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jueves, 31 de diciembre de 2015

HIMNO "Te Deum laudámus", EN ACCIÓN DE GRACIAS POR EL AÑO TRANSCURRIDO

  
El "Te Deum laudámus" es un himno compuesto por San Ambrosio de Milán y San Agustín durante el Bautismo de éste último, el Sábado Santo del año 387, que había caído el día 24 de Abril (en aquella época, la formación de los catecúmenos era durante la Cuaresma, y el Sábado Santo recibían el Bautismo, la Confimación y la Comunión). La Iglesia lo recita en el Divino Oficio, finalizadas las Maitines, con las mismas rúbricas que el Glória in excélsis en la Misa. Además, hay otorgada indulgencia por rezarlo el 31 de Diciembre como acción de gracias por el año transcurrido.
 
Te Deum laudámus:
Te Dóminum confitémur.
Te ætérnum Patrem,
Omnis terra venerátur.
   
Tibi omnes Ángeli, tibi cæli,
Et univérsæ potestátes.
Tibi Chérubim et Séraphim
Incessábili voce proclámant:
     
Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dóminus Deus Sábaoth.
Pleni sunt Cæli et terra
Majestátis glóriæ tuæ.
      
Te gloriósus Apostolórum chorus,
Te Prophetárum laudábilis númerus,
Te Mártirum candidátus laudat exércitus.
   
Te per orbem terrárum
Sancta confitétur Ecclésia:
Patrem imménsæ majestátis,
Venerádum tuum verum et únicum Fílium:
Sanctum quoque Paráclitum Spíritum.
    
Tu rex glóriæ, Christe.
Tu Patris sempitérnus es Fílius.
Tu, ad liberándum susceptúrus hóminem,
Non horruísti Vírginis úterum.
   
Tu, devícto mortis acúleo,
Aperuísti credéntibus regna cælórum.
Tu ad déxteram Dei
Sedes in glória Patris.
  
Judex créderis esse ventúrus.
Te ergo quǽsumus,
Tuis fámulis súbveni,
Quos pretióso sánguine redemísti.
Ætérna fac cum Sanctis tuis in glória numerári.
   
Salvum fac pópulum tuum, Dómine,
Et bénedic hereditáti tuæ.
Et rege eos,
Et extólle illos usque in ætérnum.
   
Per síngulos dies benedícimus te;
Et laudámus nomen tuum in sǽculum,
Et in sǽculum sǽculi.
   
Dignáre, Dómine, die isto
Sine peccáto nos custodíre.
Miserére nostri, Dómine,
Miserére nostri.
   
Fiat misericórdia tua, Dómine, super nos,
Quemádmodum sperávimus in te.
In te, Dómine, sperávi:
Non confúndar in ætérnum.
  
V. Benedíctus es, Dómine, Deus patrum nostrórum.
R. Et laudábilis, et gloriósus in sǽcula.
  
V. Benedicámus Patrem et Fílium cum Sancto Spíritu.
R. Laudémus et su­per­exal­témus eum in sǽcula.
  
V. Benedíctus es, Dómine, in firmaménto cæli.
R. Et laudábilis, et gloriósus, et su­per­exal­tátus in sǽcula.
  
V. Bénedic, ánima mea, Dómino.
R. Et noli oblivísci omnes re­tri­bu­tiónes ejus.
  
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.
   
[Sacerdótes addunt:
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spí­ri­tu tuo.]
  
Orémus.

ORATIO
Deus, cujus misericórdiæ non est númerus, et bonitátis infinítus est thesáurus: piíssimæ Majestáti tuæ pro collátis donis grátias ágimus, tuam semper cleméntiam exorántes; ut, qui peténtibus postuláta concédis, eósdem non déserens, ad prǽmia futúra dispónas.
  
Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus il­lus­tra­tióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere, et de ejus semper con­so­latióne gaudére.

Deus, qui néminem in te sperántem nímium afflígi permíttis, sed pium précibus præstas audítum: pro pos­tu­la­tiónibus nostris, votísque suscéptis grátias ágimus, te piíssime deprecántes; ut a cunctis semper muniámur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

TRADUCCIÓN
A ti, oh Dios, te alabamos,
A ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
Te venera toda la creación.
 
Los Ángeles todos, los cielos
Y todas las Potestades te honran.
Los Querubines y Serafines
Te cantan sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
Están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
La multitud admirable de los Profetas,
El blanco ejército de los Mártires.
 
A ti la Iglesia santa,
Extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
Aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
Abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
En la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
A quienes redimiste con tu preciosa Sangre.
Haz que en la gloria eterna
Nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
Y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
Y alabamos tu nombre para siempre,
Por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
Guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
Ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
Como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
No me veré defraudado para siempre.

V. Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
R. Y alabado y glorificado por siempre jamás.
  
V. Bendigamos al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Alabémosle y exaltémoslo por siempre jamás.
  
V. Bendito seas, Señor, en el firmamento del Cielo
R. Y alabado, glorificado y exaltado por siempre jamás.
  
V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Y no olvides todos sus beneficios
  
V. Señor, escucha mi oración
R. Y mi clamor llegue hacia ti.
   
[Los Sacerdotes agregan:
V. El Señor sea con vosotros.
R. Y con tu espí­ri­tu.]
  
Oremos.
 
ORACIÓN
Oh Dios, cuya misericordia no tiene número, y los tesoros de tu bondad son infinitos: damos gracias a tu piadosísima Majestad por los dones recibidos, rogando siempre a tu clemencia que, pues concedes lo pedido en la oración, no nos desampares, sino que nos hagas dignos de los premios futuros.

Oh Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos por el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos.

Oh Dios, que no permites sea afligido en demasía cualquiera que en Ti espera, sino que atiendes piadoso a nuestras súplicas: te damos gracias por haber aceptado nuestras peticiones y votos, suplicándote piadosísimamente que merezcamos vernos libres de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)