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viernes, 24 de mayo de 2019

NOVENA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA

etc.
Diez veces:
Je~tús
?nío,
~ise1icordia.
Novena compuesta a fines del siglo XIX por Fray Raimundo (en el siglo Crescente) Errázuriz Valdivieso OP, Prior de la Recoleta Dominica de Santiago de Chile (y posteriormente Arzobispo de dicha ciudad), e impresa en Lima por don Carlos Prince Letcher en 1896; y reimpresa en Medellín (Colombia) en 1942 (ambas con aprobación eclesiástica). Puede rezarse en cualquier momento del año o ante cualquier necesidad y asunto importante; y especialmente en preparación a su fiesta en el convento quiteño de San Agustín el 2 de Junio.
     
HISTORIA DE LA DEVOCIÓN
La imagen del Señor de la Buena Esperanza es copia de una antiquísima y muy milagrosa estatua que la ciudad de Quito se gloría de poseer.
 
La historia del Señor de la Buena Esperanza se remonta al año 1652 cuando cierto día en Quito sin guía alguno atravesaba las calles una mula cargada con enorme bulto. Llegó a las gradas de la portería del convento de San Agustín y se echó en el suelo, y ya no pudieron levantarla a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron.
  
Abierto el cajón, cuyo peso parecía abrumarla, se encontró dentro la estatua de Jesús de la Buena Esperanza. Quisieron conducirla al templo, pero inútilmente; pues aumentaba el peso de la estatua en proporción al número de los que intentaban cargarla. Alguien propuso entonces llevarla no al templo sino a la portería, y el acto se ejecutó con suma facilidad.
   
La reunión de tan prodigiosas circunstancias no podía dejar de conmover hondamente al católico pueblo de Quito, e innumerables personas acudieron a arrodillarse ante la sagrada imagen. Los milagros y los favores del cielo, obtenidos por intermedio del Señor de la Buena Esperanza, respondieron desde el primer día, a la devota fe del pueblo y se multiplicaron hasta el punto de convertir la portería del convento San Agustín en el más célebre, frecuentado y rico santuario del Ecuador.
 
Entre los ornamentos con que la piedad de la gente adornó la venerada estatua, mencionamos solo las sandalias de oro macizo y piedras preciosas, por haber dado lugar a un notabilísimo milagro que aumentó sobremanera el renombre del Señor de la Buena Esperanza. Y tan notable fue este milagro, que desde entonces su recuerdo está unido a la propia imagen, con la cual se representa.  
Un sencillo y piadoso padre de familia (Gabriel Cayancela), vivía en Quito en total miseria, y ya sin auxilio humano, recurrió una tarde al señor de la Buena Esperanza para suplicarle por su situación, haciendo su oración estaba cuando el sacristán le advierte que salga porque va a cerrar la iglesia. Sale pronunciando palabras que muestran al sacristán lo horrible de su situación, y prometiendo en su interior volver muy temprano a continuar sus plegarias.
  
Todavía no amanecía, y la ronda encontró a la puerta de la casa de Gabriel el cadáver de una señora asesinada la noche antes, y poco después el pobre sale de su casa, sin ver el charco de sangre lo pisa y todo ensangrentado llega al templo, y continúa solitario y fervoroso su oración. En lo profundo de su oración se encontraba cuando, de repente, un milagro viene a llenar de gozo su corazón atribulado. El Señor de la Buena Esperanza deja caer en las manos del suplicante e infeliz padre de familia una de las ricas sandalias.
  
Sin pensar más que en su necesidad, va a venderla a una joyería. Era demasiado conocida la rica alhaja, y el joyero hizo aprehender como ladrón sacrílego al vendedor. Imposible es describir la indignación pública contra el que aparecía como infame profanador de tan venerada imagen, indignación que no conoció límites cuando, según todas las apariencias, se vio que el ladrón era al mismo tiempo vil asesino.
  
