeza (4), con magisterio de viva voz (5) y por medio de la administración de los sacramentos (6), fuente de la gracia divina; por eso en sus parábolas afirmó que era semejante a un reino (7), a una casa (8), a un aprisco (9), y a una grey (10). Esta Iglesia, tan maravillosamente fundada, no podía ciertamente cesar ni extinguirse, muertos su Fundador y los Apóstoles que en un principio la propagaron, puesto que a ella se le había confiado el mandato de conducir a la eterna salvación a todos los hombres, sin excepción de lugar ni de tiempo: "Id, pues, e instruid a todas las naciones" (11), y en el cumplimiento continuo de este oficio, ¿acaso faltará a la Iglesia el valor ni la eficacia, hallándose perpetuamente asistida con la presencia del mismo Cristo, que solemnemente le prometió: "He aquí que yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos"? (12) Por tanto, la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos, si no queremos decir -y de ello estamos muy lejos- que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella (13). 

9. Un error capital del movimiento ecuménico en la pretendida unión de iglesias cristianas.

Y aquí se Nos ofrece ocasión de exponer y refutar una falsa opinión de la cual parece depender toda esta cuestión, y en la cual tiene su origen la múltiple acción y confabulación el de los católicos que trabajan, como hemos dicho, por la unión de las iglesias cristianas. Los autores de este proyecto no dejan de repetir casi infinitas veces las palabras de Cristo: "Sean todos una misma cosa. Habrá un solo rebaño y un solo pastor" (14), mas de tal manera las entienden, que, según ellos, sólo significan un deseo y una aspiración de Jesucristo, deseo que todavía no se ha realizado. Opinan, pues, que la unidad de fe y de gobierno, nota distintiva de la verdadera y única Iglesia de Cristo, no ha existido casi nunca hasta ahora, y ni siquiera hoy existe: podrá, ciertamente, desearse, y tal vez algún día se consiga, mediante la concordante impulsión de las voluntades; pero en entre tanto, habrá que considerarla sólo como un ideal.
 
"La división" de la Iglesia.
 
Añaden que la Iglesia, de suyo o por su propia naturaleza, está dividida en partes, esto es, se halla compuesta de varias comunidades distintas, separadas todavía unas de otras, y coincidentes en algunos puntos de doctrina, aunque discrepantes en lo demás, y cada una con los mismos derechos exactamente que las otras; y que la Iglesia sólo fue única y una, a lo sumo desde la edad apostólica hasta tiempos de los primeros Concilios Ecuménicos. Sería necesario pues -dicen-, que, suprimiendo y dejando a un lado las controversias y variaciones rancias de opiniones, que han dividido hasta hoy a la familia cristiana, se formule se proponga con las doctrinas restantes una norma común de fe, con cuya profesión puedan todos no ya reconocerse, sino sentirse hermanos; y cuando las múltiples iglesias o comunidades estén unidas por un pacto universal, entonces será cuando puedan resistir sólida y fructuosamente los avances de la impiedad..

Esto es así tomando las cosas en general, Venerables Hermanos; mas hay quienes afirman y conceden que el llamado Protestantismo ha desechado demasiado desconsideradamente ciertas doctrinas fundamentales de la fe y algunos ritos del culto externo ciertamente agradables y útiles, los que la Iglesia Romana por el contrario aún conserva; añaden sin embargo en el acto, que ella ha obrado mal porque corrompió la religión primitiva por cuanto agregó y propuso como cosa de fe algunas doctrinas no sólo ajenas sino más bien opuestas al Evangelio, entre las cuales se enumera especialmente el Primado de jurisdicción que ella adjudica a Pedro y a sus sucesores en la sede Romana.

En el número de aquellos, aunque no sean muchos, figuran también los que conceden al Romano Pontífice cierto Primado de honor o alguna jurisdicción o potestad de la cual creen, sin embargo, que desciende no del derecho divino sino de cierto consenso de los fieles. Otros en cambio aun avanzan a desear que el mismo Pontífice presida sus asambleas, las que pueden llamarse "multicolores". Por lo demás, aun cuando podrán encontrarse a muchos no católicos que predican a pulmón lleno la unión fraterna en Cristo, sin embargo, hallarás pocos a quienes se ocurre que han de sujetarse y obedecer al Vicario de Jesucristo cuando enseña o manda y gobierna. Entre tanto asevera que están dispuestos a actuar gustosos en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual; mas si pudieran actuar no parece dudoso de que lo harían con la intención de que por un pacto o convenio por establecerse tal vez, no fueran obligados a abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo.

