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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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jueves, 18 de noviembre de 2010

PRONUNCIACIÓN ABERROSEXUAL Y OTRAS COSAS

Este artículo me lo envió el amigo Juan Carlos Monedero, y lo publico sin cambiar una jota. El artículo se trata de las quejas que un gay lanza contra el idioma castellano.


Por Fray Josepho *

Pronunciación homosexual

Si a mí me pronuncian “fray”,
con todas las de la ley,
¿por qué cuando escriben “gay”,
se empeñan en decir “guey”?
 
Por idéntico patrón
y le pese a quien le pese,
se podrá decir “serese”,
o pronunciar “mericón”.
Es tal degeneración
del mandamiento ortográfico,
que yo, clérigo seráfico,
no me presto al guirigay
y me aparto de esa grey,
pronunciando siempre “gay”
y jamás diciendo “guey”.
 
Pero soy un hombre solo
(quiero decir ‘solamente’);
y cuanto peor me siente
este prosódico dolo,
mucho más un tal Zerolo
—que nunca ha tenido novia—
me acusará de homofobia
y me dirá que nanay,
que desde el paria hasta el rey,
aunque yo me empeñe en “gay”,
los que entienden dicen “guey”.
 
Dicen “guey” y la boquita
se les pone de piñón,
igual que con “maricón”
con “loca” o con “monflorita”.
A mí, que soy cenobita
de los de doctrina recta,
su boquita no me afecta:
debe ser que no soy “guay”
y estoy por el Agnus Dei
más que por escribir “gay”
para luego decir “guey”.
 
Ser hombre de ingles gozosas
no es lo mismo, aunque lo es,
que ser  ‘alegre’ en inglés,
(que tal es “gay” si lo glosas).
¡Señor del Cielo, qué cosas!…
¿Por qué tanto camuflaje
para lo que era “bardaje”
“fileno” o “ninfo”? ¡Caray!
Sólo les parece “okey”
el término yanqui “gay”,
siempre que pronuncies “guey”.

La religión del “progre”

La LOGSE ha dejado la enseñanza española hecha unos zorros, pero para la izquierda nuestro problema educativo se reduce a que no debe enseñarse religión en las aulas públicas. Religión católica, claro, que la musulmana no les ha hecho nada. Según los progres hispanos, hay que acabar con ese intolerable adoctrinamiento cuanto antes.

Pero la realidad es tozuda, y una aplastante mayoría de padres elige clases de religión para sus hijos. Muchos no lo hacen por catequizar a sus retoños –que de eso, si quieren, ya se pueden encargar en casa o en la parroquia– sino porque la alternativa que se han empeñado en ofrecer los gobiernos socialistas ha sido el recreo, las “actividades lúdicas”, o la holgazanería más o menos vigilada. Me consta que numerosos padres agnósticos y aun ateos matriculan a sus hijos en clase de religión simplemente porque no quieren que pierdan el tiempo, y también porque saben que, con fe o sin ella, el conocimiento de la religión es imprescindible para entender el arte, la historia, la literatura y el mundo en general. Algunos defensores del laicismo argumentan que eso se puede hacer desde una perspectiva aconfesional, y ahí podemos estar de acuerdo, pero el hecho es que no se hace. A veces, tristemente, no se hace ni siquiera desde la perspectiva confesional.

Permítanme que les cuente una anécdota sucedida en un instituto público. 

Un profesor de Literatura, de esos que heroicamente se resisten a la burricie logsiana, habla sobre San Juan de la Cruz. Algunos alumnos atienden, otros dormitan… Una chica, en las primeras filas, se afana escribiendo en su libreta. El profesor nota algo raro.

– Señorita, no es necesario que copie todo lo que digo, porque lo fundamental lo tiene en su libro de texto.
– No, profe –reconoce la chica, azorada–, no estoy tomando apuntes; estoy haciendo un trabajo para Religión.
– Ande, déjelo y trate de atender a mis explicaciones –reconviene, benévolo, el docente–. Al fin y al cabo, estamos viendo a San Juan de la Cruz, un doctor de la Iglesia: puede que le sea útil para su trabajo.
– ¡No, profe, qué va! –lo desilusiona la muchacha– ¡Si el trabajo de Religión es sobre la Revolución Industrial!…
La joven era víctima de la modernidad docente de un cura progre, claro. Un cura parecido, seguramente, al que instruyó al portavoz monclovita que este sábado dijo que el facsímil de la encíclica “Codex vaticanus” regalado por el Papa a José Luis Rodríguez Zapatero era “una Biblia antigua muy grande” y que el rosario con que el Santo Padre obsequió a la Vicepresidenta y a Sonsoles Espinosa era “un collar de perlas con una cruz”.

A este anónimo portavoz y a todos los que desprecian cuanto ignoran va dedicado mi soneto de hoy.

Es el altar un poyo o una mesa;
el santo cáliz, una copa rara
que se ha pimplado el cura por la cara,
y el incensario es “la cosa esa”.
En aquella cabina se confiesa;
el báculo es un palo, o una vara;
es un sombrero absurdo la tiara,
y la mujer del Papa es la Papesa.
Es un collar de perlas el rosario;
el códice, una Biblia, ¡pero enorme!;
la misa, sólo un mitin sin sustancia.
En fin, que en la sesera del sectario
y detrás del agnóstico uniforme,
sólo se alberga, hueca, la ignorancia.
Fuente: Libertad Digital
Columna publicada el 10-07-2006

 

DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.. 
Hijo mío, por favor,  
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.
Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche..

Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!
Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.
Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.
Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.
Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.

Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso..
Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culi parlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!
Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés
que produce el Parlamento!

*Fray Josepho (seudónimo de José Aguilar Jurado)

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