Vexílla Regis

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MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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jueves, 28 de enero de 2010

SOBRE EL HOLOCUENTO

Al celebrar el mundo anticatólico (y la iglesia conciliar) otro aniversario del Holocuento judío, no puedo más que acentuar mi rabia al ver que una mentira sin pies ni cabeza se sostenga por más de 60 años.

Y con más razón, al pretender ellos decir que San Pío XII era nazi. Pero digo: Pío XII no era nazi. De hecho, firmó a regañadientes el Concordato con Hitler. Durante los años anteriores a la guerra, salvó a muchos judíos escondiéndolos en su casa de verano (allá en Castelgandolfo), con el riesgo de ser capturado y deportado por  Hitler.

Además, tildan a San Francisco Franco de ser nazi. ¡Por favor!, si Franco ordenó a sus embajadores en los territorios ocupados por los nazis que le dieran a los judíos pasaportes españoles para salir de allí. Prueba irrefutable de que Franco era neutral en la II Guerra Mundial, y que estaba en contra de los campos de concentración (tanto de los Aliados, como del Eje Roma-Berlín).

Me parece sumamente hilarante (hasta cómico), que el Antipapa Ratzinger condene el nazismo, si él también era miembro de las Juventudes Hitlerianas y se vinculó en el batallón antiaereo de la Luftwaffe, conduciendo los tanques Panzer (de ahí que no estaba desubicado quien lo llamó "Panzerkardinal" por primera vez).




Bandera de la Luftwaffe


Tanque Panzerkampfwagen VI Ausf. B Königstiger

Como conclusión, podemos señalar que el mal ejemplo de una persona le quita autoridad para hablar lo contrario.


SAN PEDRO NOLASCO, CONFESOR Y FUNDADOR

Nadie tiene amor mayor
que el que da su vida por sus amigos.
(Juan 15, 13)


San Pedro Nolasco, fundador de la Orden de Nuestra Señora de la Merced



San Pedro Nolasco nace en Barcelona en el año 1189.

A los 15 años sufre la muerte de su padre y se dispone a repartir santamente sus muchos bienes a lo que su madre asiente



Años mas tarde, estando en edad de casarse, peregrina a Monserrat. Allí, a los pies de la Virgen, pudo comprender mejor el vacío de las vanidades mundanas y el tesoro que es la vida eterna. Prometió entonces a la Virgen mantenerse puro y dedicarse a su servicio. 

Eran tiempos en que los musulmanes saqueaban las costas y llevaban a los cristianos como esclavos al Africa. La horrenda condición de estas víctimas era indescriptible. Muchos por eso perdían la fe pensando que Dios les había abandonado. Pedro Nolasco era comerciante. Decidió dedicar su fortuna a la liberación de el mayor número posible de esclavos. Recordaba la frase del evangelio: "No almacenen su fortuna en esta tierra donde los ladrones la roban y la polilla la devora y el moho la corroe. Almacenen su fortuna en el cielo, donde no hay ladrones que roben, ni polilla que devore ni óxido que las dañe" (Mt 6,20).

En 1203 el laico San Pedro Nolasco iniciaba en Valencia la redención de cautivos, redimiendo con su propio patrimonio a 300 cautivos. Forma un grupo dispuesto a poner en común sus bienes y organiza expediciones para negociar redenciones. Su condición de comerciantes les facilita la obra. Comerciaban para rescatar esclavos. Cuando se les acabó el dinero forman grupos -cofradías- para recaudar la "limosna para los cautivos". Pero llega un momento en que la ayuda se agota. Pedro Nolasco se plantea entrar en alguna orden religiosa o retirarse al desierto. Entra en una etapa de reflexión y oración profunda. 
 
La noche del 1 al 2 de agosto del año 1218, la Virgen se le apareció a Pedro Nolasco. Según una tradición, también se apareció la Virgen a San Raimundo de Peñafort, y al rey Jaime I de Aragón, y les comunicó a los tres por separado su deseo de fundar una orden para redimir cautivos. 


Nuestra Señora de la Merced



San Raimundo de Peñafort, cofundador de los Padres Mercedarios



Don Jaime I "El Conquistador", Rey de Aragón


El hecho es que la Virgen María movió profundamente el corazón de Pedro Nolasco para fundar la orden de la Merced y formalizar el trabajo que el y sus compañeros hacían ya por 15 años. El 10 de agosto de 1218 en el altar mayor de la Catedral de Barcelona, en presencia del rey Jaime I de Aragón y del obispo Berenguer de Palou, se crea la nueva institución. Pedro y sus compañeros vistieron el hábito y recibieron el escudo con las cuatro barras rojas sobre un fondo amarillo de la corona de Aragón y la cruz blanca sobre fondo rojo, titular de la catedral de Barcelona. Pedro Nolasco reconoció siempre a María Santísima como la auténtica fundadora de la orden mercedaria. Su patrona es La Virgen de la Merced. "Merced" significa "misericordia".

La nueva orden fue laica en los primeros tiempos. Su primera ubicación fue el hospital de Santa Eulalia, junto al palacio real. Allí recogían a indigentes y a cautivos que regresaban de tierras de moros y no tenían donde ir. Seguían la labor que ya antes hacían de crear conciencia sobre los cautivos y recaudar dinero para liberarlos. Eran acompañados con frecuencia de ex-cautivos, ya que, cuando uno era rescatado, tenía obligación de participar durante algún tiempo en este servicio. Normalmente iban cada año en expediciones redentoras. San Pedro continuó sus viajes personalmente en busca de esclavos cristianos. En Argelia, Africa, lo hicieron prisionero pero logró conseguir su libertad. Aprovechando sus dones de comerciante, organizó con éxito por muchas ciudades colectas para los esclavos. 

