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martes, 25 de octubre de 2016

ISLAMISMO RADICAL EN EUROPA, FINANCIADO POR ARABIA SAUDITA

[Los musulmanes] tendrán tantas morerías y mezquitas que ni siquiera los policías osarán poner los pies en esos sitios. De seguir así, ¿qué será de Francia? ¡Esto ya ocurre en algunas ciudades de Inglaterra! [...] Un día en una mezquita un jefe dirá: ‘¡Matemos a los cristianos!’ Ellos creen salvar su alma al matar cristianos, luego, ¿por qué no irían a hacerlo?
  
Informes de Arturo García para LA GACETA (España) [1] y [2] (Los títulos son nuestros)
  
1° BÉLGICA: LA VENIA DEL "CATÓLICO" REY BALDUINO A LOS SAUD
  
  
La realidad actual es que Bélgica se ha convertido en el foco del islamismo europeo. Un razonamiento que ha quedado atestiguado tras los últimos atentados yihadistas, organizados por células activas en el país que gozan del respaldo ciudadano en barrios como Molenbeek, donde la sharia se hace presente en muchas instituciones y la enseñanza financiada por el Estado está basada en modelos islámicos.
 
La respuesta a la situación del país, además de las desacertadas políticas comunitarias, hay que buscarla más atrás en el tiempo, concretamente en la década de 1960. En aquellos años, los predicadores salafistas llegaron al país tras unos encuentros diplomáticos. El rey Balduino realizó una oferta a su homólogo saudí Faisal, que estaba de visita en Bruselas, para, a cambio de petroleo, permitir la construcción de una Gran Mezquita en el centro de Bruselas.
  
Balduino I de Bélgica y Faisal de Arabia Saudita
 
El esplendor económico que vivía Bélgica impulsaba entonces a muchos marroquíes y turcos a viajar al país. El acuerdo entre los dos reyes haría que la mezquita fuera el principal lugar de culto. Los saudíes lograron el alquiler del pabellón oriental de Bruselas por 99 años, a coste cero. Tan sólo un año después, el régimen de Riad abría la Gran Mezquita y el Centro Cultural Islámico de Bélgica, uno de sus primeros bastiones en el interior de Europa.
  
Gran Mezquita de Bruselas (construida con dinero saudí)
 
En un principio, la nueva mezquita fue considerada como “la voz oficial” de los musulmanes en Bélgica. Nada más lejos de la realidad. Las enseñanzas salafistas que se ofrecían en su interior estaban muy alejadas de la versión del islam que seguía la mayoría del país. A pesar de la crisis económica que ha obligado que muchas personas hayan abandonado el país, hay alrededor de 600.000 personas de origen turco y marroquí en un estado de apenas 11 millones de habitantes.
 
La comunidad marroquí proviene de las regiones montañosas y del valle del Rift, no del desierto. Pertenecen a la escuela Maliki del Islam y son bastante más moderados que los musulmanes de Arabia Saudí”, asegura George Dallemagne, diputado del parlamento belga, que recuerda: “Gracias al acuerdo con Riad, muchos de estos hombres moderados se radicalizaron y algunos llegaron a viajar a Medina para continuar su formación”.
  
La falta de integración es uno de los argumentos utilizados por las élites europeas para justificar el islamismo radical y los atentados en suelo europeo. Dallemagne explica cómo, tras la apertura de la Gran Mezquita, los clérigos sauditas incitaban a todos los inmigrantes a “alejarse” de los ciudadanos del país. “Siempre pensamos en Arabia Saudí como un aliado, pero pero los saudíes mantienen un doble discurso: quieren una alianza con Occidente cuando se trata de la lucha contra los chiítas en Irán, pero quieren conquistar el resto del mundo con su religión”, sentencia.
 
