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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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miércoles, 12 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA DUODÉCIMO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA DUODÉCIMO
MEDITACIÓN: DE LA INTEGRIDAD DEL ARREPENTIMIENTO, O DE LA CONTRICIÓN.
PRIMER PUNTO.
Es menester renunciar al pecado, pero sin reserva: uno solo que guardemos es no renunciar A ninguno. Esta renuncia ha de ser de todo corazón: In toto corde vestro. Quererle partir entre Dios y el pecado, es quererle quitar todo a Dios. En la Ley Escrita había muchos géneros de sacrificios, la de Gracia no quiere sino los holocaustos, que quiere decir sacrificios que no reservan nada de la victima. La Fe es un sacrificio de la razón, y en no creyendo un articulo, es lo mismo que si no creyese ninguno. La Escritura llama a la confesión el sacrificio de los labios. Callar un solo pecado mortal, no solo no es hacer una confesión, sino que es hacer un sacrilegio. La contrición es un sacrificio del corazón, que debe ser holocausto: si queda un solo pecado que no detestes, el sacrificio es inutil; y no solo inutil, pero abominable a los ojos de Dios.
   
SEGUNDO PUNTO. Poquísimos hay, aun de los que viven con más cuidado, que no tengan un vicio o pecado que es como el favorecido del corazón, y que les cuesta más dificultad el arrancarle. Uno vivirá bien, pero será murmurador; otro será observante, pero enfadoso e impaciente; otro será blando, pero perezoso; otro diligente y vivo, pero avaro; otro caritativo y liberal con los pobres, pero regalado, queriendose dar todos los  gustos, que llaman lícitos, con sobrada delicadez; aquel será mortificado, pero muy sensible a su estimación, y no sabe perdonar la más minima palabrilla. Sacrificamos voluntariamente todos los demás pecados a Dios; pero queda siempre un rinconcillo en el corazón donde guardamos el vicio a que somos más propensos, imitando a Saúl, que no sacrificó a Dios sino lo de menos estimación de su conquista, y no quitó la vida al Rey Agag, como Dios se lo había mandado (I Reyes XV).
   
TERCER PUNTO. La condenación de Saúl fue el castigo de una piedad mal entendida y de una blandura culpable, que le hizo conservar la vida a un Príncipe que Dios quería que la perdiese; y la causa de la condenación de muchos Cristianos es el cuidado que tenemos de reservar o excusar un cierto vicio a que tenemos más propensión, y que Dios quiere le sacrifiquemos. No son ordinariamente los más grandes pecados, ni el mayor número, los que nos condenan: uno solo, que estimamos más, es el que nos lleva a la perdición, porque este hace ordinariamente que nuestras confesiones no sean sinceras, o que no nos apartemos de él enteramente. No se obra de buena fe en este punto, ni con Dios, ni con el Confesor, ni consigo mismo. O se disfraza este vicio, o se disminuye, o se disculpa, pero la desgracia es que aunque uno se engañe a sí mismo o a su Confesor, a Dios no puede engañar nunca. Todos los otros sacrificios que le hacemos, si no le sacrificamos esta inclinación, esta como alhaja única de nuestro corazón, en lugar de apaciguarle, Le irritan más. Mirará nuestros sacrificios con desprecio, y los arrojará con horror. ¡Ay de mi! Si los sacrificios que hacemos a Dios para templarle, le irritan, ¿a dónde acudiré?
  
FRUTO. Considera tu corazón para conocer cuál es tu vicio Rey: pide a Dios luz para conocerle, pero cuando le hayas conocido, haz una verdadera resolución de sacrificársele.
 
«Projícite a vobis omnes prævaricatiónes vestras» [Renuncia enteramente tus pecados y vicios, sin exceptuar ninguno] (Ezequiel XVIII, 31).
  
«Quómodo potest Médicus sanáre vulnus, quod ægrótus erubéscit ostendére?» [No puede el Médico sanar una llaga que el enfermo se avergüenza de enseñarla] (San Agustín).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)