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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 17 de marzo de 2019

TRIDUO EN OBSEQUIO DEL CASTÍSIMO PATRIARCA SAN JOSÉ

Tomado del “Devocionario en honor del Patriarca San José” (9ª Edición), del Padre Francisco de Paula Garzón SJ, Apostolado de la Prensa S.A., Madrid 1934, págs. 32-39. Imprimátur concedido por el Dr. Juan Francisco Morán Ramos, vicario general del Obispado de Madrid-Alcalá, 10 de Noviembre de 1933. Se podrá empezar el 17 de cada mes para concluir el 19.
  
TRIDUO EN OBSEQUIO DEL CASTÍSIMO PATRIARCA SAN JOSÉ
  
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
     
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, verdad infinita, creo todo lo que os habéis dignado enseñarnos por medio de la Santa Madre Iglesia, en cuya fe quiero vivir y morir; y poniendo los ojos en vuestra infinita misericordia, me anima la esperanza de que habéis de perdonarme todos los pecados, y darme la gracia y la gloria que me tenéis prometida. Yo os amo, Dios mío, de todo corazón, y quiero serviros con todas mis fuerzas, deseando amaros con el amor purísimo de los Serafines y demás Bienaventurados del Cielo. Pésame, Señor, de haberos ofendido, detesto y abomino mis culpas, y propongo morir mil veces antes que volver a ofenderos; y por los méritos infinitos de vuestra preciosísima Sangre, os pido que deis a este propósito una firmeza inalterable y que en él logre yo perseverar hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN INICIAL
¡Con qué confianza, con cuánta satisfacción vengo a vuestros pies, José santísimo, a implorar vuestro socorro y protección en mis necesidades! ¡Oh! Yo no desconfío de que oiréis mis ruegos, que por experiencia sé que no os sabéis negar al que con fe os hace una súplica. Vos, que en el mundo probasteis todas las amarguras de la vida, y que conocéis bien las afecciones del corazón humano, ¿os haréis sordo cuando algún mortal, con la fe y consuelo que inspira vuestro dulce nombre, os invoca y os hace ver el fondo de su alma, que sufre traspasada por alguna pena? Vos, que podéis sacar la punzante espina de un corazón afligido, ¿os mostraréis indiferente y veréis, sin lastimarse vuestra eminente caridad, rodar las lágrimas de vuestros devotos sin extender vuestra benéfica mano y secar su llanto? ¿Acaso necesitáis para hacernos un beneficio, o darnos un consuelo, otra cosa que querer? ¿Y habrá quien pueda imaginarse que, no siendo menester más que vuestra voluntad santísima, no queráis acceder a calmar o quitar del todo nuestras tribulaciones? ¿Será posible, Santo mío, que Aquel que en el mundo alimentasteis, y que vio vuestra noble frente cubierta de sudor para proporcionarle su alimento y el de su Santísima Madre, os desaire cuando vayáis a suplicarle os conceda alguna gracia? Aquel que os escogió para que le sirvierais de padre, y que se regocijaba cuando le dabais el tierno nombre de Hijo, ¿no querrá acceder a vuestras peticiones? Qué, ¿no es el mismo que en la tierra os obedecía, y que tantas veces tuvisteis en vuestros brazos acariciándole dulcemente?… ¿No es el mismo que desde toda la eternidad os señaló con su omnipotencia para esposo de la Inmaculada Virgen María? Grandes, muy grandes son estos títulos para que no podáis con Dios todo lo que queráis, y grandes son también las esperanzas que a mí me infunden tan inmensas prerrogativas. Posible es, padre mío, que yo os pida una cosa que no me sea conveniente, y esto es efecto de mi ignorancia; pero no es posible que me dejéis sin consuelo en mis necesidades; sí, yo no quiero que hagáis mi voluntad, sino la de Dios, pues si lo que pido no es a su mayor honra y gloria y provecho de mi alma, nada quiero, sino en todo tiempo vuestra amistad y protección. Si trabajos, si enfermedades y disgustos es lo que me conviene en la vida, yo los recibo con el mayor placer por ser voluntad de Dios, y solo os pido me alcancéis su santísima gracia para sufrir resignado y merecer en la eternidad el premio, que es lo que aspiro. Amén.
  