El parlamento belga ha rechazado varias mociones para aflojar los lazos con Arabia Saudí y, especialmente, reducir la presencia salafista. Sin embargo, la mayor parte han sido rechazadas. El miedo a ser tachados de islamófobos, en un país que ha sido golpeado duramente por los yihadistas, sigue siendo muy elevado. Dallemagne, por su parte, recuerda que “no podemos tener un diálogo con países que nos quieren desestabilizar”.
 
El pasado mes de agosto, Wikileaks revelaba la expulsión del director general de la Gran Mezquita por sus conexiones con el yihadismo. “Sus discursos eran salafistas, antiisraelíes y antioccidentales. Su máxima suprema era la primacía del salafismo sobre todo lo demás”, informó entonces un testigo a la emisora ​​belga RTBF. Las palabras de Alabri eran tan extremistas que cruzaron las líneas rojas de la tolerancia belga.
  
Khalid Alabri, ex imán de la Gran Mezquita de Bruselas
 
Hoy en día, el 95% de los cursos para musulmanes sobre el islam que ofrecen en Bruselas los imparten predicadores jóvenes formados en Arabia Saudita”, confirma Michael Privot, director de la Red Europea Contra el Racismo, con sede en la capital belga. “Dentro de las comunidades musulmanas, existe una gran demanda por conocer su religión, pero casi toda la oferta formativa consiste en un tipo de islam conservador salafista patrocinado por Arabia Saudita” porque “otros países musulmanes no han podido ofrecer tantas becas a estudiantes”, denuncia Privot.
 
2° FRANCIA: PETRODÓLARES PARA PREDICAR LA YIHAD
  
  
Arabia Saudí tiene a Francia en su punto de mira. La evidente islamización que vive el país ha provocado que el régimen de Riad considere el territorio francés como el escenario ideal para difundir su particular visión del islam. Hace apenas unas semanas, Pierre Conesa, ex alto funcionario de Defensa francés, desvelaba los 8.000 millones aportados por las autoridades saudíes para difundir la “palabra de Mahoma” por todo el mundo.
 
Y es que las injerencias saudíes en Francia son más que evidentes. Gran parte de la comunidad musulmana, especialmente en las ciudades más importantes, está influenciada por clérigos pagados por Arabia Saudí y las mezquitas de mayores dimensiones son financiadas con petrodólares. El objetivo no es otro que lograr una “representación real y fuerte” dentro del país.
 
Riad considera prioritario extender su red de mezquitas. En 2016, diferentes fundaciones relacionadas con Arabia Saudí participaron en la construcción de ocho mezquitas, a razón de entre 200.000 y 900.000 euros por proyecto. El wahabismo es la doctrina que se imparte en estos centros y, no hay que olvidar, que su concepción del mundo es prácticamente idéntica a la del Estado Islámico.
 
Los investigadores aseguran que Arabia Saudí ha gastado 3.759.000 euros sólo en 2016 para llevar a cabo su proyecto. Catorce imanes a sueldo de Riad ejercen en las mezquitas más importantes de Francia y adoctrinan acerca de la yihad, el sometimiento de las mujeres, la necesidad de castigar a los homosexuales y la expansión del islamismo a nivel mundial.
 
El segundo lugar en la lista de benefactores del islam corresponde a Marruecos. El país vecino dedica casi seis millones de euros a este propósito, una cantidad muy superior a la de otros años y que contrasta con el “islam moderado” que las autoridades tratan de intentar vender a nivel internacional.
   
A finales de agosto, el Elíseo (Gobierno francés) anunció la creación de una fundación y de varias asociaciones religiosas cuyo principal propósito era buscar financiación con la intención de seguir construyendo mezquitas y formando nuevos imanes. El objetivo del Gobierno de París pasaba por reorganizar las instituciones islámicas existentes en el país y evitar la radicalización de los más jóvenes. Lo que no aclaró, y sigue sin aclarar, Bernard Cazeneuve es la procedencia de los “nuevos fondos” en favor del islam.
 