10. La Iglesia Católica no puede participar en semejantes uniones. 

Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo.

11. La verdad revelada no admite transacciones. 

¿Y habremos Nos de sufrir -cosa que sería por todo extremo injusta- que la verdad revelada por Dios, se rindiese y entrase en transacciones? Porque de lo que ahora se trata es de defender la verdad revelada. Para instruir en la fe evangélica a todas las naciones envió Cristo por el mundo todo a los Apóstoles; y para que éstos no errasen en nada, quiso que el Espíritu Santo les enseñase previamente toda la verdad (15); ¿y acaso esta doctrina de los Apóstoles ha descaecido del todo, o siquiera se ha debilitado alguna vez en la Iglesia, a quien Dios mismo asiste dirigiéndola y custodiándola? Y si nuestro Redentor manifestó expresamente que su Evangelio no sólo era para los tiempos apostólicos, sino también para las edades futuras, ¿habrá podido hacerse tan obscura e incierta la doctrina de la Fe, que sea hoy conveniente tolerar en ella hasta las opiniones contrarias entre sí? Si esto fuese verdad, habría que decir también que el Espíritu Santo infundido en los apóstoles, y la perpetua permanencia del mismo Espíritu en la Iglesia, y hasta la misma predicación de Jesucristo, habría perdido hace muchos siglos toda utilidad y eficacia; afirmación que sería ciertamente blasfema.

12. La Iglesia Católica depositaria infalible de la verdad. 

Ahora bien: cuando el Hijo Unigénito de Dios mandó sus legados que enseñasen a todas las naciones, impuso a todos los hombres la obligación de dar fe a cuanto les fuese enseñado por los testigos predestinados por Dios (16); obligación que sancionó de este modo: el que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que no creyere será condenado (17). Pero ambos preceptos de Cristo, uno de enseñar y otro de creer, que no pueden dejar de cumplirse para alcanzar la salvación eterna, no pueden siquiera entenderse si la Iglesia no propone, íntegra y clara la doctrina evangélica y si al proponerla no está ella exenta de todo peligro de equivocarse. Acerca de lo cual van extraviados también los que creen que sin duda existe en la tierra el depósito de la verdad, pero que para buscarlo hay que emplear tan fatigosos trabajos, tan continuos estudios y discusiones, que apenas basta la vida de un hombre para hallarlo y disfrutarlo: como si el benignísimo Dios hubiese hablado por medio de los Profetas y de su Hijo Unigénito para que lo revelado por éstos sólo pudiesen conocerlo unos pocos, y ésos ya ancianos; y como si esa revelación no tuviese por fin enseñar la doctrina moral y dogmática, por la cual se ha de regir el hombre durante el curso de su vida moral.  
13. Sin fe, no hay verdadera caridad.

Podrá parecer que dichos "pancristianos", tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos. Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis (18), Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe.

14. Unión irrazonable.

Por tanto, ¿cómo es posible imaginar una confederación cristiana, cada uno de cuyos miembros pueda, hasta en materias de fe, conservar su sentir y juicio propios aunque contradigan al juicio y sentir de los demás? ¿y de qué manera, si se nos quiere decir, podrían formar una sola y misma Asociación de fieles los hombres que defienden doctrinas contrarias, como, por ejemplo, los que afirman y los que niegan que la sagrada Tradición es fuente genuina de la divina Revelación; los que consideran de institución divina la jerarquía eclesiástica, formada de Obispos, presbíteros y servidores del altar, y los que afirman que esa Jerarquía se ha introducido poco a poco por las circunstancias de tiempos y de cosas; los que adoran a Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía por la maravillosa conversión del pan y del vino, llamada "transubstanciación", y los que afirman que el Cuerpo de Cristo está allí presente sólo por la fe, o por el signo y virtud del Sacramento; los que en la misma Eucaristía reconocen su doble naturaleza de sacramento y sacrificio, y los que sostienen que sólo es un recuerdo o conmemoración de la Cena del Señor; los que estiman buena y útil la suplicante invocación de los Santos que reinan con Cristo, sobre todo de la Virgen María Madre de Dios, y la veneración de sus imágenes, y los que pretenden que tal culto es ilícito por ser contrario al honor del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo? (19).