Los frailes hacían, además de los tres votos de la vida religiosa, pobreza, castidad y obediencia, un cuarto: dedicar su vida a liberar esclavos. Al entrar en la orden los miembros se comprometían a quedarse en lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la fe, en caso que el dinero no alcanzara a pagar su redención. Entre los que se quedaron como esclavos está San Pedro Ermengol, un noble que entró en la orden tras una juventud disoluta. Este cuarto voto distinguió a la nueva comunidad de mercedarios.

El Papa Gregorio Nono aprobó la comunidad y San Pedro Nolasco fue nombrado Superior General.

El rey Jaime decía que si había logrado conquistar la ciudad de Valencia, ello se debía a las oraciones de Pedro Nolasco. Cada vez que obtenía algún triunfo lo atribuía a las oraciones de este santo.

Antes de morir, a los 77 años, pronunció
el Salmo 76: "Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos y con tu brazo has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados".

Su intercesión logró muchos milagros y el Sumo Pontífice lo declaró santo en 1628. 


MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN PEDRO NOLASCO

I. El primer efecto de la caridad de nuestro santo fue consagrar todos los bienes al alivio de los desventurados; por ahí debes comenzar a imitarlo. ¿Qué has hecho hasta ahora para aliviar a tu prójimo en sus necesidades? ¿Qué puedes hacer? Por lo menos ruega a Dios por él, si no puedes hacer más. Sufre con paciencia las imperfecciones de los demás.

II. El segundo efecto de su caridad fue obligarse, con voto, a sacrificar su libertad, si era necesario, para el rescate de los cautivos. ¿Cómo comprometerías tu libertad por el prójimo, tú, que le rehusas una moneda? Sin embargo, por ti ha pagado Jesús y quiere que le pagues lo que le debes, en la persona del prójimo. Visita a los encarcelados, consuela a los afligidos y cuídate de no afligir a nadie con tus palabras o tu mal humor. Esa persona a quien menosprecias es más cara a Jesús que el mundo entero.

III. El propósito principal de este ilustre fundador fue arrancar de la perdición eterna las almas de los cristianos a quienes el tedio de una prolongada cautividad invita a renegar de la fe; así quería, al mismo tiempo, salvar el cuerpo y el alma de esos desventurados. La mejor caridad que puedes hacer a tu prójimo es contribuir a la salvación de su alma; no pierdas ocasión alguna de hacerlo, todas son preciosas.

La caridad para con el prójimo.
Orad por los pobres cautivos.

ORACIÓN

Oh Dios, que enseñasteis a San Pedro Nolasco a imitar vuestra caridad, inspirándole fundara en vuestra Iglesia una nueva familia para el rescate de los cautivos, concedednos por su intercesión que, libres de la servidumbre del pecado, gocemos en el cielo de libertad perpetua. Por J. C. N. S. Amén

miércoles, 27 de enero de 2010

ENTREVISTA A Mons. RICHARD WILLIAMSON, FSSPX

Desde Apostolado Eucarístico


Entrevista de Pierre Panet a Mons. Williamson de la FSSPX


Mons. Williamson rompe el silencio impuesto por el apóstata Fellay y la Iglesia Conciliar



Panet:
Hola, Señor mío. Gracias por haber aceptado esta entrevista. Ud. no ha tenido muchas entrevistas desde el 24 de febrero de 2009, cuando tuvo que salir apresuradamente de Argentina. ¿Cómo está?

Mons.: Estoy bien, gracias. Este es un año sabático inesperado, pero es más bien placentero.

Panet: ¿Cuándo aprendió a hablar francés tan bien?

Mons.: Desde mi infancia. Bueno, las buenas escuelas en Inglaterra eran todavía buenas escuelas y el primer idioma extranjero que aprendimos fue francés.

Panet: ¿Y Ud. enseñó francés también?

Mons.: Sí, así fue. Sí.

Panet: ¿Puede platicarnos acerca del caso que actualmente se lleva contra usted en las cortes de Regensburg?

Mons.: Es por Volksverhetzung: “incitación racial”, porque yo cuestioné los seis millones de judíos. Y cuestionar eso en Alemania es un crimen de acuerdo con la ley alemana. Así que me atacaron.

Panet: ¿Cómo está usted ejerciendo su ministerio ahora?

Mons.: Durmiendo y comiendo y también yo hago un blog cada semana, lo cual me mantiene ocupado con traducciones, pero no mucho más por el momento. Es descanso.

Panet: ¿Puede darme el enlace/referencia de su blog?

Mons.: Tiene que acceder a él en http://dinoscopus.blogspot.com/ y dinoscopus es mitad dinosaurio y mitad obispo en latín. Scopus es la segunda mitad de “episcopus” y din la primera mitad de “dinosaur”. De ahí Dinoscopus. Pero de ahí uno debe obtener una contraseña para ingresar, porque no quisimos que fuera público.

Panet: Gracias. Ahora algunas preguntas acerca de eventos actuales. Algunas preguntas acerca del oriente medio. Hay algunos cristianos en el oriente medio. ¿Cómo analiza usted su situación en relación a los grupos de resistencia en Israel tales como Hamas o Hezbollah?

Mons.: Nada sé acerca de la relación entre cristianos en el medio este y esos grupos de la resistencia árabe. Todo lo que sé es que hay menos y menos cristianos en Tierra Santa debido a que son perseguidos. Ellos no los quieren en Tierra Santa, así que afuera. No hay duda: muchas formas de ejercer presión y ellos se van.

Panet: ¿Le parece difícil que se establezca el diálogo entre cristianos y musulmanes?

Mons.: Hay dos cuestiones aquí. Está la cuestión de pueblos y la cuestión de religiones. En la cuestión de pueblos, el buen sentido es suficiente para vivir juntos, ¿o no?. En la cuestión de religiones, para un católico que toma seriamente la fe católica, es la única religión que es completamente verdadera. Todas las otras religiones son más o menos verdaderas, más o menos falsas. Por lo tanto, en el plano de las religiones no puede haber un acuerdo. No es posible. Pero siempre, en muchos de los paises de medio oriente, cristianos y musulmanes han vivido juntos en paz por siglos debido a la fuerza de las cosas. Cada uno reconoce que no convertiría al otro, y así viven juntos.