Rápidamente se sustentaron las acusaciones y fue condenado a muerte. Como último favor pidió y obtuvo el ser conducido ante la milagrosa imagen. Allí en sentidísimo lenguaje, dijo al Señor que su prodigioso don se había convertido en regalo de muerte; que iba al patíbulo, por haber recibido de Él, los medios para salir de su miseria: “Tú sabes que soy inocente; que vine a implorar a tus pies el pan para mi mujer y mis hijos que están con hambre, pedí trabajo y no lo encontré, pedí limosna y me la negaron; vine a tu altar y tú me diste esa sandalia que llevé a vender para dar de comer a mi familia…”.
 
Entre conmovido e indignado el pueblo escuchaba tales palabras cuando Jesús de la Buena Esperanza tiende hacia el reo el pie que conservaba con sandalia y deja caer ésta en sus manos. La entusiasta admiración de la multitud, al grito unísono de milagro, dio libertad al condenado. La autoridad le compró al peso de oro, aquella sandalia y fue enorme la cantidad de monedas (cuarenta mil pesos de plata) que resistió el platillo de la balanza antes de inclinar el otro en que la sandalia se encontraba. Salió el pobre de su necesidad y el milagro quedó para siempre representado en el Señor de la Buena Esperanza, que desde entonces fue el recurso de particulares y corporaciones en el Ecuador.
  
Devoción que se ha extendido a Guatemala; en San Francisco de Salta, y la iglesia de Villa Pueyredón (Bs. As., Argentina) le está dedicada; Zulia (Venezuela); Medellín y Caldas (Colombia); Costa Rica; Nicaragua; en Cuba existió hace años una capilla; y las provincias de Pichincha y el Carchi (Ecuador).
  
NOVENA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA
  
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Al considerar, oh Dios y Señor mío, vuestra grandeza infinita y vuestras infinitas perfecciones y la inexplicable ceguedad con que os he ofendido, me duele y arrepiento hasta lo más infinito del alma y humildemente os pido perdón.
 
Si de una parte mirase solo los inmensos beneficios de que me habéis colmado y me colmas a cada instante y de otro, mi loca y grande ingratitud, no podría sino temblar ante vuestra augusta Majestad; pero mi Dios, al arrodillarme en vuestra presencia, os ofrezco en satisfacción de mis pecados los méritos infinitos de Jesús vuestro Hijo. Por mi padeció, por mí fue crucificado y derramó hasta la última gota de su preciosísima sangre; es mi Redentor y mi Padre y Vos habéis aceptado su mediación y mi rescate.
   
Él me llama, me dice que confíe y bajo la Dulcísima advocación del Señor de la Buena Esperanza, se presenta ante Vos como divino fiador. Perdonadme, pues, oh Dios mío y fortaleced mi alma, para no volver a ofenderos. Amén.
  
ORACIÓN INICIAL
Oh Señor Jesús, que con la advocación de la Buena Esperanza, hacéis repetidos y tiernísimos llamamientos al corazón de los pecadores, vedme postrado ante vuestra imagen. Oh Señor, os complacéis en prodigar beneficios, favores y gracias a los que a Vos acuden. Yo os amo, creo en Vos, y en Vos confío. En esta Novena vengo a pediros protección, a mostraros mis necesidades y a recordaros Vuestra Promesa; en mérito de vuestro Valiosísimo Nombre. ¿Por qué desconfiar cuando sois la Buena Esperanza? ¿Qué desgracia, qué padecimiento, qué peligro será capaz de amilanarme si Vos, Infinito en Poder, Os dignáis alentar mi confianza? ¡Oh, Señor Jesús, en Vos confío, Sed mi Protector y mi Guía! ¡Oh Divino Rey del Cielo y la tierra, Perdón y Misericordia! Oh Señor, mi alma en Vos confía, con Vos no tengo asechanza. Sois, Buen Señor Jesús, mi Esperanza, Sed mi Sostén y mi Guía.
  
