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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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martes, 27 de julio de 2010

ESCOLIOS DE NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA

  • El mundo actual acoge con tan generosa tolerancia cualquier novedad que en pocos instantes trivializa. ¿Quién escribirá sobre la libertad estranguladora?
  • La teología católica enseña que el acto de fe no es solamente sobrenatural y voluntario, sino también racional. Tesis exacta mientras no concluya que un raciocinio sustenta el acto, sino que la razón demuestra que ninguna causa empírica lo explica.
  • El acto de fe es racional cuando la razón demuestra que no procede de paralogismos, de estados emocionales, de regresiones infantiles, de estructuras sociales, o de comportamientos económicos. Fe racional es la que se acredita como dato último de la experiencia. Como acto sobrenatural.
  • El santo no es un distinto tipo de hombre, sino una nueva especia humana.
  • Tanto nos han predicado que el justo camina disfrazado de pecador que acostumbramos olvidar que a veces se viste de justo.
  • El clero progresista vitupera la “mentalidad de ghetto” del actual cristiano viejo. Esos clérigos prefieren la actividad mercantil y bursátil del judío moderno al ghetto, donde floreció la fidelidad de Israel.
  • Solamente porque ordenó amar a los hombres, el clero moderno se resigna a creer en la divinidad de Jesús; cuando, en verdad, es sólo porque creemos en la divinidad de Cristo que nos resignamos a amarlos.
  • Cristiano es el que funda su aceptación del evangélium Christi sobre su fe en el evangélium de Christo. Y no inversamente.
  • Quien profese que lo esencial del cristianismo no es la “doctrina", sino la práctica y la vida, predica subrepticiamente una doctrina nueva. Con el mote, atractivo para el tonto, de “preeminencia de la vida” nos quieren insinuar que sólo cuenta nuestro destino terrestre. La irreligión goza equipándose en la guardarropía evangélica.
  • La libertad, para el demócrata, no consiste en poder decir todo lo que piensa, sino en no tener que pensar todo lo que dice.
  • Meditar es dialogar con algún muerto.
  • Los cristianos de Nietzsche no son los de ayer, sino los de hoy. Historiador inexacto, pero tal vez profeta.
  • El que cree en Cristo, porque admira sus palabras o sus obras, no es cristiano. El cristiano no cree en Cristo porque predique valores previamente admirados, llama valores, al contrario, lo que Cristo predica, porque cree en Cristo. El cristianismo no aplica un criterio a Cristo, sino aplica a Cristo como criterio. El cristanismo es un método específico de fundar el valor.
  • Valor es lo que la voluntad afirma, si la voluntad que afirma es la voluntad de Dios. El valor es subjetivo para Dios, objetivo para el hombre. El racionalismo tomista hace de Dios un hombre, el subjetivismo axiológico hace del hombre un dios.
  • Hoy decirse “cristiano” suele ser manera de indicar que no se lucha contra el cristianismo desde afuera, sino desde adentro.
  • En el seno de la Iglesia actual, son “integristas” los que no han entendido que el cristianismo necesita una teología nueva y “progresistas” los que no han entendido que la nueva teología debe ser cristiana.
  • Al creerme dueño de una verdad no me interesa el argumento que la confirma, sino el que la refuta.
  • El cristiano moderno no piede que Dios lo perdone, sno que admita que el pecado no existe.
  • Religión de la burguesía fue la que profesaron los burgueses del siglo pasado - religión burguesa es la que profesan los cristianos revolucionarios de este siglo. Allí se trataba de homenaje, quizás hipócrita, a la idea cristiana - aquí se trata de sincero entusiasmo con las ambiciones terrestres y los utilitarios ideales de la burguesía.
  • El no pertenecer a ningún partido nos permite despreciar tan sólo lo auténticamente despreciable.
  • Para poder aliarse con el comunista, el católico de izquierda sostiene que el marxismo meramente critica las acomodaciones burguesas del cristianismo, cuando es su esencia lo que condena.
  • El católico progresista pretende restarurar el cristianismo primitivo remedando el moralismo humanitario de los clérigos incrédulos del XVIII.
  • No urge convocar nuevos concilios sino esperar a un Decio o a un Diocleciano.
  • El determinismo se invoca para exorcizar la gracia. Con la cantilena del efecto y la causa tratamos de ensordecer nuestro miedo y de enmudecer nuestra culpa.
  • Dios es el nombre del único enigma cuyo descifre no sería un desengaño.
  • El individualismo doctrinario no es peligroso porque produzca individuos, sino porque los suprime.
  • El producto del individualismo doctrinario del XIX es el hombre-masa del XX.
  • La teología de los sacramentos dispone de las únicas categorías propicias a una teoría rigurosa de la civilización. La civilización, en efecto, no es un sistema de actos serviles, sino de actos sacramentales.
  • Tres personajes, en nuestro tiempo, detestan profesionalmente al burgués: El intelectual -ese típico representante de la burguesía. El comunista -ese fiel ejecutante de los propósitos y de los ideales burgueses. El clérigo progresista -ese triunfo final de la mente burguesa sobre el alma cristiana.
  • Al hombre moderno le es indiferente no hallar la libertad en su vida, si la halla ensalzada en los discursos de quienes lo oprimen.
