El día 25 de Agosto falleció en el Hospital San Ignacio de Bogotá (Colombia) el presbítero jesuita Javier Giraldo Moreno a los 82 años de edad, en resultas de una caída que sufrió en la residencia de los jesuitas en la localidad bogotana de Teusaquillo ocho días antes.
Giraldo Moreno nació en Colombia en el año 1944, hijo de un administrador de un proyecto hidroeléctrico y una artista. En 1965, mientras hacía el noviciado en la Compañía de Jesús, conoció al sacerdote Camilo Torres Restrepo, quien sería su inspiración en el activismo social en el marco de la “Teología de la Liberación” (aunque a diferencia de este, que se hizo guerrillero del ELN y murió en su primer combate, Giraldo lo haría desde el lado civil).
Licenciado en Filosofía y Magíster en Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, fue “instalado” presbítero en el año 1975 y profesó sus últimos votos en 1982, e hizo una especialización en Análisis Regional y Equipamiento del Espacio de la Universidad de París I. Fue durante esa época que, con el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) y un grupo de colombianos exiliados, empezó a liderar en la documentación de casos de desaparecidos por el conflicto armado interno y la acción estatal.
En 1988 cofundó la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz y, entre 1989 y 1991, fue secretario para América Latina del Tribunal Permanente de los Pueblos. Además, fue comisionado en 2016 por la mesa de diálogo del Gobierno nacional y las entonces FARC en La Habana para escribir un informe sobre las causas del conflicto armado en Colombia.
Giraldo Moreno siempre puso su mira contra las fuerzas militares y de policía acusándolos vehementemente en todos escenarios por crímenes (reales o supuestos, no vamos a entrar en debates) acaecidos en ocasión de la lucha contra los grupos terroristas de izquierda como las FARC o el ELN (donde militó y murió en combate su amado Camilo Torres, cuyos restos no cejó en buscar durante muchos años hasta inhumarlos en la Universidad Nacional de Colombia, con veladoras y todo cual si de un santo mártir se tratara), de cuyas tropelías y crueldades él no decía ni la mitad de las palabras. Ahora, él comparece ante un Juez inexorable y justo que no hace acepción de personas como él hizo, y su sentencia inapelable está dictada por apóstata y pro-comunista:
QUE SU ALMA ARDA EN EL INFIERNO POR TODA LA ETERNIDAD.

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