Había una cohabitación/co-existencia. De tiempo en tiempo esto era roto por una guerra. Ahora es perturbada en todo el oriente medio y así ha estado desde 1947, se podría decir. Y no sabemos como terminará.

Panet: Ahora una pregunta acerca de Irán. ¿Qué debería hacer un verdadero cristiano frente a todo este actual oriente, la llamada distribución cristiana-judía, que promueve la confrontación?

Mons.: La cuestión completa es conocer si una guerra contra Irán sería una guerra justa, y para un católico acorde a los principios clásicos (conocidos por siglos) de la doctrina católica de guerra justa. ¿Sería justo atacar Irán? Yo no creo que sería justo atarcar Irán, de acuerdo con la doctrina católica.

Panet: El estado de Israle: ¿tiene legitimidad religiosa o política?

Mons.: La pregunta es obviamente delicada. Digamos que mucha gente cree que es legítima. Esto no necesariamente significa que lo sea.

Panet: Tres preguntas sobre fe. ¿No deberíamos considerar el Nuevo Testamento como una ruptura del Antiguo Testamento y, entre otras cosas, usted cree en la existencia de un Pueblo Escogido?

Mons.: Bueno, esas son dos preguntas. Primeramente, ¿hay una ruptura entre la crisálida y la mariposa?

Panet: No.

Mons.: Bueno, esa es la relación precisa entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. Porque San Agustín dice que el Nuevo Testamento está oculto en al Antiguo y el Antiguo se esclarece en el Nuevo. [Monseñor cita en Latín]. Si, eso es en latín. Es uno de esos argumentos lapidarios que San Agustín hace cuando dice mucho en pocas palabras.

Panet: ¿Qué dice del Pueblo Escogido?

Mons.: Hay un Pueblo Escogido. El Antiguo Testamento tenía su pueblo escogido. Era el hebreo y en el momento de la muerte de Nuestro Señor en la Cruz, el Pueblo Elegido ya no es elegido de acuerdo con la carne o los descendientes físicos de Abraham… Pasa como explica San Pablo claramente en sus epístolas: el Pueblo Elegido fue elegido por la fe y los descendientes de Abraham [lo son] a través de la fe. Esto significa que todos los católicos y todos los judíos que creen y todos los no judíos que creen.
Ya no hay judíos elegidos y no-judíos no elegidos; son judíos y no-judíos elegidos si tienen la fe. Todo depende de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

Panet: ¿Como considera fe y razón? La distinción que hace Kant entre “moumenon” y “phenomenon”.

Mons.: Imagine una enorme F con una pequeña R presionada contra la base de la F. Eso es fe y razón. La fe sobrepasa infinítamente a la razón, así que lo sobrenatural excede a lo natural. Naturaleza es este pobre y pequeño mundo que nos rodea con criaturas, el cielo, las estrellas, las montañas, los tigres, hombre. Eso es naturaleza. Lo sobrenatural: es todo Cielo, es todo Dios. Lo sobrenatural es infinitamente más que lo natural. La razón nos da un acceso natural a la naturaleza, lo que es válido en y de sí mismo y no es mal interpretado ni pisoteado ni aplastado por lo sobrenatural. [Cita a Santo Tomás] Gratia non tollit naturam. La Gracia no aplasta a la naturaleza. La Gracia es celebrada por la naturaleza. Es Dios quien ha creado la naturaleza para que el hombre pueda llegar al Cielo. Así pues, no es posible tener una guerra entre gracia y naturaleza. No puede tener lugar. Dios creó ambas. Igualmente razón y fe: es Dios quien nos da tanto nuestra razón como el don de fe. Las dos no se contradicen. La razón de Dios está perfectamente alineada con la fe real y sólo es falsa razón aquella que no está alineada con la fe; y la falsa fe, la cual no está alineada con la razón. Pero las dos está por sí mismas perfectamente alineadas.

Panet: ¿Cómo argumenta que uno pueda intelectualmente concebir Dios, pero no sentir su profunda existencia? Es mi cuerpo. Intelectualmente puedo concebir a Dios.

Mons.: La religión no es una cuestion de sentimientos. Es una cuestión de inteligencia y voluntad. Ud. Acaba de decir que su inteligencia puede concebir a Dios, por lo tanto su inteligencia es la parte más importante. Los sentimientos y las emociones le seguirán. Ud. tiene perfectamente el derecho de decir: “Señor, yo no siento tu presencia en nada. Yo entiendo con mi inteligencia que Tú existes y que Tú estas escuchando y yo te rezo, sin sentirlo, pero yo rezo”.

Panet: ¿Y acerca de “noumenon” y “phenomenon”?

Mons.: La distinción que hace Kant es muy peligrosa, porque él concluye que nosotros sólo podemos conocer las apariencias. Más allá de eso, nosotros no podemos conocer nada. Es la destrucción de la razón, teología; la destrucción del conocimiento y la desctrucción del espíritu humano. Y ese es el desatre que nos rodea en todo el mundo. Kant es un ciminal de primer orden. Un criminal.

Panet: ¿Pero él encontró fe nuevamente?

Mons.: No, no, no, no, no. Escuche: lo que yo deseo existe. Yo deseo Dios. Entonces Dios existe. ¿Eso le parece bien?

Panet: Si.

Mons.: Bueno, no. No es el deseo lo que crea la realidad. ¿Ud. desea un millón de euros en su bolsillo? ¿Los tiene? No. No son reales. Sólo porque yo deseo a Dios no significa que Él es real. Yo quiero a Papá Noel, eso no significa que exista.

Panet: Pensaré en ello.

Mons.: Ponga alguna confianza en su inteligencia y no permita que se corrompa por [palabra ininteligible] de Kant.

Panet: ¿Y qué sabe usted de las negociaciones entre la Fraternidad y el Vaticano?

