Vexílla Regis

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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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sábado, 31 de octubre de 2009

BULA "CUM EX APOSTOLATUS OFFICIO"

Para los que afirman que el sedevacantismo es una falsedad o invento de tradicionalistas resentidos, les dejo la Sagrada Bula "Cum ex Apostolatus Officio" del Papa Paulo IV, en la que se demuestra que si el Papa cae en herejía no debe ser reconocido por sus súbditos.


Papa Paulo IV
Bula "Cum ex Apostolatus Officio", Acerca del peligro de autoridades heréticas


EXORDIO- El Papa tiene el deber de impedir el magisterio del error.


Dado que por nuestro oficio apostólico, divinamente confiado a Nos aunque sin mérito alguno de nuestra parte, Nos compete un cuidado sin límite del rebaño del Señor; y que por consecuencia, a manera del Pastor que vela, en beneficio de la fiel custodia de su grey y de su saludable conducción, estamos obligados a una asidua vigilancia y a procurar con particular atención que sean excluidos del rebaño de Cristo aquellos que en estos tiempos, ya sea por el predominio de sus pecados o por confiar con excesiva licencia en su propia capacidad, se levantan contra la disciplina de la verdadera Fe de un modo realmente perverso, y trastornan con recursos malévolos y totalmente inadecuados la inteligencia de las Sagradas Escrituras, con el propósito de escindir la unidad de la Iglesia Católica y la túnica inconsútil del Señor, y para que no prosigan con la enseñanza del error, los que desprecian ser discípulos de la Verdad.



1. Más alto está el desviado de la Fe, más grave es el peligro.


Considerando la gravedad particular de esta situación y sus peligros al punto que el mismo Romano Pontífice, que como Vicario de Dios y de Nuestro Señor tiene la plena potestad en la tierra, y a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie, si fuese encontrado desviado de la Fe, podría ser acusado, y dado que donde surge un peligro mayor, allí más decidida debe ser la providencia para impedir que falsos profetas y otros personajes que detentan jurisdicciones seculares no tiendan lamentables lazos a las almas simples y arrastren consigo hasta la perdición innumerables pueblos confiados a su cuidado y a su gobierno en las cosas espirituales o en las temporales; y para que no acontezca algún día que veamos en el Lugar Santo la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel; con la ayuda de Dios para Nuestro empeño pastoral, no sea que parezcamos perros mudos, ni mercenarios, o dañados los malos vinicultores, anhelamos capturar las zorras que tientan desolar la Viña del Señor y rechazar los lobos lejos del rebaño.




2. Confirmación de toda providencia anterior contra todos los desviados.


Después de madura deliberación con los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, hermanos nuestros, con el consejo y el unánime asentimiento de todos ellos, con Nuestra Autoridad Apostólica, aprobamos y renovamos todas y cada una de las sentencias, censuras y castigos de excomunión, suspensión, interdicción y privación, u otras, de cualquier modo adoptadas y promulgadas contra los herejes y cismáticos, por los Pontífices Romanos, nuestros Predecesores, o en nombre de ellos, incluso las disposiciones informales, o de los Sacros Concilios admitidos por la Iglesia, o decretos y estatutos de los Santos Padres, o Cánones Sagrados, o por Constituciones y Resoluciones Apostólicas. Y queremos y decretamos que dichas sentencias, censuras y castigos, sean observadas perpetuamente y sean restituidas a su prístina vigencia si estuvieran en desuso, y deben permanecer con todo su vigor. Y queremos y decretamos que todos aquellos que hasta ahora hubiesen sido encontrados, o hubiesen confesado, o fuesen convictos de haberse desviado de la Fe Católica, o de haber incurrido en alguna herejía o cisma, o de haberlos suscitado o cometido; o bien los que en el futuro se apartaran de la Fe (lo que Dios se digne impedir según su clemencia y su bondad para con todos), o incurrieran en herejía, o cisma, o los suscitaren o cometieran; o bien los que hubieren de ser sorprendidos de haber caído, incurrido, suscitado o cometido, o lo confiesen, o lo admitan, de cualquier grado, condición y preminencia, incluso Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, o Legados perpetuos o temporales de la Sede Apostólica, con cualquier destino; o los que sobresalgan por cualquier autoridad o dignidad temporal, de conde, barón, marqués, duque, rey, emperador, en fin queremos y decretamos que cualquiera de ellos incurra en las antedichas sentencias, censuras y castigos.




3. Privación ipso facto de todo oficio eclesiástico por herejía o cisma.


Considerando que los que no se abstienen de obrar mal por amor de la virtud deben ser reprimidos por temor de los castigos, y que Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barónes, marqueses, duques, reyes, emperadores, que deben enseñar a los demás y servirles de buen ejemplo, a fin de que perseveren en la Fe Católica, con su prevaricación pecan más gravemente que los otros, pues que no sólo se pierden ellos, sino que también arrastran consigo hasta la perdición los pueblos que les fueran confiados; por la misma deliberación y asentimiento de los Cardenales, con esta Nuestra Constitución, válida a perpetuidad, contra tan gran crimen -que no puede haber otro mayor ni más pernicioso en la Iglesia de Dios- en la plenitud de Nuestra Potestad Apostólica, sancionamos, establecemos, decretamos y definimos, que por las sentencias, censuras y castigos mencionados (que permanecen en su vigor y eficacia y que producen su efecto), todos y cada uno de los Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes, emperadores, que hasta ahora (tal como se aclara precedentemente) hubiesen sido sorprendidos, o hubiesen confesado, o fuesen convictos de haberse desviado (de la Fe católica), o de haber caído en herejía, o de haber incurrido en cisma, o de haberlos suscitado o cometido; o también los que en el futuro se apartaran de la Fe católica, o cayeran en herejía, o incurrieran en cisma, o los provocaren, o los cometieren, o los que hubiesen de ser sorprendidos o confesaran o admitieren haberse desviado de la Fe Católica, o haber caído en herejía, o haber incurrido en cisma, o haberlos provocado o cometido, dado que en esto resultan mucho más culpables que los demás, fuera de las sentencias, censuras y castigos, enumerados, (que permanecen en su vigor y eficacia y que producen sus efectos), todos y cada uno de los Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes, emperadores, quedarán privados también por esa misma causa, sin necesidad de ninguna instrucción de derecho o de hecho, de sus jerarquías, y de sus iglesias catedrales, incluso metropolitanas, patriarcales y primadas; del título de Cardenal, y de la dignidad de cualquier clase de Legación, y además de toda voz activa y pasiva, de toda autoridad, de los monasterios, beneficios y funciones eclesiásticas, con cualquier Orden que fuere, que hayan obtenido por cualquier concesión y dispensación Apostólica, ya sea como titulares, o como encargados o administradores, y en las cuales, sea directamente o de alguna otra manera hubieran tenido algún derecho, o las hubieren adquirido de cualquier otro modo; quedarán así mismo privados de cualquier beneficio, renta o producido, reservados o asignados a ellos. Y del mismo modo serán privados completamente, y en cada caso, de sus condados, baronías, marquesado, ducado, reino e imperio, y en forma perpetua, y de modo absoluto. Y por otro lado siendo del todo contrarios e incapacitados para tales funciones, serán tenidos además como relapsos y exonerados en todo y para todo, incluso si antes hubiesen abjurado públicamente en juicio tales herejías. Y no podrán ser restituidos, repuestos, reintegrados o rehabilitados, en ningún momento, a la prístina dignidad que tuvieron, a sus Iglesias Catedrales, metropolitanas, patriarcales, primadas; al cardenalato, o a cualquier otra dignidad, mayor o menor, o a su voz activa o pasiva, a su autoridad, monasterio, beneficio, o condado, baronía, marquesado, ducado, reino o imperio, antes bien habrán de quedar al arbitrio de aquella potestad que tenga la debida intención de castigarlos, a menos que teniendo en cuenta en ellos aquellos signos de verdadero arrepentimiento y aquellos frutos de una congruente penitencia, por benignidad de la misma Sede Apostólica o por clemencia hubieren de ser relegados en algún monasterio, o en algún otro lugar dotado de un carácter disciplinario para hacer allí perpetua penitencia con el pan del dolor y el agua de la compunción. Y así serán tenidos por todos, de cualquier dignidad, grado, orden, o condición que sea, e incluso, arzobispo, patriarca, primado, cardenal, o de cualquier autoridad temporal, conde, barón, marqués, duque, rey o emperador, o de cualquier otra jerarquía, y así serán tratados y estimados, y además evitados como relapsos y exonerados, de tal modo que habrán de estar excluidos de todo consuelo humanitario.




