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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 5 de agosto de 2018

MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (DÍA 5)

Basado en el libro “El Corazón Admirable de la Madre de Dios”, de San Juan Eudes.
  
 
CONDICIONES
En uno de los días del mes de agosto, se ha de confesar y comulgar con la mayor preparación y disposición que fuese posible; y será bueno ayunar algún día a la honra de Nuestra Señora. Y procure mantenerse con una gran pureza de cuerpo y alma, andando con especial cuidado de evitar toda culpa y particularmente contraria a la castidad, que es virtud angélica. Quien fuera de esto hiciere limosnas y otras buenas obras en reverencia a esta gran Señora, la obligará más a que interceda ante Dios para que alcance lo que desea, si conviniere para su salvación, y sino le alcanzará de su Majestad otra cosa mejor y más conveniente para la Bienaventuranza eterna.
 
ACTO DE REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA (Para todos los días)
¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.
 
Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.
 
Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.
  
JACULATORIAS
¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
  
MEDITACIÓN DEL DÍA QUINTO
No sin motivo, ciertamente, llama el Espíritu Santo a la Virgen bienaventurada: “Signum magnum”, milagro estupendo. Y con toda propiedad los Santos Padres la atribuyen y refieren de Ella un sin fin de parecidas cualidades. San Ignacio mártir, la llama “prodigio del Cielo, sagrado y muy sagrado espectáculo, digno de los ojos de Dios y de la justa admiración de los hombres y de los Ángeles”. San Germán, patriarca de Constantinopla se expresa en estos términos: “Todo es en vos maravilloso, todo grande. ¡Oh Madre de Dios!, y vuestras maravillas superan todo pensar y decir”. ¿No oís a San Juan Crisóstomo publicar a todos los vientos que esta divina Virgen ha sido y será eternamente Magnum miráculum, “un magno milagro”? (Sermo De Vírgine). San Epifanio nos anuncia que María es “maravilloso misterio de Cielos y tierra, y prodigioso milagro” digno de extasiar al universo mundo. “¡Oh Virgen sacratísima -sigue diciendo este Santo Padre-, Vos habéis puesto en arrobamiento a los ejércitos todos de Ángeles; porque ver una mujer vestida de sol en el cielo, es un prodigio que arroba a todos los habitantes del Cielo; ver a una mujer en la tierra llevar al sol entre sus brazos es una maravilla digna de extasiar a todo el universo» (Sermo De Láudibus Deíparæ). San Basilio, Obispo de Seleucia, habla de este modo: “Jamás vi -dice- sobre la tierra un prodigio que haya tenido algún parecido: un Hijo que es Padre de su Madre, un Hijo que es infinitamente de más edad que la Madre que lo dio a luz”. Están resonando en mis oídos las palabras de San Juan Damasceno, cuando nos declara que la Madre del Salvador es “El milagro de los milagros”; “tesoro y fuente de milagros”; “abismo de prodigios”; y que si el divino Poder ha hecho infinidad de obras maravillosas anteriormente a la Virgen, no venían a ser, por así decirlo, más que pequeños ensayos y preparativos hasta llegar al milagro de los milagros que se ha cumplido en esta divina Virgen. Era menester que se sucediesen todos estos milagros para llegar a la maravilla de las maravillas. Y por fin San Andrés, Arzobispo de Candía, nos asevera que, después de Dios, María es el hontanar de todas las maravillas que han venido verificándose en el universo; y que Dios ha hecho en Ella tales y tan numerosas maravillas, que sólo Él es capaz de conocerlas perfectamente y alabarlas como se merecen.
  
Se piden las gracias que se desean alcanzar durante este mes.
  
DEPRECACIONES (Para todos los días)
  1. Oh Corazón de María, compadeceos de los incrédulos; despertad a los indiferentes; dad la mano a los desesperados; convertid a los blasfemos y profanadores de los días del Señor. Ave María.
  2. Oh Corazón de María, aumentad la fe de los pueblos; fomentad la piedad; sostened las familias verdaderamente católicas; apagad los odios y venganzas en que se abrasa el mundo. Ave María.
  3. Oh Corazón de María, convertid a los mundanos, purificad a los deshonestos, volved al buen camino a tantas víctimas del vicio y del error. Ave María.
  4. Oh Corazón de María, convertid a todos los pecadores de la Iglesia; dirigid a patronos y obreros; iluminad con luz celestial a los malos escritores y gobernantes para que vengan a la luz de Cristo; convertid y santificad a los malos católicos. Ave María.
  5. Oh Corazón de María, suscitad muchos y santos Sacerdotes y Misioneros que trabajen en la conversión de los pecadores y en la salvación de las almas de todo el mundo, y dadnos a todos la perseverancia final en el santo amor y temor de Dios. Así sea. Ave María.
  
ORACIÓN FINAL
Oh Inmaculado Corazón de María, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea.

sábado, 4 de agosto de 2018

MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (DÍA 4)

Basado en el libro “El Corazón Admirable de la Madre de Dios”, de San Juan Eudes.
  
 
CONDICIONES
En uno de los días del mes de agosto, se ha de confesar y comulgar con la mayor preparación y disposición que fuese posible; y será bueno ayunar algún día a la honra de Nuestra Señora. Y procure mantenerse con una gran pureza de cuerpo y alma, andando con especial cuidado de evitar toda culpa y particularmente contraria a la castidad, que es virtud angélica. Quien fuera de esto hiciere limosnas y otras buenas obras en reverencia a esta gran Señora, la obligará más a que interceda ante Dios para que alcance lo que desea, si conviniere para su salvación, y sino le alcanzará de su Majestad otra cosa mejor y más conveniente para la Bienaventuranza eterna.
 
ACTO DE REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA (Para todos los días)
¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.
 
Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.
 
Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.
  
JACULATORIAS
¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
  
MEDITACIÓN DEL DÍA CUARTO
¿No es cosa singularmente admirable y admirablemente singular ver a una criatura producir a quien le ha creado, dar el ser a quien es el Ser, y la vida a aquél de quien la recibió? ¿Ver una estrella que produce al sol, una Virgen que da a luz y es Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, siendo a la vez Hermana y Esposa, Hija y Madre de su Padre? ¿No es extraordinariamente prodigioso ver a una hija de Adán pecador engendrar al Santo de los Santos, engendrar a Dios, ser Madre del mismo Hijo que tiene a Dios por Padre y puede decirle: “Tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado?” (Hebr. 5, 5.). ¿No excede toda admiración el ver a una criatura mortal y pasible hacer lo que para Dios es imposible? ¿No es cierto que Dios no puede, de por sí y por propia y natural virtud, engendrar a un Hijo que sea Dios como Él y hombre como nosotros: Dios infinito, inmenso, inmortal, inmutable, eterno, invisible, impasible, y hombre mortal, visible y pasible? Ciertamente. Sin género de duda, Dios no puede hacer esto. Y sin embargo, ¿no es verdad que nuestra admirable María al engendrar este mismo Hijo, engendra a un tiempo a un Dios y a un hombre: Dios igual a su Padre en dignidad, poder y majestad; y un hombre semejante a nosotros en impotencia, indigencia y debilidad? ¿No es para extasiar a Cielos y tierra eternamente ver a una Virgen de quince años recluir en sus entrañas a Quien los cielos no bastan para comprender; amamantar con su virginal leche al que es la vida eterna y principio de toda vida; reposar en su seno al que es la virtud, el poder de Dios, y que eternamente está reposando en el seno adorable de su Padre; llevar en sus brazos a quien da origen a todas las cosas con la virtud de su palabra; conservar, regir y gobernar al que es Criador, conservador y gobernador del universo; y tener poder y autoridad de Madre sobre el Hijo único de Dios, que es Dios como su Padre, y que por toda la eternidad ha estado sin dependencia alguna de su Padre?: porque si a partir de la Encarnación quedó sometido al Padre como lo está a su Madre, fue la misma Encarnación la que dio a este Padre divino la autoridad de que antes carecía sobre Él; y por ello ha sido entregado, sometido al poder de su Padre. ¡Cuántos prodigios y milagros! ¡Cuántas cosas grandes y maravillosas!
  
Se piden las gracias que se desean alcanzar durante este mes.
  