15. Resbaladero hacia el indiferentismo y el modernismo. 

Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o "indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable a la vida de los hombres.

Además, en lo que concierne a las cosas que han de creerse, de ningún modo es lícito establecer aquélla diferencia entre las verdades de la fe que llaman fundamentales y no fundamentales, como gustan decir ahora, de las cuales las primeras deberían ser aceptadas por todos, las segundas, por el contrario, podrían dejarse al libre arbitrio de los fieles; pues la virtud de la fe tiene su causa formal en la autoridad de Dios revelador que no admite ninguna distinción de esta suerte. Por eso, todos los que verdaderamente son de Cristo prestarán la misma fe al dogma de la Madre de Dios concebida sin pecado original como, por ejemplo, al misterio de la augusta Trinidad; creerán con la misma firmeza en el Magisterio infalible del Romano Pontífice, en el mismo sentido con que lo definiera el Concilio Ecuménico del Vaticano, como en la Encarnación del Señor.

No porque la Iglesia sancionó con solemne decreto y definió las mismas verdades de un modo distinto en diferentes edades o en edades poco anteriores han de tenerse por no igualmente ciertas ni creerse del mismo modo. ¿No las reveló todas Dios?

Pues, el Magisterio de la Iglesia el cual por designio divino fue constituido en la tierra a fin de que las doctrinas reveladas perdurasen incólumes para siempre y llegasen con mayor facilidad y seguridad al conocimiento de los hombres aun cuando el Romano Pontífice y los Obispos que viven en unión con él, lo ejerzan diariamente, se extiende, sin embargo, al oficio de proceder oportunamente con solemnes ritos y decretos a la definición de alguna verdad, especialmente entonces cuando a los errores e impugnaciones de los herejes deben más eficazmente oponerse o inculcarse en los espíritus de los fieles, más clara y sutilmente explicados, puntos de la sagrada doctrina. 

Mas por ese ejercicio extraordinario del Magisterio no se introduce, naturalmente ninguna invención, ni se añade ninguna novedad al acervo de aquellas verdades que en el depósito de la revelación, confiado por Dios a la Iglesia, no estén contenidas, por lo menos implícitamente, sino que se explican aquellos puntos que tal vez para muchos aun parecen permanecer oscuros o se establecen como cosas de fe los que algunos han puesto en tela de juicio.

16. La única manera de unir a todos los cristianos. 

Bien claro se muestra, pues, Venerable Hermanos, por qué esta Sede Apostólica no ha permitido nunca a los suyos que asistan a los citados congresos de acatólicos; porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual El mismo la fundó para la salvación de todos. Nunca, en el transcurso de los siglos, se contaminó esta mística Esposa de Cristo, ni podrá contaminarse jamás, como dijo bien San Cipriano: No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia (20). Por eso se maravillaba con razón el santo Mártir de que alguien pudiese creer que esta unidad, fundada en la divina estabilidad y robustecida por medio de celestiales sacramentos, pudiese desgarrarse en la Iglesia, y dividirse por el disentimiento de las voluntades discordes (21). Porque siendo el cuerpo místico de Cristo, esto es, la Iglesia, uno (22), compacto y conexo (23), lo mismo que su cuerpo físico, necedad es decir que el cuerpo místico puede constar de miembros divididos y separados; quien, pues, no está unido con él no es miembro suyo, ni está unido con su cabeza, que es Cristo (24).

17. La obediencia al Romano Pontífice.

Ahora bien, en esta única Iglesia de Cristo nadie vive y nadie persevera, que no reconozca y acepte con obediencia la suprema autoridad de Pedro y de sus legítimos sucesores. ¿No fue acaso al Obispo de Roma a quien obedecieron, como a sumo Pastor de las almas, los ascendientes de aquellos que hoy yacen anegados en los errores de Focio, y de otros novadores?

