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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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viernes, 18 de noviembre de 2016

LA HEREJÍA EN LA DECLARACIÓN CONJUNTA DE LAS IGLESIAS LUTERANA Y CONCILIAR

El pasado 31 de octubre de 2016, el Antipapa Francisco I estuvo en Lund (Suecia) para conmemorar el aniversario de la ‘reforma’ protestante, participando en un servicio ‘ecuménico’ de oración en el templo luterano, y firmó una declaración conjunta con el presidente de la Federación Luterana Mundial, el ‘obispo’ Munib Younan. De más está decir que Younan no es obispo porque los luteranos NO TIENEN SUCESIÓN APOSTÓLICA (aunque eso no le importó a Bergoglio, porque él TAMPOCO LO ES), y la Federación Luterana Mundial acepta los anticonceptivos, el aborto y la sodomía, entre otras lindezas.
  
Acto de firma de la Declaración Conjunta de Lund por Francisco I y Munib Younan
 
Es la declaración que se transcribe a continuación (obviamente entrecomillando la palabra ‘Católico’ en todas sus declinaciones y variantes, porque la Iglesia Deuterovaticana NO ES LA IGLESIA CATÓLICA):
DECLARACIÓN CONJUNTA CON OCASIÓN DE LA CONMEMORACIÓN CONJUNTA ‘CATÓLICO’–LUTERANA DE LA REFORMA
Lund, 31 de octubre de 2016
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15, 4).
  
Con corazones agradecidos
Con esta Declaración Conjunta, expresamos gratitud gozosa a Dios por este momento de oración en común en la Catedral de Lund, cuando comenzamos el año en el que se conmemora el quinientos aniversario de la Reforma. Los cincuenta años de constante y fructuoso diálogo ecuménico entre ‘Católicos’ y Luteranos nos ha ayudado a superar muchas diferencias, y ha hecho más profunda nuestra mutua comprensión y confianza. Al mismo tiempo, nos hemos acercado más unos a otros a través del servicio al prójimo, a menudo en circunstancias de sufrimiento y persecución. A través del diálogo y el testimonio compartido, ya no somos extraños. Más bien, hemos aprendido que lo que nos une es más de lo que nos divide.
  
Pasar del conflicto a la comunión
Aunque estamos agradecidos profundamente por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, también reconocemos y lamentamos ante Cristo que Luteranos y ‘Católicos’ hayamos dañado la unidad vivible de la Iglesia. Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado. Rezamos por la curación de nuestras heridas y de la memoria, que nublan nuestra visión recíproca. Rechazamos de manera enérgica todo odio y violencia, pasada y presente, especialmente la cometida en nombre de la religión. Hoy, escuchamos el mandamiento de Dios de dejar de lado cualquier conflicto. Reconocemos que somos liberados por gracia para caminar hacia la comunión, a la que Dios nos llama constantemente.
 
Nuestro compromiso para un testimonio común
A medida que avanzamos en esos episodios de la historia que nos pesan, nos comprometemos a testimoniar juntos la gracia misericordiosa de Dios, hecha visible en Cristo crucificado y resucitado. Conscientes de que el modo en que nos relacionamos unos con otros da forma a nuestro testimonio del Evangelio, nos comprometemos a seguir creciendo en la comunión fundada en el Bautismo, mientras intentamos quitar los obstáculos restantes que nos impiden alcanzar la plena unidad. Cristo desea que seamos uno, para que el mundo crea (cf. Jn 17, 21).
 
Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y sed espiritual de nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico.
  
Pedimos a Dios que ‘Católicos’ y Luteranos sean capaces de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo, invitando a la humanidad a escuchar y recibir la buena noticia de la acción redentora de Dios. Pedimos a Dios inspiración, impulso y fortaleza para que podamos seguir juntos en el servicio, defendiendo los derechos humanos y la dignidad, especialmente la de los pobres, trabajando por la justicia y rechazando toda forma de violencia. Dios nos convoca para estar cerca de todos los que anhelan dignidad, justicia, paz y reconciliación. Hoy, en particular, elevamos nuestras voces para que termine la violencia y el radicalismo, que afecta a muchos países y comunidades, y a innumerables hermanos y hermanas en Cristo. Nosotros, Luteranos y ‘Católicos’, instamos a trabajar conjuntamente para acoger al extranjero, para socorrer las necesidades de los que son forzados a huir a causa de la guerra y la persecución, y para defender los derechos de los refugiados y de los que buscan asilo.
 