DÍA PRIMERO
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Santísimo José! Aquí me tenéis postrado a vuestras plantas y muy confiado de vuestro patrocinio; siento que en mi pecho nace una lisonjera esperanza al invocaros, porque estoy convencido de vuestro poder y valimiento con el Altísimo, porque sé que son infalibles vuestros ruegos, unidos con los de vuestra purísima Esposa María, y porque sé también que tenéis deseo de favorecer a vuestros devotos. Pues bien, llevadme de la mano hasta el trono de vuestro Santísimo Hijo, y decidle: “Este que ves aquí postrado, se ha valido de mí en sus penas, y yo quiero aliviárselas; él no se levantará de tu presencia, yo no me retiraré de este lugar sin haber conseguido lo que deseo en bien de mi devoto; acuérdate, Hijo mío, de las aflicciones que en el mundo tuve cuando te dignaste encargarme tu cuidado y no me niegues lo que solicito”. ¡Ah! No podrá negarse a este ruego; os concederá lo que le pidáis, Santo mío, y yo volveré a tener la felicidad que perdí, y todos mis días serán de regocijo teniéndoos a os en mi favor y amparo. Amén.
  
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
JACULATORIA
Sírvanos de guía y luz
En nuestra necesidad
La inagotable bondad
Del dulcísimo Jesús.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Sea toda nuestra alegría,
Sea todo nuestro consuelo,
La medianera en el Cielo,
La Inmaculada María.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
Se acabarán, bien se ve,
Nuestras penas y dolores
Teniendo por protectores
A Jesús, María y José.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Ya estoy a los pies del dulcísimo José; ya estoy postrado ante este felicísimo Patríarca, y ya nada temo; ¿ni qué podría temer teniéndole por abogado?… Vengan las aflicciones, la orfandad, la enfermedad y la miseria; yo no las temo: impávido levantaré la cabeza en medio de los mayores infortunios. Nada podrán contra mí, porque José es mi refugio; las maquinaciones de mis enemigos para perderme serán destruídas; la lengua viperina del que injustamente me persigue enmudecerá; al ladrón se le frustrará el lazo que me tienda; el asesino no podrá levantar el brazo para herirme, y la enfermedad y la peste no infestarán mi casa. Nadie, nadie podrá dañarme: José es mi protector; José ha abierto los brazos para recibirme y salvarme; José va a hacer de mí un hombre nuevo; José va a borrar de mí las malas inclinaciones; José va a ser mi guía en el camino de las virtudes, y José, en fin, rogará a Dios por mí y yo seré salvo. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Glorioso Patriarca! Yo, que soy el más grande pecador, necesito de vuestro Hijo la más grande misericordia: rogad por mí y no me desechéis; ved que os invoco, ved que os suplico que no me retiréis de vuestra presencia sin consuelo; nada soy, nada valgo, nada merezco; pero tengo que alegar en mi favor vuestras propias virtudes y las de vuestra Esposa María; os tengo que recordar que el Salvador derramó su Sangre preciosísima por mí, y que, aunque indigno, soy criatura suya. Si vos os interesáis por mí y hacéis esto presente al Omnipotente, nada me faltará y quedarán remediadas mis necesidades; así lo creo, así lo espero lleno de fe, y muy consolado queda mi corazón confiando que con vuestra intercesión santísima seré feliz en esta vida y en la otra, como lo deseo. Amén.
  
Padre nuestro, Ave María y Gloria. La Jaculatoria y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO
Por la señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh amabilísimo José, padre putativo felicísimo del Salvador del mundo! Yo no cesaré de alabaros ni de confiar en vuestro patrocinio, ni cesaré de invocaros hasta el último instante de mi vida, y de pedir que roguéis por mí. No despreciéis mis oraciones, aunque tibias y sin fervor; suplid mi devoción, iluminad mi entendimiento, fortaleced mi corazón en las virtudes, y dadme todo aquello que sea necesario para el bien de mi alma, juntamente con el socorro y amparo de mis necesidades; ya Vos las conocéis; no tengo para qué repetirlas, y mejor que yo sabéis lo que me es más conveniente y necesario. No hagáis conmigo (os lo repito) lo que yo quiera, sino lo que más agradable sea a vuestro querido Hijo; no se haga en mí ni en todas mis cosas sino la voluntad de Dios, para que en todo tiempo y a toda hora cante sus alabanzas en la tierra, y después vaya a cantarlas en el Cielo en vuestra compañía. Amén.
  
Padre nuestro, Ave María y Gloria. La Jaculatoria y la Oración se rezarán todos los días.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)