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martes, 7 de noviembre de 2017

LOS VALORES ISLÁMICOS SOBRE LA FAMILIA SON CONTRARIOS A LOS CRISTIANOS

Traducción del artículo publicado por William Kilpatrick para CRISIS MAGAZINE.
  
El musulmán inglés Hasan Phillips, con sus tres esposas y sus hijos (fotograma del documental “The Men with Many Wives”, transmitido por el Canal 4 - Reino Unido-).
  
Así como no es buena idea fijarse demasiado en la cruz tatuada en el bíceps de un motero amenazante en el bar, es mejor no fijarse demasiado en las concesiones ocasionales hacia la Cristianidad que encontramos en el Islam.
 
Para algunos “católicos”, parece ser suficiente escuchar, como dice Nostra Ætáte, los musulmanes “reverencian” a Jesús y “honran” a María. No puedo recordar el número de veces que algunos  “católicos” optimistas me han señalado que en el Corán hay un capítulo entero llamado María, o que María es mencionada más que cualquier otra mujer en ese libro. Supuestamente, eso compensa de algún modo a todos los versos en el Corán que apelan a crucifixiones, decapitaciones y amputaciones, y al hecho de que los cristianos que viven en países musulmanes generalmente llevan una existencia precaria.
  
En el departamento de “aferrarse a un clavo ardiendo”, uno de los ítems más frecuentemente exhibidos es la afirmación de que los musulmanes tienen más o menos el mismo código moral que gobierna a los cristianos tradicionales. Por ejemplo, en Nostra Ætáte se lee que los musulmanes no solamente honran a Jesús y María, sino que “valoran la vida moral”. Además, muchos escritores “católicos” han planteado la hipótesis de que los musulmanes son nuestros aliados en las guerras culturales porque se oponen al aborto, al adulterio y la pornografía, y aprecian la modestia y la castidad.
 
Para estar seguros, muchas familias musulmanas, especialmente en los Estados Unidos, no parecen diferentes a las familias cristianas. Ellos oran regularmente, atienden a servicios semanales, donan a caridad, y crían niños educados, de ahí que sea fácil concluir que los valores familiares en el islam y en el cristianismo son esencialmente los mismos. Pero en realidad, hay un mundo de diferencia entre los dos. Para tener un mejor retrato de los valores familiares del islam, es aconsejable mirar en países musulmanes o en aquellas partes de Occidente que están cayendo rápidamente bajo influencia islámica.
   
Tomemos por ejemplo a Gran Bretaña. Un nuevo website del Reino Unido diseñado para ayudar a los hombres musulmanes encontrar segundas esposas tiene más de cien mil usuarios. Y se estima que ya hay alrededor de 20.000 matrimonios polígamos entre los musulmanes británicos. Adicional a la poligamia, hay muchas otras prácticas que uno difícilmente encontraría en las familias cristianas: decenas de miles de casos de mutilación genital femenina, matrimonios forzados entre primos hermanos, y mujeres envueltas en burqas.
   
Pero enfoquémonos en la poligamia. No es simplemente algo incidental que suela encontrarse en las culturas árabes, sino un elemento central en el sistema islámico. La práctica está completamente de acuerdo con la ley sharia y el Corán. En el Corán, los hombres musulmanes tienen permitido hasta cuatro esposas a la vez. Sin embargo, Mahoma recibió una revelación especial de Alá permitiéndole tener tantas esposas como quisiera. Puesto que Mahoma es considerado el hombre perfecto, y modelo de conducta, no hay razones teológicas allí para oponerse a la poligamia. Por supuesto, la gran mayoría de hombres musulmanes no practica la poligamia, y no porque se considere inadecuada, sino porque muchos hombres no están en condiciones de sostener más de una esposa. Pero siempre hay una posibilidad. El contrato matrimonial estándar en Egipto contiene espacios para que el esposo pueda llenar con los nombres de las esposas número uno, dos, y tres, según el caso.
  
La Cristiandad introdujo una revolución entre las relaciones entre hombres y mujeres. Borró la desigualdad entre los sexos que sustentaba prácticas como la poligamia; y elevó al nivel de Sacramento el matrimonio entre un hombre y una mujer. Bajo la influencia del cristianismo, la poligamia se hizo ilegal en Occidente y muchas otras regiones del mundo. Por otro lado, la fe que introdujo Mahoma retuvo y fortaleció la poligamia dándole una sanción religiosa. Además, la poligamia no es una mera reliquia del pasado. Con el hodierno resurgimiento del islam, la práctica se está esparciendo. Un occidental convertido al islam puede ser súbitamente transportado de vuelta al tiempo cuando un hombre podía dirigir su hogar cual califa gobernando su harén.
  