4. Pronta solución de las vacancias de los oficios eclesiásticos.


Quienes pretenden tener un derecho de patronazgo, o de nombrar personas idóneas para las Sedes Eclesiásticas vacantes por estas cesantías, a fin de que tales cargos, después de haber sido librados de la servidumbre de los heréticos, no estén expuestos a los inconvenientes de una larga vacancia mas sean otorgados a personas capaces de dirigir los pueblos por las vías de la justicia, están obligados a presentar al Romano Pontífice los nombres de tales personas idóneas, dentro del tiempo fijado por derecho, de otra manera, transcurrido el tiempo previsto, la disponibilidad de tales Sedes retorna al Pontífice Romano.




5. Excomunión ipso facto para los que favorezcan a herejes o cismáticos.


Incurren en excomunión ipso facto todos los que conscientemente osen acoger, defender o favorecer a los desviados o les den crédito, o divulguen sus doctrinas; sean considerados infames, y no sean admitidos a funciones públicas o privadas, ni en los Consejos o Sínodos, ni en los Concilios Generales o Provinciales, ni en el Cónclave de Cardenales, o en cualquiera reunión de fieles o en cualquier otra elección. Serán también intestables y no podrán participar de ninguna sucesión hereditaria, y nadie estará además obligado a responderles acerca de ningún asunto. Si tuviese alguno la condición de juez, sus sentencias carecerán de toda validez, y no se podrá someter a ninguna otra causa a su audiencia; o si fuera abogado, su patrocinio será tenido por nulo, y si fuese escribano sus papeles carecerán por completo de eficacia y vigor. Además los clérigos serán privados también por la misma razón, de todas y cada una de sus iglesias, incluso catedrales, metropolitanas, patriarcales y primadas; de sus dignidades, monasterios, beneficios y oficios eclesiásticos incluso como ya se dijo, cualquiera sea el grado y el modo de su obtención. Tanto Clérigos como laicos, incluso los que obtuvieren normalmente y que estuvieren investidos de las dignidades mencionadas, serán privados sin más trámite de sus reinos, ducados, dominios, feudos y de todos los bienes temporales que poseyeran, Sus reinos, ducados, dominios, feudos y bienes serán propiedad pública, y como bienes públicos habrán de producir un efecto de derecho, en propiedad de aquellos que los ocupen por primera vez, siempre que estos estuvieren bajo nuestra obediencia, O de nuestros sucesores los Romanos Pontífices, elegidos canónicamente), en la sinceridad de la Fe y en unión con la Santa Iglesia Romana.




6. Nulidad de todas las promociones o elevaciones de desviados en la Fe.

Agregamos que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía. o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circustancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, y ningún derecho a nadie.




7. Los fieles no deben obedecer sino evitar a los desviados en la Fe.

Y en consecuencia, los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder; y séales lícito en consecuencia a todas y cada una de las personas subordinadas a los así promovidos y asumidos, si no se hubiesen apartado antes de la Fe, ni hubiesen sido heréticos, ni hubiesen incurrido en cisma, o lo hubiesen suscitado o cometido, tanto a los clérigos seculares y regulares, lo mismo que a los laicos; y a los Cardenales, incluso a los que hubiesen participado en la elección de ese Pontífice Romano, que con anterioridad se apartó de la Fe, y era o herético o cismático, o que hubieren consentido con él otros pormenores y le hubiesen prestado obediencia, y se hubiesen arrodillado ante él; a los jefes, prefectos, capitanes, oficiales, incluso de nuestra materna Urbe y de todo el Estado Pontificio; asimismo a los que por acatamiento o juramento, o caución se hubiesen obligado y comprometido con los que en esas condiciones fueron promovidos o asumieron sus funciones, (séales lícito) sustraerse en cualquier momento e impunemente a la obediencia y devoción de quienes fueron así promovidos o entraron en funciones, y evitarlos como si fuesen hechiceros, paganos, publicanos o heresiarcas, lo que no obsta que estas mismas personas hayan de prestar sin embargo estricta fidelidad y obediencia a los futuros obispos, arzobispos, patriarcas, primados, cardenales o al Romano Pontífice, canónicamente electo. Y además para mayor confusión de esos mismos así promovidos y asumidos, si pretendieren prolongar su gobierno y administración, contra los mismos así promovidos y asumidos (séales lícito) requerir el auxilio del brazo secular, y no por eso los que se sustraen de ese modo a la fidelidad y obediencia para con los promovidos y titulares, ya dichos, estarán sometidos al rigor de algún castigo o censura, como sí lo exigen por el contrario los que cortan la túnica del Señor.




8. Validez de los documentos antiguos y derogación sólo de los contrarios.

No tienen ningún efecto para estas disposiciones las Constituciones y Ordenanzas Apostólicas, así como los privilegios y letras apostólicas, dirigidas a obispos, arzobispos, patriarcas, primados y cardenales, ni cualquier otra resolución, de cualquier tenor y forma, y con cualquier cláusula, ni los decretos, también los de motu propio y de ciencia cierta del Romano Pontífice, o concedidos en razón de la plenitud de la potestad apostólica, o promulgados en consistorios, o de cualquier otra manera; ni tampoco los aprobados en reiteradas ocasiones, o renovados e incluidos en un cuerpo de derecho, o como capítulos de cónclave, o confirmados por juramento, o por confirmación apostólica, o por cualquier otro modo de confirmación, incluso los jurados por Nosotros mismos. Considerando pues esas resoluciones de modo expreso y teniéndolas como insertadas, palabra por palabra, incluso aquellas que hubieran de perdurar por otras disposiciones, y en fin todas la demás que se opongan, por esta vez y de un modo absolutamente especial, derogamos expresamente sus cláusulas dispositivas.




9. Decreto de publicación solemne

A fin de que lleguen noticias ciertas de las presentes letras a quienes interesa, queremos que ellas, o una copia (refrendada por un notario público, con el sello de alguna persona dotada de dignidad eclesiástica) sean publicadas y fijadas en la Basílica del Prícipe de los Apóstoles, y en las puertas de la Cancillería apostólica, y en el extremo de la Plaza de Flora por alguno de nuestros oficiales; y que es suficiente la orden de fijar en esos sitios la copia mencionada, y que dicha fijación o publicación, o la orden de exhibir la copia antedicha, debe ser tenida con carácter de solemne y legítima, y que no se requiere ni se debe esperar otra publicación.