Alejáronse ¡ay! los hijos de la casa paterna, que no por eso se arruinó ni pereció, sostenida como está perpetuamente por el auxilio de Dios. Vuelvan, pues, al Padre común, que olvidando las injurias inferidas ya a la Sede Apostólica, los recibirá amantísimamente. Porque, si, como ellos repiten, desean asociarse a Nos y a los Nuestros, ¿Por qué no se apresuran a venir a la Iglesia, madre y maestra de todos los fieles de Cristo? (25). Oigan como clamaba en otro tiempo Lactancio: Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero, Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no entre o de él salga, perdido ha la esperanza de vida y de salvaci6n, Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones, Lo que aquí se ventila es la vida y la salvación, a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá (26).

18. Llamamiento a las sectas disidentes. 

Vuelvan, pues, a la Sede Apostólica, asentada en esta ciudad de Roma, que consagraron con su sangre los Príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, a la Sede raíz y matriz de la Iglesia Católica (27); vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y la esperanza de que la Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad (28) abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella. Pluguiese al Cielo alcanzásemos felizmente Nos, lo que no alcanzaron tantos predecesores Nuestros; el poder abrazar con paternales entrañas a los hijos que tanto nos duele ver separados de Nos por una funesta división.

Plegaria a Cristo y a Maria.

Y ojalá Nuestro Divino Salvador, el cual quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad (29), oiga Nuestras ardientes oraciones para que se digne llamar a la unidad de la Iglesia a cuantos están separados de ella.

Con este fin, sin duda importantísimo, invocamos y queremos que se invoque la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Divina Gracia, develadora de todas las herejías y Auxilio de los cristianos, para que cuanto antes nos alcance la gracia de ver alborear el deseadísimo día en que todos los hombres oigan la voz de su divino Hijo, y conserven la unidad del Espíritu Santo con el vínculo de la paz (30).

19. Conclusión y Bendición Apostólica.

Bien comprendéis, Venerables Hermanos, cuánto deseamos Nos este retorno, y cuánto anhelamos que así lo sepan todos Nuestros hijos, no solamente los católicos, sino también los disidentes de Nos; los cuales, si imploran humildemente las luces del cielo, reconocerán, sin duda, a la verdadera Iglesia de Cristo, y entrarán, por fin, en su seno, unidos con Nos en perfecta caridad. En espera de tal suceso, y como prenda y auspicio de los divinos favores, y testimonio de Nuestra paternal benevolencia, a vosotros, Venerables Hermanos, y a vuestro Clero y pueblo, os concedemos de todo corazón la Apostólica Bendición. 

Dado en San Pedro de Roma, el día 6 de enero, fiesta de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo, el año 1928, sexto de Nuestro Pontificado.

Papa Pío XI

NOTAS
 
(1) Juan, 17, 21. (2) Juan, 13, 35
(3) Hebr. 1, 1-2.
(4) Mat. 16, 15.
(5) Marc. 16, 15
(6) Juan 3, 5; 6, 48-59; 20, 22. Juan 18, 18.
(7) Mat. 13, 24, 31, 33, 44, 47.
(8) Ver Mat. 16, 18.
(9) Juan 10, 16.
(10) Juan 21, 15-17.
(11) Mat. 28, 19.
(12) Mat. 28, 20. (13) Mat. 16, 18. (14) Juan 17, 21; 19,16. (15) Juan 16, 13. 
(16) Act. 10, 41. (17) Marc. 16, 16. (18) IIJuan vers. 10. (19) Ver I Tim. 2, 5. (20) San Cipriano. De la Unidad de la Iglesia (Migne P. L. 4, col. 518-519)
(21) San Cipriano. De la Unidad de la Iglesia (Migne P. L. 4, col 519-B y 520-A. (22) I Cor. 12, 12. (23) Efes. 4, 15 (24) Efes. 5, 30; 1, 22. (25) Concilio Lateranense IV, c. 5 (Denz-Umb. 436) (26) Lactancio. Div. Inst. 4, 30. (Corp. Scr. E. Lat., vol. 19, pag. 397, 11-12; Migne P.L. 6, col. 542-B a 543-A). (27) San Cipriano. Carta 38 a Cornelio 3. (Entre las cartas de San Cornelio Papa III; Migne P.L. 3, col. 733-B). (28) I Tim. 3, 15. (29) I Tim. 2, 4. (30) Efes. 4, 3.