DÍA PRIMERO
Amabilísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, que por mi amor os dignasteis vivir en la tierra 33 años, a fin de dejarme en toda circunstancia divinos ejemplos; concluid vuestra obra y fortalecedme para que sepa aprovechar esas preciosísimas lecciones. Que tenga siempre a la vista vuestras obras como altísimos ejemplos que debo empeñarme en imitar en todas mis actuaciones; que la meditación constante en vuestra vida y en vuestra sagrada Pasión sea la reforma y la satisfacción de la mía. Así tendré la dicha de haberos servido en la tierra y de ir a daros gracias en la eternidad. Amén.
   
Al terminar la oración de cada día se hace la petición.
  
HIMNO
 
Siempre mi alma en Vos confía,
Con Vos no temo asechanza:
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Es vuestra vida modelo
Desde el pesebre a la muerte:
¡Dichosa el alma que acierte,
Fija la mirada al Cielo,
En riesgo, tristeza y alegría,
A no olvidar su enseñanza!
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Nacido en pobre portal,
Os miro hollando riquezas
Y engañadoras grandezas
Caras al hombre carnal,
Para mostrarme la vía
De la bienaventuranza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
En Nazaret vida oscura
Os apartó por treinta años
De los demás. Los engaños
Manifestáis, y la locura
Del que infeliz sólo ansía
La mundanal alabanza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
     
Lejos de todo lo humano,
En el desierto ayunando
Señor, estáis; mas yo ando
Cual si no fuera cristiano,
¡Con ceguedad casi impía,
En pos de goces y holganza!
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Por doquier favor,
Gracia, perdón, beneficio,
Derramáis siempre propicio.
Estos tres años de amor
Son mi formal garantía
Y de ventura mi fianza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Sudor de sangre, Dios Santo,
De mi alma os cuesta el rescate;
Mi corazón no dilate
Lavar sus culpas con llanto,
Y encuentre en vuestra agonía
Con el dolor la confianza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
El cetro, soga y corona
En vuestra Imagen venero,
Mi pecho fuese de acero
Si dejase de aprisionar
Vuestra Cruz, que presta energía
Y enseñanza de amor sin mudanza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Ya del sepulcro glorioso
Os levantáis Vencedor:
Vence a la muerte el Amor,
Nadie cual Vos poderoso,
Todo es fulgor, la lozanía
De la Nueva Alianza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Es vuestra gloria mi gloria,
Oh Dios, mi Padre y mi Hermano.
Sois de grandeza el arcano,
Mi grande prez de victoria,
Honra, fiador, gallardía,
Luz y contento y pujanza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Siempre mi alma en Vos confía,
Con Vos no temo asechanza:
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
SUPLICA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA
Oh Jesús de la Buena Esperanza, amabilísimo Redentor de nuestras almas, Señor de los cielos y tierra, vengo a Vos atraído por vuestro paternal amor. ¿Quién, sino Vos, podrás curar mis dolencias? Me acerco pues a vuestro santo templo como a la piscina de vuestras bondades; favorecedme con vuestros auxilios; purificadme con una mirada, como lo hiciste con Pedro, cabeza de la Iglesia; sanadme de las mortales heridas que el pecado ha causado en mi pobre alma. Yo bien sé, oh Jesús de la Buena Esperanza, mi Señor y mi bien, que todos los que os han solicitado favores ante vuestra imagen, han sido socorridas; no hay, ¡oh Jesús de la Buena Esperanza!, mi Señor y mi bien, una sola que no haya experimentado vuestras misericordias. ¿Y por qué he de salir desconsolado de las súplicas que hago? Lleno de la mayor confianza os pido, Señor, dirijáis una mirada compasiva sobre vuestra Iglesia: miradla, Señor, tan perseguida por tantas impiedades que se han levantado contra ella. Oíd la súplica que en particular os hacen estos vuestros hijos: dad descanso a las Almas del Purgatorio, especialmente a las que han sido más devotas del precio de nuestra redención y de los dolores de vuestra Santísima Madre María. Amén.
 