DEPRECACIONES (Para todos los días)
  1. Oh Corazón de María, compadeceos de los incrédulos; despertad a los indiferentes; dad la mano a los desesperados; convertid a los blasfemos y profanadores de los días del Señor. Ave María.
  2. Oh Corazón de María, aumentad la fe de los pueblos; fomentad la piedad; sostened las familias verdaderamente católicas; apagad los odios y venganzas en que se abrasa el mundo. Ave María.
  3. Oh Corazón de María, convertid a los mundanos, purificad a los deshonestos, volved al buen camino a tantas víctimas del vicio y del error. Ave María.
  4. Oh Corazón de María, convertid a todos los pecadores de la Iglesia; dirigid a patronos y obreros; iluminad con luz celestial a los malos escritores y gobernantes para que vengan a la luz de Cristo; convertid y santificad a los malos católicos. Ave María.
  5. Oh Corazón de María, suscitad muchos y santos Sacerdotes y Misioneros que trabajen en la conversión de los pecadores y en la salvación de las almas de todo el mundo, y dadnos a todos la perseverancia final en el santo amor y temor de Dios. Así sea. Ave María.
  
ORACIÓN FINAL
Oh Inmaculado Corazón de María, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea.

VISIÓN DE SANTO DOMINGO Y DE SAN FRANCISCO

“Visión de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán” (Zacarías González Velázquez y Tolosa, Museo del Prado).
   
Refiere el beato Santiago de Vorágine en su Leyenda Dorada este episodio de la vida de Santo Domingo de Guzmán:
Un fraile menor, que había sido compañero de San Francisco durante muchos años, relató a muchos de los frailes de la Orden de Predicadores que cuando Santo Domingo estaba en Roma para la confirmación de su orden por el papa, vio en una noche a Jesucristo en el aire, sosteniendo tres lanzas en su mano (hambre, peste y guerra), y blandiéndolas contra el mundo, y su Madre corrió aprisa hacia Él, y le preguntó qué iba a hacer.
 
Y Él le respondió: «Todo el mundo está lleno de vicios, de soberbia, de lujuria y de abaricia, y por eso lo voy a destruir con estas tres grandes lanzas».
 
Entonces la Santísima Virgen se postró a sus pies y le dijo: «Hijo querido, ten piedad, y detén tu ira por tu misericordia».
  
Y Jesucristo le dijo: «¿No ves cuántos errores e injurias me hacen?».
  
Y Ella le respondió: «Hijo, atempera tu ira y deténla un poco, tengo un verdadero siervo y un noble luchador contra los vicios, que ha de recorrer todo el mundo y lo conquistará, y lo pondrá bajo tu señorío, y he de darles otro siervo en su ayuda que luchará como él hace».
  
Y nuestro Señor, su Hijo, dijo: «Estoy sosegado y recibo tu oración, pero debería ver a quién enviarás a tan grande oficio».
  
Entonces Ella le presento a Santo Domingo, y Jesucristo dijo: «Verdaderamente este es un buen y noble luchador, y hará tan dillgentemente lo que tú has dicho».
  
Luego Ella le mostró a Él y ofrecióle a San Francisco de Asís, y él lo elogió tanto como el primero.
  
Santo Domingo consideró diligentementene a su compañero en esa visión, porque nunca lo había visto antes, y lo encontró en el de la iglesia, y sabiendo que él que lo había visto en la visión sin otra compañía, y comenzó a besarlo y dijo: «Tú eres mi compañero, tú debes correr conmigo, y estaremos juntos, y ningún adversario nos superará».
  
Y luego él le relató en su orden las visiones que tuvo, y desde entonces ellos fueron un solo corazón y una sola alma en nuestro Señor, y ordenó que esta caridad debería guardarse como perdurable por aquellos que vengan después.

Abrazo de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán

viernes, 3 de agosto de 2018

ENSEÑANZA CATÓLICA SOBRE LA PENA DE MUERTE

Traducción del artículo publicado en la sección “¿Cómo explicas estas creencias Católicas Tradicionales?” de TRADITIO. Las citas bíblicas son traducidas siguiendo la versión de Mons. Félix Torres Amat.
  
   
La enseñanza de la Iglesia desde los primeros siglos, como está representada, por ejemplo, en los escritos de San Agustín, Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica, parte II-IIæ, Cuestión 64, Artículo 2), y San Alfonso Ligorio (todos ellos Doctores de la Iglesia), como también en la Encíclica Casti Connúbii del Papa Pío XI, es que la sociedad tiene la autoridad para infligir penas sobre sus miembros, e incluso privarle la vida a un criminal, por la necesidad del bien común: (1) primeramente, para vindicar el orden moral y expiar el crimen, (2) segundamente, para defenderse a sí misma, (3) para disuadir a otros posibles ofensores, y (4) para reformar al criminal o impedir futuros crímenes.
      
Santo Tomás de Aquino iguala a un peligroso criminal con un miembro infectado, haciendo «laudable y saludable» matar al criminal a fin de impedir el avance de la infección y salvaguardar el bien común. Los verdaderos Católicos no pueden equivocarse siguiendo al Doctor Universal y Principal Teólogo de la Iglesia.
   
El Papa Pío XII, en un discurso (Ce premier Congrès/Este primer Congreso) sobre los límites morales de la investigación y tratamiento médicos al I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema Nervioso, llevado a cabo en Roma el 13 de Septiembre de 1952, contrasó el derecho a la vida con el bien de la vida en el caso de un criminal justamente condenado:
«Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del “derecho” del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del “bien” de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su “derecho” a la vida». (Acta Apostólicæ Sedis XLIV (1952), pág. 787)
  
El dogmático Concilio de Trento decretó: «[Bien fundado es] el derecho y el deber de la legítima autoridad pública para castigar a los malechores por medio de penas conmensuradas con la gravedad del crimen, sin excluir, en casos de extrema gravedad, la pena de muerte». En el Catecismo de dicho Concilio, esta doctrina es más extensa:
«Otra suerte de muerte permitida es la que pertenece a aquellos magistrados, a quienes está dada potestad de quitar la vida, en virtud de la cual castigan a los malhechores según el orden y juicio de las leyes, y defienden a los inocentes. Ejerciendo justamente este oficio, tan lejos están de ser reos de muerte, que antes bien guardan exactamente esta ley divina que manda no matar. Porque como el fin de este mandamiento es mirar por la vida y salud de los hombres, a eso mismo se encaminan también los castigos de los magistrados que son los vengadores legítimos de las maldades, a fin de que reprimida la osadía y la injuria con las penas, esté segura la vida de los hombres». (Catecismo del Concilio de Trento, #688)
  
Debería señalarse que vindicar el orden moral no significa tomar venganza sobre el criminal, sino imponer sobre el criminal algún acto de pérdida o de sufrimiento como forma de compensación para enderezar el equilibrio de justicia. De tal castigo “vindicativo”, el Papa Pío XII declaró:
«Nos habíamos entonces afirmado que no sería justo el rechazar en principio y totalmente la funcióne de la pena vindicativa. Mientras el hombre esté sobre la tierra, también esta pena puede y debe servir  a su eterna salvación, siempre que él mismo no ponga obstáculo a la eficacia salutífera de la pena misma» (Discurso a la Unión de Juristas Católicos de Italia, 5 de Diciembre de 1954. En Acta Apostólicæ Sedis, XLVI, pág. 67).
   
Dados estos propósitos, una ejecución puede tener lugar si se reúnen las siguientes condiciones: (a) la culpa del prisionero es cierta; (b) el crimen es de mayor gravedad; (c) la pena es infligida después de un debido proceso por la autoridad del estado, no por individuos privados o por linchamiento, y (d) al prisionero le han dado la oportunidad de hacer las paces con Dios.
   
Dados estos criterios, los Católicos pueden diferir en sus juicios prudenciales sobre si una sociedad particular necesita emplear la pena capital para su propia protección. Decir que es errónea per se o sin justificación alguna es contrario a la enseñanza tradicional de la Iglesia. Un Católico no puede añadir sus juicios prudenciales a la lista de doctrinas de la Iglesia y prescribirlos como obligatorios. Sin embargo, el Estado puede siempre decidir conmutar la pena merecida.
    
Debería advertirse que los criminales atroces no son personas inocentes (como los niños no nacidos), sino que ante el derecho natural son objetivamente culpables de graves crímenes contra el bien común. Como explicara el Papa Pío XII:
«Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del “derecho” del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del “bien” de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su “derecho” a la vida».
  
Nuestro Señor mismo confirma esta potestad de la pena capital en la entrevista con Pilato antes de su Crucifixión:
«Por lo que Pilato le dice: “¿A mí no me hablas? ¿Pues no sabes que está en mi mano el crucificarte, y en mi mano está el soltarte?”. Respondió Jesús: “No tendrías poder alguno sobre mí, SI NO TE FUERA DADO DE ARRIBA...”». (Juan 19, 10-11)
   
Él también parece hablar sobre lo apropiado de la pena capital en otro pasaje:
«Mas quien escandalizare a uno de estos parvulillos que creen en mí, mejor le sería que le colgasen del cuello una de esas piedras de molino que mueve un asno, y así fuese sumergido en el profundo del mar» (Mateo 18, 6 / Biblia de Mons. Félix Torres Amat).
   