10. Ilicitud de las acciones contrarias y sanción divina.

Por lo tanto, a hombre alguno sea lícito infringir esta página de Nuestra Aprobación, Innovación, Sanción, Estatuto, Derogación, Voluntades, Decretos, o por temeraria osadía, contradecirlos. Pero si alguien pretendiese intentarlo, sepa que habrá de incurrir en la indignación de Dios Omnipotente y en la de sus santos Apóstoles Pedro y Pablo.




Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del Señor 1559, XVº anterior a las calendas de Marzo, año 4º de nuestro Pontificado (15 de febrero de 1559).

SAN QUINTÍN (EL MÁRTIR, NO LA BATALLA)

Vosotros afectáis ser justos ante los hombres,
pero Dios conoce vuestros corazones;
porque lo que es grande ante el mundo
es abominación ante Dios.
(Lucas, 16, 15).



San Quintín mártir


San Quintín, hijo del senador Zenón de Roma, fue aprehendido por el prefecto Rictio Varo mientras predicaba el Evangelio en Picardía. Después de haber sido azotado, fue cargado de cadenas y echado en una prisión; mas, un ángel lo sanó de sus heridas, lo libró de sus cadenas y le abrió las puertas de la cárcel. Predicó en medio de la calle y convirtió a seiscientas personas. El tirano lo hizo atormentar de diversas maneras y, viéndolo invencible lo hizo decapitar, en el año 287, después de cuatro años de maravilloso apostolado.







MEDITACIÓN SOBRE LA HIPOCRESÍA



I. La mayor parte de los hombres se esfuerzan más por parecer cristianos y virtuosos que por serlo en realidad. Se salvan las apariencias, se quiere contentar a los hombres, pero uno no se toma mucho trabajo por contentar a Dios y la propia conciencia. Se ordena el exterior y el alma está en desorden. ¡Desventurados! Dios nos ve tales cuales somos y no tales cuales queremos aparecer. Dios es quien nos juzgará y no los hombres; no podemos engañarlo, nos engafiamos a nosotros mismos.



II. ¿Qué pretendes con esa devoción de apariencia? ¿De qué te servirá la estima de los hombres, si Dios te desprecia? Gratuitamente te condenas, tienes toda la pena que los santos encontraron en el servicio de Dios, no tienes sus consuelos en esta vida y no tendrás su recompensa en la otra. ¿Qué haréis, vosotros hipócritas, el día del juicio, cuando Dios dé a conocer vuestros crímenes a todos los hombres y a todos los ángeles?



III. A nadie juzgues por las apariencias, el rostro engaña a menudo. Tal parece orgulloso y es muy humilde. A Dios sólo pertenece el penetrar los secretos del corazón humano; interpreta las acciones de los demás como desearías que se interpretaran las tuyas. Examina tus propios defectos y mira si no eres del número de aquellos de que habla San Cipriano, que condenan en lo exterior aquello que hacen en lo interior, acusadores en público y pecadores en secreto.



La huida de la hipocresía
Orad por la conversión de los hipócritas.



ORACIÓN

Haced, os lo suplicamos, Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado Quintín, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 30 de octubre de 2009

LA VERDAD OCULTA EN EL HALLOWEEN

Como parte de la lucha antihalloween he decidido consultar la historia de esta práctica satánica (porque eso es el Halloween, como la Navidad del diablo).
   
HALLOWEEN, SU HISTORIA
La celebración del Halloween se inició en los Estados Unidos alrededor del año 1845. Existen indicios de que antes de esa fecha los puritanos que llegaron a ese país provenientes de Europa habían prohibido dicha celebración; pero en el año 1845, miles de inmigrantes irlandeses inundaron Nueva York a causa de una escasez de patatas. Fueron ellos los que trajeron consigo una vieja fiesta religiosa de los sacerdotes galos llamados “druidas”, la cual gradualmente se propagó por el resto del país.
   
Entre 1845 y 1851, en Irlanda ocurrió la Gran Hambruna a causa de la escasez de patatas. Como consecuencia, un millón de irlandeses murió y otro millón emigró a Estados Unidos (Mural “An gorta Mór”- Belfast, Irlanda del Norte)
   
La celebración original no era llamada por su nombre actual de Halloween; empezó mucho antes de la era cristiana entre los antiguos celtas (bretones, galos, escoceses e irlandeses). El fin del verano marcaba el inicio del Año Nuevo Céltico; éste se celebraba ofreciendo sacrificios al “Señor del Cielo y de la Tierra”: Samhain o Saman. La celebración se constituía en un día festivo llamado la “Vigilia de Saman”. La imagen de ese dios pagano era la de un esqueleto sosteniendo una hoz o guadaña en su mano que más tarde llegó a ser conocido como La Muerte. 
     
Imagen tradicional de Samhain (la Muerte)
  
El 1 de noviembre era la fecha en que los celtas celebraban el Día de la Muerte. Por esa época las hojas de los árboles caían, oscurecía más temprano y las temperaturas bajaban. Ellos interpretaban estos fenómenos estacionales como un decaimiento de su dios sol, el cual pensaban ellos, estaba perdiendo fuerza porque Samhain lo estaba subyugando. Adicionalmente ellos creían que el día anterior, el 31 de octubre, Samhain se reunía con los espíritus de todos los que habían muerto el año anterior. Estos habían estado confinados a habitar en cuerpos de animales durante todo un año como castigo por sus malas obras, y en la víspera de la fiesta, el 31 de octubre, se les permitía regresar a sus antiguos hogares a visitar a los vivos. Para proteger a éstos, el sacerdote dirigía a la gente en ceremonias de adoración diabólica en las que eran quemados como ofrenda caballos, gatos, ovejas negras, bueyes y seres humanos, para apaciguar a Samhain y evitar que los espíritus de los muertos los lastimaran.
   
Druidas (sacerdotes celtas)
  
Los Druidas o sacerdotes, eran ministros quienes asimismo realizaban sacrificios humanos como ofrendas que servían para apaciguar la ira de los dioses. “La Vigilia de Samhain” era pronunciado en la primera Bretaña So-wein. En un intento de cristianizar este día de adoración pagana, en el año 800 la Iglesia Romana movió el Día de Todos los Santos del 13 de mayo al 1 de noviembre. En inglés este día se llama el “All Hallow’s Day” que pronto se acostumbró llamar “All Halloween”, y que pronto fue abreviado a Halloween que hoy en día conocemos. Los satanistas establecieron entonces la noche anterior, el 31 de octubre, como la noche de “Todos los Demonios”, para que estos penetraran la noche anterior, consagrándola mediante hechizos, maldiciones y horrores.
  
ORIGEN DE LOS DISFRACES
La noche del 31 de Octubre los druidas fabricaban una enorme fogata de año nuevo. Quemaban animales, cosechas y seres humanos como sacrificios a su dios sol y a Samhain, su dios de la muerte. Durante esta ceremonia diabólica la gente usaba disfraces hechos de cabezas y pieles de animales, a semejanza de los berserker (guerrero escandinavo vestido con pieles de lobo). Entonces practicaban adivinación, saltaban sobre las llamas o corrían a través de ellas, bailaban y cantaban. Todo esto era hecho para ahuyentar a los malos espíritus. Los disfrazados iban de casa en casa, cantando y bailando. Sus máscaras con sangre coagulándose y sus grotescos disfraces servían para verse ellos mismos como espíritus malignos, y así engañar a los espíritus que entrarían ese día y evitar ser lastimados por ellos.
  