Mons.: Creo que terminarán en un diálogo de sordos, por dos cosas: Una, las dos posiciones son irreconciliables por sí mismas. Por ejemplo 2+2=4 y 2+2=5 son irreconciliables. Así que una de tres cosas: o ellos dicen 2+2=4, o renuncian a la realidad y dicen 2+2=5 -esto es, la Fratenidad abandonaría la verdad, que Dios no lo permita- o que esos que dicen 2+2=5 se convierten y regresan a la verdad, o los dos aceptan a medias [la otra opinión], lo que significa que deciden que 2+2=4 ½. Es incorrecto. Por lo tanto, o la Fraternidad se traiciona a sí misma, o Roma se convierte, o es un diálogo de sordos.

Panet: Todavía en cuestiones de fe: ¿Judas perdió el perdón de Dios?

Mons.: Él rehusó el perdón de Dios.

Panet: ¿Quiere decir que si él lo hubiera pedido lo hubiera recibido?

Mons.: Definitivamente. Con arrepentimiento. Si él se hubiera arrepentido y arrojado al pie de la Cruz, Nuestro Señor le habría perdonado. Definitivamente.

Panet: Mi última pregunta: Creo que Ud. admira mucho a Beethoven. ¿Cuál es su obra favorita, que más toca su corazón?

Mons.: La Tercera Sinfonía. El primer movimiento de la Eroica



Fuente: Radio Cristiandad.



Visto en Santa Iglesia Militante.


martes, 26 de enero de 2010

LOS NAZIONISTAS VOCIFERAN: O NOSOTROS O LA EX-FSSPX

Consideramos hilarante y absolutamente ridículo el ultimatum que la Sinagoga de Satanás (en persona de Ricardo di Segni) dio a la Iglesia conciliar en el mensual Il Consulente RE. Esto se debe a los acercamientos que ésta tiene con la ex-FSSPX. Anotamos que los judíos se indignaron por las verídicas palabras de Mons. Richard Williamson sobre la falsedad del Holocuento judío.




Ricardo di Segni, rabino jefe de la apóstata Roma

Habiendo afirmado que en el discurso de Ene-15-2010 de Benedicto "XVI" a los participantes en la sesión plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “había habido una extraña apertura a los lefebvrianos”, es contrapreguntado y fíjense en la respuesta:

Il Consulente RE: ¿Por qué extraña? El Papa en esa ocasión ha hablado a la Congregación para la Doctrina de la Fe reunida en la asamblea plenaria anual. Y es tal Congregación la que se ocupa hoy de los lefebvrianos... el Papa sólo ha expresado el deseo de que sean “superados los problemas doctrinales que subsisten para el regreso a la plena comunión con la Iglesia” de parte de los lefebvrianos...

Di Segni: Si la paz con los lefebvrianos significa renunciar a la apertura del Concilio, la Iglesia deberá decidir: ¡o ellos o nosotros!

Jorge de la Compasión dice: Yo no puedo compadecerme de los conciliares, pero considero que personas como Di Segni deben ser borrados de la faz de la tierra. Por otra parte, he aquí los frutos del Conciliábulo.

¿CUÁN ANTIGUO ES EL CANON DE LA MISA?

Por el Padre Francisco Radecki CMRI. Tomado de CONGREGACIÓN MARÍA REINA INMACULADA.
  
¿CUÁN ANTIGUO ES EL CANON DE LA MISA?
  

¿Compuso la Iglesia el canon de la Misa en épocas posteriores, o encuentra su institución y composición en los tiempos apostólicos? La respuesta a esta pregunta es de capital importancia ahora que la misa latina y el canon tradicional han sido suplantados ilegalmente por la Iglesia conciliar con el Novus Ordo.
   
El Concilio de Trento habló de la santidad y la perfección del canon en la siguiente manera: «Y como es conveniente que las cosas santas se manejen santamente; y de cuanto existe, este sacrificio es el más santo; la Iglesia católica, para que se ofreciese y recibiese digna y reverentemente, estableció muchos siglos ha el sagrado canon, tan limpio de todo error que nada incluye que no de a entender en sumo grado cierta santidad y piedad, y levante a Dios los ánimos de los que lo ofrecen; porque el canon consta en parte de […] las tradiciones de los Apóstoles, así como de los piadosos estatutos de los santos pontífices» [1].
   
La fraseología exacta que hoy se emplea en el canon no fue usada verbatim por los Apóstoles, y, sin embargo, gran parte de ella y de todos los elementos esenciales del canon pueden rastrearse a los tiempos apostólicos. En esa era no existían libros impresos, sino manuscritos plasmados en hojas de papiro, para los cuales se requería mucho tiempo y mucha labor. El vasto sistema de comunicación mundial, que nosotros damos por sentado, no existía. Los cristianos eran severamente perseguidos y cazados; la Iglesia estaba en su infancia; y los Apóstoles se encontraban esparcidos por el mundo conocido. Todos estos factores contribuyeron a una liturgia ligeramente diversificada. Sin embargo, las partes esenciales del canon existían en todas ellas; la terminología empleada era muy similar, y en ciertas partes, exactamente igual a la del canon de hoy.
   
«En todas las liturgias conocidas, la parte central de la Eucharistia y, por tanto, de la Misa, está formada por la narrativa de la institución y por las palabras de la consagración. Lo primero que observamos con respecto a eso es el hecho extraordinario de que los textos que hablan de la institución, en particular los más antiguos (los tenidos por tradición o los reconstruidos por estudios comparativos), nunca llegan a ser una simple repetición de textos bíblicos; sino que se remontan a tradiciones prebíblicas. Aquí nos enfrentamos al surgimiento de esa última novedad, a saber, que la Eucaristía fue celebrada mucho antes que los evangelistas y San Pablo registraran el Evangelio. Aun las notorias discrepancias en los textos bíblicos que conciernen este detalle se explican por ese mismo hecho, pues en ellas encontramos evidentemente segmentos de la vida litúrgica de la primera generación de cristianos».[2].
   
