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sábado, 12 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA DUODÉCIMO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
   
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA DUODÉCIMO - LA CREACIÓN DE LA INMACULADA
Et ædificávit Dóminus Deus costam, quam tulérat de Adam, in muliérem. (Génesis II, 22)
    
El Ser Supremo, que dispone todas las cosas del modo más conveniente a su infinita sabiduría, ordenó el misterio de la misericordia y del amor, de tal manera que hiciese aparecer ostensiblemente que el mismo Dios era el que yacía en el pesebre, el que formó los cielos, el Dios que no encontró donde reposar sobre la tierra, y que compuso el universo; el Dios que se cubrió de humillación en los días de la redención, y que se revistió de majestad en los de la creación. Por esa razón el mismo orden que siguió el Omnipotente al criar al hombre, se observó también en la formación del Hombre-Dios, y una Virgen inmaculada apareció para dar complemento a la redención, como había hecho otra cosa semejante con respecto a la creación. Dios formó al primer hombre de una tierra virgen; y he ahí que ese mismo Dios escoge una virgen para formar el cuerpo en que debía ocultar o encerrar sus divinos rayos. Había dado al primer hombre una compañera en la terrena misión de poblar la tierra; y como si su omnipotencia no le bastase para salvar mil mundos, elige para sí mismo una compañera en la celeste misión de redimir la humanidad. Una Inmaculada era la única esposa digna de Adán inocente: María preservada inmaculada por los méritos del Redentor, salió (San Agustín, De la Virginidad, capítulo VI) en toda su espiritual belleza de la costilla de este segundo Adán, cuando dormía el plácido sueño de la resurrección. Eva era enteramente a imagen y semejanza de Adán, y María fue formada a imagen y semejanza de Jesucristo. Único bajo todos conceptos fue aquel Hijo unigénito, único Dios, único Hombre-Dios, y única por todos lados será entre las demás criaturas esa bienaventurada María, única Madre inmaculada, única Madre Virgen, única Madre de un Dios. Si Jesús es la fuente, la plenitud y el modelo de la santidad, María será su imagen más perfecta, su expresión más fiel. Si Jesús, sometiéndose a las enfermedades de la humana naturaleza permaneció siempre separado de la masa corrompida de los pecadores, y libre del imperio del infierno, María, participando de ese singular privilegio, que no puede dividir sino con Dios, quebrantará la cabeza de la infernal serpiente. Si Jesús se halla exento de toda mancha por una consecuencia de su divina naturaleza, María, por un efecto de la gracia, podrá decir al mundo asombrado lo que el Salvador dijo una vez de sí mismo: «¿quién de vosotros me reprenderá de pecado?» (San Juan XVIII, 46).
    
CÁNTICO
Cantad a María un cántico nuevo: todos los ángulos de la tierra canten a la Virgen inmaculada.
Cantad a María y bendecid su santo nombre; anunciadla de continuo como la aurora de nuestra salvación.
Celebrad entre las gentes su gloria, y sus maravillas entre todos los pueblos.
Porque el Dios terrible vistió el traje de la paz, y en la ternura del amor la creó inmaculada en lo eterno.
Puso gloria y esplendor sobre su rostro; santidad y magnificencia, como corona de su cabeza inocente.
A su aparición se regocijó toda la tierra; y las naciones atónitas se preguntaron: ¿es esta la que sube del desierto esparciendo delicias, como una esposa adornada para el tálamo divino?
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
¡Oh María!, lirio inmaculado de celestial pureza, ¡cuán grande es mi confusión al hallarme delante de Vos tan pobre de gracia y de virtudes! Si Vos podéis llamar al Cielo y a la tierra a que atestiguan vuestra inocencia, ¡el cielo y la tierra son testigos de mis culpas! Sí, en el largo trascurso de tiempo que, comenzando en vuestra bienaventurada concepción, se dilató hasta lo último de vuestra vida, no hubo un solo momento en que la más mínima culpa viniese a turbar vuestro inmaculado semblante, ¡ay!, ¿cuándo me será a mí dado encontrar un solo instante de mi vida que no haya sido manchado con alguna infidelidad? Si vos fuisteis la imagen más bella de la santidad de vuestro Hijo, ¿cuándo he procurado yo asemejarme a Jesús Redentor que me invita de continuo a imitarle, y que vos misma, oh María, me presentasteis en vuestros purísimos brazos? ¡Ah! Vos, que fuisteis colmada enteramente de las gracias celestiales; vos, a quien un Hijo divino ha elegido para ser corredentora con Él, a quien ha criado para que formase las delicias de su bondad, y para difundir por vuestro medio los saludables efectos de su misericordia, haced que caigan sobre todas las potencias de mi corazón, para que imitando desde aquí en adelante a vuestro amabilísimo Hijo, pueda hacerme menos indigno de ser colocado en el número de sus más apasionados siervos. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)