Los disfraces de Halloween son fiel reflejo de los berserker. 
  
TRATO O TRUCO
  
 
Si por alguna razón alguien olvidaba disfrazarse o no podía engañar a los demonios vistiendo pieles de animales u otros disfraces, había una forma de exorcizarlos: haciendo con ellos un trato de comida y fruta y proveyendo al espíritu errante de albergue para la noche. Si el demonio quedaba satisfecho con su trato, no le harían truco arrojándole un hechizo maligno que le causara estragos. Los druidas en Irlanda recorrían los vecindarios y alrededores la noche del 31 de octubre para colectar ofrendas a Satanás. Ellos cargaban linternas, bolsas de dinero y varas de caña puntiagudas. En cada casa demandarían un específico importe. Si el dueño de la casa no daba la ofrenda, el druida castraría al humano con la vara o a uno de sus preciados animales. Años después, los granjeros irlandeses, emulando la costumbre druida de antaño, iban casa por casa rogando por comida para sus antiguos dioses. Buena suerte era prometida a todo aquel que donaba, pero amenazas eran hechas contra aquellos que no daban.
   
EL HALLOWEEN HOY EN DÍA
No es difícil reconocer las similitudes entre las antiguas celebraciones de los celtas y sus sacerdotes paganos, con las costumbres aparentemente ingenuas de la celebración del día de Halloween de nuestros días. Los disfraces, aunque hoy son más variados y no solamente se utilizan cabezas de animales, son un fiel reflejo de la antigua costumbre. Asimismo lo son las visitas de casa en casa pidiendo dulces y la frase que utilizan de “truco o trato” con la amenaza de hacer travesuras a aquellos que se atreven a no dar lo que se les pide. Estas celebraciones parecieran ser inofensivas y hasta simpáticas. El comercio y la sociedad las han aceptado y son ampliamente publicitadas. Hay todo un movimiento social que organiza celebraciones en casas, fiestas en clubes, los establecimientos comerciales adornan con motivos alusivos a prácticas ocultas, y aún los sectores más “radicales” de la cristiandad guardan silencio ante una práctica que ya no solo es exclusiva de la sociedad norteamericana, sino que ha llegado a Hispanoamérica como un producto de importación más de la sofisticada sociedad de consumo norteamericana. ¿Qué daño podría haber en Halloween? Mas sin embargo puede ser un día dañino y peligroso.
  
EL DAÑO DEL HALLOWEEN
Sin pecar de fanatismo, es necesario que revisemos los significados y las consecuencias que trae para nosotros, nuestras familias y la sociedad, la celebración del Halloween. Son varios los aspectos que debemos estudiar pero al menos aquí trataremos tres de ellos.
  1. Halloween enfatiza la violencia y la muerte. El 6 de Enero de 1988 en California, la conocida periodista Ann Landers escribió una columna titulada “Los padres deben atacar la violencia”. En ella se relataba un episodio en el que una maestra de cuarto grado les pidió a sus estudiantes escribir un breve ensayo de lo que más les gustaría hacer en Halloween. El 80% de sus estudiantes de 9 años de edad expresaron que desearían “matar a alguien”. Estas ideas los niños las han sacado de la TV y Halloween está desensibilizando a nuestros niños con la glorificación de la violencia, muerte, mutilación y sangre. Considere por un momento las películas “Pesadilla en la calle del Infierno”, “Halloween” y “Viernes 13”. Éstas son muy populares para ser vistas en la fiesta de Halloween. En estas películas se expone el sadismo, la violencia sexual, satanismo, tortura, mutilación y los más extraños asesinatos que lleva inconscientemente a nuestros niños a copiar esos comportamientos.
  2. Halloween enfatiza el horror y el miedo. Para un niño una visita a una “casa embrujada” creada para Halloween podría ser una pesadilla. El psicólogo Marvin Berkowitz, de la Universidad de Marquette dijo: “Algunas casas embrujadas pueden incluso espantar a un adulto; los niños deberían entrar a ellas con un correcto estado mental” y recomienda que los padres “deben hacerle saber al niño que puede ser traumatizado con una experiencia como ésta”. Un trágico producto del miedo, en la vida de los niños a temprana edad y en la adolescencia, es el interés muchas veces descontrolado de involucrarse en los fenómenos sobrenaturales de lo oculto.
  3. Halloween enfatiza lo oculto. Halloween es dañino porque atrae las personas a lo oculto. Muchos niños son introducidos a prácticas ocultistas en las fiestas del Halloween, y atraídos a lo oculto por el poder que les ofrece. Otros lo ven como el mayor significado de la rebelión contra los padres. Personas que nunca se involucrarían en prácticas ocultistas en otro tiempo, lo experimentarán en fiestas de Halloween con sesiones, tablas Ouija, levitación y otros rituales. Hace algunos años se detectaron instrumentos corto punzantes en las golosinas. Estadísticas reportan un incremento en las desapariciones de niños durante las fechas próximas a la celebración del Halloween (los satanistas realizan sacrificios humanos en esa celebración).
  
El Halloween incita a los jóvenes (y a muchos adultos) a realizar ceremonias ocultistas
 
Demonio raptando a una chica
  
Halloween es un día siniestro con raíces ocultistas. Es un día que honra a los demonios y a Satanás. A los cristianos que creemos en la Biblia como la palabra revelada de Dios a nuestras vidas, se nos instruye con las siguientes palabras: “...y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas.” (Efesios 5, 11)
PERSPECTIVAS CRISTIANAS AL HALLOWEEN
Desde una perspectiva cristiana, la celebración del Halloween no honra a Cristo. Sin embargo en nuestros días es más celebrado que nunca. Muchos adultos ven esa noche como la única del año en que ellos pueden disfrazarse y actuar tontamente. Pero mientras niños y adultos imitan inocentemente las costumbres celtas, aún mayores prácticas persisten. Las brujas y los satanistas aún consideran Halloween como una de las épocas más fuertes del año para lanzar un hechizo. En Halloween la mayoría de los que practican la brujería participan de un ritual llamado “bajando la luna”. En este ritual, según ellos, la bruja principal de la convención se convierte en un canal para la diosa luna. Las brujas y los satanistas son, por supuesto, una pequeña minoría. Pocas personas que celebran Halloween hoy en día alguna vez piensan en la oscuridad que sobrecoge a la mayoría de las prácticas del Halloween.
  
Una alegre niña disfrazada con un sombrero negro de punta y su respectiva vestimenta, difícilmente piensa en la muerte o en los espíritus de los difuntos. Ella piensa en dulces y diversión. Ella está entusiasmada con su disfraz especial. Y espera con ansias el peregrinaje casa por casa.
   
Los comerciantes también se anticipan al 31 de octubre, la venta de dulces, disfraces, decoraciones y golosinas para fiestas hacen al Halloween una de las temporadas con mayores ventas en el año.
  
El Apóstol San Pablo escribió: “Todo me es lícito”. El se refería en esa ocasión a la libertad que tenemos de comer, inclusive lo sacrificado a los ídolos, ya que después de todo, los poderes sobrenaturales que se pretenden desatar en la celebración no tienen potestad sobre aquellos que pertenecen a Cristo. Pero a continuación de esa frase Pablo añade otra: “mas no todo me conviene.” (1 Cor. 8, 9). Por tanto es a la luz de esto que los cristianos necesitan examinar cómo celebran el Halloween.
  