El principio es también representado en las palabras de San Dimas, el Buen Ladrón en la cruz al lado de Cristo, quien fue crucificado por robo (las versiones inglesas Douay-Rheims y la Confraternidad de la Doctrina Cristiana -como también las de Mons. Félix Torres Amat y la de Mons. Felipe Scío de San Miguel en lengua española- traducen el griego “kakoúrgōn” (κακούργων) en Lucas 23, 39 como “ladrones”, pero es realmente más general que eso; “malhechores” sería la traducción literal o, más generalmente, “criminales”). Él le dice a su colega criminal que está al otro lado de Cristo:
«¿Cómo, ni aun tú temes a Dios, estando como estás en el mismo suplicio? Y NOSOTROS A LA VERDAD ESTAMOS EN ÉL JUSTAMENTE, PUES PAGAMOS LA PENA MERECIDA POR NUESTROS DELITOS; pero éste ningún mal ha hecho». (Lucas 23, 40-41).
   
No debe olvidarse que la pena de muerte, como cualquier pena criminal, sirve como forma de expiación. Es por eso que las prisiones son llamadas penitenciarías. Como observa Santo Tomás en la Suma Teológica: «Mors illáta, étiam pro crimínibus, áufert totam pœnam pro crimínibus debítam in ália vita, vel partem pœnæ, secúndum quantitátem culpæ, patiéntiæ et contritiónis, non autem mors naturális» (La muerte infligida como pena por los delitos borra toda la pena debida por ellos en la otra vida, o por lo menos parte de la pena en proporción a la culpa, el padecimiento y la contrición. La muerte natural, sin embargo, no la borra). Además, en el caso de la pena capital, la pena expiatoria refleja el pecado de aquél cuyo grave crimen ha causado que pierda el derecho a la vida.

MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (DÍA 3)

Basado en el libro “El Corazón Admirable de la Madre de Dios”, de San Juan Eudes.
  
 
CONDICIONES
En uno de los días del mes de agosto, se ha de confesar y comulgar con la mayor preparación y disposición que fuese posible; y será bueno ayunar algún día a la honra de Nuestra Señora. Y procure mantenerse con una gran pureza de cuerpo y alma, andando con especial cuidado de evitar toda culpa y particularmente contraria a la castidad, que es virtud angélica. Quien fuera de esto hiciere limosnas y otras buenas obras en reverencia a esta gran Señora, la obligará más a que interceda ante Dios para que alcance lo que desea, si conviniere para su salvación, y sino le alcanzará de su Majestad otra cosa mejor y más conveniente para la Bienaventuranza eterna.
 
ACTO DE REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA (Para todos los días)
¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.
 
Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.
 
Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.
  
JACULATORIAS
¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
  
MEDITACIÓN DEL DÍA TERCERO
María está envuelta en el sol eterno de la divinidad, en las perfecciones de la divina esencia que de tal manera la invade, llena y compenetra, que se ve plenamente transformada en la luz, sabiduría, poder, bondad, santidad de Dios, y en todas las otras grandezas, como vamos a ver luego ampliamente.

Tiene la luna bajo sus pies, para indicar que todo el Universo está debajo de Ella, no teniendo más que a Dios por encima de sí, y que todas las cosas están bajo su absoluto dominio.
  
La corona de doce estrellas representa las virtudes que en ella resplandecen soberanamente; los misterios de su vida, que vienen a ser otros tantos astros que brillan con mayor luminosidad que las lumbreras del firmamento; figura también los privilegios y prerrogativas con que Dios la ha distinguido, la menor de las cuales sobrepasa sin comparación cuanto de más brillante pueda haber en el Cielo; asimismo representa a todos los Santos del Cielo y de la tierra, que son su gloria y su corona con más razón aún que los Filipenses eran el gozo y la corona de San Pablo (Filip. 4, 1).
  
Pero ¿por qué motivo le ha dado el Espíritu Santo esta cualidad: “Signum magnum”, “un gran prodigio”? Sin duda para darnos a entender que es del todo milagrosa; para publicar por doquier las maravillas de que está llena; para exponerla a los ojos de los moradores de Cielos y tierra como un espectáculo de admiración, y hacerla objeto de embeleso a los Ángeles y a los hombres.
   
Con idéntico fin este divino Espíritu hace prorrumpir en su honor por el mundo entero y por boca de todos los fieles, este glorioso elogio: Mater admirábilis. ¡Oh Madre admirable, con cuánta razón sois así llamada! Porque realmente sois admirable en todas las cosas y de todas las formas.
  
Se piden las gracias que se desean alcanzar durante este mes.
  
DEPRECACIONES (Para todos los días)
  1. Oh Corazón de María, compadeceos de los incrédulos; despertad a los indiferentes; dad la mano a los desesperados; convertid a los blasfemos y profanadores de los días del Señor. Ave María.
  2. Oh Corazón de María, aumentad la fe de los pueblos; fomentad la piedad; sostened las familias verdaderamente católicas; apagad los odios y venganzas en que se abrasa el mundo. Ave María.
  3. Oh Corazón de María, convertid a los mundanos, purificad a los deshonestos, volved al buen camino a tantas víctimas del vicio y del error. Ave María.
  4. Oh Corazón de María, convertid a todos los pecadores de la Iglesia; dirigid a patronos y obreros; iluminad con luz celestial a los malos escritores y gobernantes para que vengan a la luz de Cristo; convertid y santificad a los malos católicos. Ave María.
  5. Oh Corazón de María, suscitad muchos y santos Sacerdotes y Misioneros que trabajen en la conversión de los pecadores y en la salvación de las almas de todo el mundo, y dadnos a todos la perseverancia final en el santo amor y temor de Dios. Así sea. Ave María.
  
ORACIÓN FINAL
Oh Inmaculado Corazón de María, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea.

jueves, 2 de agosto de 2018

“SOR LUCÍA” DEL VATICANO ¡ES UNA IMPOSTORA! (COMPROBADO POR INVESTIGADORES)

Tal vez alguno de nuestros lectores se acuerde de nuestro artículo EL TERCER SECRETO DE FÁTIMA: VERDADES SILENCIADAS Y MENTIRAS OFICIALES, publicado el 13 de Mayo de 2017, donde decíamos que a Sor Lucía de Fátima la ocultaron por miedo a revelar el verdadero Tercer Secreto de Fátima (e incluso la asesinaron a fines de Octubre de 1958) y que en su lugar presentaron a la impostora “Sor Lucía de Coímbra”, quien fue compañía obligada para todos los antipapas conciliares que viajaban a Fátima (Portugal).
  
Pues actualmente, a iniciativa del doctor Peter Chojnowski PhD, un equipo científico se dedicó a analizar las fotografías existentes, y ayer se conoció un resultado general (los detalles serán publicados en unas semanas): ¡NO SON LA MISMA PERSONA! Dicho de otra manera, se confirma la hipótesis del impostaje realizado por órdenes del Vaticano conciliar y con la complicidad de la jerarquía eclesiástica portuguesa y de la Orden Carmelita Descalza (del Novus Ordo) para legitimar, en últimas, a la Seudoiglesia y su Secreto falso.
  
A continuación traducimos la noticia publicada en NOVUS ORDO WIRE informando sobre esto, uniéndonos al reconocimiento al Dr. Chojnowski y a la expectación sobre los resultados finales de la investigación.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
2 de Agosto de 2018
Fiesta de San Alfonso María de Ligorio, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia; y de Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Getafe y Costa Rica; y aniversario de la dedicación de la Basílica de Santa María de los Ángeles (“La Porciúncula”).
   
¡BOMBAZO! EXPERTOS EN RECONOCIMIENTO FACIAL PRUEBAN QUE LA “HERMANA LUCÍA” DEL NOVUS ORDO VATICANO ERA UNA IMPOSTORA
¡Atrapados! ¡Estudio científico prueba que el Vaticano mintió!
 
  
Damas y caballeros, hay grandes noticias: Un equipo de expertos profesionales en reconocimiento facial ha concluído una investigación científica sobre la pregunta de si Sor Lucia dos Santos de Fátima, uno de los tres niños a los cuales Nuestra Señora se apareció en 1917, es de hecho la misma mujer que el Vaticano presentó como una adherente del Vaticano II y los “papas” conciliares desde 1958 hasta su propia muerte en 2005.
 