La asombrosa uniformidad de la Misa, especialmente en el área del canon como era observada en los primeros siglos, «quizá se evidencia más sorprendentemente en la convicción expresada por los Padres del siglo II, de que Cristo había instruido personalmente a sus Apóstoles en lo tocante a toda esa parte de la Misa, conocida como como la Oración Eucarística en la Iglesia primitiva, y que corresponde a la “Anáfora” en la Iglesia oriental, y al prefacio y canon combinados en la occidental» [3].
   
El término ‘canon’ significa regla fija, y viene de la epístola de San Pablo a los gálatas: «Y los que anden conforme esta regla, paz y misericordia sea a ellos» [4].
   
¿Alguna vez consagró Cristo el pan y el vino después de la Santa Cena?, o, que es lo mismo, ¿ofreció Misa alguna otra vez? En el camino a Emaús, en la tarde de Pascua, dos discípulos le pidieron a Cristo (sin reconocerle) que permaneciera con ellos. «Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, y lo partió, y les dio» [5]. Como no es posible que Nuestro Señor hubiera usado una forma de consagración incompleta, se sigue que utilizó las mismas palabras de la Santa Cena.
   
La Tradición y la Escritura nos informan que la Misa fue ofrecida en el cenáculo en la casa de María, la madre de Marcos, donde «muchos estaban reunidos orando» [6], y en incontables otras casas y oratorios de las comunidades cristianas.
   
Originalmente, la Misa fue ofrecida en el idioma hebreo o arameo en Jerusalén y en las ciudades circundantes. Conforme la Iglesia se extendió por todo el imperio romano, se introdujo el griego como el idioma litúrgico.
   
La Iglesia siempre ha sostenido que la esencia del canon de la Misa tuvo su origen en tiempos apostólicos, aunque con el transcurso del tiempo le fueron añadidos ornamentos para hacer de él algo más majestuoso, más impresionante, y más devocional. Pero de la sustancia o esencia de las propias palabras de Cristo, ni una jota fue cambiada. El más reciente de estos ornamentos ocurrió durante el pontificado de San Gregorio I, hace casi 1500 años. De ahí que el papa Vigilio pudiera escribirle al obispo Profuturo de Braga en 538: «Os mandamos el texto del canon en la forma que Nos hemos recibido, por la gracia de Dios, de la Tradición apostólica» [7].
  
Los historiadores debaten los años precisos, pero no las eras en las que el canon adquirió la forma usada hoy en el Misal Romano. La siguiente tabla coloca los varios elementos del canon en una perspectiva cronológica:
  1. Periodo primitivo: narración de la Última Cena (Qui Prídie).
    a. Periodo de los papas San León I (440-461) o San Dámaso (366-384).
  2. San Ambrosio garantiza las oraciones en su obra De Sacraméntis, siglo IV; pero en una forma menos pulida e incompleta que en el texto presente:
    • Quam Oblatiónem
    • Unde et Mémores
    • Supra Quæ Propítio
    • Súpplices Te Rogámus
  3. Oraciones cuya existencia se supone a partir de una carta del papa Inocencio I a Decencio, obispo de Gubbio, 19 de marzo de 416 [8]:
    • Te Ígitur
    • Meménto de los vivos
  4. Del periodo de los papas Símaco (498-514) o Vigilio (538):
    • Communicántes
    • Hanc Ígitur
    • Nobis Quóque
  5. En último lugar, en el siglo IX a más tardar:
    • Meménto de los muertos [9]
La fluidez y el perfecto balance de estilo y simetría en el canon lo hacen literalmente una obra maestra sin paralelo. La armoniosa combinación de oraciones de acción de gracias, de recuerdos y ofrendas sirve de factor unificante, y efectúa una sorprendente singularidad de propósito en toda la obra.
   
Además de las obras ya citadas, varios otros manuscritos antiguos confirman la autenticidad de la Misa tal como la tenemos hoy. «En el Sacramentario Leoniano pueden encontrarse casi 200 formularios del presente Missále Romanum» [10]. Esta obra es atribuida al papa San León I (440-461). Varios otros sacramentarios, como el Gelasiano, compuesto por el papa Gelasio (492-496), y el Gregoriano, compuesto por San Gregorio I (590-604), también prueban la antigüedad del canon. El Ordo Románus I, que fue publicado por Mabillion, asimismo proporciona a los eruditos contemporáneos de una mayor penetración hacia el canon primitivo. Este documento fue el primero en una serie de Órdines Románi compuestos entre los siglos VII y XIV y es, por tanto, uno de los más importantes a causa de su edad.
  
Algunos vestigios de la Misa romana se remontan a San Justino (150 d.C.) y San Hipólito (215 d.C.). Hacia el 250 d.C., el idioma latín fue usado en la liturgia en las ciudades más importantes del imperio romano. La práctica de rezar la Misa entera en latín se volvió costumbre para el 380 d.C.
  
¿Cuando inició el uso de rezar el canon en voz suave? «La recitación en voz suave aparece a principios del siglo VIII y en el IX y con el Ordo Románus II, se vuelve obligatoria. En todas partes la tendencia era rodear el canon con respeto y un sentido de misterio, y reservarlo para el celebrante solo» [11].
   
La Anáfora de San Hipólito, también llamada Tradición apostólica, y escrita antes del año 235, contiene la esencia del canon como lo tenemos hoy.
  
«Hacia finales del siglo IV, San Ambrosio de Milán, en una colección de instrucciones para los recién bautizados titulada De Sacraméntis, expresa la parte central del canon en forma sustancialmente idéntica al texto de nuestro misal, aunque algo reducida» [12]. «Con el paso del tiempo se añadieron oraciones, y muchos autores atribuyen la forma presente del canon al papa Gelasio (492-496). El único elemento que falta en este canon es el meménto de los muertos, el cual fue añadido después» [13]. ¡Esencialmente, el canon, como lo conocemos hoy, ya estaba completo 1000 años antes de que Colón descubriera América!
   