LO QUE PUEDE NO LASTIMARLE A USTED, PUEDE LASTIMAR A OTROS
San Pablo dijo que no dañaría a un cristiano comer carne sacrificada a los ídolos. Después de todo los dioses paganos a los que se les había sacrificado no eran dioses reales. En la misma luz, él probablemente diría que a los cristianos no se les prohíbe disfrazarse, o ir de trato o truco o asistir a fiestas de Halloween.
   
Después de todo, “sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios” (1 Corintios 8, 9). Pero nos amonestó a que nuestra libertad “no venga a ser tropezadero para los débiles”. Durante el Halloween los niños en particular son los débiles. Podríamos estar abriendo a nuestros hijos a las influencias del ocultismo. Además los cristianos nos encontramos eternamente en las manos del Señor, pero eso no es verdad en la mayoría de las personas a nuestro alrededor. Nosotros que hemos encontrado la vida en Jesús, deberíamos tener cuidado que nuestra libertad no impida a otros encontrar la misma vida eterna.
   
San Pablo dijo “Atended que vuestra libertad no sea piedra de tropiezo para los débiles”. Esto es: el cristiano está en la obligación de velar que sus obras no causen la condenación de su prójimo
   
LO QUE DICE LA PALABRA DE DIOS
La Biblia nos alienta siempre a tener “puestos los ojos en Jesús”. En esa noche del año, la mayoría de los ojos no están puestos en Jesús sino en el diablo. La profesión de fe del cristiano lo lleva a la vida eterna, a un gozo que no tiene sombras. ¿Deberíamos realmente enfocarnos en el diablo, brujas y otros seres malignos, aún por una sola noche?
  
La Palabra también dice: “No sea hallado en ti quien... practique adivinación, ni agorero, ni sortilegio, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos” (Deut. 18, 9-11) y también: “y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5, 11).
  
Si nuestros hijos se visten de brujas y hechiceros, si colgamos adornos de fantasmas en nuestras ventanas, ¿qué hacemos, sino imitar lo maligno? Necesitamos aclarar como cristianos que las brujas y los malos espíritus no son divertidos ni inofensivos, sino representaciones de una realidad: que el reino de las tinieblas trata de atraerte hacia él, alejándote de la verdadera fuente de vida que es Jesucristo.
 
No porque una personalidad influyente en el ámbito religioso celebre Halloween o lo “bautice” so pretexto de darle otro significado, significa que sea lícito para un cristiano el celebrar dicha fecha.
     
EN LA ACTUALIDAD 
Actualmente estas “fiestas” se fueron incorporando poco a poco a nuestras festividades hasta convertirse en fiestas populares, teniendo su mayor auge en E.U. y en toda Hispanoamérica, introduciendo de forma velada e inocente este día de ritos y costumbres derivadas del culto a Satanás...
  
En los Estados Unidos y otros países del mundo es el día en que más niños desaparecen, también se han reportado numerosos crímenes de personas sin escrúpulos que esconden solapadamente afiladas cuchillas dentro de las frutas, también regalan caramelos envenenados y hasta agujas usadas para drogas.
  
Es un hecho comprobado que la noche del 31 de Octubre, en E.U., Francia, Irlanda, y en muchos otros países se realizan misas negras con orgías, sacrificios humanos y aún de bebés, todo tipo de cultos espiritistas y otras reuniones relacionadas con el mal.
  
NUESTRA POSICIÓN COMO CRISTIANOS
  1. La fiesta de Halloween, es una fiesta dedicada a Satanás y a sus demonios y no consideramos que sea una opción para divertirnos. “Y no participéis en las obras de las tinieblas, sino mas bien reprendedla” (Efesios 5, 11)
  2. Es una fiesta que ademas apela al consumismo y promueve valores extraños a nuestra cultura católica e hispanoamericana.
  3. Creemos que lo importante no son las expresiones externas de la fiesta, sino lo que se esconde tras ellas: la adoración a Satanás.
  4. Sostenemos firmemente que el unico digno de adoración es JESÚS, el hijo de Dios. “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que estan en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre”. (Filipenses 2, 10-11)
¡La Diversión A Expensas De Servir al Demonio No Es Verdadera Diversión!
  
RECUERDA QUE JESÚS DIJO:
“El que no está a mi favor está en contra mía; y el que conmigo no recoge desparrama”- San Mateo 12:30
  
Ahora que sabes la Verdad... ¿Qué haras? ¿Tienes las agallas y convicción para no dejarte llevar por lo que digan tus amigos, el comercio, y demás... y participar en una fiesta que no es agradable a Dios? Si es así DILE SÍ A CRISTO y pasa esto a otras personas para que conozcan la verdad.

CABALLERO ANDANTE

De La Santa Alianza - A la memoria de D. Miguel de Cervantes Saavedra.





¿Por qué dónde veo gigantes,
Hay quien ve molinos?
¿Por qué ha de ser una bacia,
Lo que es yelmo de Mambrino?


¿Por qué han de ser ventas,
Y no castillos encantados?
¿Por qué me apalean los galeotes,
Después de haberlos liberado?


¿Por qué a mi apuesto jaco,
De brioso nombre Rocinante,
Si el viento cortando va,
Lo tildan de flaco y jadeante?


Donde ven putas y criadas,
Yo veo princesas armoniosas,
Y de mis amores reina es Dulcinea,
Por más que hablen de ruda labradora,


Cuento yo con fiel escudero,
Yo, gran hidalgo de La Mancha,
Que fragoso rucio él monta,
Él es Sancho Panza,


Compañero de fantásticas aventuras,
Que superarán hazañas increíbles,
Así haya Arturos y Lanzarotes,
Así, Palmerines y Amadises,


Todo ello pasó, verdad absoluta,
Pero yo seré más grande,
Que, sin ver arrieros y carreteros,
Hallaré algún Abindarráez,


¿En qué andan el cura y el barbero,
Con tanto donoso escrutinio?
Yo recorreré la Piel de Toro,
La caballería andante mi destino,


No me comprenden los obtusos,
Que no disciernen lo porvenir,
Llenito está de aventuras,
Aventuras que no van a morir,


Yo soy caballero andante,
Deshacedor de agravios y entuertos,
Yo soy Don Quijote de La Mancha,
Déjenme cabalgar mi sueño.

SAN ALONSO RODRÍGUEZ, COADJUTOR JESUITA

Continuamos con la lista de los grándes héroes (de los que no quedan muchos) de ese rebaño descarriado llamado Compañía de Jesús: San Alonso Rodíguez.


Visión de San Alonso Rodríguez (Zurbarán)
  
Desaparecida su partida de bautismo, discuten los modernos biógrafos del Santo la fecha de su nacimiento, pareciendo casi seguro que éste tuvo lugar en Segovia el año 1533. Fue hijo de Diego Rodríguez y de María Gómez, dedicados al comercio de paños, y fue el segundo de los once hijos, siete varones y cuatro hembras, nacidos de este matrimonio. Cuando Alonso tenía doce años llegaron a Segovia dos de los primeros jesuitas, que se hospedaron en casa de Diego Rodríguez y, después de practicar su apostolado en la ciudad, se retiraron a una casa de campo. Durante todo el tiempo que estuvieron en Segovia tuvo el niño Alonso verdadera intimidad y trato con ellos, y los padres le enseñaron la doctrina cristiana, a rezar el rosario, a ayudar a misa y a confesarse.
 
