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sábado, 12 de diciembre de 2020

DÍA DOCE DEL MES, EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Tomado del Novísimo Lavalle mexicano, o El alma santificada por la piedad, compilado por el padre Antonio J. Peredos, cura interino de la Santa Cruz y Soledad en México, publicado en dicha ciudad en 1897, con aprobación del Arzobispo de México, quien se dignó conceder 80 días de Indulgencia a cada oración que no tuviese indulgencia propia de Roma.
    
DÍA DOCE CONSAGRADO A NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, que llevado del inmenso amor que tienes al linaje humano, después de todo lo que por el hiciste en los días de tu vida mortal, le diste a tu misma Madre para que lo fuera suya, y particularmente a nosotros los mexicanos, honraste de una manera especial mandándonos a María para que se apareciese en el Tepeyac y nos convirtiese a la única verdadera fe, y desde allí fuese nuestro amparo y nuestra defensa en los azares de la vida; mientras más considero todos estos favores, más me pesa de tantos pecados con que he ofendido a tu augusta Majestad. Perdóname, Dios mío, yo me propongo nunca más volver a ofenderte, sino ajustar mi conducta a tu santa ley. Este perdón y esta gracia te la pido por los méritos e intercesión de mi Santísima Madre María. cuya advocación de Guadalupe quiero honrar en este día. Amen. 
   
ORACIÓN
¡Santísima Virgen de Guadalupe! Si me hubiera sido posible elegir yo mismo una Madre, ¡cuán noble, rica y hermosa hubiera sido la mujer que yo escogiera! ¡Habría elegido la tal, que uniendo a la hermosura, las prendas más brillantes, gozara de la alta estima de los más egregios y poderosos príncipes. La habría buscado de atractivo tan irresistible, que teniendo ante el Monarca supremo eficaz valimiento, hubiese podido proporcionarme la vida más feliz y más exenta de miserias! ¡Pero, he aquí gran Señora, que si me ha sido imposible hacer tal elección, he tenido la incomparable gloria, la indecible felicidad de que la Madre más excelsa, hermosa y Augusta se haya dignado, aun antes de que yo naciese, adoptarme por hijo suyo! Sí, Tú, oh Reina piadosísima, la más dulce y tierna de todas las Madres, Tú misma, cuando viniste desde el Cielo a santificar este país con tu gloriosa presencia, no te desdeñaste de ofrecerte y declararte por Madre mía. Tu dijiste al felicísimo Juan Diego, que te mostrarías Madre amorosa con cuantos solicitasen confiados tu poderoso patrocinio. Así como creo, venero y admiro en Ti el valimiento que tienes con el Príncipe de la eternidad el poder de que gozas para con la infinita misericordia. Muestra, pues, oh María, que eres mi dulce Madre, cual ofreciste al dichoso Juan Diego, alcanzándome de tu Santísimo Hijo el perdón de mis horribles culpas y reiterados extravíos. Yo vengo alentado por tu maternal confianza a prometerte el no volver a ejecutar cosa alguna que desagrade y ofenda a mi Señor. No sean parte mis delitos para dejar frustradas las esperanzas que en Ti pongo: obra conmigo como Madre, aunque yo no he sabido ser hijo tuyo: presenta mis súplicas ante el trono de aquel buen Dios que por salvarme se hizo Hijo tuyo: eligiéndote por Madre para que fueses Madre mía. Alcánzame, oh María, la gracia que necesito para saber aprovecharme de tan gran beneficio y vivir de manera que merezca ir a darte las gracias por una eternidad en el cielo. Amén.
   
CORONA DE GRATITUD A MARÍA SANTÍSIMA DE GUADALUPE
Yo te doy las más rendidas acciones de gracias, oh Virgen María de Guadalupe, por haberte dignado aparecer en el Tepeyac y traernos la luz del Evangelio, pidiéndote por el amor Maternal que entonces nos demostraste que conserves siempre en la fe de Jesucristo a nuestra Patria. Padre nuestro, tres Ave María y Gloria.
    
Madre del amor hermoso,
Iris de paz y consuelo;
Haz, por tu ruego piadoso,
Unido, fuerte y dichoso
A este mexicano suelo.
   
Yo te doy las más rendidas acciones de gracias, oh Virgen María de Guadalupe, por las palabras dulcísimas y llenas de maternal bondad, que te dignaste dirigirnos, prometiéndonos que escucharías siempre nuestras súplicas desde el templo que ordenaste se te erigiera; te suplicamos nutras y fomentes el espíritu de oración en nuestra Patria. Padre nuestro, tres Ave María y Gloria, y la jaculatoria.
   
Yo te doy las más rendidas acciones de gracias, oh Virgen María de Guadalupe, por habernos dejado en esa imagen ante la que estoy postrado, un trasunto de tu hermosura, dándonos además en ella una prenda de tu amor; rogámoste Señora, nos libres de toda clase de calamidades y nos libres de las asechanzas de nuestros enemigos. Padre nuestro, tres Ave María y Gloria, y la jaculatoria.
    
GOZOS
    
Pues a ser nuestro consuelo
Bajaste, oh Virgen pura;
De lleno a nuestra ventura
Subir a alabarte al cielo.
   
En la tilma retratada
Dejaste tu imagen bella,
Para que fuese la estrella
De esta tu América amada,
Por esto en Ti asegurada
Tiene su dicha este suelo;
De lleno a nuestra ventura
Subir a alabarte al cielo.
       
Del sol los rayos ardientes
Forman marco a tu grandeza,
Que no eran a tal pureza,
Otros adornos decentes
Venzan tus rayos valientes
De nuestros pechos el hielo;
De lleno a nuestra ventura
Subir a alabarte al cielo.
   
Tapete forma la luna
A tus plantas sacrosantas
Pues cree hallar en tus plantas
El lleno de su fortuna;
Haz que menguante ninguna
Padezca el indiano suelo;
De lleno a nuestra ventura
Subir a alabarte al cielo.
   
Para bordar tu vestido
Han bajado las estrellas,
Porque en tu manto hallan ellas
Firmamento más lucido;
Tu siempre la estrella has sido
Que anuncia nuestro consuelo;
De lleno a nuestra ventura
Subir a alabarte al cielo.
   
Sirve a tus pies de repisa
Noble Serafín alado;
Y estar a tus pies postrado
Es su más noble divisa;
Así con su ejemplo atiza
La llama de nuestro celo;
De lleno a nuestra ventura
Subir a alabarte al cielo.
   
Ceñida la real corona
Se ve; oh María, en tu cabeza,
Que por reina te confiesa
Desde la una a la otra zona;
Así por águila te abona
Que hasta Dios levantó el vuelo;
De lleno a nuestra ventura
Subir a alabarte al cielo.
   
Pues a ser nuestro consuelo
Bajaste, oh Virgen pura;
De lleno a nuestra ventura
Subir a alabarte al cielo.
    
Una Salve.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)