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domingo, 24 de marzo de 2019

SAN SIMÓN DE TRENTO, DOBLEMENTE MÁRTIR

Artículo publicado en TRADITIO MARCIANA el 23 de Marzo de 2018.
   
Hoy 24 marzo, como es sabido, se festeja a San Gabriel Arcángel, habiendo sido escogido para conmemorarlo el día precedente a la gran fiesta de la Anunciación, uno de los mayores misterios de nuestra Redención, del cual el Arcángel es personaje fundamental.
  
Es menos conocido, en cambio, que el mismo día la Iglesia Universal (y particularmente la diócesis de Trento) recuerda otro santo, mártir, cuya terrible historia amerita ser aquí recordada y comentada: San Simonino de Trento.
San Simón de Trento
  
El Martirologio Romano tradicional recita: Tridénti pássio sancti Simeónis púeri, a Judǽis sævíssime trucidáti, qui multis póstea miráculis coruscávit. (En Trento, la pasión del santo Simonino niño, cruelmente muerto por los judíos, quien posteriormente fue autor de muchos milagros).
   
Simonino era un niño de dos años y medio de la ciudad de Trento, hijo del curtidor Andrea Lomferdom, el cual desapareció el Jueves santo (23 aprile) del 1475, para después ser encontrado muerto la mañana del Domingo de Pascua. El príncipe Giovanni Hinderbach, entonces obispo de Trento, afirmó enseguida que los autores del atroz delito habían sido los judíos locales, quienes usaban la sangre cristiana para amasar los ácimos para su pascua. Luego, no obstante las iniciales dudas del legado pontificio, se interrogaron a los quince hebreos residentes residentes en Trento en aquellos años, los cuales, reos confesos del asesinato, fueron encarcelados en el castillo del Buonconsiglio, y sucesivamente condenados a muerte.
    
El Papa Sixto IV avaló las decisiones del proceso, y en 1588 la Santa Sede aprobó el culto de san Simonino, concediendo la indulgencia plenaria a cualquiera que venerase sus reliquias, custodiadas en la iglesia tridentina de los Santos Pedro y Pablo, el 24 de marzo, día de su recuerdo. Dos siglos después (1755), el Papa Benedicto XIV confirmó las decisiones de sus predecesores, estimando conveniente e imperativo el rendir público culto al beato Simonino, martirizado por mano de los judíos en odio a la fe de Cristo. La devoción al santo mártire, más allá del Trentino, se difunde rápidamente también en la región de Brescia. Cada año la fiesta del santo era celebrada con gran devoción por los habitantes, y cada diez años el clero de la archidiócesis tridentina participana en una solemne y grandiosa procesión el 24 de marzo, en la cual eran llevados triunfalmente el cuerpo del Santo y los instrumentos de su martirio.
   
Él era el símbolo de todo el pueblo cristiano, odiado y perseguido por los enemigos de Dios. Pero era también símbolo de Jesucristo mismo, inocente asesinado por los pérfidos judíos.
  
Pero en el clima filojudaico de la segunda mitad del siglo XX, en el cual toda palabra contra Israel es un buen pretexto para ser acusados de antisemitismo, parangonados a Hitler y condenados a las más graves penas, ¿podía pasar indemne tal culto a los indignados de la última hora? Absolutamente no. Y después de muchos (y falsos) estudios que querían demostrar que los sacrificios humanos eran solo una “leyenda antisemita” de los ignorantes y malévolos cristianos medievales, y que por tanto nunca sucedieron, también la nueva Iglesia conciliar, en la óptica del servilismo a la causa judaica instaurada por Nostra aetate, ¿podía quizás eximirse de biasimare el culto tradicional a San Simonino? Y he aquí que, con el aval de la Santa Sede, el arzobispo de Trento Alessandro Gottardi, en 1965, canceló de imperio el culto público al santo mártire e hizo sacar de la iglesia las reliquias y los instrumentos de la pasión; en el nuevo martirologio, después de la reforma del calendario, san Simonino obviamente no apareció más.
  
Pero, contrario a lo que se quiere hacer creer, la realización de sacrificios humanos entre los judíos es un hecho histórico comprobado. Causó escozor, en el 2007, la publicación del libro Pasque di Sangue (Pascua de sangre), escrito por el rabino e historiador Ariel Toaff, docente en la Universidad de Tel Aviv e hijo del gran rabino emérito de Roma Elio Toaff: en este su ensayo, de hecho, el medievalista judío aseveraba que, si bien no haciendo parte de la doctrina oficial del judaísmo, tales impías prácticas eran eccome practicadas por algunas ramas del judaísmo asquenazí, particularmente las alemanas de lengua yiddish del área renana, danubiana y atesina (y por tanto, también en Trento), los cuales acostumbraban preparar el pan ritual de la pascua con sangre humana. Inútil decir que el ensayo Toaff, como consecuencia de las inmensas polémicas desencadenadas apenas editado, fue inmediatamente retirado de la circulación [1].