¿Por qué Mahoma rechaza la visión cristiana del matrimonio? Un teólogo puede trazarlo hacia el rechazo que Mahoma mostró hacia la Trinidad. Así como la Encarnación del Verbo eleva nuestro entendimiento del hombre, la doctrina de la Trinidad eleva nuestra comprensión sobre el matrimonio y la familia. El amor compartido entre las tres personas de la Trinidad se convierte en el modelo para el matrimonio y la familia. Pero no hay tal modelo celestial en el islam. En el libro de Mahoma, Alá es un Dios solitario y debe permanecer así. Por tanto:
«Creed, pues, en Dios y en Sus enviados, y no digáis: “[Dios es] una trinidad” [...] Dios es sólo un Dios Unico; muy distante está, en Su gloria, de tener un hijo» (Sura 4 “Las mujeres”, 171 -Traducción de Muhammad Asad/Leopold Weiss).
  
El Corán no proporciona bases teológicas para entender el matrimonio como una propuesta de un solo hombre y una sola mujer. Pero la teología puede no ser el factor decisivo. Mahoma también pudo tener motivos personales para preferir la poligamia a la monogamia. Es muy posible que simplemente no quisiera limitarse a una sola esposa. Los estudiosos del islam desigan a varias revelaciones de Mahoma como “revelaciones de conveniencia”. Esto es, revelaciones que trabajan para su beneficio personal o le ayudaron a resolver un problema familiar. La revelación que le permitió casarse con su propia nuera entra en esa categoría, y también lo hace la revelación que le permitió tener un número ilimitado de esposas (y esclavas sexuales).
  
Pero todavía hay un tercer motivo que es menester considerar. Como han señalado numerosos eruditos, los sistemas totalitarios consideran como rival a la familia biparental tradicional. El miedo es que esa familia pueda tomar prelación sobre la “muy alta” lealtad que se le debe al Estado. Los tiranos saben que los lazos afectivos que se desarrollan en una familia pueden probar ser más fuertes que la lealtad individual a la ideología gobernante, o al Gran Hermano, o al Querido Líder.
  
Este era el caso del nazismo. A través de organizaciones como las Juventudes Hitlerianas, los nazis buscaban transferir al Estado la lealtad del niño hacia sus padres. Igualmente, los comunistas veían a la familia tradicional como un rezago reaccionario de los días de la moralidad burguesa. Los comunistas no tenían remordimiento sobre urgir a los niños a actuar como informantes contra sus padres, y en la Rusia estalinista uno de estos informantes, Pável Trofímovich Morózov, de trece años de edad, fue elevado al estatus de “héroe nacional”.
  
A medida que el Estado secularista moderno se convierte en totalitario a pasos agigantados, también comienza a ver a la familia como un rival para su objetivo del control total de los ciudadanos. Por eso el Estado busca por varios medios minar el propósito del matrimonio (v. g., promoviendo el aborto), y fracturar las relaciones entre esposo y esposa (v. g., haciendo a las mujeres depender financieramente del Estado). Mientras tanto, los medios de masas, que a menudo actúan como agentes del Estado, pueden ser contados entre los ensalzadores de modelos heterodoxos de familia. En estos días, las comedias de situación sobre las familias tradicionales son tan prohibidas como los comerciales de cigarrillos.
  
No debería sorprender entonces que el islam, que es un sistema totalitario por excelencia, favorece la estructura familiar polígama. Por medio de la ley sharia, el islam busca controlar todo aspecto de la vida del individuo. Como insisten sus voceros, el islam no es solo una religión, es un modo de vida completo. Además, es una vida dirigida a un propósito. Esto es, se vive en servicio de la ideología de la yihad por la causa de Alá. Como Nonie Darwish señala en Wholly Different (Enteramente diferentes), «En el islam, después de creer en Alá, la prioridad número uno para un creyente musulman no es la familia; lo es la yihad». Consecuentemente, «un hombre dedicado a su esposa y sus hijos en un matrimonio monógamo es una amenaza para la yihad».
  
Darwish sostiene que el ideal cristiano de la leatad exclusiva y permanente entre un hombre y su esposa está en desacuerdo con los objetivos del islam. El matrimonio concebido en esa forma es rival a la persecución decidida de la yihad. Pero un matrimonio polígamo no lo es. Por una parte, el esposo no tiene obligación de permanecer leal a una esposa. Aunado a ello, por su propia naturaleza, una familia poligámica es desgarrada por las luchas internas. Falta la unidad orgánica que puede llevarla a erigirse como rival ante la ideología de la yihad.
  