Hoy más que nunca, comprendemos que nuestro servicio conjunto en este mundo debe extenderse a la creación de Dios, que sufre explotación y los efectos de la codicia insaciable. Reconocemos el derecho de las generaciones futuras a gozar de lo creado por Dios con todo su potencial y belleza. Rogamos por un cambio de corazón y mente que conduzca a una actitud amorosa y responsable en el cuidado de la creación.
 
Uno en Cristo
En esta ocasión propicia, manifestamos nuestra gratitud a nuestros hermanos y hermanas, representantes de las diferentes Comunidades y Asociaciones Cristianas Mundiales, que están presentes y quienes se unen a nosotros en oración. Al comprometernos de nuevo a pasar del conflicto a la comunión, lo hacemos como parte del único Cuerpo de Cristo, en el que estamos incorporados por el Bautismo. Invitamos a nuestros interlocutores ecuménicos para que nos recuerden nuestros compromisos y para animarnos. Les pedimos que sigan rezando por nosotros, que caminen con nosotros, que nos sostengan viviendo los compromisos de oración que manifestamos hoy.
  
Exhortación a los ‘Católicos’ y Luteranos del mundo entero
Exhortamos a todas las comunidades y parroquias Luteranas y ‘Católicas’ a que sean valientes, creativas, alegres y que tengan esperanza en su compromiso para continuar el gran itinerario que tenemos ante nosotros. En vez de los conflictos del pasado, el don de Dios de la unidad entre nosotros guiará la cooperación y hará más profunda nuestra solidaridad. Nosotros, ‘Católicos’ y Luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando juntos, escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Fundados en Cristo y dando testimonio de él, renovamos nuestra determinación para ser fieles heraldos del amor infinito de Dios para toda la humanidad.

(Fdo.) MUNIB YOUNAN, Presidente de la Federación Luterana Mundial
  
(Fdo.) FRANCISCO

Como se puede ver, el documento manifiesta la herejía conciliar, que se une EXPLÍCITAMENTE en oración y obras a la conmemoración del “quinientos (sic) aniversario de la Reforma” que no es tal (lo que confirma el juicio de San Agatón e Inocencio III al decir “TODO EL QUE ORA CON HEREJES ES HEREJE”). Además, en la declaración conjunta de marras se insiste en que los luteranos también “hacen parte del único Cuerpo de Cristo” por el Bautismo, cuando todo el que siente diverso de la Oración y Creencia Católica se excluye a sí mismo del Cuerpo Místico de Cristo. Los luteranos rechazan las verdades de Fe y la Doctrina Católica, por tanto, son herejes, y los herejes nada tienen que ver con la Iglesia, llegando a ser como un miembro amputado:
“Vuestra fe no ignora, amadísimos, y sé que lo habéis aprendido enseñándooslo desde el cielo el Maestro en quien habéis depositado vuestra esperanza, que nuestro Señor Jesucristo, que ya padeció por nosotros y resucitó, es cabeza de la Iglesia; que la Iglesia es cuerpo suyo y que, en este cuerpo, la unión de sus miembros y la trabazón de la caridad es el equivalente a la salud. A su vez, aquel en quien se enfríe la caridad está enfermo en el cuerpo de Cristo. Pero el que ya glorificó a nuestra cabeza tiene poder también para sanar a sus miembros enfermos, a condición de que una excesiva impiedad no los ampute, sino que permanezcan adheridos al Cuerpo hasta lograr la salud. En efecto, para todo miembro que aún esté adherido al cuerpo hay esperanza de salud; en cambio, el que haya sido amputado no puede ser curado, ni sanado”. (San Agustín, Sermón 137, De Joánnes X, 1-15)
  
A cuantos, consiguientemente, sienten de modo diverso y contrario, [la Iglesia] los condena, reprueba y anatematiza, y proclama que son ajenos al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia”. (Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Bula Cantáte Dómino, 1441)
 