El plan del Gobierno de Hollande recibió los aplausos de buena parte de la ciudadanía, pero muchos otros no tardaron en señalar sus fallas. Y es que resulta paradójico que las autoridades reconozcan lo que ocurre en las mezquitas nacionales y no tomen medidas directas para evitarlo. Si los procesos de radicalización son fomentados por determinados imanes, es incomprensible que las Fuerzas de Seguridad no actúen y ordenen su inmediata expulsión. Una muestra más de la tibieza del actual ejecutivo con un problema que, desgraciadamente, se ha demostrado muy real durante el último año y medio en el país.
  
¿Un islam francés?
Las medidas de Hollande estaban centradas en conseguir “un islam moderno” en Francia, alejado de las corrientes radicales financiadas por Arabia Saudí. Sin embargo, es cuestionable, además del método, que este proceso llegue a buen puerto cuando más del 70% de los imanes que actualmente operan en Francia son extranjeros y viven ajenos a los costumbres del país. Los barrios periféricos de las principales ciudades francesas cuentan con auténticos guetos, donde la sharia se impone sobre las leyes oficiales y el francés no es, ni mucho menos, la lengua predominante.
 
Este fenómeno se agrava durante el Ramadán, cuando decenas de imanes se desplazan desde Marruecos y Argelia para atender las necesidades de los millones de musulmanes que viven en el país. Los acuerdos bilaterales que mantiene Francia con esos países permiten a estos clérigos gozar de un visado temporal, que no exige nivel alguno de francés, y que contrasta con las trabas legales para eventos similares.
  
Ventajas fiscales
Gracias a la Ley de 1905, que prevé la prohibición de portar símbolos religiosos y promueve la laicidad, la comunidad musulmana goza de unas impresionantes ventajas fiscales y la capacidad de recibir donaciones con una reducción del impuesto equivalente al 66% de la cantidad en cuestión.
 
Es complicado controlar el flujo de dinero que reciben los centros, pues la mayor parte de las donaciones se hacen a mano. Por ejemplo, en Gennevilliers, la mezquita habría logrado recaudar más de un millón de euros únicamente durante el mes de Ramadán. Una cantidad que denota el poder económico de los mecenas de estas corrientes radicales del islam.
 
¿Quién es Arabia Saudí?
Oficialmente Arabia Saudí es un país donde se respetan todo tipo de cultos y creencias. Este mismo año, las Naciones Unidas nombraron al embajador saudí, Faisal Bin Hass, presidente del Consejo de Derechos Humanos. Un premio más que sorprendente para un Estado donde las mujeres no pueden conducir, los periodistas son condenados a recibir latigazos y los hombres crucificados. De hecho, el año pasado las autoridades batieron su propio récord mundial de ejecuciones públicas en virtud de las leyes dictadas por la sharia.
 
Y es que la realidad de Riad es muy diferente a la que nos quieren vender desde Occidente. La propia ONU denunció haber recibido fuertes presiones que la obligaron a modificar un informe crítico con Arabia Saudí. El organismo finalmente cedió y eliminó al país de la “lista negra’’, que señalaba originalmente a la coalición árabe de Arabia Saudí que actúa en Yemen como responsable de ataques contra niños y la situaba en un informe junto a grupos terroristas y gobiernos acusados de esos mismos crímenes.
 
Las autoridades saudíes fueron claras, ‘o me sacas de la lista o te cierro el grifo’. La dictadura musulmana exigió estar fuera del informe y amenazó con dejar de aportar fondos al organismo. "Niños que ya están en riesgo en Palestina, Sudán del Sur, Siria, Yemen y muchos otros lugares caerían aún más en la desesperación", explicó sobre esas amenazas de cortar las aportaciones. Ban Ki-moon se escudó entonces en que los fondos aportados por los saudíes podrían dejar a otros menores sin ayuda y prefirió seguir contando con los petrodólares antes que velar por los derechos de los niños en conflictos armados.
  