Portada del libro censurado por la “policía del pensamiento” judía
   
Particularmente, el mismo Elio Toaff, padre del autor, con el apoyo (huelga decirlo) del cotidiano “católico” Avvenire, criticó fuertemente el libro, bulando estos hechos como “leyenda sin fundamento” y asegurando que la cultura hebraica está “basada sobre el perdón”. Quizá el Toaff padre se confunde con el Cristianismo, visto que en la cultura hebraica la única oración por el enemigo es la de maldición, y el concepto de perdón es totalmente ausente. A título de ejemplo, basta leer la letra Herem (חֵרֶם) de condena de parte de la comunidad judía de Ámsterdam al filósofo Baruch Spinoza en 1656; si por una parte Spinoza es decisamente condenable (y condenado, poco más de 20 años después, por la Iglesia Católica) por causa de sus posiciones ateas y materialistas, por la otra la condena judaica supracitada es completamente incompatible con la visión católica, y por el contrario esclarecedora de la concepción hebraica, sobre todo cuando, después de maldecir repetidamente al acusado, afirma: “quiera el Señor jamás perdonarle”.
   
Toaff hijo prueba adecuadamente el carácter fundado de la tesis tradicional sobre la muerte de San Simonino: además de la localidad compatible con las usanzas sanguinarias del judaísmo asquenazi tedesco, en los documentos del proceso se informan (en hebreo) maldiciones contra los cristianos y fórmulas sobre el uso mágico-simbólico de la sangre en los rituales asquenazis que habían sido informados por los acusados. Ahora, la transcripción de estas fórmulas contiene numerosos errores gramaticales que evidencian la ignorancia del hebreo y del yiddish de parte de los notarios del processo, pero las fórmulas son esencialmente correctas, que efectivamente habían sido pronunciadas por los acusados durante el proceso. Hay pues numerosos elementos de la cultura del judaísmo alemán (el uso de un “cuchillo de lacticinios” y un “cuchillo de sangre”, el ritual de maldición contra los cristianos, etc.), rigurosamente reportados por el estudioso, que van a comprobar la tesis tradicional.
  
Martirio de San Simón de Trento (Escultura atribuida al taller de Daniel Mauch. Trento, Museo Diocesano)
    

¡Pobre de veras el bienaventurado mártir San Simón, dos veces martirizado! La primera vez, asesinado bárbaramente por los judíos cuando era apenas un niño de menos de tres años para un horrible sacrificio humano; la segunda vez, asesinado espiritualmente por la neoiglesia que, prefiriendo apoyar a los judíos que no a los cristianos, no ha dudado en arrojar a esta santa figura en la calumnia y en el olvido. Invito a todos los cristianos de buena voluntad a encender una vela a San Simonino, rogando por la conversión de los judíos, pueblo maldito [2], y de los sedicentes cristianos que enlodan el nombre de Jesús poniéndose de parte de sus asesinos.
  
Orémus et pro pérfidis Judǽis: ut Deus et Dóminus noster áuferat velámen de córdibus eórum; ut et ipsi agnóscant Jesum Christum, Dóminum nostrum. (Misal Romano Tradicional, Oración VI del Viernes Santo).
     
NOTAS
(1) Por fortuna, aún circula en internet. El pdf es descargable en esta página.
(2) El pueblo hebreo, en otro tiempo elegido de Dios, perdió su propia elección y se atrajo la maldición de Dios en el momento en que se rehusó a reconocer a Jesús como el Mesías, e incluso Le dio muerte; según la tradición, poco antes del Juicio Final los judíos se convertirán y volverán a ser parte de la grey de los elegidos, que ahora comprende a los fieles en Cristo de toda lengua y nación.
  
ORACIÓN
Oh Dios, restaurador de los inocentes, por cuyo nombre el bienaventurado inocente Simón fue asesinado con acerbísimo suplicio de muerte por los pérfidos judíos: te suplicamos que nos alcances, por los méritos de su intercesión, que al contacto de su impoluta vida merezcamos llegar a la patria celestial. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)