Jesús de la Buena Esperanza: Ten misericordia de nosotros.
  
ORACIÓN FINAL
Dios mío, no dudo que escucharéis mi plegaria, pues deseo serviros fielmente lo que me resta de vida. Mientras mayor ha sido mi tardanza para darme del todo a Vuestra Merced; tanto así más mezquino he sido en corresponder a Vuestro Infinito Amor. Mayor es mi voluntad de seros generoso en adelante, de no amar sino a Vos y de santificar otro cualquier afecto, posponiéndolo al Vuestro y dirigiéndolo a Vuestra Majestad. Sí Jesús, Señor y Dios mío, mediante el auxilio de la Gracia ése va a ser todo mi empeño y anhelo. Corran los mundanos en su desdicha tras la riqueza y los honores, que yo no quiero seguir sino Vuestras Huellas, recorrer el camino que me habéis trazado, ir siempre en pos de Vos, que sois mi Contento, mi Riqueza y mi Gloria. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Humildísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, que al venir al mundo, despreciando cuanto los hombres ambicionan, quisisteis nacer pobre y en un abandonado Pesebre, dad luz a mi alma para que descubra las sublimes enseñanzas de la Gruta de Belén. Que aprenda a buscar Vuestra Grandeza y Gozo; despreciando los deleites y los placeres mundanos, y amando lo que el mundo desprecia. Movedme, ¡oh Señor!, a ser humilde según vuestra Inefable Humildad; a pisotear las riquezas, abrazando la absoluta pobreza en la que nacisteis, y a buscar lejos del aplauso de los hombres las únicas alabanzas verdaderas, las que al anunciar Vuestro Nacimiento entonaron los Santos Ángeles, cantando: “Gloria a Dios en las alturas”. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA TERCERO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Oh Señor Jesús de la Buena Esperanza, divino modelo, dadme gracia para consideraros en el retiro de Nazaret. Venías a convertir al mundo y pasasteis treinta años oculto, lejos de él. La sabiduría de los hombres había llamando locura lo que hacías con divina sabiduría. Me mostrábais con vuestro camino que para nada debo guardarme por el respeto humano, que debo pisotearlo rechazando por Vos, ¡oh Jesús mío!, los placeres del mundo con sus pompas, vanidades y perniciosas doctrinas; y que para mis acciones, debo inspirarme solo en vuestras divinas enseñanzas, consiguiendo formar en el fondo de mi corazón un escondido retiro, dulce soledad en vuestro Sagrado Corazón; en donde solamente Vuestra Majestad sea escuchado, obedecido y tiernamente amado. Amén.
   
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA CUARTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Señor Jesús de la Buena Esperanza, permitidme consideraros hoy en el desierto, donde Os preparasteis para la Vida Pública con cuarenta días de soledad y de ayuno. Me enseñáis con vuestro ejemplo que la mortificación de los sentidos y la penitencia comunican al alma fuerzas para vencer, ayudada de la gracia, las tentaciones de sus enemigos, que allí debe ir el cristiano a prepararse para la lucha y la victoria. Haced, Señor, que no lo olvide. Dominaré así al peor de mis enemigos, mi propia carne, y siguiendo las huellas que me habéis trazado, tendré al fin la dicha de ir a haceros compañía en la Eterna Bienaventuranza. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA QUINTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
¡Ay, cuánto tengo que mirar y agradecer, Jesús, Dios mío, en los tres años de vuestra vida pública! Haced que durante mis aflicciones, dudas y angustias, Os encuentre al dar una mirada en ella: divina Luz, inefable Consuelo y seguro Guía. Así como entonces pasasteis por doquiera haciendo el bien y nunca quedó desconsolado quien a Vos acudió, así ahora prodigáis vuestros beneficios a cuantos Se empeñan en seguiros y no seros ingratos. ¡Oh Señor, contadme en ese número! Desde lo íntimo de mi alma Os agradezco vuestro infinito Amor, suplicándoos me concedáis la Gracia para corresponderos con generosidad. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA SEXTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
   