El prefacio y el Sanctus son enlaces tradicionales entre el ofertorio y el canon: el Te Ígitur es el que comienza el canon propiamente dicho. Con todo, el prefacio y el Sanctus a menudo son considerados parte del canon de la Misa. El prefacio, antes bien, es una oración de alabanza a Dios que cambia según la temporada o festividad litúrgica.
   
El primero en aludir al Sanctus fue San Clemente en su Primera epístola a los corintios. El Sanctus está tomado del «Santo» de Isaías, el Benedíctus de Mateo 21, 9, y el Hosanna de Salmos 117, 26.
  
El Te Ígitur invoca la bendición divina sobre la Iglesia: práctica de los primeros cristianos, como se prueba a partir de la Didajé (9.4 y 10.5) y de San Policarpo (155-156), quien oró «por la Iglesia católica extendida sobre la faz de la tierra» [14].
  
La conmemoración de los vivos se derivó de la lectura de los diptychon (tablas de madera, piedra o mármol en las que se grababan los nombres de los fieles cristianos). San Agustín nota que la oración «“Te ofrecemos… por tu santa Iglesia Católica: dígnate darle paz… por toda la redondez de la tierra” está hecha a modelo del pasaje bíblico de I Tim. 2, 1» [15].
  
En seguida se mencionan a la siempre Virgen María, Madre de Dios, los doce Apóstoles y los doce mártires en una oración llamada Communicántes.
  
Todos los santos mencionados aquí fueron mártires, todos murieron antes de terminar el siglo IV, y todos fueron especialmente venerados en Roma. A la Santísima Virgen, aun cuando en la realidad no fuera mártir, se le da el título de Reina de los Mártires, ya que siete espadas dolorosas atravesaron su corazón (San José, en cambio, no fue mártir y, por tanto, la Iglesia no lo colocó en el canon). El nombre de nuestra Santa Madre es seguido por los nombres de:
  • 11 Apóstoles, juntos con San Pablo;
  • 5 Papas mártires: Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio;
  • 1 Obispo: Cipriano;
  • 2 Clérigos: Lorenzo y Crisógono; y
  • 4 Laicos: Juan y Pablo, Cosme y Damián
El Hanc Ígitur fue añadido al Misal durante el pontificado de Vigilio, alrededor del año 538. Durante esta oración, el sacerdote coloca sus manos sobre la hostia y el cáliz. Esta práctica fue sacada de Levítico 1, 4; Salmos 50, 19 y Éxodo 29, 10, que simbolizaban el ofrecimiento de una víctima a Dios. El Dr. Gihr lo explica así: «Antes de la consagración, el sacerdote extiende sus dos manos horizontalmente sobre la hostia y el cáliz. El pulgar derecho se coloca sobre el izquierdo con lo cual forma una cruz. El ritual de la imposición de las manos ocurre a menudo en ambos Testamentos, así como en la liturgia. En el culto mosaico, la imposición de las manos representaba la transferencia del pecado y la culpa al animal que iba a ser sacrificado, el cual habría de morir en lugar del hombre. En la Santa Misa, la imposición de las manos […] muestra que Cristo se ofrece a sí mismo sobre el altar en lugar nuestro, por amor a nosotros y por causa de nuestros pecados; y, además, indica que debemos unirnos a su sacrificio, ofreciéndonos en él y junto con él» [16].
   
La consagración es el corazón del canon, así como la Misa es el corazón de la fe católica. El Concilio de Trento expresa de manera elocuente lo que ocurre durante la consagración: «Esto ha creído siempre la Iglesia de Dios, que inmediatamente después de la consagración, el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Nuestro Señor, juntamente con su alma y divinidad, existen bajo las apariencias del pan y del vino» [17]. El Doctor Angélico escribe en la Summa: «Sin embargo, cuando llegado el momento en que ha de realizarse el Venerable Sacramento, [el sacerdote] no usa ya sus propias palabras, sino las de Cristo. Por tanto, las palabras de Cristo son las que realizan el Sacramento» [18] (Está claro que la falsificación de las palabras de Cristo por el Novus Ordo impiden la transubstanciación del pan y del vino).
   
La forma utilizada en la consagración del pan y del vino no está tomada de una sola fuente bíblica, antes bien contiene pasajes de Mateo 26, 26-28; Marcos 14, 22-24; Lucas 22,19-20; Juan 17, 9; I Cor. 11, 23-26; y Hebreos 9, 28. «El texto del canon romano no se asemeja enteramente a ninguna de las cuatro narraciones de la institución halladas en el Nuevo Testamento, sino que, muy posiblemente, represente una tradición más antigua: cuando San Pablo escribió la narración de la Santa Cena en su primera epístola a los corintios —en el 55 ó 56—, la eucaristía ya había sido celebrada por casi un cuarto de siglo» [19].
  
«El texto es virtualmente idéntico al de De Sacraméntis y es común a todas las liturgias occidentales; hecho aún más extraordinario, ya que muestran notables diferencias en otros lugares. En el Este, existen diferencias de detalle» [20].
   
En tiempos contemporáneos, ha habido mucho debate sobre las palabras «ESTA ES MI SANGRE… QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR MUCHOS…» halladas en el canon de la Misa. Santo Tomás de Aquino dice: «El ætérni y el mystérium fídei fueron transmitidos por Nuestro Señor» [21]. «Generalmente se acepta que las palabras “NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO: MISTERIO DE FE” fueron pronunciadas alguna vez por Nuestro Señor; ellas, además, manifiestan y explican la dignidad y los efectos de este sacrificio» [22]. Y Suárez apoya este argumento: «Debe decirse que todas estas palabras fueron pronunciadas por Cristo. Esta es la opinion común, y cierta para mí» [23].
   
