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lunes, 25 de marzo de 2019

DEVOTA MEMORIA DE LAS SIETE CAÍDAS DE NUESTRO SALVADOR

Ejercicio devoto compuesto por el Padre Fray José de San Juan OP, maestro de novicios en el Convento de Santo Tomás de Madrid.
 
DEVOTA MEMORIA DE LAS SIETE CAÍDAS DE NUESTRO SALVADOR JESÚS POR NUESTRO AMOR
 
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PREPARATORIA
Abrid, Señor, nuestra boca para bendecir vuestro santo Nombre: limpiad nuesto corazón de todos los vanos, perversos y ajenos pensamientos; alumbrad nuestro entendimiento y encended nuestro afecto, para que digna, atenta y devotamente hagamos este santo ejercicio, y merezcamos ser oídos en vuestro divino acatamiento. Amén.
 
ORACIÓN
Dulcísimo dueño de las almas, Jesús Nazareno, Corazón de nuestros corazones, nosotros te ofrecemos este ejercicio y oraciones con un grande amor y deseo de ensalzarte, glorificarte y agradecerte aquel infinito amor con que quisiste siete veces caer en tierra por nuestro amor, para confundir nuestra soberbia con tan admirable humildad: y te pedimos las ofrezcas ahora, y en la hora de nuestra muerte a tu Eterno Padre, para que por ellas nos conceda una vida libre de las caídas en los siete vicios capitales, y nos levante a un alto grado de amor de Dios, y de Jesús, María y José, en que vivamos hasta morir. Amén.
  
A Jesucristo adoremos,
Y con tierno corazón
Las caídas contemplemos
Que el Señor dio en su Pasión.
  
La primera caída fue en el huerto, cuando con el mortal sudor de sangre cayó con el rostro en tierra.
  
Ahora besarás el suelo, y contemplarás este paso, mientras se canta esta copla:
Dulce Jesús, que postrado
Sangre sudas por mi amor,
Concédeme que a tus pies
Derrame alma y corazón.
Reza ahora el Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Alabad al Señor todas las gentes, alabadle todos los pueblos, porque ha confirmado sobre nosotros su misericordia, y la verdad del Señor permanece para siempre.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, y en todos los siglos de los siglos. Amén.
   
Mi Jesús, danos tu mano,
Y por tus siete caídas,
No permitas que caigamos
En ninguna tentación.
  
La segunda caída fue, cuando llevando preso a su Majestad, cayó por el puente del Río Cedrón.
  
Ahora besarás el suelo, y contemplarás este paso, mientras se canta esta copla:
Con el tropel de mis culpas
Te he derribado, Señor,
Lloren mis ojos más agua
Que la que llevó el Cedrón.
Reza ahora el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y lo demás como en la primera.
  
La tercera fue cuando delante del Pontífice Anás recibió aquella afrentosa y cruel bofetada, que lo derribó en tierra.
  
Ahora besarás el suelo, y contemplarás este paso, mientras se canta esta copla:
Si de la cruel bofetada
Caes, mi Jesús, al rigor,
Levántate al ruido de estas
Que me da mi contrición.
Reza ahora el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y lo demás como en la primera.
 
La cuarta fue cuando le desataron de la Columna, y quedó desmayado sobre su santísima Sangre.
  
Ahora besarás el suelo, y contemplarás este paso, mientras se canta esta copla:
Venid, almas de Jesús,
A morir de compasión,
Que para verle en su Sangre
Desmayado no hay valor.
Reza ahora el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y lo demás como en la primera.
 
La quinta fue cuando le arrojaron de golpe la Santa Cruz sobre sus delicados hombros, y dio en tierra con su sacratísimo Cuerpo en el Pretorio de Pilatos.
  
Ahora besarás el suelo, y contemplarás este paso, mientras se canta esta copla:
Después de azotes y espinas,
Cruz y caídas, ¡qué dolor!
Viva mi Jesús, y muera
Quien ingrato le ofendió.
Reza ahora el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y lo demás como en la primera.
 
La sexta fue cuando con el peso grande de la Cruz, cayó en la Calle de la Amargura.
  
Ahora besarás el suelo, y contemplarás este paso, mientras se canta esta copla:
Nazareno hermoso, dame
Esa Cruz, que no es razón
Que a ti te postre su peso
Cuando hice el pecado yo.
Reza ahora el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y lo demás como en la primera.
  
La séptima fue cuando al subir el Monte Calvario, cayó sobre aquellas piedras, y quedó nuestro amantísimo Jesús muy lastimado y desmayado.
  
Ahora besarás el suelo, y contemplarás este paso, mientras se canta esta copla:
¿Qué habrá hecho el pecado en mí
Si tanto ha causado en Dios?
Pequé contra ti atrevido,
¡Perdón, mi Jesús, perdón!
Reza ahora el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y lo demás como en la primera.
   
Aplaca, Señor, tu ira,
Tu justicia y tu rigor.
Dulce Jesús de mi alma,
Misericordia, Señor.
   
Ahora encenderás tu afecto, y haciendo un fervoroso acto de contrición, dirás esta rogativa de los agravios de Jesús:
Jesús, pobre y abatido, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, no conocido y menospreciado, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, aborrecido, calumniado y perseguido, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, dejado de los hombres y del demonio tentado, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, entregado y vendido por vil precio, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, blasfemado, acusado y condenado injustamente, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, vestido de un hábito de oprobios y afrentas, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, abofeteado y burlado, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, arrastrado con una soga al cuello, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, tenido por loco y endemoniado, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, azotado hasta derramar sangre, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, pospuesto a Barrabás, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, despojado de todas sus vestiduras con infamia, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, coronado de espinas y saludado por irrisión, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, cargado con la cruz de mis pecados y las maldiciones del pueblo, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, triste hasta la muerte, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, consumido de dolores, de injurias y de humillaciones, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, afrentado, escupido, ultrajado y escarnecido, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, pendiente de un madero infame entre dos ladrones, Tened piedad de mí, Señor.
Jesús, aniquilado y sin honra para con los hombres, Tened piedad de mí, Señor.
  
ORACIÓN
Oh buen Jesús, que sufristeis por mi amor una infinidad de oprobios y afrentas que yo no puedo comprender; imprimid poderosamente en mi corazón la estimación y amor, y haced que desee la práctica de ellas. Amén.
  
Ahora rezarás tres Ave Marías por las tres necesidades que tuvo María Santísima al pie de la Cruz, y acabarás con la Oración siguiente:
¡Oh santísima Cruz!
¡Oh inocente Cordero!
¡Oh pena grave y cruel!
¡Oh pobreza de Cristo mi Redentor!
¡Oh Llagas muy lastimadas!
¡Oh Corazón traspasado!
¡Oh Sangre de Cristo derramada!
¡Oh muerte de Cristo amargada!
¡Oh Divinidad de Dios, digna de ser reverenciada!
Ayudadme, Señor, para alcanzar la vida eterna en la hora de mi muerte. Amén.
  
Sea bendito y alabado el Santísimo Sacramento del Altar, y la Virgen concebida sin pecado original.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)