Según Darwish y otros ex-musulmanes, la estructura de las familias polígamas (combinadas con el conocimiento de que un matrimonio monógamo puede ser súbitamente transformado en uno múltiple) produce división en las lealtades y familias disfuncionales. Enciende a esposa contra esposa, medio hermano contra medio hermano, y suegra contra nuera.
   
En adición, la teología islámica crea rivalidad entre la(s) esposa(s) incumbente(s) del creyente y las novias que le prometen en el paraíso. Con el fin de asegurar que los hombres musulmanes nunca estarán satisfechos con sus esposas actuales, les es prometida más poligamia con más compañeras deseables en el próximo mundo. Por supuesto, el único camino seguro para asegurar estas doncellas en el paraíso es cometer la yihad por la causa de Alá. Por ello, como Darwish señala, «el islam ha sustituido el amor a la familia con el amor a la yihad y al martirio».
  
Un ejemplo reciente de la observación de Darwish es proporcionado por Sayfulla Saipov, el yihadista que mató a ocho personas en una ciclovía en la ciudad de Nueva York atropellándolas con una camioneta. Saipov es un hombre de familia, pero solamente en el sentido más estricto de la palabra. Tiene una esposa y tres hijos, pero también tiene la yihad en su mente. Al contrario del soldado ordinario que espera regresar del campo de batalla para reencontrarse con su esposa y sus hijos, este “soldado del ISIS/Dáesh” en cambio intentaba encontrarse con sus prometidas en el paraíso. La promesa de esposas perfectas en el paraíso tiende a debilitar los lazos con la familia aquí en la tierra. Además, como entendió Mahoma, tal promesa es un mecanismo eficiente en asegurar que siempre habrá un abundante suministro de reclutas para la yihad.
 
Por supuesto, no todos los musulmanes tienen tal mentalidad. A algunos no les interesa ni la poligamia ni la yihad, y pueden tener sus dudas sobre la existencia de las 72 vírgenes. Algunos matrimonios musulmanes, como admite Darwish, “son felices y exitosos”. Algunos musulmanes tratan de levantarse sobre la ideología e ignorar las enseñanzas misóginas del islam
  
Aún, en su totalidad, las relaciones familiares islámicas son más disfuncionales de lo que se imaginan los ciudadanos occidentales. La poligamia no es el único problema. El matrimonio infantil es común, y también los matrimonios forzados. En Irán y otras sociedades musulmanas chiíes, es legal el sigheh o matrimonio temporal (una forma de prostitución). Y el 91 por 100 de todos los crímenes de honor a nivel mundial es cometido por musulmanes.
  
En ese respecto, la ley islámica declara que no hay penalidad para una madre o padre que mate a sus propios hijos, ni tampoco para una abuela o abuelo que mate a sus nietos (Ahmed ibn Naqib al Misri, La confianza del viajero, libro O “Justicia”, sección 1.2.4: Sobre la retaliación). En cambio, un hijo puede matar a un padre por causa de honor. A menudo los hijos toman parte en el asesinato de sus madres (o hermanas) que han mancillado el honor familiar de una forma u otra. En La Lapidación de Soraya M. (una película basada en una historia real), el padre y el hijo de una esposa y madre acusada son los que tiran las primeras piedras. En Cisjordania, los padres deliberadamente educan a sus hijos para convertirlos en atacantes suicidas. Esto también es por el honor, porque, como puede esperarse en un sistema que gira en torno a la yihad, un gran honor redunda a las familias de los mártires.
  
Si los soviéticos y los nazis alentaban a los niños a traicionar a sus padres, el sistema islámico enseña que cualquier miembro de una familia puede ser sacrificado por cualquier otro miembro de la familia por causa de Alá y la yihad. El hijo contra el padre, el padre contra el hijo, el esposo contra la esposa, el hermano contra la hermana, la esposa contra la esposa: es un sistema siniestro. Y no debería ser comparado con el ideal de familia cristiano.
 
Es verdad, ciertamente, que las familias en las sociedades occidentales son a menudo problemáticas y destructivas. Pero en el mundo cristiano y poscristiano, la disfunción familiar no está en función de los valores cristianos, sino alejada de ellos. Los problemas que afligen a las familias modernas son en gran medida el resultado de los valores anticristianos y antifamiliares de la sociedad secularista.
   
Los cristianos están lejos de la perfección. Ellos no son inmunes a la insensatez o al pecado. Pero los valores familiares cristianos son tan diferentes a los valores islámicos como lo son respecto a los valores familiares nazis o los de los soviéticos. Los católicos que trazan una falsa equivalencia entre dos visiones de familia tan diferentes como la del cristianismo y la del islam, deberían saberlo mejor. Y DEBERÍAN DEJAR DE HACERLO.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)