Uno de estos padres era nada menos que el padre Fabro, y, aunque San Alonso olvidó sus nombres, recordó toda su vida y evocaba en su ancianidad estas enseñanzas recibidas en la niñez. Su padre envió a Alonso y a su hermano mayor a estudiar a Alcalá en el colegio de jesuitas allí fundado por el padre Francisco Villanueva, amigo de la familia, y a quien fueron encomendados los dos hermanos. No estuvo allí Alonso mas que un año, pues, fallecido su padre, la madre decidió que el primogénito continuase los estudios y Alonso regresase a Segovia para ponerse al frente del negocio paterno. Parece que el Santo no reunía grandes condiciones para el comercio, y el negocio iba cada día peor. Por consejo de su madre se casó con una joven montañesa llamada María Juárez, que poseía algunos bienes de fortuna. De este matrimonio nacieron dos hijos, pero la desgracia perseguía a Alonso, que perdió primeramente a uno de los hijos y a su mujer. Ya viudo, se murieron el otro hijo y la madre del Santo, que así quedó solo.
 
Se produce entonces en su alma una profunda crisis, decidiendo entregarse a una nueva vida, que inicia con una confesión general hecha con el padre Juan Bautista Martínez, predicador de la Compañía. Después pasó tres años de rigurosa penitencia con disciplinas cotidianas, cilicio, ayunos, cuatro horas y media diarias de oración y comunión cada ocho días. En una de sus memorias escrita en 1604 (Obras, tomo I, págs. 15-17) nos explica el Santo cómo en esta época fue ascendiendo de la oración vocal a la oración extraordinaria y sobrenatural, iniciándose ya las visitas de Jesucristo y la Virgen, tan constantes durante el resto de su vida. Después de seis años de esta vida hace en 1569 cesión a sus hermanas de sus bienes y se va a Valencia en busca de su confesor, el padre Luis Santander, rector del colegio de la Compañía en esta ciudad, y con el propósito de ingresar en la misma. Para esto se presentaron dificultades casi insuperables: su edad, su falta de estudios, su poca salud.
 
El padre Santander lo colocó primero en casa de un comerciante, después de ayo de un hijo de la marquesa de Terranova. Vistas las dificultades para ingresar en la Compañía, y obedeciendo a la sugestión de un conocido en quien el Santo creía ver después una influencia diabólica, formó el propósito de dedicarse a la vida eremítica. Se produce entonces una crisis decisiva para su futura vida espiritual, pues, cuando dió cuenta al padre Santander de su proyecto, éste le dijo: “Me temo, hijo, que os perdéis, porque veo que queréis hacer vuestra voluntad”. Ante estas palabras la conmoción de Alonso fue extraordinaria, haciendo allí mismo firme propósito de no realizar nunca su voluntad en los restantes dias de su vida. Esto explica una de las notas características de la espiritualidad del Santo: la obediencia ciega y absoluta.
    
Finalmente, todas las dificultades para el ingreso de Alonso en la Compañía fueron vencidas por la decisión del padre Antonio Cordeses, uno de los grandes espirituales jesuitas y provincial a la sazón, que dijo que “quería recibir a Alonso Rodríguez en la Compañía para que fuese en ella un santo y con sus oraciones y penitencias ayudase y sirviese a todos”. Fue admitido en 31 de enero de 1571. En este mismo año, el 10 de agosto, llegaron a Palma, enviados desde Valencia para ingresar en el colegio de Monte Sión, dos padres y un hermano. Era éste el hermano Alonso Rodríguez, que desde este momento residió en Monte Sión, desarrollándose allí todos los acontecimientos de su vida religiosa. En 5 de abril pronunció sus votos del bienio o votos simples. Doce años más tarde, en 1585. también en 5 de abril, hizo sus últimos votos de coadjutor.
 
En este lapso de tiempo entre los dos votos hay que situar el periodo más duro y doloroso de su vida espiritual: los siete años llenos de sufrimiento y de terribles tentaciones, que el Santo nos relata en sus escritos. A partir de 1572 se hizo cargo del puesto de portero, que desempeñó sin interrupción durante más de treinta años, hasta mediados de 1603. Según nos relata el padre Francisco Colín, habiendo pasado ya de los setenta y dos años, “consumida su salud con la lucha perpetua de su carne y espiritu, y quebrantadas las fuerzas..., advirtiendo los superiores que no tenia sujeto para tanto trabajo ni pies para tantos pasos, habiéndole eximido primero de subir escaleras y otras cargas pesadas del oficio, se lo hubieron finalmente de quitar todo y encomendaron otros más llevaderos... Y esto hasta el año 1610, que los siete restantes ni para esto estuvo”.
  
Un conjunto de enfermedades le obligó en el año 1617 a guardar cama, no levantándose ya más, falleciendo en medio de acerbos sufrimientos en 31 de octubre de 1617 con el nombre de su amado Jesus en los labios.
 
En la manuscrita Historia de Monte Sión se nos cuenta cómo desde 1635 se inició con limosnas la construcción de una capilla de traza y arquitectura “curiosa y magnífica” para, además de a otros servicios religiosos, destinarla a guardar en ella el cuerpo del venerable hermano Alonso Rodríguez. Esto no se realizó sino mucho después. Hasta 1760 no declaró Clemente XIII heroicas sus virtudes. La causa de beatificación del hermano Alonso fue interrumpida en razón de las vicisitudes sufridas en esta época por la Compañía con las persecuciones, que culminaron en la supresión, llevada a cabo por el papa Clemente XIV. El proceso se activó cuando en 1816 Pío VII restableció la Compañía y los padres volvieron al colegio de Palma en 1823. El 25 de mayo de 1825 León XII le proclamaba Beato y, finalmente, León XIII, en 15 de enero de 1888, canonizó al Beato Alonso Rodríguez al mismo tiempo que a su amado discípulo San Pedro Claver, el apóstol de los negros esclavos.
  
El conjunto de los opúsculos de San Alonso no obedece a un plan sistemático: pero pueden clasificarse en tres grupos, conforme a los fines para que fueron escritos: a) consejos espirituales, que el Santo daba por escrito, unas veces espontáneamente, otras atendiendo peticiones, y estos papeles fueron tan solicitados que los superiores llegaron a prohibir su salida del convento sin su autorización; b) notas en las que el Santo recogía sus inspiraciones para tenerlas presentes y conseguir su progreso espiritual, denominándolas Avisos para mucho medrar; c) la cuenta de conciencia, que, obedeciendo a sus superiores, debía dar periódicamente por escrito, de las gracias recibidas de Dios, de su espíritu, de sus sentimientos. Así se formó su Memorial o Autobiografía, que, empezada en mayo de 1604, llega hasta junio de 1616. El conjunto de los escritos reproducidos en la edición del padre Nonell está constituido por trece cartapacios en cuarto y cinco en octavo. Los elementos antes indicados están agrupados formando algunos trataditos. Por ejemplo: Tratadito de la oración, Tratado de la humildad..., Amor a Dios..., Contemplación y devoción a la Virgen, Avisos para imitar a Cristo, etc. Si a esto añadimos las cartas, tenemos el panorama de la producción literaria del Santo. La manera de escribir, que hemos indicado, dió ocasión a numerosas repeticiones de conceptos e ideas, como puede comprobarse en la copiosa edición del padre Jaime Nonell. Para remediar este inconveniente elaboró el padre Borrós su Tesoro ascético, donde en solas 183 páginas recoge lo fundamental de la producción del Santo. Finalmente, su doctrina ha sido plenamente sistematizada en la obra del padre José Tarragó.
  