San Buenaventura escribió: «La forma para la consagración del Cáliz, “ESTA ES MI SANGRE”, es muy característica de la Sangre de Cristo en cuanto que, en este sacramento, es derramada para pagar nuestra redención, y a la vez nos es ofrecida como bebida. Las palabras “CÁLIZ DE MI SANGRE” exponen mejor el doble sentido que la sola palabra “sangre”» [24].
   
El Concilio de Trento se expresa en forma definitiva: «Las palabras adicionales “POR VOSOTROS Y POR MUCHOS” son tomadas unas de Mateo, otras de Lucas; pero fueron unidas por la Iglesia Católica bajo la guía del Espíritu de Dios, en cuanto sirven para declarar el fruto y el provecho de su Pasión. Porque si miramos a su valor, hemos de confesar que el Redentor derramó su sangre para la salvación de todos; mas, si vemos el provecho que la humanidad ha sacado de ella, fácilmente veremos que corresponde no a todos, sino a muchos de la raza humana. Por tanto, cuando (Nuestro Señor) dijo “POR VOSOTROS”, se refería a los presentes o bien a los escogidos de entre el pueblo judío, tales como, con excepción de Judas, los discípulos con quienes hablaba. Y cuando añadió, “Y POR MUCHOS”, quizo dar a entender el remanente de los elegidos entre judíos o gentiles.
   
«Con razón no se usaron las palabras por todos, pues aquí solo se habla de los frutos de la Pasión, y únicamente a los elegidos vino Él a dar esos frutos de salvación. Y esta es la intención del Apóstol [25] cuando dice: “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos”, y también lo son las palabras de Nuestro Señor en Juan: “Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son” [26]» [27]. Es imprescindible enteder cómo todas las referencias y narraciones bíblicas de la Última Cena, todos los cánones antiguos y versiones subsecuentes a través de las centurias, tanto en el Este como en el Oeste, han usado la frase o «por vosotros» o «por vosotros y por muchos». Ninguna narración emplea el término «por todos los hombres», ya que estas palabras no fueron usadas por Cristo en la Última Cena; y, si se colocaran, invalidarían la Misa al modificar la intención de Cristo.
   
La costumbre de elevar la Hostia después de la consagración para ser adorada por los fieles comenzó alrededor del siglo XII, el papa San Gregorio X la extendió a la Iglesia universal en el siglo XIII, en el siglo XVI comenzó la costumbre de elevar también el Cáliz; y en el siglo XX, el papa San Pío X instó a los fieles católicos a contemplar la Hostia y el Cáliz con amor, fe y devoción.
   
La oración Unde et Mémores, viene enseguida de la consagración. «Esta y las siguientes oraciones son compartidas por todas las liturgias, al menos en forma equivalente, y por inspiración se remontan a los tiempos apostólicos. Son elementos pertenecientes al antiguo canon romano, y la forma del texto se fijó probablemente en el siglo IV» [28].
   
El Supræ Quæ es la segunda oración que sigue a la consagración. En ella se mencionan los diferentes tipos de sacrificio hallados en el Antiguo Testamento, es decir, los de Abel (inmolación de una oveja), Abrahán (ofrecimiento de su hijo Isaac a Dios) y Melquisedec (consagración de pan y vino): figuras del sacrificio de Cristo. Esta oración en particular se encuentra en la Didajé, la Liturgia de Santiago y en el Diálogo con Trifón de San Justino. «Las palabras concluyentes “…estos santos e inmaculados sacrificios, esta Hostia pura, Hostia santa, Hostia inmaculada…” se refieren a la profecía hallada en Malaquías 1, 6-14, que trata de un sacrificio puro».
   
El meménto de los muertos también es una oración antigua. El libro de oraciones de Serapión dice: «Oramos también por todos los difuntos a quienes conmemoramos (los nombres se dicen a continuación). Santifica estas almas (Juan 17, 19), porque Tu conoces todo; santifica a todos los difuntos en el Señor y permite que se unan con Tus santos ángeles, y dáles un lugar y un hogar en Tu reino (Juan 17, 24)». No obstante, el texto es antiguo en forma, y varios documentos muestran que en el siglo IV, tanto en el Este como en el Oeste, se hacía una conmemoración de los muertos en la Misa, algunas veces antes y otras veces después de la consagración [29]. El Misal Irlandés de Bobbio, escrito a principios del siglo VIII, coloca el meménto de los muertos en el mismo lugar en que se encuentra hoy.
  
Símaco nos dice que el Nobis Quóque Peccatóribus menciona quince mártires venerados especialmente en Roma. Estos santos fueron todos martirizados antes del término del siglo IV:
  • San Juan Bautista (Profeta)
  • San Esteban (Diácono)
  • San Matías (Apóstol)
  • San Bernabé (Discípulo)
  • San Ignacio (Obispo)
  • San Alejandro (Papa)
  • San Marcelino (Sacerdote)
  • San Pedro (Exorcista)
  • Santa Felicidad (Mujer casada de Cartago)
  • Santa Perpetua (Mujer casada de Cartago)
  • Santa Águeda (Virgen de Sicilia)
  • Santa Lucía (Virgen de Sicilia)
  • Santa Inés (Virgen de Roma)
  • Santa Cecilia (Virgen de Roma)
  • Santa Anastasia (Viuda)
El Per Quem le sigue con elegancia, aunque en las liturgias galicanas y visigóticas era la conclusion del Supplices. La solemne doxología Per Ipsum concluye el canon. Se hacen cinco señales de la cruz con la Hostia, y luego es elevada junto con el Cáliz, acto que precedió por centurias la elevación de la Hostia y el Cáliz en la consagración. Es una muy apropiada conclusión al canon de la Misa. A través del sacrificio de Cristo sobre la cruz, y por la incruenta representación de ese acto terrible pero redentorio, se ofrece un honor infinito al Dios Trino. Las pinturas de las catacumbas, particularmente la Fractio Panis, igualmente prueban la antigüedad de la Misa y el canon. La Misa y el Pan de Ángeles robustecieron y fortificaron a los primeros cristianos de tal manera que el martirio fue deseado ansiosamente como prueba de su fidelidad.
   