  • Cuando el oficiante profesa que la liturgia no pretende actuar sobre los dioses sino sobre los fieles, el culto pierde todo significado religioso y se convierte en terapéutica colectiva.
  • Cuando oigo pronunciar solemnemente la palabra “razón", me dispongo siempre a escuchar una frase sin sentido.
  • La decadencia de España dejó de ser problema desde que tocó a sus vencedores de ayer compartir el mismo destino. De ahora en adelante bastará averiguar cómo mueren las naciones.
  • La imparcialdiad es hija de la pereza y del miedo.
  • Los que tratan de mondar al cristianismo de sus acrecencias milenarias, para devolverlo a su “pureza primitiva", declaran “originales” y “auténticos” tan sólo los factores del cristianismo que aprueba la metnalidad vulgar de su tiempo. Desde hace dos siglos, el “cristianismo primitivo” se amolda, en cada nuevo decenio, a las opiniones reinantes.
  • Las tres hipóstasis del egoísmo son: el individualismo, el nacionalismo, el colectivismo. La trinidad democrática.
  • La Iglesia es una historia que se pensó a sí misma como sistema. Mientras no hubo historiador que la interrogara, la Iglesia pudo proclamarse inmóvil desde su origen, sin estorbar el proceso inconsciente de su metabolismo histórico. Pero cuando se vio su incomensurabilidad a una simple estructura lógica, la Iglesia, en lugar de volver teóricamente explícitas las categorías implícitas en su praxis, se empeñó en negar la evidencia. Engendrando alternativamente, así, un intengrismo que oculta su crecencia y un progresismo que viola su constancia.
  • En el cristiano obseso por la “justicia” social no es fácil saber si la caridad florece o si la fe se extingue.
  • El católico de izquierda acierta al descubrir en el burgués al rico de la parábola, pero yerra al identificar al proletariado militante con los pobres del evangelio.
  • Abogado de los pobres, en el santoral democrático, significa demagogo enriquecido.
  • Frente a la Iglesia triunfante y a la Iglesia militante, el nuevo clero se incorpora en la Iglesia claudicante.
  • El catolicismo, para el católico de izquierda, es el gran pecado del católico.
  • La sociedad libre no es la que tiene el derecho de elegir al que la manda, sino la que elige al que tiene derecho a mandarla.
  • La división es radical entre los que acechan una consumación terrestre de la historia y los que aguardan una conclusión abrupta a su prolongación empírica. La raza de los primeros cae en un cielo infernal, donde la exaltación maniática frente al triunfo apocalíptico alterna con la depresión melancólica ante el fracaso rutinario. Los segundos, en cambio, contemplan la mediocridad inalterable de la existencia humana con resignación cristiana o con escéptica ironía. Entre cristianos y escépticos existe un pacto para salvar al hombre de las demensias progresistas.
  • “Tener el valor de aceptarse” es una de tantas fórmulas modernas que pretenden ocultar la vileza del hombre llamando difícil lo fácil. El moderno asevera que nada cuesta tanto trabajo al hombre, como ceder a su animalidad.
  • Aguardar que [Baruch] Spinoza y [Hermann Samuel] Reimarus hicieran las preguntas fue tan tonto como esperar que un protestantismo desteñido, de [Ferdinand Christian] Baur a [Rudolf Karl] Bultmann, diera las respuestas.
  • El primado de san Pedro estorba al clero progresista, el misticismo de san Juan le carga, la teología de san Pablo lo irrita. ¿No será que su patrón es el apóstol dotado de conciencia social, el que protestó contra el despilfarro ceremonial de ungüentos, el que propuso vender la mirra litúrgica para repartir su precio entre los pobres?
  • La desorientación intelectual en que vivimos no proviene del fraccionamiento creciente de la ciencia, sino del rigor creciente de la filosofía. El hombre caminta a trompicones cuando la filosofía renuncia a ensuciarse las manos.
  • La inmoralidad del gobernante es la última protección del ciudadano contra el creciente poderío del Estado. Del prevaricador se puede esperar compasión, pero no del doctrinario.
  • “Dios ha muerto”, exclamó ese Viernes Santo que fue el siglo XIX. Hoy vivimos en el atroz silencio del sábado. En el silencio de la tumba habitada. ¿En cuál siglo alboreará, sobre la tumba desierta, el Domingo de Pascua?
  • El catolicismo popular es el blando de todas las iras progresistas. Fe popular, esperanza popular, caridad popular, irritan a un clero de extracción pequeño burguesa.
  • Las tácticas de la polémica tradicional fracasan ante el dogmatismo impertérrito del hombre contemporáneo. Para derrotarlo requerimos estratagemas de guerrillero. No debemos enfrentárnosle con argumentos sistemáticos, ni presentarle metódicamente soluciones alternativas. Debemos disparar con cualquier arma, desde cualquier matorral, sobre cualquier idea moderna que se avance sola en el camino.Cierta raza de apologistas le busca puesto al cristianismo en la sociedad moderna exhibiendo certificados favorables, expedidos por físicos o biólogos. Como si mendigaran recomendaciones de antiguos criados para recluir en un sanatorio al amo arruinado.
  • Toda “totalización” de la aventura humana que pretenda cumplirse fuera de la inimaginable Jerusalén celeste será sólo una cárcel totalitaria.
NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA (Escolios a un texto implícito, tomo I).

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