“Pero entre los miembros de la Iglesia sólo se han de contar de hecho los que recibieron las aguas regeneradoras del Bautismo, y, profesando la verdadera fe, no se hayan separado, miserablemente, ellos mismos, de la contextura del Cuerpo, ni hayan sido apartados de él por la legítima autoridad a causa de gravísimas culpas. [...] Por lo cual, los que están separados entre sí por la fe o por la autoridad, no pueden vivir en este único Cuerpo, ni tampoco, por lo tanto, de este su único Espíritu. [...] Puesto que no todos los pecados, aunque graves, separan por su misma naturaleza al hombre del cuerpo de la Iglesia, como lo hacen el cisma, la herejía o la apostasía”. (Papa Pío XII, Encíclica Mystici Córporis Christi, Nros. 22-23, 29 de junio de 1943)
Bergoglio, al firmar la Declaración de Lund, manifiesta a las claras que él NO PROFESA LA VERDADERA FE CATÓLICA, porque al igual que de sus antecesores Roncalli, Montini, Luciani, Wojtyla y Ratzinger, Bergoglio enseña que los miembros bautizados en sectas no católicas están en el Cuerpo Místico (Antipapa Juan Pablo II, Catecismo de la Iglesia Católica, N° 818), cuya unidad visible “subsiste” en la Iglesia Católica (cf. Antipapa Pablo VI, Concilio Vaticano II, Constitución Lumen Géntium, N° 8, 21 de noviembre de 1964. En Antipapa Juan Pablo II, Catecismo de la Iglesia Católica, N° 816). Abierta y flagrante herejía, toda vez que el Cuerpo Místico de Cristo es la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, como definiera el Bienaventurado Pío XII en Mystici Córporis Christi, Cuerpo es uno e indiviso, mas también VISIBLE A TODOS LOS HOMBRES Y NACIONES:
Que la Iglesia es un cuerpo lo dice muchas veces el sagrado texto. «Cristo -dice el Apóstol- es la cabeza del cuerpo de la Iglesia» (Colosenses 1, 18). Ahora bien; si la Iglesia es un cuerpo, necesariamente ha de ser uno e indiviso, según aquello de San Pablo: «Muchos formamos en Cristo un solo cuerpo» (Romanos XII, 5). Y no solamente debe ser uno e indiviso, sino también algo concreto y claramente visible, como en su encíclica Satis cógnitum afirma Nuestro predecesor León XIII, de feliz memoria: «Por lo mismo que es cuerpo, la Iglesia se ve con los ojos» (Satis Cógnitum, N° 4). Por lo cual se apartan de la verdad divina aquellos que se forjan la Iglesia de tal manera, que no pueda ni tocarse ni verse, siendo solamente un ser neumático, como dicen, en el que muchas comunidades de cristianos, aunque separadas mutuamente en la fe, se junten, sin embargo, por un lazo invisible”. (Papa Pío XII, Encíclica Mystici Córporis Christi, N° 14, 29 de junio de 1943)
Y la experiencia general demuestra que todo el que quiera abrazar el protestantismo debe NECESARIAMENTE recibir el bautismo protestante.

Además, Younan y Bergoglio anhelan nominalmente que sus súbditos puedan participar de una misma mesa, cuando en realidad la comparten desde hace 50 años (y de hecho, practican la Communicátio in sacris condenada por las Sagradas Escrituras y el Derecho Canónico), porque Lutero y Montini consideraban que la Eucaristía era la reunión de los fieles presididos por el ministro en torno a una mesa para recordar la Pasión de Cristo (al modo en que los judíos rememoran en el Seder su salida de Egipto). Por otra parte, tanto en la Luthermesse como la Misa Montini-Bugniniana, el sentido sacrificial propio de la Misa Católica Tradicional no existe porque NO HAY ALTAR NI SACERDOTE, y la Víctima NO ESTÁ PRESENTE, porque en ambos rituales, al ser adulterada las Palabras Consecratorias, la Transubstanciación NO TIENE LUGAR.

Ni qué decir del cuento de los Derechos Humanos, de la protección a los migrantes, ni de la nueva religión que es el ecologismo oenegeísta canonizado por Bergoglio en la pseudoencíclica Laudato Si’. Por lo tanto, Bergoglio NO ES CATÓLICO, NI MUCHO MENOS PRETENDER SER PAPA DE LA IGLESIA CATÓLICA. Así mismo, quien sostenga a pesar de toda evidencia que Bergoglio es Católico, no es más que un apóstata que comulga con sus herejías, y en últimas, participará en su condenación.

POSTDATA
Alguno habrá que oponga el ejemplo de Benedicto XVI frente a Francisco, pero sepa que ambos son cofrades en el modernismo y el ecumenismo apóstata, con un objetivo común: la consolidación del modelo modernista liberal y eclesiológico anglicano. En una palabra, Ambos son enemigos de la Inmaculada Esposa de Nuestro Señor Jesucristo, que es la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica, Romana, Tradicional y Milenarista Parusíaca.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)