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lunes, 5 de octubre de 2009

¿RATZINGER PROTESTANTE? ¡SÍ, EN UN 99%!

De ¿Quién es Joseph Raztinger? - Por don Francesco Ricossa


Habría pasado inadvertida, excepto para especialistas, si la publicación mensual «30 Giorni» y la semanal «Il sabbato»[1] no le hubiesen dado destaque. Un destaque oportuno. Me refiero a la intervención que el «Cardenal prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe» Joseph Ratzinger tuvo en Roma el 29 de enero de 1993 en el Centro Evangélico de Cultura de la comunidad valdense local[2].

El texto íntegro de la intervención de Ratzinger y la del Prof. Pablo Ricca valdense se puede leer en la revista «30 Giorni», N° 2, febrero de 1993, p. 66-73. El título elegido por la redacción es significativo: «Ratzinger, el prefecto ecuménico». Esta lectura debe completarse con la entrevista concedida por el teólogo luterano Oscar Cullmann a «Il sabbato», N° 8, 20 de febrero de 1993, p. 61-63, para cuya publicación la redacción eligió un título igualmente significativo: «El hijo de Lutero y Su Eminencia».

Para los lectores de «Sodalitium» presento un resumen de las ideas del «Cardenal» Ratzinger (que hizo a Mons.Guérard des Lauriers el honor de «excomulgarlo») sobre la Iglesia y el ecumenismo. Cualquiera puede verificar las fuentes sobre las revistas citadas y constatar si Ratzinger es todavía católico, o bien, como aparece palmariamente, ya no lo es más.

Cullmann habla por boca de Ratzinger

Cuando el Papa S. León Magno, mediante sus legados, intervino en el concilio de Calcedonia, los Padres del Concilio dijeron «Pedro habla por boca de León».

Leyendo la intervención de Ratzinger con los valdenses y la entrevista de Cullmann se puede decir que éste habla por boca de Ratzinger. Las palabras son de Ratzinger, las ideas de Cullmann. Por eso, no causa asombro que los Valdenses «estén de acuerdo en un 99%, por no decir un 100%».[3]

¿Pero quién es Cullmann?

Cullmann nació en 1902 en Estrasburgo, patria del reformador protestante Bucer cuya autoridad él invoca de buena gana[4]. Alsaciano, él ve en esto un «hecho providencial» por ser la población en ese lugar mitad católica y mitad protestante.

Estudió teología «bajo la guía de Loisy en París»[5]. El exegeta modernista y excomulgado no fue por cierto buen maestro. Menos todavía lo fue Bultmann, «el gran desmitificador de los Evangelios»[6], con quien presentó su tesis doctoral sobre la «Formgeschichte». «Bultmann dijo que era la mejor presentación de su Formgeschichte»[7]. En seguida se separó «radicalmente» de Bultmann, pues éste mediaba la lectura de la Biblia por la filosofía (existencialista), mientras Cullmann no aceptaba ninguna mediación. Con eso Cullmann no abandona en modo alguno el método protestante de estudio de la Escritura, y tampoco «el método de la historia de las formas» (Formgeschichtemethode) de Bultmann, según el cual «compete al exegeta descubrir el núcleo esencial de la Biblia: Cullmann lo encuentra en la historia de la salvación»[8].

Enseñó entre otros lugares en la Facultad Libre de Teología Protestante de París (1948-72) y en la facultad Teológica Valdense en Roma. Participó en el Concilio Vaticano II como observador, y Pablo VI lo definió «uno de mis mejores amigos».[9]

Durante el Vaticano II, Cullmann, huésped personal del Secretariado para la unidad de los cristianos, contribuía a determinar la orientación bíblica, cristocéntrica e histórica de la teología conciliar […] más recientemente Cullmann propuso un modelo de «comunidad de Iglesias» en su libro Unidad a través la diversidad[10], modelo apreciado hasta por el cardenal Ratzinger en su intervención a la iglesia valdense de Roma el 29 de enero pasado[11].

Conoció a Ratzinger durante el Concilio, estimándolo «el mejor teólogo entre los así llamados “periti”, los expertos... Con una reputación de progresista de avanzada»[12]. Desde entonces los dos han mantenido correspondencia, al principio sobre problemas exegéticos; y pronto, declara Cullmann, el carteo se incrementó, especialmente en relación a la propuesta de mi modelo de «unidad mediante la diversidad», una propuesta que, como ya hemos dicho, el Cardenal ha apreciado en privado y en público.[13]

Cullmann se alegra particularmente de una carta en la cual Ratzinger le escribe «siempre haber aprendido» de sus estudios, «aún cuando no estaba de acuerdo». Y Cullmann comenta esto como un estar «unidos en la diversidad»[14].