Los resultados están listos y pueden ser resumidos en dos palabras: ¡ROTUNDAMENTE NO!
  
El siguiente anuncio fue recién publicado en el blog del Dr. Peter Chojnowski, que inició este proyecto:
Ahora puedo publicar los resultados generales de las pruebas de reconocimiento facial que han sido realizadas usando la más actualizada tecnología disponible, analizados por los técnicos en software más sofisticados, y organizados y analizados por un investigador experto.
  
“Lo único similar era el hábito”, fueron las palabras que escuché del investigador en nuestra conversación telefónica sobre el resultado. Más detalles sobre las tecnicidades del resultado seguirán a este anuncio inicial.
  
Por recomendación, no revelaré el nombre de los investigadores, los nombres de las compañías involucradas, o los nombres de los programas usados. [Sí puedo decir que] ellos son los mejores. Ellos están trabajando en un informe comprensivo y definido sobre los resultados y será publicao en las semanas venideras. Quiero evitar cualquier interferencia en la investigación. Luego de que el informe final de reconocimiento facial esté completo, se lanzará la segunda fase de la investigación, que será encontrar la identidad de la Impostora y lo que le sucedió a nuestra querida Sor Lucía dos Santos.
  
Más información, pronto.
 
(Peter Chojnowski, “Fraud: Facial Recognition Technology With 2,400 Picture Comparisons Shows Sister Lucy I (Pre-1958) and Sister Lucy II (Post-1958) are Definitely NOT the Same Person” - Fraude: Comparación de 2400 imágenes con tecnología de reconocimiento facial muestra que Sor Lucía I (Pre-1958) y Sor Lucía II (Post-1958) definitivamente NO son la misma persona-, RadTrad Thomist, 1 de Agosto de 2018)
 
Las repercusiones potenciales, una vez sea publicada la evidencia profesional, son difíciles de estimar. Primero que todo, ¡significa que toda la versión Novus Ordo de Fátima está perdida, destruida! Las entrevistas, las apariciones públicas, el alegado testimonio de “Sor Lucía”…¡es todo perdido! ¡Poof!
  
Esto también tendrá un gran impacto sobre el Fátima Center fundado hace muchos años por el “P.” Nicholas Gruner. Mucho de su contenido, de su mensaje, de su teología, de sus análisis y avisos, ¡está basado en un fraude ahora documentado y probado! Por supuesto que esto no era sabido por los individuos involucrados con el Centro, pero ese no es el punto. ¡El punto es que mucho de su material es ahora apto para el cubo de basura!
  
Así que la “Sor Lucía” del Novus Ordo es falsa. Amigos, si los modernistas están deseosos de ir a tales extremos para darle creencia a su religión del Vaticano II y seguirlo, ¿es realmente difícil de creer que ellos han estado presentando “Papas” impostores también?
 
Quizás ahora el siguiente vídeo reciba más atención que antes:
 
  
No compartimos este vídeo para argumentar que el Cardenal Giuseppe Siri fue de hecho un Papa elegido, solamente muestra que cosas muy serias y siniestras han tenido lugar, cosas que debemos aún descubrir para derribar por entero la secta modernista y su diabólica subversión de la verdadera Iglesia Católica.
 
La verdadera Sor Lucía (izquierda), y la impostora (derecha)
 
¡Kudos (enhorabuena) al Dr. Peter Chojnowski por sacar este proyecto explosivo fuera del estadio! Aunque por muchos años las personas han estado especulando de que la “Sor Lucía” del Novus Ordo  probablemente no es la verdadera Sor Lucía dos Santos, fue Chojnowski quien tomó la iniciativa de fundar una organización no lucrativa, Sister Lucy Truth (La verdad de Sor Lucía), para resolver definitivamente esta cuestión contratando expertos para conducir un análisis científico profesional.
 
Los resultados están listos y serán hechos públicos en las próximas semanas. Os mantendremos informados sobre esta historia explosiva.
   
Por ahora, preparad palomitas de maíz y celebrad: ¡El Vaticano modernista ha sido trincado!

MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (DÍA 2)

Basado en el libro “El Corazón Admirable de la Madre de Dios”, de San Juan Eudes.
  
 
CONDICIONES
En uno de los días del mes de agosto, se ha de confesar y comulgar con la mayor preparación y disposición que fuese posible; y será bueno ayunar algún día a la honra de Nuestra Señora. Y procure mantenerse con una gran pureza de cuerpo y alma, andando con especial cuidado de evitar toda culpa y particularmente contraria a la castidad, que es virtud angélica. Quien fuera de esto hiciere limosnas y otras buenas obras en reverencia a esta gran Señora, la obligará más a que interceda ante Dios para que alcance lo que desea, si conviniere para su salvación, y sino le alcanzará de su Majestad otra cosa mejor y más conveniente para la Bienaventuranza eterna.
 
ACTO DE REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA (Para todos los días)
¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.
 
Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.
 
Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.
  
JACULATORIAS
¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
  
MEDITACIÓN DEL DÍA PRIMERO
“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.
 
Jesús, Hijo único de Dios e Hijo único de María, al escoger a esta Virgen incomparable entre las demás criaturas por Madre nutricia y Señora, y al dárnosla, en su infinita bondad, por Reina, Madre y refugio en toda necesidad, ha querido que la honremos como Él la honra y que la amemos con el amor con que Él la ama. Y, pues, la ha exaltado y honrado sobre todos los hombres y sobre todos los Ángeles, quiere que también nosotros la rindamos mayor respeto y veneración que a los Ángeles y a los hombres. Y, pues, es nuestra cabeza y nosotros miembros suyos que debemos estar animados de su espíritu, seguir sus inclinaciones, caminar por sus sendas, y continuar su vida en la tierra cultivando las virtudes por Él practicadas, desea igualmente que nuestra devoción hacia su divina Madre sea una prolongación de la que El le profesó, es decir, que procuremos en nosotros los sentimientos de honra, de sumisión Y amor que en este mundo observó para con Ella y que ha de observar por toda la eternidad en el Cielo. La Virgen ha ocupado y ocupará siempre el primer puesto en su Corazón siendo, como hasta ahora por toda la eternidad, el objeto primero de su amor, después del Padre Eterno. Y ansía, por tanto, que después de Dios, sea ella el principal objeto de nuestras devociones y el primero de nuestra veneración. Así es que, después de los servicios que a su Divina Majestad debemos, ninguno tan grato ni mejor podemos hacerle que servir y honrar a su dignísima Madre.
  
Se piden las gracias que se desean alcanzar durante este mes.
  
DEPRECACIONES (Para todos los días)
  1. Oh Corazón de María, compadeceos de los incrédulos; despertad a los indiferentes; dad la mano a los desesperados; convertid a los blasfemos y profanadores de los días del Señor. Ave María.
  2. Oh Corazón de María, aumentad la fe de los pueblos; fomentad la piedad; sostened las familias verdaderamente católicas; apagad los odios y venganzas en que se abrasa el mundo. Ave María.
  3. Oh Corazón de María, convertid a los mundanos, purificad a los deshonestos, volved al buen camino a tantas víctimas del vicio y del error. Ave María.
  4. Oh Corazón de María, convertid a todos los pecadores de la Iglesia; dirigid a patronos y obreros; iluminad con luz celestial a los malos escritores y gobernantes para que vengan a la luz de Cristo; convertid y santificad a los malos católicos. Ave María.
  5. Oh Corazón de María, suscitad muchos y santos Sacerdotes y Misioneros que trabajen en la conversión de los pecadores y en la salvación de las almas de todo el mundo, y dadnos a todos la perseverancia final en el santo amor y temor de Dios. Así sea. Ave María.
  
ORACIÓN FINAL
Oh Inmaculado Corazón de María, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea.

MISA DE LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES DE LA PORCIÚNCULA)

Del Misal Romano-Seráfico.
 
Die 2 Augustii
IN DEDICATIONE PATRIARCHALIS BASILICÆ SANCTÆ MARIÆ ANGELORUM DE PORTIUNCULA
Duplex I classis.
  
Introitus. Prov. 8, 34-35. Beátus homo qui áudit me, et qui vigílat ad fores meas quotídie, et obsérvat ad postes óstii mei. Qui me invenérit, invéniet vitam, et háuriet salútem a Dómino. (T.P. Allelúja, allelúja.) Ps. 44, 2. Eructávit cor meum verbum bonum: dico ego ópera mea regi. ℣. Glória Patri.
  