San Alonso, que escribió por estricta obediencia sus confesiones más íntimas, nunca habla de sí, refiriéndose siempre a una cierta persona, cuyas vicisitudes espirituales se relatan. Dentro de la Compañía la obra de San Alonso puede ser considerada como el símbolo y modelo de la espiritualidad de los hermanos coadjutores, que, alcanzando la santidad con sus trabajos humildes y obscuros, representan una especial faceta del apostolado y espiritualidad del organismo a que pertenecen.
  
Aunque ningún aspecto de las etapas y manifestaciones de la vida espiritual dejan de tener su representación en el conjunto doctrinal de los escritos del Santo, creo que tres notas principales se destacan como las más caracteristicas y personales de esta espiritualidad: el ejercicio permanente para lograr la constante y auténtica familiaridad con Dios, la ciega obediencia y profunda abnegación de sí mismo, el amor y deseo de la tribulación, que el Santo consideraba el mayor bien que se puede recibir de Dios. Desde aquella promesa que hizo al confesarse en Valencia con el padre Santander, el Santo consideró la ciega obediencia como el primer deber. Él mismo, hablando de sí dice: “Lo que le pasa a esta persona con Dios sobre esta materia de la obediencia es que era tan cuidadosa en obedecer a ciegas que un padre le dijo que obedecía a lo asno”. Se cuentan de él sucedidos que recuerdan por su ingenua simplicidad los relatos referentes a los humildes compañeros de San Francisco de Asís. En una ocasión, hallándose enfermo, el enfermero le lleva la comida, ordenándole de parte del superior que coma todo el plato. Cuando regresa el enfermero le encuentra deshaciendo el plato y comiéndoselo pulverizado.
   
Los beneficios de la tribulación los expuso San Alonso en un encantador escrito titulado Juegos de Dios y el alma. Un breve texto nos explica las ganancias del alma beneficiándose con la tribulación:
“Y el juego es de esta manera: que juega Dios con el alma, su regalada y querida, y el alma con su Dios, al cual ama con amor verdedero, y juega con Él a la ganapierde. Y es que, perdiendo en esta vida, según el uso del mundo, gana ella; y es que permitiendo Dios que sea maltratada, perdiendo, gana, callando y sufriendo el mal tratamiento, no se vengando, como se venga el mundo
  
Pasa adelante el juego, y es que el alma va siempre perdiendo de su derecho, según su carne y el mundo le enseña; y así, perdiendo, gana, porque, si ganase según el mundo y la carne le enseña, quedaría perdida. ¡Oh juego enseñado por Dios al alma, cuan digno sois de ser ejercitado!”.
  
El Santo escribe en el sabroso castellano popular y corriente de la época y sin pretensiones literarias. A veces logra páginas de verdadera belleza, cuando expone doctrinas por las que siente apasionado entusiasmo: tal ocurre al explicar los frutos que se obtienen con el Ejercicio de la presencia de Dios:
“Pues así como todas las plantas y criaturas de la tierra, con la comunicación y presencía del sol reciben de él gran virtud y las causa que crezcan y den fruto, así las almas que andan siempre en la presencia de Dios reciben de este Señor gran virtud y es causa que crezcan y den gran fruto de virtudes y buenas obras, enseñándolas grandes cosas de perfección. Y si las flores, y rosas, y los árboles reciben de parte del sol con su presencia y comunicación tanta hermosura y lindeza, y si él les faltase pondrían luto, como si fuesen sensibles. Como se ve en algunos géneros de rosas o flores, que cuando el sol quiere salir dan muestra de alegría descubriendo su hermosura y belleza con la venida y presencia del sol, que parece que le salen a recibir alegres; y cuando el sol se va de su presencia parece que ponen luto, porque luego cubren su hermosura, que parece a nuestra tristeza, por su ausencia, hasta que vuelva y le salgan a recibir con su acostumbrada hermosura y alegría; así, ni más ni menos, el alma que no reside y anda delante de su Dios, ¿cómo vivirá con tanta tristeza? ¿Quién alegrará su corazón? ¿Quién dará luz a su entendimiento? ¿Quién la encenderá en el amor divino?” (Obras, tomo III, pág. 493).
  
Pero la verdadera influencia espiritual no la ejerció San Alonso Rodríguez con sus obras, que permanecieron inéditas hasta el siglo XIX. El humilde y santo portero de Monte Sión fue durante su vida un foco radiante de espiritualidad. Dentro del convento los superiores, so pretexto de poner a prueba su obediencia, le obligaban a pronunciar pláticas en el refectorio y a contestar a consultas sobre temas arduos de doctrina, que eran siempre esclarecidos por la luminosa experiencia de su vida espiritual. Mediante su correspondencia con personalidades de Palma y de España entera ejerció un verdadero magisterio: pero aún sería mas importante la lista de cuantos recibieron directamente su enseñanza, desde los padres superiores del colegio hasta los novicios que por él pasaban.
  
Representativa de esta influencia del humilde portero es la gran figura de San Pedro Claver. Cuando llegó como novicio tuvo San Alonso la revelación de que aquel joven había de ser santo por los merecimientos de su apostolado en las Indias. Es uno de los episodios más conmovedores de la historia de la espiritualidad española esta profunda y tierna intimidad entre los dos santos. Cuando el joven Pedro Claver partió de Monte Sión consiguió licencia para poder llevarse el cuadernito de avisos espirituales que le había dado el hermano portero Alonso. Estas hojas, que hoy se conservan piadosamente en el Archivo de Loyola, acompañaron al Santo en todas las tremendas vicisitudes de su vida. Su última gran alegría fue recibir en Cartagena de Indias, poco antes de su muerte, la Vida de San Alonso Rodríguez, publicada por el padre Colín. Paralítico y clavado en un sillón escuchaba la lectura de este libro, que evocaría en su mente recuerdos de su juventud en el colegio de Monte Sión, haciéndole sentir la nostalgia de aquellas tierras y de aquellos mares impregnados del recuerdo de Raimundo Lulio, que marcó a la cristiandad aquella ruta de apostolado heroico en cuya práctica consumió su vida abnegada el santo apóstol de los negros esclavos.
 
Finalmente San Alonso Rodríguez es uno de los grandes santos de la Compañía de Jesús. Hombre de pocas letras, aunque muy dado a piadosas lecturas, su doctrina no es producto de una cultura libresca, sino el resultado de una experiencia espiritual, que logró elevarse a las más altas cimas de la vida mística. Como hemos visto, por circunstancias que parecen providenciales, toda su formación estuvo vinculada desde la niñez a la Compañía de Jesús, viniendo a ser este humilde hermano portero una de las pruebas vivientes de que se equivocan los que sostienen que la espiritualidad jesuítica es casi exclusivamente ascética.
 
PEDRO SÁINZ RODRÍGUEZ. Año Cristiano, Tomo IV. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
  
Oh Dios, fortaleza de los frágiles y elevación de los humildes, que quisiste iluminar la fama de tu siervo Alonso por el anhelo del yugo de las mortificaciones y su eximia humildad, concédenos que, siguiendo su ejemplo, perseveremos en seguir fielmente a tu Hijo en la mortificación de la carne y la humildad de la Cruz, y obtengamos la gloria eterna. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 29 de octubre de 2009

LA GRAN TRAGEDIA DESAPERCIBIDA

De ¿Tradidi quod Accepi?



Muy pocos se dan cuenta de la nueva maniobra de disolución y reabsorción de la Tradición por el modernismo apóstata de la Nueva Iglesia postconciliar.



