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viernes, 7 de marzo de 2014

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
         
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. André Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
      
SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA
    
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
    
Meditaremos mañana: 1° En la santidad del tiempo de Cuaresma; 2° En los medios de santificar este tiempo.
    
—Tomaremos en seguida la resolución: 1º De guardar mejor nuestro corazón y nuestros sentidos contra el pecado y la disipación; 2° De dedicarnos en este tiempo a la reforma del defecto que sea más importante corregir en nosotros. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de San Pablo: "Llegado es el tiempo favorable, llegado es el día de la salvación".
    
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
      
Transportémonos en espíritu al desierto, donde Jesús pasa cuarenta días y cuarenta noches. Contemplémosle abismado delante de la majestad de Dios, su Padre, postrado de rodillas, a menudo con su rostro en tierra, derramando su alma, ya en adoraciones, homenajes y acciones de gracias, ya en súplicas, para obtener de su Padre misericordia en favor de los pobres pecadores y agregando a sus súplicas, hechas con lágrimas en los ojos, una mortificación incomparable, pues en estos cuarenta días no bebe ni come, no tiene otra cama que las rocas y la tierra desnuda, ni otro abrigo que la bóveda celeste. Rindámosle en este estado nuestros homenajes de adoración, de admiración, de reconocimiento y de amor.
     
PUNTO PRIMERO - SANTIFICACIÓN DEL TIEMPO DE CUARESMA
    
Desde luego, Nuestro Señor nos lo enseña con su ejemplo. Aunque su vida fue siempre eminentemente santa, le da durante estos cuarenta días un carácter exterior de santidad completamente especial. Pasa sus días en retiro; en lo cual quiere decirnos que pasemos nosotros un santo recogimiento, condición necesaria para oír a Dios en el fondo del corazón, estudiarle y conocerle, amarle y gozarle; y al mismo tiempo, con un espíritu de reflexión, condición no menos necesaria para conocernos a nosotros mismos y reformarnos; 2º Pasa este tiempo en oración, para decirnos que debemos ser más fieles en nuestros ejercicios de piedad y orar más y con más fervor; 3° Se somete en este tiempo a la mortificación más rigurosa, para hacernos comprender que es necesario, durante la Cuaresma, morir a la sensualidad y a los goces y placeres, aceptar las privaciones impuestas por la Iglesia y hacer verdadera penitencia. De esta suerte Nuestro Señor con su ejemplo nos enseña la santidad del tiempo de Cuaresma; y esta enseñanza del Salvador está confirmada con la de la Iglesia. Pues ¿por qué esas predicaciones más frecuentes, esos ejercicios religiosos más numerosos? ¿Por qué esas privaciones obligatorias, sino para decirnos que es necesario santificar esos días por la penitencia? ¡Oh! ¡Bendita sea la Iglesia por esta enseñanza! En el transcurso de la vida olvidamos tan fácilmente la penitencia, que tenemos gran necesidad de que cada año se nos hable de ella, porque nos es indispensable, sea para expiar nuestros pecados, sea para evitar las recaídas, a las cuales nuestra debilidad nos lleva infaliblemente. A estas enseñanzas sobre la obligación de pasar santamente la santa Cuaresma, añádese una razón poderosa, sacada de los grandes misterios de la pasión y resurrección del Salvador, para los cuales la Cuaresma sirve de preparación, pues el fruto de estos misterios debe ser la muerte a nosotros mismos y una vida nueva toda en Dios y por Dios; estos misterios sólo producirán estos frutos en nosotros, si la Cuaresma es verdaderamente santa. Recibiremos la abundancia de gracias agregadas a su celebración, si llegamos bien dispuestos al fin de la santa Cuaresma; pero, por el contrario, no tendrá esto lugar, si tenemos la desgracia de pasar días tan santos en la disipación y la irreflexión, en la cobardía y la tibieza. Comprendamos bien la santidad de este tiempo y la necesidad de pasarlo mejor, si cabe, que los tiempos ordinarios del año.
       
PUNTO SEGUNDO - MEDIOS DE SANTIFICAR LA CUARESMA
          
1° Es necesario dedicarnos más a la perfección de nuestras acciones ordinarias durante estos santos días, hacer mejor nuestra oración y demás ejercicios espirituales, emplear mejor nuestro tiempo y vigilar más nuestras palabras; dar a cada una de nuestras acciones una perfección mayor y ofrecérselas a Dios en unión de la penitencia de Jesús en el desierto, en expiación de nuestros pecados y de los pecados de todo el mundo; 2º Es necesario ser puntual en el ayuno y abstinencia que prescribe la Iglesia, o si no se puede o se ha obtenido dispensa, es necesario suplirlos por la mortificación interior, haciendo ayunar la voluntad por el espíritu de abstinencia y de privación; el carácter, por una suavidad siempre igual; el paladar, por la privación de ciertas sensualidades de ninguna manera necesarias; los ojos, por la modestia de las miradas; todo el cuerpo, por la modestia de la postura y del andar; del interior, en fin, por la supresión de pensamientos inútiles, imaginaciones vanas, deseos desordenados por los cuales el corazón se deja llevar, si no se le sujeta, Estas mortificaciones no hacen mal ni a la cabeza ni al pecho, y hacen gran bien al alma; 3° Es necesario sobrellevar de buena gana las cruces que Dios nos envía, como las enfermedades, el soportar los caracteres, defectos y voluntades contrarias; 4° En fin, nos es necesario determinar un defecto especial que trataremos de reformar durante la Cuaresma. Este es, dice San Crisóstomo, el mejor de todos los ayunos, porque sus frutos son durables, no solamente por todo el año, sino hasta la eternidad. ¿Estamos bien resueltos a abrazar estos diversos géneros de mortificación? Tengamos valor para decidirnos.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)