Et dicitur Glória in excélsis.
  
ORATIO
Deus, qui per sanctíssimam Genitrícem tuam, super Angelórum choros exaltátam, homínibus dispensári bona cuncta voluísti; per ipsam tríbue nobis, de tibi consecráte ejus Æde memóriam agéntibus; ut nunc peccatórum indulgéntiam et gratiárum cópiam impetrémus, ac tandem beatórum spírituum consórtium et gáudium cœléstis mansiónis habeámus: Qui vivis et regnas...
  
Léctio libri Sapientiæ.
Eccli. 24, 21-31.
 
Ego quasi Líbanus non incísus vaporávi habitatiónem meam, et quasi bálsamum non mistum odor meus. Ego quasi terebínthus exténdi ramos meos, et rami mei honóris et grátiæ. Ego quasi vitis fructificávi suavitátem odóris: et flores mei fructus honóris et honestátis. Ego mater pulchræ dilectiónis, et timóris, et agnitiónis, et sanctæ spei. In me grátia omnis viæ et veritátis: in me omnis spes vitæ et virtútis. Transíte ad me, omnes qui concupiscitis me, et a generatiónibus meis implémini: spíritus enim meus super mel dulcis, et hæréditas mea super mel et favum. Memória mea in generatióne sæculórum. Qui edunt me, adhuc esúrient, et qui bibunt me, adhuc sítient. Qui áudit me non confundétur, et qui operántur in me non peccábunt: qui elúcidant me, vitam ætérnam habébunt.
  
Graduale. Prov. 8, 20. In viis justítiæ ambúlo, in médio semitárum judícii ut ditem diligéntes me, et thesáuros eórum répleam.
℣. Ezech. 37, 26-27. Fundábo eos, et multiplicábo, et dabo sanctificatiónem meam in médio eórum in perpétuum. Et erit tabernáculum meum in eis: et ero eis Deus, et ipsi erunt mihi pópulus.
 
Allelúja, allelúja. Tob. 13, 17. Exsultáte Deo, adjutóri nostro, jubiláte Deo Jacob: súmite psalmum jucúndum cum cíthara. Allelúja.
  
Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur: 
Tractus. Luc. 1, 46-50. Magníficat ánima mea Dóminum: et exsultávit spíritus meus in Deo salutári meo.
℣. Quia respéxit humilitátem ancíllæ suæ: ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes.
℣. Quia fecit mihi magna qui potens est: et sanctum nomen ejus, et misericórdia ejus a progénie in progénies timéntibus eum.
  
Tempore autem Paschali, omissis Graduali et Tractu, dicitur:
Allelúja, allelúja.
℣. Isa. 55, 3. Inclináte áurem vestram, et veníte ad me; audíte, et vivet ánima vestra, allelúja.
℣. Baruch 4, 37. Ecce enim véniunt filii tui, quos dimisísti dispérsos: véniunt collécti ab oriénte usque ad occidéntem, in verbo Sancti, gaudéntes in honórem Dei, allelúja.
  
✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.
Luc. 1, 26-38.
 
In illo témpore: Missus est Angelus Gábriel a Deo in civitátem Galilǽæ, cui nomen Názareth, ad Vírginem desponsátam viro, cui nomen erat Joseph, de domo David. et nomen Vírginis María. Ei ingréssus Angelus ad eam, dixit: Ave, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus. Quæ cum audísset, turbáta est in sermóne ejus: et cogitábat, qualis esset ista salutátio. Et ait Angelus ei: Ne tímeas, María, invenísti enim grátiam apud Deum: ecce, concípies in útero et páries fílium, et vocábis nomen ejus Jesum. Hic erit magnus, et Fílius Altíssimi vocábitur, et dabit illi Dóminus Deus sedem David, patris ejus: et regnábit in domo Jacob in ætérnum, et regni ejus non erit finis. Dixit autem María ad Angelum: Quómodo fiet istud, quóniam virum non cognósco? Et respóndens Angelus, dixit ei: Spíritus Sanctus supervéniet in te, et virtus Altíssimi obumbrábit tibi. Ideóque et quod nascétur ex te Sanctum, vocábitur Fílius Dei. Et ecce, Elísabeth, cognáta tua, et ipsa concépit fílium in senectúte sua: et hic mensis sextus est illi, quæ vocátur stérilis: quia non erit impossíbile apud Deum omne verbum. Dixit autem María: Ecce ancílla Dómini, fiat mihi secúndum verbum tuum.
  
Et dicitur Credo.
   
Offertorium. Judith 13, 31. Benedícta tu a Deo tuo in omni tabernáculo Jacob, quóniam in omni gente quæ audíerit nomen tuum, magnificábitur super te Deus Israël.
 
SECRETA
Múnera devotiónis nostræ, Dómine, quæ, recenséntes dicátam tibi beátæ Maríæ Vírginis Ædem offérimus: accedéntibus ípsius Vírginis méritis, nobis et incommódia nostræ infirmitátis amóveant, ac lárgius dona tuæ virtútis impéndant. Per Dóminum.
  
Præfatio de Beátæ Maríæ Vírginis. Et te in Veneratióne:
Vere dignum et justum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubique grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: Et te in Veneratióne beátæ Maríæ semper Vírginis collaudáre, benedícere et prædicáre. Quæ et Unigénitum tuum Sancti Spíritus obumbratióne concépit: et, virginitátis glória permanénte, lumen ætérnum mundo effúdit, Jesum Christum, Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cœli cœlorúmque Virtútes ac beáta Séraphim sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces ut admitti jubeas, deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:
  
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cœli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
    
Communio. Luc 1, 28. Ave, María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus. Allelúja.
  
POSTCOMMUNIO
Recoléntibus, Dómine, consecrátam tibi beátæ Maríæ Vírginis Ædem prosit cœléste convívium ut ejúsdem Vírginis ope, dígnius imménsam in nos Fílii tui misericórdiam celebrémus, et dilectiónem erga eum perpétuam nutriámus: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

miércoles, 1 de agosto de 2018

LOS SUFRAGIOS NO APROVECHAN A LOS CONDENADOS AL INFIERNO

Surgió gran polémica porque algunos criticaban el hecho de que se afirme con seguridad en las notas necrológicas sobre los enemigos de la Iglesia que ellos están bajo condenación eterna, hasta el punto de acusarnos de jansenistas y fariseos sólo porque señalamos que en el fuero externo no dieron señales de arrepentimiento y conversión, y porque reiteramos que por ellos no se debe rezar en sufragio. Frente a esta situación, es importante traer a colación la doctrina Católica sobre el tema, y a este fin, publicamos este artículo escrito por el Angélico Santo Tomás de Aquino.
 
En el Infierno, ninguna redención es posible.
  
¿LOS SUFRAGIOS APROVECHAN A LOS QUE ESTÁN EN EL INFIERNO?
  
Objeciones por las que parece que los sufragios aprovechan a los que están en el Infierno:
  1. Según consta de este pasaje de la Escritura (II Mac. XII, 40), donde se dice que debajo de las túnicas de los que habían sido muertos, hallaron las ofrendas a los ídolos prohibidas por la ley a los judíos; y sin embargo despues se añade, que Judas envió a Jerusalen doce mil dracmas de plata para que se ofreciese sacrificio por los pecados de los que habían muerto. Consta, empero, que pecaron mortalmente aquellos, obrando contra la ley, y en este concepto que habían muerto en pecado mortal, y que por tanto fueron trasladados a los infiernos. Luego los sufragios aprovechan a los que están en el infierno.
  2. En el libro 4 de las Sentencias de Pedro Lombardo, distinción 45, consta por las palabras de San Agustin (Manual sobre la Fe, Esperanza y Caridad, cap. CX), que «a los que aprovechan los sufragios o les aprovechan, para que el perdón sea pleno, o para que les sea más tolerable su condenación». Pero solamente se dicen condenados los que están en el Infierno. Luego también á los que existen en el Infierno, aproyechan los sufragios.
  3. Dice San Dionisio (De la Jerarquía Eclesiástica, cap. último): «si las oraciones de los justos obran tanto aquí y según esta vida, ¿cuánto más obrarán despues de la muerte en aquellos que son dignos de las oraciones sagradas?». De lo cual puede colegirse que los sufragios aprovechan más á los muertos que á los vivos. Pero también aprovechan á los vivos, que están en pecado mortal, pues la Iglesia ora diariamente por los pecadores, á fin de que se conviertan á Dios. Luego también valen los sufragios á los muertos que están en pecado mortal.
  4. En las vidas de los Padres (libro 3, núm. 172; y libro 6, núm. 16), se lee que también el Damasceno en un sermón suyo (De los Difuntos) refiere que Macario habiendo encontrado en la vía el cráneo de un difunto, hizo oracion para saber a quien había pertenecido aquella cabeza; y esta le respondió que había sido de un sacerdote gentil, que estaba condenado en el Infierno; y sin embargo, confesó que la plegaria de Macario le había ayudado a él y a otros [1]. Luego los de la Iglesia aprovechan áun a los que están en el infierno.
  5. Refiere el mismo Damasceno en el dicho sermón, que rogando San Gregorio por Trajano, oyó una voz divina que le dijo: «oí tu voz y concedo el perdón a Trajano». Todo el Oriente y Occidente atestiguaron este hecho, añade este santo doctor (ibid). Pero consta que Trajano estuvo en el Infierno, «puesto que había hecho perecer cruelmente á muchos mártires»; como dice allí mismo el Damasceno. Luego los sufragios de la Iglesia valen también para los que están en el Infierno.