Cuando Os considero, oh dulcísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, en vuestra angustiosa Oración del Huerto, que Os llevó al punto de que un copioso sudor de vuestra Preciosísima Sangre bañase la tierra, estando desde ese instante sacrificado. No puedo menos de estremecerme al recuerdo de mis culpas, porque ellas fueron, Señor, las que amargaron el Cáliz que por mí bebisteis. Pero, mi Dios, infinitamente mayor que la gravedad de mis pecados es el mérito de Vuestra Preciosísima Sangre. Por Ella os pido perdón y misericordia, por ella os pido la gracia para cumplir hasta la muerte el propósito que hago de amaros con todo mi corazón. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
En esta venerada Imagen os veo, mi Buen Señor Jesús de la Buena Esperanza, revestido de las insignias de la Pasión Sacrosanta: Al cuello lleváis la soga con que los crueles sayones Os ataron y arrastraron, y ella recuerda también la afrentosa e inhumana flagelación; adornan vuestras sienes la Corona de espinas, que las taladró en atroz suplicio; en una de vuestras Manos sosteníais la caña que como rey de burlas Os pusieron, ¡oh Señor de mi alma, Rey del cielo y de la tierra!; en la otra, en fin, muestra la Cruz: instrumento de Vuestro Suplicio y de mi Redención. Haced que al contemplarlas en Vuestra Sagrada Imagen, nunca olvide hasta qué extremo Os ha llevado Vuestro Infinito Amor, empeñándome en seros agradecido. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Oh Señor Jesús de la Buena Esperanza, Vencedor del infierno, cuyo poder destruiste con Vuestra Preciosísima Sangre; Vencedor del mundo, cuyas falsas máximas y engañosas doctrinas confundisteis mostrándoos en la tierra, ¡oh Eterna Verdad!; Vencedor de la muerte, que resucitasteis por vuestra propia virtud. Estas tres victorias son el fundamento de mi dicha y mi esperanza; pues las obtuvisteis para librarme del infierno, darme fuerzas contra el mundo, y para dominar mis pasiones. ¡Bendito seáis, Misericordioso Señor Jesús de la Buena Esperanza! Los Ángeles que celebran Vuestro Triunfo y los Santos que en él se gozan, alaben por mí Vuestra Munificencia y Bondad. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA NOVENO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Colocado en la Diestra del Altísimo, Señor Jesús de la Buena Esperanza, no dejéis nunca de favorecer a los que en esta vida de prueba y lucha, corren el peligro de ser vencidos. ¡Oh Señor, Medianero entre Dios Padre y los hombres; que Le presentáis Vuestras Sagradas Llagas, la Preciosísima Sangre, y Vuestros Padecimientos, para alcanzarnos el perdón de los pecados! Oh Señor, jurado Mercedario, Salvador y Redentor mío; en verdad Vos sois mi Esperanza, pues a más de ser mi Mediador, en el Cielo me preparáis como a hijo un trono inmortal. Siendo así, dadme gracia para vivir en la tierra de tal modo que logre ir a ocupar ese trono y cantar in ætérnum Vuestras Alabanzas en el Cielo. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
VISITAS AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA, PARA QUE NOS PROTEJA EN NUESTRAS NECESIDADES
  
Dios mío: creo que estáis aquí presente, os adoro con todo mi corazón.
  1. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
  2. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
  3. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
  4. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
  5. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
Jesús mío: creo en Vos, espero en Vos, Os amo con todo mi corazón, tened misericordia de nosotros.
  
Se recomienda lo siguiente: Tres credos con la jaculatoria “Jesús de la Buena Esperanza, tened misericordia de nosotros”. Como también se recomienda la devoción salvadora a la Santísima Trinidad, y a lo menos tres veces al día decir: “Santo, santo, santo, Señor Dios de les ejércitos, llenos están los cielos y la tierra le la majestad de vuestra gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo”. Tres credos con la invocación a la Santísima Trinidad.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)