El canon es la roca inmóvil sobre la que descansa la liturgia. Pocas obras literarias retienen su vigor original después de varios siglos; con todo, el canon de la Misa permanence tan vívido como siempre. Su excelencia integral, su sabia doctrina y sus oraciones sublimes han sobrevivido intactas hasta el siglo XX. Su antigüedad, su belleza celestial y sus aspiraciones nobles la hacen una obra digna de Dios, agradable a Dios. En todos los aspectos, ciertamente es una obra de Dios.
   
NOTAS
[1] Denz. 942.
[2] Rev. Joseph Jungmann, S.J., The Mass of the Roman Rite, p. 418.
[3] Rev. Joseph Husslein, S.J., The Mass of the Apostles, p. 319.
[4] Gálatas VI, 16.
[5] Lucas XXIV, 30.
[6] Hechos XII, 12.
[7] Carta al obispo Profuturo de Braga. En Patrología Latina 69, col 18.
[8] P. Pierre Batiffol, Leçons sur la Messe, París 1919.
[9] François Amiot, The History of the Mass, p. 76.
[10] Ibid., p. 18.
[11] Ibid., p. 77.
[12] Jungmann, op. cit., p. 33-37.
[13] Amiot, op. cit., p.17.
[14] Ibid., p. 81.
[15] Epist. 149 ad Paulinum.
[16] Dr. Nicholas Gihr, The Holy Sacrifice of the Mass, pp. 62-67.
[17] Denz. 876.
[18] De Sacramentis, IV, 4 c.f. Santo Tomás, Summa Theologíæ, parte IIIA, cuestión 78, art. 1.
[19] Amiot, op. cit., p. 90.
[20] Ibid.
[21] Santo.Tomás, op. cit., parte IIIA, cuestión 78, art. 3, respuesta a la objeción 9.
[22] Gihr, op. cit., p. 640.
[23] Disp. 60, secc. 3, N.º 2.
[24] P. Atanasio Bierbaum OFM, Pusillum, p. 72.
[25] Hebreos IX, 28.
[26] Juan XVII, 9.
[27] John A. McHugh y Charles J. Callan, Catechism of Council of Trent, p. 227.
[28] Amiot, op. cit., p.95.
[29] Jungmann, op. cit., pp. 237-48.

lunes, 25 de enero de 2010

LOS MOTIVOS DEL LOBO

Desde La Puerta Angosta



LOS MOTIVOS DEL LOBO

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertos y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: "¡Paz, hermano
lobo!" El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: "!Está bien, hermano Francisco!"
"¡Cómo! exclamó el santo. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?"

Y el gran lobo, humilde: "¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
¡Y no era por hambre, que iban a cazar!"

Francisco responde: "En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!"

"Esta bien, hermano Francisco de Asís."
"Ante el Señor, que toda ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata."
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, bajo la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: "He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios." "¡Así sea!",
Contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió la testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.

Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.

Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto en los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si estuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos los buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.

"En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote dijo, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho."

Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:

"Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.

Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad."

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: "Padre nuestro, que estás en los cielos..."

.
Rubén Darío

LA MARCHA DE ORIAMENDI: GRITO DE GUERRA



La Marcha de Oriamendi es el himno del carlismo. Su nombre viene del de una batalla que tuvo lugar en el monte homónimo, situado en las inmediaciones de San Sebastián, en 1837, durante la Primera Guerra Carlista en el que el ejército carlista derrotó al cristino (de la usurpadora María Cristina).

Según cuenta la leyenda, tras la derrota de las tropas liberales, los carlistas entraron en el campamento cristino, tomando como botín de guerra, armas, uniformes y, también, la partitura de una marcha militar compuesta por un músico inglés y arreglada por un liberal donostiarra, sin letra, para conmemorar la victoria de los cristinos, y a la que los carlistas pusieron letra.

Por supuesto, la letra original no era la misma que hoy entonamos. Así era en un principio:



ORIGINAL (En guipuzcoano)

Gora Jainko maite maitea
zagun denon jabe.
Gora Espania ta Euskalerria
ta bidezko errege.
Maite degu Euskalerria,
maite bere Fuero zarrak,
asmo ontara jarriz daude
beti karlista indarrak.
Gora Jaingoiko illezkor!!!
Gora euskalduna,
auto ondo Espaniako
errege bera duna!!!
TRADUCCIÓN

Viva Dios queridísmo
tengámoslo todos por dueño.
Vivan España y el País Vasco
y el rey legítimo.
Amamos al País Vasco,
amamos sus viejos Fueros,
a esta idea están orientadas
siempre las fuerzas carlistas.
¡¡Viva Dios inmortal!!
¡¡Viva el vasco,
que tiene bien
el mismo rey de España!!

El Carlismo, como no es sólo de las Vascongadas, sino de toda España, arregló la Marcha para mostrar los ideales de éste. De ahí que, gracias a Ignacio Baleztena Azcárate, tenemos la letra que hoy conocemos:

Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharemos nosotros también.

Lucharemos todos juntos
Todos juntos en unión
Defendiendo la bandera
De la Santa Tradición. (bis)

Cueste lo que cueste
Se ha de conseguir
Venga el rey de España
A la corte de Madrid. (bis)

Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharemos nosotros también.

Desde entonces, la Marcha de Oriamendi se convirtió en símbolo del Carlismo. Durante la Cruzada Española, fue uno de los himnos nacionales de España, junto con "Cara al Sol" (de la Falange) y la Marcha Real de José María Pemán. Pero Franco cambió la mención a la vuelta del rey de España («venga el rey de España a la corte de Madrid»), por «que las boinas rojas entren en Madrid», más acorde con la nula voluntad de Franco de restaurar la monarquía en la dinastía Borbón-Parma.

Para escuchar la Marcha de Oriamendi, seguid el enlace.