Contra esto, dice San Dionisio (De la Jerarquía Eclesiástica, cap. VII): «el sumo sacerdote no ora por los inmundos, puesto que en esto se apartaría del orden divino»; y añade a continuación, que no «pide el perdón por los pecadores, porque no sería oído en favor de ellos». Luego los sufragios no valen para los que están en el Infierno. Ademas, dice San Gregorio (Morália, o Exposición sobre Job, libro 34, cap. XVI): «la causa por la que no se ora entonces, esto es, despues del día del Juicio, por los hombres condenados al fuego eterno, es la misma que hace que no se ore por el diablo, y los ángeles destinados al suplicio eterno; y la misma que hace que los santos no rueguen por los infieles e impíos que han muerto; pues respecto de estos saben que fueron condenados al suplicio eterno, y no quieren llevar ninguno el mérito de su oracion ante la presencia del justo juez». Luego los sufragios no valen para los que moran en el infierno. Ademas, en el libro IV de las Sentencias, dist. 45 consta por las palabras de San Agustín (sermón 32, De las palabras de los Apóstoles), que los que mueren sin la fe, que obra por el amor, y sin los sacramentos de ella, en vano se les impide por los suyos tales deberes. Pero todos los condenados son tales. Luego no les aprovechan los sufragios. Conclusión. 1º No puede ser que se quite la pena, sin que sea antes expiada la culpa. 2º La gloria consiste esencial y radicalmente en el alma, como igualmente la miseria de los condenados; y por tanto no puede disminuirse la pena de estos, como ni ser aumentada la gloria de los santos en cuanto al premio esencial. 3º Es más seguro decir simplemente que los sufragios no aprovechan a los condenados, ni la Iglesia entiende orar por ellos. 

Responderemos que acerca de los condenados hubo tres opiniones; algunos dijeron que en esto debe distinguirse de dos modos: 1º. en cuanto al tiempo, diciendo que despues del día del Juicio nadie que esté en el Infierno será ayudado por sufragio alguno, pero que antes del día del Juicio algunos son ayudados por los sufragios de la Iglesia; 2º. en cuanto a las personas detenidas en el Infierno, entre las que decían haber algunos muy malos, esto es, los que murieron sin la fe ni los sacramentos, y a los tales no pueden aprovechar los sufragios de la Iglesia, porque no pertenecieron a ella ni por el mérito ni en cuanto al número; otros no hay muy malos, esto es, los que fueron de la Iglesia numéricamente y teniendo la fe, habiendo recibido los sacramentos, y haciendo algunas obras del género de las buenas; y a los tales deben aprovechar los sufragios de la Iglesia. Pero se presentaba a los que seguían esta opinion una duda que les perturbaba, esto es, porque parecía resultar de esto que, siendo la pena de Infierno finita según la intensidad, aunque infinita en duración, multiplicándose los sufragios, aquella pena se quitaría totalmente, lo cual es el error de Orígenes (De los principios, libro 1, cap. VI). Y por esto quisieron eludir este inconveniente de muchas maneras. Al efecto Prepositivo dijo que tanto pueden multiplicarse los sufragios por los condenados, que se encuentren libres de toda pena, no en absoluto, como supuso Orígenes, sino por algún tiempo, esto es, hasta el día del Juicio; pues entonces, reunidas de nuevo las almas a los cuerpos, reentrarán en las penas del Infierno sin esperanza de perdón. Pero esta opinion parece repugnar a la Providencia divina, que nada desordenado deja en las cosas. Mas la culpa no puede ser ordenada sino por la pena; por lo que no puede ser que se quite la pena, sin que sea expiada antes la culpa.
  
Y por esto, permaneciendo continuamente la culpa en los condenados, su pena en manera alguna se interrumpirá; y por esto los Porretanos [2] imaginaron otro modo diciendo que se procede por los sufragios en la diminución de la pena, como se procede en la división de las líneas, las que, siendo finitas, pueden sin embargo dividirse hasta lo infinito, y jamás son consumidas por la división, mientras se haga la sustracción, no según la misma cantidad, sino según la misma proporcion; como si primero se quita la cuarta parte del todo, y despues la cuarta de aquella cuarta, y así sucesivamente hasta el infinito. Igualmente dicen que por el primer sufragio se disminuye en algún tanto la parte de pena, y por el segundo se disminuye una parte de la que queda según la misma proporcion. Pero este modo es defectuoso bajo muchos puntos de vista: primero, porque la división infinita que conviene a la cantidad continua, no parece poder ser aplicable a la cantidad espiritual; segundo, porque no hay razón alguna para que el segundo sufragio disminuya ménos de la pena que el primero, si es de igual valor; tercero, porque la pena no puede ser disminuida, si no se disminuye también la culpa, como ni ser quitada, si no lo es esta; cuarto, porque en la división de la línea se llega al fin a lo imperceptible al sentido; porque el cuerpo sensible no es divisible hasta lo infinito; y así se seguiría que despues de muchos sufragios la pena remanente no se sentiría a causa de su pequeñez, y así no sería pena. Por lo cual otros hallaron otro modo. Al efecto Guillermo Altisiodorense (Sentencias, libro 4, tratado 14, cap. I) dijo, que los sufragios aprovechan a los condenados, no por la diminución o interrupción de la pena, sino por la confortación del paciente: como si un hombre llevara una carga pesada y se le echase agua al rostro: pues en este caso sería confortado para llevarla mejor, sin que por eso se hiciera en nada más ligera la carga. Pero esto no puede sostenerse tampoco, porque alguno está más o ménos gravado con el fuego eterno, como dice San Gregorio (Morália, libro 9, cap. XXXIX), según el mérito de su culpa: y de aquí es que por el mismo fuego unos son más abrasados y otros ménos. Luego, permaneciendo la culpa de los condenados sin inmutarse, no puede ser que sufra una pena más leve.
  
Ademas, tal opinion es presuntuosa, como contraria y vana a los dichos de los Santos, sin apoyo de autoridad alguna; y es irracional, ya porque los condenados en el Infierno se hallan fuera del vínculo de la caridad, según la que las obras de los vivos se continúan para con los difuntos, ya porque llegaron totalmente al término de la vida, recibiendo la última retribución por sus méritos, como también los Santos que están en el Cielo; porque lo que queda todavía de la pena o de la gloria del cuerpo, no les da la condicion de viadores; puesto que la gloria consiste esencial y radicalmente en el alma, como igualmente la miseria de los condenados. Y por tanto, no puede disminuirse la pena de estos, como ni ser aumentada la gloria de los santos en cuanto al premio esencial. Sin embargo, podría sostenerse de cierta manera el modo que alguuos establecen para explicar cómo los sufragios aprovechan a los condenados: como si se dijera que no les aprovechan en cuanto a la diminución o interrupción de la pena, ni en cuanto a la diminución de la sensación de esta, sino porque por estos sufragios se les sustrae alguna materia de dolor que podría existir en ellos, si se vieran de tal modo despreciados que no se tuviese por ellos cuidado alguno; cuya materia de dolor se les sustrae cuando se hacen por ellos sufragios. Pero esto no puede aceptarse tampoco, según la ley común; porque, como dice San Agustín en De la piedad con los difuntos, cap. 13 (lo cual es verdadero principalmente acerca de los condenados), que «no ven las cosas que se hacen o suceden en esta vida a los hombres». Por consiguiente, no saben cuándo se hacen por ellos los sufragios, a ménos que superiormente a la ley común se les dé divinamente este remedio a alguuos condenados, lo cual es de todo punto incierto. Por lo tanto es más seguro [3] decir simplemente que los sufragios no aprovechan a los condenados, ni la Iglesia entiende orar por ellos, según es notorio por las autoridades aducidas.

