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viernes, 9 de julio de 2021

¿HUBO REFORMA LITÚRGICA ANTES DE PAULO VI?

Rescatado de los archivos de la ASOCIACIÓN MARIANA APOSTÓLICA SACERDOTAL. Es de advertir que Klaus Gamber († 1989) era un neoconservador que aunque reconocía y preveía que el Novus Ordo Missæ traía malas consecuencias, no lo consideraba un rito inválido (cuando precisamente esas malas consecuencias permiten inferir que ES UN RITO INVÁLIDO).
     
RITUS ROMÁNUS ET RITUS MODÉRNUS: ¿HUBO REFORMA LITÚRGICA ANTES DE PAULO VI?
   
En el articulo “Cuatrocientos años de Misa Tridentina”, publicado en diversas revistas religiosas, el profesor Heinrich Rennings se aplico a presentar el nuevo misal, o sea el Ritus Modérnus, como derivación natural y legitima de la liturgia romana. Según dicho profesor, no habría existido una Misa de San Pío V sino únicamente por ciento treinta y cuatro años, es decir, de 1570 a 1704, año en el cual apareció bajo las modificaciones deseadas por el Romano Pontífice de entonces. Continuando con tal modo de proceder, Paulo VI, según Rennings, habría a su vez reformado el Missále Románum para permitir a los fieles entrever algo más de la inconcebible grandeza del don que en la Eucaristía el Señor ha hecho a su Iglesia.
   
En su articulo, Rennings se hace fuerte sobre un punto débil de los tradicionalistas: la expresión Misa Tridentina o Missa sancti Pii V. Propiamente hablando una Misa Tridentina o de San Pío V no existió nunca, ya que, siguiendo las instancias del Concilio de Trento, no fue formado un Novus Ordo Missæ, dado que el Missále sancti Pii V no es más que el Misal de la Curia Romana, que se fue formando en Roma muchos siglos antes, y difundido especialmente por los franciscanos en numerosas regiones de Occidente. Las modificaciones efectuadas por San Pío V son tan pequeñas, que son perceptibles tan sólo por el ojo de los especialistas.
   
Ahora, uno de los expedientes al cual recurre Rennings, consiste en confundir el Ordo Missæ con el Próprium de las misas de los diferentes días y de las diferentes fiestas. Los Papas, hasta Paulo VI, no modificaron el Ordo Missæ, aun introduciendo nuevos propios para nuevas fiestas. Lo que no destruye la llamada Misa Tridentina más de lo que los agregados al Código Civil destruyen al mismo.
   
Por lo tanto, dejando aparte la expresión impropia de Misa Tridentina, hablamos más bien de un Ritus Románus. El rito romano remonta en sus partes más importantes por lo menos al siglo V, y más precisamente al Papa San Dámaso (366-384). El Canon Missæ aparte de algunos retoques efectuados por San Gregorio I (590-604), había alcanzado con San Gelasio I (492-496) la forma que ha conservado hasta ayer. La única cosa sobre la cual los Romanos Pontífices no cesaron de insistir desde el siglo V en adelante, fue la importancia para todos de adoptar el Canon Missæ Románæ, dado que dicho canon se remonta nada menos que al mismo Apóstol Pedro.
    
Mas por lo que concierne a las otras partes del Ordo, como para el Próprium de las varias Misas, respetaron el uso de la Iglesias locales.
     
Hasta San Gregorio Magno (590-604) no existió un misal oficial con el Próprium de las varias Misas del año. El Liber Sacramentórum fue redactado por encargo de San Gregorio al principio de su pontificado, para servicio y uso de las Statiónes que tenían lugar en Roma, o sea para la liturgia pontifical. San Gregorio no había tenido ninguna intención de imponer el Próprium de dicho misal a todas las Iglesias de Occidente. Si posteriormente dicho misal se convirtió en el armazón mismo del Missále Románum de San Pío V, se debió a una serie de factores de los cuales no podemos tratar ahora.
   
Es interesante notar que cuando se interrogó a San Bonifacio (672-754) que se encontraba en Roma, con respecto a algún detalle litúrgico, como el uso de las señales de cruz a efectuarse durante el canon, éste no se refirió sobre el sacramentario de San Gregorio, sino sobre aquel que estaba en uso entre los Anglosajones, cuyo canon estaba en todo conforme a aquel de la Iglesia de Roma…
   
En el Medioevo, las diócesis y las iglesias que no habían adoptado espontáneamente el Misal en uso en Roma, usaban uno propio y por esto ningún Papa manifestó sorpresa o disgusto…
   
Mas cuando la defensa contra el protestantismo hizo necesario un Concilio, el Concilio de Trento encargo al Papa de publicar un misal corregido y uniforme para todos. Ahora, pues, con la mejor voluntad del mundo, yo no llego a encontrar en tal deliberación del Concilio el ecumenismo que ve Rennings.
   
