El obispón auxiliar de la archidiócesis de Córdoba (Argentina) Ricardo Orlando “Cherus” Seirutti García (“instalado” presbítero el 6 de Octubre de 1988 por el cardenal Raúl Francisco Primatesta Sambucetti, y obispón el 18 de Diciembre de 2015 por Carlos José Ñáñez) ha sido castigado por el Vaticano después de un proceso judicial canónico sobre las quejas de dos adultos por una conducta oficialmente descrita como “impropia de su ministerio episcopal”.
“Cherus” Seirutti nació de Orlando Juan Seirutti y Narcisa García Sánchez en Buenos Aires el 31 de julio de 1956 y se trasladó de niño con su familia a Alta Gracia, en la provincia de Córdoba. Antes de entrar en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Loreto estudió Ciencias Químicas, Teatro y Profesorado de Inglés en la Universidad Nacional de Córdoba y trabajó durante un tiempo en una fábrica, experiencia en la que, según su biografía oficial, descubrió su “vocación”.
Seirutti también sirvió como vicario general de la Archidiócesis de Córdoba; y en la Conferencia Episcopal Argentina, formaba parte de la Comisión Episcopal para el Apostolado Laico y Pastoral Familiar y de la Comisión de Pastoral Universitaria.
Francisco Bergoglio lo nombró obispón titular de Bela (cerca de Kalpaki, Grecia) y auxiliar de la archidiócesis de Córdoba en 2015. En 2018, participó como padre sinodal con derecho a voto en el Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento, en representación del episcopado argentino.
En una entrevista con Vatican News durante aquella asamblea, Seirutti defendió que los jóvenes «quieren caminar con la Iglesia» porque «son una respuesta para otros jóvenes», insistió en el acompañamiento como necesidad central de la pastoral juvenil y lamentó la escasez de acompañantes preparados, fueran sacerdotes, religiosos o laicos. Un discurso en línea con el mantra bergogliano “Iglesia en salida”, sin salirse del guión sinodal.
Según la Archidiócesis de Córdoba, las denuncias de dos adultos llevaron al Dicasterio para la Doctrina de la Fe a ordenar un proceso judicial canónico ante el Tribunal Interdiocesano de Buenos Aires, en lugar de un proceso administrativo canónico como en otras ocasiones.
El procedimiento se concluyó en las últimas semanas con sanciones contra el obispón Seirutti, que ha sido privado de sus cargos de obispón auxiliar y vicario general. Durante cinco años, se le prohíbe recibir nombramientos formales o nuevos oficios durante los próximos cinco años, así como escuchar confesiones (excepto en peligro de muerte).
Con todo, se le permite celebrar la cena y administrar los otros sacramentos.
La archidiócesis anunció la decisión ayer 2 de Octubre, sin revelar los hechos específicos establecidos por el tribunal, cuándo se presentaron las denuncias, si los denunciantes eran personas vulnerables o guardaban alguna relación de dependencia con Seirutti, o si el caso fue puesto en conocimiento de la justicia seglar argentina.
«Ofrecemos nuestra cercanía y perdón a las personas afectadas, a la vez que renovamos el compromiso de continuar trabajando para que todas las acciones de nuestra Iglesia particular sean acordes con el Evangelio», concluye pro forma el comunicado.
Tres años antes, estuvo en otra polémica: en una carta, pidió a la legisladora provincial y presidenta del Jurado de Enjuiciamiento Julieta Rinaldi, al fiscal general provincial Juan Manuel Delgado y al Tribunal Superior de Justicia (TSJ) provincial que el juez Francisco Martín Flores, magistrado de Primera Instancia del Juzgado Civil y Comercial de 27.ª Nominación de Córdoba Capital, no fuera removido de su cargo luego que la exesposa dél lo acusó de abuso y de violencia doméstica. La misiva fue tan controversial que a Seirutti le tocó aclarar que era a título personal, sin aprobación de su superior el cardenal Ángel Sixto Rossi Ruiz SJ, y al final no sirvió de nada: Flores fue destituido de su cargo y condenado en 2024 a seis años de prisión domiciliaria.

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