Respuestas a las objeciones:
  • Al argumento primero diremos, que no fueron encontradas en aquellos muertos las ofrendas de los ídolos, de manera que pueda sacarse una prueba de que las llevaban por reverencia a los ídolos; sino que las tomaron como vencedores, porque les eran debidas por derecho de la guerra. Y sin embargo, pecaron venialmente por avaricia; por lo que no fueron condenados al Infierno, y en este sentido podían aprovecharles los sufragios. O debe decirse según algunos, que viendo que les amenazaba peligro en el combate mismo, se arrepintieron del pecado, según aquello (Salmo LXXVII, 34): cuando los mataba, le buscaban: y esto puede juzgarse con probabilidad, y por eso fue hecha oblación en favor de ellos.
  • Al segundo, que en aquellas palabras la condenación se toma en sentido lato por cualquier castigo, de tal suerte que se incluya también la pena del Purgatorio, que es expiada a veces totalmente por los sufragios y otras no, pero se disminuye.
  • Al tercero, que en este concepto más bien es aceptado el sufragio en favor del muerto que por el vivo, porque más lo necesita, puesto que no puede auxiliarse a sí mismo, como puede el vivo; pero en otro concepto el vivo es de mejor condicion, porque puede pasar del estado de la culpa mortal al estado de gracia, lo cual no puede decirse de los muertos, y por esto no hay la misma razón de orar por los vivos que por los difuntos.
  • Al cuarto, que aquel auxilio no consistía en que se disminuyese su pena, sino únicamente, como allí se dice, en que orando él se les concedía el que mutuamente se viesen; y en esto no tenían un gozo verdadero, sino fantástico, mientras se cumplía lo que deseaban, como se dice también que los demonios se regocijan, mientras atraen los hombres al pecado, aun por esto en nada se disminuya su pena, como ni se disminuye el gozo de los ángeles porque se diga que se compadecen de nuestros males.
  • Al quinto, que del hecho de Trajano [4] puede también pensarse con probabilidad, que por las preces del Bienaventurado Gregorio fue llamado otra vez a la vida; y que así consiguió la gracia, por la cual tuvo la remisión de los pecados, y por consiguiente la inmunidad de la pena; como también se ve en todos aquellos que fueron milagrosamente resucitados, de los cuales consta haber sido muchos idólatras y condenados. De todos los tales conviene decir igualmente que no estaban destinados finalmente al Infierno, sino según la justicia presente de sus propios méritos. Mas según causas superiores por las que se preveían que habían de ser llamados a la vida, se debía disponer de ellos de otra manera. O debe decirse, según algunos, que el alma de Trajano no fue librada absolutamente del reato de la pena eterna, sino que su pena fue suspendida por tiempo, esto es, hasta el dia del Juicio. Sin embargo, no es preciso que esto se haga comúnmente por los sufragios, porque hay unas cosas que acontecen por ley común y otras que son concedidas especialmente a algunos por privilegio, como unos son los límites de las cosas humanas y otros los signos de las virtudes divinas, según dice San Agustín en De la piedad con los difuntos, cap. XVI.
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, Suplemento de la tercera parte, cuestión LXXI, art. 5. Traducción de Hilario Abad de Aparicio, doctor in utróque juris. Madrid, imprenta de José Moya, año 1883 (tomo V), págs. 380-383.
  
NOTAS
[1] Tiénese por fabulosa esta narración, pues no se encuentra en la Historia Lausiaca de Paladio de Galacia, a la cual se refiere aquel autor. 
[2] Estos son los discípulos de Gilberto, apellidado Porretano, obispo de Poitiers, condenado por este y otros errores en el concilio de Reims por el papa Inocencio II.
[3] Asi habla el Santo por pur a modestia, según observa el cardenal Cayetano; pues por lo demás, las otras opiniones están condenadas y en este artículo por el Angélico cumplidamente deshechas.
[4] Sobre estos hechos tan singulares pueden consultarse: (Anales, año 601), San Roberto Belarmino (Del Purgatorio, libro 11, cap. VIII), Dionisio Petavio (De los Ángeles, libro 3º, caps. VI-VII) y otros autores. Bástanos consignar que el Santo Doctor habla de estos hechos, no como quien afirma, sino como quien duda, pues en la Sentencia 1ª, distinción 41, cuestión 2ª. art. 2 dice, que después de trescientos años Trajano fue acaso resucitado. Esto en cuanto al Santo Doctor. Pero las obras de San Gregorio Niseno, según confesión de Nicéforo y Focio, fueron interpoladas por los origenistas; y por consiguiente los testimonios que de la oración contra ellos predicada puedan deducirse, carecen de autenticidad. Y en conclusión; aunque así no fuese el testimonio de alguno que otro Padre, ilusionado al principio por los errores origenistas, pero que no continuaron en él, como demuestra Petavio, esos dichos aislados, repetimos, y más aún los hechos que se citan nada prueban contra la doctrina general de la Iglesia, ni el unánime sentir de toda la Tradición católica

MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (DÍA 1)

Basado en el libro “El Corazón Admirable de la Madre de Dios”, de San Juan Eudes.
  
 
CONDICIONES
En uno de los días del mes de agosto, se ha de confesar y comulgar con la mayor preparación y disposición que fuese posible; y será bueno ayunar algún día a la honra de Nuestra Señora. Y procure mantenerse con una gran pureza de cuerpo y alma, andando con especial cuidado de evitar toda culpa y particularmente contraria a la castidad, que es virtud angélica. Quien fuera de esto hiciere limosnas y otras buenas obras en reverencia a esta gran Señora, la obligará más a que interceda ante Dios para que alcance lo que desea, si conviniere para su salvación, y sino le alcanzará de su Majestad otra cosa mejor y más conveniente para la Bienaventuranza eterna.
 
ACTO DE REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA (Para todos los días)
¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.
 
Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.
 
Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.
  
JACULATORIAS
¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
  
MEDITACIÓN DEL DÍA PRIMERO
“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.
 
Jesús, Hijo único de Dios e Hijo único de María, al escoger a esta Virgen incomparable entre las demás criaturas por Madre nutricia y Señora, y al dárnosla, en su infinita bondad, por Reina, Madre y refugio en toda necesidad, ha querido que la honremos como Él la honra y que la amemos con el amor con que Él la ama. Y, pues, la ha exaltado y honrado sobre todos los hombres y sobre todos los Ángeles, quiere que también nosotros la rindamos mayor respeto y veneración que a los Ángeles y a los hombres. Y, pues, es nuestra cabeza y nosotros miembros suyos que debemos estar animados de su espíritu, seguir sus inclinaciones, caminar por sus sendas, y continuar su vida en la tierra cultivando las virtudes por Él practicadas, desea igualmente que nuestra devoción hacia su divina Madre sea una prolongación de la que El le profesó, es decir, que procuremos en nosotros los sentimientos de honra, de sumisión Y amor que en este mundo observó para con Ella y que ha de observar por toda la eternidad en el Cielo. La Virgen ha ocupado y ocupará siempre el primer puesto en su Corazón siendo, como hasta ahora por toda la eternidad, el objeto primero de su amor, después del Padre Eterno. Y ansía, por tanto, que después de Dios, sea ella el principal objeto de nuestras devociones y el primero de nuestra veneración. Así es que, después de los servicios que a su Divina Majestad debemos, ninguno tan grato ni mejor podemos hacerle que servir y honrar a su dignísima Madre.
  
Se piden las gracias que se desean alcanzar durante este mes.
  
DEPRECACIONES (Para todos los días)
  1. Oh Corazón de María, compadeceos de los incrédulos; despertad a los indiferentes; dad la mano a los desesperados; convertid a los blasfemos y profanadores de los días del Señor. Ave María.
  2. Oh Corazón de María, aumentad la fe de los pueblos; fomentad la piedad; sostened las familias verdaderamente católicas; apagad los odios y venganzas en que se abrasa el mundo. Ave María.
  3. Oh Corazón de María, convertid a los mundanos, purificad a los deshonestos, volved al buen camino a tantas víctimas del vicio y del error. Ave María.
  4. Oh Corazón de María, convertid a todos los pecadores de la Iglesia; dirigid a patronos y obreros; iluminad con luz celestial a los malos escritores y gobernantes para que vengan a la luz de Cristo; convertid y santificad a los malos católicos. Ave María.
  5. Oh Corazón de María, suscitad muchos y santos Sacerdotes y Misioneros que trabajen en la conversión de los pecadores y en la salvación de las almas de todo el mundo, y dadnos a todos la perseverancia final en el santo amor y temor de Dios. Así sea. Ave María.
  