La gran tragedia que pasa prácticamente desapercibida, es la caída de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X, cual último baluarte organizado de envergadura mundial, en manos de la Roma apóstata que lleva a la desactivación del combate y de la resistencia, contra el modernismo imperante, desarticulando la Tradición.


Después del Motu proprio y el levantamiento del decreto de las excomuniones, como pre requisitos para entrar en diálogo con los modernistas que ocupan Roma, principales responsables de la crisis de la Fe y los peores enemigos de la Tradición Católica, llegan al sofisma de los diálogos doctrinales (lentos y por etapas) con que se enmascara la claudicación.


Además, ¿de cuál diálogo se trata? Si el mismo Mons. Fellay declaró hace ya 8 años que aceptaba el 95 % del Concilio Vaticano II, concilio atípico e irregular que se declara ecuménico y no infalible, lo cual es una contradicción esencial y conceptual, como un círculo cuadrado o un triángulo bilátero.


Todo concilio ecuménico verdadero y legítimo, es por definición (y no por voluntad del Sumo Pontífice, ni de los obispos) infalible, pues la Iglesia por divina institución no puede permitirse el lujo de errar en materia de Fe, en su función magisterial extraordinaria y solemne cual es la de todo verdadero, auténtico y legítimo Concilio Ecuménico de la Iglesia divina, incapaz de errar por ser divina.


La Iglesia Católica es infalible por ser divina, si yerra en materia de fe no sería divina, sino puramente humana y esto es contrario a la Fe, al dogma de Fe que dice y proclama que la Iglesia Católica es infalible por ser divina.


Todo el esfuerzo del combate de la Tradición Católica ante el Modernismo innovador en flagrante ruptura con la Iglesia Católica, que es por definición Tradición divina, ha sido desvitalizado por la hábil maniobra de pseudo restauración conservadora de Benedicto XVI, característica de un pseudo profeta , pues en nombre de Dios contradice a Dios, en nombre de Cristo destruye a Cristo (disuelve o diluye a Cristo), en nombre de la Iglesia fomenta la contra Iglesia aggiornada (puesta al día) es decir, en connivencia con el Mundo y la Revolución Anticristiana; la inversión dialéctica es total, la religión está invertida, no religa al hombre con Dios sino con el mundo.


Todo el esfuerzo del combate y de la resistencia heroica está siendo abandonado, adulterado con la parsimonia y la nueva orientación de Mons. Fellay que dialoga con Roma modernista, buscando un rincón en el Panteón de las falsas religiones, donde cohabitan en pacifica armonía todas la creencias sin dogmas que dividan, en el más puro y acabado sincretismo ecumenista.


Cómo conciliar sin claudicar, sin traicionar lo que ya señalo Monseñor Lefebvre, con lo que hoy hace y dice Monseñor Fellay.


Mons. Lefebvre dijo:
«Lo que les interesa a todos ustedes es conocer mis impresiones después de la entrevista con el Cardenal Ratzinger el 14 de Julio último. Lamentablemente debo decir que ROMA HA PERDIDO LA FE, ROMA ESTA EN LA APOSTASIA. Estas no son palabras en el aire, es la verdad: ROMA ESTA EN LA APOSTASIA.


Uno no puede tener más confianza en esa gente, ya que ellos abandonan la Iglesia. Esto es seguro.


No es fácil trazar rápidamente el cuadro de toda la situación. Así se lo he dicho en pocas palabras al Cardenal: Vea Eminencia, aun si usted nos acuerda un obispo, aun si usted nos consiente una cierta autonomía en relación a los obispos, aun si usted nos acuerda el uso de la liturgia de 1962 y el continuar con nuestros seminarios y la Fraternidad como lo estamos haciendo ahora, nosotros no podremos colaborar. Es imposible.


Para nosotros, Nuestro Señor Jesucristo es toda nuestra vida. La iglesia es Nuestro Señor Jesucristo, es su esposa mística. El sacerdote es otro Cristo y su Misa es el sacrificio y el triunfo de Jesucristo por la Cruz.


En Ecône y en nuestros otros seminarios aprendemos a amar a Cristo, a tender todos nuestros esfuerzos hacia el reino de Nuestro Señor Jesucristo. El objetivo de nuestro apostolado es el reino de Nuestro Señor. Esto es lo que nosotros somos.


Ustedes hacen lo contrario. Usted acaba de decirme que la sociedad no debe ni puede ser cristiana, que esta contra su naturaleza. Usted ha querido demostrarme que Nuestro Señor no debe ni puede reinar en las sociedades. Ha querido probarme que la conciencia humana es libre en relación a Nuestro Señor Jesucristo. Hay que dejar en libertad a los hombres y, según su expresión, un espacio social autónomo. Esto es la descristianización. Nosotros no podemos comprendernos. No estamos con la descristianización. Es todo. Nosotros no podemos, entonces, entendernos. Esto es, en resumen, lo que le dije al Cardenal y nos vemos obligados a constatar que nosotros no podemos seguirlos.


Porque esto es la apostasía. Ellos no creen más en la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Quien debe reinar. ¿Por qué? Porque nuestra concepción del Reino de Nuestro Señor Jesucristo va contra la libertad religiosa y contra el ecumenismo.


La libertad religiosa y el ecumenismo se tocan, al punto que uno puede decir que es la misma cosa.


(...) Pienso que podemos hablar de descristianización y que estas personas que ocupan Roma hoy son anticristos. No he dicho ante Cristos, he dicho anticristos, como lo describe San Juan en su primera carta: “Ya el Anticristo hace estragos en nuestro tiempo”. El Anticristo, los anticristos; ellos lo son, es absolutamente cierto.


Entonces, ante esta situación tal como nosotros la conocemos, no debemos preocuparnos por sus reacciones. Ellos están necesariamente contra nosotros. Le dije al Cardenal Ratzinger: Nosotros estamos en todo por Cristo y ellos están contra Cristo. ¿Cómo quiere que podamos entendernos? Ellos nos condenan porque nosotros no queremos seguirlos.


Luego, podemos resumir así la situación: “Si usted hace Obispos, será excomulgado”.

Sí, seré excomulgado. ¿Excomulgado por quién y por qué? Excomulgado por aquellos que son anticristos, que no tienen más el espíritu católico. Y nosotros somos condenados ¿por qué?, porque queremos permanecer católicos. Esa es la verdadera razón por la cual somos perseguidos; y es porque queremos permanecer católicos, porque queremos guardar la Misa católica y el Sacerdocio católico. Es a causa de esto que somos perseguidos».


Si esto dijo Mons. Lefebvre en 1987, durante el retiro sacerdotal en Ecône el 14 de septiembre, cómo conciliarlo sin claudicar, sin traicionar, con lo que dice y hace hoy Mons. Fellay, para quien Benedicto XVI es un conservador favorable a la Tradición; casi un “tradicionalista” bien dispuesto, en quien tiene gran confianza y esperanzas. Es inconcebible, más aún cuando el mismo Benedicto XVI reafirma y reconfirma su pertinacia en el error y la herejía del Concilio Vaticano II como algo irreversible. Evidentemente, estamos siendo traicionados todos los fieles de la Tradición, aunque los efectos no se manifiesten inmediatamente; de aquí la necesidad de prolongar el tiempo, con los diálogos, cuyo paso termina por ablandar y aflojar toda posible reacción.-




Padre Basilio Méramo


28 de octubre de 2009