«La obra de Cullmann […] ha de contarse entre las que mayormente han contribuido al diálogo entre católicos y protestantes»[15] —no obstante su firme persistencia en la herejía y su negación explícita de la infalibilidad de la Iglesia Católica y del primado de jurisdicción de Pedro y de sus sucesores[16]. Resulta así ser un puente entre católicos y protestantes… para llevar a los católicos a hacerse protestantes (haciéndoles creer, por lo demás, que seguirían siendo católicos: «unidos» sí, pero… «en la diversidad»!).

La Conferencia con los valdenses

Como docente en Roma en la Facultad Valdense de teología, Oscar Cullmann conoce bien los valdenses asentados en Roma. Acaso sea él quien los recomendara a su «discípulo» Ratzinger como buen auditorio donde exponer y lanzar sus ideas comunes.

El tema del encuentro del 29 de enero entre Ratzinger y el Prof. Ricca (protestante valdense) era doble. Primero el del ecumenismo en general y del Papado, enseguida, el del testimonio. Más precisamente: que solución ecuménica dar a la cuestión del Papado; cómo dar nuevo ímpetu al ecumenismo en crisis; cómo dar un testimonio común.

Me parece no traicionar el pensamiento de Ratzinger resumiéndolo en los puntos siguientes, reservándome ulteriores comentarios más extensos:

  1. El ecumenismo es necesario, fundamental, indiscutible.
  2. El Papado es el problema para ello.
  3. El ecumenismo tiene un fin último: «La unidad de las iglesias en la Iglesia».
  4. Este fin último se realizará en formas que todavía nos son desconocidas.
  5. El ecumenismo tiene también un fin próximo, «una etapa intermedia» cuyo modelo es «la unidad en la diversidad» de Cullmann. 
  6. Esta etapa intermedia se realiza mediante un continuo «retorno a lo esencial»…
  7. ...Favorecido por una reciproca purificación entre las iglesias.
El Ecumenismo

«El ecumenismo es irreversible», ama repetir Karol Wojtyla. Joseph Ratzinger va más allá: Dios es el primer agente de la causa ecuménica […] el ecumenismo es más que nada una actitud fundamental, un modo de vivir el cristianismo. No es un sector particular, al lado de otros sectores. El deseo de la unidad, el empeño por la unidad pertenece a la estructura del mismo acto de fe porque Cristo vino para reunir en conjunto a los hijos de Dios que estaban dispersos[17].

El «ecumenismo» (o «reunión de los cristianos», según PíoXI) no es concebido como «el retorno a los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron»[18], no es tampoco un método, o una iniciativa más, de la actividad de la Iglesia. Él es fundamento de la vida cristiana y elemento constitutivo del acto de fe. No se puede ser fiel sin ser ecumenista (para Ratzinger); no se puede ser fiel si se es ecumenista (para Pío XI):

Cuantos sustentan esta opinión, no solo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.[19]

Lúcidamente, el valdense Ricca expone el problema (sin que Ratzinger lo contradiga):

«La crisis del ecumenismo sustancialmente se debe al hecho de que las iglesias no han cambiado bastante con motivo del ecumenismo.[…] Porque el ecumenismo por cierto exige, con la paciencia de que hablaba el cardenal Ratzinger, cambios profundos. Aun cierto punto, o cambia la iglesia o el ecumenismo entra en crisis.[…] Se entiende que este discurso vale para todas las iglesias»[20]

En definitiva: o perece la Iglesia, y vive el ecumenismo; o vive la Iglesia y perece el ecumenismo (puesto que mudar sustancialmente, para la Iglesia, es perecer). Ora el ecumenismo es irreversible: por ende la «Iglesia» (como es ahora, y máxime como era antes del Concilio) debe perecer. De aquí la cuestión del Papado, que debe cambiar con la Iglesia, o perecer.


[1] ambas ligadas a Comunión y Liberación.



[2] N. del T.: los valdenses son una secta herética italiana con muchos siglos y pocos adeptos.



[3] Ricca, «30 Giorni», p. 69.



[4] «Il sabbato», p. 61.



[5] Ardusso. Ferretti. Pastor. Perone. La Teologia contemporanea. Marietti 1980, p. 108.



[6] «Il sabbato», p. 63.



[7] Op. cit., p. 63.



[8] Ardusso, op. cit. p. 110.



[9] «Il sabbato»,p. 62.



[10] Brescia, 1988



[11] Ibid.



[12] Ibid., p. 63.



[13] Ibid.



[14] Ibid.



[15] Ardusso, op. cit., p. 112.



[16] cf. Ardusso, op. cit., p. 112; «Il sabbato», p. 62.



[17] «30 Giorni», p. 68.



[18] Pío XI, Encíclica Mortalium Animos, del6/1/1928.



[19] Ibidem.



[20] «30 Giorni», p. 7

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