ORACIÓN FINAL
Oh Inmaculado Corazón de María, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea.

EL ODIO DE MONS. BORTIGNON AL PADRE PÍO Y A FRAY LEOPOLDO

Traducción del artículo publicado en GLORIA.TV.
  
Girolamo Bartolomeo Bortignon Loro OFM Cap.

Mons. Bortignon, capuchino, Obispo de Belluno-Feltre y después de Padua, fue el enemigo declarado del Padre Pío. Fue un enemigo visible, público, que no celaba su aversión y diría incluso su odio por su cofrade capuchino del Gargano; Bortignon intentó cancelar los grupos de oración del Padre Pío en su diócesis, persiguió a sus principales responsables, los sacerdotes que amaban al fraile, y su hostilidad llegó hasta a calumniar al Padre Pío intentando demoler su fama de hombre de Dios y de santo fraile. Sin embargo, Mons. Bortignon provenía de una conocida familia católica que había dado 4 sacerdotes a la Iglesia. Él nació en 1905 con el nombre de Bartolomeo Bortingon, 15.º de 16 hijos de Ángelo Bortignon y Lucía Loro. En 1915, inicia el año del noviciado en Bassano del Grappa, después pasa al convento de Thiene. En 1925, va a Roma a estudiar teología en la Universidad Gregoriana. Tres años después, es ordenado sacerdote, termina los estudios de teología dogmática y retorna a la Provincia capuchina de Venecia donde es destinado a los estudios teológicos. En el 1935, Bortignon es electo IV Definidor; tres años más tarde, jovencísimo, es electo Ministro Provincial y reelecto incluso tres años después. En 1944, va a Roma donde Pío XII firma el decreto dea su nombramiento como Obispo titular de Lidda y Administrador Apostólico de las diócesis de Belluno y Feltre. En 1949, se convierte en Obispo de Padua, donde permanece hasta 1982. El fraile-obispo Bortignon viene descrito como austero, incisivo, seguro interiormente, amante de Cristo, de la Iglesia y de la Orden capuchina; culto y con una predisposición al mando. Pero hay también contradicciones: «Alguno lo define como uno de los protagonistas de la “primavera” del Concilio Vaticano II; algunos otros dicen que el Concilio fue acogido por el Obispo Girolamo con una cierta fatiga. Alguien dice que fue un anticipador de los tiempos; otros que estuvo más bien ligado al pasado. Aliguno lo califica de agudo conocedor de las personas, otro en cambio dice que era un obispo que tenía cierta dificultad en el diálogo. (…). Sin embargo, creo que sea verdad que “de su episcopado en Padua hablarán luengo los historiadores”»[1]. «La fama de Bortignon había comenzado a difundirse en toda Italia en los años en que había gobernado la Provincia monástica Véneta. Entre los Capuchinos confiados a sus cuidados paternales estaba el Padre Leopoldo Mandić, un pequeño fraile que el cielo había colmado de gracias. Nacido en Castelnuovo (Herceg Novi, Montenegro) en 1886, el Padre Leopoldo había muy pronto revelado los tesoros de su propia alma y la gente advertía la bondad y la caridad y el profundo rigor moral que inspiraban todas sus palabras y acciones. En 1923, cuando comenzaron a desencadenarse las persecuciones contra el Padre Pío, este pequeño fraile valiente no dudó en levantar su propia voz en defensa del cofrade tan odiado, diciendo: “Dios lo ha signado; los estigmas hablan por sí solos: ¿Qué más queréis?”. Sus cofrades y sus Superiores, antes del arribo de Bortignon, amaban al pequeño fraile, de hecho, cuando él fue destinado a Fiume, el Obispo, mons. Elia Dalla Costa Dal Balcon, suplicó y obtuvo del Provincial Capuchino, padre Odorico de Pordenone, el dejarlo en Padua para bien de la diócesis y de sus fieles. Innumerables son los testimonios de altas personalidades vaticanas y de humildes fieles sobre los grandes dones celestiales de los que estaba lleno el Padre Leopoldo, sobre la profundidad de su doctrina, sobre la limpidez de su existencia, sobre firmeza de su moral. Tenía la facultad de leer en los corazones y en las conciencias de quienes iban a él, y sus profundas previsiones se revelaban siempre exactas. Pero, después de tantos años de bien, de continua oración, de ininterrumpida penitencia, la última fase de la misión de este Siervo de Dios fue contrasellada por durísimos padecimientos, por humillaciones atroces. Todo comenzó en el 1938, cuando Girolamo Bortignon fue electo Provincial en Venecia, y el Padre Leopoldo devino en súbdito de él. Bortignon tenía la necesidad de probar a prisa y con empeño la propia vocación de destruir y hacer sufrir a cualquiera que pudiese involuntariamente poner en sombra a su persona, dentro de la Orden Capuchina. El Padre Leopoldo le proporcionó una excelente ocasión para practicar, en vista de los pasos que lo esperaban contra el Padre Pío y sus hijos espirituales. No solamente Bortignon fue el único en entrenarse. El Secretario Provincial a su lado, por todos los seis años de su mandato como Provincial, fue aquel Padre Clemente de Santa María in Punta que devino después en el directo responsable de la última persecución al Padre Pío hasta su muerte. Bortignon, por tanto, se puso enseguida a la obra. Su primer acto fue desaconsejar a todos los estudiantes capuchinos de irse a confesar con el P. Leopoldo y de ponerse bajo su dirección espiritual. Y quien iba a confesarse con él, era considerado rebelde, desobediente y fanático por Bortignon y por el padre Clemente. El Padre Leopoldo fue acusado de ser un laxista, que no conocía y no sabía aplicar las más elementales normas de la moral católica y que, por tanto, debía ser considerado no un educador, sino un confesor que deformaba las almas y desviaba las mentes de los fieles. Así, el Padre Leopoldo, pocos años antes de morir, para poder continuar confesando, debía afrontar la confusión y la humillación de someterse a los exámenes de moral. Pero, en torno al convento de la Santa Cruz en Padua había nacido un movimiento espiritual intensísimo, innumerables almas en la celda del Padre Leopoldo habían reencontrado la Fe, llanto y sus pecados, y formulado sus propósitos de sincera vida cristiana. Mas para Bortignon todo esto era solo fanatismo. De hecho, aún en 1957, durante el Sínodo diocesano, afirmó ante casi mil sacerdotes que en torno al Padre Leopoldo nacía el fanatismo. Bortignon, por otra parte, sabía que no se puede iniciar una causa de beatificación de una persona donde se demuestre que esta haya sido objeto de veneración y de culto por parte de los fieles. Y esta fue el arma que usó por mucho tiempo en contra del P. Leopoldo. Cuando el Padre Leopoldo murió y se comenzó a hablar de su proceso de beatificación, Bortignon llegó a decir: “¡Antes de llegar a esto, el Padre Leopoldo ha de vérselas conmigo!”. Y no era un tipo de amenazas vacías. El proceso de beatificación del P. Leopoldo, de hecho, afrontó una injustificada suspensión, hasta que finalmente los documentos, los testimonios y las pruebas se revelaron definitivamente más fuertes incluso que el rencor de mons. Bortignon y el proceso pudo recomenzar»[2]. Este odio y esta persecución Bortignon la reversó, en seguida, sobre el Padre Pío, no solo porque su fama de santidad oscurecía su figura de Obispo-Capuchino, sino también porque las grandes obras puestas en marcha por Bortignon y el colapso financiero de la diócesis de Padua, causado por las diferentes inversiones usureras y por la quiebra del banquero Giovanni Battista Giuffrè, llevaron a la necesidad de enormes cantidades de dinero nuevo, que fluía en cambio, generosa, abundantemente y por todo el mundo, en las arcas de la “Casa Alivio del Sufrimiento” de San Giovanni Rotondo; el inmenso hospital que el Padre Pío había realizado precisamente en aquel período.

Anne McGinn de Cillis OFS, El secreto de la tumba vacía del Padre Pío.
  
NOTAS
[1] Lorenzo da Fara, “Le radici della vita - Mons. Girolamo Bortignon, Vescovo cappuccino”, Colibrì Editrice 1993, pág. 13.
[2] Francobaldo Chiocci y Luciano Cirri, “Padre Pio, storia d’una vittima”, vol. II, págs. 286-289.