¿Qué hizo San Pío V? Como ya hemos dicho, tomó el misal en uso en Roma y en tantos otros lugares, y lo retocó, tomó, especialmente reduciendo el número de las fiestas de los Santos que contenía. ¿Lo hizo tal vez obligatorio para toda la Iglesia? ¡En absoluto! Respetó hasta las tradiciones locales que pudieran jactarse, por lo menos, de doscientos años de edad. Así propiamente: era suficiente que el misal estuviera en uso, por lo menos, desde doscientos años, para que pudiera quedar en uso a la par y en lugar de aquel publicado por San Pío V. El hecho de que el Missále Románum se haya difundido tan rápidamente y espontáneamente adoptado también en diócesis que tenían el propio más que bicentenario, se debe a otras causas; no por cierto a presión ejercida sobre ellas por Roma. Roma no ejerció sobre ellas ninguna presión, y esto en una época en la cual, a diferencia de cuanto sucede hoy, no se hablaba de pluralismo, ni de tolerancia.
   
El primer Papa que osó innovar el Misal tradicional fue Pío XII, cuando modifico la liturgia de la Semana Santa. Séanos permitido observar, al respecto, que nada impedía de restablecer la Misa del Sábado Santo en el curso de la noche de Pascua, aunque sin modificar el rito.
   
Juan XXIII lo siguió por este camino, retocando las rúbricas. Mas ni el uno ni el otro, osaron innovar sobre el Ordo Missæ, que quedó invariable. Pero la puerta había sido abierta, y la cruzaron aquellos que querían una sustitución radical de la liturgia tradicional y la obtuvieron. Nosotros, que habíamos asistido con espanto a esta resolución, contemplamos ahora a nuestros pies las ruinas, no tanto de la Misa Tridentina, más bien de la antigua y tradicional Missa Romána, que había ido perfeccionándose a través del curso de los siglos hasta alcanzar su madurez. No era perfecta al punto de no ser ulteriormente perfectible, pero para adaptarla al hombre de hoy no había necesidad de sustituirla: bastaban algunos pequeñísimos retoques, quedando a salvo e inmutable todo el resto.
   
Viceversa, se la quiso suprimir y sustituir con una liturgia nueva, preparada con precipitación y, diremos, artificialmente: con el Ritus Modérnus. ¡Oh, cómo se ve aparecer en modo siempre más claro y alarmante el oculto fondo teológico de esta reforma! Sí era fácil obtener una más activa participación de los fieles en los santos misterios, según las disposiciones conciliares, sin necesidad de transformar el rito tradicional. Pero la meta de los reformadores no era obtener la mencionada mayor participación activa de los fieles, sino fabricar un rito que interpretara su nueva teología, aquella misma que está en la base de los nuevos catecismos escolares. Ya se ven ahora las consecuencias desastrosas que no se revelarán plenamente sino en el giro de cincuenta años.
   
Para llegar a sus fines, los progresistas han sabido explotar muy hábilmente la obediencia a las prescripciones romanas de los sacerdotes y de los fieles más dóciles… La fidelidad y el respeto debido al Padre de la Cristiandad, no llegan hasta exigir una aceptación despojada del debido sentido crítico de todas las novedades introducidas en nombre del Papa.
     
¡La fidelidad a la Fe, ante todo! Ahora, la Fe, me parece que se encuentra en peligro con la nueva liturgia, aunque no me atrevo a declarar inválida la Misa celebrada según el Ritus Modernus.
   
¿Es posible que veamos a la Curia Romana y a ciertos Obispos –aquellos mismos que nos quieren obligar, con sus amenazas, a adoptar el Ritus Modérnus–, descuidar su propio deber especifico de defensores de la Fe, permitiendo a ciertos profesores de teología a socavar los dogmas más fundamentales de nuestra Fe y a los discípulos de los mismos propagar dichas opiniones heréticas en periódicos, libros y catecismos?
  
El Ritus Románus permanece como la última escollera en medio de la tempestad. Los innovadores lo saben muy bien. De aquí parte su odio furioso contra el Ritus Románus, que combaten bajo el pretexto de combatir una nunca existida Misa Tridentina. Conservar el Ritus Románus no es una cuestión de estética: es, para nuestra Santa Fe, cuestión de vida o muerte.

Mons. KLAUS GAMBER, Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona. Die Reform der römischen Liturgie. Vorgeschichte und Problematik (La Reforma de la Liturgia Romana: Historia y Problemática), edición propia del autor, 1981, Cap. X.

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