El 11-S es otro de los episodios oscuros de Riad. A mediados de julio, la Casa Blanca difundió el informe oficial de la Comisión de Investigación del 11S, que fue creada por el Congreso y estuvo formada por varios expertos independientes. El punto clave del informe -publicado con censuras en algunos párrafos y frases- fue la participación de Arabia Saudí en los atentados.

Aparentemente, la Casa de Saud tiene implicaciones en el 11 de Septiembre (a la izquierda de Osama, el príncipe Bandar bin Sultan Al-Saud, embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos para la época, señalado de financiar a los terroristas)
  
Según la investigación, agentes de los servicios de inteligencia del país de Oriente Medio cooperaron con varios de los secuestradores del 11S. Además, el líder de Al Qaeda Abu Zubaidah tenía en su poder el teléfono de una empresa encargada del mantenimiento de una de las residencias oficiales del embajador saudí en Washington cuando fue arrestado en 2002. El embajador era el príncipe Bandar, cercano a la familia Bush y uno de los personajes más influyentes de la capital estadounidense en la década de los noventa.
 
Los documentos divulgados también prueban que Bandar entregó varios cheques a financiadores del 11S. Pese a que las alegaciones no indicaron que el régimen saudí cooperara con la organización terrorista, sí señalaron que los terroristas estaban conectados. En este sentido, certificaron que Arabia Saudí no estaba demasiado interesada en cooperar en la búsqueda de Osama Bin Laden.
  
El Congreso estadounidense vetó que Barack Obama dejara sin respuesta a los miles de ciudadanos que perdieron a sus familias aquel fatídico día. El presidente norteamericano trató por todos los medios de parar la investigación, pero el sentido de la justicia de algunos congresistas se impuso y las familias pudieron apuntar directamente a los instigadores de la matanza.
 
La decisión no gustó nada en Riad y así se lo hicieron saber a Obama. La Casa Blanca siempre argumentó que esta legislación ponía en peligro las relaciones entre EEUU y Arabia Saudí y sentaba un peligroso precedente porque, con la excusa de la reciprocidad, podría invitar a otras naciones a demandar en corte extranjeras a diplomáticos y militares estadounidenses.
  
¿Y España?
A menor escala, el número de musulmanes es considerablemente menor, el fenómeno se repite en nuestro país. El ejemplo ideal es Madrid donde la conocida como 'mezquita de la M-30' es un lujoso complejo de más de 12.000 m² y 6 plantas construidos íntegramente con dinero saudí. De hecho, el país árabe entregó unos 12 millones de euros para erigir un templo al wahabismo en España con muros de mármol, un enorme minarete y exposiciones acerca de la vida del profeta Mahoma.

Centro Cultural Islámico y Mezquita Omar de Madrid (o 'Mezquita de la M-30')
 
La Brigada Al Ándalus encontró en el centro saudí el lugar ideal donde lograr financiación para sus acciones terroristas. Sorprendentemente, los dirigentes de la mezquita no alertaron a las autoridades españolas sobre lo que allí estaba ocurriendo. Los yihadistas utilizaban las horas de culto para recaudar dinero en favor de la guerra santa.
 
En casa de uno de los miembros de esta célula, el marroquí Mohamed Khalouk, fueron hallados 1.460 euros escondidos "en un jarrón, que se encontraba en el mueble del salón" que procedían de las recaudaciones que obtenía en diferentes mezquitas de Madrid, fundamentalmente en la de la M-30.
 
La Audiencia Nacional condenó a los acusados a penas de entre 8 y once años y medio de prisión. La célula estuvo operativa desde comienzos de 2011 hasta su desarticulación en junio de 2014. Durante ese tiempo, los yihadistas lograron radicalizar a varios jóvenes y enviarlos a Siria para enrolarlos en las filas del Estado Islámico.